Capítulo 02.

Pasaron tres días.

Sam empezaba a resignarse a su destino.

De alguna manera terminó convirtiéndose en el conejillo de indias de un vampiro.

El cual le arrebató su vida entera y también su libertad.

Ni siquiera le permitía salir de la habitación.

Tampoco tenía ninguna razón de peso. La habitación contaba con un baño que no podía apreciarse desde la cama.

Era enorme y del mismo estilo al que ya empezaba a acostumbrarse.

Le hubiera gustado preguntarle por qué le gustaba tanto la época victoriana pero no quería verlo.

Tan solo pensar en él la hacía estremecer.

No volvió a dirigirle la palabra, ni siquiera una mirada.

Lysandro tampoco le habló. Le dejaba la comida a un lado de la cama y se marchaba.

No se escuchaban ni sus pisadas ni su respiración.

La chica sabía que había entrado por el leve sonido que hacía la puerta al abrirse y cerrarse.

Soltó un suspiro y se incorporó para quedar sentada en la cama.

Se restregó los ojos con una mano mientras se estiraba hacia arriba para desperezarse.

Pasaba la mayor parte del tiempo durmiendo.

Cuando no estaba en brazos de Morfeo, miraba hacia el infinito y se perdía en sus pensamientos.

Estos a veces la hacían sentir miserable y no podía evitar romper a llorar.

No volvería a ver a su familia ni tampoco a sus amigos.

¿Estarían buscándola sus padres? ¿Insistirían hasta encontrarla o se resignarían y la darían por muerta?

Una imagen de su hermano llorando desconsoladamente pasó por su mente.

El corazón le dio un vuelco.

Solía protegerlo de cualquier cosa que pudiera hacerlo sentir triste.

Tenía tan solo ocho años. Era casi una obligación que tuviera una infancia feliz y libre de preocupaciones.

Ahora, irónicamente, era la que le ocasionaba el que hasta ahora sería el peor dolor de su vida.

Se mordió el labio inferior y respiró hondo. Tenía los ojos anegados en lágrimas y no quería llorar.

Era lo único que hacía últimamente.

Miró por la ventana. Estaba empezando a anochecer.

Los matices cálidos del atardecer se mezclaban con el azul del cielo.

Era un bonito paisaje. Lástima que no podía apreciarlo del todo.

En ese momento, recordó algo que mencionó Lysandro aquel fatídico día.

No grites. Vas a asustar a las demás.

¿A qué se refería?

La realización se asentó en su cabeza. Quizás no era la única en aquella situación.

¿Habría más chicas en aquel lugar?

Desgraciadamente solo tenía una forma de averiguarlo.

—Um… ¿Lysandro? — lo llamó en un susurro.

— ¿Sí?

Sam se sobresaltó. No esperaba que la escuchara ni que estuviera fuera de la habitación.

— ¿Podrías entrar? Me… me gustaría preguntarte algo…

La puerta se abrió.

Lysandro entró y cerró tras de sí.

Se giró hacia ella y sus miradas se encontraron.

La chica trató de mantenerse imperturbable pero los nervios la traicionaron.

Lysandro le sonrió con tristeza. Cruzó los brazos detrás de su espalda y se apoyó contra la puerta.

— ¿Qué puedo hacer por ti?

Sam se mordió el labio inferior. No le dolía pese a que lo tenía roto.

Desvió la mirada.

—Ese día… eh… ya sabes…—carraspeó.

— ¿Sí? — Lysandro entendió lo que quería decir.

—Bueno… me pediste que no gritara porque iba a asustar a las demás…

El chico frunció el ceño.

—Recuerdo haberlo hecho, sí.

Sam respiró profundamente. Se armó de valor y lo miró directamente a los ojos.

—Quiero que me digas si hay más chicas aquí además de mí…

No pudo evitar sonrojarse. Lysandro era tan guapo que debería ser considerado un crimen.

Un pecado, más bien.

—P-Por favor— balbuceó en voz baja.

