— ¡Uchiha-san! ¡U-Uchiha!... ¿san? — dobla la esquina y no lo encuentra. Lleva sus manos al pecho y susurra al viento. — No... no se despidió...
— No quería hablar con tu primo cerca. — ella saltó de susto por la voz repentina que apareció detrás de su oído derecho y, de forma automática, giró dando un golpe al aire con la mano en puño. Sasuke lo detuvo y se sorprendió mucho de los reflejos — Recuérdame que no debo asustarte.
Ella abre los ojos y sonroja rápidamente.
— ¡L-lo siento! — una reverencia y él le indica que no le dé importancia. — Creí que... que se había ido sin despedirse.
— ¿Y si lo hacía? — ella miró hacia abajo, a un costado.
— Se-sería... descortés de su parte dejar a... a su cita sin despedirse... — esas palabras provocaron un arranque dentro de sí mismo que lo impulsó a abrazarla, para soltarla de inmediato. Ahora que conocía sobre la habilidad de defensa, temía que terminara golpeándolo.
— ¿P-por qué lo hace, Uchiha-san?
— ¿Hacer qué? — no actuaba como idiota, pero la ocasión lo llevó a responder de la forma más tonta que jamás haya hecho en lo que llevaba de vida; tanto en la primera, como segunda.
— Eso... lo del abrazo y el be... be... bes...
— Será mejor que regreses, Hinata. — evitando sus palabras le señala la entrada de su casa. Allí estaba Neji, con su brazo vendado y el otro en la cintura, observándolos sin pestañear. Sin duda alguna, si su primo llevara la pistola, Sasuke hubiera recibido un disparo cuando vio lo sucedido unos segundos atrás. — Fue un día muy agradable y espero que hayas disfrutado mi disculpa, exceptuando lo de la fuente.
— No, eso fue error mío. Yo... yo agradezco mucho la salida y pues... eh... Gracias.
Ella extiende su mano y el la toma. De nuevo esa corriente que aparece en su corazón y lo impulsa fuera de su zona de razonamiento... la besa en la mejilla.
— Espero podamos volver a vernos.
— S-sí...
Sasuke toma un taxi que pasaba por la zona y la divisa por el retrovisor hasta que no es más que un punto a la distancia.
— ¿Y bien?
Sasuke pasa de largo a su habitación sin querer mirar a Itachi si quiera. Se tira en la cama y cubre sus ojos con su antebrazo; no enciende las luces. ( No le dije que la ropa le sentaba bien... Quizás, deba ir al médico. Toda esta idiotez y confusión debe ser por algún problema. ) Se queda dormido pensando en ella.
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El cielo nocturno salpicado de unas pocas estrellas y delante de él estaba la pileta del parque central iluminada por colores que se encontraban en la parte inferior. Podía apreciar el vapor salir por su boca y las manos cubiertas con guantes de lana se restregaban unas a otras.
— ¿Listo, Naruto-kun? — Sasuke voltea y la ve a ella sonriendo de una manera diferente. Ella saca de atrás un peluche en forma de zorrito que le da al chico.
— Yo también tengo algo para ti. — el cuerpo donde estaba, sonrió y del bolsillo del pantalón sacó una cajita envuelta en gamuza, él se arrodilla y ella cubre su boca.
— N-Naruto-kun...
— Sé que aún somos jóvenes y que hace un par de meses terminamos el instituto. Es solo que... Una vez que entremos a la universidad no podremos estar juntos como antes y, yo... pues quería que... ah... — Sasuke podía sentir el nerviosismo del muchacho que abre la cajita — ¿Te... te casarías conmigo?
Los ojos de ella empiezan a derramar lágrimas, una tras otra y él se preocupa, hasta que quita sus manos y muestra esa hermosa y tan gratificante sonrisa; el dueño del cuerpo sentía sus mejillas arder.
— P-por supuesto que... que sí, Naruto-kun.
Torpemente intenta colocar el anillo en su dedo y ella suelta una risilla al apreciar lo nervioso que se encontraba. Cuando lo logra se pone de pie y la abraza tan fuerte que por un segundo temió lastimar ese delicado y frágil cuerpo. Le da un tierno beso en la frente.
