Un muchacho de cabellera negra y lacia sobre los hombros, con flequillo; ojos negros profundos; de 23 años, se encontraba en el centro comercial. Esperaba a una chica de cabellera llamativa frente al cine para una cita a la que no quería ir. Rascaba su cabeza, algo frustrado, intentando recordar cómo terminó en una situación así.

Su celular suena y el nombre en la pantalla le indicaba que se había salvado de un día incómodo.

¿Sasuke-kun?

— ¿No vendrás?

Perdóname. — una pausa incómoda por parte de ella — Tengo práctica hasta muy entrada la noche... Debo suplir a una de mis compañe-

— No me des excusas; al fin de cuentas tú y yo no somos nada.

Era frío para tratar a los demás. La chica al otro lado de la línea lo sabía bien, y aún así no podía evitar quererlo. Luego de un simple "adiós" por parte de él, la llamada terminó. Liberó un poco de aire con satisfacción y colocó el celular en el bolsillo interno del sobretodo negro para caminar por el sitio sin rumbo fijo. Su reloj de muñeca le indicaba un cuarto para las tres de la tarde y su estómago le anunció lo inevitable; el patio de comidas estaba casi vacío y no era para menos. Esa madrugada cayó una capa de nieve que apetecía mantenerte en cama durante todo el día.

Siempre comía solo, a menos que la practicante de medicina no estuviera de turno y se acercara para conversar; no obstante, ser el único comiendo en un lugar amplio no era algo que quisiera hacer. De seguro llamaría la atención y eso no le agradaba en lo absoluto.

Decidió caminar a casa, ya que estaba a una hora del lugar y por el trayecto compraría suministros que se le habían agotado. Nadie lo sabía y él jamás admitiría que su pasión secreta era la cocina. Disfrutaba de una bebida que compró en una máquina dispensadora que se encontraba en la esquina; a un par de cuadras de su hogar.

De la nada siente un fuerte golpe en el pecho, sus fundas con alimento caen al suelo y la bebida se derrama sobre su ropa.

— ¡D-discúlpeme! — una muchacha de cabellera negra se agacha a recoger las cosas; él hace lo mismo.

Estando frente a ella, su nariz percibe un sutil olor de lilas que aumentó los latidos en su corazón y se puso de pie con prisa, arrugando su entrecejo confundido. Ella también se levanta del suelo, luego de ayudarle a recoger las cosas y le extiende la funda de compras. Abre su bolso, donde se divisaban libros y cuadernos, para sacar un par de billetes; se los extiende.

— Esto... esto es para la lavandería.

Él no podía dejar de mirarla. Sus ojos estaban fijos en los suyos demostrando confusión y un atisbo de alegría. Ella sonrojó sutilmente y bajó la cabeza algo apenada para toparse con su reloj de pulsera.

Oh...— murmuró. Acomodó su bolso y tomó la mano de él para depositar los billetes. — Por favor. N-no me sentiría bien si... si no acepta el pago por un error mío. Si me disculpa.

Haciendo una reverencia rápida se abre paso para continuar su camino.

Ella no medía más de un metro sesenta, su cabellera era larga con flequillo y dos mechones colgaban a cada lado de su rostro. Los labios rosados sin maquillaje y su tez blanca era suave. Lo más llamativo en ella eran sus ojos lilas adornados con pestañas largas.

Cuando fue capaz de recuperarse del trance, al voltear ella ya no estaba. Corrió a la esquina y sólo divisó un taxi alejándose del sitio.

Regresó a su casa muy confundido. Forzó a su mente para que le dé información de aquella chica, pero fue una tarea inútil. Jamás la había visto antes.

Sasuke estaba sentado bajo un árbol del patio trasero, mirando las nubes pasar con el viento. Había pasado más de un mes y aún mantenía la vívida imagen de aquella extraña chica en su memoria.

— ¿Acaso quieres atrapar un resfriado? — la dueña de la voz toma asiento junto a él y le pasa un vaso con té caliente — Parece que algo te abruma desde hace varias semanas.

Tomando el vaso y bebiendo un poco, apoya sus codos sobre sus piernas; mira el suelo cubierto de nieve. No le respondió y eso la entristeció un poco. Pasaron así un par de minutos, luego entraron al hospital por una llamada en alto-parlante a la chica de cabellera rosada.

