— Por esa razón te la encargo... Hice todo lo que tenía al alcance, el resto depende de ti. ¡Suerte-dattebayo!
Naruto se levantó y tocó el pecho del moreno con su dedo índice, dibujando una sonrisa traviesa.
— ¡Hey! ¡Me dolió! — una corriente recorrió el cuerpo de Sasuke y el rubio se burló. El Uchiha le lanzó una mirada de odio puro y Naruto volvió a tocar la parte superior izquierda de su pecho con el mismo dedo. Sasuke se quejó.
— Ella estuvo enamorada de un idiota como yo por muchos años, hasta que me quitaron la venda de los ojos... es momento que alguien esté detrás de ella y la enamore. Te parece justo... ¿verdad, teme? — mirando al azabache con una sonrisa zorruna — ¡Para mí lo es! — el ojiazul volvió a tocar el pecho del moreno con la palma completa. Tan fuerte golpeó la corriente en su corazón que cerró los ojos y llevó sus manos al pecho. Lo último que escuchó de Naruto fue: — Ya no hay marcha atrás, Sasuke. Tú estás enamorado de ella y te lo demostraré. ¡Nunca la hagas llorar o regresaré para hacerte sufrir-dattebayo!
Al abrir los ojos percibe un tono rojizo por las ventanas de la ambulancia; el leve sonido de la sirena que, poco a poco, tomaba intensidad y el rostro aliviado de Toneri; quien se recuesta en las paredes del vehículo liberando ese pesar.
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— ¡No lo comprendo! — la doctora de gran delantera revisa una y otra vez la ficha médica del Uchiha — Los exámenes me indican un fallo que hace unas semanas no estaba allí. — en sus ojos se notaba la frustración médica.
— Tranquila, Tsunade-sama. — Shizune intentaba calmarla, pero no se acercaba a ella; Sakura entra a la habitación junto a Itachi.
— Sasuke-kun. — murmura al viento cuando nota la expresión perdida en los ojos pétreos del joven que observaban el goteo mecánico del suero; tenía una mascarilla de oxígeno y una máquina mantenía el control de sus latidos.
— Deberás realizarte otro trasplante. — mira al joven directo a los ojos. Tsunade se notaba molesta por ese inesperado problema, pero Sasuke parecía no querer escucharla. Su hermano lo mira; conoce a la perfección aquello que cruzaba su mente y lo mantenía despierto. Itachi sabía que Sasuke no estaba angustiado o si quiera sorprendido por los resultados de la nueva resonancia... en lo único que pensaba era en ella.
— ¿La espera por un donante será mayor a esta?
— No, Itachi-san. — la morena de cabellera corta mira al Uchiha mayor.
— Supongo que el costo será igual.
— No. — manifiesta la rubia — Este es un caso médico nuevo. Estoy dispuesta a realizar un estudio significativo de todo el órgano y por ello la nueva operación correrá por cuenta del Departamento de Investigación del Hospital Konoha... — Itachi se veía un poco más calmado, pues no tenían el dinero suficiente para costear la nueva operación de su hermanito; la suya por poco y los deja en la ruina. La puerta se abre con tal delicadeza que sólo la persona más cercana a la entrada saluda con voz baja.
— Toneri-san. Hola.
— Hola, Sakura-san. ¿Es un mal momento?
— No lo sé... — mira al peliblanco por unos segundos para luego dirigir sus jades a la silueta del azabache. Tsunade continuaba hablando.
— ...su pasaje corre por cuenta del hospital. Si deseas acompañarlo necesitarás costearlo por tu cuenta, Itachi.
— Entiendo.
— Buenas tardes. — Otsutsuki saluda con cortesía a todos. El moreno menor lleva sus ojos al paliducho. Sasuke quería sacarse la mascarilla, acercarse al muchacho y preguntar el paradero de ella. ¡Maldita sea con esa vieja de pechugas grandes! Ese era el quinto día en terapia intensiva.
