La rapidez de esta actualización me sorprende hasta a mi.

Todo lo que podáis reconocer es de JK Rowling y mía sólo es la trama.

Quiero agradecer infinitamente todos los favs, los follows y los reviews, sé que de momento, con dos capítulos, la historia en sí no es que prometa mucho o sea muy reveladora, creo que revelo mucho en este capítulo, ya me diréis qué os parece.

"No me cansaré de decirte lo mucho que me gusta lo que has hecho aquí y lo feliz que me hace recibir este regalo. Me gusta la manera como detallas las cosas y el toque de cada uno en relación con su forma de ser... Muero por leer lo que sigue!" Quiero que sepas Gizz, que te buscaré, te encontraré y cuando lo haga te daré el morreo más grande que nadie te haya dado en toda la puta vida.

Sí, en el caso en el que os lo preguntéis la finalidad de este fic es únicamente complacer el fangirleo de Gizz, cosa que de momento estoy consiguiendo por lo que veo, y como tiene muy buen gusto creo que también os complacerá a vosotras.

Pero un mago nunca rebela sus secretos.


Arcano Menor: Seis de oros.

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Capítulo I: Seis de oros derecho.

Significa el presente, así como un aviso de prudencia.

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Inhala profundamente y suelta el aire con un suspiro placentero.

Está cerca.

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Cuando Malfoy se despierta los rayos del sol aún no entran por su ventana. Se levanta lentamente, como si despertara de un largo y profundo letargo. Deja que sus pies descalzos entren en contacto con el suelo desnudo, la verdad es que hace mucho tiempo que dejó de sentir el frío.

Se desplaza sigiloso, dando pasos cortos pero firmes, no se molesta en encender luces, conoce perfectamente cada rincón, cada curva, cada cicatriz de su mansión. También conoce cada alma que vaga entre sus paredes.

No todo lo que habita en su casa son almas, algunos son espectros. Y ahora, reflejado en el espejo lo que ve es a un monstruo.

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A sus 27 años es uno de los mejores Cazadores que hay en Gran Bretaña. Reconoce que no es a lo que siempre quiso dedicarse, pero a día de hoy no le avergüenza admitir que le encanta. Quizás porque ahora es un hombre adulto, un hombre diferente de aquel niño que seguía con admiración a su padre, diferente a aquel preadolescente que consideraba inferior a toda criatura que no fuera sangre pura, ahora es muy diferente de aquel adolescente cobarde que estaba demasiado asustado para si quiera tratar de sobrevivir.

Aún se acuerda de la profunda cara de decepción que puso su padre cuando le comunicó que se había apuntado a la Academia de Cazadores ¿Qué hacía un mago sangre pura, miembro de una impecable casta de magos y brujas, y que siempre se había sentido superior a cualquier vida existente, aprendiendo cómo proteger a esos seres que no había considerado más que alimañas?

Draco había decidido hacerse Cazador por dos razones que no tenía problema en admitir en voz alta, la primera era que después de la guerra, después de la muerte, del dolor y de las torturas, no se había sentido capaz de hacer nada relacionado con seres humanos, no se había visto capaz de vivir a la altura de los sueños que había tenido antes de la guerra. Y la segunda razón era que, por primera vez en la vida, Draco Malfoy, después de meditarlo mucho, de haber viajado mucho, de haber leído demasiado, y de haber aprendido por fin a vivir, había querido hacer algo significativo para otros seres.

Así que, sin dudarlo mucho, entró a la Academia de Cazadores. Se graduó a los veinticinco años, en cuatro años aprendió a identificar a todas las criaturas mágicas habidas y por haber, aprendió sus necesidades, sus miedos, sus ataques, cómo encontrarlas, y sobretodo aprendió cómo protegerlas.

Sabía que su punto de vista no era muy compartido entre sus colegas, como por ejemplo Crawl, quien veía a las criaturas mágicas como simples objetos que capturar, mutilar y matar. Y no puede culparlo, porque en su ignorancia él pensaba igual, y quizás es por eso que Hermione Granger se ha arriesgado a seguirlo y está ahí esa noche, con sus desafiantes orbes almendradas, con su rebelde pelo castaño y con su molesta actitud de hacer siempre lo correcto.

Gryffindor tenía que ser.

La verdad es que no se siente para nada interesado en lo que ella le está proponiendo, pero él más que nadie debería saber que en las sombras acechan los monstruos.

