Capítulo 11: Revelaciones
El viento azotaba los árboles que estaban alrededor de la mansión Van der Hill. Las mucamas se encontraban en la cocina sentadas en la barra platicando y al mismo tiempo observando como los chefs estaban preparando la comida para los señores de la casa, recibiendo ordenes de la ama de llaves, quien en ese momento se encontraba espolvoreando sal en una hoya llena de agua hirviendo, que estaba destinada a cocer la pasta. El ama de llaves la estaba poniendo cuando un grito desgarrador irrumpió la calma. Los chefs - preocupados- dejaron caer sus utensilios y miraron a la ama de llaves en espera de alguna indicación al igual que las dos mucamas que anteriormente estaban sentadas y ahora se encontraban de pie.
-Ricardo, Pietro, continúen con la comida- dijo con voz entrecortada la morena de no más de cincuenta años mientras dejaba el paquete de pasta a un lado de la estufa- Cinthya ve por el señor de la casa, se encuentra en los jardines. Raven acompañame con la señora.
En cuanto la orden fue emitida, los cocineros retomaron sus tareas, Cinthya salió rápidamente hacia los jardines y Raven siguió al ama de llaves
Ambas mujeres fueron al origen de grito. Grande fue la sorpresa al encontrar a su ama en el suelo del recibidor con un hilo de sangre brotando de su nariz, manchando el piso de mármol blanco.
-Señora ¿Qué sucedió?- pregunto desesperadamente la ama de llaves a su señora, al mismo tiempo que sacaba su varita de entre sus ropas y realizaba un hechizo no verbal para llevar a su ama a la sala.
-Petrova, llama a mi marido… urgentemente, está en los jardines- le ordenó con voz entrecortada
-Ya viene en camino, señora. Le ordené a Cinthya que fuera por él en cuanto la escuche gritar- dijo Petrova mirando de hito a hito a Reven y la señora de la casa
-Excelente- dijo con voz sumamente cansada con los ojos casi cerrados
-¡No cierre los ojos, no se duerma!- exclamaba la ama de llaves desesperadamente
-Petrova, tráeme un vaso con agua, por favor- pidió Elizabeth aún débil
-Raven, hazle un chequeo - pidió Petrova a la muchacha de tez morena, la cual estaba nerviosa
-Sí, señora- respondió obedientemente mientras se acercaba a la Sra. Granger
En el momento en que Petrova abandono la sala, Raven, siguiendo las órdenes de su superiora, saco su varita de entre sus ropas y realizó unos hechizos, haciendo que el sangrado parara y la respiración volviera a la normalidad. Después de ello se le tomo los signos vitales.
-Su estado físico y de salud está bien señora, sin embargo su magia está demasiado débil.- informó un poco consternada la mulata.
-Gracias, Raven – en ese momento, Petrova entró al salón con el vaso de agua y se lo entregó a su ama
-¿Se le ofrece algo más?- preguntó Petrova servicial
Elizabeth negó.
Justo en ese momento el estruendo de las puertas principales abriéndose resonó por la mansión junto con el nombre de la señora Van der Hill
-Dile a mi esposo donde me encuentro- ordenó Elizabeth
Raven fue la que reacciono primero saliendo del salón rápidamente y volviendo a la misma velocidad acompañada por el señor Van der Hill, quien al entrar al salón principal y ver a su mujer a salvo, se quitó esa opresión en el pecho. Ver a su mujer sonreír lo alivio por completo.
-Amor…- dijo Elizabeth fijando su mirada verde en su amado esposo
-Déjenos solos - ordenó el señor de la casa a las mucamas, quienes se retiraron haciendo una pequeña reverencia a los señores – Ahora dime por favor lo que pasó
-Hermione, el hechizo se rompió al fin, la vinculación se rompió.
-Bueno, ya era hora. Se debía haber roto este verano - confirmó el castaño dando vueltas y tomándose el puente de la nariz- ¿Ya estás mejor?
-Sí, ya lo estoy- dijo la madre de Hermione tomando un poco de agua- El traslador a Hogwarts está en la bóveda, ve por él, yo mientras iré a arreglarme un poco
-De acuerdo, te veo en el recibidor- dijo el castaño acercando sea a su esposa y dándole y beso en la frente como despedida
-¿No crees que deberías cambiarte tú también?- dijo la señora Granger como no queriendo la cosa cuando su esposo ya estaba en el umbral
-No cambias mujer- dijo el señor de la casa con humor saliendo de la sala
.O.o.O.o.O.o.O.o.O.
