He cumplido 24 años y aunque ya pasan aquí de las 12 horas de la noche, no podía pasar sin cumplir lo que prometí: celebrarlo con vosotros, mis nakamas-lectores, subiendo el final de este mini-fic LuNa.
Quiero dar gracias en especial a mis amigos FalknerZero, Alice1420 y Kaoru likes One Piece por sus mensajes de felicitación por mi cumple, a quienes responderé tan pronto pueda... Que sepáis que no encuentro suficientes palabras para agradeceros vuestros hermosos mensajes, que me han alegrado sinceramente el corazón, y que me alegro de haber conocido a nakamas tan geniales, tan SUPER y tan sugoi como vosotros :) (¡no estoy llorando, sólo sudo por los ojos!) y espero sigamos compartiendo y disfrutando mutuamente de nuestras historias por mucho tiempo. A vosotros en especial os dedico este último capítulo.
¡Sin más dilación, que se abra el telón!
Tres días más tarde
La pequeña isla de Danann, como tantas otras del Grand Line, tenía un clima propio y una estación predominante; en su caso era la primavera, por lo que la tierra siempre permanecía fértil y verde, llena de vida. Árboles frutales y campos en flor de bellos colores cubrían la isla en toda su extensión, que poseía montes en lugar de montañas, por lo que el territorio era completamente habitable. Sin embargo, sólo había dos pueblos en Danann, a cada extremo de la isla y conectados por una carretera principal que rodeaba el territorio por la costa. Para trasladarse rápidamente de un pueblo a otro, se utilizaban carruajes tirados por robustos asnos de pelaje negro con rayas grises. La capital (por así decirlo) era Dagda, cuya principal actividad económica era la cosecha de manzanas y, por supuesto, el turismo; por lo que no era extraño ver barcos mercaderes y de viajeros amarrados en el puerto, pero los lugareños tampoco se asustaban de los piratas siempre y cuándo éstos vinieran con intenciones pacíficas. Así pues, los Mugiwaras fueron bien recibidos en la isla cuando bajaron del Thousand Sunny. Tenían hasta la medianoche para que el Log Pose se recargase, de manera que aprovecharían su estancia en Danann para comprar víveres y explorar el territorio.
Como solían hacer en cada lugar que paraban, Nami reunió a la tripulación en torno a ella y les extendió unas pajitas en su puño.
-De acuerdo, chicos; como de costumbre, uno de nosotros se quedará a vigilar el Sunny Go mientras que los demás van al pueblo- les avisó la pelinaranja- El que saque la pajita roja será el guarda del barco.
-Ojalá no me toque a mí otra vez- se quejó Usopp, ya que la última vez había sido el encargado de vigilar y se había aburrido como una ostra al encontrarse sólo durante horas.
-Eso depende de la suerte- comentó Zoro mientras tomaba una pajita al azar, la cual era normal, por lo que el espadachín podría visitar la isla... o perderse por ella, mejor dicho.
Le siguieron Robin, Sanji, Chopper y todos los demás, sacando todos ellos pajitas doradas. Finalmente, Brook agarró la penúltima, que también era normal. Nami, que se había quedado con la última, abrió la mano y descubrió que era de color rojo en su base: esta vez le había tocado a ella quedarse en el barco.
-¡Bien, ahora que estamos todos, vamos a divertirnos!- anunció Luffy, que hacía rato se moría de ganas por abandonar la nave y explorar la zona y, por supuesto, probar la comida local.
El joven capitán estiró los brazos hacia el tejado más cercano y desapareció del barco, sin hacer caso de las advertencias de Nami de que no hiciera ninguna tontería que pudiera meterlos en problemas hasta que se recargarse el Log Pose. Los demás no tardaron en seguirle, cada uno con un objetivo concreto en Dagda: Zoro buscaría una taberna donde tomar sake, Usopp y Franky comprarían productos tecnológicos en las ferreterías del pueblo, Robin investigaría la historia y la cultura de la isla (y si lo había, buscaría algún resto arqueológico), Sanji acudiría a las tiendas y mercados con su carrito para adquirir provisiones, Chopper compraría nuevos medicamentos en las farmacias y boticas, y Brook se sentaría en la primera plaza que encontrase para compartir su música con los pueblerinos.
Y Nami, por su parte, estudiaría la geografía de Danann desde el Sunny Go, con el fin de añadir aquella isla a su mapa global, que seguía renovando según avanzaba la travesía de los Mugiwaras. Ella no se aburría tan fácilmente como les pasaba a algunos de sus nakamas cuando se quedaban a cuidar del barco, ya que la tarea de analizar y anotar los datos geográficos y climáticos de cada tierra que pisaban la mantenía ocupada y le permitía descansar del ajetreo habitual de su tripulación.
Lo primero que hizo Luffy fue subirse al edificio más alto de Dagda, que era la casa del alcalde de la isla, para tener desde allí una vista al completo del pueblo. Pero al cabo de una hora, se vio obligado, a regañadientes, a abandonar su excursión por los tejados cuando un policía local lo regañó. Recordaba que Nami le había advertido que no debía meterse en líos hasta que recargase el Log Pose, así que esperaría al día siguiente para hacer travesuras de nuevo sobre los edificios. Por fortuna tenía otro hobby con el que entretenerse durante buena parte del día: comer. Así pues, el moreno se pasó la siguiente hora en devorar toda la carne de dos tabernas distintas, gastándose casi toda su paga en ello.
