Disclaimer: Este es un trabajo sin fines lucrativos, solo me divierto escribiendo las quimeras de mi cabeza. "Sing" y sus personajes le pertenecen a "Illumination Entertainment".
Capítulo 2
-¿Escucharon de Big Daddy? Su nuevo color favorito es el naranja –dijo el hombre que tenía de frente.
Empezó a chocar sus dedos, desde el meñique al índice, contra la mesa. Uno detrás del otro con lentitud.
-No me sorprende. Era un marica –le siguió la plática el otro a su izquierda-. Parecía una mujercita con su "no me metas en tus negocios". ¿Qué creía? ¿Qué estaba en el Padrino? –su barba en forma de candado irregular se movía sin gracia al hablar.
Tap... tap... tap... tap…
-Eso fue la putita que lo daño –comentó un tercero. Se le veía el pelo enroscado del pecho por los tres botones abiertos-. Lo peor, es que con él hubiéramos logrado cosas grandes.
Tap.. tap.. tap.. tap..
-Que desperdicio. Tenía cerebro -volvía a la carga el primero.-. Y se vuelve un vulgar asalta bancos –sus nudillos con vello se atisbaban debajo de su chaqueta de cuero sintético marrón.
Chocaba los dedos con mayor velocidad.
-Ni tanto. Si lo jodieron con un puto mocoso –su sonrisa se alargó. El abrigo azul con líneas amarillas le daba una apariencia más deportista-. Seguro no era ni suyo.
Tap. Tap. Tap. tap.
-Me dijeron que se mató la mujer con algo de la cabeza. Una vena que exploto o algo así –agregó con un timbre de curiosidad. Era el más joven juzgando por su vestimenta urbana y cara menos agresiva. Solo la obtendría, como sus congéneres, al ponerla de forma iracunda frecuentemente. Necesitaban intimidar.
Tap, Tap, Tap, Tap
-¿No era aneurisma? Un primo mío es médico. Se algo de estas cosas –segundó la primera voz masculina.
-Ni idea. Pero solo le dejo a un cuervo que le termino sacando los ojos. Fue por el bastardo que ahora le tiene miedo agacharse en los baños.
Se detuvieron los dedos para volverse un puño, las venas se enmarcaban.
¡¿Qué no podían callarse y dejar su charla de viejas para después?! No le dejaban concentrarse en sus cartas. Si le quitaban las vulgaridades a su conversación ya era una reunión de solteronas chismosas. Tenía unas ganas de marcharse, rajarse, irse de una vez… Pero aún no era el momento. A pesar de comportarse como viejas sin marido, aún lo tenían en la mira. No podía hacer su jugada maestra. Necesitaba una distracción. Pensó que Nancy seria la carnada perfecta, pero fueron indiferentes totalmente. Tal vez se inclinaban por los hombres, por eso desperdiciaban un viernes en la noche para hablar de uno, mientras tomaban whisky los Tres Ositos con sus ojos hundidos y llenos de ojeras. Con razón no se comían a Ricitos de Oro en el cuento.
Que fueran peludos era quedarse corto. Debieron contarles historias de terror de las afeitadoras cuando eran niños. No era el coco, sino la espuma de afeitar su razón de mojar la cama.
Como no quería comprobar su teoría de la inclinación sexual de los tres hombres, decidió esperar, con su carta ganadora en el puño de su camisa. Bien sujeta gracias a los gemelos nuevos.
Por lo menos la música de arriba, no era tan estrepita como la de abajo. Por supuesto, cuando se refería "arriba" y "abajo", no solo se refería a la altura del edificio.
Arriba: mini bar, meseras con minifaldas, sillones blancos cómodos y mesas dispersas para dar ambiente privado. El que sea. Desde jugueteos tontos de novios hasta decisiones fundamentales del bajo mundo. Como siempre, el mejor sitio para ocultar algo del ojo público, es en medio del ojo público. Nunca se esperan que una decisión de gran calibre se libre al lado de una tercera cita de dos universitarios que pedían un coctel con un nombre más sexual que una marca de preservativos. La entrada era VIP = Very Important People.
Abajo: pista de baile, una barra, disc jockey veterano (dos meses, máximo), los rayos traviesos de colores que mareaban a los dos minutos y personas sudando al bailar y/o toquetearse. Da igual. No les veía mucha diferencia a los dos actos. La entrada era general. General = populacho.
Lo que compartían todos, sin importar la entrada, era el olor disperso del alcohol y sudor, la luz azul de neón que creaba la atmosfera perfecta para dejar atrás los problemas y la palpitación de las notas.
El aire estaba impregnado del fluido energético de todas las personas que habían estado en el local. Cuando abría la boca percibía el sabor salado de la excitación.
Se encontraba en el segundo piso, dándole la espalda al barandal que lo separaba de caer encima de los cuerpos enfocados en sintonizarse con la música y sus semejantes. Era el mejor sitio para que no le observaran ningún movimiento extravagante con la mano. Tampoco podía tentar a la suerte.
-¿Seguís? –preguntó con molestia oculta con la máscara de la indiferencia.
Ganar y largarse.
Un cuerpo femenino se inclinó a un costado de su cara.
-Ya vengo –le murmuro lo justo para que lo escuchará nada más él-. Voy al tocador a retocarme el maquillaje –se levantó de su asiento al lado del castaño. Se fue con su coqueto caminar, su natural movimiento de caderas al dar un paso delante del otro. Su chaqueta plateada le combinaba con el vestido pegado y el bolso de mano. El moderno corte le lucia en su cabello azabache.
Hasta Nancy se había hartado de tomar martinis y cocteles. La pobre debería estar aburrida. La verdad es que Mike tampoco la estaba pasando bien. Al salir de aquí, se iría con ella algún restaurant más íntimo y acorde a su clase. O a jugar billar, juzgando la cara de Nancy, no estaba muy lejos la decisión de mandarlo a la mierda.
Un silbido lo saco de sus pensamientos.
-Miren eso –alzo un poco el tono para llamar la atención-. Peter sigue haciendo de la suyas –dijo el de la barba. La chaqueta de cuero marrón relucía. Seguramente era nuevo junto con el sombrero negro-. ¿Qué mierda les da para se pongan así?
-Ni idea, pero debe ser la mierda más potente del mundo. Para que accedan a mirarlo a la puta cara nada más…-le dio un trago a su bebida- ahhh... Debe ser algo así como justicia del cielo. Lo deja la mujer por un plomero y le quitan la casa. Cinco años después le recompensan con ser dueño de tres clubs nocturnos.
-No le veo mucha recompensa. Además, la veo regular –criticó el siguiente.
-¡Oh vamos! es bonita, tú que no sabes apreciar la belleza –le quiso el del medio.
-Cierto, no todo son tetas Kyle, lo importante es lo de abajo.
Giró levemente la cabeza con curiosidad. Quería dar su juicio en el debate. Podía darse el lujo de deleitarse la pupila, aprovechando la ausencia de Nancy al excusarse de tener que ir al tocador. Siempre estaba abierto a los nuevos productos del mercado.
Sus ojos viajaron a la parte baja izquierda de la pista de baile. Al lado de la barra se veía a una atontada chica siendo guiada, toscamente, por un corpulento sujeto a una distante puerta, oculta entre unos adornos de plástico estrafalarios. Se notaba que hacia un esfuerzo por mantenerla en pie al sujetarla por la cintura.
Volvió sus ojos castaños a las cartas.
-¿Qué le pone de tener que cambiar pañales?
No es ella.
-No esta tan mal. Yo le daría.
No es ella.
-Eres asqueroso –dijo con sencillez su compañero-. Cada vez las busca más niñas. Si sigue así reemplazará las Play Boys con ecografías.
No es ella.
-Se lo buscarán las muy putas. ¿Qué esperan por pedir "dame lo más fuerte que tengas"?
No es ella.
-Mira, trajo a su amiga de la fábrica de chocolate.
Su cabeza dio un lento giro de 180 grados. Tenía que asegurase que no fuera un efecto de luces o sugestión del alcohol.
