Capítulo 01.
Sam recobró el conocimiento.
La cabeza le dolía y el mundo le daba vueltas.
¿Dónde estaba? ¿Qué había sucedido?
Trató de llevarse las manos a la cabeza pero no pudo. Escuchó un sonido metálico.
Abrió los ojos de golpe. Sintió una punzada de dolor en la cabeza pero no le importó.
No podía ver nada. Tenía los ojos cubiertos por una venda negra.
Intentó incorporarse pero no logró hacerlo. Algo sujetaba fuertemente sus muñecas y tobillos.
Se encontraba esposada. A juzgar por el sonido de antes era con unas cadenas.
El corazón le dio un vuelco. No entendía nada de lo que ocurría.
—Veo que has despertado.
Se sobresaltó al escuchar esa voz. Era profunda, varonil y sensual.
Era la primera vez que pensaba ese tipo de cosas. No pudo evitar sonrojarse.
— ¿Q-Quien eres? ¿Qué quieres?
Hubo un instante de silencio.
—Dudo mucho que quieras saberlo.
Aquello respondía ambas preguntas.
Sam sintió que la sangre se le helaba en las venas. Estaba segura que se había puesto pálida.
— ¡Suéltame!
—No puedo. Lo siento muchísimo.
La superficie en la que estaba acostada se hundió por el peso de alguien más.
Debía ser una cama. Parecía ser grande y era bastante cómoda.
Una mano le acarició la mejilla.
La chica se estremeció. Estaba fría como la nieve que adornaba las calles parisinas.
Reconoció aquel tacto. Era el desconocido de la túnica que había seguido.
—Fuiste la única que llamó mi atención. Si no te hubieras cruzado en mi camino estarías disfrutando de las fiestas— murmuró en su oído.
Sam sentía el rostro caliente. Debía estar tan roja como un camión de bomberos.
— ¿Q-Qué vas a hacerme?
El chico resopló.
Podría haber sido una risita o un suspiro. No lo sabía con certeza.
La mano que estaba en su mejilla se deslizó hasta su clavícula.
Posó la otra mano del otro lado y empezó a recorrer su delgado cuerpo.
Sam se mordió el labio inferior. Era la primera vez que sentía algo así.
Estaba aterrorizada pero lo que hacía latir su corazón a mil por hora no era solo el miedo.
Las manos se colaron traviesamente bajo su ropa.
Se percató entonces que llevaba puesto un vestido y no la ropa con la que salió del hotel.
Las caricias la hacían estremecer. Trataba con todas sus fuerzas de que ningún ruido raro saliera de su boca.
Soltó un gritito de sorpresa cuando sintió que desabrochaban su sujetador.
Unos labios se posaron sobre los suyos.
La besaron con una dulzura que la hacía cuestionar sus acciones.
Hizo amago de apartarse pero su cuerpo no la obedecía. Sus propios labios empezaron a moverse al ritmo de los del chico.
Sam siguió el beso tanto como su inexperiencia le permitía. Sus lenguas se enredaban y exploraban sus bocas.
Las manos del chico continuaron acariciándola y llegaron más debajo de su cintura.
Más abajo… más…
Soltó un grito que fue ahogado por los labios contrarios al sentir los largos dedos adentrándose en su parte más íntima.
Rompió el beso.
— ¡No! ¡Basta!
—Tranquilízate, por favor. Será peor para ti si estás tensa.
— ¿C-Cómo puedes pedirme que…?
La besaron en la comisura de los labios.
—No hagas ruido. Vas a asustar a las demás.
¿Qué quería decir con eso?
Quería saber pero no le preguntó. Era lo que menos le importaba en esos momentos.
Los dedos siguieron estimulándola.
Se sentían extraños. Era como si les hubiera aplicado alguna clase de producto previamente.
La chica le suplicaba que se detuviera pero parecía estar hablándole al aire.
Se mordió el labio inferior con tanta fuerza que terminó partiéndoselo.
Sentía asco de sí misma por reaccionar a sus toques. Ella no quería eso.
Todo lo que le hacían era sin su consentimiento.
Quería que su primera vez fuera especial. ¿Cómo fue que terminó así?
Sintió un sabor metálico y acto seguido la lengua del chico quitando la sangre de la herida.
Escuchó que se relamía.
—Me parece que ya estás lista— murmuró por lo bajo.
En un parpadeo se vio despojada del vestido y sus braguitas.
Sam abrió mucho los ojos al sentir que algo que parecía ser enorme rozaba su entrada.
— ¡NO! ¡BASTA! ¡POR FAVOR! ¡NO!
Empezó a forcejear y retorcerse con tal violencia que daba la sensación de no tener control sobre su cuerpo.
Haló de las cadenas con tanta fuerza que se hizo daño. Dejó de moverse y gimió de dolor.