Cuando el hambre volvió a apretarle, Luffy miró dentro del saquito donde guardaba los berries que Nami le había racionado, y descubrió para su alegría que le quedaba para comer un plato más de carne.
-Próxima taberna, allá voy. Shishishi- se dijo el chico mientras babeaba al pensar en una gran ración de carne bañada en salsa.
El monarca pirata puso en marcha en busca de otro local donde saciar su renovado apetito, pero no encontró nada. Las tabernas donde había estado se habían quedado sin reserva de carne por su causa, así que volver a alguna de ellas sería una pérdida de tiempo. Sin embargo, el chico poseía la mayor determinación sobre la faz de la Tierra, de modo que no desistió en su objetivo y continuó caminando por las calles. Pero como ya no podía subirse a los tejados, no tenía una manera fiable para guiarse por el pueblo (cabe mencionar que Zoro se sentiría feliz al saber que esta vez no era el único que se perdía entre el laberinto que suponían las calles y las esquinas), y después de andar en círculos por varias docenas de minutos, terminó donde había empezado su excursión: en el puerto, frente al Thousand Sunny.
-¡Me muero de hambreeeeeeeeeeee!- se quejó el muchacho sujetándose el estómago, que le rugía como un león famélico.
-¿Luffy, eres tú?- se escuchó decir a Nami, que se asomó por la baranda del barco, sorprendida de verlo de vuelta tan pronto.
-Creo que me he perdido, Nami, y tengo muchísima hambre- dijo el aludido con voz de penitencia- ¿Puedo subir al Sunny Go para comer algo?
-Está bien, pero no armes ningún escándalo.
Sonriendo de oreja a oreja, el chico subió a la nave con ayuda de su habilidad de goma y corrió hacia el almacén para devorar lo que encontrase. Cuando vació la mitad de la despensa, decidió que ya estaba satisfecho.
-¿No vas a volver al pueblo?- le preguntó Nami, dejando de anotar datos geográficos en un cuaderno para mirar al moreno.
-No, shishishi. Me quedaré un rato aquí para hacerte compañía, así no te aburrirás.
-Yo nunca me aburro mientras trabajo, Luffy. El que me preocupa que se aburra eres tú, porque cuando no sabes con qué entretenerte, siempre provocas algún alboroto.
-Esta vez no lo haré, shishishi.
Nami arqueó una ceja sin quedar convencida de las palabras del capitán, pero como aún tenía que terminar sus tareas de navegante, se resignó a dejarlo pasar y devolvió su atención al cuaderno. Luffy se mantuvo tranquilo durante los primeros veinte minutos, observando los bancos de peces que nadaban cerca del Sunny y después intentando atrapar alguno con su caña de pescar para meterlo en el acuario. Pero después de varios intentos fallidos, el joven desistió.
Al principio se contentó con subir una y otra vez a los mástiles para ver los barcos y delfines que se oteaban por el horizonte, pero pronto también se cansó de ello y decidió liberar su hiperactividad con la única víctima que tenía cerca... Con sigilo se acercó a Nami por la espalda y la asaltó con unas suaves cosquillas en los costados.
-¡Ah, jijijiji! ESTATE QUIETO, DIJISTE QUE TE PORTARÍAS BIEN- rugió la pelinaranja en cuanto se recuperó de las incontenibles carcajadas.
Luffy se apartó de un salto mientras esbozaba una mueca traviesa, aquello le estaba divierto mucho y no pensaba parar a menos que Nami lo atrapara. Estiró sus brazos hacia ella y volvió a atacarla.
-¡JIJIJIJII! ¡Basta ya, Luffy, te lo advierto!
Y así continuó el juego de asalto y retroceso por parte del Rey Pirata, hasta que en un momento que se sobrepasó con las cosquillas, hizo que Nami garabateara sin querer sobre sus apuntes.
-MUY BIEN, SE ACABÓ. AHORA SÍ QUE TE LA GANASTE, IDIOTA.
-UAAAAH, LO SIENTO, NAMI.
La furiosa chica se lanzó a la carrera sobre Luffy con el puño preparado y gritándole improperios y juramentos de palizas, pero el moreno no perdió tiempo en huir y así comenzó un improvisado juego de pilla-pilla entre el capitán y la navegante por toda la cubierta. Luffy se asustó ante la insistencia de su compañera por atraparlo, ya que era consciente de que si lo hacía, ella lo golpearía por un largo rato después de haberle estropeado una parte de su trabajo (que a saber cuánto tiempo le llevaría repetirlo). En un momento dado, la pelinaranja había acortado bastante distancia y tenía a Luffy a sólo un cuerpo de distancia, pero cuando se disponía a saltar para darle un buen coscorrón en la nuca, uno de sus tacones se rompió y la chica se precipitó hacia delante. Luffy presintió entonces que algo no iba bien y se detuvo en seco, lo que permitió que Nami aterrizase sobre su espalda, librándose así ella de una caída de narices contra el suelo. En su lugar, fue Luffy el que se dio de bruces, quedando su cara aplastada contra las tablas de la cubierta.