A la escena se había añadido a una enojada mulata, que desde lejos se veía que le reclamaba con furia al hombre con camisa negra que, ahora, arrastraba más que guiaba a una chica con mechas blancas. Gracias al escándalo montado por la colérica trigueña, atraían la mirada de varias personas, deteniendo al hombre de su marcha. Empezaron a intercambiar palabras sin tanto alboroto en un sitio un poco alejado de los ojos curiosos. Aún se veía el enojo en la joven. El de la prenda oscura la miraba con rabia contenida.
- ¿No es una fierecilla? –se dirigió una voz a Mike. Su mirada volvió a la mesa, el efectivo estaba cerca de sus ocupantes-. A Peter no le gustan los escándalos. Y no tiene mucha paciencia –les comentó a todos.
-Lo más probable es que la invite a su fiesta. Siempre le han encantado los retos –dijo él más cercano al de corta estatura, alzando un poco los hombros.
Se quedó mirando su juego de cartas con números rojos y negros. Sintió con gran sensibilidad la textura del naipe. Era una cartulina gastada, con algunas manchas oscuras y de bordes irregulares, pero con la resistencia necesaria para pasar de mano en mano por un par de años más.
Le dio un pequeño trago a su bebida con su mano izquierda, a estas alturas solo le volvía más somnolienta la boca, hace rato que dejo de percibirle el gusto seco y algo amargo. Lo que si recibió perfectamente fue su penetrante fuerte olor a alcohol. Era adictivo y atontaba un poco. Su mano diestra se encargaba de sujetar el abanico de cartas.
Se acordó de una vez que, cuando se juntaba con grupos bohemios en su país natal, un intelectual romántico, de esos que se la pasaban más en las nubes que haciendo algo de provecho, comentaba que el whisky era una bebida creada por las hadas, hecha para dar vida a los combatientes al acentuar sus máximas capacidades y otorgar la victoria.
¿Vida?
Je.
Sonrió de costado.
Era consciente de sus ventajas y desventajas. No tendría una imagen intimidante, pero lo recompensaba con su suave voz grave.
Y no sólo era cantando.
-Mal asunto con esas chicas –hablo lentamente, con tono vagamente interesado. Los demás empezaron a prestarle atención, era raro oírlo hablar de otra cosa que no fuera su superioridad-. Las conozco, son del concurso del teatro Moon. La fierecilla –hizo un gesto con la cabeza hacia la morena. Por el rabillo del ojo vio que señalaba con brío al grandulón de la camisa negra. De repente la agarro su muñeca el sujeto, juzgando su cara le debería de doler. Mike empezó a acariciar el borde superior de su mano de cartas con la mano izquierda-. Es hija de una vieja cerda que no ha visto un pene en años. De esas amargadas que tuvieron un pibe cada vez que les abrían las piernas, pero ahora van a la iglesia como santas vírgenes –respondió con simplicidad-. Conociéndola es capaz de montar una campaña para que prohíban las discotecas en todo el estado por saber que su hija tomo una cerveza. Y ganaría nada más para que no jodiera más –dijo con sinceridad, encogiéndose un poco los hombros-. Y… ¿Cómo se llama el tipo? ¿Peter? Díganle a Peter que su nueva conquista la acaba de terminar su novio hippie –mostro un poco sus dientes al subir su comisura derecha. Su colmillo brillo-. El chabón es un boludo con rastas que fuma más mariguana que Bob Marley en sus mejores días –dejo el jugueteo de su mano izquierda para mirar a su audiencia con diversión-. Por mí, creo que la dejo por un asuntito que empieza con "si" y termina en "da"-terminó con malicia.
-¡Mierda! –exclamo entre dientes, con rabia. Tiró su mano de cartas -. Ese… –se levantó con rapidez para irse a paso rápido. Dejando la silla a la izquierda de Mike vacía.
-Después de hablar tan mal de él sale como corriendo como si fuera su esposita.
-Desde que se casó, lo tienen agarrado de ahí abajo. Olvídalo. Que se encargue Kyle de su cuñado –respondió sin preocupación. Frunció el ceño-. ¿Y tú a dónde vas? -le preguntó al castaño con traje, que se levantaba con autosuficiencia de su asiento.
-También me retiro –mencionó corriendo su silla a la mesa-. Tengo que llevar a las damas a sus casas –su timbre estaba lleno de antipatía. Aún miraba con cierto recelo sus cartas-. ¿No les dije que eran del teatro Moon? Si se llega a filtrar esto –señalo con el rostro a los dos hombres discutiendo. La chica del abrigo azul hacia lo posible para mantener en su costado a su amiga. Se veía más aliviada-, capaz y cancelen el concurso diciendo alguna boludez de que daña a la juventud con drogas, alcohol o lo que sea que inventen, la presión del teatro –giró los ojos con fastidio-. Y como está la señorita "dame los más fuerte que tengas" lo más probable es que se desmaye a los dos pasos. No quiero perder mi dinero y ustedes su pago por una nena estúpida que vomite en un taxi, ¿no? –señalo con obviedad-. Me tendré que sacrificar como chofer de una noche y hacerles una limpiecita de cabeza para que no abran la boca –dijo recogiendo su dinero y guardándoselo con resignación al bolsillo izquierdo. Atisbo ver un poco más de cien dólares. Resopló. Nada digno de admirar. Luego sonrió con egocentrismo-. ¿Saben? Deberían agradecerles, les han salvado de terminar en la bancarrota –termino con superioridad. Se encamino enseguida a bajar las escaleras, ignorando los comentarios respectivos de su última frase.
Se movió con destreza entre los cuerpos bailando, rozándolos los menos posible, llegando junto a Meena y Ash. La de mayor altura le daba pequeñas sacudidas y palmadas para que reaccionara, siendo inútil por la expresión ausente de Ash. Sus ojos no enfocaban nada, parecían de títere barato.
-Hey –cayo en cuenta Meena de su presencia al fin palideciendo. Lo miraba con gran sorpresa, como si fuera la aparición de un fantasma-. Dejalá, no despertara hasta mañana –su voz era grave. -, y no digas nada - La mirada severa la hizo callar más que la orden-. ¿Entendido, Dumbo?
No espero la respuesta, ya la sabia. Se aproximó a los dos hombres que según entrevió oír, discutían como proceder con el par de chicas.
-Vos -dijo con brusquedad al de la oscura prenda-, Pete, yo me encargo. A mí tampoco me conviene que terminen dándole la dirección de otro boliche al taxista. Yo las llevo –declaró con un tono más alto. Cuando volvió el cuerpo a las muchachas, Meena lo miraba atentamente por escuchar lo último. No soporto la fuerte mirada llena de reclamos de Mike por mucho tiempo. Se centró enseguida en Ash y su casi estado comatoso.
Se aproximó en seguida el castaño y, en forma mecánica, agarró con firmeza la cintura a la chica con chaqueta roja, le puso su brazo sobre su cuello, evitando que le tirará el sombrero y emprendió la marcha. La morena se había apartado por lo repentino del acto y se limitó a seguir a la pareja. El estado de Ash por lo menos le permitía seguir los movimientos de su guía con dificultad. Cuando daba un paso erróneo, Mike tenía que ser el soporte de todo el peso de los dos, aunque en seguida se reponía la chica y seguía como podía el camino, muy dócilmente.
A los tarugos usaron la cabeza por primera vez, aparte de peinarse, y le mostraron una salida a parte, lejos de las miradas indiscretas. Cerraron la puerta eliminando el ruido de la música. Esa fue su despedida, sin ni siquiera una mirada de curiosidad al trio.
El frescor de la noche abierta le dio la bienvenida a la calle detrás del local. Sintió helado el aire nocturno en comparación al ambiente cerrado. Había traspirado un poco Mike sin darse cuenta. Dieron un par de pasos para encontrar su carro que estaba estacionado un par de metros lejos de la gran cola para entrar. Se estaciono un poco alejado de la muchedumbre. Ni en pedo dejaría que le rayaran el carro.
