En un instante el ambiente cambió, la tensión se podía cortar con una espada. Esa muchacha evidentemente nos traería problemas, no importaba lo que hubiera visto Isis. Ella y su collar sagrado podían estar errados. Puede que esta mujer no sea la que fuera anunciada por los dioses. El sacerdote Akhenaden, mi padre es muy celoso de la seguridad del faraón. Sin embargo, ver ahora a la muchacha tendida en el suelo luego de rodar gradas abajo por la bofetada que le profirió fue demasiado.
- Como te atreves a dirigirte así al Faraón!- padre hervía en cólera, se acercaba amenazadoramente a la joven. Debe estar temblando, llorando tal vez- Tu! ... escoria te atreviste a llamar a nuestro Señor por su nombre!- fue cuando la vi incorporarse, esa mirada decidida, carecía de todo temor, es más estoy seguro que pretende refutarle. Grave error y parece que nadie intercederá por ella. Muy altiva la extranjera.
-Ni se te ocurra decir palabra alguna, a menos que desees que te corten la lengua- si no llegaba a tiempo, la impertinencia de esta joven le hubiera valido más que eso, incluso podría estar en manos de Set en estos momento, ni Osiris la salvaría. Me miró escrutando mi rostro, que fastidio. Noté su mejilla inflamada y un hilo de sangre emanando por una de las comisuras de sus labios. Un bruto, pero tal vez eso le enseñaría a mantener solemne distancia del faraón.
Creo también haber sido imprudente, las miradas de todos los miembros de mi casta sacerdotal reposaban sobre mi. Hayarme en esta posición arrodillado asentando el peso sobre una de mis rodillas y hablándole a la chica en el oído, hacían parecer que había algo más entre nosotros. El único juicio que realmente me importaba provenía de la persona que estaba sentada a metros mío, mi Señor. Me erguía lo más elegante que pude y lo miré directo a los ojos. Había reproche en su mirada, pero no era su destinatario, él estaba desaprobando toda la situación. Pero ver su puño crispado era un gesto atípico en él.
Crecimos juntos, nos conocemos de siempre, pero nunca deja de sorprenderme la elegancia y fuerza con la que se mueve, como si Sakhmet lo poseyera. Indubitablemente es hijo de Horus. La brutalidad con la que hizo a un lado las lanzas que en su momento apuntaron a la joven. Se llevó por delante a mi padre sin mediar palabras y continuó hasta estar a unos pasos de la joven y de mi. Cruzamos miradas nuevamente, su semblante se suavizo, como si me agradeciera haber intercedido por ella. Lo salude con un leve movimiento de cabeza y me retiré mi posición. La muchacha podía sentir su mirada caer sobre ella, estoy seguro, pues no quería levantar su vista para enfrentarlo. Que tienes en mente primo?
-Toma mi mano y ponte de pié- la seguridad que ostentaba la joven desapareció en segundos, luego que Atem pronunciara esas palabras. Miraba su mano extendida con incredulidad. Por alguna razón esta situación lo divertía, no pudo evitar una leve sonrisa, le interesaba esta chica. No estoy seguro si eso es bueno o malo, pero era una gran señal de que habían algunas mujeres que podían captar su interés, al menos esta lo hacía. Y lo hizo desde que él la rescató de las ruinas de Kul Elna. Pareció una eternidad hasta que con dubitación tomó la mano del faraón. Ella le miraba realmente de una forma escandalosa, como si él fuese un espíritu frente a ella.
El resto de lo que sucediera ahora en adelante ya no me interesaba, él estaba a cargo de la joven, que haga con ella lo que quiera.
-Shada, tu llave- bien, bien, ya sé que viene a continuación. Atem dando una lección moral a todos, además de hacerles notar que el único que juzga es él, nadie más. Por sobre todo que, como hijo de los dioses, es el ser capaz de dominar el poder de todos los instrumentos sagrados, nosotros somos sus meros guardianes. Haré mi discreta salida- sacerdote Setho, te retiras?- me dirigió una severa mirada, pero realmente no quiero estar aquí para ver la decepción en su cara cuando descubra que ella no es la anunciada.