-Aau, menudo traspié más feo- comentó Nami volviéndose hacia su zapato arruinado- ¡Oh, maldita sea, estos tacones me costaron un ojo de la cara y eso que conseguí un descuento del 80%!
-Mamefem rufmmafr mufmr- contestó Luffy aún estampado contra el suelo.
-¿Qué has dicho?
-Que al menos no te has hecho daño, shishishi- repitió el chico después de levantar el mentón, mostrando un diente partido y un hilillo de sangre que descendía de su nariz aplastada.
-Sí, tienes razón pero...- la expresión serena de la pelinaranja cambió en un segundo a una de ira asesina- ¿Y LA CULPA DE TODO ÉSTO QUIÉN LA TIENE, EEH?
PAAAF CLONK PAF CATAPLUM
-AAAAUCH, AAUCH, AAAYY. PERDONAAAAA- suplicó el temido monarca (ahora tumbado boca arriba) casi prácticamente derrotado por su foribunda navegante, que le repartía puñetazos y pellizcos mientras permanecía sentada a horcajadas sobre él.
Aún permanecieron en aquella postura cuando Nami se dio por satisfecha de castigarlo, pero continuó regañándolo mientras le apuntaba al pecho con el dedo y mostraba una dentadura de tiburón.
-¿SABES CUÁNTO TIEMPO ME VA A COSTAR VOLVER A CALCULAR LOS ÚLTIMOS DATOS QUE ME ARRUINASTE?- le espetaba la navegante, que decidió levantarse sin dejar de reñirlo- ERES UN IRRESPONSABLE, UN INFANTIL Y UN...
Pero Nami no se acordó de su tacón roto y se tambaleó hacia un lado, sin posibilidad de recuperar el equilibrio, precipitándose contra la baranda del barco.
-¡Uuaaah!
-¡Nami, cuidado!
Luffy agarró a su compañera a tiempo rodeando su cintura con los brazos y la atrajo hacia sí, quedando ella sentada de espaldas a él.
-¿Estás bien, Nami?
-Sí... Gracias, Luffy.
La pelinaranja se giró hacia él, y para su sorpresa le regaló una sonrisa de costado.
-Puede que la mayoría de las veces seas un crío, pero siempre se rescatas en el momento oportuno.
-Eres mi nakama, Nami, es mi deber protegerte de que no te suceda nada malo, shishishi.
Con estas palabras el moreno abrazó a la navegante, que parpadeó varias veces al recibir aquel gesto tan genuino como tierno de su capitán, pero igualmente lo correspondió gustosa. Luffy disfrutó del abrazo por unos minutos, pero la cosa cambió cuando fue consciente de que la pelinaranja se había aposentado encima de su entrepierna, y para empeorar más la situación, la joven de vez en cuando se movía unos centímetros de vez en cuando acomodarse mejor, lo suficiente como para hacerle una presión que le hizo recordar aquella tarde de pasión en el baño.
Oh no...¡mierda!, maldijo con un tic en el ojo al sentir que cierto apéndice suyo se empezaba a despertar después de tres días sin haberle dado mayores problemas.
-¡No no no no... ahora no!-exclamó aterrado; y acto seguido deshizo el abrazo con brusquedad y con el cabello erizado.
-¡¿Eh, qué ocurre?!- quiso saber la aludida entre perpleja y confundida.
Pero ya era demasiado tarde; antes de que la pelinaranja pensara siquiera en obedecer a Luffy, notó que la erección se le clavaba en la nalga como una piedra.
¡Oh, por Oda! ¡¿Y ahora qué hago?!, pensó quedándose petrificada y ruborizada hasta las orejas, pero no se atrevió a moverse del lugar.
Ninguno de los dos piratas se movió ni un centímetro, sólo se escuchaba su respiración agitada y algún trago de saliva. La entrepierna del Rey Pirata estaba cada vez más endurecida, reclamando la cercanía de la navegante y provocando en su dueño una dolorosa agonía que no sabía cómo calmar; por su parte, Nami sintió que aquel roce ya le era familiar, y acordándose también de lo que había compartido con su capitán en el aseo tres días antes, su vergüenza poco a poco se fue transformando en algo más intenso, que la incitaba a permanecer sobre él. El contacto pasó de ser una incomodidad a un discreto disfrute, pero Luffy no se atrevió a mover un dedo por miedo a asustar a su compañera.
Entonces ella supo que tendría que dar el primer paso; deseaba continuar con lo que habían comenzado en la sesión anterior, y sobretodo descubrir hasta dónde podría llegar esta vez... después de todo, estaban solos. Llena de determinación, Nami se volvió hacia el rostro de Luffy y le tomó la mejilla con una mano para acercarlo.
-Nami...yo...- balbuceó el moreno al darse cuenta de lo que ella pretendía hacer.
-Yo estoy decidida, Luffy, pero si tú no te sientes preparado, nos detendremos ahora mismo.