Sasuke fue rumbo a la habitación de su hermano; cinco años mayor. Cada viernes sin falta, desde hace cuatro meses, visitaba a Itachi, que había sido operado de la misma enfermedad que él sufrió hace tres años.

— Vaya que estás distraído.

— ¿Qué?

— A eso me refiero. — esbozando una leve sonrisa, el hombre en la camilla prosigue — ¿Qué te sucede? No eres el mismo desde hace... ¿un mes? ¿Acaso tienes problemas con esto? — señala su pecho un par de veces. Sasuke negó con los ojos cerrados.

— Sólo necesito aire.

Se acercó a la ventana y la abrió. Sus ojos lo llevaron a mirar un punto fijo en la entrada del hospital. Parpadeó varias veces y restregó los mismos, sólo para darse cuenta que no era producto de su imaginación.

Salió corriendo sin dar aviso e Itachi no supo el repentino exceso de adrenalina que obligó a su hermanito a descender del segundo piso. Grande su desilusión cuando no la encontró. Aún no comprendía por qué, en esta segunda ocasión, su corazón volvió a palpitar de esa forma; era como si le quisiera decir algo.

— ¿Viste a una chica de cabello negro, largo y ojos lila?

Sí. Se consideró un completo loco al preguntar eso en la recepción del lugar, mas nadie fue capaz de darle la respuesta que él quería... Bueno, más bien: una respuesta que su corazón quería.

— Esa es la descripción de Hinata. — manifestó una mujer de cabellera negra corta con ropa de enfermera y tenía un gafete con las palabras: "Jefe de residentes" — ¿Acaso la conoces, Sasuke?

— ¿Qué estaba haciendo aquí?

— Su primo acaba de salir de terapia intensiva. — él arqueó sus cejas — Uno de los ladrones le disparó hace unas semanas. Fue una herida grave, pero ya se ha recuperado. Le daremos de alta en unas semanas más. — La joven mujer continuó su camino para revisar algún paciente, seguramente. Una mano en su hombro la detiene por unos segundos.

— Shizune, dime el nombre.

— ¿No la conoces? — una pequeña pausa de duda. Ella conocía los sentimiento de su subordinada por dicho joven; aún así terminó respondiendo la pregunta. Sasuke parecía realmente intrigado por conocer a la chica — Es Hinata Hyuga.

Regresó a la habitación con un poco de satisfacción. Aunque no sabía por qué esa mujer en particular ponía a su corazón en un estado de júbilo. Es como si... si su corazón la recordara; claro está que es imposible. El que recuerda es el cerebro, no el corazón.

— ¿Tomaste suficiente aire fresco? — la sonrisa pícara en el rostro de su hermano fue respondida con un movimiento circular de sus negros ojos. — ¿Acaso la residente de cabello rosa te llamó?

— Para con eso, Sakura no me interesa.

— Pero tú a ella sí. — suspiró pesado el azabache menor — Aclara las cosas con ella, no vaya a ser que la lastimes.

— Lo he hecho, pero ella insiste; me obliga a tratarla así.

— No creo que le guste.

— Parece que son de esas mujeres masoquistas. Espero, un día comprenda que jamás podremos ser más que amigos.

— Primero te enamoras antes que Sakura-san te vea como amigo.

Bufó y tomó su abrigo para retirarse. Se despidió de su hermano y salió de la habitación pensando lo último que dijo Itachi.

¿Acaso era amor?

No. Sasuke no creía en el amor a primera vista o en el hilo rojo del destino. Para él, ese sentimiento crecía con el tiempo y qué tanto tengas en común con dicha persona, pero claro... él nunca se había enamorado, así que no sabía de eso... Tampoco sabía que ese sentimiento podía transmitirse a través de promesas.

Se encontraba en el parque que estaba a varias cuadras de su departamento. Le gustaba caminar por las tardes, pero el frío lo llevó al sitio varias horas antes. Su reloj marcaba las once de la mañana.

Saber el nombre de la chica no era de mucha ayuda y no iba a contratar un detective privado para dar con el paradero de una total desconocida, que sólo le aceleraba su corazón sin razón aparente.

( Creo que me dejé llevar... )

De vuelta a casa, mirando hacia adelante con sus pensamientos perdidos, escuchó un grito de angustia y sus andar pasivo lo condujo hacia una persona agachada sobre la nieve. Un paquete pequeño y una tarta en el suelo fue la escena que encontró.

No... Tendré que ir por otro pedazo a casa.

