Este lugar volvía a encontrarse en silencio, salvo por el crispar del fuego de aquella antorcha, apenas se podía vislumbrar las siluetas de las columnas de esta sala. Desmayarme o colapsar estaban volviéndose algo rutinario y por demás molesto. Lo último que recuerdo fue haber visto al Faraón Atem. En unos días más se cumpliría una semana desde que aparecí en este lugar. Que será de mis padres si les anotician de mi desaparición? O de mis amigos? Mi equipo me seguirá buscando o ya me habrán dado por muerta? Esta situación me causa angustia. Por otro lado, no estoy segura por qué me desmayé nuevamente, y esta extraña opresión en mi pecho, como si hubiese sido abierto cual puerta, forzando su cerrojo. Atem sosteniendo ese Ank con muescas en su extremo inferior y recitando un hechizo, deduzco, ininteligible. El resto apenas recuerdo, tan solo esa sensación de ser jalada hacia atrás por un túnel obscuro y luego lanzada hacia una luz. Me da escalofríos de recordar que vi pasar mi vida como una película en alta velocidad. Pero lo particular del caso, y no como sucede cuando te estás por morir y ves la película de tu vida en segundos, es que mis últimas memorias están alteradas. No puedo dejar de visualizar a Jorge explicándome las imágenes de la tomografía de hace año y medio sin ver una persona reflejada en la pantalla o recordar las noches que pasé reconstruyendo el rostro de la momia en el estudio del departamento sin sentir la presencia de alguien más. Ahora las recuerdo así, y la certeza de que fueron alteradas no me abandona. Alguien entró en mi mente, vio mi alma y se fue.
Encuentro más atenuante de mis energía quedarme postrada es este lugar que recorrer el palacio. Seguramente debe haber varios turnos de guardias, por lo que deberé ser precavida al momento de moverme por los recintos. A tientas palpo la puerta que me lleva al corredor. La luminosidad no es muy superior que de la habitación de donde salgo. Si mal recuerdo esta ala del palacio son los aposentos reales, lo que implica que el faraón descansa en alguno de estos nichos, y por ende el puzzle del milenio está con él. Hasta que punto mis suposiciones serán correctas? Pero si no lo intento nunca lo sabré. El último objeto que toqué previo el derrumbe fue ese ítem. Para ello debería revisar todos los recintos.
Pude, a unos cuantos pasos mío, percatarme de la existencia de una puerta que estaba entreabierta. Logré introducirme sin hacer ruido. Allí la única iluminación provenía de la luz de luna que ingresaba por entre las columnas que daban a un balcón. Gracias a ello pude confirmar que el lugar estaba completamente vació de ocupantes. Todavía más lujosa de la que yo ocupaba, el recinto contaba con varios muebles. La cama era inmensa, con un trabajo artesanal importante. En un taburete descansaban ciertas prendas y algunos atavío decorativos como un pectoral de oro, lapislázuli y otras gemas. Recorro con el dedo dibujando el bello escarabajo pelotero alado. De javu. Indudablemente estoy en la habitación de él. Reconozco este pectoral, es todavía más bello de lo que creí.
Si yo estoy en su habitación y esta está vacía, donde esta él? El pánico invadió mi cuerpo, lo último que deseaba era ser descubierta en una situación sospechosa. Las palabras del Setho no me habían abandonado. Mientras me sonriera la fortuna debía actuar. Cual ave de caza, recorrí el lugar en busca de mi verdadero objetivo. Y lo encontré. Entre los pliegues de las sábanas descansaba el colgante piramidal. Me acerqué a el con la mayor de las cautelas. Debía ser ágil, corroborar mi hipótesis y de ser verdadera, volver a casa. Pero a veces las cartas con las que juega la suerte están marcadas. Estoy a punto de poder tocarlo y...
Una firma mano infringió un fuerte agarre sobre mi muñeca, estaba a centímetros de tocarlo. El silencio pareció eterno. Sabía que si oponía resistencia solo empeoraría las cosas. trague pesado un par de veces, no quería levantar la vista y enfrentar a mi captor.