El aludido frunció el ceño mientras ahogaba un gruñido. Después de haber pasado tres días en la más absoluta normalidad, tener sexo era lo último que esperaba que pasaría esa tarde. Las palabras de prevención de Chopper lo hicieron dudar, pero aquellos labios que ahora tenía a menos de un suspiro de los suyos, y el dolor en su miembro, que sólo se relajaba cuando la navegante se movía sobre él...
Sentenció su respuesta arrojándose ansioso a la boca de Nami.
Después de una sesión de besos húmedos, Nami le sugirió a Luffy que fueran a la cama de ella, donde estarían más cómodos. El monarca cargó a su amada en brazos hasta la estancia, donde entre besos y jadeos se despojaron de la parte de arriba de sus respectivas ropas. Ya liberada de su sostén, Nami se tumbó boca arriba en su cama y con un dedo ordenó a su compañero que se acercase; éste no perdió un segundo y cubrió a la navegante con su poderoso cuerpo antes de asaltarle el cuello con sus labios y su lengua; siguió por su clavícula, volvió a su boca, y después se dirigió hacia sus erectos pezones, donde Luffy se tomó su tiempo para degustarlos.
-Ooooh, Luffy... Me encanta- gimió la pelinaranja al tiempo que enredaba el cabello de su amado entre los dedos.
El moreno continuó con sus atenciones unos minutos más hasta que observó que Nami se movía debajo de él con intención de despojarse de sus shorts.
-¿Puedo hacerlo yo?- murmuró deteniéndola, aunque esperó a que ella asintiera para dedicarse a su nueva labor.
Con la mayor delicadeza, Luffy desabrochó los botones del pantalón y con suaves tirones despojó la parte inferior del cuerpo de la mujer de las últimas ropas (panties incluidas). Cuando se habían acariciado en el baño, el joven apenas se había detenido a fijarse en aquella zona, y ahora que lo hacía, su miembro volvía a endurecerse con fuerza. Intentó olvidar la tortura catando con la besos y lamidas el vientre de Nami mientras que deslizaba una mano bajo ella y le aferraba las nalgas, haciéndola gemir. La pelinaranja se sentía flotando en una nube ante tanto deleite, sintiéndose no sólo deseada sino también, por primera vez en su vida, también amada. Su capitán estaba cumpliendo su palabra y estaba siendo lo más delicado posible, explorándola con una paciencia nunca antes vista en él.
-Nami- dijo de repente Luffy deteniendo sus caricias, a lo que la chica irguió la cabeza para verlo a los ojos- ¿Puedo... puedo tocarte ahí abajo?
-Claro que puedes, Luffy. Quiero que lo hagas.
Animado con esas palabras, sin dejar de mirar a los ojos de su compañera, y descendió su mano para luego, lentamente, empezar a acariciar con la yema de los dedos el sexo femenino. Sabiendo entonces que ella disfrutaba con su tacto, se atrevió a introducir sus dedos en la entrada de la muchacha, que gimió esta vez más fuerte.
-¡Ooooooh, Lufffyyyyy!
-¿Lo hago bien, Nami? ¿No te hago daño?
-¡Lo haces genial, sigue! ¡Aaaahh!
Ya más calmado, Luffy se abandonó a su tarea, deleitándose con los gemidos de su compañera. Le llenaba de dicha escucharla así, saber que disfrutaba, y eso también lo excitaba a él. La navegante se dejaba llevar por el placer que la recorría de arriba abajo. Todas las preocupaciones y miedos se habían desvanecido con cada tacto de su capitán, sólo existían ellos dos y la habitación que habitaban. No quería que aquello terminase, no aún.
En un momento dado tocó un diminuto bulto bajo su pulgar, pero ante de que pudiera preguntarle a Nami qué era aquéllo, la pelinaranja soltó un alarido de puro placer.
-OOOOH, SÍ, TÓCAME AHÍ, LUFFY. NO PARES.
El chico obedeció gustoso y concentró sus atenciones en el clítoris de la pelinaranja, sin dejar de mover sus dedos dentro de ella. La joven se revolvía y estrujaba las sábanas en sus mano, inundaba por una oleada de placer sin precedentes. Su expresión y sus jadeos incitaron a Luffy a acercarse a su rostro para besarla, no recordaba haberla visto tan hermosa. Le acarició la mejilla y Nami lo abrazó, mientras una discreta lágrima de felicidad se escurría por el pómulo de la chica hasta desaparecer en el lecho que compartían.
Pronto Luffy quiso intentar algo, pensando que aquellas caricias ya no eran suficientes. Además, su instinto le ordenaba catar el sabor de su navegante... y no sólo el de su piel o el de sus labios, y así simplemente lo hizo como era natural en él. Se separó de la boca de la pelinaranja y volvió a acercarse a su pubis, colocándose esta vez entre sus piernas. Nami ahogó un suspiro de sorpresa al entener lo que pretendía, pero confiaba en Luffy y además ella quería saber cómo se sentía; echó la cabeza hacia atrás y esperó las nuevas caricias de su compañero. Él recorrió sus muslos con tiernos besos antes de devorarla con la boca. Primero fue despacio, utilizando únicamente la lengua con suaves lamidas superficiales.