Cuando su corazón volvió a latir, luego de tres gigantescos y largos minutos para los para-médicos y Toneri, Sasuke quiso sentarse y golpear al peliblanco por tremenda falta de información; tuvieron que sedarlo hasta completar el traslado. Una vez en la habitación en espera de Itachi, que había sido alertado por Otsutsuki, Sasuke se bajó de la camilla dispuesto a ir tras eso tan preciado que, según su leve encuentro con un fantasma estúpido, le había sido encomendado; aunque, la realidad en la cabeza del Uchiha era distinta. El azabache no comprendía lo grave de su situación y como persistía en abandonar el hospital, la doctora ordenó a las enfermeras, mantener bajo observación al muchacho y sedarlo levemente para que evitar agravar su condición.
— Sólo pueden estar los familiares. La hora de visitas concluyó hace quince minutos. — dijo Shizune. El peliblanco realizó una reverencia leve dispuesto a dejar la habitación.
— Espera. — lo detiene el Uchiha — Necesitamos hablar. — Itachi abandona la alcoba y platican en el pasillo. Sasuke, con una mirada infantil que comunicaba sus pensamientos, le dijo a Itachi que averiguara todo lo que pueda.
— Es acerca de Hinata-san... ¿verdad?
— Si. El paradero es algo que Sasuke necesita saber.
— Ella se encuentra en Francia; el lugar exacto no quiso decirlo. Aún desconozco porqué lo ocultó. — sus celestes ojos no mentían; Itachi sabía distinguir eso en la mirada.
— ¿Cuándo regresará?
— Lamento decir que tampoco lo sé.
— Para ser amigos cercanos... ella oculta muchas cosas. ¿no lo crees?
— Neji y yo no quisimos presionarla. Aún, ahora, le es difícil hablar el tema de su ex prometido.
— Pero le dijiste a mi hermano que se iba a ir.
— Es más una promesa de protección. — Itachi entrecerró los ojos un poco y Toneri liberó un pequeño suspiro — Yo le prometí que la ayudaría a pasar el resto de su vida con el chico que la amara profundamente. Le hablé a Naruto sobre ella y terminaron comprometidos; luego pasó el accidente y quedó destrozada...
— Te sientes culpable.
— En realidad no. Si no la hubiera ayudado no habría disfrutado esos tres años junto a él. Es solo que es mi hermanita y me duele mucho verla así. Entonces aparece tu hermano y la mira de la misma manera en la que ella veía a Naruto... es la misma mirada que Naruto le daba a ella todos los días.
— ¿No te has puesto a pensar que quien necesita saber el amor del otro es Hinata y no Sasuke? Debiste decírselo a ella.
— Una mujer no debe estar tras el amor, el amor debe estar detrás de ella. Luego de perderle... intentó suicidarse. — el moreno abre ambos ojos — Yo sé que Sasuke-san la quiere, no preguntes cómo lo sé... es como un corazonada. — la puerta de la habitación se abre y Sakura le pide al Uchiha que ingrese.
— Intentaré contactarla, pero no prometo nada.
— Gracias. — el ojiceleste cierra los ojos en aceptación del agradecimiento y se retira del lugar.
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Han pasado dos meses desde el fallo cardíaco que sufrió en el aeropuerto.
— ¿Habla sobre mí?
— No. — el peliblanco mira hacia un costado con algo de vergüenza — Ella... ella no te menciona en las cartas. — Sasuke miró por la ventana.
— Vete, quiero estar solo.
— No te vayas a dar por vencido, Sasuke-san. Estoy seguro que regresará el día que menos lo esperes. — deja la habitación con una sonrisa; a los pocos minutos entra Sakura.
— ¿Algún cambio, Sasuke-kun?
— Si lo tuviera no estaría aquí. — expresa sin mirarla.
— Claro... esa pregunta fue torpe de mi parte.
— Sí. — Itachi entra.
— Los dejaré solos. — manifiesta sin mirar a ninguno a los ojos. Deposita la bandeja de la merienda en la mesita, hace una reverencia al Uchiha mayor y abandona la alcoba sin emitir sonido alguno.
— Tratarla de esa manera no hará que te recuperes más rápido, Sasuke.
— ¿Eso a ti qué te importa? Tú no estarás bajo observación por diez meses. No me vengas con tus sermones, hermano, que no estoy de humor para soportarte.
— No vengo a sermonear.
— ¿Entonces?