— Estaba tan preocupado... — suspiró aliviado.
— ¿Por qué, Naruto-kun?
— Creí que dirías que no.
— ¿Qué te hizo creer que diría que no?
— Es que... pues... tu primo me dijo que te irías de viaje por un largo tiempo y yo... ¡agh! — ella ríe para sí misma.
— No me iba a ir hasta que tú me lo preguntaras, Naruto-kun. — se separan para mirarse a los ojos.
— ¡¿Lo sabías?!
— Eh... c-casi... Yo... ah... te vi el otro día en la joyería y yo... eh... — sonrojó — L-lo siento, no quería arruinar la sorpresa.
— No lo hiciste... — sonríe agradecido. — Te amo tanto.
— Yo también te amo y siempre lo haré.
— Yo también, Hinata.
Ese sonrojo aceleró el corazón del presente y se acercaron lentamente para sellar ese compromiso con un tierno beso... Cuando su labios toparon los de ella, Sasuke despierta.
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— ¿Tú por aquí? — la mujer lo mira asombrada entrar al consultorio, él cierra la puerta y toma asiento frente al escritorio — ¿Algún problema o un simple chequeo?
— Es más una consulta.
— Soy toda oídos.
— Desde hace un par de meses mis latidos son irregulares. — la doctora frunció las cejas un poco, pues todo lo referente al trasplante debía ser tratado de forma seria y apoyó ambos codos sobre la mesa; atenta a cada palabra.
— ¿Irregulares? ¿De qué forma?
— Estoy tranquilo y cuando recibo cierto estímulo mis palpitaciones se aceleran.
— ¿Te duele?
— No.
— ¿Qué estímulos? — Sasuke no iba a decir que sucedía cada vez que veía o pensaba en esa persona, pero tampoco podía mentir, su vida estaba en juego. Así que dijo la verdad... a medias.
— Cuando huelo perfume de lilas.
— ¡¿Perfume de lilas?!
— Sí. — la mujer rascó su barbilla un segundo y se recostó en su silla con mirada pensativa.
— ¿Algún otro síntoma?
— ¿Síntoma? Es que la operación no funcionó o qué.
— No, niño tonto, algo que no sea normal. — Sasuke la miró cos párpados entre cerrados — Mira. Desde que tienes el transplante todo ha ido de maravilla, ¿no es así? — él afirma — Por eso me intriga si algo más, aparte de la taquicardia, apareció de repente. No sé... picazón, dolores, falta de apetito, insomnio. Esos síntomas.
— He tenido sueños extraños.
— Yo soy cardióloga, no una bruja del tarot que interpreta sueños. — ríe de forma socarrona — Pero he escuchado que la mente es muy poderosa, llega a enfermar a una persona completamente sana.
— ¿Me estás diciendo loco?
— Para nada, Sasuke. Sin embargo te haré una resonancia y te daré una cita con Inoichi. Es el mejor psicólogo que tengo la fortuna de tener como colega. — prescribe el examen y la cita en el quinto piso; continúa hablando. — No ha de ser nada grave; sin embargo no te daré ningún medicamento hasta saber los resultados y lo único que te aconsejo es que no uses ese perfume hasta asegurarnos.
— Yo no lo uso. — expresó molesto.
— Ya, ya. Entonces dile a tu novia que lo deje por un tiempo. — no le responde y ella se sorprende de ello, mas decide dejar el tema hasta allí. — ¿Cómo está Itachi?
— Todo bien.
— Me alegro. — le pasa las indicaciones — Dile que si siente algo extraño o fuera de lo normal, que no dude en venir.
— Como digas, Tsunade. — se despide levantando su mano al aire y cierra la puerta.
— ¡Sasuke-kun! — la residente de bata blanca y cabellera rosada se acerca con una sonrisa — Chequeo, ¿verdad? — el afirma sin utilizar la voz — Dentro de unos minutos estoy libre. ¿Quieres ver una película?
— No.