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— Draco Malfoy…. Nunca pensé que serías tú muchacho quien me metería tras las rejas de Azkaban —El señor Jenkins se apoya contra las rejas y deja que sus brazos cuelguen despreocupados entre los barrotes—. Reconozco que estoy muy, muy, sorprendido.

— Me alegra que no esté enfadado conmigo señor Jenkins, la verdad es que temía que si lo encarcelaba nuestra amistad llegara a su final. Pero me alegro de que no sea así —le contesta Draco sin molestarse si quiera a mirarlo.

— Já —se ríe el prisionero sin ninguna pizca de humor—. Echaré de menos nuestro juego del gato y el ratón, ha sido divertido burlarte durante estos últimos siete meses. Pero la verdad, muchacho, me das lástima ¿Quién va a estar a la altura de este juego?

Draco sigue ignorándolo, desea acabar rápido, siempre le ha parecido que Jenkins se daba más aires de los que merecía.

— No lo sé, pero no se preocupe, a alguien encontraré —le contesta ausentemente mientras se pone la chaqueta listo para marcharse.

— O alguien te encontrará a ti —el rubio detiene sus movimientos y sus manos quedan suspendidas en el aire.

— ¿Debo añadir amenazas a la lista de delitos por el que lo acuso, señor Jenkins? —Le pregunta intentando contener su ira mientras lo fulmina con la mirada.

— No es ninguna amenaza, muchacho —le dice el hombre en un tono serio y acercándose más a las rejas—. Es una advertencia, Cazador. Harías bien en escuchar mis palabras, podrían salvarte.

— ¿Y qué interés tendrías tú en salvarme? Te he jodido el negocio, voy a meterte en Azkaban, y voy a asegurarme que no salgas jamás ¿Y aun así quieres ayudarme? Perdona que ponga tus palabras en duda.

El heredero de los Malfoy se dio media vuelta dispuesto a largarse ya de ahí y dejar a la entrometida de Granger en la puerta de su casa.

— Se dice que hay criaturas peligrosas de las que el Cazador nos guarda. Se rumorea que el propio Cazador es una bestia. Y hay susurros cada vez más altos de que el Cazador pronto se convertirá en una presa.

Malfoy se queda paralizado con la mano en el picaporte y contiene la respiración.

— ¿De qué hablas? —Le pregunta girando levemente la cabeza e intentando que sus facciones no revelen el miedo que lo está comiendo por dentro.

— Ya sabes de qué te hablo —le contestó lamiéndose los labios—. Debes de haber oído los rumores, ha llegado una criatura… Una criatura de tierras lejanas, sin nombre, sin cara, que insaciable busca al Cazador.

Se mueve rápido como el viento, y en una exhalación está delante del hombre cautivo.

— ¿Cómo va a buscarme una criatura que no existe? —Sólo los barrotes lo separan del encarcelado, su voz un amenazante susurro que reta a cualquier amenaza a venir a por él.

— Porque es un Cazador, como tú, y no parará hasta que haya atrapado a su presa —le contesta el traficante sin mostrar temor alguno—. Ya debes de haberlo notado, hay otra criatura, como tú, surgida de las sombras y de la oscuridad en esta ciudad. Debes de haber notado unos ojos que te vigilan, que te acechan… Está cerca Cazador, y más te vale por el bien de todos atraparla.

Draco inesperadamente lo coge del cuello y lo alza unos centímetros del suelo.

— Ninguna criatura inmunda como tú me da órdenes.

Lo suelta con un gruñido enfadado y cae pesadamente al suelo.

— ¡Voldemort nunca debió dejar que los monstruos como ti vierais la luz!

Son esas las palabras que lo acompañan al salir por la puerta, que como una maldición le alcanzan y que durante unos segundos revelan su verdadera forma.

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— Malfoy, ¿Tengo algo en la cara o qué?

Acaba de descubrir que Hermione Granger tiene bastante mal genio cuando está privada de sueño. O quizás es simplemente que él le cae mal, o que durante las dos horas que llevan encerrados en el despacho de ésta él a penas a despagado la vista de ella, y tampoco es que haya ayudado mucho a hacer el informe.

— No —contesta tranquilamente a su pregunta.

— ¿Entonces por qué me miras? —Le pregunta ella.