El chico rió por lo bajo.

Se acercó lentamente a la cama y se sentó en el mismo lugar que la última vez que estuvo ahí.

—Supongo que olvidé hablarte de ello. Lo lamento.

La chica negó con la cabeza. Todavía no se atrevía a mirarlo.

—Como ya mencioné, soy parte de una especie de organización. Esto quiere decir que no voy por mi cuenta. Tengo otros colegas que también se vieron obligados a acatar órdenes.

Sam alzó la mirada con timidez. Lysandro la observaba fijamente.

—Todos tuvimos que salir esa noche en búsqueda de alguna mujer que fuera de nuestro gusto para llevar a cabo nuestro objetivo. Es lo único en lo que se nos permitió decidir.

La chica lo pensó por un momento.

—Por eso dijiste que fui la única que llamó tu atención…

Lysandro asintió con la cabeza.

—No lo entiendo. Había un montón de chicas preciosas allí. Incluso mis padres se las quedaban mirando. ¿Por qué yo? — Sam habló para sí misma.

El chico suspiró pesadamente.

—Simplemente estuviste en el momento y lugar equivocado. No pienses ni por un instante que fuiste mi primera opción. Estuve durante gran parte de la noche viendo a las personas pasar y ninguna despertó mi interés. Pero en cuanto divisé tu rostro…

Se llevó una mano a la nuca y miró hacia otro lado. Sus mejillas se sonrojaron levemente.

—Creo que no es necesario que lo explique.

La chica asintió distraídamente con la cabeza. Parecía perdida en sus pensamientos.

De haberle prestado atención del todo, se habría sonrojado.

Permanecieron en silencio unos instantes.

—Quiero conocerlas.

Lysandro alzó las cejas.

— ¿Perdón?

Sam lo miró a los ojos. Transmitían tal determinación que Lysandro tragó grueso.

—Permíteme ver a las demás chicas, por favor. Quiero que sepan que no están solas, que todas estamos en el mismo barco y ofrecerles mi apoyo.

Gateó hasta estar delante de Lysandro y tomó una de sus manos entre las suyas.

—Te lo suplico. Déjame reunirme con ellas— apoyó la frente en sus manos y se encogió en su lugar.

Lysandro se dio cuenta que la chica estaba temblando.

Probablemente acababa de darse cuenta de que estaban demasiado cerca.

Una punzada de culpabilidad le atravesó el pecho. Quizás nunca conseguiría que dejara de tenerle miedo.

Soltó un suspiro.

—Samantha…

La chica abrió mucho los ojos. Era la primera vez que lo escuchaba pronunciar su nombre.

Le dolía admitirlo pero no pudo evitar apreciar lo maravilloso que se escuchaba cuando él lo decía.

Como si fuera especial y no demasiado común.

—No hay necesidad de que hagas eso— Lysandro colocó una mano en su hombro y la instó a erguirse.

Sam obedeció. Estaba a punto de apartarse cuando el chico tomó su mano.

Se miraron fijamente a los ojos. La atmosfera entre ellos volvió a tonarse extraña.

Era distinto a la primera vez que ocurrió. Lysandro no estaba empleando su encanto vampírico en esta ocasión.

El chico tomó también su otra mano y les dio un leve apretón.

Sam se estremeció por su frío toque.

—Te diría que sí inmediatamente si solo dependiera de mí pero no es así. Tengo que hablarlo con mis colegas. Trataré de convencerlos si llegaran a oponerse. ¿Puedes conformarte con eso por el momento?

La chica asintió con la cabeza. Sus mejillas estaban algo sonrojadas.

Lysandro sonrió levemente.

—Muy bien. Te prometo que trataré el tema con ellos esta misma noche.

Lysandro acercó una de sus manos a sus labios. Cerró los ojos y le besó el dorso con ternura.

Sam se sorprendió pero no se apartó.

Simplemente se dejó hacer.