— Mira que me lo debes. — él suspiró hastiado y terminó haciendo señas para ir con ella. — Espérame en la entrada, voy por mi bolso y nos vamos.
Itachi siempre ha sido muy consentido. Cuando enfermaba, usaba sus ojos para que las personas hicieran cosas por él; no era un poder, sino una alta capacidad de persuasión visual. Cuando estaba hospitalizado convenció a su hermano para que le llevara un dulce de café; lo que estaba completamente prohibido por Tsunade. De alguna manera, el moreno menor logró ingresar de contrabando un pequeño manjar que colocó junto a la bandeja de almuerzo. La doctora, de exuberante pechera, ingresó repentinamente a la habitación por consulta de rutina y se alteró al ver eso allí.
Sakura la acompañaba y reacciona rápido, agradeciendo al Uchiha por comprarle el dulce que quería. La doctora fue engañada y salvó a los hermanos de una grave reprimenda y posible golpiza a Sasuke... Todos la conocían como una princesa en el arte de la medicina, pero era un demonio cuando uno de sus pacientes no seguía sus estrictas indicaciones.
Desde entonces siempre le dice que se lo debe y cada vez que ella lo invita a cenar o ir al cine, sucede un imprevisto y no logra lo que pide.
Llegaron al centro comercial pasando del medio día, luego de comer un almuerzo ligero, se dirigen a la boletería del cine donde Sasuke divisa a alguien; una chica de cabellera negra y lacia, acompañada de un joven alto y cabellera blanca alborotada.
Avanza sin acordarse de Sakura y observa que compran boletos para la siguiente función; una película de título: "To the moon". Ambos sonreían como si se conocieran de toda la vida.
— ¿Cuál vemos, Sasuke-kun?
Sin responderle le pide a la chica del cine dos boletos para esa misma película.
( ¿Qué me pasa? )
Ellos no era más que conocidos y a penas se habían visto un par de veces, las que no empezaban o terminaban bien, pero sentía una descontrolada descarga recorrer su cuerpo sin aviso y hacer que su entrecejo se junte al verlos platicar tan felices.
— No pensé que te gustaran las películas románticas, Sasuke-kun. — la ojijade sonrió complacida, creyendo que lo hacía por ella, cuando en realidad tenía otras intensiones.
Ingresaron al área de alimentos y bebidas y los vio comprando gaseosas, palomitas y chocolates. Quien la acompañaba era de tez blanca, más que ella y sus ojos tenían un particular tono celeste.
— Compremos palomitas... ¿sí? — sin darle importancia a las palabras de su acompañante, este los sigue sigilosamente; Sakura compra dos gaseosas y un tazón grande de palomitas para encontrarse con Sasuke dentro de la sala.
— Creí que este día no llegaría, Toneri-kun.
— Tienes razón. Ahora disfrutemos este momento juntos.
— ¡S-sí!
Esas fueron las palabras que alcanzó a escuchar desde donde estaba; tres filas detrás de ellos. La pelirrosa llega con los alimentos y toma asiento junto al moreno para dar inicio a la película. Hinata y Toneri estaban quietos y en silencio casi todo el tiempo, pero cuando el chico de pelo blanco se acercaba a ella para susurrar en su oído, el corazón de Sasuke latía mucho más rápido haciendo que sus sangre le quemara por dentro. Le disgustaba que pasara y para calmarse apretaba su mano lo más que podía sin llegar a lastimarse con sus uñas.
Al ser de trama romántica Sakura intentó aprovechar la situación y la oscuridad para abrazarlo o recostarse en su hombro, aunque él no se lo permitía haciendo un movimiento repentino para que se quedara donde se sentó.
En la escena final de la película los protagonistas se miran a los ojos, él joven le da a entender que ella es la chica de la que estuvo enamorado todo ese tiempo y ella parece que lo recordaba también, entonces se toman de las manos y sonríen. Unos doctores que se encontraban viendo el despegue comentan: — Trabajo exitoso, es tiempo de regresar. — apagan la máquina y salen de la mente del sujeto. — Muchas gracias... — exclama con lágrimas el hijo del hombre en la cama — Está sonriendo... Ahora mi padre podrá ir con mamá...