-Nami, ¿te gusta ésto?- le preguntó resollando a la navegante, deseando seguir cuanto antes, pero la aludida no contestó- ¿Nami, estás bien?
Pero al escuchar los jadeos placenteros de su amada como única respuesta, supo cuál era su respuesta e incrementó la intensidad de sus atenciones, dejándose llevar por el nuevo apetito que lo estaba dominando. La encontró deliciosa y suave, por lo que no tardó en atreverse un poco más y la rozó con los dientes; fue delicado con ella, pues su instinto, aunque estaba atacado por el deseo, le marcaba cuál era el límite en la profundidad de sus caricias. Luffy estaba sumido en un mar de gozo viril que no le permitía pensar en otra cosa que no fuera la miel femenina que le embriagaba los labios y la mente.
En un momento dado volvió a penetrarla con los dedos, llegando esta vez al límite de su anatomía. Fue entonces cuando Nami abandonó el control sobre sus pensamientos y sólo se dejó llevar, pasando de vez en cuando sus dedos por el cabello del capitán, incitándolo a continuar. Cuando éste decidió concentrarse en el clítoris, que atrapó entre su lengua y sus labios, la pelinaranja perdió el juicio por completo y enterró la nuca en la almohada.
-OOOOOOOHH, LUFFY, NI SE TE OCURRA PARAR.
El aludido no tenía intención de hacerlo e intensificó sus lamidas en el punto de placer, mientras que deslizaba la mano que tenía libre hacia el pezón de Nami y lo apretaba entre los dedos. Nami chillaba, casi aullaba de puro placer. El fuego que se revolvía en el interior de su vientre crecía por momentos, haciéndola agonizar de deleite, hasta se consumió en medio de un alarido de júbilo carnal. El éxtasis femenino se licuó en sus entrañas, provocándole un delicioso escalofrío que la recorrió desde la punto de los pies hasta el último rincón de su cerebro. Los jugos calientes de la mujer se mezclaron con la saliva de Luffy, quien como si siempre lo hubiera hecho, recogió hasta el último rastro como si fuera el más exquisito manjar.
-Nami- murmuró él con voz ronca mientras se levantaba sobre sus brazos con un hilo de saliva descendiendo por su mentón para ver el rostro de la navegante- ¿Nami?
La chica tenía la mirada perdida hacia el techo, respirando agitadamente y con el cabello esparcido a su alrededor. Sintiéndose preocupado porque no le respondía, Luffy gateó hasta ella y le palmeó la mejilla.
-¡Oi, Nami! ¡¿Te encuentras bien?!- exclamó el moreno con los ojos desorbitados mientras la palmeaba más fuerte- ¡Nami, despierta!
-QUE ESTOY BIEN, IDIOTA. DEJA DE ABOFETEARME-le contestó la aludida mirándolo con unos colmillos de tiburón.
-Menos mal, shishishishi. Me asusté un poco porque no decías nada- dijo Luffy aliviado y esbozando una sonrisa.
-¿Y qué iba a decir, tonto?- le comentó Nami con una tierna mirada para después apoyar la frente en el pecho del capitán- Me hiciste sentir tan jodidamente bien que no podía hablar.
-Me alegro de que te haya gustado éso, shishishi- respondió él risueño, abrazándola por la espalda- Aunque mi entrepierna aún está hinchada.
-Pues claro, Luffy, porque ahora me toca a mí darte placer- la navegante levantó la vista para regalarle al moreno una intensa mirada felina.
Deshaciendo el abrazo, la chica presionó su mano en la clavícula del monarca.
-Túmbate de espaldas- le dijo ella.
-¿Para qué?
-Tú hazlo.
Entre nervios y curiosidad, el muchacho obedeció y permitió que la navegante se sentase sobre él. Desde aquella perspectiva era arrebatadora, por lo que su miembro presionó con más fuerza en sus pantalones, haciendo gruñir a Luffy, que apretó las caderas de Nami para pegarla más a él. Aquel gesto excitó a la pelinaranja, sintiéndose deseada y poderosa, y desvió su atención hacia la entrepierna del moreno. Acarició con una tortuosa suavidad el bulto de la erección antes de desabrochar la cremallera y despojarlo de vez de sus últimas prendas. No pudo evitar ruborizarse, no sólo porque era la primera vez que veía a un hombre completamente desnudo, sino que también descubrió que su capitán estaba bien dotado (por no hablar de que seguramente podía estirarse gracias a la Gomu Gomu no mi). Un hondo suspiro de impresión se le escapó de la garganta, cosa que a Luffy no le pasó por alto.
-¿Pasa algo, Nami? Si te preocupa algo será mejor que paremos.
-No, Luffy. Sólo me he sorprendido al verte así, nunca había visto a un chico desnudo.
El aludido esbozó en respuesta aquella sonrisa abierta tan propia de él, derritiendo el corazón de Nami y acallando cualquier duda, si es que aún le quedaba alguna. Antes de que él pudiera decir nada, la joven cubrió su caliente y dura masculinidad con la mano, para empezar una sesión de caricias que descendían y ascendían por toda su extensión.