Era la primera vez que su cuerpo no reaccionaba de manera negativa ante su cercanía.

Seguramente se debía a la atmosfera tan extraña que aún reinaba entre ellos.

Sabía muy dentro de sí que no era incómoda ni de tensión.

Pero jamás lo admitiría.

. . .

— ¿Samantha? ¿Estás despierta? — Lysandro tocó suavemente la puerta.

Sam salió de su ensimismamiento. Parpadeó un par de veces y se sentó en la cama de un salto.

Debía ser de madrugada.

La luna llena se imponía en el cielo cubierto de titilantes estrellas. No había nubes que pudieran arruinar la vista.

— ¿S-Sí? — se secó velozmente una furtiva lágrima.

Rememoraba momentos vividos junto a su familia y amigos.

Echaría de menos a Iris. Era su mejor amiga desde que tenía memoria y se llevaban muy bien.

—Tengo algo que decirte, ¿puedo pasar? — preguntó Lysandro.

—Adelante.

El chico entró en la habitación y cerró la puerta tras de sí.

Sam se movió para sentarse en la orilla de la cama. Lysandro se le acercó lentamente y se detuvo a pocos pasos de ella.

—Traigo buenas noticias. Hablé con los demás y aunque se mostraron reacios en un principio, aceptaron tu proposición.

— ¿D-De verdad? — Sam no podía creerlo.

Lysandro sonrió levemente y asintió con la cabeza.

—Acaban de decirme que informaron a las chicas de lo que querías hacer y se mostraron de acuerdo. Todas se encuentran despiertas así que podemos ir ahora mismo.

La chica sonrió de oreja a oreja y se levantó de un salto.

Se puso velozmente las zapatillas que Lysandro dispuso para ella.

No se fijó que estaba demasiado cerca de la mesita de noche y tropezó con ella en cuanto dio un paso hacia delante.

Lysandro la atrapó en brazos antes de que cayera al suelo.

—Ten cuidado. Terminarás haciéndote un daño irremediable si no prestas atención— la reprendió con suavidad.

Ambos tuvieron una sensación de deja vú.

Para desgracia de Sam, no la encontró tan desagradable como esperaba.

Se apartó un poco y el chico la ayudó a incorporarse.

—Gracias— murmuró.

—No tienes por qué darlas— Lysandro le sonrió.

La luz de la luna que iluminaba su rostro lo hacía ver como el ser sobrenatural que era.

Sus facciones eran tan perfectas que parecían haber sido esculpidas en marfil por las manos del propio Dios.

Sam no pudo evitar quedárselo mirando. Su belleza la hizo caer en una especie de hipnosis.

— ¿Vamos?

La voz de Lysandro la devolvió a la realidad.

—S-Sí, claro.

Estaba tan roja que daba la sensación de que empezaría a salir humo por sus orejas.

Esperaba que su acompañante no lo hubiera notado.

Lysandro deslizó una mano en su espalda baja. Quizás para prevenir otra caída.

Sam se mordió el labio inferior pero no hizo ningún comentario.

No sería justo después de que se tomó tantas molestias por ella.

El chico abrió la puerta de la habitación y ambos salieron.

Estaba tan oscuro que no se podía ver nada. No había ninguna ventana por la que pudiera entrar la luz exterior.

— ¿Por qué no están las luces encendidas? — preguntó Sam.

—Desgraciadamente es mi culpa. Yo… olvidé que debía ir a pagar las facturas— Lysandro se escuchaba avergonzado.

La chica no pudo evitar sonreír. Se lo imaginaba sonrojado y desviando la mirada.

—Pero no te preocupes. No necesito luz para ver el camino. Debemos ir por aquí.

La empujó suavemente para animarla a avanzar.

Ambos caminaron por interminables pasillos sumergidos en la más profunda oscuridad y silencio.

Hasta que divisaron una luz a lo lejos.

Cuando se acercaron, Sam se dio cuenta que se trataba de una persona que sujetaba un candelabro.