La película termina y todas, todas las chicas de la sala, se encuentran con los ojos rojos y derramando lágrimas.
— Fue buena idea traer esto. Ten, Hinata.
— Gra-gracias, Toneri-kun.
El caballeroso chico de ojos celestes le ofrece un pañuelo que ella acepta gustosa y abandonan la función. Sasuke se agachó, fingiendo que amarraba uno de los cordones del zapato para que ella no lo reconociera. No todo sale como planeas...
— ¿Sa... Sakura-san?
— ¡Hinata! Hola.
— ¡H-hola! — ambas sonríen.
— Excelente adaptación... ¿verdad? — expresa la ojiperla.
— ¿Adaptación?
— S-Sí. Es de un juego de vídeo que yo... que... — una tos forzada de parte del chico junto a Hinata y la Hyuga sonroja. — L-lo siento. Sakura-san, él es Toneri-kun.
— Un placer conocerla, señorita Sakura. — toma su mano y la besa en la parte superior, lo que sorprende a la pelirrosa.
— El gusto es mío... No sabía que aún existían caballeros. — y los tres sonríen gratamente.
— ¿Estás sola?
— No. Vine con...
— ¡¿Uchiha-san?! — manifiesta ella en tono bajo.
— ¿Se conocen?
— Sí. — dice con tono molesto pero calmado — ¿Quién es él? — mirando al joven junto a Hinata.
— ¡Oh! Q-qué modales los míos... — Toneri sonríe al escuchar sus palabras murmuradas — Uchiha-san, él es Toneri-kun. — ambos hombres extienden la mano, pero el pelinegro no demostraba simpatía con el saludo; obvio y el peliblanco lo notó.
— ¿Podemos hablar?
— Eh... yo... y-yo creo que no. — mira de reojo a Sakura queriendo que comprenda la situación. Antes de que el azabache pueda insistir, Toneri interrumpe sin ser grosero.
— Es mejor que sigamos, Hinata. — ella afirma y sonríe a los chicos.
— Perdón por... por interrumpir, Sakura-san. — la mencionada niega con amabilidad, Toneri toma la muñeca de la Hyuga y coloca su brazo alrededor del de ella, como si la escoltara, y se alejan; perdiéndose de vista del Uchiha.
— ¿Desde cuándo se conocen? — pregunta inofensiva.
— Un par de meses.
— ¿Dónde?
— Rumbo a casa nos chocamos y ya no responderé más. — empezó a caminar hacia la puerta del edificio.
— ¿Ya nos vamos?
— Yo sí. — esas palabras la deprimían aunque no le quería dar importancia; parece que sí es masoquista. No obstante, esa expresión seria en Sasuke no la había visto antes y la dejó con un mal sabor en la boca. — Te dejaré subida en el taxi.
— Gracias, Sasuke-kun...
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Los resultados de la resonancia magnética dieron negativo a tumores o problemas al miocardio. Tsunade también descartó insuficiencia cardíaca y cualquier anomalía congénita.
— De todas formas, revisaré el expediente del donante y te avisaré. — el moreno asiente y se dirige rumbo al quinto piso. Abre la puerta.
— Buenos días. ¿Uchiha Sasuke? — afirma — Por favor, tome asiento. Cuénteme.
— ¿Sobre qué?
— Tsunade me dijo que tienes sueños diferentes a los que acostumbrabas desde hace unos meses.
— Sí.
— ¿Estos sueños aparecieron junto a la repentina taquicardia? — asiente otra vez con incomodidad.
— Mejor me voy. Esto es para locos y yo no lo estoy.
— Jamas pienso en mis pacientes como una persona loca. Si viniste, y entraste a mi despacho, me demuestra que no lo estas. La decisión de venir es tuya.
— No creo que unos estúpidos sueños tengan algo que ver con mi trasplante.
— Puede que no. Aunque no puedo hacer un diagnóstico adecuado si no me platicas uno de ellos. — Sasuke miró con desconfianza al doctor y la libreta en sus manos.
— ¿Escribes todo lo que pasa aquí?
— Así es.