— ¿Debe haber una excusa para visitar a mi tonto hermano menor? — sonríe con ligereza y Sasuke bufa sin darle importancia. Itachi se pone serio — ¿Te sientes diferente?
— Es igual. No me molesta ni me duele.
— Yo no me refería a ese sentir... — toma asiento junto a la camilla y su hermanito lo mira pensativo; Itachi levanta una ceja. Sasuke suspira.
— No. Ya no es igual.
— ¿Qué crees que cambió?
— Todo cambió.
— Pero sigues pensando en ella. — Sasuke no le responde — Vine a contarte sobre mi nuevo empleo. — cambia de tema al notar el pesar en el aura de su familiar.
— ¿Te aceptaron de regreso?
— Casi. En realidad ya no puedo formar parte del escuadrón activo, pero me otorgaron una oficina.
— Eres una secretaria. Debiste decirlo desde el inicio. — una sonrisa ladina y burlona se dibuja en su cara. La alarma del hospital indica el final de horas de visita y el moreno mayor se levanta de la silla. Deja unos artículos de limpieza en la mesa de noche y estando en la puerta exclama...
— Puede que sea una secretaria, como tú dices. Pero yo no hablo dormido sobre las cosas que quisiera hacer cuando vea a Hinata-san... — Sasuke abre sus parpados con lentitud — Y no. No soy el único que te ha escuchado en estos días, tonto hermano menor.
Itachi deja la habitación con una sonrisa de ganador mientras escuchaba los quejidos de Sasuke dentro del cuarto.
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— Uchiha — Sasuke mira a Madara con indiferencia, pero dentro de sí lo maldecía una y otra vez hasta cansarse — El proyecto no se terminará solo.
— Sólo necesito los documentos de patentes y está listo para la producción nacional.
— ¿Y qué esperas? ¿Acaso llegarán bailando hasta tu escritorio? — el teléfono del moreno suena y deja la oficina del jefe para contestar.
— ¿Sasuke?
— ¿Qué pasa?
— Las patentes llegaron; las tengo en recepción. — nadie iría a dejarle el encargo al nuevo de la compañía y le tocaba esforzarse el doble para demostrar que obtuvo el puesto por mérito propio, no porque Itachi conozca a un tal Orochimaru que, extrañamente, era el Jefe de Recursos Humanos.
En realidad, estuvo a punto de renunciar cuando ese sujeto le guiñó un ojo en la sala de reuniones. Por muy buena paga y horario, no se quedaría dentro de un ambiente laboral donde un loco lo acosara. Vaya que tenía suerte, eso pensó, cuando al sujeto de piel azulada y cabellera larga lo trasladaron a otra sucursal, un mes después.
Pasaron varios años desde que ese tipo fue trasladado. Hace unos cuatro meses su suerte se fue a pique, cuando contrataron a su actual acosadora; una chiquilla de cabellera roja. Su nombre es Karin y busca cualquier excusa para que la vaya a ver en recepción. Quejarse le estaba prohibido, su jefe no era muy condescendiente con sus subordinados, pero le aseguraba ascender en la compañía con rapidez.
— Ya era hora, Sasuke. Tengo que ir a almorzar y tu llegas como si los zapatos fueran de cemento.
— ¡Tsk! — se acercó al sitio y cogió el sobre; ella toma su mano y la suelta velozmente.
— Ya que también es tu hora de almuerzo... p-podrías ve... venir conmigo... — sus mejillas se volvían coloradas en aquellos instantes donde le intentaba decir frases tiernas — ¡Pero no creas que pagaré lo que comas! ¡Tú eres el hombre y deberás pagar mi cuenta! — pero luego desaparecía ese tono de su rostro, acomodaba sus lentes y le ordenaba cualquier cosa.
— Yo me quedo. Invita a Suigetsu; él aceptará todo lo que le pidas. — la dejó con un leve tartamudeo y regresó a su oficina.
Para su suerte, él trabajaba directamente con el presidente de la empresa y no le iba nada mal. Madara lo trataba un poco menos severo ya que le recordaba a su hermano Izuna; quien se encontraba fuera del país. Sasuke sacaba ventaja sin que sea notorio para Madara o el resto de empleados.