Estaba varios metros lejos de esa persona que, por su silueta, sin duda era mujer. La cabeza estaba cubierta por una capucha de bordes pomposos en tono blanco. La mujer recogió la basura, que hace unos minutos era un pedazo de torta y la depositó en un tacho cercano.

Retomando su trayecto, llega a su sentido del olfato el perfume de lilas. Sus latido descontrolados voltearon su cuerpo completamente hacia ella. A paso rápido, la alcanza sobre un pequeño puente decorativo y la sujeta del hombro.

Ella voltea, acompañando su rostro con una sonrisa avergonzada.

— Usted es... es el joven del otro día.

( ¡Me recuerda! )

— La mancha... ¿la mancha salió?

Preguntó, temerosa de una respuesta negativa. Sasuke asintió sin pronunciar sonido alguno y ella se alivió por unos instantes; temía haber arruinado la ropa de aquel chico. Esa calma terminó de golpe cuando recordó que no se había presentado. Estaba conversando con un completo desconocido.

Que... que vergüenza... — susurró apenada por su falta de modales — Ho... hola... mi nombre es-!

No habían palabras que describan ese impulso que apareció en su pecho y que se apoderó de su cuerpo por completo. Tomo a la chica del mentón y elevó su cabeza, él cerró sus ojos y aproximó sus labios a los de ella. En la parte superior izquierda de su pecho llegó un cosquilleo acompañado de un intenso calor y todo ello fue detenido con una palmada en la mejilla del azabache, después de que la asustada y roja chica lo abofeteara.

De nuevo era dueño de sus extremidades y sus párpados no podía abrirse más.

— ¡P-PERVERTIDO!

Ella salió corriendo y Sasuke se quedó parado, solo en el parque.

( ¡¿Qué demonios... fue eso?! )

Regresó a su departamento completamente desconcertado por lo que había hecho. No es que no le gustaran las mujeres, es solo que él, por más frío que fuera, jamás tocaría a una chica sin su consentimiento y eso era lo que había hecho hace unas horas. Realizó todo tipo de tareas en la casa: barrer, cocinar, lavar ropa, sacudir cortinas, limpiar cada rincón dos veces y demás actividades que distrajeran su cabeza de la sensación que dejaron los labios de ella en los suyos... Era como si lo hubiera hecho antes.

Le sirvió en gran medida, pero la noche debía llegar y para dormir no podía mantenerse ocupado, fue entonces que su mente lo atacó. Acostado en su cama, con sus brazos bajo su cabeza, contemplaba en techo de su habitación. Un repentino recuerdo llegó como un flash de luz. Era ella, llorando. No quería darle importancia a sus sentimientos, no lo había hecho antes y no creía que eso fuera algo en lo que deba preocuparse. Sin embargo su memoria le hizo saber que ella era alguien importante en su vida... en su nueva vida.


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La chica estaba debajo de un árbol de cerezos en flor. La cabellera de ella se mecía con la brisa y logra divisar una amplia, tímida y preciosa sonrisa en la cara de la muchacha.

— ¡HINATAAA! — se detiene frente a ella — ¡Discúlpame, Hinata-chan! ¡No creí que era tan tarde-dattebayo!

El dueño de la voz respiraba de forma agitada y apoyó sus manos sobre sus rodilla para tomar aire. Ella se acercó, demostrando preocupación en su mirada.

— Naruto-kun... ¿E-estás bien?

Colocando su mano sobre el hombro del chico éste asiente sin darle importancia. ( ¿Dónde estoy? ) No podía ver el rostro del cuerpo que estaba ocupando, era como si Sasuke viera el recuerdo desde dentro del muchacho de nombre Naruto.

— Mejor... mejor vamos al hospital, Naruto-kun.

— ¡Tonterías! ¡Estoy perfecto, Hinata-chan!

El joven se coloca erguido y sus brazos se posicionan a cada lado de su cintura; elevando el rostro para ver las nubes, riendo como ganador.

— Es que... pues...

La visión se posa sobre la chica, que sin duda alguna era la misma que besó en el parque. Sasuke podía sentir una sensación de calor invadir su pecho y parecía que el sujeto sonreía por empatía.

— Tranquila, Hinata. — ella lo mira — Sólo me cansé por correr desde la casa hasta aquí. Cuando vi el reloj salí lo más rápido que pude para no llegar tarde. — ella sonrió — Mira que, esta es nuestra décima cita y tú sabes que cada una es especial. — ella sonrojó — N-no te sonrojes...