El chico suspiró pesadamente.
—Por eso te pedí que te tranquilizaras. Terminarás dañándote de gravedad si continúas así.
El colchón volvió a moverse. Sam sintió el cálido y mentolado aliento del chico en su rostro.
—No me detendré, no importa lo que hagas.
Le acarició nuevamente la mejilla con dulzura y rozó su nariz con la suya.
—Te juro que no haría esto si fuera por mí. Tan solo estoy siguiendo órdenes. No cambiará nada pero me duele tanto como a ti, puedes creerme.
Volvió a besarle en los labios.
Un nudo se formó en la garganta de la chica. Era tan grueso y apretado que no podía tragarlo y no le permitía respirar bien.
Estaba costándole la vida asimilar todo lo que estaba sucediéndole.
Sintió entonces un dolor desgarrador en su parte íntima.
El grito que pegó podría haberse escuchado perfectamente en todo París.
Sus manos se posicionaron en los hombros del chico por acto reflejo. Le clavó las uñas e intentó apartarlo.
Escuchó que se quejaba por lo bajo.
—Sabía que no sería sencillo. Estás demasiado estrecha…
La chica quería mandarlo a la mierda pero las lágrimas no se lo permitían.
Rodaban por sus mejillas y se perdían en el colchón o entre sus labios.
La besaron dulcemente una vez más.
Apretó los labios y trató de sacárselo de encima con todas sus fuerzas pero era inútil.
El chico parecía una estatua de marfil. No se movía ni un milímetro por más daño que le hiciera.
Terminó dándose por vencida y se concentró en soportar el dolor.
Se abrieron paso en su interior de manera lenta y tortuosa. Sintió que algo se rompía y un líquido cálido.
Se hacía una idea de lo que podía ser pero bloqueó esos pensamientos. Su corazón ya tenía demasiado que soportar.
El chico esperó un poco a que se acostumbrada a la intromisión.
Le secó las lágrimas con las manos y volvió a besarla. Quizás pensaba que así se sentiría mejor.
Momentos después, empezó a moverse.
En un principio con delicadeza, como si se tratara de una flor de pétalos frágiles.
En una abrir y cerrar de ojos, los lentos vaivenes se transformaron en violentas embestidas.
Sam se aferró al cuello del chico por acto reflejo. Necesitaba sujetarse a algo o desfallecería.
Respiró su aroma natural y sintió la respiración agitada del chico en su cuello.
De un momento a otro, sintió un dolor punzante en el hombro. Como si le hubieran clavado algo afilado con saña.
Soltó un grito de dolor. Esto provocó que su interior se estrechara.
Su agresor gimió por lo bajo y no tardó mucho en alcanzar el orgasmo.
Dejó caer todo su peso sobre el cuerpo de ella.
La chica estaba demasiado agotada para darle importancia.
Permanecieron así unos instantes. Respiraban de forma agitada e intentaban recuperar el aliento.
Sam sintió que el chico se incorporaba. Le acarició la mejilla una última vez y se levantó de la cama.
Colocó algo suave en su espalda baja, quizás una almohada, y la cubrió con lo que suponía era una manta.
Se escucharon sus pasos alejándose y el sonido de una puerta abrirse y luego cerrarse.
Quedó complemente sola en aquel lugar desconocido.
La chica rompió a llorar. Liberó todas las emociones que antes la torturaron hasta que se quedó dormida.
. . .
Los rayos del sol le dieron en la cara.
Sam gruñó y abrió lentamente los ojos.
Lo primero que vio fue un candelabro colgando de un techo de manera. Le habían quitado la venda.
Se incorporó poco a poco hasta quedar sentada en la cama. La cabeza le latía y le dolía todo el cuerpo.
Se masajeó las sienes con las yemas de los dedos y miró a su alrededor.
Se encontraba en una habitación de estilo victoriano. Los muebles eran antiguos al igual que las decoraciones.
La cama era matrimonial y con dosel.
Miró sus muñecas. Tenía unos horribles moretones en su pálida piel.
Debía ser lo mismo con sus tobillos.
Se dio cuenta que llevaba puesto un pijama de seda color rosa. Lo acarició distraídamente.
Miró hacia la ventana que tenía enfrente. A juzgar por la posición del sol debían ser las ocho de la mañana.
En ese momento, la puerta se abrió.
Sam dirigió su mirada ahí.
Se encontró con un chico que parecía tener unos diecisiete años.
Tenía el cabello blanco y corto con las puntas negras, la tez pálida y los ojos de distinto color.
El derecho era verde y el izquierdo color ámbar.
Vestía con ropa de la época victoriana. Aparentemente le gustaba el estilo.
Los ojos azul rey de Sam se encontraron con los de él.