La mente de Draco era un lío.
Granger se había desmayado en sus brazos. La sentía completamente débil y no sabía qué hacer. Si la llevaba a la enfermería le bombardearían con preguntas que ni si quiera el sabría la respuesta y también podrían culparlo dado su pasado, no sabía que rayos hacer.
Estaba levantándose cuidadosamente con la castaña en sus brazos cuando la puerta se abrió dejando ver una cabellera similar a la suya pero mucho más larga.
-Oh, lo siento. No sabía que estaba ocupada la sala.- dijo una voz despistada y soñadora
-Merlín bendito, eres tú- Draco dejo salir aire que no sabía que estaba reteniendo
-Sí, soy yo- sonrió la rubia- ¿Qué tiene Hermione?…- exclamó en un susurro mientras transfiguraba una mesa en una cama como las de la enfermería al ver el estado de la castaña- No puede ser… Recuéstala- demandó
Draco, que no sabía lo que pasaba, acató la orden de Luna inmediatamente, dejando a Granger cuidadosamente sobre la cama
-Su… su magia ¿Tuvo una liberación de magia?
Draco volteo alrededor y la rubia siguió sus ojos observando con detenimiento el extraño acomodo del salón
-Eso fue lo que paso entonces…- susurró Malfoy- Si Luna, tuvo una liberación, pero no era normal, comenzó a recordar cosas
La rubia murmuro un par de cosas, hablando con ella misma
-¿Qué hacemos?- preguntó el rubio cortando los murmuras de la Ravenclaw- Yo no quería llevarla a la enfermería porque me culparían, pero ahora que estás tú aquí, la podríamos llevar
-No lo creo, no sé lo que le está pasando, pero estoy segura que lo mejor es dejarla descansar
-¿Dónde?- interrumpió Draco
-Pues solo ocupa dormir, puede descansar aquí y mientras podemos ponernos al día
-No lo creo- Draco sonrió y se levanto
-Oh, claro que si.- la rubia sonrió inocentemente, como solo ella podría sonreír- ¿Por qué no comienzas por decirme que estabas haciendo aquí a solas con Hermione…?
-Créeme, no lo quieres saber- dijo Malfoy con su típica sonrisa patentada
-Sí que lo quiero saber, tenemos tiempo…- para eso, Lovegood saco su varita y transformo un escritorio en un sillón cómodo con cojines- por favor tome asiento señor Malfoy
-Eh dicho que no Luna- dijo Draco seriamente
-Lo siento Draco, no fue… no fue mi intención molestarte- dijo sonriendo tristemente- Solamente me comporto así contigo ¿sabes?
-Olvídalo Luna- cortó Draco sabiendo a lo que la rubia se refería- Iré a las cocinas por algo para comer ¿Quieres algo?-
-Una tarta de calabaza- dijo como si nada Luna, acostumbrada al humor de los Malfoy- Oh y un poco de chocolate para Hermione
Draco pujo en respuesta y salió del aula con las manos en sus bolsillos, estaba ya cruzando el hall cuando escucho a alguien llamándolo
-Draco Malfoy- dijo una voz grave. Lentamente Draco volteo ante el llamado y se topó con un señor alto, cabello castaño y ojos color miel, a su lado una mujer de no más de un metro con sesenta y cinco con cabello rubio y los ojos de un color café jamás antes visto por él, eran muy claros.
Por más que la mente de Draco trabajaba a mil por hora, no reconocía a la pareja que tenía enfrente. Las juntas de su padre, todas esas fiestas de alta sociedad, no lograba reconocerlos pero a la vez los rasgos se le hacían muy familiares.
-¿Y usted es…?- pregunto el rubio con su altanería y aristocracia usual haciendo un ademan con una mano y alzando una ceja
-¡Por Merlín! Se nota que Lucius es tu padre- rio el hombre haciendo que una discreta risa saliera de la mujer a su lado
-¿Cómo se encuentran tus padres Draco?- pregunto suavemente la mujer
-Excelentemente- Draco daba respuestas vagas, no sabía quiénes eran esos señores, sin embargo encontraba ingenuo interés
-Oh, perfecto- dijo la castaña a su marido a la vez que este la tomaba de la cintura sonriéndole- debemos agendar una cena urgentemente
-Disculpe ¿Cuál es su nombre?- pregunto el Malfoy. El hombre le dio la mano y el por educación la dio también
-A su debido tiempo lo sabrás Draco- respondió el castaño y sonrió cuando Malfoy soltó su mano como si quemara
-Nos vemos Draco, cuídate - se despidió la mujer al pasar en seguida de él con una sonrisa.