Miró hacia un costado y rascó su nuca algo apenado, sus mejillas ardían un poco y luego escuchó su risa.

— ¿De qué te ríes?

— Naruto-kun también se sonrojó.

El chico tomó la mano de ella y sonrió con gratitud. Ambos comenzaron a caminar por ese parque... El mismo donde él acostumbra a visitar por las tardes.

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Pasaron varias semanas y era tiempo de dar el alta a su hermano; obviamente Sasuke estaría allí para ir por él. Itachi viviría con él por una corta temporada hasta que se recuperara por completo y sea capaz de retomar su vida donde la había dejado.

— ¡Rayos!

— ¿Dónde los olvidaste?

— En el último cajón de la mesita junto a la ventana.

Dejó a su hermano sentado en la sala de espera y regresó a la habitación por un par de guantes que su madre le había regalado desde hace varios años. Su hermano menor le decía que era tiempo de tirarlos por lo desgastados que estaban, pero Itachi se negaba a hacerlo. Era un capricho que Sasuke no podía refutar, pues él también guardaba, en uno de los cajones de su cómoda, un gorro de conejo tejido a mano que ya no le quedaba. Encontró lo que olvidó si hermano, los guardó en una funda y regresó al pasillo en espera del ascensor...

— Gracias, Sakura-san.

— De nada, Hinata. Recuerda que aún no debes hacer cosas pesadas con el brazo, Neji. — el mencionado bufó molesto mientras la residente dejaba el cuarto.

— No te preocupes, me encargaré de que él no haga ningún esfuerzo. — la chica de ojos lilas tomó las maletas y se dirigió a la entrada de la habitación.

— Hinata-sama, yo puedo hacerlo.

— No, nii-san. Yo... ah! — la maleta con las pertenencias del muchacho de cabellera negra y brazo vendado se esparcieron por toda la alcoba. — P-perdón, nii-san.

Hinata comenzó a recoger las prendas del suelo y Neji se los estaba impidiendo.

— Déjame ayudar.

— No. ¿Recuerdas? Sin esfuerzos. — levantando su dedo índice para recalcar las palabras de la doctora.

— Tsunade se refería al brazo vendado.

— Mentira. ¿Cómo vas a coger algo con el brazo, si lo tienes vendado? — Hinata ya conocía bien cuando su primo la estaba engañando. El chico suspiró y enredó su cabellera con la mano libre. — Ya no eres tan ingenua como antes. — sonriendo levemente y ella hace lo mismo. — Que bueno es verte sonreír.

— ¿eh? ¿D-dijiste algo?

— Que mejor ya nos vamos, eso dije. — ella volvió a tomar la maleta y caminaron juntos hasta el ascensor. La puerta del elevador se abre en el segundo piso y dos pares de ojos: unos claros y otros oscuros, se topan irremediablemente.

— ¿Entrará o no?

Comenta Neji sin sonar grosero en el trato. Sin darle oportunidad, la ojiperla presiona el botón para cerrar la puerta y dejarlo fuera. Ella no quería verlo mientras que él no dejó de visitar el parque ni un solo día; claro que ella jamás volvió a tomar esa ruta para evitar contrariedades.

Golpeó la puerta con los puños cerrados y decidió tomar las escaleras tan rápido como sus piernas le permitieron bajar cada escalón.

Hinata tomó el equipaje, que le llevó a su primo para que su estancia en ese lugar no fuera tan aburrida, y caminó a paso rápido hasta la entrada del edificio, con rumbo a la parada de taxis. Neji sabía que ese actuar no era propio en ella.

— ¿Neji? / ¿Itachi?

Y la huida se vio truncada por la irremediable conversación de dos viejos conocidos.

— ¿Qué haces aquí? — acotaron al unísono. Itachi sonrió y Neji suspiró ante la leve similitud de actitudes; a la peliazul no le quedó más que regresar y querer que la tierra la ocultara el resto de su vida, o al menos durante ese momento.

— ¿Quién es la señorita? — el Uchiha mayor mira a la chica con intriga — Por sus ojos... ¿Hermanos o primos? — el interrogado asiente y acercando a su adorada prima hacia adelante les presenta.