-Voy a dejarla en el asiento trasero –dijo, después de usar el control y que dieran un chasquido las puertas del automóvil-. Abre la puerta –mandó. Ya mucho había maniobrado para usar el control.
La sentó como pudo y Meena le colocó el cinturón de seguridad con dificultad, cuando se alejó. A pesar de ser nuevo el carro tenia toques antiguos, vintage, el modelo. Entre esos detalles era el cinturón, que nada más rodeaba la cintura del pasajero y no abarcaba también su pecho. Ni bien la dejaron sin ayuda de otras manos a Ash al cerrar la puerta, se recostó como a su izquierda con los ojos cerrados. Parecía una niña pequeña o, muñeca sin vida.
Dio una rápida mirada de aprobación a ver a Ash en la tierra de Morfeo acurrucada en la parte trasera y a Meena con el cinturón de seguridad abrochado a su derecha. Puso la llave en el contacto y arranco dejando que el ronroneo del motor y el ruido del aire cortante como únicos sonidos de acompañamiento.
Cuando ya llevaba cuatro cuadras recorridas, se estaciono en una avenida comercial. Se reflejaba el carro rojo en una vitrina llena de vestidos. Estaba desierta la calle.
Perfecto.
-¡¿QUÉ CARAJO ESTABAN HACIENDO AHÍ?! –rugió volteando completamente su cuerpo a la chica en el asiento del co-piloto. En todo el trayecto, no había visto el espejo retrovisor por miedo a tener el pelo lleno de canas- ¡RESPONDÉ!
-Le dije que iba a salir con ella –respondió encogida en su asiento en voz baja. Ya se había olvidado del episodio de las flores. Eso lo descoloco. Una cosa es pajearse con porno lésbico y saber que unas marimachas con más vello que él, se rompen las bocas y tienen como mandamiento tener las uñas cortas.
Y otra muy diferente era que una chiquilla que conocías recibía flores de otra chiquilla, feliz de la vida.
Como un pelotudo se puso a hablar boludeces de las flores, ante la cara resplandeciente de Dumbo, dándole apoyo, ánimo, aceptación…
Se puso más colorado de la rabia.
- ¡¿QUÉ…?!
-No grite –le dijo. Ahora lo miraba a los ojos-. Está dormida. –señalo con una mirada a la pasajera trasera-. Por favor, no grite –le repitió con su voz dulce pero determinada al regresar a verlo. Seguían sin ceder sus ojos.
Enfoco su mirada al frente y apretó con fuerza su agarre del volante.
Inhaló.
Exhaló.
La verdad de nada le servía gritar. Si seguía así le tendrían que operar de la laringe.
-Solo… Explicamé una cosa –mencionó al regresar a verla, ya con más calma, aunque con ira impregnada en su voz-. ¿Por qué vos estas bien y a ella le estoy dando un paseo con riesgo a que me vomite el carro?
El cuerpo de la chica se encogió nuevamente, con pena.
-Estaba en el baño –respondió metiendo sus manos en su suéter.
¡¿Estaba en el baño?! ¡¿Desde cuándo van las mujeres solas al baño?! ¡Si estaba en su ADN ir en manada como si no supieran mear solas! ¡Con razón no estaba en el aquelarre Dumbo! ¡No era mujer!
-¡¿Cómo se te ocurre dejarla sola?! –le riñó. Se escuchó un jadeo quedo en la parte trasera. Volvió a hablar bajando su tono-. No le ganaras ni a una hormiga en una pelea, pero con tu tamañote lo piensan dos veces –si aún sentada se llevaban un par de centímetros, lo estaba comprobando al acercase ambos a "dialogar" entre murmullos altos-. Intimidás a los demás. ¿Vos no pensaste que algo así podría pasar?
-Me dijo que no iba a beber –contestó bajando la mirada y frunciendo los labios.
A la mierda hablar bajo.
-¡¿Y LE CREÍSTE?! ¡¿es que vos sos re-conchuda oretrasada mental?! –ladró. Probablemente no entendía Meena la mitad de lo que decía con tanta palabra entre medio en español, pero su cara expresaba todo- ¡Por supuesto iba a tomar algo! ¡No tiene ni una semana sin que le llegue el mañanero aliento a alcantarilla de su boludo! -se inclinó en su asiento hacia la de ojos claros. A ver si así entendía, con su cara escupiéndole verdades-. ¡Hace nada lloraba sacando mocos en pleno escenario!
-¡Lo sé! –exclamó con voz rota, incorporándose un poco de su asiento- ¡Por eso acepte salir con ella! –Mike retrocedió un poco por su asalto. Estaba sorprendido que le respondiese, más si era con gritos- Las flores le recordaron a su ex. No quería que se quedara sola a deprimirse. No tiene amigos o familia aquí. Me…-bajaron drásticamente los decibeles-. Pareció muy triste y… -dio una sonrisa vacía-. ¿Por qué otra razón quería salir conmigo sino es porque no tiene a nadie más? –se tocó un poco un flequillo con gestos apagados- Si nos quedábamos en su apartamento estaba segura que se pondría a llorar. Pensé que en otro sitio…-arrugo sus labios-. Fui al baño para darle la excusa, no pedía nada porque me lo prometió. Así que decidí darle unos diez minutos –explicó. Sus ojos se tornearon con clemencia-. No sea duro con ella por favor.
Meena se quedó sin respirar por un segundo. Con velocidad sobrehumana el hombre lo tenía a distancia de milímetros. Nada más podía verle sus ojos castaños amenazadores. Incluso le vio los pequeños tonos más oscuras de su iris castaña alrededor de las pupilas negras.
-Yo me vine a este país como a su edad –un timbre distinto usó. No alzaba la voz, pero era íntimo y poderoso el tono-. Chapuceando el inglés, sin saber nada de historia, clima, geografía ni sistema económico. Solo una maleta con ropa y objetos sentimentales, mi saxofón y esperanza. Mucha esperanza. Y nunca, nunca termine sin conciencia en el asiento trasero de nadie. Y estaba a miles de kilómetros de mi familia y amigos. Así que no me digas que no sea duro con ella –terminó rotundamente.
Se quedaron mirando por un momento los tonos azules y marrones, diciendo todas las palabras no dichas.
Las de Mike, llenas de dureza e historias de trabajo duro. Las de Meena, llenas comprensión y de perdón.
Un sonido estridente le hizo alejarse de ella. Saliendo de esa identificación de miradas.
-¿Qué? –atendió con rabia el del sombrero. Sentía su sangre hervir.
-¡¿Dónde estás?!-le grito una voz femenina desde el teléfono.
-¡¿Nancy?! –preguntó como un idiota. Se había olvidado completamente de ella.
-¡Por supuesto que soy yo! ¡¿Esperabas otra llamada?! –reclamó con fuerza- He estado buscándote como loca y me dicen que te fuiste con un par de adolecentes borrachas. ¿Me puedes explicar cómo es eso?
-Cariño, ratoncita...yo… -no sabía que decir-. No es como suena, bueno, sí estoy con ellas, sí, pero…-se cortó la llamada. Volvió a marcar y le salió con el timbre de apagado. Se quedó viendo el celular como si fuera capaz de resolver todos sus problemas.
-Me cago en todo –resumió, su opinión del día en español. No fumaba, ya no lo hacía para cuidar sus pulmones. El saxo y su voz eran cruciales para él.
Pero si se le ofrecían cigarrillos en ese momento, estaba seguro que se acaba dos cajas en cinco minutos.
-Lo siento –una voz temblorosa lo hizo girar su atención al asiento del co-piloto-. De verdad, l-lo siento –una pequeña lagrima en su mejilla izquierda anuncio la llegada de sus semejantes mientras Meena se encogía en su asiento y ponía sus piernas en el asiento, ocultando su rostro al flexionarlas.
Estaba llorando Dumbo. La misma Dumbo que esa mañana le contó emocionada que iba a pasarla bien con una amiga. Como si fuera un gran acontecimiento. Como si nunca hubiera salido con una amiga. Y esa amiga, la que la iba a proteger, termina drogada y casi violada con ella siendo prácticamente espectadora de la situación. Y él, diciéndole groserías a pesar que debe estar cagada del miedo y planteándose vivir en un monasterio para huir del cruel mundo.
