Ni que decir si eso fue una locura, o por el contrario, si tan solo fue un desliz. El hecho que nos hayamos besado, conscientemente de lo que estábamos haciendo, y que me apartase se esa forma tan brusca, absurda e infantil, fue de lo peor. Aunque lo infantil resultó ser el hecho de huir como si me llevaran los diablos, encerrarme en mi recámara y quedarme allí hasta que Ra estuviera a mitad de camino.

No quería verle, y pretendía evitar cualquier contacto. De hecho no fui a la biblioteca en los momentos que siempre iba. No hice mis paseos por los jardines ni tampoco permití que me dejasen alimento alguno. En otras palabras, mi comportamiento salía de lo normal. Lo único que deseaba es que cayera la noche, pero esta vez estaría alerta a cualquier presencia para poder escabullirme entre las sombras. Necesitaba solucionar este problema, alguna explicación debía haber. Desde anoche que no logro conciliar el sueño y no es por él! Bueno, en gran parte es por él, pero por otra…

Si bien prefiero en este momento sentarme en la penumbra, decidí salir hacia el balcón. Desde allí pude notar cierta agitación en el Palacio, pero el ambiente resulta pesado, no hay gritos, pero si murmullos, algo no anda bien, pero desconozco que es. Quedaré incomunicada con Atem por unos días o al menos hasta que resuelva el tema, que por lo visto llevará tiempo de búsqueda y estudio. Nada que un buen sueño reparador no pueda solucionar.

-/\-

Me siento incómodo con la mirada de mi primo sobre mí. Soy consciente que sabe que algo anda mal, mal en mí, claro está. Trato de concentrarme en los papiros que tengo en frente. Los reviso con ahínco uno por uno. En algún lugar encontraré la solución. Me fastidia todo, su actitud tan irreflexiva, el rechazo inesperado. Me estoy torturando de hace tiempo con esta idea, pero no logro encontrar razón a su actuar. El ceño de Atem se asienta y remarca con cada segundo que pasa.

-No pienso seguir sentado aquí escuchándote bufar como buey cansado mientras finges leer- crispé mi puño a modo reflejo- si te encuentras tan contrariado que no deseas hablar conmigo me retiraré-

-No- en un solo impulso me encontré de pie – tu quédate, quién se irá seré yo- no recuerdo en que instante me hallaba cruzando las puertas del recinto, recorriendo pasillos y caminado sobre la hierba.

Con un leve impulso logró asirme de la rama que se mecía sobre el estanque y escalé hasta la parte superior de la copa. Ni el canto de las aves o el susurro de la brisa calmaban la ráfaga de pensamientos entrecruzados en mi mente. Todo mi plan caía lentamente por esa mujer. El no saber si odiarla o enloquecer por verme no correspondido me desfocaban de mis metas, me nublaban la visión. Intenté meditar pero sin éxito. Mi mente, mi ser estaban fuera de sí. Por lo que tomé mi resolución.

_/\_

Lo que pudo haber sido un agradable sueño terminó en el mismo momento que el estrépito golpe en la puerta se produjo. Pero este no vino aislado, fue acompañado por un séquito a tempo rítmico. Creí ilusamente que si lo ignoraba se iría, pero no fue así. Evidentemente la intención era que le permitiese pasar, quién quiera que fuese, o me torturaría hasta que o quedara sorda o cediera a sus caprichos. Y sus caprichos fueron más poderosos.

Sin decir palabra alguna me aproximé hacia la entrada, quité el cerrojo, pero no bien terminé de hacerlo una sombra gigante se abalanzó sobre mí, impidiendo que mi visión fuera más allá. Creí por un segundo que me arrasaría, que pasaría sobre mí como si fuese un mero tapete extendido bajo su paso. Al contrario de mis suposiciones, me vi llevada, como si fuera una pluma, hasta quedar entre ese ser y la columna. Elevé mi rostro para ver a mi captor, pero gracias a la capucha de su vestir, la absoluta negrura se ubicaba allí.