Draco se quedó parado con el ceño fruncido y porque no admitirlo, perplejo. ¿Quiénes eras esas personas? Trató de recordar sus rostros y llego a la conclusión más obvia: Se comunicaría con su padre lo más pronto posible.
Dejando ese asunto de lado, continuó con su camino hacia las cocinas.
La pareja no paso desapercibida en el colegio, todos se preguntaban quiénes eran y que hacían en el colegio.
La pareja llego a la gárgola que daba a la oficina de la dirección, dijeron unas palabras, haciendo que la gárgola se moviera mostrando las escaleras. Cuando ambos entraron a la oficina, se encontraron con Minerva McGonagall con sus gafas de media luna observándolos completamente perpleja por la intrusión, ya iba a comenzar a hablar cuando el retrato de Dumbledore cobro vida
-Señor Van der Hill es un placer verlo por aquí, realmente me preguntaba que había sido de usted.
-Profesor Dumbledore, un placer como siempre- respondió Elizabeth por su marido al ver que este no contestaba
-Oh, Elizabeth cuanto tiempo- dijo el exdirector con melancolía
-Sí, es un gusto volvernos a reunir. Ahora, venimos a ver a nuestra hija- dijo Van der Hill directamente
-¿Hija? No estaba al tanto de que ustedes tenían una hija, y menos en este colegio- Dumbledore estaba contrariado. A él no se le pasaban detalles como aquel
-¿Pero quienes son ustedes?- pregunto la McGonagall muy confundida y molesta
-¿No nos recuerda profesora? En verdad me siento un poco ofendida- respondió Elizabeth- él es mi esposo, Alexander Van der Hill y yo soy Elizabeth Jean Van der Hill, anteriormente Lockyer
-No mantuvimos un perfil bajo en nuestros días aquí en el colegio- añadió Alexander
-Minerva ¿No los recuerdas?
-Albus no logro reconocerlos…
-Son Beth y Alec, Ravenclaw y Slytherin- Dumbledore estaba aún confundido
-Beth, ¿Eres tu querida?- pregunto con sorpresa haciendo reír a la menuda castaña- ¡Oh Beth, estas viva! Tantos años sin noticias tuyas, ni de tu familia. Todos nos preguntábamos por ti
-Alexander y yo desaparecimos por muy obvias razones profesora- respondió- No le dijimos a nadie, ni si quiera a nuestros amigos más cercanos
-Como sabrá, mi familia dispone de los mejores videntes del mundo mágico- la voz de Señor Van der Hill se unió a la conversación- sabíamos lo que se avecinaba y como acabaría todo, así como también cuando y sobre todo por quién.
-No se nos permitió advertirle a la familia Potter y realmente lo lamento pero simplemente no podíamos. Si hubiéramos alterado un simple detalle todo hubiese acabado con más muertes lamentables- dijo con pena el señor Van der Hill
-Además teníamos a nuestra pequeña, no podíamos correr riesgos- agrego la señora Van der Hill-
-Nos ocultamos muy bien, pero nuestra hermosa pequeña estaba creciendo y sabíamos que tendría que venir a Hogwarts- dijo Alexander
-¡Por Merlín!- exclamó Minerva
-Ya lo habíamos previsto, por su puesto. Nos registramos como una familia muggle- dijo Alexander- Realizamos modificaciones físicas en todos nosotros y también modificamos varios recuerdos de la mente de nuestra hija
-Todo para que pudiera tener algo normal, sin muchas complicaciones. Sabíamos que cuando ella pisara Hogwarts ya no habría vuelta atrás
-¿Cómo está registrada la pequeña en el mundo mágico?- cuestiono Dumbledore
-Como sangre su… hija de muggles- rectificó Alexander
-Mi familia me aconsejó que el nacimiento de mi hija fuese en un hospital muggle- dijo Elizabeth
-Por ello jamás me di cuenta- dijo Dumbledore sonriendo incrédulo
-Por ello jamás los pudieron encontrar- dijo escandalizada Minerva McGonagall- Engañaron al Ministerio, a todos. Tantos años y sin dejar rastro alguno