Se sintió un monstruo.
-Ya, ya. Me altere –dijo con cuidado relajando su cuerpo-. Yo nunca he tenido tetas así que no sé de qué hablo -mejor hacerse el gracioso. No tenía ni idea si a los demás hombres les pasaban igual, pero, cada vez que él les decía "no llores" a alguna mujer, era abrir un grifo de llanto. Y tenía que evitar el hipo, el hipo era la ruta del no retorno al valle de lágrimas-. Solo fue mala suerte de que un imbécil se te cruzo en tu salida.
-Mi abuelo dijo algo parecido esta mañana. –salía amortiguada su tristeza por la barrera de sus piernas-. Un imbécil que se me cruce, podía destruir mi vida sino me defiendo…
-Y lo hiciste –Meena se sobresaltó con la respuesta, saliendo de su escondite para encontrarse con un hombre con una sonrisa pequeña dirigida a ella-. Creí que ibas a arañar al tipo. O escupirle en el ojo. Creo que más bien termine ayudándolo de la fierecilla. Así te llamaban, fierecilla -lo dijo con una dosis orgullo-. Mirá, además, fuiste la madura. Cuidasté a tu cuidadora. No sos vos quien está en el asiento trasero –dio una cabezada a la susodicha. La joven a su derecha ya había bajado sus piernas del asiento y había parado el agua de sus mejillas.
Bien.
La verdad estaba siendo sincero. Reacciono bien Dumbo y no se quedó paralizada por el miedo. La pobre le quedaba bien el apodo de fierecilla. Se comportó como un animal siendo acorralado; con violencia. Era normal que ahora se le bajará la adrenalina al sentirse a salvo. No tenía la culpa de que su noche se volviera una cagada.
Y Ash tampoco.
Él mismo a los catorce años pedía "lo más fuerte que haya". No hasta hace poco dejó esa maña. Aunque se prometió mañana darle una charlita a la pelotuda que le babeaba el cuero sintético sino le iba a explotar una vena.
-Ahora, acabemos de una vez esta noche –resolvió con simpleza-. Dime dónde vivís –la chica con los ojos enrojecidos escapo de su mirada-. ¿Qué pasa?
-Mi madre está de viaje por un negocio. Y mis abuelos salieron por un aniversario de… -se llevó una mano a un mechón suyo-. La verdad no me acuerdo en este momento, pero no sé cuándo vendrán a la casa y… -hablaba con tono un poco más animado, pero…-. Mi abuelo se niega usar celular porque leyó en una revista que pueden ser radioactivos, hasta le obliga lo mismo a mi abuela, la otra vez le tiro el celular que se compró a escondidas y…-ya sabía dónde iban los tiros.
-¿Vos no tenés llave de tu casa, cierto? -su acompañante asintió con la cabeza- ¿Te ibas a quedar con ella? -señalo con una mano a Ash. Otro asentamiento de cabeza- ¿No sabes dónde vive? –ya le empezaba a doler la cabeza-. Por favor… Dime que tenés llave del teatro o conocés la casa de Rosita –es que juraba llamar a Tocino Frito así hasta en sus pensamientos sí le recataba del quilombo.
A los dos minutos empezó a llamar a su antigua casera. Nancy había guardado en su cartera las llaves de su nuevo apartamento.
-¡Vamos, vuela!
-¡Pero no puedo!
-¡Claro que sí! –insistió-. Solo debes mover tus brazos ráááááápido. Como un pato, así –dijo la niña, abanicando sus brazos como dicho animal al alzar el vuelo.
-¿Pero por qué no lo haces tú? A mí me da miedo Molly –le confesó, arrugando su carita con gesto de preocupación. Le parecía descomunal la distancia al piso desde su altura.
-¡¿Eres tonto?! Yo soy mayor y más grande que tú, ¿no? –le espetó la niña en el suelo. Colocó sus brazos en jarras con cara dura-. Y por eso, soy muy pesada para volar –concluyó con lógica-. Pero tú –lo señalo con su índice derecho-. Eres pequeño, así que mueve tus brazos más rápido y vuela.
El pequeño rubio empezó a aletear, cerrando con fuerza los ojos.
-¡Ahora salta! –le ordenó su hermana.
Y dio un salto de fe al abandonar la seguridad de la cama superior de la litera.
Dio un grito entre mezclado con miedo y emoción en su veloz viaje al suelo… cubierto de cojines y almohadas.
-¡Eres un idiota Alan! Lo hiciste mal –le recrimino al cuerpo sumergido en cojines.
-Lo siento Molly –se lamentó, la cabeza sin cuerpo aparente entre tanto almohadón-. De verdad que lo intente –dijo con infinita tristeza.
-Eres un inútil –suspiró con desagrado-. Vamos a intentar en el techo esta vez, es más fácil ahí –torció el gesto con ira dirigida a la cabeza deprimida-. No lo vayas a arruinar –amenazó.
Rosita llegaba agotada después de ensayar su rutina de baile para la Sra. Noodleman de la mano de su Jake, que había tenido que buscar temprano de su clase de karate porque se fracturo un brazo… persiguiendo una gallina. Luego de entender la coherencia de esa historia y no extrañarse mucho considerando el involucrado, lo llevo al hospital donde se la paso bien cómodo el pilluelo coqueteando con las enfermeras. Aún era gracioso y tierno… aún.
Su primera visión del hogar fue el movimiento desenfrenado del piecito de su hijo de seis años salir del ventanuco del desván. Se tambaleaba como una gelatina por intentar tocar las tejas del techo.
Después de explicarles medianamente las nociones básicas de la gravedad y de la mortalidad humana sin tratar de infundirles miedo a la muerte por la fragilidad del cuerpo, se dispuso a preguntarles qué hacían solos en la casa al terminar sus clases de arte (básicamente mezclaban todos los colores hasta convertirlos en negro y usaban macarrones para hacer collares, pero por algo se empieza). Le dijo el pequeño Alan que Jenna, la niñera adolecente que les buscaba de sus clases y se quedaba con ellos hasta que regresara Rosita, se había ido por resolver algo urgente. Era tan urgente que se fue corriendo a abrazar a un hombre en una moto con cara extraña.
Mientras tanto, Jake, con muy sus sabios y maduros nueve años, empezó a lanzarle comentarios respectivos a Molly por mojar la cama. Como la niña era muy inteligente y tolerante, se dispuso a morderle el brazo sin yeso. Termino de poner orden Rosita con un "ahora, dense un beso" de reconciliación. Se lo dieron con cara de asco y murmurando represalias el uno contra el otro.
Comenzó a llamar un reemplazo para la niñera para el lunes, cuando llegaron Emma y Carly en autobús desde el colegio; la primera veía clases, la segunda daba la tutoría. Con sus once años, Emma señalo que "el aparato ese de Tom y Jerry" debería hacer diferentes platos en el desayuno, "¿por qué no hace pie de manzana, mamá?, yo adoroo el pie de manzana mamá. Debería poder hacerlo en vez de avena y waffles para desayunar… como todos estos días". Carly aportó al tema, diciendo que parecía una invención de Rube Golderg y que era perfecto tal cual y como era "considerando que era un prototipo muy básico y que ciertamente se podría aumentar las opciones para comer". Rosita les dijo a ambas que, sí querían variar, comieran cereal, se fueran a comer a un refugio de desamparados o, que intervinieran su invención… sin hacerla explotar.
Rosita las despacho (anotando mentalmente averiguar quién rayos era ese Rube... algo. No podía quedar como una estúpida delante de su prodigio de diez primaveras. En momentos así, odiaba haber dejado la universidad por un… desliz) para que fueran a pedirle a su vecina del frente una escalera. No le gustaba para nada que el pasillo estuviera a oscuras, mientras tanto, empezó a llenar agua en una olla para la pasta y mando a los mellizos que pusieran la mesa con la vasija de plástico.
