Luego que esa muchacha me llevara hasta las cámaras reales y me dejara con un "quédate aquí".inmediatamente corrí hacia el balcón con la esperanza de poder ver algo de movimiento, como Bakura huyendo y los guardias tras él. Pero, no lograba ver nada. Estaba por regresar cuando un gran cometa se dirigía hacia el palacio, mejor dicho hacia el Salón del Trono. Espere el estallido y el estremecimiento del palacio, pero nada de ello sucedió, de hecho nada parecía haber ocurrido. Sumida en la oscuridad y el aparente silencio, esperé a que algo me diera indicios que era lo que estaba aconteciendo a metros mío. Esperé cerca de un poco más de cuarto de hora en el balcón, pero cuando estaba cruzando el umbral para ingresar al interior del recinto, una intensa luz a mis espaldas iluminó todo el lugar como si fuera de día. Este fenómeno duro varios segundos y se extinguió inmediatamente. Por un momento temí darme vuelta a ver, pero ese día todo me iba a agarrar desprevenida. Un terrible sacudón me obligo a buscar apoyo en la columna contigua para luego lanzarme nuevamente hacia el balcón. Rogaba que la estructura no colapsara, pero como la luz cegadora de hace unos instantes, este temblor cesó súbitamente. Fue en ese momento que por fín escuche los gritos de los guardias que salían en persecución, parecían estar persiguiendo la nada, pues se dispersaron por las calles de la ciudad para luego moverse de forma desordenada, como si buscaran algo y no supieran qué.
Observando mejor, había algo en el cuadro que no estaba en su lugar. Entre los guardias había una persona, o mejor dicho mitad de ella, pues sus piernas no estaban y este parecía flotar. Evidentemente, pudo notar mi mirada, pues bien los guardias estuvieron lo suficientemente lejos, se volvió mirando en mi dirección. Tenía una mirada cruel, una mezcla de sadismo, satisfacción y venganza. Sin embargo en un parpadeo literalmente desapareció.
Nada de lo que estaba sucediendo aquí era lógico. Kas que tomaban forma de criaturas, reliquias mágicas, gente que puede desaparecer, yo menos que menos, viajé en el tiempo. Todo esto me recuerda a los escritos tallados en la tumba. El llamado Juego de las Sombras. Y pensar que creí que era un mero juego, aunque luego de ver las placas de piedra y su enorme tamaño, eso es cualquier cosa menos algo lúdico. Pasaron los minutos y tanto el palacio como la ciudad se sumieron en el silencio. Supuse que lo peor había pasado por lo que decidí recostarme. Tenía tantas preguntas que hacerle a Atem.
-v-
El ruido de un portazo en el cuarto contiguo me despertó. Fue evidente que el sueño me había vencido. Con la esperanza de encontrarlo todavía con algo de energías, me dirigí a su encuentro. Desde la puerta podía observar que todo estaba sumido bajo las penumbras. Ingresé con el más cauto de los sigilos, no quería perturbarlo. Lo busqué con la vista hasta que pude notar una figura apoyada contra uno de los muros.
Agudizando mi visión, noté su cabeza gacha, parecía mirar algo que descansaba en la palma de su mano. Cuando di el primer paso en su dirección, creí que había notado mi presencia, pues se erigió. Lo vi girarse hacia mi dirección, murmurar algo y dar un fuerte puñetazo contra el muro en el que instantes antes estuvo apoyado. Sea lo que fuere que dijo, comprendí que era Bakura de quién renegaba. Reanude mi acercamiento.
-Quédate en donde estas, Anzu- no voy a decir que me sorprende que haya notado que estaba allí, pero si captó mi atención el hecho que supiera mi nombre- no estoy de humor para mantener conversación alguna- no es que no le hubiese prestado atención a sus advertencias, o que no me hubiese percatado del tono amenazador de voz, pero mi cuerpo tenía voluntad propia y no estuve segura en que instante me acerqué tanto a él como para estirar mi brazo y tocar con las yemas de mis dedos el suyo- Anzu...- última advertencia de un peligro inminente que decidí ignorar por completo.
-Hay una solución a todos los inconvenientes, solo hay que ser pacien...- no pude terminar de expresar mi idea, pues con una sublime fuerza me vi atrapada por las muñecas y aprisionada entre la pared y su cuerpo. Ese tipo de agarre y brutalidad me recordaban a Setho, y por un momento creí que si miraba al rostro de la persona que me tenía prisionera, vería las gélidas orbes azules del sacerdote. Sentí el momento en que su frente descansó en mi coronilla y que paulatinamente iba aflojando su agarre, manteniendo la escaza distancia entre nosotros. Oí su pesado suspiro, que reflejada cansancio, frustración y angustia, por sobre todo angustia.
-Ese hombre, el ladrón Bakura, escapó- hizo una pausa llevandose su mano derecha hacia el seño tratando de relajar con sus dedos la expresión. Por fin pude verle, su semblante era triste- Mi padre, aunque hoy viste lo que quedaba de él...ja! Un mero cadáver seco, que no puede hacer otra cosa que dejarse arrastrar. Él me inculcó los valores que ostento, la inteligencia para gobernar y guiar este pueblo. Nos llevó a la paz, al poder de la unidad- Hizo otra pausa esta vez tomando en su mano el rompecabezas que colgaba de su cuello, mirándolo por un largo rato- Ese Bakura mencionó un lugar llamado Kul-Elna. Recuerdo ese nombre de cuando era pequeño. Parece que estos artilugios están relacionados a ese lugar. Akhenaden, el padre de Setho y sacerdote guardián del Santuario de Wedju, hermano de mi antecesor, hace años fue hacia ese lugar, estoy seguro. Lo que no sé cual fue el plan político-militar que involucraba Kul-Elna, yo era muy pequeño y los recuerdos son borrosos. Aún si le preguntara, no creo que obtendría respuestas concretas.