— Ella es mi prima, Hinata. — ambos extienden sus manos — Él es Itachi, un ex-compañero del cuartel de policía. — mirando al azabache de cabellera larga recogida en una coleta baja, cuestiona — Unos... cinco años, ¿no? — el hombre asiente mientras sujeta la mano de la chica que permaneció quieta por unos segundos cuando divisó a...

— Sasuke, no se corre en un hospital.

El moreno se detiene de golpe frente a los tres, ella agacha la cabeza y sin medir sus acciones, se oculta detrás de su alto primo, que recibe al nuevo con mirada de pocos amigos. Itachi también notó el particular comportamiento de la joven ante la presencia de su hermano menor. Se acercó a ella calmado, aunque su corazón volvía a estremecerse dentro de su pecho.

— ¿Podemos hablar? — mira a los mayores por un segundo — A solas.

— Lo que quieras con mi prima también me incumbe, niño. —Itachi se levanta del asiento.

— El asunto es con ella.

El ambiente se volvió tenso y tanto Sasuke como Neji fueron separados por dos manos diferentes. Itachi sujetó a su hermano del hombro mientras Hinata sostuvo a Neji de su brazo libre. Ella miró al hombre de cabellera negra que era alejado por el amigo de su primo y ambos Hyuga caminaron al lado opuesto; ella quería calmar al sobre-protector de su familiar. Itachi hizo lo mismo con su hermano.

— Este no eres tú, hermanito. Él es un policía; no querrás problemas con la ley ¿o sí?

— Es un asunto que debo discutir con ella.

Soltándose de su agarre y volteando el rostro se topa con la chica.

— P-podemos hablar. Sólo... sólo unos minutos.

Caminaron lejos de ambos adultos jóvenes. Neji desprendía humo y su ceño no podía estar más fruncido. Itachi permaneció observando a los chicos todo el tiempo, gozaba de una excelente visión.

Después de tanto tiempo buscándola, después de tanto tiempo esperando un momento con ella, después de tanto pensar las palabras adecuadas para disculparse... y ahora que la tenía frente a él, no pasaba ni una sola palabra coherente.

Era domingo. Se levantó a las seis de la mañana y anoche no pudo conciliar el sueño con normalidad. Maldijo a su hermano una y mil veces al día durante toda la semana y todo ese tiempo su corazón no dejó de latir con prisa cada vez que pensaba en ella y lo que Itachi, intempestivamente, decidió aquella tarde en el hospital.

— ¿La cita no es a las doce? — el hermano mayor se levantó, cuarto para las nueve, y se dirigió a la cocina, donde se topó con Sasuke. El hermanito bufó molesto y continuó investigando en la computadora. Itachi abrió la refrigeradora y sirvió un poco de leche en un vaso y de la despensa sacó dos pedazos de pan que calentó en la tostadora, luego untó un poco de mantequilla en ambos panes. Se acercó sin hacer ruido para ver lo que hacia su hermano en la computadora — "¿Qué hacer en tu primera cita?" — el Uchiha mayor no pudo evitar reír a tono alto y el azabache minimizó la ventana del navegador de prisa para continuar escribiendo en un archivo de texto.

— ¿Qué quieres? ¿Por qué la risa?

— Creí que estabas molesto por decirle a esa bella chica que saliera contigo. — Sasuke bufó — Mira que verte balbuceando en un dialecto que no existe la estaba asustando. Yo sólo quise hacerte un favor. Después de todo creo que ella te...

— ¡Cállate! — se alteró por unos segundos — Esto tengo que hacerlo por TU culpa. — su hermano tomó asiento en el comedor y dio una mordida a su tostada. Sasuke abrió la ventana del navegador y continuó su "investigación". Itachi era muy astuto y con esa reacción era muy obvio que su pequeño hermanito, parece que, al fin había sido atravesado por una flecha de cupido. Una oportunidad para molestar al cabeza dura de Sasuke no se presentaba a diario y esto no lo iba a dejar pasar por la paz.

— Si tanto te molesta, puedo ir en tu lugar. ¿Te parece? — Itachi no lo notó pero Sasuke abrió sus ojos un poco al oír eso — Después de todo, Hinata es muy bonita y su personalidad es agradable. — un pequeño silencio en espera de la respuesta — Le puedo decir que tenías una reunión importante y como yo estoy libre...

— No.

— ¿Qué? ¿Entonces sí quieres ir? — Itachi sonríe gustoso de su juego mental.

— Luego creerá que soy un cobarde por no querer disculparme.