-¡Aaah, Nami! Me gusta...- logró apenas articular el monarca entre jadeos, atrapado en el deleite que otorgaban los movimientos de la navegante; al principio fueron lentos y un poco torpes, pero con esas palabras de su pareja, ella ganó confianza y aumentó el ritmo de sus dedos.
Con la otra mano acarició los pómulos del capitán, siguiendo por su pecho, con más suavidad por su cicatriz, y luego hacia sus pectorales. Terminó alcanzando el límite del vientre, donde comenzaban las marcadas líneas de la pelvis y finalmente, la capa de vello rizado que rodeaba su hombría. Sintiéndose atrevida (casi pervertida incluso), Nami moldeó con dedos firmes y cuidadosos los testículos de su compañero, que la correspondió aferrándola deliciosamente de los muslos mientras emitía un sonido más propio de una fiera que de un humano. Aquéllo tomó por sorpresa a la navegante, la cual volvió a mirar a su capitán; con aquellos roncos gruñidos que salían de su garganta, su ceño fruncido, sus dientes apretados y sus ojos oscurecidos como los de una bestia a punto de saltar, Luffy parecía un lobo acorralado; y Nami había dejado de ser una juguetona gatita para convertirse en la tigresa que lo acechaba... y estaba hambrienta por saborear de su presa.
Ya más motivada, la muchacha bajó la cabeza hacia el miembro de Luffy. Éste no dijo nada al respecto, pues suponía que Nami iba a hacerle algo parecido a lo que él le había hecho antes y esperó a su siguiente movimiento, confiando en ella como siempre había hecho. Nami probó primero por lamer tímidamente el extremo de su extensión, rodeándolo poco a poco sin dejar de acariciar el resto con la mano. El monarca pirata dejó escapar profundos suspiros de placer mientras experimentaba aquellas nuevas sensaciones tan abrumadoras, y acarició el cabello de la pelinaranja para darle a entender que le gustaba lo que le hacía, y que quería más. Ella comprendió la señal y envolvió la carne viril con sus labios, dando lugar a una sesión de húmedas caricias de labios y lengua por parte de la mujer, que al igual que había hecho previamente con sus manos, comenzó succionando despacio hasta que tomó más confianza en sí misma para intensificar sus movimientos.
Luffy gruñó, siseó, y resolló el nombre de su compañera, masculló frases sin sentido sobre lo bien que se sentía aquéllo, y gritó en alguna ocasión exclamó una declaración de cuánto la amaba; todo ésto excitó más a la navegante y habría continuado hasta que Luffy llegase al culmen de su éxtasis, de no ser porque él la detuvo de repente para estrecharla entre sus brazos.
-¿Luffy?- preguntó confundida contra su pecho.
-Gracias, Nami, me estás haciendo muy feliz- le susurró el moreno estrechándola aún más contra él, con un tono tan suave y enternecedor que casi hizo llorar a Nami.
-Lo mismo digo, capitán. Te amo.
La chica rodeó la espalda del Rey Pirata y ambos se abrazaron con fuerza, sintiéndose como en una nube ante tanta dicha que estaban experimentando juntos. Entonces Nami comprendió que estaban preparados para el siguiente paso.
-Quiero que me tomes ahora, capitán.
Luffy parpadeó con fuerza al oír éso, tragando saliva al entender a lo que la chica se refería.
-¿Quieres que te penetre?
La pregunta tomó por sorpresa la pelinaranja, y lo habría golpeado por decir algo tan descarado de no ser por lo sumamente abrumada que se encontraba.
-Sí, hazme tuya, Luffy. Por favor.
Al poco, entre besos y tiernas caricias, Luffy hizo que Nami se acostase de nuevo sobre el colchón, colocándose sobre ella. Apoyado sobre sus codos, clavó sus ojos en los de ella, mirándola con un sincero amor que no necesitaba expresarse con palabras. La joven lo correspondió con un último beso antes de abrir las piernas, dándole total permiso para adentrarse en su interior. Con un cuidado que Nami nunca descubrió en él, Luffy acercó sus caderas hacia las de la chica sin dejar de observarla en ningún instante. Ella se estremeció un poco al notar la punta del miembro candente, pero se mantuvo firme; no tenía intención de echarse atrás y confiaba en su capitán más que nada en el mundo. Por su parte, éste respiró hondo al sentir una ligera descarga de gozo ante el contacto con la húmeda entrada femenina, y llevado por esta sensación, se atrevió con el mayor control posible a adentrarse un poco en ella. Nami gimió al tenerlo en su interior, y ésto animó a Luffy a moverse otro poco más.
De repente, la navegante sintió un pequeño pellizco y se abrazó instintivamente a su pareja, apretando la mandíbula. Éste abrió los ojos al máximo al comprender el gesto y se detuvo al momento.
-¡¿Nami, te acabo de lastimar?!- le preguntó horrorizado; al no recibir respuesta y escucharla respirar agitada, se temió lo peor y la estrechó contra él todo lo que pudo- Nami, lo-lo siento mucho... Dime algo, por favor...
-Tranquilo, Luffy, no me has hecho daño- le susurró al oído sin dejar de abrazarlo.
