Inquietudes

-¿Pacifica? - En ese momento el recuerdo de esa persona se alojó en mi mente, trayendo consigo una gran consternación y sorpresa; las mismas que sentirías al ver a alguien que hace años dejaste atrás, junto con lo que fue tu antigua vida.

-Dipper… ¿Realmente eres tú? No puedo creerlo, la última vez que te vi tú… - De repente se detuvo de súbito, como si aún le costara asimilar lo que estaba pasando. ¿Quién podría culparla? La verdad es que yo tampoco estoy mucho mejor. Una andanada de preguntas repiquetea en mi cabeza ¿Qué hacia ella aquí? ¿Cómo fue que me encontró, acaso me estaba buscando en primer lugar? Después de haber salido de Gravity Falls creí haber dejado atrás mi antigua vida, creí haber pasado página, iniciando una nueva etapa alejado del mundo que conocía teniendo que hacerle frente a lo desconocido, solo… No, por ese entonces no estaba solo, tenía a Mabel, podía contar con ella para ayudarme a soportar el dolor que significaba recorrer el camino que había elegido… ¿Acaso la seguiré teniendo a mi lado? Algo me dice que de todas las preguntas, esa será la más difícil de responder.

El tintineo de la campanilla de la entrada me hace salir de mis pensamientos. Veo como un hombre alto, vestido de traje negro y con lentes oscuros, entra al local y se queda en el pórtico de la puerta recorriendo la estancia con la mirada. Al fin, tras unos segundos, fija su vista en pacifica (quien aún no parece darse cuenta de lo que pasa a su alrededor, como si estuviera sumida en una especie de letargo del cual no puede salir por si misma) y parece satisfecho. Se acerca a nuestra mesa y con una voz áspera dice:

-Señorita Norwest, ¿Qué hace en un lugar como este? Su cita con el presidente de la compañía comercial es en menos de una hora, debemos partir ya si queremos llegar a tiempo. – Ella no contesta, o bien porque no se ha percatado de su presencia, o bien porque la ignora deliberadamente – ¿Señorita Norwest…?

Al fin, ella parece salir de su ensimismamiento. Se voltea y con una cara de pocos amigos le contesta al hombre.

-Ya te he oído, prepara el automóvil, saldré en un momento – El hombre obedece sin dilación y sale del recinto tan rápido como entro. Una vez solos de nuevo, ella se gira y fija su mirada de nuevo en mí, expectante, como si estuviera pensando en algo, como si esperara algo.

-Pacifica, yo… - No pude terminar la oración, pues rápidamente me vi interrumpido por su voz.

-¿Estas libre esta noche? – Dijo más en forma de mandato que de pregunta – Ahora tengo que salir a atender una cita importante, pero esta noche estoy libre. Ven a eso de las 8 a esta dirección – Saca un papelito de su bolso y anota algo rápidamente para después depositarlo en mis manos – Esta noche, a las 8 – Volvió a recalcar con severidad, sin embargo, creí reconocer un deje de súplica en esa última frase.

-Allí estaré – Conteste después de haber estado observando cómo se desarrollaba la situación en silencio. Me resultaba extraño el volver a dirigirme hacia ella, y sin embargo, un sentimiento de paz se alojó en mi pecho en el momento en que decía esas palabras.

Su expresión se relajó con mi respuesta, y me permitido ver una cálida sonrisa que hace tiempo había olvidado.

-Me alegra volverte a ver - Se acercó a mi asiento y me deposito un corto, aunque efusivo abrazo y luego se dirigió rápidamente hacia la salida, dejándome quizás más confundido que cuando entro.

Me encontraba caminando por un parque que estaba en el centro de la ciudad, el encuentro con Pacifica me había confundido y había hecho que un montón de preguntas se alojaran en mi cabeza. Tal vez no funcione para nada, pero algo me decía que un poco de aire fresco me ayudaría a despejar mi mente y pensar más claramente. Seguí caminando por un par de minutos hasta que me topé con un pequeño banco bajo la sombra de un gran árbol. Pese a que no había sol y ese detalle era poco relevante, me pareció una escena demasiado conveniente como para no sentarme. Me quede mirando al vacío intentando ordenar un poco mis ideas y sentimientos. Había sido mucho desde la última vez que vi a Pacifica, mucha cosas han pasado y con ellas gran parte de lo que fui antes ha cambiado. Ya no me apasiono desmesuradamente cuando hay algún misterio que resolver, aunque he de admitir que todavía siento un poco de interés en resolverlos. Ya no soy aquel niño que sacaba buenas notas en el colegio y que era el orgullo de sus padres, ya no soy aquel que se pasaba los veranos de un lado a otro en Gravity Falls resolviendo misterios junto a… Mabel.