-Era eso o poner nuestros dones a disposición de Tom o bueno, Voldemort- dijo Alexander
-Y queríamos que nuestra hija tuviera una infancia alejada de ese entorno- Elizabeth sonrió tristemente- Aunque al final sabíamos que su destino seria ayudar a salvar la comunidad mágica junto con Potter
-¡¿Cómo?! ¿Quién es su hija?- pregunto desesperada y conmocionada la directora. Mientras que el director se hacía ya una idea de quien podría ser
-Es Hermione Jean Granger- respondió Albus
-Es correcto- confirmó Alexander- Así que le pedimos que le mande a hablar, si sería tan amable- termino Alexander levantando una ceja
-Cla… claro que… le mandare… le mandare a hablar- dijo la directora anonadada y temblando
-¿Que creía directora? Mi hija es sumamente inteligente como para ser una sangre sucia- dijo riendo Elizabeth- lo siento, hija de muggles
-pe… pero… pero es que jamás pensé…- Minerva seguía en shock
-Solo háblele a mi hija, Minerva- la cortó Alexander- Podría estar muy débil en estos momentos
Minerva, que ya no podía ni habar, solo asintió y miro a Albus haciéndole una petición muda que respondió sonriendo
-Encuentren a Hermione o a un amigo para que le hagan saber que la directora la busca- la voz de Albus fue clara y concisa haciendo que los cuadros comenzaran a moverse
-Pero que tenemos aquí- una voz taciturna se hizo escuchar- Elizabeth y Alexander Van der Hill, esto si es una sorpresa
-Lo mismo digo Severus- Respondió Alexander con una pequeña sonrisa
-Vaya historia- dijo refiriéndose a todo lo que acababan de contar
-Oh Severus, lo sentimos tanto- dijo Beth
-Amigo, lo que hiciste fue muy honorable- afirmo Alexander
-Si, como sea- corto secamente Snape
-Qué te parece si mientras esperamos nos ponemos al día- propuso Van der Hill
Severus hizo amago de sonreír pero se limitó a rodar los ojos comenzando así su charla
.O.o.O.o.O.o.O.o.O.
Hermione al abrir los ojos lo primero que vio fue a una rubia comiendo tarta tranquilamente. Sintió un apretón en su mano y vio que alrededor de ella estaba una mano pálida con dedos alargados, levantó un poco el rostro y observó a Draco mirándola fijamente con ojos de preocupación. Hasta ese momento todo llego de lleno a su mente. Los recuerdos, la explosión involuntaria de magia, el beso… las palabras tranquilizadoras, las caricias del rubio, su preocupación en la voz, pero sobre todo, los recuerdos.
Comenzó a sollozar y se lanzó a los brazos del rubio en donde los sollozos se convirtieron en un llanto desgarrador.
Hermione no sabía que era lo que estaba pasando, no sabía si creer o no creer lo que las imágenes en su cabeza seguían repitiendo, esos recuerdos, esas memorias. Sentía que se ahogaba y Draco se dio cuenta de ello.
El rubio la alejo un poco y le dijo algo a Luna que Hermione no logro escuchar. Trataba de enfocar la vista pero las lágrimas persistían y no paraban de salir. Ella seguía sollozando incansablemente.
-Concéntrate en mi voz Hermione. Concéntrate- Hermione escuchaba la voz de Malfoy a lo lejos- Por favor Hermione
Draco no sabía que más hacer, la castaña en sus brazos estaba muy débil, comenzaba a tener una tez pálida y se notaba que le fallaba la respiración. Llevaba rato tratando de hacerla reaccionar pero no hacía caso. El rubio entro en desesperación
-¡GRANGER RESPIRA!
Y justo en ese momento, Hermione llenó sus pulmones de aire, sus mejillas se pusieron sumamente rojas y las lágrimas no dejaban de salir.
-Dra... Draco…- Hipo con lágrimas bajando por sus mejillas
-Tranquila, no hables- le tranquilizo abrazándola, apretándola contra si
La puerta se abrió dejando ingresas Luna ¿En qué momento la rubia había salido?