Se queda a organizar la producción del nuevo video juego y para cuando termina es hora de salida. Toma su pertenencias y se va caminando al parque central; su trabajo se situaba a unos quince minutos a pie y, desde que trabaja allí no deja pasar ni un solo día sin visitar la pileta.
Pensar en ella le hacía sentir calor dentro de su pecho, pero esos latidos descontrolados ya no eran parte de su vida.
( Quizá ella... )
Era mediados de primavera y el parque estaba cubierto de flores de cerezo. Las familias y parejas caminaban aquella relajada tarde de jueves.
( ¿Será momento de olvidar? )
La última vez que la vio fue hace más de tres años...
( Tres años... cinco meses... doce días... )
Ya era tiempo de abandonar la idea de que regresará. Ese día se daría por vencido... pero lo intentó... ¡Vaya que lo intentó! Su segundo trasplante fue un éxito, pero su recuperación fue mucho más lenta que la anterior. Casi diez meses para poder trotar sin riesgos y luego de ello, Itachi contrae anemia.
Sasuke debía trabajar para cubrir los gastos y, a penas, le alcanzaba para la comida y el pasaje del bus. Se graduó y aunque Toneri lo ayudaba para localizarla (Neji también, sólo porque Toneri lo obligaba) no daban con su paradero. No se preocupaban. Llegaba a casa de Neji una carta cada mes con la letra de ella indicando lo bien que la pasaba y las amistades que hacía.
Estaba frente a la fuente. Recordaba sus gestos... su rubor... su dulce voz... Algo era diferente. Cuando tenía en su cabeza la imagen de ella, ya no aparecía ese palpitar que lo hacía actuar sin control, obligando a su cuerpo a acercarse para sentir su piel... su calor que lo llenaba de felicidad.
— Si tan sólo me dieras una señal... No dudaría ni un instante en ir tras de ti.
Expresa aquellas palabras al aire. No había nadie, lo suficientemente, cerca como para escuchar. Entonces su celular suena; típico sonido que le indicaba un mensaje de texto. Una estúpida publicidad. Borró el mensaje, suspiró y salió del sitio; estaba deprimido.
Algo no estaba bien. ¿Acaso todo ese tiempo y distancia había mermado aquel sentimiento? ¿En serio todo aquello que sentía por ella desapareció luego de tanto tiempo sin verle? Estaba confundido y molesto. Estaba en espera de un amor que nunca se dio en ambas partes. Parecía una chiquilla enamorada de manera platónica.
Tomó un taxi y se fue a casa.
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Otro día, otro yen. Hoy Sasuke fue felicitado por el presidente, y algunos de los empleados, por su éxito con el lanzamiento y la demanda que tuvo el video juego en tan solo dos meses. Como premio a su esfuerzo y empeño, tuvo un merecido aumento monetario y ese día le dieron libre el resto de la tarde.
Pasó por la fuente. ¿Por qué lo seguía haciendo? Ya había puesto la decisión en su cabeza de dejarla ir. Ya estaba harto de esperar y no saber ninguna noticia. No tenía nada de ella, solo las memorias de aquellas pocas veces donde se topaban por coincidencia. Volvió a suspirar.
( Sé feliz, Hinata. )
Tomó un taxi rumbo a casa. Estaba extrañamente agotado ese día; sube a la parte trasera.
— ¡Joven! — esa voz... Esa voz le era familiar. Levanta la mirada y se topa con aquel extraño sujeto que le hizo pasar un momento incómodo con Hinata en su salida de disculpa. — ¡Sí que has cambiado, muchacho. — miró por la ventana esperando que su desinterés en entablar una conversación le hiciera cerrar la boca. — ¿Y la hermosa jovencita? Ya se casaron... ¿no es verdad?
— ¿Por qué no te callas? — palabras de hielo que salían de la boca del moreno.
— Oh... así que pasó. ¡Tranquilo, hombre!
— No me conoces y no quiero conocerte. Deja de hablar.
— Ella volverá, nunca lo dudes. — elevó una ceja ante ese comentario. — Eso que vi, tu aura... su aura, eran idénticas. Eso es amor verdadero.
— ¿Qué sabes tú del amor verdadero? ¿Cómo sabes que se fue y no que yo la dejé, o que ella me fue infiel? ¿O si llegamos a ser novios?
