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Advertencia: Contiene LIMME... ¿o LEMMON? No sé como catalogarlo, sorry.

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ANHELO DE MI NUEVO CORAZÓN

Epílogo
· Las verdades ocultas terminan viendo la luz
...y, también, terminan con alguito de acción ·

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El hotel no pasaba de 7 pisos de alto. La fachada desde la terraza hasta la puerta principal estaba decorado con bellos jardines colgantes dándole un estilo casi mágico y muy ecológico; una vista espectacular para cualquier turista en esa época. Un hermoso sitio que había requerido el servicio decorativo de una pequeña empresa; la que inició con dos socias cuya reputación tomó casi un año en llegar a su máxima obra como decoradoras; alquilaban un local pequeño en el centro pues aún eran sólo las dos.

— Hinata-chan, —llamó su amiga con picardía al tomarla del brazo— No voltees. Tu novio está en la entrada. —el rubor no tardó en llegar a su rostro, acompañado de un bella sonrisa— ¡Ve! —exclamó emocionada— ¡Yo cerraré!

Susurró un 'gracias' por la ayuda y salió del lugar con gran emoción.

— ¡Sasuke-kun! —manifestó alegre y corrió a abrazarlo, pero al hacerlo notó que algo no andaba bien. Él no sonreía con tanta frecuencia como lo hacía ella, pero nunca un abrazo le había parecido tan distante— ¿Sucedió algo? —sus ojos negros la contemplaron con pesar y el corazón de la jovencita empezó a sentir una presión terrible que le impedía respirar con normalidad.

Su mano, grande y varonil, sujetó la suya, delicada y suave, para guiarla por un camino hacia un sitio que desconocía por completo. Sin emitir sonido alguno se dejó llevar con paciencia por su amado. Una sensación extraña la embargaba y no sabía como obtener respuesta si Sasuke era tan difícil de tratar cuando algo se le metía a la cabeza, pero ese comportamiento peculiar lo había provocado ella misma sin darse cuenta, una noche cuando Sasuke escuchó algo que no debía.

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/Dos semanas atrás/

¿Aló? —la voz chillona al otro lado de la línea le indicaba a Sasuke de quién se trataba. Apartó el teléfono de su oído, elevó el tono de voz para que se escuchase hasta la habitación.

— ¡Hinata, es Ino!

Ya... ¡ya voy! —la cabellera envuelta en una toalla y su pijama de pantalón y blusa de tiras con decorado a rayas la hacía lucir como una muñeca. Le sonrió y sujetó el teléfono. Sasuke se marchó para evitar una escena como la de hace un par de días, donde un estilo similar al que ella llevaba en ese momento los llevó a una noche de calor que pudo derretir todo el invierno.

— Ino-san, hola.

¡Ese idiota no me saludó! —la rabia podía llegar por medio de la línea, Hinata se disculpó con un dejo de vergüenza— No importa, lo dejaré pasar porque... ¡Las conseguí! —su entusiasmo y euforia casi dejó sorda a Hinata.

— ¿De... de qué hablas?

¡Hinata! ¡La ópera!

— Sí... eso. Es e-estupendo...

Qué emoción muestras, niña. —regañó la rubia— Si no quieres ir dime, sí. ¿Tienes otros planes?

— Pues... es que... —Hinata miró el pasillo que daba a la habitación, donde el azabache estaba acostado viendo la televisión. Bajó un poco el tono de su voz; aunque en realidad ella hablaba a tono bajo casi todo el tiempo— Es que no sé qué hacer con Sasuke-kun.

¿A tu edad y no sabes? —expresó algo abrumada lo que provocó en Hinata un estado de confusión— Si él no toma las riendas, ¡entonces hazlo tú! (¿Eh?) Quítate la ropa de forma sexy y luego lánzate sobre él, o sino lánzate primero y le quitas la ropa a él con la boca. Creo que es una buena forma de–

— ¡N-no! —callarla cuando empezaba con sus extraños consejos era difícil, pero Hinata tenía la culpa por no aclarar los puntos desde el inicio. Sasuke creyó que le había encontrado su ropa interior en el sofá como la vez anterior en otra noche alocada de pasión desenfrenada. Verla abochornada era un deleite y decidió regresar a la sala.

