Capítulo 3

Matrimonio por conveniencia

Draco se despertó y miró por la ventana. Se sorprendió al ver que ya estaba oscuro afuera. Vagamente consciente de que alguien se movía en la cocina, el olor a café y tocino le hizo darse cuenta de que tenía hambre. Oyó la charla de Lily y recordó de nuevo por qué estaba aquí. Sin preocuparse por nada, se levantó, se calzó los zapatos y se apartó el cabello de la cara. Supuso que era un desastre, pero ¿qué importaba? Se sorprendido en la tenue luz al ver su baúl apoyado contra la pared sobre un mueble de cajones. Todo lo que él poseía estaba allí; pero incluso ese pensamiento triste no logro movilizarlo.

Abrió el baúl, sacó su cepillo y se lo pasó por el pelo. Al menos hizo algunas mejoras, esperaba. Alisó su camisa arrugada y se dirigió hacia el olor del café. Harry lo miró inquisitivamente mientras entró en la habitación, y luego le hizo señas a una silla en la mesa.

-No soy un cocinero -dijo-, pero esto va llenarlo.

Draco se sentó y Harry salió de la estufa con un plato de panqueques y otro de tocino al lado. Lo dejó y regresó para tomar el café humeante. Sintió una sensación de vergüenza al darse cuenta de que estaba haciendo Harry lo que debería haber estado haciendo él mismo. Bueno, sería la última vez. De ahora en adelante él llevaría su carga. Harry se sentó, y justo cuando Draco estaba a punto de servirse a sí mismo un panqueque se detuvo brevemente por su voz.

-¿Lily quieres que tu pa te ayude con la comida?

Así que él era un padre cariñoso. Eso parecía, más sabiendo lo desesperado que estaba en busca de ayuda para su pequeña. Oh bien, qué; ¿Le importaba? No tenía la menor importancia. Pero pensó que si él recordaba bien, los hombres que querían y cuidaban de esa manera a sus hijos no solían golpear a sus esposos. Con un poco de suerte tal vez él no tendría que aguantar eso de todos modos. Una nueva ola de desesperación repentinamente lo abrumó. No sabía nada de este hombre. ¡Podía ser cualquier cosa! Tal vez debería alegrarse de que él era un padre cariñoso. Podría salvarle un montón de problemas.

-¿No tienes hambre?

Sus palabras lo hicieron saltar y se dio cuenta de que había estado sentado allí dejando vagar sus pensamientos.

"Oh, sí, sí," tartamudeó y se sirvió a sí mismo la torta que estaban ofreciéndole.

Lily comió con un apetito abundante, sorprendiéndolo la cantidad de comida que entraba en una cosa tan pequeña, y charló con él y con su padre, al mismo tiempo. Draco pensó que había entendido una o dos palabras aquí y allí, pero realmente no puso su mente para entender lo que la niña decía.

Después de la comida, se ofreció voluntario para lavar los platos y Harry estuvo de acuerdo; entonces se encargaría de acostar a Lily. Le mostró donde estaban las cosas y luego, recogiendo a Lily, empezó a lavarla y a prepararla para acostarse. Draco se puso a trabajar en los platos. Al abrir puertas y cajones del armario de otra persona, una extraña sensación de inquietud se estableció en él. Debía esforzarse para superar ese sentimiento sabía, porque tenía que hacerse cargo de esta cocina como si perteneciera a él. No pudo contener un ligero estremecimiento que lo atravesaba sin embargo.

Cuando regresó de vaciar el agua de lavar en el rosal por la puerta, Harry estaba acercando una silla a la mesa de la cocina.

-Está dormida -dijo-.

Draco colocó el plato en su clavija y colgó la toalla sobre el estante para secar. ¿Qué hacer ahora? se preguntó, pero Harry se encargó de eso por él.

"Los cajones en el cuarto están vacíos, moví mis cosas al granero. Desempaca y ponte cómodo. Siéntase libre de usar cualquier cosa en la casa, y si hay algo que te sea necesario, haz una lista. Voy a la ciudad por suministros la mayoría de los sábados, puedes usar lo que tengamos hasta entonces. Cuando te sientas mejor y más cómodo, tal vez quieras venir conmigo para escoger tu mismo."