-Mi señor, llegaron a mis oídos que hay una serie de disturbios entre sus súbditos. Quería corroborar esa información, en especial si se puede prevenir una sublevación o incluso derrocamiento- no era necesario agregar lo último, pero era un código que ambos conocíamos. Más de una vez nos cubrimos las espaldas inventando excusas sumamente ridículas. Comprendió mi mensaje, su mueca lo confirmó.
-Ve entonces, pero me informarás inmediatamente, encuentrame donde siempre estoy, puedes retirarte- previo hacerlo, di una última mirada a la joven. Estaba en una posición recta pero con un espíritu de cautela, esperaba lo peor. Tal vez estaba lista para recibir la muerte. De cualquier manera Atem sabrá lo que hace.
Di una vuelta por el palacio, debería encontrarme con él en el jardín, pero hasta que llegue allí tomará su tiempo, salvo que lo intercepte en el camino. Me dirijo hacia los aposentos reales, no lo encontraré en su recinto, pero si en el contiguo.
Ni que hubiéramos nacido de la misma carne Atem. Realmente no te comprendo primo. A caso tu compromiso humano te lleva a esto? Efectivamente la muchacha colapsaría, pero teniendo tantos sirvientes, la traes hasta aquí tú. Es una linda mujer, no hay que negarlo, de belleza exótica como toda extranjera, llamativa. Pero aún así, y como todo lo novedoso y ajeno a nuestra cotidianidad, pierde tales atributos con el tiempo y la costumbre. Por que la contemplas tanto?
- Cuanto tiempo piensas estar allí entre las sombras sin articular palabras, primo- así que sabías que estaba aquí esperándote.
-El suficiente- me acerco manteniendo cierta distancia- Viste su Ka? Algo en particular?-
- Vi demasiado. Creo que más de lo que en prudencia debí hacer. Esta mujer no pertenece a este lugar, Setho. Este no es su tiempo.
- Eso era evidente desde el principio. Recuerdas sus extrañas ropas? Ni siquiera los habitantes de los reinos más lejanos usan algo similar.
-Vi mi propio cuerpo embalsamado. Me vi muerto.- No sé que me pasó en ese momento, pero las palabras de Atem me helaron la sangre -Vi cosas que no comprendo, me estudiaban. Mis huesos, los vi. Vi como será mi rostro dentro de cincuenta inundaciones más.
Esto era serio, como lo supuse desde un inicio. Ella traería problemas, muchos. Pero me preocupaba más Atem. Temía que esto fuere a desbalancearlo en su camino como gobernante. Por fin se giró hacia mi. Su semblante era sombrío cuando pasó por delante mío. Siguió sin esperarme.
Caminé detrás suyo por un tiempo, su silencio me inquietaba, un par de corredores más y estaríamos en el patio antesala a los jardines.
-Supe desde el inicio que ella sería un problema- no aminoró su marcha- Puedo hacer que la encierren en las mazmorras con los demás delincuentes- siguió sin responderme- Atem! - logré que me prestara atención, logré que se detuviera.
Había algo extraño en él, noté que sus hombros se empezaban a agitar, como si convulsionaran. Llevo sus manos hacia su rostro, y escuché un ruido particular proveniente de su garganta. Estaba llorando? No puede ser cierto. Solo hubo tres vecen en que lo vi llorar. La primera cuando nos peleamos casi a muerte siendo pequeño, pasaron varias lunas hasta que nos volvimos hablar, debo reconocer que nos extrañamos en ese tiempo. La segunda cuando murió mi madre, ella representaba la figura materna que no tuvo. La antigua reina, madre de Atem, se reunió con Isis luego de alumbrarlo. Finalmente cuando falleció su predecesor.
Me acerco con cautela. Las convulsiones se hacen mas violentas y los sonidos más audibles, puedo vislumbrar su rostro. Al notarme a su lado, me clavó la vista de reojo. Algo anda mal aquí.
En todo el palacio lo escucharon. Soberana carcajada, este sinvergüenza, volvió hacerme una de las suyas. Maldición! Si pudiera lo mataría aquí mismo.