Ya había tenía mucha experiencia con los platos de porcelana y esos dos.
Apenas llegaron con la escalera, se acordó de que Jake aún le debía unas cuantas por ser el principal factor de que no tengan escalera propia. A pesar de tener un brazo indispuesto, aún podía buscar en su agenda el número del campamento de Katie y Dustin. Terminaron su labor los encargados de la mesa y se fueron a la sala (en el rango de visión de su mamá) a ver una película infantil que desean desde hace tiempo que compro Rosita de camino al hospital. Jake se fue su habitación (porque ni un hueso roto le apartaría de su último videojuego) después de encontrar el número de teléfono, usando muchas veces la frase "no lo veo mamá, ¿segura de que esta aquí? No veo nada. Debe ser que te confundiste, mamá".
A Emma no le ordeno nada a parte de ordenar su cuarto, porque se fue a hacer sus deberes con cara avinagrada al negarse a recibir ayuda de su hermanita Carly. "Pero recuerda el cuarto, si llego a ver algo desordenado, lo boto a la basura que ya llevas tres semanas con ese desastre que llamas cuarto".
Con el auricular balanceándose en su oreja y mezclando los ingredientes para la salsa, tuvo una pequeña charla con su pequeña del campamento acerca del largo y tedioso proceso legal en la que se emitían los billetes… y por qué no debería sacarles copia con la fotocopiadora de la secretaria del campamento dándole a entender que no eran válidos, sin mencionar las sanciones que causan esa falsificación al comprar dulces con ellos. De paso, le felicito por ser la segunda mejor en su grupo Scout al ganar su octava medalla.
Dustin le dijo un cariñoso "¡ay maaá´! Estoy bien. No soy un niño" como respuesta a una serie de preguntas. Y le saco Rosita la promesa de que le informara de otra confusión de Katie. "Después de todo, eres el mayor. Recuerda que tienes doce y ella apenas ocho. Tienes que cuidar a tu hermanita".
Carly, con su usual naturaleza tranquila le acompañaba en la cocina, ayudándole hacer jugo de ciruelas a pesar de su cara de asco "era bueno para la salud, mi cielo. Ya me lo agradecerán" mientras la matriarca calentaba el pan guardado. Le hablaba entusiasmadamente su hija a Rosita el cómo no le entraba en la cabeza a su pupilo la manera de calcular el índice de refracción de un prisma si, "¡solo hay que medir el ángulo de desviación mínima y el ángulo que forman las caras del prisma! ¡Es que es un inepto, un bruto!". A la mamá no se le escapo el detalle de que abandonaba toda calma dando esas tutorías a ese muchacho inepto de catorce. E incluso le dijo el "y huele horrible. Cuando me acercaba a él, me llego esa peste a muerte".
Cuando iba indagar más sobre las circunstancias del cómo conoce el aroma corporal del estudiante, Patrick llego sonriendo a la casa después de pasar el día con sus amigos. Hoy su profesor de natación cancelo la clase por una reunión donde se excusó Rosita "No se preocupe Sra. Mailer, es principalmente para los padres que no están al corriente de los progresos de sus hijos". Le pidió Rosita a su hijo recién llegado que cambiara la bombilla mientras Carly le sujetara la escalera. Torció el gesto a una mueca de fastidio total a la cual, Rosita le dijo "está bien, te vez muy cansado después de pasar todo el día con tus amigos. Haz lo que quieres, Patrick…". El muchacho no capto el sarcasmo al dar dos pasos con dirección a su cuarto.
Rosita, ni lenta ni perezosa, le soltó una serie de frases y refranes hechas para entrujar el corazón, acabando con un "Y así aprenderás que uno no puede hacer lo que le dé la gana en la vida siempre, que existen obligaciones. Y no quiero una mala cara, que te castigo en tu cuarto hasta que seas mayor de edad. ¿Me oyes, Patrick Francis Mailer?" al momento de colar los fideos.
Termino de preparar la cena y sirvió gracias al (ahora) servicial Patrick y Carly.
Se terminaron de sentar todos los miembros de la familia, después de que Rosita usara una campana de mano (comenzó como un chiste cínico pero el instrumento funciono) para reunirlos a comer. Todo coincidió con la llegada cronometrada del pilar económico proveedor de la casa.
Norman sonrió al oler el pesto, siempre le acordaba de sus cenas de la infancia, como bien sabia su esposa. Se inició la comida después de dar las gracias de la misma, costumbre que le quedo a la progenitora por sus lejanas raíces latinas que le dieron su nombre. Que si bien, no tenían religión afín, ellos les tenían que dar gracias a alguien por poder alimentar a las ocho bocas de hoy reunidas.
Además, no quedaban sus hijos como unos marranos que solo piensan en la comida.
Una reunión de sonidos de absorción, de golpes sordos al plato, de mandíbulas trabajando y dedos siendo chupados (y regañados en el Ipso Facto, aunque no entendieran que era eso, pero los detenía la cara de su madre al pronunciar la frase) acompañaron las singulares charlas, riñas, gruñidos, bufidos, unos gases (reprendidos) y risas del ágape familiar.
En fila india les mando a lavar los platos. Sin excepción. Mientras tanto, se puso al corriente del día de su esposo ya un poco más íntimo sin tanto niño alrededor. Aprovechó, para recordarle que mañana debía estar pendiente de que los niños hicieran sus deberes domésticos. Y vigilar mucho a Alan y Molly. Los demás, bueno, ya no creían que eran inmortales…
Y Jake ya tenía un yeso. Eso lo vuelve inoperativo por un tiempo.
Se instalaron todos a ver la televisión cuando terminaron de limpiar los platos. El por qué les gustaba a todos Los Simpsons era un misterio mágico para Rosita que quiso dejar en la incógnita. Lo importante es que funcionaba para que todos se quedaran viendo la pantalla.
A las 9 pm los mando todos a la cama dejando a Norman viendo su mala película clase "B" llena de pistolas y testosterona "ya hay mucho drama en el mundo. ¿Para qué voy a martillarme la cabeza con una trama de lo más complicada que no me deje dormir? Para eso veo las noticias", Rosita concordaba con él. Tampoco quería ver algo relacionado a secuestros, torturas, dramas políticos, dobles personalidades, extorciones, psicosis desenfrenada, argumentos policiacos llenos de cambios… En fin. Nada que le haga involucrase y le inmiscuya en esas realidades tan ajenas y oscuras para ella. La última película que vio era en 3D que se trataba de una mariposa que quería rescatar a su mamá de un coleccionista con marcado acento inglés. O, por lo menos eso entendió, porque salía repetidas veces al baño a acompañar a los más pequeños que aún entrenaban sus vejigas.
Se fijó la mujer que se estaba acumulando una fina capa de polvo en el comedor. No le tocaba hoy barrer, pero… "Oh, ¿eso era una hormiga o termita? Mejor mandar a fumigar por si las dudas". Lo anoto en su agenda junto con hacer las comprar que ya se estaba vaciando la nevera, llamaría mañana a los fumigadores, era algo tarde. A las 9:30 hizo su usual ronda nocturna en las habitaciones de sus hijos. Igual, aprovecho para pegarles en sus puertas post-its con sus tareas domésticas para mañana. Había mucha ropa sucia para meter a la lavadora y las telas de araña eran antiestéticas.
Podrían encargarse ellos si Norman supervisaba de que no destruyeran nada, ¿no?
A Patrick solo le regalo un tono cariñoso de "no te trasnoches leyendo mucho, cariño", al verlo enfrascado en su popular libro de aventuras de un mundo post-apocalíptico donde los humanos mutaron a seres con características de reptiles. Le dio a Jake una pastilla antiinflamatoria que le recetó el doctor para el brazo mientras el niño se quejaba de estar atascado en un nivel de su videojuego y le comentaba, que él mañana iba a ver gameplay en youtube para saber cómo continuar. Emma estaba interpretando el futuro a Carly con el tarot. Definitivamente debía saber quién rayos era ese muchacho… una chica nada más quiere saber su fortuna si le gusta alguien.