— Sé que se fue y no te dejó, porque no hablas mal de ella. Sé que tú no la dejaste o te fue infiel, porque sino no hablarías con pesar al mencionarla. Sé que... sé, que la amas, porque sino no me estarías escuchando. — Sasuke bufó y el resto del trayecto pasó en silencio.
El automóvil se detuvo en la esquina de la cuadra y cuando le pasó el dinero por la carrera, aquel hombre de chamarra verde y cejas pobladas con un extraño -y ridículo- corte de cabello le expresa.
— ¡La llama del amor es eterna! — se lo gritó, como para que se le quedara en la cabeza — No pierdas la voluntad que quema tus entrañas al pensar en ella. Yo se que te ama y te lo hará saber, tú confía. — dicho eso, tomó el dinero y partió en busca de otra carrera.
El Uchiha decide no prestar atención a las ridiculeces de un taxista que, además de usar un estilo tan horrible en apariencia, le aconsejaba como si lo conociera desde siempre. En la entrada de su casa, mete la llave y da un par de vueltas; oscuridad abrumadora. Una turbante sensación de ser observado y de la nada se prenden las luces de la sala.
— ¡SORPRESA!
Itachi, Sakura, Toneri... los distinguió con rapidez, apareciendo de atrás del sofá. Estaba Jugo y Kakashi, junto a Kakuzo. Shizune y Karin. Suigetsu.
— ¿Qué diablos estás haciendo?
— ¿Acaso lo olvidaste, Sasuke-kun? — pregunta muy asombrada la pelirrosa.
— El estrés te sienta de maravilla, Sasuke. — se burla con sarcasmo el peliplata.
— Es tu cumpleaños, tonto hermanito.
— ¿Era necesario que vinieran?
Todos los que estaban en ese cuarto conocían muy bien la actitud del azabache; ni molestias en prestar atención a las frialdades de las que ya conocían.
— Tsunade te manda felicitaciones. — Sasuke reverencia levemente en aceptación del saludo.
— Diría que Neji-san te manda saludos, pero no sirve de nada que te mienta. — Sakura sonrió para sí misma y el moreno rodó los ojos ante el comentario de Toneri. Un par de cervezas y bocadillos para acompañar. Todos tenía cosas que hacer luego, pero se dieron el tiempo para visitar al Uchiha. Cada quien lo quería a su manera.
— Si crees que invitándome a su cumpleaños voy a ser más amable contigo, olvídalo, Suigetsu.
— No deberías hablarme así. Además ahora soy amigo de un superior de la compañía. — aclara el peliblanco de cabello lacio corto.
— ¿Así que te ascendieron?
— Fue un aumento salarial y salir temprano hoy, nada que no haya visto venir, Itachi.
— ¡Felicidades, Sasuke-kun! — expresa con una sonrisa y Otsutsuki se aproxima con una bebida en la mano.
— Ahora te ves más feliz, Sakura-san.
— Es que... ¡Mira! — levanta su mano donde enseña un hermoso anillo de compromiso.
— Ya era hora. Creí que nunca te lo diría. — el Uchiha mayor acota con serenidad.
— No me digas que ya lo sabías, Itachi-san.
— Yo lo interrogué.
— Eso es mentira. — Kakuzu se acerca con su rostro molesto — Konan ayudó a Sasori con el modelo y yo juzgué su valor. Tú te enteraste por el boca floja de Hidan. Itachi sonrió simpático ante la confesión del costo del anillo.
— ¿G-Gracias...? — Sakura sonreía incómoda. Echa un vistazo en los alrededores. — Y... ¿Y Sasuke?
— Dijo que quería aire fresco y salió de la casa cuando me mostraste el anillo.
— Oh... — mira hacia abajo por unos segundos para luego dirigir sus jades a Itachi. — Aún no conocen cuando... ya saben... ¿En realidad regresará? — Toneri ladea la cabeza y el hermano aclara.
— Él todavía la extraña; sólo podemos esperar.
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Pasaban de las cuatro de la tarde y el sol de verano calentaba sin afectar la piel de las personas. Sasuke no era de parrandas. En realidad sí había olvidado que ese día era su cumpleaños; tantas cosas en mente lo mantuvieron enfocado en otro tema. Lo único que quería era llegar a casa, ducharse y dormir sin camisa con el acondicionador de aire en baja intensidad.