De nueva cuenta mis pensamientos volaron hacia ella, haciendo que ese mismo sentimiento de tristeza y opresión se volviera a instalar en mi pecho. Aun no puedo creer que todo haya acabado de esta manera. Es decir, si, sabía que esto iba a ser difícil, pero siempre confié en que si nos manteníamos juntos podríamos con lo que sea, siempre creí que con tal de estar a su lado cualquier dolor era poco a comparación de la alegría que me ocasionaba su presencia, con su sonrisa radiante que parece ser un amanecer por sí mismo, con su actitud infantil aunque divertida que siempre lograba levantarme el ánimo, todo era aceptable siempre y cuando estuviera con ella… ¿Entonces, como fue que esto se convirtió en algo que únicamente te da dolor?

El llanto de una niña me saco de mis pensamientos. Alce mi vista y vi como una niña lloraba sobre un lago congelado que no se encontraba muy lejos de donde yo estaba. A los pocos segundos vi como otra figura, esta vez la de un niño con facciones muy parecidas a las de la niña, se acercaba corriendo y la ayudaba a levantarse mientras le secaba las lágrimas. No pude aguantar y antes de darme cuenta ya estaba corriendo a toda prisa fuera del parque. Una vez lejos y cuando mi energía llego a un límite me detuve un rato para recuperar el aliento. Sin darme cuenta, unas lágrimas empezaron a afloraren mi cara, y el sentimiento de opresión se hizo infinitamente peor que antes, casi insoportable. Trate de serenarme lo mejor que pude, peor no podía evitar que todos mis recuerdos y pensamiento fueran hacia esa única persona, no podía evitar pensar en Mabel, y eso solo hacía que mi dolor se agravara aún más.

Pasaron algunas horas antes de que mis pensamientos y sentimientos se pusieran en orden. Para cuando me di cuenta ya era de noche, así que sin perder tiempo me seque las pocas lagrimas que aun escurrían por mi cara y me dirigí a la dirección que me había dado Pacifica. No voy a decir que me sorprendiera mucho que el lugar fuera uno de los mejores hoteles de la ciudad, pero aun así la presencia imponente de aquel sitio me hizo estremecer un poco. Trague saliva y me dirigí a la entrada del lugar, tratando de ignorar la mirada de desprecio que me propiciaba el portero que estaba en la puerta, una mirada que me dejaba muy en claro que no era bienvenido a ese sitio. Entre al edificio y, tras recorrer un corto pasillo llegue al recibidor en donde una chica se entretenía viendo una de esas típicas novelas de drama adolescente en un pequeño monitor que tenía frente a ella en el escritorio. Al verme llegar, rápidamente apago la pantalla y me mostró su sonrisa más deslumbrante.

-Bienvenido señor ¿En qué le puedo ayudar? – Dijo al tiempo en que me inspeccionaba disimuladamente y trataba de ocultar una expresión de incertidumbre de su semblante. Era oficial, no era bienvenido a ese lugar.

-Buenas noches, vengo a visitar a alguien – Respondí fingiendo no darme cuenta de ello.

-Por supuesto ¿Me puede decir a quien busca? –Pregunto al tiempo en que volvía a encender el monitor y tecleaba algunas cosas con una velocidad sorprendente.

-Norwest, Pacifica Norwest – Esta vez la recepcionista no oculto su cara de sorpresa y desconcierto. Alzo la mirada y se me quedo viendo por unos pocos segundos que se tornaron largos e incómodos, como si intentaran descifrar la conexión que existía entre alguien como Pacifica y yo. Después de esa pausa que pareció eterna volvió en sí y, sin perder tiempo, tomo uno de los teléfonos que estaban al otro lado del mostrador y marco un número rápidamente. Hablo rápida y cortadamente antes de volver de nuevo su vista hacia mí.

-La señorita Norwest le está esperando en la última planta señor Pines. Puede ir hacia ella tomando el ascensor que se encuentra al final de ese pasillo – Dijo al tiempo que señalaba un corredor a mano derecha.

-Muchas gracias – Respondí, e inmediatamente emprendí mi marcha hacia el ascensor mientras trataba de ignorar la mirada inquisidora que se clavaba en mi espalda mientras caminaba.

Tranquilos, tranquilos, no he muerto. Parecía que sí, pero no. Lamento haber tardado un poco en actualizar (entiéndase poco como una palabra muy relativa), todavía tengo algunos problemas para decidir la dirección de esta historia. Pero no se preocupen, no es como si fuera a quedar en hiatus por más de medio año… al menos no antes del capítulo siete. En fin, espero que les haya gustado el capítulo (pese a que no cuenta casi nada) y les prometo que el siguiente habrá hecho valer la espera. Y ya sin nada más que decir, me despido deseándoles una feliz semana.

Firma: Andrés Rey.