-Hermione, la directora te habla, dice que es urgente
-Luna, no es momento. No estás viendo como está
Luna negó y sonrió a Draco
-Hermione, ven conmigo. Sé que los torposoplos están jugando contigo, no te asustes, no temas. Todo se arreglara, solo acompáñame- Hermione vía a Luna anonadada y por alguna razón encontró esas palabras tranquilizadoras y contra todo pronóstico tomo la mano que Luna le ofrecía, dejando a Draco
-¡Pero claro que no! No te la puedes llevar Luna ¿qué no la vez?- dijo un poco molesto Draco- Se siente mal. Déjala descansar, McGonagall puede esperar
-Confía por lo menos esta vez en mi Draco
Draco observo esos ojos azules, sentía como su cuerpo se relajaba poco a poco, pero no podía dejar que Luna llevara en ese estado catatónico a Hermione con la directora
-Es que Luna…
-Draco Malfoy, por favor- Draco, dándose por vencido acepto asintiendo.
-Como sea- respondió monótonamente a lo que Luna sonrió y salió del aula dejando a un Malfoy muy molesto y con los nervios de punta.
.O.o.O.o.O.o.O.o.O.
La puerta del despacho del director se abrió, dejando pasar a Hermione, quien al ver a las personas que se encontraban ahí comenzó a llorar, de nuevo. Eran sus padres, como los vio en el recuerdo que persistía en su mente. Eran ellos.
Alexander se acercó a su hija lentamente pero Hermione al ver que se acercaba comenzó a retroceder
-Hermione, hija. Tranquilízate por favor…
Hermione negaba con su cabeza viendo a su padre y a su madre completamente diferentes, sus ojos, su cabello, su vestimenta. Ellos eran sus padres pero al mismo tiempo no lo eran.
-Cariño somos nosotros- dijo Elizabeth tratando de resolver el mar de dudas que tenía si hermosa hija en la cabeza- tranquilízate. Eres sumamente inteligente mi amor, sé que puedes llegar a deducir todo. Solo tienes que tranquilizarte ¿De acuerdo?- Elizabeth que mientras hablaba se iba acercando a su hija, la abrazo al momento de llegar junto a ella y se sitio muy mal por haberle mentido a su hija, aunque fue por protegerla
-Ma… mamá- dijo aun sollozando Hermione- ¿por… por qué?
Alec observo un poco aliviado a su esposa al escuchar a Hermione comenzar a cuestionar.
-Shh, tranquila Hermione- Elizabeth tenía los ojos rojos con lágrimas queriendo salir- Todo estará bien
Alexander se acercó a su esposa y a su hija. Abrazo a su esposa por los hombros y realizo un muffliato alrededor de su familia para que los retratos y la directora no estuvieran inmiscuidos.
-Hija, sé que es difícil de aceptarlo pero entre más rápido mejor.- le dijo Alexander a su pequeña- Nos duele mucho verte así, pero queremos que sepas que lo hicimos por tu bien, para protegerte.
-Sé que te has dado cuenta que las artes obscuras se te facilitan ¿No es así?- Hermione respondió a su madre con un asentimiento
-¿Cómo lo saben?- Hermione ya se había calmado y estaba ansiosa por saber todo lo que sus padres tenían que decirle
-Venimos de un linaje puro, con grandes dotes mágicos y rasgos hereditarios.- explico el papa de Hermione-No eres una simple hija de muggles
-¿Cómo? Todo este tiempo y jamás me lo dijeron. ¿Por qué?- Hermione estaba dolida, confusa y molesta
-Si Tom hubiese sabido de tu existencia, te hubiese reclutado en sus filas- explicó su padre
-En contra de nuestra voluntad- agrego Elizabeth
La mente de Hermione estaba trabajando al mil por hora. Entendía por qué pero…
-Cuando les quite la memoria…
-No nos quitaste nada, te hicimos creer que lo hiciste- la interrumpió su madre
-Nosotros te escuchamos pronunciar el hechizo. Sabíamos que faltaba poco para que lo que estabas haciendo pasara- dijo Alec a su hija- No nos gustaba para nada lo que ibas a hacer, pero sabíamos que tu decisión no cambiaria
-¿Pero como sabían que lo haría?- Ambos padres se miraron a los ojos unos segundos
-Hermione, te debemos una explicación de todo lo que pasó- Hermione asintió y escucho atentamente todo lo que le decían sus padres.