Su hermano tenía buenas intenciones, quería que su querido hermanito distrajera la mente del trabajo... o más bien, de la muchacha en sus memorias.
Sasuke caminó por el parque y tomó asiento bajo una banca donde un frondoso árbol le proporcionaba una exquisita sombra para relajarse. La reunión de amigos no le dio tiempo para cambiarse la ropa. Así que vestía una camisa blanca y la corbata azulada estaba con el nudo flojo. Recogió las mangas hasta los codos y despeinó un poco su cabellera negra y larga que, en el transcurso de estos tres años, dejó crecer un flequillo que cubría la mitad de su rostro. Su estatura era mayor y tenía un poco más de musculatura.
Una brisa vino de frente y revolvió su cabellera. Liberó un pesado suspiro y cerró los ojos imaginando que tenía un pastel delante de él. Itachi sabía que a Sasuke no le gustaban los dulces, pero existía aquella creencia de pedir un deseo al soplar las velas de un solo golpe y aunque sonaba como una tonta idea de niños... sopló al viento.
— ¿Qué haces? — abre los ojos con duda del tono de voz que llega a sus oídos.
— ¿Tú aquí? No creo que sea una coincidencia.
— Tienes razón, no lo es; te estaba buscando. — extiende la mano que sostenía un papel.
— ¿Y eso?
— Es para ti. Por mucho que no me agrades, ella te envió esta pequeña nota. No soy tan sobre-protector como para no respetar sus peticiones... ¿Sabes?
— ¿La leíste? — un brillo particular aparece en sus negros irises y toma el papel con seguridad.
— Uchihas... — bufa y sonríe de mala gana — Creen saberlo todo. Tu hermano es igual. — da media vuelta y se aleja con normalidad.
— ¡Oe, Neji! — el ojiperlo se detiene, pero no voltea. Levanta su mano izquierda en señal de: "no agradezcas". Era tan solo una hoja de tono celeste con estampados de globos en las esquinas; la desdobla y comienza a leer.
Hola, Sasuke-kun.
Espero que esta nota llegue a tus manos el 21 de julio. Quisiera
que me disculparas por no haberte felicitado los años anteriores.
¡FELIZ CUMPLEAÑOS, SASUKE-KUN! :3
No... no es que lo haya olvidado, es solo que justo me acordaba
el 21 de julio. Me... me daba mucha pena llamarte el mismo día...
Hace un par de semanas entré a un restaurante japones que
acababan de inaugurar y el menú mencionaba "sopa de miso
y té de canela"... Eso trajo a mi mente la salida que tuvimos aquella
vez y entonces lo recordé. ¿Te acuerdas? Tú me contaste que el día
de tu cumpleaños, Itachi-san sostenía el pastel y comenzó a cantar,
despertaste asustado y le hiciste caer la torta... jejeje... encima de ti.
Cuídate mucho, Sasuke-kun.
Sentía ese calor dentro de su pecho. Imaginó su rostro ruborizado mientras escribía esa nota... ¿y los latidos? Ese arranque que daba su antiguo corazón no lo hacía el actual cuando pensaba en ella. ¿La seguía amando? El azabache elevó la mirada al cielo y lo analizó con cuidado... ¿Alguna vez él, Uchiha Sasuke... la amó?
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El atardecer era más anaranjado de lo normal, entintaba las pocas nubes de colores dorados y cobrizos. Una parvada de aves surcó el cielo. Sus manos sostenían aquel pedazo de papel... aquella nota escrita con su propia mano. ¡Ella recordaba su cumpleaños! Pero decidió no pensar algo más allá de un compromiso de amistad, como los amigos que se estaban emborrachando en casa.
Cerró los ojos. Neji había interrumpido su deseo imaginario con un pastel imaginario, en un escenario imaginario. ¡Vaya que había tocado fondo al pensar todo eso!
( Desearía ver tu sonrisa una vez más. )
Sus labios formaron una sutil "O" y expulsó todo el aire que tenía dentro de sus pulmones. Un viento provino desde su espalda y le pareció reconocer un aroma... Mantuvo cerrado sus párpados creyendo que si los abría se toparía con la realidad; una fría realidad.