No pudo evitar notar que, del lado de Emma estaba tirado los suéteres de lana que odiaba, un libro de filosofía que le regalo su abuela y unas botas rosadas que rehusaba ponerse. Lo demás, estaba impecable.
Más tarde, luego de confiscarle todas las cosas que amaba Emma, mandó una grabación de voz a los whatsapp de los guías de Dustin y Katie. Tal vez no estuvieran prohibidos los celulares a los campistas, pero no se iban dormir sin recibir un "buenas noches, tesoro" de su mamá.
Cuando termino de leerles un cuento a Molly y Alan para dormir (en realidad, era para Molly porque, sino, mojaba la cama… Por alguna razón que escapaba a su entendimiento), el niño le entrego sonriendo un dibujo de su clase de pintura antes de despedirse "¡mira lo que hice hoy, mami!".
Y sintió un escalofrío que le estremeció todo el cuerpo.
Ahí. En su cabeza, en su cara, algo… No estaba bien.
No era normal
La sonrisa…
-¿Qué te pasa, mami? –una vocecita tierna, la hizo parpadear con extrañeza-. Pusiste una cara rara. ¿No te gusta? –le dijo con ojos llenos de preocupación al rozarla con su manita cálida en el antebrazo adulto. Se veía repentinamente tan frágil y extraña esa manita con sus deditos regordetes…
-No, no es eso cariño –le intentó tranquilizar con su voz entrecortada. Mejoró enseguida su semblante, haciendo tripas corazón. No podía permitir nunca flaquear delante de sus hijos-. Solo son cosas aburridas de adultos… -le lanzo una mirada cálida a su pequeño niño de cabellos mieles-. Alan… ¿cuándo me ibas a decir que se te cayo un diente?
El niño dio una gran carcajada bañada de alegría, al unísono de que se escuchaba un exaltante grito ahogado de molestia proveniente de la cama de su melliza.
-¡¿Viste, Molly?! ¡Te dije que se iba a dar cuenta! –le expresó, radiante-. Ahora me debes tres caramelos de calabaza –le espetó triunfante.
-¡Aww!, eres un asqueroso. ¡¿Cómo te puede gustar eso?! –su cara reflejaba toda la repugnancia que podía poner una niña de 6 años. Al instante su cara cambio a una llena de asombro-. ¡Eres adoptado! ¡Por eso te gustan esos dulces de anciano!
Más tarde, luego de arreglar el mal entendido y destruir la hipótesis de su hija de que su hijo fue encontrado en la carretera (podía ser muy elocuente al dar su punto de vista) diciendo de que eran mellizos y con eso serían adoptados los dos (recordándose que debía escabullase en la madrugada para dejar el dinero del hada de los dientes), se fui a la cocina sosteniendo el dibujo que no llego a vislumbrar, pero sostenía como autómata desde que se lo entrego el benjamín de la familia, por dos minutos de diferencia con su hermana melliza.
Con lentitud derrotista, se puso a hacer un té para ella y su esposo. Lo tomaban todas las noches para regular sus sistemas digestivos y prevenir dolor de barriga.
No podía leer el "No heredamos la tierra de nuestros antepasados. La legamos a nuestros hijos" de su taza verde cuando la sacó de la alacena. Estaba todo borroso y eran un montón de manchas irreconocibles. Tenía los ojos verdes llenos de lágrimas.
¿Qué estaba haciendo?
La ropa sucia se acumulaba, las telarañas se estaban multiplicando, el piso no estaba limpio, el desayuno se los hacia una fría máquina sin sentimientos corriendo riesgo de que les diera diabetes o un problema cardio-vascular, era simplona la cena, ya no hacia postres, faltó a la reunión de padres del club de natación, mandaba a dos de sus hijos fuera de casa y…
Sus hijos…
Jake tenía un brazo roto por no inculcarle el buen juicio, siendo algo malicioso y buscador de problemas
Ni sabía que a Carly le empezaban a llamar la atención los chicos y se notaba de lejos que tiene su primer flechazo con un muchacho nada acorde para su edad
A Emma le iban mal en los estudios, tanto que casi, repite el año
Dustin le mantenía alejada lo más posible teniendo nula confianza en ella
Katie podía volverse una futura criminal o tonta simplona que podían estafar con facilidad
Su primogénito Patrick le faltaba el respeto nada más al verla y, si le faltaba el respeto a ella… ¿Qué esperanza tenía con sus valores hacia las mujeres?
Molly era una cruel tirana con su compañero de vientre y habitación que, en teoría, era su mejor amigo para toda la vida. Sin mencionar que aún mojaba la cama y era violenta
Alan era una perfecta victima por ser tan dócil rozando la estupidez y, por eso, casi entra en estado vegetal entre los mejores escenarios y…
Apostaban si su mamá se daba cuenta si ellos estaban sufriendo un cambio…
Apostaban entre ellos si ella les prestaba atención…
Y casi pierde la apuesta…
¿Qué estaba haciendo al abandonar a sus hijos?
¿Todo para qué?
¿Para dar giros y vueltas en un vestidito de licra como adolecente en un teatro?
Tenía treinta y cuatro años, no dieciocho
Hace tiempo que se pintaba las raíces canosas…
¿Qué dirían de ella?
¿Qué dirían de ella que escucharan sus hijos?
Tenía hijos…
Cualquier crítica dirigida a ella, recaían en ellos a mayor escala…
Y estaba casada…
Ya no pasaba tiempo con Norman en las noches…
Norman podría dejarl…
Le saco de sus pensamientos el "piiiiiii" de la tetera, avisándole que estaba listo el té.
Lo sirvió en las dos usuales tazas llenas de citas celebres y subió a su lecho conyugal alastrando los pies.
Su conyugue estaba profundamente dormido boca arriba en la heredada cama matrimonial. El pobre siempre caía como un saco de plomo a la cama los viernes, después de una larga y tediosa semana laboral en la compañía de seguros. Dejo las tazas arriba de la mesa de noche grisácea junto con el pedazo de papel. Ni se acordaba que tenía eso en la mano.
Pero que idiota era ella
Con parsimonia se colocó en su lado usual de la cama, jugueteando un poco con los tubos que adornaban la cabecera. Era helado a su tacto. Las sabanas las encontró frías y la pared rojiza le trajo el recuerdo de cuando la pintaron toda la casa hace tres navidades. Toda la familia intervino, con brochas en la mano.
Molly inicio una guerra de pintura que…
Un ronquido le hizo dar un respingo, volteando a ver al causante del sonido.
El cabello rubio arenoso lo tenía del lado izquierdo todo aplastado, las nacientes ojeras le recalcaban el tono rosado un poco pálido por estar trabajando bajo luz artificial. Ya le estaba naciendo una barba de fin de semana. Siempre había sido algo velludo.
Sonrió con nostalgia Rosita. Era increíble que ese mismo individuo que estaba a su lado era la misma persona que salía a trabajar impecablemente vestido con un sombrero y corbata a juego.
Pero…
Nunca se veía así de relajado, con sus facciones mansas y agradables y no con la usual fatiga que le deformaba toda la ropa que amorosamente le planchaba.
Dormido así, volvía a ver con mayor claridad, al mismo joven entusiasta del cual se enamoró hace varios años. No se contuvo de su repentino ataque de ternura, y le dio un pequeño beso en la mejilla, raspándose un poco con el contacto. Farfullo su esposo, con los enrojecidos ojos un poco abiertos, un "mmm" y "té" para dar media vuelta y volver a cerrar los ojos.
Cierto.
El té
-Norman -le llamaba dándole afectuosas sacudidas en su brazo para despertarlo-, Norman, Norman... –su esposo seguía roncando, aunque daba ligeros movimientos en su chata nariz, reaccionando al toque cariñoso. Es que se veía tan cansado, trabajando todo el día para poder darles una vida sana, alegre… sin ningún problema económico que debería quitarles el sueño. Encargándose de pagar la hipoteca, la ropa, los cursos de los niños, la luz, la comida, el seguro médico, la gasolina, los libros, los zapatos, los regalos de navidad, los lápices, las vacaciones en la cabaña familiar y cualquier tontería que se le ocurra al colegio… Y… Y… y sin pedirle nada a cambio… solamente contando con ella para poder educar a sus hijos y convertirlos en unos hombres y mujeres de bien, siendo todos ellos ciudadanos honrados y felices contribuyendo a la sociedad al realizar sus sueños y… y ella lo que hacía era...-. N-no-norman… C-cariño, por favor… t-t-tu t-té –fue lo último que dijo coherentemente antes de romper a llorar.