— ¿Disculparte? Así que le hiciste algo... por eso los nervios, ¿no?

— Estúpido. No estoy nervioso.

— Ajá... y que estés averiguando qué hacer en una cita no tiene nada que ver. — expresándose sarcásticamente. Eso era lo que detestaba de su hermano mayor. — No soy un experto en relaciones, pero puedo decirte unas cuantas cosas para que no metas la pata. — sin responder, voltea en la silla y se cruza de brazos con los ojos cerrados. Itachi sonrió divertido y le comenzó a platicar de las cosas que había hecho en sus citas.

Así pasaron en el comedor más de una hora y el moreno menor se levantó rumbo al baño. Se duchó por treinta minutos, se puso una colonia suave, un pantalón de mezclilla negro, una camisa a cuadros de tonos azules y unos deportivos oscuros.

— ¿Piensas ir así? — Itachi se acercó y le remangó las mangas, desabrochó uno de los botones de la camisa y le despeinó un poco el cabello — Debí tomar una foto primero, no siempre puedo ver a mi hermano menor actuar como tonto. — el moreno bufó — Esta chica se ganó mi respeto. Yo sé que es tu primera cita oficial desde que naciste, pero ¿alterarte? — rió levemente y Sasuke lo empujó con fastidio.

No es que sea su primera cita. De hecho, el Uchiha había salido con varias chicas antes y siempre se comportaba igual. ¿Por qué ella era diferente? Pensar en Hinata era agradable y tenía un cosquilleo en su pecho que le indicaba que ya la conocía.

— H-hola... — su sonrojo era adorable.

— ¿Ya almorzaste? — no la saludó y se golpeó internamente por eso; ella giró su cabeza de un lado a otro. — Conozco un buen restaurante. — caminó, dejando a la chica un par de pasos atrás.

"Ellas caminan más despacio al ser más pequeñas que nosotros, por eso debes alentar tu andar sin que lo noten."

Las palabras de su hermano retumbaron en su mente y decidió hacer caso a los consejos. Llegaron al lugar en silencio, no sabía de qué hablarle y ella parecía no importarle.

"Debes abrir las puertas y acercar la silla cuando se vayan a sentar."

Así fue. Cada cosa que su hermano le dijo le ayudaba a mantenerse sereno por hacer un buen trabajo.

"Pregúntale qué desea ordenar, no lo hagas por ellas. Eso les molesta."

— Pues... quiero una sopa de miso y té de canela.

"Elogiarla. Dile que la ropa le sienta bien, así no sea cierto."

— Hinata... — ella lo mira — Pues... eh... olvídalo. — era demasiada presión para hacerlo. Realmente se veía preciosa usando esa blusa lila con estampado de flores y una falda blanca acampanada con vuelos un poco más arriba de su rodilla, un leggins claro y zapatos convers con diseño de mariposas negras; un buzo que era dos tallas más grande. Buscaría el momento adecuado para decirlo.

— Q-quiero disculparme.

— ¿eh?

— P-por la bofetada. Es que... me asustaste. Yo creí que eras un pervertido y, pues... mi primo me dijo que debo golpear a un pervertido.

— Creo que lo que quería decir, tu primo, era que le des un puñete o una patada. — ella se sorprendió.

— E-es que si lo hacía, te dejaba inconsciente. — ahora Sasuke se sorprendió.

— ¿Sabes defensa personal? — ella asiente y él sonríe confundido. El resto del almuerzo pasó más ameno e incluso la hizo sonreír contándole ciertas anécdotas de su hermano. El camarero colocó la cuenta sobre la mesa y ambos llevaron su mano al papel, Sasuke tocó la mano de ella y una corriente eléctrica lo invadió. Llevó la mano a su cabeza y su rostro demostró dolor.

— ¿Uchiha-san?

— No es nada, Hinata.

"Algunas chicas se ofrecen a pagar la cuenta, pero debes insistir."

— Vayámonos. — tomó el papel y canceló en caja.

— Y-yo podía haber...

— No. Es parte de mi disculpa. — ella sonrió ligeramente y dejaron el restaurante.

"Si no sabes dónde ir, pregúntale a ella"

— Me gusta la... la pileta del parque central. — tomaron un taxi y llegaron en unos diez minutos. El viaje fue silencioso, pero no era un silencio incómodo. Cuando llegaron sus ojos mostraron un brillo particular, como si recordara un momento alegre con melancolía.