Elizabeth y Alexander le contaron a su hija desde que no la registraron en el mundo mágico, el cómo los videntes de la familia de su padre les advirtieron, como desaparecieron del mundo mágico, el porqué de no poder advertir a nadie, el registro en el mundo muggle, así como también el cambio físico de todos en la familia, el porqué de la modificación de recuerdos. Absolutamente todo.
-Esperamos que lo entiendas, pequeña- dijo Alexander
Hermione se lanzo a los brazos de sus padres, dejando unas lágrimas salir y uno que otro sollozo. No podía creer todo lo que le estaba pasando en esos momentos.
-¿Qué va a suceder ahora?- pregunto Hermione
-Es necesario registrarte en el mundo mágico- dijo inmediatamente Alexander- Tenemos que cambiar tu apellido a Van der Hill
-Amor, ve con la directora para que te permita llevarnos a Hermione por ¿Una semana?- dijo viendo a su hija, la cual asintió
-De acuerdo- dijo Alexander quitando el hechizo dirigiéndose a la directora
-Y dile que si puede, mande los deberes de Hermione por correo
Los ojos de Hermione comenzaron a tornarse un poco rojizos. Jamás pensó que su mamá la conociera tan bien. Miró cómo su madre se le acercaba para darle un abrazo, el cual recibió con todo cariño. "Dios, como los extrañaba" pensó Hermione al abrazar a su mamá
-Perdónanos pequeña, en serio era por tu bien-
-Claro que si mamá. Lo entiendo, no se preocupen- respondió Hermione asintiendo en el abrazo
-Yo sé que fue muy difícil crecer como una hija de muggles, y más en estos tiempos. Si hubieses sabido quien eras en realidad...
-Probablemente sería una slytherin- le dijo Hermione a su mamá sonriendo
-O Ravenclaw- le respondió a su hija con una pequeña sonrisa
-McGonagall acepto y dice que te enviara todos los deberes- dijo Alexander haciendo que madre e hija rompieran en abrazo- No saben cuan feliz me siento de que al fin sepas toda la verdad, de que estés bien y… a salvo.
-Yo también papá- respondió Hermione dándole un abrazo a su padre
La familia se despidió de ambos exdirectores y de la directora. No hubo un intercambio de palabras entre Hermione y Snape, pero hubo una pequeña sonrisa de complicidad apenas notoria.
Cuando salieron de la oficina se toparon con una sonriente rubia de grandes ojos azules.
-Buenas tardes- viendo a ambos adultos a lado de su amiga-
-Buenas tardes- Respondieron los padres de Hermione recibiendo una sonrisa de la rubia
- Luna, gracias por esperarme-
-Ya te encuentras mucho mejor- afirmó la rubia
- Me podrían esperar un minuto, por favor- le dijo Hermione a sus padres. Ellos solo asintieron mientras Hermione tomaba a Luna del brazo alejándose un poco de sus padres-¿Sabías quienes estaban en la oficina?
-No, pero sentí que debía llevarte ahí. Sabía que sería lo mejor en esos momentos-
-Me alegro que no te hayas equivocado
-Yo también- dijo Luna sonriendo- Está un poco molesto porque te traje, pero se le pasará
En cuanto las palabras de Luna llegaron a sus oídos su cara comenzó a ruborizarse, ella quería preguntar sobre él. La única razon por la que aun estaba ahí con la rubia era esa, y saber que sus intenciones eran tan transparentes la avergonzó un poco
-No me has preguntado quienes son ellos…- dijo la heredera de los Van der Hill viendo a sus padres y cambiando de tema
-Cuando estés lista me contaras todo lo que desees Hermione- dijo Luna no solo refiriéndose a las personas que se encontraban a unos metros de ellas
-Gracias- le dijo a la Ravenclaw dándole un abrazo que la rubia correspondió
-Hermione, es hora de partir- la voz de su madre hizo que se separara de Luna
Las chicas se despidieron y Hermione se unió a sus padres.
La familia Van der Hill recorrió los pasillos hasta estar en el hall, acaparando las miradas de todo el estudiantado que se encontraba ahí. Un susurro colectivo se hizo escuchar, pero eso no hizo ningún cambio a la pose aristócrata de la pareja, en cambio, Hermione hundió su cabeza en sus hombros resguardándose entre sus padres, sintiendo las miradas de todos sobre ella.
Los presentes no sabían que esa sería la última vez que verían a Hermione Jean Granger
Muero de ansias por saber su opinión...
Cariños!