Diez segundos pasaron para que sintiera su cara presionada contra un pijama de algodón. Olía al suavizante de violetas que usaba al lavar la ropa. Enterró su cara al acogedor calor que desprendía el cuerpo que cubría la tela, dejándose mecer con el suave balanceo que le otorgaban los brazos que la rodeaban y el mimoso susurro inentendible tranquilizador.
A los cinco minutos, el cuerpo de Rosita le dejaron de asaltar espasmos involuntarios. La mujer se sorbió un poco la nariz al separarse lo justo y necesario para alzar el rostro sin despegarse de los brazos que la rodeaban… encontrándose con los ojos rebosantes de cariño y preocupación de su esposo.
Norman no era mucho más alto y robusto que ella, pero tenía la capacidad de hacerla sentir rodeada de su esencia y calor como ningún otro ser humano.
-Norman… –comenzó la rubia, respondiendo a la muda pregunta-. ¿C-crees… que hago mal? –se aclaró, la garganta y la mente. Ni ella misma entendería esa pregunta sin razón-…. Es decir… ¿Soy mala madre?
-Rosita… cariño… -le enmarco su rostro con las manos. Eran cálidas y grandes. Conecto su mirada oscura con la verdosa de ella-, ¿Te volviste loca?, ¿Perdiste el juicio? –soltó incrédulo, con una mueca extraña en los labios. Una que bailaba entre la sonrisa y el pánico, esa que sacaba en las situaciones descabelladas-. Porque si lo perdiste tú, nosotros… -se estremeció el hombre-. La verdad, no quiero saber que sería de nosotros…. Eso sí, nada bonito sería, te lo aseguro –dijo, ya levantando sus labios con diversión.
-No es gracioso, Norman -la mujer dio una sonrisa amarga, aun con los ojos llorosos con toques rojizos-, hablo en serio –negaba la cabeza con suavidad. Sus cabellos estaban todos desordenados como paja revuelta.
-Y yo también –juró-. Eres la que mantiene la cordura en esta casa de locos… -dio un bufido alegre, se veía mucho más joven de golpe-. Rosita…-sus manos bajaron a los hombros de su conyugue-. Sin ti, la casa se cae. Se cae literalmente –espetó con fuerza casi destruyendo su tono acogedor-. Nos estarías condenando.
-No trabajo –su voz la deformaba la tristeza-, a diferencia tuya y…
-Rosita –la nombro con aires de reproche-, yo lidio regularmente con gente quejándose por doquier para que le aumenten el paquete de seguros, con algún idiota que quiere cobrar por auto-robarse el carro y con papeles interminables que tengo que leer sin dormirme para ponerle un sello de aprobación que, si me equivoco, me despiden sin meditarlo -su voz se volvió cortante-. Lo mío es un trabajo que detesto, pero en el que soy bueno, me dan bono navideño, el seguro para toda la familia y las vacaciones pagadas. Sin mencionar que hacer que nos mantenga a todos con cierta tranquilidad –cuando Rosita sentía el escozor de las lágrimas, el rostro de Norman se volvió otra vez apacible-. Sin embargo –alzó un poco las cejas con burla-, no duraría ni una semana a cargo de la casa. Que la casa no explote cuando estoy al mando es una clase de milagro.
-Tengo sucia la casa. Ya no la limpio tanto como antes –miró hacia un costado de la cama, huyendo de la mirada de Norman que la hacía sentir como una gran ridícula.
-Yo la veo bien, no es necesario que nos reflejemos en el piso. Y me agrada el que les pongas más tareas a los niños. Me contenta el que vayan teniendo responsabilidades para prepararlos para el día que tengan casa propia. Y no –agregó, rápidamente al ver la cara lista para contestar de su esposa-. No los estas sobre exigiendo.
-Tengo a todos los niños alejados de casa –espetó-. Les puse en actividades extracurriculares para poder tener tiempo para mí.
-Y les pusiste en toda actividad acorde a sus gustos y preferencias. ¿Crees que no te vi haciendo una lista con horarios, nombres y gustos después de preguntarles y pedir mi sugerencia? –se rasco la oreja en un ademán divertido-. Nada más faltaba su fotos y tipo de sangre. Si no te interesaran, los mandas todos de campamento sin importante su opinión. Rosita… -se encogió los hombros-, encerrados aquí, lo que hubieran hecho todo el verano era ver televisión o usar la computadora. Genial ahora para ellos ahora, malo para forjarles un futuro y para que hagan amigos que no sea a través de una pantalla.
-Jake tiene el brazo roto –dijo.
-Que novedad…. Es súper raro que le pase eso a un niño de nueve años –contraatacó con algo de sarcasmo suave, sin el objetivo de herir. Solo dar a entender su punto de vista-. Yo lo veía feliz al mostrarme las firmas de las enfermeras.
-Patrick no quiere hablar conmigo y me falta el respeto.
-Tiene trece años. A esa edad, todo es maravilloso o todo es un asco. O por lo menos así lo ven la mayoría. Al parecer, nuestro Patrick es del montón.
-A Carly le gusta un muchacho mayor que ella –se filtraba una pequeña angustia.
-¿No te gustaba un profesor a los siete años? ¿tanto que escribías su nombre en tu cuaderno con corazones?... Cómo era… -se tocaba la barbilla con gesto pensativo- ahhh, si, ¿el señor Brown? -sus ojos brillaron con picardía.
-¡Tenia ocho años! Y eso no tiene nada que ver –sintió sus mejillas arder. A veces odiaba conocer a Norman de toda la vida. Tenía sus muchas desventajas.
-Solo es un enamoramiento tonto de niños, ya se le pasara. Nos preocuparemos cuando tenga trece, ahí sí se me caerá el pelo –concluyó con la broma.
-A Emma no le va bien en los estudios –sus ojos llenos de determinación volvieron a la carga.
-Nuestra Emma es una niña orgullosa de diez años que pasa su verano en la escuela, donde su hermana pequeña da tutorías. Te aseguro que esa vergüenza no la pasa más nunca.
-Molly es una abusiva con su hermano –comentó, alzando la nariz.
-Son mellizos con una similitud física inmensa –adopto una voz más clínica-. Ella lo ve como una copia masculina suya. Piensa que podría ser mejor que ella y la podrían reemplazar, por eso desea llamar la atención siendo algo violenta. Aunque ama a su hermano como a nadie en el mundo. Por eso siempre está con él. Alan más maduro emocionalmente y le deja su espacio para que ella se sienta cómoda, sin mencionar que es su mejor amiga y modelo a seguir –dio una corta sonrisa-. Y todos esos detalles que te inquietan se pueden eliminar al hacer que interactúen más con los demás. Justamente como hiciste tú al inscribir a todos en actividades extracurriculares –bajo su tono a uno cariñoso-. Rosita… si puedo sacar un pequeñísimo análisis de la casa, es que no enfrento esa descomunal tarea... No todos los días y a tu magnitud –alabó-. Si hicieras algo mal o, algo no estuviera marchando bien en la casa créeme, yo sería el primero en ir a arrodillarme ante ti pidiendo clemencia –confesó, mirándole con amor.
Rosita no pudo evitar que se le escapara una pequeña sonrisa que, se borró en seguida.