El chico cerró la puerta detrás de sí. Se le acercó y dejó frente a ella la bandeja que llevaba en las manos.
Tomó asiento en una esquina de la cama. La chica no le quitaba los ojos de encima.
Debía admitir que era guapísimo. Tanto que no pudo evitar sonrojarse.
El chico señaló la bandeja con la barbilla.
—Come, por favor. Te sentará bien.
Era la misma voz que por desgracia ya conocía. Ahora podía ponerle rostro a su agresor.
Estaba a punto de negarse cuando su estómago rugió. No había comido nada desde la tarde anterior.
Se suponía que disfrutarían de la cena de navidad después de visitar la torre Eiffel.
Le daba igual si la comida estaba envenenada. Lo único que le faltaba era morir para completar su cuota de desgracias.
Tomó la tostada untada con Nutella y le dio un mordisco.
Los ojos le brillaron. Estaba deliciosa.
Se la terminó en dos mordiscos y se apresuró en comerse la otra.
El chico sonrió con tristeza. Le alegraba sinceramente que tuviera apetito.
Sam se limpió la boca con una servilleta al terminar y dejó la bandeja a un lado.
—Muchas gracias— susurró.
El chico asintió con la cabeza.
Se quedaron en silencio unos instantes.
La chica lo miraba fijamente como si estuviera analizándolo. Él se limitaba a devolverle la mirada.
— ¿Cómo te llamas? — preguntó Sam.
El chico parpadeó, confundido. Parecía no poder creer que estuviera dirigiéndole la palabra.
—Lysandro— respondió él.
Ella asintió con la cabeza.
—Yo soy Samantha. No sé si lo sabías…
—No. La verdad es que no estaba enterado.
Sam rió secamente.
—Qué tonta soy. ¿Desde cuándo a los violadores les interesa conocer el nombre de sus víctimas?
Lysandro desvió la mirada y se llevó una mano a la nuca. Sus mejillas estaban levemente sonrojadas.
—Mis actos no tienen justificación alguna. Jamás me atrevería a pedirte que me perdones. Solo quiero que sepas que lo que dije antes es cierto. No quería nada de esto.
— ¿Entonces por qué lo hiciste?
—Ya te lo he dicho. Me…
—Eso me quedó claro. Lo que quiero es que me expliques qué te llevó a hacerlo— Sam lo interrumpió.
Lysandro se mordió el labio inferior. Su semblante se ensombreció.
—Dudo mucho que me tomes en serio.
—Pruébame. Me gustan los desafíos.
El chico soltó un pesado suspiro. Se acomodó de manera que pudieran quedar frente a frente y la miró.
Un mechón de sus ondulados cabellos cobrizos que llegaban hasta el final de su espalda le caía en la cara.
Alargó la mano con la intención de acomodárselo. Sam se estremeció y cerró los ojos con fuerza.
Retiró la mano de inmediato.
—Lo siento. No volveré a tocarte sin tu consentimiento, lo prometo.
Se escuchaba realmente arrepentido. Su expresión también lo demostraba.
—Con respecto a lo que dijiste… no estoy seguro de que sea una buena idea.
—Creo que me lo debes después de… todo— la chica se acomodó el mechón de cabello detrás de la oreja.
Lysandro sonrió con tristeza.
—Estás en lo correcto. Veamos… ¿por dónde comenzar?
—El principio siempre es un buen lugar— murmuró Sam.
Él asintió con la cabeza.
—De acuerdo. Por el principio entonces. Iré directamente al grano si no te importa. Hay detalles que no te conciernen y que jamás entenderías sin importar cuanto trate de explicarte. La cuestión es que soy parte de una… eh… llamémosla organización, que se dedica a experimentar.
— ¿Experimentar? — Sam parpadeó, confundida.
—Estamos tratando de crear una nueva raza. Es la primera vez que lo intentamos así que no sabemos qué va a ocurrir. Tratamos de lograrlo mezclando los genes de ambas especies y esperar que el resultado tenga lo mejor de ambos mundos.
— ¿Nueva raza? ¿Especies? ¿De qué me estás hablando? — preguntó la chica, perpleja.
Lysandro ladeó la cabeza.
—Creí que había quedado claro luego de que te mordiera. Me dejé llevar, fue un descuido por mi parte. ¿No te diste cuenta?
— ¿Darme cuenta de qué?
— ¿Puedo? — el chico alzó la mano.
Sam se mordió el labio inferior y asintió con la cabeza.
Lysandro acercó tímidamente su mano a la de ella. La tomó con delicadeza y la dirigió a su boca.
La chica reprimió un escalofrió. Su frío tacto no dejaba de sorprenderla.
Sintió un piquete de dolor en la yema del dedo.
Lysandro la apartó un poco para que pudiera apreciar la pequeña herida que le hizo con sus afilados colmillos.