Pretendiendo mantener una distancia prudente, intenté alejarlo al empujar de su torso suavemente, y en ese instante noté sus pulsaciones aceleradas, con el estrépito de golpes de martillo sobre un yunque de forja. Esta persona no me infundía temor, pues mi cerebro, ante la cercanía, pudo reconocer el aroma que expedía su cuerpo. Era familiar, demasiado. Quise pronunciar su nombre, quería explicarle lo que me ocurrió anoche, pero no podía. Solo trataba de encontrar sus ojos bajo las sombras y que me pudiera ver.

-Si Seth te envió para enloquecerme, lo está logrando- hizo una pausa, su pulso seguía agitado, pero era evidente que trataba de apaciguarlo- eres un dulce tormento, mujer de los ojos azules-

No supe por qué, pero quedé petrificada como una estatua cuando sus labios presionaron con rudeza los míos. No fueron en nada gentiles y mi cuerpo no reaccionó como anoche al contacto. Gélida cual témpano me retuve. Él advirtió mi falta de entusiasmo, como así también lo estupefacta que me encontraba. De la misma forma en que aprisionó mis labios, se separó de mí, arrojándome contra la columna. Su puño impactó a un par de pulgadas de mi cabeza, lo escuchaba bufar. Irradiaba furia y frustración.

-Anoche… tu…- dejó caer sus manos al costado de su cuerpo con los puños cerrados con fuerza, temí por un momento que se clavara sus propias uñas en las palmas – Mañana haré que te asignen a otro sacerdote para tu entrenamiento –escupió la frase entre dientes – no tolero la falta de disciplina y hoy no acudiste a mi instrucción – se giró lentamente pero salió como una exhalación. El único vestigio de que Setho estuvo allí fueron los mechones que se mecían con la brisa que provocó su retirada y el aroma de su piel.

_/\_

No soy un seductor y no me considero uno. Menos puede alguien considerarme encantador, no hay nada en mi ser que pueda atraer perdidamente a una niña y después, cuando recapacite, olvidarse por completo cuanto sucedió. Pero a los pocos pasos que salí de los aposentos de la extranjera, supe que no estaba solo.

-Ya lo sabes entonces.

-No, simplemente se confirmaron algunas teorías que barajaba, pero no tengo el cuadro completo.

-Me correspondió…

-Eso parece, por lo menos hasta anoche o parte de ella.

-Tendrás que disponer de otro sacerdote para su instrucción

-No lo haré – me giré levemente, mis oídos no querían creer.

-Supongo que ese será mi castigo por desobedecer sus palabras, Alteza

-Nunca las desobedeciste, jamás te prohibí intimar con ella, solo te advertí que no es ella a quién buscas.

-Comprendo e igualmente insisto en no ser capaz de llevar la tarea encomendada, por lo que solicito se me releve del cargo.

-Eso no será posible, solamente puedo recomendarte que trates de reforzar el vínculo maestro-aprendiz, enfócate en ello y esta después que Ra se oculte, mantente alejado de la biblioteca.

-Así será, mi señor –en mi posición de reverencia lo vi pasar a mi lado, no atisbe siquiera mirarle su rostro, la tensión entre ambos era insalvable. Por un lado deterioraba nuestro trato, por el otro, podría facilitar mis planes.

_/\_

Estuve atenta a cualquier movimiento, a todo sonido y luces en los pasillos. Había llegado el momento de llevar a delante el plan. Me asomé por el pasillo, el corredor principal parecía despejado hasta la primera escalera. Descendí con la mayor rapidez posible y evitando producir ruido alguno. En solo una fracción de tiempo me encontraba en lo que vendría a ser el hall distribuidor de una casa muy grande o mansión. Frente a mi se erguían tres prominentes puertas, pero ya sabía cuál elegir.

Bien ingresé a la biblioteca, me percaté de una falla, no tenía como alumbrar, me faltaba el auxilio de una lámpara de aceite. Pero como si alguien hubiera previsto mi olvido, encontré lo que necesitaba posado sobre uno de los mesones, iluminado por un rayo de luz de luna que apenas se colaba entre las altas ventanas. Con mi poca pericia, logré encender mi nuevo foco de luz.