"Creo que ya es mejor que te vayas a dormir. Ha sido un día difícil. Sé que tomará un tiempo para que deje de doler y sentirte como en casa aquí. Intentare no apresurarte." Entonces su mirada exigió que Draco escuchara y comprendiera. "Me casé solo porque Lily necesitaba a alguien que la cuidara como a su propia hija. Estaría muy agradecida si ya la llamas así."

Era una orden; Draco podía sentirlo como tal. Pero sus ojos lo sostuvieron firmemente, y aunque no dijo nada, su orgullo lo desafió. ¡Bueno! conocía su lugar. Le ofreció un lugar para vivir; Draco a su vez cuidaría a su hija. No pedía caridad. Se ganaría su lugar. Sería el papá de Lily. Camino sin decir una palabra y se dirigió al dormitorio. Cerró la puerta detrás de él y se quedó unos instantes apoyado en ella. Cuando se sintió mejor cruzó silenciosamente hasta donde podía mirar hacia abajo donde estaba la niña. La lámpara dio un suave resplandor, haciendo que la pequeña figura de la cuna apareciera incluso más pequeña.

"-Está bien, Lily -susurró Draco-, hagamos un trato, tu serás una buena niña, y yo haré mi mejor esfuerzo para ser un buen padre para ti. "Ella se veía tan pequeña e indefensa allí y Draco se dio cuenta que esa pequeña, de menos de dos años de edad, era alguien que la vida ya había hecho daño. ¿Qué cosa podría haber hecho este pequeño ser para merecer que la madre que amaba fuera alejada de ella? El propio bebé de Draco se movió ligeramente dentro de él, y puso una mano en el lugar que lentamente se estaba hinchando para que el mundo supiera iba a ser padre ¿Y si fuera mi pequeño quien estuviera sin mi cuidado? El pensamiento lo hizo entrar en pánico. De nuevo miró a la niña dormida, a sus rizos marrones que enmarcan su cara de duendecillo, y algo se agitó dentro de su corazón. No era amor lo que sentía, pero era un pequeño paso en la dirección correcta.

Darco se levantó a la mañana siguiente tan pronto como oyó el suave clic de la puerta cuando Harry salió de la casa para ir al granero. Se vistió silenciosamente para no molestar Lily, y salió de la habitación, decidido a mantener su parte del " matrimonio por conveniencia" del que se encontró siendo parte. Así que tenía un techo sobre su cabeza. Se lo ganaría. Él no estaría obligado a ningún hombre, particularmente a este frío individuo cuyo apellido ahora compartía. Se negó, incluso en sus pensamientos, a reconocerlo como su marido. Y hablando de apellidos, advirtió, sería fácil recordar que ya no era Draco Nott, ¡diablos! ni siquiera era Draco Malfoy, sino Draco Potter. Retraídamente, se preguntó si la ley se opondría si obstinadamente se aferraba a su apellido "real". Seguramente podría ser Draco Malfoy Potter sin incriminarse a sí mismo. Luego, con un susto, se dio cuenta de que su bebé tendría el apellido de Potter también.

"¡Oh no!" Se detuvo y se llevó las manos a la cara. "Oh, no, por favor. Quiero que mi bebé tenga el apellido de Theo."

Pero incluso mientras luchaba y dejaba que gruesas lágrimas se extiendan entre sus dedos, sabía que perdería aquí también. Estaba casado con este hombre, no importa cuán desagradable sea el pensamiento; y el niño que nacería después del matrimonio llevaría su apellido, aunque fuera el bebé de Theo. Draco sentía una nueva razón para aborrecerlo.

"Bueno, de todos modos, puedo nombrar a mi bebé Nott si quiero", declaró enojado para sí mismo. "No puede impedirmelo."

Limpió sus lágrimas en su manga, levanto la barbilla obstinadamente, y encendió la cocina.

El fuego ya estaba prendiendo en la gran estufa negra, y Draco se alegró de que no tuviera que luchar con esa difícil parte de su tarea, casi imposible, de seguir adelante. Abrió las puertas del armario hasta que encontró el café. Sabía dónde estaba la cafetera, pensó con gratitud. ¿No lo había lavado y guardado? Había agua fresca en el cubo en una mesa baja cerca de la puerta y tendría el café hecho en muy poco tiempo.