Una gota de sangre se formó allí.
El chico respiró profundamente. Cerró los ojos y la retiró con su lengua.
Cuando los abrió, el corazón de Sam se detuvo unos instantes.
Estos adquirieron un brillo sobrenatural. Daba la sensación que un resplandor rojo los rodeaba.
Su presencia se volvió más imponente, más sensual…
Más salvaje.
El ambiente se tornó extraño. Como si hubiera una especie de tensión sexual no resuelta entre ellos.
La chica apartó la mano y llevó ambas a su pecho. Se echó hacia atrás como acto reflejo.
Respiraba de forma agitada. Su corazón latía con tanta fuerza que creía que se saldría de su pecho.
Lysandro sonrió de tal forma que lo hacía ver como un depredador.
Cerró los ojos y todo volvió a la normalidad cuando los abrió de nuevo.
Su sonrisa ahora transmitía tristeza.
Quizás la esbozó con ese sentimiento pero no se percató hasta ese momento.
—E-Eres… e-eres un…—la impresión no la dejaba expresarse.
Lysandro entendió lo que quería decirle y asintió con la cabeza.
—Soy un vampiro, sí.
— ¿C-Cómo es posible…?— Sam preguntó para nadie en particular.
El chico se encogió de hombros.
—Llevo muchísimo tiempo así y, si te soy sincero, a veces también me lo pregunto.
El silencio reinó por un momento.
Lysandro observó como la realización le cayó como un balde de agua fría en la cabeza a la chica.
—Entonces… todo lo que hiciste…
—No soy el tipo de persona que se divierte agrediendo inocentes aunque no lo creas. Me acosté contigo con el único propósito de dejarte embarazada.
Sam se llevó instintivamente ambas manos al vientre. ¿De verdad iba a tener un bebé?
—Claro que tendremos que esperar un tiempo a ver si dio resultado. De lo contrario…
Estaba implícito lo que sucedería. La chica tragó grueso y desvió la mirada.
—Pero dudo mucho que sea así. Me aseguré de hacerlo todo bien.
Ahora entendía el porqué del cojín en su espalda baja. Nada se escaparía de su interior en esa posición.
Volvió a hacerse el silencio. Sam reflexionó por unos instantes todo lo que le dijeron.
— ¿Qué va a pasar conmigo ahora?
Lysandro soltó un suspiro.
—Te quedarás aquí. Eres una parte fundamental del experimento y no puedo dejarte ir.
El mundo de Sam terminó de desmoronarse después de oír aquello.
—P-Pero tengo que volver con mi familia. Regresamos a Estados Unidos en unos días— balbuceó.
—Tendrás que olvidarte de ellos. Lo siento mucho. Esta es tu nueva realidad y deberás aceptarla por tu propio bien.
La rabia se apoderó de ella. Tomó lo más cercano que encontró y se lo lanzó.
Desgraciadamente fue solo una almohada.
— ¡Vete! ¡No quiero verte! ¡Fuera!
Lysandro se levantó de la cama. Tomó velozmente la bandeja antes de que la chica alcanzara algo de ahí y caminó hacia la puerta.
—Si me necesitas solo tienes que llamarme. Te escucharé aún si susurras. Tengo el oído fino…
— ¡LARGATE!
Le dirigió una mirada de tristeza antes de marcharse.
Sam se abrazó a una almohada cercana y ahogó un grito en esta.
Sus emociones y pensamientos eran un caos.
Quería creer que todo era una pesadilla. Pronto despertaría por los chillidos y zarandeos de Josh.
Buscaría consuelo en sus padres y ellos la abrazarían mientras le decían que todo estaría bien.
Desgraciadamente sabía que no estaba soñando.
Las lágrimas rodaron por sus mejillas. Empezó a golpear la almohada con todas sus fuerzas.
Después de un rato, se dejó caer en la cama y siguió llorando hasta que volvió a quedarse dormida.
Lysandro tenía razón por mucho que le doliera admitirlo.
Toda aquella locura estaba ocurriendo y no le quedaba de otra que resignarse.
¡Hola!
Aquí les traigo el primer capítulo. ¡Espero que les haya gustado! :D
Empezamos algo fuerte. Me hubiera gustado dividir este capítulo en dos para mantener un poco más la intriga pero decidí revelar de inmediato de qué irá todo.
Ahora que ya se sabe, me gustaría que me facilitaran estos datos adicionales:
Relación con el chico:
¿Cómo reaccionó ante lo ocurrido? (los OC's pasaron lo mismo que Sam con sus chicos):
Las chicas harán su debut en el próximo capítulo~
Es todo por ahora. ¡Ánimo y suerte en todo! (:
¡Adiós!
ღ LadyAbsynthe ღ