Era un chico de cabellos rubios, tez clara y ojos color ámbar que se veían dorados debido a la luz.

A diferencia de Lysandro, vestía de forma más "normal". Informal pero con estilo.

—Buenas noches— esbozó una sonrisa que encandilaba.

Sam volvió a sonrojarse.

¿Todos eran guapos allí o qué?

—Samantha, este es Nathaniel— Lysandro los presentó cordialmente.

Nathaniel asintió con la cabeza. No podía decir que era un placer porque sería una burla a las circunstancias de Sam.

La chica hizo lo mismo.

—Entremos— Nathaniel colocó una mano en el pomo de la puerta.

Sam se percató de que estaba lastimado. Tenía un corte profundo en el dorso de la mano.

Hizo una mueca. Lucía doloroso.

Nathaniel se dio cuenta y rió entre dientes.

Abrió la puerta y entraron en la habitación. Nathaniel dejó la vela en una mesa cercana para que iluminara toda la estancia.

Sam inmediatamente se fijó en la chica que acababa de ponerse de pie.

Tenía el cabello castaño claro y la tez clara.

Era lo único que podía apreciar desde donde estaba.

Sin pensárselo dos veces, Sam se abalanzó sobre ella, literalmente.

La chica la abrazó de vuelta con fuerza. Parecía no poder creer que no era la única en aquella situación.

Sam corroboró que era bastante alta. Le sacaba más de media cabeza al menos.

Cuando se separaron, se dio cuenta que sus ojos eran almendrados y de color avellana.

Era muy bonita y tenía una buena figura. El vestido que llevaba puesto resaltaba sus curvas.

Ambas se sonrieron con timidez.

La sonrisa de la chica era preciosa y tenía un hoyuelo en la mejilla izquierda.

—Mi nombre es Monique. Es un placer— se presentó.

—Lo mismo digo. Yo soy Samantha pero me puedes decir Sam.

Estrecharon sus manos y soltaron una risita. Les hacía gracia ser tan formales cuando acababan de abrazarse.

—Tenemos que ir a conocer a otras chicas. Luego podremos hablar con tranquilidad— mencionó Monique.

—Tienes razón. Vamos.

Se tomaron de las manos y salieron de la habitación junto a Nathaniel y Lysandro.

Ambos las vieron interactuar pero no hicieron ningún comentario.

Llegaron a la siguiente habitación.

Era "custodiada" por un chico de cabellos rojos que llegaban hasta su nuca, tez clara y ojos grises.

Vestía con ropa de estilo rockero. Era el estilo que más le gustaba a Sam.

El chico sonrió de lado al verlas.

— ¿Cuál es la tuya, Lysandro? — preguntó.

Lysandro suspiró y le puso una mano en el hombro a Sam.

La chica estaba tan concentrada en el pelirrojo que no le importó.

— ¿Es en serio, colega? Se ve demasiado joven— el chico resopló con burla.

—Castiel— Lysandro lo miró con severidad.

— ¿Qué edad tienes, niñita? — Castiel se dirigió a ella.

Sam frunció el ceño. Se cruzó de brazos y le sostuvo la mirada sin responderle.

—Con que tenemos carácter, ¿eh? — el chico soltó una risita.

Su mirada se desvió hacia Monique. La miró de arriba abajo y rodó los ojos.

—Una muñeca por donde se la mire. ¿Por qué no me sorprende, delegado?

— ¿Por qué mejor no te reservas tus comentarios y abres la puerta de una vez? — Nathaniel lo fulminó con la mirada.

Castiel sonrió de lado. Abrió la puerta y se hizo a un lado para que pudieran pasar.

Se encontraron con una chica de apariencia frágil a pocos pasos de distancia.

El ondulado cabello blanco le llegaba hasta los muslos. Su tez era pálida y sus ojos eran de un color entre el rojo y el rosa.

Medía más o menos lo mismo que Sam, un metro sesenta y siete.