Fue casi instintivo, algo semejante a un contacto maternal cuando apoyé la palma de mi mano en su mejilla y él cerró sus ojos apoyándose más en ella. Un mechón rubio de su frente caía desordenado y busqué acomodarle. Por alguna razón, después de ese gesto nos quedamos mirando fijamente, como si tuviéramos una conversación privada. Tomó mi mano que aún descansaba en el lado izquierdo de su rostro, jaló suavemente de mí, hasta que no hubo espacio entre nosotros, en tanto mi mano izquierda descansaba en su hombro derecho. Su mirada había cambiado, ahora estaba encendida, tenía un brillo especial, una chispa.
Fuimos conscientes de la cercanía, del contacto íntimo y de que nuestros rostros se acercaban lentamente. El roce de sus labios sobre los míos fue muy sensual, pero no era suficiente, por lo que mi mano subió de su hombro al costado de su cuello dando a entender así que contaba con mi permiso para ser atrevido. El mensaje fue comprendido y confirmado cuando sus labios tomaron prisioneros los míos, sus manos viajaban por mi espalda y era lentamente arrastrada hacia la cama. Mis dedos jugaban con su cabello, al tacto sedosos. Sus anchos hombros y la robustez de sus brazos impedían que pudiera ver más allá de ellos. En ese contacto indebido, de roces y caricias, la intensidad que imprimían sus labios en mí aumentaba, casi con desesperación, y yo pensaba quedarme atrás. Al separarnos en busca de oxígeno, se acercó a mi oído, susurrando con voz ronca mi nombre. Me aferre más a él, mordiéndole sensualmente el hombro. Sin previo aviso, se separó de mí, dejándose caer a un costado de la cama, emitiendo un simple "rayos!". Parecía recurrente ese gesto de llevarse la mano hacia en seño y tratar de relajar el gesto, pero me dejó frustrada por el repentino abandono.
- Si no me controlo cuando estas cerca, no sé hasta donde sería capaz de llegar- se giró mirándome, apoyado sobre un brazo, con los dedos de su mano libre trazaba finas líneas dibujando mi rostro- Porqué me pones las cosas tan difíciles? Y tenerte aquí no ayuda en nada- salvo sus palabras que parecían reprocharme, su sonrisa decía lo contrario- Tal vez Setho tenía razón, me traerás problemas. Pero eso no importa- no puedo evitar sentirme relajada, que mis ojos se cierren para dejarme arrastrar por las deliciosas sensaciones que me hacía sentir. Me acerqué más a él, quién terminó recostado totalmente permitiéndome descansar mi cabeza sobre su pecho.
-v-
Una cacería de Kas. Imperdonable. Prohibido. Inhumano. Insolente.
Los dioses me castigarían, salvo que consiga un Ka lo suficientemente poderoso, que sobrepase al de cualquier dios. Obelisk el atormentador. Con un solo golpe debilitó el Ba de Bakura, pese que Diabound, su Ka, era bastante poderoso. A pesar de ello, su Ka derrotó a mi servidor Galestgoras, aunque fue una estrategia sucia, pero no menos efectiva.
El poder de los dioses, que únicamente el elegido puede dominar. La fuerza y el poder son lo único necesario para obtener la victoria, ser invencible. Ese poder proviene en realidad de la fuerza y no de designios divinos. A caso Bakura tendrá razón, que uno de entre nosotros está tras el trono de nuestro Señor?
Akhenaden cree que estoy por cometer una locura. Pero como guardianes de los secretos y servidores eternos del faraón, es nuestro deber asegurar la estabilidad y seguridad de la realeza, aunque debamos actuar en las sombras, aunque a los ojos de Atem eso sea criminal. Pero como le dije a mi padre, esto es una cacería de Kas, no de hombres. deberé enmascarar este trabajo, mi primo no debe sospechar, de lo contrario tendré vedado todo actuar.
El primer amanecer se acerca. Atem es demasiado benévolo. Dar otra oportunidad a Mahado, siendo el guardián de las tumbas reales, cuando fracasó rotundamente en sus obligaciones. Dos amaneceres más y los restos sagrados de mi difunto tío podrán encontrar nuevamente reposo. El trabajo de los embalsamadores y del séquito funerario trabajaran sin descanso para lograr el cometido. Dudo mucho que reforzando la guardia en las tumbas puedan detener nueva profanación por parte de Bakura, y no ha de pasar mucho tiempo en que regrese. Un criminal siempre vuelve al lugar donde cometió su pecado.
Diabound, un Ka muy especial, pero impuro. Con habilidades sumamente interesantes. Ahora, no me explico como logró traspasar paredes llevando consigo el cuerpo de este ladrón. Es digno rival de un dios, pero es sólo escoria para mi. Es por ello que mi futuro servidor, mi gran Ka, será más poderoso que los tres dioses juntos. Ni Ra, Obelisk ni Slifer podrán vencer mi sirviente Ka. Como sacerdote, fiel servidor al Faraón, debo volverme invinsible para poder proteger aquello que es lo más importante.