¿Qué pasa?

¡N-no es ese tipo de problemas! —murmuró entre regaños y timidez que sólo la hacía ver más dulce— Es que, pues... En realidad es algo de lo que quiero hablar con Sasuke-kun. Él... —se detuvo en el marco del pasillo y permaneció sigiloso por el súbito cambio en su dulce tono de voz.

¿Es narcotraficante?

— ¿Qué? ¡No! —expresó alarmada, aún con tono bajo.

¿Es gay?

— N-no... —una gota recorrió su nuca.

¿Tiene fetiches?

— ¿Que?

Mira, eso no es malo. —Hinata estaba algo descolocada por las preguntas que le hacía a través del teléfono— Si a tu pareja le gusta hacer algo en particular para atraer la pasión, no tiene nada de malo... (I-Ino-san...) porque yo dejo que mi Sai haga-

¡I-Ino-san! —interrumpió a tiempo; ciertas cosas era mejor no saber... nunca— No es eso.

Pero lo tiene, te lo aseguro. Todos tienen uno. —sus palabras de completa seguridad la apartaron de la idea por un momento— Pero bueno, ¿qué sucede con Sasuke?

— Pues...

Debe ser algo súper importante para que me dejes plantada en la ópera.

— A... a decir verdad es algo del pasado. (¿Pasado?) —una horrible idea cruzó su mente.

Explícame bien, mujer, que no comprendo.

— Yo... el otro días estaba haciendo limpieza y... y descubrí unos papeles del hospital... —Sasuke se alarmó un poco, pues creyó haberse deshecho de todo, antes de que Hinata fuera a vivir con él.

— ¿Y qué tiene eso? Habías dicho que lo operaron dos veces del corazón.

— Sí, es sólo que... la fecha de su primera operación me recordó... —Ino aguardaba en silencio del otro lado de la línea— La muerte de Naruto-kun.

— ¡Oh~! —exclamó sorprendida y algo decepcionada— Eso cambia un poco las cosas, ¿no? Hablo de la ópera.

— Sí... —respondió afligida— No sé qué hacer. (¿Aún lo extraña?) —No esperaba que ella lo dijera y esas palabras lo llevaron a pensar una sola cosa: no lo amaba.

— Tranquila, comprendo. Si tienes que ir, ve. No soy tan insensible como mi Sai, pero no es sólo la ópera, verdad. ¿O acaso no te gusta la historia?

— N-no, Ino-san. Si me gusta, pero, pues... Pienso que no es el momento adecuado.

— Bueno, lo intenté. Aún así, Hinata, el tema de Naruto nunca te había puesto así de distante. ¿Acaso Sasuke no te quiere acompañar como el año pasado?

— Bueno él... Él no lo sabe. No he encontrado el momento adecuado para contárselo.

¡Ah, cierto! Estaba haciendo una campaña de publicidad para una óptica aquella vez.

— Sí...

Sasuke quedó cabizbajo y una mezcla entre molestia y tristeza rodeó su corazón. Ya no quería seguir escuchando.

No la culpaba. Después de todo era él quien no había tenido el valor de decirle lo que sucedió. Quizá se apresuró en eso del amor y creer que ella realmente lo amaba tanto o más de lo que su propia razón lo dejaba. No la culparía. Esperaría a que ella estuviera lista para decírselo sin vacilación... ¿o era mejor opción acercarse y contarle todo? No. Jamás le creería. Acercarse y contarle que el amor hacia ella inició por el trasplante del corazón de su primer amor sólo lo dejaría como un idiota.

¿Por qué no se lo dices ahora y ya?

— Pero...

¡Ningún "pero"! —la regañó por el teléfono y eso la hizo brincar un poco— Lo amas, ¿no?

— C-claro que sí.

Entonces debes contarle, y no por el hecho de que sean novios. ¡Es más! Mantener en secreto aquello y visitar la tumba sin él, es como si siguieras amando al chico. ¿Entiendes? No le estás siendo infiel, pero si no le cuentas a ese maleducado que tu primer amor falleció y quieres mostrar tus respetos... Es como si la opinión de Sasuke no la tomaras en cuenta.