Era preciosa y tenía una bonita figura pero estaba muy delgada.

Sobrepasaba los límites de lo que se consideraba sano.

Ninguna prestó atención a ese detalle. Era lo que menos importaba por el momento.

Sam se le acercó y le tendió una mano.

—Mucho gusto. Me llamo Samantha pero dime Sam.

La chica sonrió con tristeza y estrechó su mano.

Tenía unas marcadas ojeras bajo sus ojos y su piel era salpicada por discretas pecas.

—Yo soy Coinín. Diría que es un placer pero nuestras circunstancias impiden que sea así.

Sam le devolvió la sonrisa y suspiró. Tenía la boca llena de verdad.

—Mi nombre es Monique. Digo lo mismo que tú.

Ambas también estrecharon manos.

— ¿Cuántas más seremos? — murmuró Coinín para nadie en particular.

— ¿Lysandro? — Sam se giró hacia él.

Las chicas se sorprendieron.

Al darse cuenta tuvieron la misma reacción, compartieron una mirada de incredulidad.

Tenían entendido que todas pasaron por lo mismo. ¿Cómo era posible que Sam pudiera dirigirle la palabra?

—Intuyo que deseas saber la respuesta a la pregunta de la señorita— dijo Lysandro.

La chica asintió con la cabeza.

—Nosotros somos siete en total, incluyéndome— señaló a sus compañeros y a sí mismo.

Sam se mordió el labio inferior.

Su cabeza comenzó a maquinar todo tipo de teorías sobre la supuesta organización de los vampiros.

Sacudió la cabeza y se concentró en lo que importaba por el momento. Luego tendría tiempo de pensar en ello.

—Gracias.

Volvió a girarse hacia las chicas y les sonrió con tristeza.

—Todavía nos queda un largo camino por recorrer— comentó.

Ambas le devolvieron el gesto.

—Deberíamos ponernos en camino, entonces— Monique asintió con la cabeza.

Coinín se mostró de acuerdo.

Monique y Sam volvieron a tomarse de las manos. Le ofrecieron a Coinín hacer lo mismo.

La chica se mostró algo reticente pero terminó aceptando luego de suspirar.

Le dio la mano a Monique y salieron de la habitación.

Sam observó por el rabillo del ojo que Nathaniel rozaba el brazo de Monique cuando pasó por su lado.

Castiel por su parte no le quitaba los ojos de encima a Coinín.

Ninguna pareció darse cuenta.

Y si lo hicieron, los ignoraron con un descaro digno de admiración.

No pudo evitar mirar a Lysandro, que también estaba mirándola.

Ella también se comportaba de la misma manera hasta hacía poco tiempo.

Se preguntó por qué cambió su actitud. Podría seguir ignorando su existencia como hacían sus compañeras.

Se lo merecía después de todo.

¿Por qué sería que no tenía ganas de hacerlo?


¡Hola! :D

Aquí les traigo el segundo capítulo. ¡Espero que les haya gustado!

Quise que todas las chicas hicieran su debut pero habría quedado demasiado largo. Prometo que en siguiente aparecerán las que faltan.

Me disculpo también por la demora. Estuve bastante enferma y me la pasé durmiendo casi todo el tiempo ;n;

Espero que tengan una bonita víspera de año nuevo. Pasenla bien al lado de sus seres queridos :D

Aprovecho para darles las gracias a todas por haberme acogido tan bien en este fandom. Han pasado solo un par de meses pero me siento aceptada y el cariño que me transmiten en sus comentarios no tiene precio.

Espero que podamos seguir juntas este 2018~

¡Ánimo y suerte en todo! ¡Que este nuevo año esté lleno de sonrisas y cosas buenas!

¡Hasta pronto!

ღ LadyAbsynthe ღ

P.D: Muchas gracias a la persona que dejó el review anónimo. Me alegra mucho que la historia te haya gustado :D trato de actualizar con regularidad y cuando no lo hago es por circunstancias que se salen de mis manos ;u;