— Deja de hacerlo.
— Está bien. — dejó el bolígrafo y la libreta en un cajón pequeño — Ahora recuéstate y habla tranquilamente. Todo lo que me digas se quedará en completa confidencialidad y los resultados te los daré exclusivamente a ti.
— ¿Qué pasa si esto tiene que ver con mi trasplante?
— Si fuera el caso se lo comunicaré a tu cardióloga, contigo presente, obvio. — el Uchiha no se recostó en el sofá, pero sí se relajó.
— No sé como empezar.
— Dime lo que viste en tu primer sueño.
— Era un parque y corría hacia una chica.
— ¿Eras tú quien corría?
— Si. Bueno... Era mi mente dentro del cuerpo de alguien más.
— ¿Viste tu rostro?
— No, pero la chica me llamó Naruto. — Inoichi meditó por un segundo.
— ¿Conoces a alguien con ese nombre?
— No.
— Dijiste que corrías hacia una chica y que te llamó por el nombre del cuerpo. ¿Viste o recuerdas como era ella? — afirma — ¿La puedes describir? — el azabache suspiró cansado.
— Debo irme.
— Si así lo prefieres.
— ¿No me dirás que me quede y te cuente? Así como los psiquiatras de las películas. — Inoichi ríe divertido.
— En mi trabajo, joven Sasuke, no debo presionar a mis pacientes; ellos deben hablar si así quieren. El presionarlos solo hará que teman a la terapia o que repriman recuerdos importantes. — el moreno miró por la ventana un momento. — La conoces, ¿cierto? — mira al médico para volver a mirar la ventana. Se pone de pie.
— La primera vez que soñé con ella, no.
— Significa que ahora ya la conoces. — Sasuke lo corrobora — ¿Qué actividades realizaste el día que tuviste ese sueño?
— Estaba en el parque pensando en e... en cosas y me topé con ella. — el doctor notó la mentira o la falta de información — Mi corazón se... como que se apoderó de mi cuerpo y, sin conocerla aún, la besé.
— ¿La besaste y no la conocías? — elevó una ceja ante esa confesión.
— Eso dije. No fui yo, fue mi... Sonará estúpido, pero fue mi corazón el que me obligó.
— Y esa noche tuviste el sueño donde aparecía ella.
— Sí.
— ¿Cuándo fue que sentiste la primera taquicardia? ¿Qué estabas haciendo?
— Llegó a mi nariz el aroma de lilas.
— ¿Estabas en una florería o era un perfume?
— Era el olor de su cabello. — el psicólogo miró su estantería por unos segundos.
— Entonces te habías topado con ella antes de esa visión. — el Uchiha lo miró — ¿Has tenido otro sueño después de este?
— Si, estaba ella de nuevo y parecía que yo estaba en el mismo cuerpo. El sujeto le proponía matrimonio frente a una fuente.
— ¿Ella acepta?
— Claro que sí. Parece que lo ama mucho.
— ¿Algo más? ¿Otro sueño?
— No.
— ¿La has vuelto a ver? Te disculpaste por el robo inapropiado de su beso, ¿No es así?
— Por supuesto.
Así dio por concluida la sesión de terapia y Sasuke salió del edificio, tomó un taxi y de una extraña forma terminó frente a una casa que no era suya.
— ¿Uchiha? Si vienes por Hinata, ella no está.
— ¿A qué hora regresa?
— No lo sé y si lo supiera no te lo diría. Soy su primo no su padre, ella puede hacer lo que quiera.
Permanecieron en la entrada durante varios minutos mirándose fijamente.
— ¿Acaso vas a esperarla?
— Sí.
— No quiero ver tu rostro aquí. — el ojiperlo suspira de forma corta — Llegara al anochecer. No te dejo entrar ya que no es mi casa y no quiero que estés tanto tiempo en mi presencia.
Sasuke bufó y terminó dando vuelta para alejarse lleno de rabia. No quería encontrarse con el estúpido primo de ella. Necesitaba verla y aclarar las cosas... Cosas que en realidad no eran para explicar, pues no eran más que simples conocidos, pero Sasuke tenía una enorme urgencia de hablar con ella por lo ocurrido en el cine.