Empecé a recorrer las estanterías en busca de papiros que me pudieran brindar información útil. Desde pequeña amaba las bibliotecas, cuanto más grandes eran, más grande mi fascinación por recorrerlas. Claro está que siempre podía encontrar en las diferentes secciones lo que buscaba, pero aquí me sentía realmente perdida. Dudaba mucho respecto del criterio utilizado para agrupar los papiros, como así también, entorpecía la búsqueda la falta de señalización. Por ello, resolví sacar un papiro de cada estantería y ver de qué se trataban, recordando de donde los sacaba, si encontraba un tema cercano al que buscaba sabría a qué lugar recurrir.

En poco tiempo me vi rodeada de rollos por todos lados, algunos se caían del tablón y sin embargo ninguno era lo que buscaba. Lo peor del asunto que, al sacar tantos papiros, olvidé cuál era su lugar de origen. El tiempo apremiaba y Ra saldría en cuestión de horas. Me sentí angustiada, no contaba con este factor negativo en mi plan, lo que fue mi error por no recordar que fue siempre Setho quién seleccionaba los papiros y los tendía en la mesa. Jamás presté atención que criterio usaba para buscarlos. Me reproché el tiempo perdido.

-No deberías afligirte- una voz me sobresaltó- tal vez si hubieras pedido ayuda no estarías rodeada de tantos papiros- la figura emergió de entre las sombras. Su voz me era familiar por momentos y ajena por otros.

-Atem?

-él mismo… acaso ya no me reconoces? –su risa burlona resonaba en las paredes

-te dejé de ver por un largo tiempo

-Ciertamente, estuve ocupado con unos asuntos de gravedad y tu otro tanto, estudios y entrenamientos- hizo una leve pausa- Setho te trata cordialmente?

-Cordial? Bueno, no es exactamente el término que emplearía para él..-su risa estridente interrumpió mis dichos.

-Entonces no es cordial, que es?

-él es más bien severo…

-severo… –había avanzado tan lentamente y en sigilo que no advertí su cercanía- que más? –caminaba acompasadamente alrededor mío y del mesón, mirando distraídamente algún que otro papiro que se encontraba allí- que más Anzu, o es solamente severo? –Estaba irritado, se notaba en su voz-

-es poco atento

-poco atento? Se distrae mucho?

-No…no me refiero a eso, él es poco amable

-Hemos dicho ya que la cordialidad no formaba parte de sus mayores cualidades, tu concepto es un tanto redundante –me ponía nerviosa, no lo quería mirar- que más …Anzu -susurró mi nombre en mi oído y erizó toda mi piel. Producía en mi terror y excitación tenerlo tan cerca circundándome como si fuera un cazador disfrutando del pánico que profería en su presa. Él sabe que fue lo que pasó anoche y quiere que se lo diga.

-Nos besamos… es lo que querías que dijera?

-Fue anoche, ya lo sabía… pero no es la respuesta que busco.

-Entonces?

-Que es para ti Sehto?

-es…él es mi maestro, instructor

-con quién te besas a escondidas por las noches? –eso fue un golpe bajo. De todas las persones que habitaban el palacio él era la última de quién me esperaría un trato así. Lentamente se agolpaban en mis ojos lágrimas, que con todas mis fuerzas retenía.

- no es así…y lo sabes

-porque estás aquí? Pensabas encontrarlo nuevamente?

-No!

-No? Explícame entonces…

-No lo entenderías.

-No me subestime –ya se encontraba a un lado mío, con su puño apoyado sobre la mesa- mírame cuando me hables –instintivamente negué con la cabeza, lo que fue estúpido, pues con una mano tiró de mi brazo hacia él y con la otra sujetó mi mentón para girar mi rosto. Fue inevitable que una lágrima escapase. Su pulgar borró con cuidado el trazo húmedo dejado en mi mejilla- explícame…- sus obre violáceas me miraban con intensidad y paciencia, se suavizaron cuando me dispuse a responderle- no sé por qué le besé, pero no me arrepiento, gracias a eso pude ver…

-pudiste ver qué cosa?

- la razón por la que vine aquí es para buscar respuestas a lo que vi, no para encontrarme con nadie.