-¿Estás segura?- el aludido escrutó su rostro con suma seriedad, en busca de alguna señal de molestia- Si te duele nos detendremos ahora mismo.
Pero a Nami no le había dolido en absoluto, no tanto como se había temido al menos; como mucho, había notado una especie de escozor después de que Luffy se abriese paso en su interior, pero no fue nada preocupante. Ahora apenas sentía molestia, sólo una sensación extraña y apretada alrededor del núcleo de sus entrañas. Con estas palabras en mente, miró directamente a los ojos del Rey Pirata, con tanta seriedad como él.
-Te prometí que sería sincera contigo si me sentía incómoda con ésto, y te repito que no me has lastimado. Estoy bien, de verdad.
Luffy entendió que la navegante no mentía, pues confiaba en su palabra, y sintió que le había quitado un gran peso de encima. Se concentró entonces de nuevo en la unión que mantenían sus cuerpos, sintiendo una oleada descargas eléctricas que sacudieron sus instintos masculinos. Deseaba seguir experimentando ese sentimiento...
-¿Quieres continuar?- le preguntó a Nami; bajo ningún concepto volvería a inundarse en ella sin tener de nuevo su permiso.
-Por supuesto- le respondió gustosa, ya aliviada de toda molestia y sintiendo los primeros síntomas de deleite sexual a través de su conexión.
La humedad de las entrañas de la pelinaranja permitió que ambos amantes se adaptasen pronto al cuerpo del otro, de manera que Luffy reculó sus caderas y la volvió a penetrar con la misma suavidad. Ella gimió otra vez, más alto que antes, pues ya nada se interponía en su unión, haciendo que el placer fuese lo único que reinaba en sus carnes.
Se siguieron una serie de empujones cada vez más intensos, y los sonidos de excitación llenaron la habitación con murmullos que se convirtieron en gritos y sencillas pero sinceras declaraciones amorosas. El placer se incrementó cuando Luffy decidió también abordar los pechos de Nami turnándose con las manos y con la boca, provocándola hasta hacerla chillar varias veces su nombre. Él no se quedó atrás, y después de alargar el brazo para hacerse con su sombrero, se lo colocó a a la joven, susurrándole al oído una frase que la hizo derretirse en el alma:
-Eres mi reina, Nami.
La chica le atrapó la boca con un profundo beso, mientras que le rodeó la cintura con las piernas para acercarlo más a ella. Luffy sintió que alcanzaba el punto álgido del interior de la mujer y a partir de entonces abandonó cualquier tipo de control y se abandonó del todo al placer, embistiéndola con fuerza al tiempo que la agarraba de las nalgas y apoyaba su frente en la de su compañera. Ésta, perdida en una nube de puro éxtasis, no pudo hacer otra cosa que dejarse llevar. Pudo sentir la fuerza física del Rey Pirata mientras empujaba contra sus caderas, pero no sufrió por ello; al contrario, recibió su poder con mucho gusto, que la hacía reclamar el nombre de su dueño con alaridos.
Sintiendo que estaba llegando a la cumbre de su placer, Nami buscó la mano de su compañero para entrelazarla con la suya. Él lo hizo con una discreta sonrisa y la penetró más rápidamente. La cama se movía hacia adelante y hacia atrás, soportando a duras penas la batalla de los amantes piratas.
-OOOOOOHHHH, LUFFYYYYYYYY- exclamó la navegante cuando alcanzó el éxtasis, notando que una vez más el cálido líquido de sus entrañas se desbordaba por sus muslos.
-OOH... OH... AAH... NAMIIII- dijo el moreno con un suspiro entrecortado, que no tardó en seguirla.
Luffy experimentó por primera vez el orgasmo. Por un segundo se sintió extraño, pero el placer que le provocó el liberar su descarga dentro de de la mujer que amaba, cubrió todo lo demás. Sintiendo que toda su energía se había consumido, el joven se derrumbó sobre Nami jadeando con la lengua de fuera.
-Increíble... Te quiero, Luffy- comentó la pelinaranja resollando agotada, con el flequillo mojado por el sudor que cubría su frente y su rostro, el cual seguía enrojecido por la reciente pasión.
Luffy farfulló algo incomprensible y enterró la cara en la clavícula de su pareja, igual de empapado en sudor. Luego se hizo con una manta cercana y los tapó ambos; pronto unos ronquidos apagados se hicieron escuchar contra la piel de Nami, que acarició el pelo de su capitán para luego besarle la cabeza; no necesitaba que le respondiera, con el cuidado y la devoción que le había demostrado durante aquel hermoso encuentro (que sería el primero de muchos a lo largo de sus próximos viajes), era más que suficiente. Y así, derrotada ella también por el agotamiento, se rindió al sueño sumida en un abrazo con el hombre que más quería en la faz de la Tierra.
Cuando Nami se despertó ya caía la noche, por lo que dedujo que los demás Mugiwaras no tardarían en regresar al Sunny Go. Tenía que sacar a Luffy de allí sino quería que se armara otro escándalo como el de tres días antes.
