Puchero
Se detuvo sobre el estrado en la calle principal, sus súbditos atentos escuchando su discurso. Termino con su mano sobre su corazón, un pequeño gesto que juntaba toda su pasión puesta en las palabras.
Cuando preguntó si alguien tenía una pregunta y todas las manos se alzaron un pequeño puchero apareció en sus rostro mientras dejaba descansar sus manos a sus lados… podía fácilmente imaginar porque levantaban las manos.
La princesa grumosa se acostó, lista para descansar en su saco de dormir, esperando que esta noche nada perturbara su sueño. Cerró los ojos, dulces sueños al fin llegaban para hacerle compañía, cuando aparecieron los gruñidos, gritos y ramas rompiéndose.
Se despertó con un puchero en su rostro, esta noche sería otra sin dormir gracias a las criaturas del bosque.
Gunter camino tranquilamente, el rey helado había dejado el castillo y en su lugar lo dejó con otro pingüino. El anciano a veces lograba distinguirlo de los demás pingüinos, para su suerte, hoy era la excepción.
Entro a la cocina, movió la mesa, se subió en ella y abrió la estantería llena platos y frascos. Los tomó con sus pequeñas alas, un puchero en su cara al notar que todos eran de plástico. Se bajo de la silla, dejo el plato tirado en el piso y salio en busca de algo más.
La Princesa Flama entró al comedor, acompañándola, como siempre, venía Pan de canela. Tomó su asiento y escucho a sus hermanos y primos hablar, un pequeño puchero en sus labios al escuchar los mismos comentarios de todos los días.
Guerra por un lado, alegatos por el otro… a su costado Pan de canela hizo un comentario chistoso, cambiando su puchero por una sonrisa.
Finn saltó desde la ventana del segundo piso, cayó con agilidad en el patio y comenzó su entrenamiento en el campo preparado por Jake y BMO. Cortó a los monstruos de cartón, pateó a los villanos elementales y con un buen puñetazo destruyo a las criaturas sobrenaturales.
Sólo faltaba uno más, el jefe final. Cuando de repente el puño de Jake lo golpeo por la espalda y cayó de cara contra el piso. Con un puchero y un seño fruncido le exigió a su hermano una explicación, él simplemente le dijo que como era un entrenamiento debía entrenar también para lo inesperado.
Lo pensó un momento y luego sonrío, dándole la razón a Jake y convirtiendo el entrenamiento en una lucha amistosa entre dos hermanos.