Sus hogares estaban relativamente cercanos: ambos vivían uno frente al otro, pero debían cruzar un gran parque que a pie llevaba más de una hora. Miraba las nubes anaranjadas y pensaba en ella.
( No sé nada... absolutamente nada. )
En realidad, así era. Ya que Sasuke nunca le preguntó sobre su vida, si trabajaba o estudiaba, qué le gustaba... nada. Esa cita fue tan corta, que a penas descubrió un lugar donde algo triste sucedió hace algún tiempo.
Tomó asiento en una banca, cercana a un árbol seco. Ese parque siempre le ayudaba a pensar mejor las cosas, la tranquilidad que emanaba -a pesar de ser muy concurrido- le permitía encontrar soluciones de forma rápida. Aunque no tiene un grato recuerdo del mismo.
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Sasuke trabaja de lunes a viernes, después de la universidad, en una tienda de electrónica cerca del distrito de comercio. Es un lugar lleno de puestos con grandes tiendas de todo tipo y gracias a un amigo de su hermano fue capaz de un puesto de medio tiempo allí.
Al ser un lugar muy visitado era de esperarse que te topara con algún amigo o conocido, pero Sasuke prefirió, una y mil veces, encontrarse con el idiota de Neji que a...
— Eres el del cine, ¿no? ¿Uchika?
— Uchiha, Sasuke Uchiha. Tú debes ser el "caballero" de plata... ¿?
El chico de cabello revoltoso sonrió sin darle importancia a las palabras del moreno, que tenía cara de pocos amigos al verlo acercarse al mostrador.
— Otsutsuki Toneri.
— Como sea. — rodó los ojos — ¿Qué quieres?
— No creo que sea forma de atender a un cliente.
— Yo atiendo a quien quiera, como quiera. Si no te gusta sal por donde entraste.
Toneri se rió al ver la cara del moreno.
— ¡Vaya! ¿No temes que te despidan? — bufó el ojinegro y el muchacho de tez pálida lo ignoró — ¿Tienes algún audífono para este celular? — el peliblanco le pasó el artefacto, Sasuke lo miró un momento y sacó de un estante varios modelos. — Quiero estos. — tomó uno do tono blanco con decorado de copos de nieve — ¿Cuánto es?
— 2000 yenes. — le pasó el dinero y mirando de perfil al moreno expresa despreocupado, pero queriendo que esas palabras lleguen a oídos del joven.
— Ella se pondrá muy feliz. — Sasuke lo mira por unos segundos.
— ¡Yugo! — vocifera a otro empleado de cabello anaranjado, que tenía rostro de pandillero, pero atendía a una ancianita con mucha cortesía — Ya regreso. — mira al peliblanco — Hablemos afuera.
Salieron de la tienda y terminaron frente a una librería; Sasuke se dejó guiar por el chico hasta ese lugar.
— ¿Qué pasa?
— ¿Qué eres para Hinata?
— Eres directo. Hinata me lo había contado, pero creía que las personas con mirada fría eran reservadas y-
— Déjate de rodeos. — interrumpe.
— ¿Y si no respondo? — mira con rapidez hacia atrás del Uchiha con sus ojos claros ojos celestes — Estas interesado en ella, ¿cierto?
— Eso no te incumbe. — el moreno no se percató en lo que hizo Toneri.
— Claro que sí. — el rostro alegre que demostraba todo el tiempo se puso rígido, se podía palpar la seriedad con la quería llevar la conversación. — Ella es muy importante para mí... Te aconsejo que lleves las cosas con calma. — él empleado de electrónica se encontraba molesto y Toneri lo notó en seguida — Ella sonríe todo el tiempo, pero no es su verdadera cara, ¿sabes? — Otsutsuki se cruza de brazos y el Uchiha arruga su entrecejo prestando atención cada palabra — No está preparada para una relación y no creo que seas el indicado. Si sabes a los que me refiero.
— ¿Qué insinúas?
— Quieres salir con Hinata, pero tú estás con la señorita Sakura.
— Haruno y yo no somos nada.