"Bueno, es el primer paso", pensó. "¿Ahora qué?"

Buscó algo más y encontró ingredientes suficientes para hacer un lote de panqueques. Al menos eso podía lo hacer. Draco y Theo casi vivían de panqueques, la razón era que no había habido más provisiones como para que él pudiera para preparar algo diferente. No iba a ser una tarea fácil conseguir las cosas para preparar una comida adecuada, se dio cuenta. Sus incursiones en la cocina habían sido muy limitadas. Bueno, él aprendería. Era capaz de aprender, ¿no? Primero tendría que descubrir dónde estaban guardadas las cosas en esta endemoniada cocina. Draco raramente usaba palabras que pudieran ser clasificadas como "malas palabras", aunque había oído muchas en su joven vida. Sintió ganas, sin embargo, de soltar un torrente de ellas ahora. En cambio, eligió a una de las expresiones menos ofensivas de su padre, la única que le habían permitido utilizar.

"¡Demonios!" Volvió a explotar. "¿Qué es lo que uno puede hacer?"

Harry esperaba algo más que panqueques y café, pero ¿De dónde iba a sacarlo? Parecía que había un sin fin de latas y contenedores en los armarios, pero estaban llenos de ingredientes y condimentos, nada que sirviera para preparar el desayuno.

Pollos. Había visto pollos, y donde había pollos debería haber huevos. Empezó a ir en busca de algunos, atravesó de la puerta de la cocina, continúo a través del cobertizo que era la entrada adjunta a la cocina, cuando su ojo avistó un extraño artefacto al lado del cobertizo. Parecía una especie de polea y siguiendo la cuerda hasta el suelo notó un corte cuadrado en las tablas de suelo y el extremo tenía una manija atada. Con cautela se acercó, preguntándose si podría estar invadiendo un lugar donde no debería estar. Lentamente levantó la puerta de la trampa. Al principio no pudo ver nada; entonces, cuando sus ojos se fueron acostumbrando a la oscuridad, vio lo que parecía ser la parte de arriba de una gran caja de madera. Para eso debía ser la polea y la cuerda. Draco subió la caja.

Para ello comenzó a manipular las cuerdas, notando que la caja parecía estar moviéndose hacia arriba. Tomó más fuerza de lo que había imaginado, pero encontró que podía manejarlo muy bien. Lentamente, la caja apareció a la vista. Podía sentir la frescura que la acompañaba. Por fin la caja estaba completamente expuesta y deslizó el lazo de cuerda sobre un gancho que parecía ser para ese propósito. El frente de la caja estaba equipado con una puerta, en su mayoría compuesta de malla de metal, y dentro de ella podía ver varios artículos de comida. Abrió la puerta y jadeó ante la abundancia de cosas buenas. Había huevos en una cesta, botellas de crema fresca, leche y mantequilla, tocino y jamón. Sobre un estante había algunas verduras frescas y pequeños frascos que contenían conservas y, entre todas esas las cosas, descubrió después de olfatear la caja, miel fresca. Probablemente salvaje. ¡Qué descubrimiento!

Ahora no tendría problema con el desayuno. Sacó el tocino a un lado y unos pocos huevos. Luego escogió algo de mermelada y estaba a punto de bajar la caja de nuevo cuando recordó a Lily. Un niño debe tener leche para beber siempre que se pueda, y tal vez a Harry le gustaba la crema para su café. No lo sabía. De hecho, no sabía nada del hombre.

Cuidadosamente bajó la caja de nuevo y coloco la puerta de la trampa. Recogiendo su hallazgo, volvió a la cocina sintiéndose mucho mejor sobre la perspectiva de poner el desayuno sobre la mesa.

El café ya estaba hirviendo y su fragancia le recordaba cuán hambriento estaba. Tomó los platos del armario y puso la mesa. Quería que la comida estuviera caliente cuando Harry viniera de las tareas, y no sabía cuánto tiempo le tomaban a él en las mañanas.