Aquel viento volvió a estremecer su cabellera y, sin duda alguna, llegó a su olfato el dulce olor de lilas. Abrió los ojos de golpe, al mismo tiempo que giraba la espalda. Nada.
( Idiota... )
Se acomodó en el asiento con notoria decepción; era tiempo de regresar. Se puso de pie y esa maldita brisa volvió a golpearlo por la espalda. El papel que le había entregado Neji se resbaló de sus manos. Por un instante dudó si ir o no tras la nota. Si mantenía ese vínculo era como si la amaba... ya no estaba seguro de eso. Entonces, esa brisa que le arrebató aquella carta, regresó la nota hasta sus pies; se agachó y la recogió. ¿Algo raro planeaba el clima?
( ¡Bah! )
Comenzó a caminar, rumbo a casa, meditando las palabras adecuadas para sacar a todos esos borrachos sin armar escándalo. Yuugo y Kakashi no tenían una linda personalidad cuando se pasaban de copas. Apretaba la nota con fuerza; no estaba dispuesto a dejar que esa felicitación se alejase de él.
Aquel fuerte viento se convirtió en una delicada brisa veraniega. ¡.¡.¡. PAFF .!.!.!
— Oh... P-perdóneme. — ese golpe inesperado de una mujer delgada y baja, provocó la aparición de ese palpitar familiar. Sasuke abrió sus párpados con lentitud mientras bajaba su rostro para percibir ese perfume de lilas... era exactamente el mismo de... de...
— ¿Hi... Hinata?
— ¡Oh! — ella elevó la mirada y se sorprendió.— ¿¡Sasuke-kun!? — sus perfectos labios rosados, sin uso de labial, comenzaron a dibujar una blanca sonrisa. Aquellos ojos perla, que estaban decorados con largas pestañas, lo miraban con alegría. — No... no te reconocí. Tu cabello es... es más largo... y... y creo que eres más alto. — su dulce y calmado tono de voz... ¡Era ella! ¿Quién más sonrojaría de una forma tan dulce?
El tiempo había pasado; sin duda. Ella usaba su cabello corto sobre los hombros, le daba un toque delicado y profesional, su rostro era más fino, vestía como si acababa de llegar del aeropuerto. Su delicada mano derecha sostenía una maleta de viaje. La mirada al equipaje lo delató. — Eh... Acabo de regresar... — sonrió avergonzada — El taxi en el que venía se quedó sin gasolina del otro lado del parque y... pues... Me demoro menos si camino por aquí. — bajó su mirada algo apenada. Vio el papel en su mano. — Esa... esa es la nota que le pedí a nii-san que te...!
La sostuvo de los hombros con delicadeza. En cualquier momento su corazón saldría de su pecho de tan fuertes golpes que hacía dentro. Ella se sorprendió, pero en lugar de molestarse sólo le sonrió y dijo — ¡Feliz Cumpleaños! Quería darte un regalo, pero yo... no conozco bien tus gustos. Eh... Así que compré esto. — levanta su brazo izquierdo que sostenía una pequeña caja dentro de una funda.
Sasuke seguía sin emitir sonido. No creía lo que estaba viendo... Había tenido sueños similares con el paso del tiempo y temía que fuera otro truco de su memoria. Temía despertar y encontrarse en su habitación.
— Pensaba pedirle a Nii-san el teléfono de Itachi-san para saber tu dirección y llevar el pastel en persona; aunque... ya que nos encontramos... ¡Ten! — extiende el paquete; el azabache no lo toma. Ella ladea la cabeza un poco. Sus ojos primero estaban confundidos, luego preocupados. — ¿Te encuentras bien, Sasuke-kun? Y-yo hablo y hablo y... y tú no has dicho nada. ¿Estás enfermo?
Soltó la maleta de viaje para tocar su frente. ¡No estaba soñando! Sus latidos estaban acelerados como cuando tenía el corazón del rubio; era igual. ¡Era real! Esa chica era Hinata, no uno de aquellos malditos sueños que lo despertaban a media noche cada cierto tiempo.