-No tiene sentido preguntarte que estabas por hacer. Vengo siguiendo tus movimientos de hace un tiempo- esa voz, la podía reconocer, la escuché la primera noche que recobre la conciencia- si llegaste hasta este lugar es por que permití que lo hicieras- ahora sí no quería mover un músculo, podía sentir los vahos de su aliento sobre la piel de mi oreja derecha. Guió lentamente mi mano hasta una posición natural al costado de mi cuerpo y soltó su agarre. Su proximidad me inquietaba, cerré mis ojos con fuerza, no estaba preparada para lo que vendría, el castigo.
No pasó nada de lo previsible, pero el contacto fue inevitable. Sentí su cuerpo rozar el mío cuando se inclinó sobre la cama a recoger el colgante. Pude ver su espalda de musculatura marcada, sus hombros anchos y fuertes, su nuca de aspecto robusto y su cabellera. Me dio la espalda en todo momento, girándose de forma tal que no le viera el rostro, perdiéndose entre las columnas hacia el balcón.
Tuve muchas opciones, como salir de allí y encerrarme en mi habitación o incluso huir. Sin embargo, como si fuera una persona sumisa que sigue ordenes jamás pronunciadas, recorrí la ruta dejada por sus pasos. La luz de luna recortaba su silueta contra el paisaje. Más allá de las casas, algunas iluminadas, el Nilo repartía destellos los que morían lejanamente en el desierto que se erguía varios kilómetros por detrás. Verlo allí pensativo, sentado sobre la piedra que formaba la barrera del balcón con su espalda recostada contra la pared exterior del palacio, le proporcionaba un halo de misterio. Realmente la situación era tensa. No me miraba, ni aún cuando me acerqué. De alguna manera debía romper el hielo, su semblante era triste como si lo hubiese decepcionado.
- Yo... quería agradecer lo que hizo por mi estos días- no podía mirarle a la cara mientras pronunciaba esta palabras. Tenía la sensación de que mentía.
-Ja! Supongo que lo que estabas por hacer allí adentro es una forma de tu pueblo de agradecer la hospitalidad que te brindan extraños- su respuesta cargada de ironía y enojo habían golpeado mi sentido orgullo. No pude evitar que lágrimas se agolpasen en mis ojos. Sacudí la cabeza, negando enérgicamente. Él cambió de postura, se giró, sentándose de frente a mí, pude ver sus piernas colgadas al frente de cada lado de mi torso. Sentía su mirada inquisidora sobre mí. Su mano derecha tomó mi rostro elevándolo para que le mirase o más bien para que sus violáceos ojos me examinasen mejor.
Algo en mi hizo que su entrecejo se viera fruncido. Con un ágil movimiento se bajó del borde del balcón, lo que me hizo retroceder unos pasos. Pudo ser que consideró que pretendía escapar que me tomó por la muñeca derecha, tirando de mi cuerpo hacia él. Nunca perdimos el contacto visual. Me vi forzada a poner mi mano en su pecho para evitar una colisión, o tal vez ya era un gesto natural de defensa por la cercanía y así evitar se me incrustara la pirámide que llevaba colgando de su cuello. Pude sentir su pulgar recorrer mi mejilla y ser consciente que un líquido se evaporaba de aquella zona, se había escapado una lágrima. Ese gesto me produjo sensaciones electrizantes. Me di cuenta que había cerrado los ojos, cuando volví a sentir su respiración en mi oído.
-Eres toda una pequeña tentación- no se me heló la sangre, al contrario, esta bullía cual agua a cien grados centígrados. Sentí un sofocón subir por mi cuerpo. Esperé. Me sentí como Jane Eyre, cuando el Sr. Rochester le hablaba de ese cordón invisible que tenía atado en su costilla bajo el corazón y que encontraba su otro extremo atado a la costilla del pecho de ella. Una sublime declaración del más profundo y pasional amor. Pero lo único que sentí fue una leve brisa que llenaba el espacio que él había ocupado antes.