-¡Luffy, despierta, ya anocheció!- avisó la joven al moreno, que sólo le contestó con un gemido adormilado- ¡Despierta, idiota, tienes que vestirte y salir afuera antes de que venga Robin!
Luffy abrió un poco los ojos, pero no parecía percatarse de la gravedad del asunto.
-¿Y qué, Nami, zzzzz? Yo estoy, zzzzzzz, muy a gusto aquí, zzzzzz, y tengo mucho sueño todavía, zzzzzz. Déjame dormir otro poquito, zzzzzzzz...- contestó entre ronquidos con un hilo de baba cayendo por su mentón, para acto seguido darle la espalda a Nami y seguir durmiendo.
-QUE TE LEVANTES, IDIOTA- espetó la pelinaranja zarandeándolo con desesperación- ¿ES QUE QUIERES QUE ROBIN NOS DESCU...?
De repente se escuchó que el manillar de la puerta se movía; ante lo cual Nami recogió a la velocidad de luz la ropa que estaba desperdigada a los pies de la cama, y se puso a toda prisa el top morado que había usado aquel día. A duras penas llegó a ocultar a Luffy debajo del cobertor cuando Robin entró en la habitación.
-¡Oh, hola, Robin! ¿Qué tal te lo has pasado en la isla?- la saludó la navegante intentando mostrarse tranquila, aunque aún se le apreciaban un par de gotitas de sudor en la sien.
-Encontré unos yacimientos antiguos interesantes sobre el pueblo de Dagda y su historia de producción de manzanas, y después me topé con Zoro en mitad de un camino que llevaba al otro extremo de la isla, así que aprovechamos para ir a beber algo de sake juntos.
-¿De nuevo tu novio se perdió en un camino recto?
-Dijo que todo fue por culpa de un comerciante que le dio una dirección equivocada hacia una taberna y que terminó saliéndose del pueblo, fufufufu.
Nami se habría reído con su amiga de no ser porque tuvo que darle un golpe a Luffy por encima de las mantas, cuando éste emitió un ronquido.
-Estoy un poco resfriada, por eso me metido en la cama para descansar un poco, jejejeje- se excusó la navegante, a pesar de que Robin no había preguntado nada al respecto.
"Como se te ocurra volver a roncar, ya puedes despedirte de tus pelotas", amenazó a Luffy en silencio mientras lo miraba de soslayo.
-Entiendo, fufufu. Entonces te dejaré seguir reposando- respondió la arqueóloga dispuesta a marcharse, pero antes de abandonar el cuarto, se giró hacia Nami con una sonrisa divertida- Por cierto, dile a Luffy que si quiere quedarse a dormir aquí, me quedaré esta noche en el turno de guardia.
Y la puerta se cerró.
...
-¿CÓMO C**** LO HAS SABIDO?- rugió Nami hacia la entrada con unos colmillos afilados y sonrojada hasta las orejas- COMO NOS HAYAS ESPIADO TE VOY A...
La chica no pudo acabar su amenaza al ser rodeada por el elástico brazo de Luffy, que la atrajo hacia él y la abrazó contra su pecho, mirándola con ojos traviesos.
-Así que me puedo quedar a dormir, shishishi.
-¡¿Estabas despierto?!
Por supuesto que lo estaba, Nami le había golpeado tan fuerte cuando roncó que le quitó todo el sueño.
-Después de cenar, tendremos tiempo para hacerlo más veces toda la noche, ¿no?- dijo con una sonrisa de oreja a oreja.
-¿Vas a aguantar tanto sexo sin pararte a comer?- le preguntó Nami arqueando una ceja, pues ya se imaginaba a su compañero interrumpiendo otra sesión sexual para ir a por carne.
-Podré hacerlo si me das la clave de la nevera, shishishi- contestó él colocándose su sombrero de paja, con la actitud propia de un pirata pícaro y terco como se precie.
-Eres un descarado y un egoísta, ¿lo sabías?
-Shishishishishi.
Sin embargo, a pesar de que comportamiento atolondrado de su capitán afloraba de nuevo, la navegante no podía negar que pasar una noche entera con él le parecía una oportunidad maravillosa para coronar aquel increíble día. Así que, decidiéndose a dejar pasar por esta vez los caprichos de Luffy, le pellizcó la mejilla con aire juguetón mientras le regalaba una sonrisa.
-Pero no podrías ser el Rey Pirata sino eres el más caradura de los mares.
-Y tú no podrías ser la Reina sin ser la más tacaña, shishishi.
Nami hundió el rostro en su pecho al escuchar de nuevo aquella declaración de que Luffy ya la consideraba su pareja oficial en el trono pirata. Se sintió la mujer más afortunada del mundo.
-Te amo, idiota.
-Y yo a ti, Na...
CRUNCH
Luffy no pudo terminar de hablar y se retorció de dolor cuando la mano de Nami le atrapó los testículos con una mirada malvada.
-UAAAAAAAHHHH.
-Pero no paso que me llames tacaña.
-NAMI, MIS KINTAMAS NOOOOOO. LO SIENTOOOOOOO.
Y así concluía el nuevo episodio en la alocada historia de amor de la Pareja Real de los Piratas, cuyas aventuras como pareja aún sólo acababan de comenzar.