Colocó su mano sobre la de ella haciendo que sonroje por vergüenza, quiso quitarla con rapidez, pero él la sostuvo entrelazando sus dedos. — ¿Q-qué haces, S-Sasuke-kun? — se inclinó un poco para tomar la funda que en un principio ella le estaba pasando como presente. — ¿P-podrías soltar mi... mi mano?
— Es un pastel... ¿cierto? — afirmó con sus mejillas muy encendidas — No me gusta el pastel. — ese rubor permaneció mientras sus ojos mostraron una mezcla de asombro y tristeza — No me gustan las cosas dulces...
— Oh... — en sus ojos podía leer los pensamientos de la Hyuga. Seguro se reprochaba el no haber preguntado sus gustos, o pedir información con su hermano mayor. — N-no lo sabía... lamen... — ella murmuraba, hasta que la interrumpe.
— Excepto tú.
— ¿Qué?
— Eres el único dulce que me gusta.
Soltó la mano de ella, colocó el pastel sobre la maleta, dio un paso hacia adelante y la sujetó de la barbilla. Lo iba a empujar, pero Sasuke mejoró en velocidad y un poco más de fuerza. Tomó ambos brazos y se acercó lo suficiente para susurrarle. — Solo quiero mi regalo.
¡Su rostro no podía tener un tono más rojo! El Uchiha simplemente le dio un tierno beso en la mejilla. Mientras se apartaba de ella, liberaba las manos de una tomatada Hinata.
— ¿Creíste que te robaría un beso como la primera vez que te vi? — sus ojos demostraron mucha vergüenza y cubrió su rostro. Él sonrió sin darle oportunidad a que ella lo mirase. — Tranquila. No pasará mucho para que pase. — miró a Sasuke a través de los dedos y preguntó con mucha dificultad sin apartar las manos de su cara.
— ¿A-a qué te refieres... Sasuke... k-kun?
— Vamos. — agarra la maleta, y funda, con la derecha y la izquierda toma una de las manos de Hinata — Te llevaré hasta tu casa.
Caminan en total silencio. Durante el trayecto contemplaba su cabello y la seguridad con la que sujetaba su mano; sus mejillas ardían en menor intensidad. Estando frente a la casa, toca la puerta y se escucha la voz de Neji.
— Debo regresar.
— Uumm... — aceptó con un dejo de melancolía mientras Sasuke le daba la espalda. Se detiene y da vuelta; la mira a los ojos.
— Me olvidaba de algo. — camina hacia ella y se inclina, Hinata cierra los ojos y siente su rostro caliente, permanece así por unos segundos hasta que escucha la funda del pastel, abre los párpados para notar al azabache justo frente a ella. — Me debes tres cumpleaños perdidos, Hinata.
— ¿Eh? ...!
Coloca su mano libre sobre la mejilla rosada y aproxima sus labios a los de ella sin darle tiempo a reaccionar... a defenderse. Hinata parpadeó varias veces mientras él permanecía embelesado en su boca. Era un tacto tan delicado. Podía apreciarse la dulzura y la alegría de tenerla de nuevo en su vida. No pasaron más de cinco segundos juntos, hasta que se escucha el picaporte.
Sasuke se aparta de ella con lentitud; claramente no quería hacerlo, no quería alejarse. Ella seguía en shock.
— Desde mañana no descansaré hasta que sientas los mismo que yo siento por ti. — toca la frente de ella con su dedo índice y medio y con una ligera sonrisa expresa — Nos vemos mañana... — susurra. La ojiperla no sabía donde esconderse por tremenda escena. Cuando se encuentra en la esquina eleva el tono de voz. — ¡Vendré por el resto de mis obsequios!
La puerta de la casa por fin se abre. A Hinata le pareció una eternidad todo lo ocurrido en el pórtico de la casa, cuando todo aquello sucedió en menos de dos minutos.
— ¡¿Hinata-sama?!
— Sasuke-kun... — no dejó de verlo hasta que desapareció por completo en aquella dulce noche de verano. Una sonrisa se esbozó en su boca y miró a su primo. — Nii-san, re... regresé. — claramente su rubor no era por vergüenza o incomodidad... o por volver. Neji decidió no preguntar. A unos pocos metros de llegar a su residencia, el Uchiha menor expresa: — Maldito seas, dobe. Tenías razón. ¡ja!
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