-Hoy casi muere Alan –los dos se tensaron. Se sintió el ambiente espeso-. Casi se lanza del techo porque la bastarda de la niñera se largó a... La verdad que no me interesa que se fuera hacer esa estúpida –comentó con odio. No obtienen misericordia alguna de ella quién sea que pusiera en peligro a sus hijos-. Pude evitar que ocurriera un accidente por pura suerte, pero… -bajó los hombros afligidamente, el brillo en sus ojos delataba temor-. ¿Y si no hubiera llegado a tiempo? ¿Y mañana? ¿o el día siguiente? Esa posibilidad me… aterra –se rompió su voz. Ya sentía sus ojos picándole otra vez-. Y no quiero ser una madre ausente –proclamó, hablando rápidamente temblándole todo el cuerpo-. No quiero que dentro de veinte años miren atrás y digan "vaya, mamá la verdad es que no se ocupaba de nosotros". Yo podría… hacer pasteles, volver a lavar la ropa todos los días, ampliarles el menú, puedo reunirme otra vez con Nora y su grupo de cocina… Ellas son como yo, sin estudios y amas de casa –bajó la mirada decaída-. Creo que también hay uno de lectura y… y… puedo ir a las juntas de pa…
-Rosita. ¿Eres feliz? –le sobresalto la pregunta. Alzó el rostro hinchado por las lágrimas-. ¿Eres feliz yendo a ese concurso de canto? –agregó, deteniendo la rápida contestación de su esposa-. ¿te gusta cantar?
Sintió todo el cuerpo fatigado, pesado, adolorido y con algunas magulladuras por las caídas al practicar. Le vino a la cabeza las reprimendas de Gunter al hacer un mal paso, el como la garganta le ardía al buscar una nota específica que no lograba entonar, el sudor que le entraba a los ojos, las horas incontables que invirtió para poder programar su vida familiar, las llamadas telefónicas a clubs, el buscar en internet los cursos con mejores referencias pero que les hicieran llegar a fin de mes con comida, el montón de charlas con extraños a los que confiaba la vida de sus hijos, el que ya no dormía 8 horas completas, el que ya no estuviera al corriente del último chisme del vecindario y que no recordaba la última vez que se sentó por 5 minutos completos sin que algo surgiera desbaratando todos sus planes.
Jamás en su vida había estado tan agotada.
-Si –respondió mirándole a los ojos. Y jamás se había sentido tan completa en su vida-. Es… momentáneo. Es solo un concurso, pero, Norman –su débil voz estaba cargaba de añoranza-. Me gustaría mucho seguir cantando –bajo rápidamente la mirada con pena para volverla a subir, conectando con la de su esposo-. ¿Hago mal? –consultó.
Norman soltó una carcajada suave para luego adoptar templanza en todo su ser.
-Rosita, tu misma te defines –contestó, absoluta certeza- puedes ser una gran madre y también ir cantar, estudiar chino, aprender a hacer teteras del siglo XV y hacer la cena a tiempo… -ladeó la cabeza rubia con ligereza-. No tengo la menor idea de cómo haces parecer fácil todo lo que haces –tomó un poco de distancia de su esposa para alargar sus brazos al buscar sus tazas de té-, pero lo logras –sentenció, dándole su respectiva taza. Rosita la acepto, dando pequeños sorbos para tranquilizarse-. ¿Quieres saber que legado le das a los niños? –dijo, haciendo referencia a la taza-. Que con esfuerzo, disciplina, trabajo duro y cariño se logra todo lo que se propongan –concluyó radiante.
Rosita no lloro porque ya no le quedaban lágrimas
-En verdad que no sé qué haría sin ti –dijo, ya más recompuesta. Tragándose un hipo, declaró-. Prométeme que el día que no cumpla con la familia o, que vaya tras deseos imposibles me pondrás los pies en la Tierra –tampoco quería ir detrás de sueños irrealizables que estaban fuera de su límite. No quería volverse una tonta fantasiosa.
-Dudo que llegue el día, pero lo prometo –contestó. Doblo una ceja miel con duda- ¿Qué es eso? –preguntó dirigiendo su mirada a la mesa de noche.
La mujer sonrió de medio lado.
-Un dibujo que hizo Alan en su taller de pintura –soltó aire por la nariz-. El pobre habrá esperado todo el día para mostrármelo y ni siquiera lo he visto –murmuro con cariño.
-Es listo el niño –declaró orgulloso-. Ya sabe que su mamá no puede dedicarse totalmente a ninguno de sus hermanos en la cena, con tanto barullo –le dedicó una sonrisa pícara-. Pero en las noches, ya es diferente. Quizás tengamos a otro genio, uno totalmente ingenioso. A lo mejor es una tapadera su aparente ingenuidad –comentó el hombre, sosteniendo el dibujo para sus ojos.
-En verdad te extraño mucho –se ganó la concentrada mirada de su conyugue. Dejó la taza vacía al suelo, se sentía reconfortada y querida-. Extraño, ya sabes, pasar tiempo contigo, hablar. Siempre has sido un fantástico conversador –declaró-. Quizás podría buscar un empleo de medio tiempo para que estés más tiempo aquí. Con nosotros… conmigo.
Norman le brindo una gran sonrisa confiada que hizo que su corazón latiera más rápido. A sus ojos, lucia mucho más atractivo sin el usual cansancio de su faz.
-No tengo la menor duda de que podrías lograrlo –al momento su brazo se desplazó al regazo de su esposa, entregándole el recuadro de papel a la mano izquierda de la mujer-. ¿Quieres saber cómo tus hijos te ven ahora, para que tengas una pista de lo que opinaran en veinte años?
Su mirada esmeralda dejó de observar al semblante dulce de su conyugue, para centrarse en el objeto de su mano.
El cuadrado de papel enmarcaba con macarrones amarillentos los cabellos de una cabeza totalmente circular conectada a un cuadrado de pintura rosa que proseguía con unas tiras largas azules, parecidas a salchichas a modo de piernas.
Era el clásico dibujo maltrecho de un niño que aún se salía de las líneas y no conocía el concepto del cuello. Sus ojos se enfocaron en seguida en la frase mal compuesta bajo la figura femenina del dibujo; "LA MEJO MAME DEL MUMBO"
Rosita pensó que había agotado su suministro de lágrimas, pero estas a diferencia de las anteriores, eran cálidas.
N/A Aquí me presento…. Con pena.
El mundo ha estado girando de forma… rara. Soy consciente de que han ocurridos cambios drásticos en muchos países y la verdad me gustaría alegrarles algo el día con esta cosa mía.
Mi mundillo personal a estado particularmente algo movido. Pero cumplo con mis promesas. Y esto, lo termino o termino.
Se podría decir que empieza verdaderamente el AU No podía dejar que los acontecimientos fueran iguales que en la película. Para eso la vimos todos, ¿no?
¿Sabían que la palabra whisky proviene del gaélico uisce beata? Significa agua de vida. No hay registros históricos de su creación como tal, puras conjeturas que creen que fue alrededor del año 1100 y 1200 en los monasterios.
Pero, según las leyendas, llevaba mucho tiempo creada. Siendo "descubierta" por los druidas, cuando se la pasaban las tribus celtas en batalla tras batalla.
Esa bebida la usaban en momentos cumbres; para apaciguar las derrotas, perdidas, celebrar en alto las victorias, nacimientos, matrimonios… le va como anillo al dedo el nombre.
Y claro, a los druidas se las enseñaron hacer, los maestros de la Tierra y guardianes de sus secretos: la Gente Menuda, Buena Gente, Duendes, Hadas, Elementales... Sin importar la teoría, llama la atención que siendo la moda la fermentación en el continente para esa época, usaran la destilación en un lugar enclaustrado de todo contacto con el mundo exterior ¿inspiración divina? ¿ingenio? O ¿contacto con la Tierra? Me gustó tanto el dado que lo puse en las notas de autor. No encontré manera lógica de ponerlo en el fic sino como guiño.
Y… sí, Mike me vería como una romanticona fantasiosa. Upps.
Al curioso, la cita es del autor de El Principito; Antoine De Saint-Exupéry.
Perdonen las faltas de ortografía, que se materializan al publicar (para mi desagrado).
Gracias por todos los favs, follows y esos fantasmitas que dejan un rastro de ectoplasma.
Mil Bendiciones,
Miss Perchman