-Quiere decir que ya empezó –suspiró, me miró con más tranquilidad y culminó su gesto con un beso en mi frente- estás despertando tu don.

- mi don?

-Sí, la capacidad de ver más allá sin el auxilio de los artículos sagrados- se separó de mí tendiendo su mano para que la tomase y siguiera- acompáñame, te explicaré.

Recorrimos pasillos que con el andar dejaron de serme conocidos. Llegamos a una zona más abierta del palacio que conducía, por los ruidos, a los establos. Los caballos eran preciosos y briosos. Algunos dormían, otros estaban aún despiertos. Casi al final de la caballeriza se encontraba un animal enorme, blanco como piedra caliza e imponente como la esfinge. Reconoció a su jinete inmediatamente. Atem con habilidad ensilló el equino en instantes y lo sacó del establo en mi compañía. Jamás le comenté si podía montar o no, pero por el hecho de haberme levantado cual peso liviano, no era un asunto que le importase.

-sostente- y con esas palabras emprendimos, a galope, camino hacia el desierto.

Llegamos a la cima de un acantilado rocoso en medio de la nada, a lo lejos se veía el palacio y la ciudad. Desmontó con la mayor de las elegancias y me ayudó a descender. Las constelaciones parecían vivas, un espectáculo a la vista del débil ojo humano, una belleza que pocos pueden apreciar en sus vidas. Solos en medio de la nada y el todo.

-me gusta venir aquí cuando necesito meditar, puedo encontrarme a mí mismo –le miré y le sonreí, y así, me devolvió la sonrisa- ahora acércate un poco, sin temor –evidentemente notó mi turbación, pero hice como me pidió- ahora bésame…

-es una broma?!

-No estoy bromeando, quiero probar mi punto… para eso tienes que besarme…o tal vez querer besarme, no lo sé

-Quieres probar tu punto, pero no sabes cómo? No entiendo…

-No es que este asunto de tus visiones sean un tema acabadamente estudiado Anzu. La primera vez que lo noté fue cuando despertaste y te pude dar de beber, recuerdas? -Claro que recordaba, como si fuera ayer, el desconocido que me ayudó a beber y que para eso me besó. Todo este tiempo fue él. Aunque eso ya lo sabía, pero …- acércate, lo peor que puede suceder es que nos besemos un par de veces y no suceda nada… a menos, claro, que mi persona te sea repudiable y…

-no! está bien, haré como digas

Nos aproximamos uno al otro, un tanto torpe yo, un tanto precavido él. Parecíamos adolecentes nerviosos que se están por dar su primer beso, lo que es ridículo, teniendo en cuenta que es el faraón y puede tener en su alcoba a cuanta mujer desee. En cuanto a mí, tuve mi buen par de novios, por ahí una relación pasajera, pero no era ninguna improvisada. Ya a escasos centímetros propiciamos un tímido intento y no pasó nada para ninguno.

-tal vez paso mis brazos por tu cuello, al ser más íntimo haya más conexión, creo yo

-Una brillante sugerencia, yo te tomaré por la cintura –era evidente a leguas que ambos estábamos nerviosos. Pero nuevamente nada.

-No esperaba esto, es agradable y todo, pero me decepciona no obtener los resultados previstos –Atem hablaba de esto como si intentar tener visiones mediante arrumacos fuese un mero experimento de una feria de ciencias. Mientras me estaba muriendo por dentro al ver la frialdad con la que intentaba tratar el tema, muriendo de risa, claro está.

-Podemos intentarlo hasta que suceda algo

-Por supuesto, un razonamiento logg…-me cansé de escucharle hablar así y resolví por lo sano, callarlo, como se debe!

Parece que mi actitud temeraria y "avasallante" lo impresionó, realmente impresionó a ambos, he hizo que toda barrera cayera. La feracidad del inicio paulatinamente se transformó en algo más dulce. Mis dedos empezaron a jugar con sus cabellos, su perfume se colaba en mis sentidos y me nublaba lentamente el pensamiento. Sentía sus manos recorrer mi espalda con habilidad. Fuimos profundizando el beso. No recuerdo en que segundo ambos estuvimos fuera de sí. Y luego abrí mis ojos…