— Si, ajá. Lo que quiero decir es que, si eres el causante de que derrame una lágrima más. — (¿¡más!?) — Nos encargaremos de hacerte pedazos, Neji y yo. — regresando a su rostro alegre, pero sereno, se despide con propiedad y se pierde entre la multitud de clientes y trabajadores.
— ¡Tsk! — da media vuelta y sus ojos se quedan estáticos en la librería, dentro cree reconocer una figura en particular. Sus pies caminan automáticamente hacia el local y comienza a acercarse a la mesa donde estaba una chica. El indiscutible olor de lilas llega a su olfato y su corazón vuelve a palpitar sin control — Hinata.
— ¡A-ah! — la sorprende con su voz profunda; ella estaba concentrada en su lectura — U-Uchiha-san.
— ¿Tareas?
— ¿Eh? — Sasuke toma asiento frente a ella y mira el libro.
— No... Me gusta a leer aquí. Es... es tranquilo.
— ¿A diario?
— Quisiera, pero no. Sólo cuando salgo temprano de la universidad.
— ¿Qué estudias?
— P-pues... — dudo en responder; él seguía siendo un total extraño al fin de cuentas. Sin embargo, al tenerlo en frente, con una mesa de distancia, en un lugar con varias personas y sin ver maldad o perversión en su mirada, creyó que buscaba sólo conocerla un poco más — Estudio diseño de jardines.
— Yo estudio Electro-robótica.
— Suena... muy interesante. — dice con una sonrisa. Entonces el celular de Sasuke suena. Era un mensaje de Jugo que le decía: -"Kakuzo ya sabe que no estás. Tienes 5 minutos para regresar o te despide"- — maldice mentalmente. Era un amigo de su hermano y no quería que Itachi creyera que era un flojo que se escapaba para hacer quien sabe qué. Le costó mucho conseguir un empleo y no debía perderle, además de que la paga y el horario eran muy buenas... pero la tenía en frente. Podía arreglar el malentendido del cine.
— Perdón... Uchiha-san. — la mira sereno — Debo regresar a casa o nii-san se preocupará.
— Sasuke.
— ¿Disculpe?
— Dime Sasuke.
— E-es que yo...
— Tengo 23. ¿Y tú?
— 22
— Somos de la misma edad. Me haces sentir mayor.
— Hasta pronto U... Sasuke-kun. — su corazón volvió a estremecerse ante el apretón de manos que se dieron y ambos se fueron a su respectivo lugar.
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— Necesitamos hablar.
Itachi escucha la puerta y divisa a su hermanito ingresar con una par de fundas con alimentos, que deposita sobre el mesón de la cocina. Termina la bebida y coloca el vaso sobre la mesita de centro en la sala y baja las piernas del sofá. Busca el control remoto y apaga el televisor.
— ¿Sobre qué? — sabía muy bien de qué, pero le gustaba hacerse el tonto con él.
— Cuéntame lo que sabes de Neji. — se quita el abrigo, un poco húmedo por una leve nevada de regreso a su hogar, y lo cuelga.
— ¿No querrás decir: lo que sé de Hinata? — Sasuke lo miró con ligero asombro y decidió aprovechar la situación — Responde una pregunta y te diré todo lo que sé. — el azabache sabía que su hermano no le daría información tan importante sin un precio. Tomando asiento en el sofá pequeño junto a Itachi se recuesta y sin mirarlo le da a entender que estaba aceptando el trato. — ¿Estás realmente enamorado de ella?
( ¿Lo estoy? )
— En realidad no... eso creo.
— ¿Verte dudar? Esto debe ser grave.
— Cállate.
— Tienes 23 años, Sasuke. Ya deberías saber si te gusta o no.
— ¿Vas a contarme lo que sabes o no?
— No debes acercarte a ella si no te interesa. — el ojinegro abrió uno de sus ojos — Las chicas como ella son frágiles y cuando se enamoran lo hacen con fuerza.
— No sabes nada de ella... ¿o sí?