Lo peor que te puede pasar de adolescente es que te humillen frente a todos tus compañeros, o más, ante todo el colegio. Cuando estas en una relación, que tu novio te deje por tu amiga o incluso se involucre con tu hermana, como en el caso del entuerto amoroso que las malas lenguas le adjudican a Natasha Goncharova, su hermana mayor y el oficial exhiliado Georges D'Anthès.
Pero nada de ello tenía comparación con la desolación, que gradualmente se convertía en furia. Mas de año y medio procurando por él, develando y devolviéndole su pasado, presente y futuro, su vida. Reinsertándolo nuevamente en la historia de uno de los períodos más importantes del reinado de Egipto. Cuidando de él desde que lo encontramos hasta el último momento en que dejé Londres. Perdida en una dimensión y tiempo que no me pertenecen, sin la posibilidad de volver. Por que toqué el colgante y no desperté, no regresé. Él me iba escuchar, y me importaba un bledo que fuera el faraón, hijo de cualquier dios, rey de ninguna nación! Tan solo una pequeña tentación?! Juegas conmigo Atem?
En mi marcha firme se notaba más que fastidio. Bien crucé el umbral de las columnas, unas pesadas cortinas cayeron a mis espaldas, y advertí que el recinto ahora estaba iluminado por la tenue luz de una lámpara de aceite colocada un taburete cerca de la cama. La cortina no cayó por sí sola, él estaba a mis espalda. Me sorprende su agilidad, la forma en como puede escabullirse sin ser advertido. Pero no era momento de admirarle. Debía enfrentarle, hacerle saber que conmigo no jugará y dejar sentado algunos puntos cruciales.
Pasó a mi lado en dirección a la cama, se quitó el rompecabezas depositándolo a un lado sobre esa superficie, luego se sentó en su borde. Clavando nuevamente su mirada en mi, hizo un gesto con su mano invitándome a tomar lugar al lado de donde él descansaba. Qué poder telepático ejerce en mí que obedezco sin hesitar, sin oponer la mínima resistencia? Ya a su lado, la lamparilla arroja tanto sombra como luz sobre nuestros rostros, nos podemos contemplar a medias. Su expresión se suaviza, incluso esbozó una sonrisa, como si estuviera pasando un gran momento.
- Esperé tanto tiempo tenerte así contigo- su voz me transportaba a la primera noche, ese tono divertido casi burlón, totalmente opuesto al timbre grave y autoritario de esta mañana o ayer a la mañana, o de aquella mañana, pues no estoy segura cuanto tiempo pasé inconsciente. Se inclina un poco hacia mi - Desde el día en que apareciste en aquellas ruinas. Esta noche creo que seré el culpable de mantenerte en vilo- esto no puede ser, donde esta mi enojo y frustración? Pueden haberse desvanecido con estas pobres palabras?- Tengo tantos deseos... todas las cosas que te quiero...- lo siento mucho.
Con una seca bofetada le crucé el rostro. Nunca supe cuán rápida fui, pero me encontraba corriendo y esquivando obstáculos en la oscuridad hacia el pasillo, en busca de refugio en mi habitación. Me mandará a matar. Ese solo pensamiento me clavó en el piso de piedra. Si eso fuera así tendría dos opciones, esperar mi ejecución o escapar del palacio, que en este momento tendría alertada media guardia. Estaba por girarme cuando sentí que unos brazos me asían desde atrás y me vi atrapada entre las piedras de una de las columnas de mi habitación y el cuerpo de mi captor.
-No me dejaste terminar- intenté escabullirme, pero él puso mayor presión a su agarre e inmovilizó mis piernas entre las suyas. Era una posición un tanto erótica, salvo por las emociones poco sensuales que dominaban mi mente -deja ya de moverte, no te haré daño- hice lo que pidió, pero en mi cuerpo persistía la tensión, cada músculo estaba tensado esperando la mínima oportunidad para escapar - quiero hablar contigo, tengo muchas preguntas que deseo hacerte. Es todo.- dicho eso aflojó su agarre. Me giré a verle. Ahora quién le escrutaba el rostro era yo. Realmente me creía tan ingenua?