— ¡Entiendo! —exclamó llena de energía por las palabras de su amiga— Lo haré ahora.

Sí, sí... —Hinata no pudo apreciarlo, pero su rubia compañera sonrió ante sus palabras— Escucha.

— ¿Si?

Si ese idiota se molesta y te prohíbe ir, ¡no es para ti!

— ¿Por... por qué?

¡Oh vamos! Ese chico, Naruto, está muerto. No tiene razón para celar a un difunto. Si te dice algo, tú sólo me lo dices y mando a mi amigo para que le dé una paliza.

— E-está... bien... —una gota gruesa bajó por su nuca— Descansa Ino-san y gracias.

De nada, Hina-chan. ¡Suerte!

Colgó el teléfono, y con una sonrisa entre ánimo, expectativa y un poco de alivio regresó a la alcoba, sólo para darse cuenta que su amado chico estaba con los ojos cerrados a un rincón de la cama con el televisor encendido. Sonrió con ternura y se aproximó en silencio para besar su frente. Los mechones que colgaban con gracia a cada lado de su rostro toparon la mejilla del azabache y, sin abrir los ojos, la rodeó del cuello y la introdujo en la cama.

¡Sa-!

No la soltó. Permanecieron así hasta que ella terminó rendida en sus brazos; Sasuke miraba su cabellera y la acariciaba con un mar de pensamientos que no le dejaron dormir aquella noche.


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Llegaron a un parque. Lugar que ella no visitaba desde hace mucho y del cual tenía recuerdos; ya no dolorosos.

— ¿Qué hacemos aquí, Sasuke-kun?

— ¿Aún amas a Naruto? —ella abrió los ojos tanto o más de lo que creyó escuchar.

Sasuke la miraba fijo. Directo. Siempre se caracterizó por ello y no cambiaría ahora; peor si tenía frente a sus ojos a la chica que lo hacía sentir seguro y cálido. La tomó por los hombros con suavidad y algo de temor.

— Yo... —bajó la mirada y llevó su mano a la boca— Te lo quería decir, pero... Es que...

— Debí suponerlo. —la soltó y ella levantó la mirada con preocupación— Desde que tuve la desgracia de tener su corazón en mi pecho, todo ha sido una farsa.

Se sentía frustrado, enfadado, traicionado y más que todo... triste; dolido. Había permitido que esa maldita emoción en su pecho lo cegara, dejándose llevar por lo bello de ese cuento mágico sobre el amor. Si su mente había sido emborrachada con esos pensamientos de amor por un corazón que no era suyo... ¿Quién le diría que ella no había pasado por ello también?

— Creí que me amabas. ¡tss! Y caí como un idiota.

— ¿De qué estás hablando, Sasuke-kun?

— Naruto, ese tarado, fue tu primer amor y sigue aquí, ¿verdad? —señaló su corazón con molestia. Había reprimido tanto ese pensamiento que ahora lo liberaba como una bomba de tiempo contenida en su interior— No lo conocí, pero lo detesto. Detesto a ese tarado. —dio media vuelta y ella lo tomó de la camiseta.

— Espera, ¿dónde vas?

— Si tu no me amas no veo porqué seguir.

— ¿Quién te dijo eso?

— Tú. —ella lo soltó y ambos se miraron— Se lo dijiste a Ino.

— Yo eh... No, claro que no. Quería platicarte de Naruto-kun, pero no era por eso. —el permaneció callado. Hinata tomó aire y un aura de nostalgia la invadió con delicadeza— Naruto-kun era un chico muy dulce y algo torpe —sonrió— del cual me enamoré. Pasamos tiempo juntos e incluso fuimos novios pero lo perdí en un accidente de auto. Él era huérfano y la única familia que tenía era yo por eso, desde que lo perdí, lo visito en su cumpleaños cada año.

— Igual sientes algo por él.

— Cariño, sí. Pero si lo amara aún no estaría contigo; es imposible compararlos. Naruto-kun era expresivo, pero tú... —bajó la mirada por un momento— No sé como describirte, pero provocas sentimientos que jamás había sentido con Naruto-kun. —sus ojos se tornaron tristes— Si en algún momento pensaste que yo no te amo, me disculpo. No fue mi intención que, que mi actitud discreta te hiciera sentir incómodo.