-Eres insoportable!- estaba a punto de dar vuelta y retirarme de allí cuando me sostuvo del hombro y me hizo volver. Todavía se secaba las lágrimas de la risa, y no paraba. Él siempre fue un poco más bajo que yo, por lo que al colgarse con su brazo libre de mi cuello, terminaba algo encorvado.
- Setho! Tanto tiempo juntos, tantas aventuras compartidas y aún no sabes quién soy?-
-Tienes razón- le pasé mi brazo por sobre sus hombros como en los viejos tiempos. Pero para que realmente lo fuesen, un pequeño gesto de cariño faltaba.
-Pufff! Eso fue...coff..coff...trapero...Set..- nunca falla el puñetazo en la boca del estómago.
-Ya deberías estar acostumbrado Atem, como en los viejos tiempos - que vio en mi cara que de un momento se sorprendió y al otro me sonreía. Este hombre no es del todo cuerdo -Cuando termines de quejar cual anciano, te estaré esperando en el lugar de siempre- Me sentí extraño, me sentí feliz. No por el golpe que le propicié a mi primo, si no por que hace tiempo que no podíamos ser nosotros mismos.
Un ruido me sacó de mis pensamientos, se hacía cada vez más fuerte, algo se aproximaba rápidamente.
-Setho!- escuché mi nombre y sentí un palmazo en la parte posterior de mi cabeza- te desafío- me está tomando por idiota.
- Ni en tus mejores duelos Atem! Tu y tus piernitas cortas...
-Habla menos y corre más...- y ahí cometió su gran yerro. Se dio vuelta a mirarme mientras seguía corriendo, ya no en las galerías, si no en el jardín. Un error de cálculos espacial y terminó en el agua. Se sumerguió hasta desaparecer de la superficie. Llegué al borde, recogí mis ropas hasta las rodillas, e introduje ambas piernas en el agua, refrescante. En esta época del año Ra brillaba e irradiaba calor más que nunca.
Surgió de las profundidades, alterando la calma de ese espejo de agua. De niños nadabamos allí. Ahora flota en la superficie cual junco, en total calma.
-Que diría tu padre si te viera hacer esto?
-Y a ti, si supera que corres carreras conmigo?
-Se avergonzaría de mi accionar-noté que ahora nadaba hacia la orilla. Con solo un impulso elevó medio cuerpo fuera del agua y se sentó en la orilla imitando mi postura.
-Setho, ser sacerdote no te convierte en un ser amargado y huraño. Mira como es Siamun, ni los años de servir a mi padre lo despojaron de su buen semblante. Y es tan sacerdote como tú- intenté sonreír, pero sólo esgrimi una mueca burlona-
-Los tiempos cambian, y así también nosotros. Ya no eres un príncipe, te convertiste en faraón.
- Y sigo siendo la misma persona.
-Sobre tus hombros pesa el futura del pueblo.
-Tengo mayores responsabilidades, igual sigo siendo fiel a mi mismo-se recostó sobre la hierba y yo quedé mirando hacia ningún punte específico. súbitamente sentí mi hombro jalado hacia abajo -No puedes estar más elevado que tu rey- nos miramos de reojo un par de segundos hasta que al unisono nos reímos ganas. Vaya rey al que sirvo- Sabes una cosa? - su voz cambió, estaba serio- Serás un buen faraón.
-Qué? A caso debo eliminarte en este momento?- respondo en mi mejor ironía.
-Ah... Siempre con tus planes de conspiración- se incorpora- cuando llegue el momento tendremos nuestro duelo- sus palabras retumbaban en mi cabeza, eso no era una broma, era una orden. Para cuando me incorporé, él ya se retiraba del lugar.
-Que haremos con la mujer? - trate de darle alcance.
-Me encargaré personalmente de ella, descuida- nunca se dio vuelta, solo me hizo una leve seña con su mano. Lo vi alejarse hasta perderse de vista. Debía confiar en él. Camine en dirección opuesta. Tenía otro asunto del cual encargarme, pues sí habían sucedido disturbios en la ciudad. Y un tal Bakura parecía estar tras todos ellos.
N. De A.: muchas gracias por sus mensajes de aliento y felicitaciones. Estoy inspirada, así que trato de aprovechar el tiempo que tengo y escribir. Espero que sigan disfrutando.