— Esa tarde en el hospital, cuando pedí la cita por ti, Neji expresó entre dientes "Aún no está lista", yo le pregunté sin ser inoportuno y me dijo que ella no se recupera de una relación pasada.
Se levanta y va rumbo a su habitación.
— Si no la amas será mejor que no sigas con esto, hermanito.
— Ella lo provoca.
El moreno de coleta baja abrió sus párpados ante esas palabras. Preguntar sería inútil y prefirió estar cerca para cuando decida hablar de nuevo, pues Itachi con poca información siempre era capaz de deducir y acertar en lo que sucede.
Dormir es lo que su cuerpo demandaba. Estudiar era agotador para su cerebro y eso hacía que la mayoría del tiempo, a penas tocaba la cama, cayera dormido inmediatamente.
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Una luminosa tarde de verano. El calor era palpable y la mayoría de personas estaban sentadas bajo la sombra de los árboles con gran copa llena de hojas en tonos verdes.
— ¡Maldición! — Sasuke podía sentir la notable ira del cuerpo donde estaba.
— No importa, Naruto-kun... Ya podremos ir otro día.
— Pero yo quería que fuéramos hoy a la piscina, Hinata. ¡Hace mucho calor-dattebayo!
— Compremos un refresco.
— ¡Sí! ¡Andando, Hinata-chan! — la ira se desvaneció y la reemplazó una gran energía positiva transmitida por la sonrisa que ella le regaló con tanto cariño. Tomo la mano de la muchacha y la jaló hasta una heladería cercana al parque.
— Tu primo ya está trabajando... ¿verdad?
— Si. — responde ella mientras regresaban al mismo árbol donde estaban hace unos minutos. — Temo por él.
— Debe ser difícil que tu única familia trabaje como policía. — ella mueve su cabeza de arriba hacia abajo — Debes confiar en que es perfecto para el puesto.
— L-lo sé... Sé que Neji-niisan quiere proteger a las personas, pero si... y si un día...
— ¿Le disparan? — vuelve a asentir, solo que esta vez se podía apreciar temor en su mirada perla — ¡Tranquila! — ella abre sus ojos en redondo — Él nunca te dejará sola. Ni Toneri y, obvio, yo tampoco. — sonríe enormemente y ella sonroja.
— El peligro está en todas partes, Hinata. — sus rostro se endureció — Si algo te llegara a suceder no sabría que hacer.
— Naruto-kun... — su mirada se suaviza. Llegan al mismo árbol y toman asiento.
— Por eso existen los oficiales de policía. Estoy muy seguro que Neji hará una labor estupenda.
— Yo también lo creo, Naruto-kun.
Deciden caminar hasta la casa de ella y dejarla al resguardo de su hogar. Por el trayecto observan el cielo y las plantas. Las personas y sus mascotas o familias tomando un picnic llenas de alegría.
— Hinata. — sostiene sus manos intempestivamente y ella brinca ligero — Jamás, jamás... ¡Nunca! dejaré de amarte.
— ¡Na-Naruto-kun! — el rostro de la pelinegra se vuelve completamente rojo.
— ¡Es cierto-dattebayo! — Sasuke sentía la seriedad de las palabras con las que el cuerpo que ocupaba las expresaba. — Prometamos que, aunque nuestros cuerpo dejen este lugar, nuestros sentimientos siempre estarán presentes en nuestros corazones.
— ¡S-sí! — sonríe avergonzada y él la abraza.
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El moreno despierta con el corazón acelerado. Pasa sus manos por su rostro y nota un mensaje en el celular. Era de Tsunade, indicándole que no habían problemas con el donante. No sabía por qué le era imperioso conocer el nombre de la persona que le había salvado hace tres años, pero quería, necesitaba conocer el nombre.
-"¿Cómo se llama el donante?"-
-"Eso es confidencial. Algunas personas lo
piden así... y no insistas porque no lo haré"-
Insistir a Tsunade era como arar en roca; inútil y cansado. Exasperado, sin saber exactamente por qué, tira el celular a una almohada que estaba en el suelo y llega a su mente una sola persona capaz de ayudarlo con eso, pero... sería jugar con fuego.
Debía pedirle un favor a...