— Pero lo hiciste. —respondió tranquilo— Ese tarado era donador y la primera operación que recibí fue de él. —ella parpadeó confundida— Si no fuera por su corazón, no te habría conocido. —quizá el decirlo era mala idea pero necesitaba sacarlo de una vez por todas— De alguna manera él me obligó a enamorarme de ti y cuando ya no eran sus sentimientos, sino los míos, se marchó y recibí la segunda operación. —rascó su mejilla incómodo— Debo sonar como un idiota.

— No. —respondió conmovida— De hecho me parece lindo que lo quieras ver de esa manera.

— ¿Qué?

— Es que, pues, no eres muy romántico, pero usar tus operaciones como algo eh, algo para no ver que la culpa es mía es tierno.

— La culpa es tuya. —dijo— Por ocultarme algo así lo malinterpreté y debe hacer algo para que lo olvide. —acarició su mejilla y se acercó a ella con posesión para robarle un beso profundo y pasional. Después de dos largos minutos la liberó para que tomara aire. Sus mejillas estaban rojas y sus ojos brillantes. La noche había caído ya y las personas que paseaban por el lugar, inmersas en sus propios asuntos, no los notaban. La soltó y se apartó unos centímetros. Sacó de su pantalón una pequeña cajita que dejó a Hinata perdida por un momento.

La abrió.

— Como dijiste, no soy romántico. —agregó sacando el anillo— Si me amas es suficiente.

Sasuke-kun... —la emoción emergió por sus ojos y rodó por su mejillas llenas de felicidad.

— No hace mucho dijiste que no querías niños fuera de matrimonio. —agregó— Y yo ya quiero tener un niño. —ella levantó la mirada sonrojada y sorprendida. —Aunque disfrutaré más mientras lo intentamos. —La bella emoción de ser formalmente su prometida desde hace cinco años de noviazgo quedó opacada por su comentario. Cubrió su rostro y para cuando se dio cuenta, él la sostenía como una princesa.

— ¡Qué haces Sasuke-kun!

— Como es tu culpa, debes pagar. —agregó caminando por el parque para tomar un taxi— Y ya sabes de que forma me puedes recuperar.

No di-digas esas cosas en la calle. —murmuró oculta tras sus manos y él sonrió ladino.

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No quería llegar a la casa porque sabía exactamente lo que quería, pero no le molestaba del todo y habían pasado varios días desde que estuvieron juntos. La puerta con seguro, las luces apagadas y las prendas esparcidas por la sala y camino a la habitación como de costumbre daba inicio a la pasión. Las caricias y los besos siempre eran tiernos, delicados y pasionales. Su boca buscaba un lugar nuevo el cual recorrer con besos y provocar en ella sensaciones nuevas y placenteras.

Pero qué ha... ¡mmgh!

Ella había pensado desde hace mucho que no sólo debía disfrutar de sus caricias, sino también de proporcionarlas. La vergüenza de intentarlo era latente, pero tantas fueron las veces que estuvieron juntos que ya no debería avergonzarse y aún así Sasuke la hacía sentir como si fuera la primera vez. Sus caricias era aún más embriagadoras que poder provocarlas en ella. El rostro que demostraba mientras le daba placer de una manera nueva era más excitante que verla bajo su cuerpo susurrar su nombre con pasión. Las caricias que ella proporcionaba con timidez y esmero empezaban a hundirlo en el deseo de la carne. Siempre intentaba mantener la dulzura en sus encuentros de amor para que la experiencia fuera de ambos, pero ella lo estaba complicando.

— De... Detente. —expresó con el último aliento de razón que podía manejar. Ella se apartó incómoda por creer que lo estaba haciendo mal y quedó cabizbaja sin saber qué poder hacer después. Sasuke tomó asiento y la sujetó de la barbilla.

— Discúlpame, Sasuke-kun.

— Si continuabas sería malo para ti. —respondió al verla perdida en la nada. Sus palabras levantaron su rostro y lo miró a los ojos mientras el rubor daba paso en sus mejillas.

