Todo estaba oscuro, como si hubiera sido tragada por las fauces de un animal gigante. El dolor punzante a un costado de mi pecho, me obligóó a girar hacia mi derecha, quise tocar el lugar del dolor y traté de incorporarme sin mucho éxito. A lo lejos pude ver una tenue luz, como si me encontrase dentro de una cueva y a varios metros estaba la salida. El episodio no duró mucho y me vi succionada hacia la luz. Como si estuviera en un túnel de viento, mi cuerpo fue transportado fuera de allí.
Para mi horror me encontré frente a frente con el monstruo espiritual del ladrón Bakura, el que reía histéricamente, gozando de la situación. Diabound se colocó en una posición de ataque y arremetió hacia mí.
Instintivamente, intenté repeler el ataque, con lo que terminé en el suelo. Atem me miraba con incertidumbre en sus ojos y sus brazos separados, como alguien, que por la fuerza se vió obligado a soltar a otra persona. Es que no quería seguir viendo.
Me aterraba descubrir que sucedería.
Él se sentó a mi lado, pasando su brazo por sobre mis hombros con la intención de reconfortarme. Era evidente que quería saber qué fue lo que pude visualizar. Lo miré con aprehensión, comprendió el mensaje. Recliné mi cabeza sobre su hombro. Comprendí algunas cosas, otras quedaron fuera de mi alcance. No sabía cuándo, pero era evidente que de hacerse realidad ello, sería pronto. Fruncí un par de veces el entrecejo, quería resolver ese puzzle que tenía en mi cabeza. Recordé el dolor y busqué tocar la zona, pero no sentí nada
-Tranquila, sea lo que fuera que viste, estoy seguro que se puede revertir- eran notorias las buenas intenciones, pero no lograba la paz con ellas- Y con esto comprobé mi teoría…
Lo miré absorta, nuestras charlas paulatinamente mutaban respecto a la complejidad del tema, muchas veces no lo podía seguir; y esta era una de esas ocasiones. Y como si leyera mi mente…
-Sé que tienes visiones, pero logras obtenerlas de una forma muy particular- hizo una leve pausa- La primera vez que lo experimenté fue cuando te cuidaba durante esos primeros días. Recuerdo muy bien la primera vez que te di de beber –me miraba de lleno a los ojos, como si intentara transmitirme las emociones que experimentó aquella vez- vi cosas que lograste explicar, me vi a mi mismo o más bien a lo que quedará de mi cuando Osiris me lleve. Eran imágenes muy borrosas, pero las vi.
Con un elegante movimiento se incorporó, respiró profundamente y dirigió su vista al horizonte.
-La primera vez que fuiste llevada al gran salón e hice uso del Ank, pude ver todo con mayor claridad. Lo que no logro comprender es si será siempre necesario ese estímulo para que obtengas tus visiones o hay algo más que se necesita, porque no siempre sucede esto o sí?
Tenía mucha lógica su planteo, pero efectivamente, cuando recobré conciencia y me besó para darme de beber, no visualicé absolutamente nada.
-Pero si para obtener esas visiones hay necesidad de tantas complicaciones, no sería mejor simplemente usar la gargantilla de la sacerdotisa?
-También lo pensé, pero Isis tiene la posibilidad de ver un futuro cercano, tus visiones van más allá de eso. Es realmente fascinante.
No quiero parecer muy sensible, pero que tan solo resultase fascinante para Atem por la única razón de mis visionas, de las que no hay certeza de su veracidad y probabilidad de que estas ocurran, era casi como recibir un baldazo de agua helada. Más allá de los conocimientos que pudiéramos compartir, no había nada más. Fue un poco deprimente hallarme en esa situación. La única ventaja era que Atem no podía apreciar mi desasosiego pintado en mi rostro, ya que perdió su vista hacia el infinito desierto.
Con su espalda vuelta hacia mí, pude apreciar lo bien formado que estaba. Cuerpo robusto, tal vez no tan alto como Setho. Lo que me asombraba era que yo podía observarlo, no solo como un curioso intelectual, una gran mente; si no también como un hombre. Un hombre al que sería capaz de admirar, apreciar y definitivamente amar. Setho era otro tema. Él me crispaba la piel, sentir como me observaba en los momento de estudio, la forma en como me escrutaba mientras permanecía cerca de él, me sacaba de las casillas. Pero para mí era innegable la tensión que se formaba entre nosotros, desde el inicio. Asi también, la adrenalina corría por mis venas en esos momentos en que todo en nosotros estaba por estallar, cuando me hacía observaciones, me recriminaba las faltas, el hecho que me volvía loca sus cambios de humor.
Para uno era una cosa fascinante y para el otro un fastidio andante. Miré al firmamento, estudiaba con detenimiento cada estrella y constelación, sé que en algún momento, luego que me recostase en la arena, quedé profundamente dormida.
-v-
Sabía el movimiento de cada ser viviente en el palacio. Atem había sacado de las caballerizas su corcel, que fue acompañado y que regresó antes de que Rá lograse aparecer por el horizonte. Era frustrante saber que ella le siguió de buen grado. Pero era inevitable que escapase a mi conocimiento lo que pudo llegar a suceder entre ellos durante su ausencia del palacio. De todas maneras, había otros asuntos que atender. Ahora tenía a otra mujer en mi mente.
Se me había informado que la joven que rescaté del asedio del pueblo no probaba alimentos desde su llegada, bebía en ocasiones y su salud se deterioraba. No es que me importase mucho su existencia, pero el poder que ocultaba en ese frágil cuerpo me obligaba a tomar el asunto de forma personal.
Observarla por entre los barrotes fue suficiente para advertir la severidad de la situación. Estaba andrajosa, el cuerpo muy delgado, con un semblante sufriente, aun cuando dormía. Parecía que los demonios habitaban su mente y espíritu, se encontraba notablemente perturbada.
Accedía al pequeño cubículo donde se hallaba tendida. Al acercarme pude apreciar con mayor detenimiento las marcas de rasguños en sus brazos, una que otra hematoma y un par de cortes leves.
Me recliné sobre ella para comprobar su respiración, por ratos calma por otros agitada.
Me debatí internamente si despertarla o esperar hasta que ella lo hiciera. De una u otra forma, había ordenado traer una bandeja con alimentos de fácil consumición. Ante la evidente falta de energía, debía ingerir algo sencillo y nutritivo.
Me senté en el extremo de camastro en donde estaban sus pies, la observaba en busca de señales. Si despertaba, le obligaría a comer, para eso vine. Me aseguraré de que recupere energías y luego que se dé un buen baño, aunque con el tiempo me acostumbré al aroma. Varios días sin levantarse, era de esperar.
Mientras la joven estaba sumergida en su tormentosa ensoñación, pude notar el color particular de sus cabellos, su brillo misterioso bajo las tenues luces de las antorchas, su piel pálida como la luna, la delicadeza de sus manos, sus facciones finas. No podía dejar de cuestionarme que habría sido de ella antes de aparecerse por aquí. Que fue lo que pudo haber hecho para terminar en estas condiciones o por qué habría huido de su pueblo? Su familia la estaría buscando con seguridad. Incluso podría ser la mujer de algún hombre. Habrá sido repudiada?
Sonreí para mis adentros, todavía no había despertado y ya tenía muchos interrogantes para hacerle. Podría ser una grata distracción y excelente excusa para mantener distancia de la extranjera de Atem. Apoyo mi espalda contra la fría pared de la celda, cierro los ojos un instante, me vendría bien un descanso.