— ¿Por qué es especial? — ella no quería responder y él notó que ese tema no era el adecuado. — Perdón.

— No. — restregó los ojos rápidamente — Es que... pues... — se sentaron junto a la fuente que tenía agua tibia, para que no se congelara — Es un tema...

— Si no quieres contarme, no lo hagas. — negó con su cabeza.

— No he venido a este sitio desde hace mucho tiempo. — una pausa que elevó su cabeza hacia la punta de la pileta — Desde... desde hace tres años, más o menos. — Sasuke permaneció en silencio — Fue la última vez que... que él... — una lágrima cayó y la conversación se detuvo.

Ella no se veía alegre y no sabía como consolarla; Itachi no le platicó qué hacer en caso de un asunto como ese. Su corazón se comprimió al ver sus ojos rojos y la rodeo con sus brazos con delicadeza. Al inicio se sorprendió, pero ese calor que desprendía Sasuke le era confortable y raramente familiar.

Permanecieron así una hora aproximadamente y luego ella se alejó lenta y tímidamente.

— Yo... perdón. No quería que... eh... pues...

— Descuida. Puedo dejarte en casa si gustas. — ella lo confirmó en silencio y tomaron un taxi rumbo al hogar de ella.

En el trayecto, Hinata permaneció con la mirada baja y distraída. Cada diez segundos, sin que pudiera evitarlo, sus ojos la buscaban con afán y al contemplarla su corazón volvía a acelerarse y se oprimía al ver su rostro triste. No sabía qué tema tocar y ella no lo miraba, ni de perfil.

— ¡La juventud es hermosa! — manifestó el taxista al divisar, sin querer, al muchacho quien la revisaba en silencio cada cierto tiempo — ¡No dejen que una pelea de enamorados rompa su relación, muchachos!

— ¿e-eh? — las palabras eufóricas del conductor sacaron a Hinata del ensimismamiento.

— No es lo que cree. — acotó Sasuke.

— ¡La llama del amor es eterna! — ambos se miraron con los párpados muy abiertos y sonrojaron; ella diez veces más que él y terminaron mirando por su respectiva ventana.

— No se meta en asuntos que no conoce. — reclama el Uchiha — Fije sus ojos en el camino y ya.

El conductor rió escandalosamente y golpeó el volante un par de veces.

— Mis ojos ven el aura de las personas... — el azabache suspiró cansado, quería que cerrara la boca de una buena vez — ...y puedo decir cuando están enamoradas.

— Se... señor. Él y yo no... no somos...

— Ella emana un color magenta, pero tú... no sé. Veo que sólo tu pecho muestra el mismo color de ella... Tu cabeza parece que también se está tornando del mismo color. Joven, es como si su corazón estuviera convenciendo a su cabeza para que se enamore de ella.

Para la chica, esas palabras no fueron más que una expresiones de ideas que la incomodaron en sobremanera, pero él... Para Sasuke, que no creía en esas cosas, aquellas palabras fueron más significativas de lo que creía.

El taxi por fin se detiene y ambos baja con una leve prisa; el moreno paga el taxi y el conductor le dice en voz baja: — Ella parece una buena muchacha, no la dejes ir. — el taxi desaparece y el sol comenzaba a ocultarse en el horizonte.

— ¿Nii-san?

En la entrada de aquella acogedora casa de dos plantas se encontraba Neji. Sus ojos se suavizaban al mirarla, pero cuando se enfocaba en el pelinegro, ésta se volvía rígida y llena de desconfianza.

— Hinata-sama, que alegría verte. — un par de maletas en la puerta y ella arquea sus cejas y ladea la cabeza.

— ¿Qué sucede, nii-san? ¿Por qué las maletas?

— Viviré contigo un tiempo. — ella se sorprendió — Es un asunto que debo contarte en PRIVADO. — mirando a Sasuke con rapidez.

— ¿Uchiha-san? — ella voltea y nota al moreno de 1,83 metros alejarse a paso lento pero largo. Ella saca las llaves del bolsillo de su buzo y las deja en manos de su primo diciendo que abra la puerta; corre tras Sasuke, dejando a un confundido primo en el pórtico.

— ¡Uchiha-san! ¡U-uchiha!... ¿san? — dobla la esquina y no lo encuentra. Lleva sus manos al pecho y susurra al viento. — No... no se despidió...