Los besos, las caricias... Todo empezó con ternura una vez más. Sus cuerpos desnudos, acalorados, se aferraban con pasión sobre las sábanas y aunque él había pedido que cesara sus caricias bajo la cintura, ella emprendió el sinuoso trayecto de pasión con el movimiento de sus piernas mientras su virilidad deleitaba del roce. Estuvo a punto de detenerla una vez más, pero su dulce tono de voz lo dejó sumido en el deseo.

— Si... Si logro provocar lo que tú causas en mí... Entonces no te contengas, Sasuke-kun... Yo nunca te lo he pedido.

La miró a los ojos y la envolvió en caricias, en besos. Sus palabras desprendían amor y no había rastro de un pasado que se interpusiera. Ella era suya y él de ella. Si en un comienzo recibió ayuda, ahora el sentimiento era real, tan real como el que ella le profesaba y si sentía celos de un muerto entonces el idiota era...

Sa... Sasuke-kun... aahh... ¡aahh!

Sus toques, sus movimientos, sus sentimientos y el aroma de su aliento en su cuello era exquisito. El movimiento de su cadera encorvaba su espalda cada vez que ingresaba en ella con fuerza por el recuerdo de sus caricias. No podría parar hasta que se calmara, pero verla con los ojos húmedos y el cabello esparcido en la sábana, contemplar sus pechos moviéndose con el vaivén de su ritmo y el susurrar de su nombre lo perdía en la lujuria. No sabía cómo, pero siempre que estaba con ella volvía la experiencia como una primera vez.

El sudor en sus cuerpos, el brillo de la piel, la respiración agitada... Poseía su boca hasta la profundidad, como su cadera se deleitaba de sus húmedas curvas femeninas hasta provocar esos hermosos sonidos de placer que lo enorgullecían y lo hacían continuar con amor y pasión. La velocidad aumentaba, la dureza y la humedad por igual, y cuando el cuerpo ya estaba listo todo sucedía en sincronía. Ella dejaba escapar su nombre mientras enterraba las uñas en su espalda y estiraba el cuello. Él ocultaba su rostro entre el pecho y la barbilla mientras disfrutaba del dolor que le provocaba con aquellas finas manos.

Permanecían acostados por casi media hora escuchando la respiración del otro, cubiertos por la sábana.

— Descansa ahora. —indicó y aunque ella quería dormir, le sorprendió que no pidiera una segunda ronda como siempre. Se acostó detrás de ella y la abrazó por la cintura para acercarla al cuerpo. Avergonzó al sentir su virilidad en reposo, pero sujetó sus manos con ternura y cerró los ojos. — Durante la luna de miel no te dejaré. —susurró en su oído y sonrió satisfecho al ver sus mejillas rojas por el reflejo de la luz del poste en el exterior.

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~ FIN FIN ~

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Hola chicas, ¿chicos? Siempre saludo a ambos lados para que luego no digan que sólo me preocupo en un grupo en particular. :v ¡Como sea!

Vaya, vaya... Tanto tiempo ha pasado desde que la historia vio la luz y este epílogo lo tenía iniciado desde entonces, pero nunca le di el tiempo que se merecía... hasta ahora. Puede que no fuera necesario aclarar que el otro descubriera que Naruto-kun hizo de cupido, pero siento que era una buena excusa para darle un final picantito del que tanto piden (y me refiero no específicamente a ustedes, pero la mayoría de los miembros del Fandon SASUHINA siempre los vemos como los mejores amantes, ¿no es así? *guiño guiño*). Además lo hice para quienes me pidieron una conti, no es muy larga, pero estoy segura de que esto les hará feliz.

Siempre pensé en darle epílogos a un par de los fic que ya he terminado y este ha sido el primer afortunado. No he escrito limme en mi vida (lemmon una vez, pero sé que es del malo así que ese fic lo ignoro por ser mi primer fracaso) y pienso que no está del todo mal. Yo espero sus comentarios con algo favorable o con críticas constructivas de como mejorar para el futuro de otras historias.

Sin más que decir, este es el adiós definitivo para la historia ya que no habrá otro epílogo y espero que lo hayan disfrutado.


Besos y abrazos en papel.