Malfoy no puede evitar soltar una risita ante lo cual la castaña parece desesperase aún más y las mejillas se le enrojecen debido a la rabia contenida. Se recuesta en la silla y ladea la cabeza. Con la mano intenta tapar disimuladamente la sonrisa que aún curva sus labios, le parece bastante gracioso ver a Granger así, despeinada, como si su cabello fuera a cobrar vida en cualquier momento y a moverse por propia voluntad, sus mejillas sonrojadas, los ojos brillantes mirándolo como si pudiera matarlo y disfrutarlo sin después tener remordimiento alguno, y su jersey mal puesto revelando la camiseta de tirantes que había debajo.

— Yo no lo encuentro divertido —dice ella frunciendo aún más el ceño.

— Eso es porque no tienes humor —le dice cerrando los ojos y reacomodándose en su asiento.

— Te lanzo una idea innovadora, risillas —Hermione se inclina levemente encima del escritorio revelándole más piel de la que conscientemente le quiere enseñar—. ¿Por qué no me ayudas a acabar este informe y así ambos podemos largarnos a casa a dormir?

Su excompañera vuelva a erguirse en su sitio y agacha la mirada para seguir escribiendo.

— ¿Por qué no utilizas una vuela pluma?

— ¿¡Qué!? —Alza la cabeza como un resorte y lo mira como si de repente le hubiera salido otra cabeza.

— Que por qué no utilizas vuela pluma. Todos los fiscales con los que he trabajado las utilizan.

Hermione suspira, niega lentamente con la cabeza como dándolo por imposible y vuelve a centrarse en el informe.

— Son demasiado caprichosas en mi opinión —contesta ella para su sorpresa—. Lo he intentado con diferentes modelos pero al final me he dado por vencida. Son demasiado caprichosas para mi opinión. Además, prefiero escribir las cosas por mí misma, así me aseguro que todo al final esté correcto.

Draco vuelve a ahogar una risa al ver que la castaña, sin querer, se ha rascado la nariz y se la ha manchado de tinta.

— Bueno, sólo queda tu parte por rellenar —le dice ella con una sonrisa de suficiencia adornando sus labios y tendiéndole el informe con cuidado para que lo lea—. Puedes leerlo si quieres y me dices qué te parece, y después puedes rellenar lo que te toca a ti y…

Draco se sacó una pluma del bolsillo interior de su chaqueta y empezó a escribir.

— ¿No vas a revisar lo que he escrito? —Le pregunta sorprendida Granger.

— No —contesta llanamente él concentrado en su cometido.

— ¿Y si hay algo mal? —Sigue insistiendo la castaña.

Draco alza la mirada y la clava en la de Hermione.

— ¿Es que hay algo que esté mal?

— Tsk. Por supuesto que no —dice ella con el pecho henchido de vanidad bien justificada.

— Entonces no entiendo por qué insistes tanto en que lo lea.

Vuelve a concentrarse en rellenar los campos que faltan y escucha a su compañera soltar un bufido rindiéndose ante el asunto. Durante unos minutos el silencio llenó la habitación, que sólo era acompañado por la pluma rasgando el pergamino y por el ausente tamborilleo de los dedos de Hermione contra la madera del escritorio.

— Al menos podrías decirme qué estás escribiendo —le habla moviéndose incómoda en su asiento e intentando leer algo de lo que el rubio escribe a toda velocidad.

— He reducido la lista de posibles criaturas a cuatro, una veela, un mago, un elfo doméstico y un o una sirena, ya que son las únicas criaturas mágicas capaces de hacer lo que se describe en los informes —Hermione abre la boca en una o impresionada y asiente conforme—. Estoy escribiendo que dada la falta de información no se pueden rellanar la mayoría de los campos requeridos, que se rellenarán mediante la investigación avance, y que el procedimiento de investigación por el momento consistirá en reinterrogar a las víctimas, en ir a los escenarios del crimen, y en pasar al trabajo de campo, visitar lugares similares a los que ha frecuentado anteriormente e intentar recolectar algo más de información.

El rubio acaba de escribir y pasa las páginas hasta llegar a la última. Sin pensárselo mucho, con un par de movimientos, firma al lado de dónde lo ha hecho Hermione, ordena los papeles y se los tiende a ella. Hermione los coge, los lee tres veces minuciosamente, los pone en una carpeta con un asentimiento de conformidad y lo pone todo en una carpeta que manda volando al despacho de su jefe.

— Muy bien, creo que hemos acabado por hoy —dice ella con una sonrisa de oreja a oreja—. Por cierto, ¿Dónde empezaremos a buscarla?

— Perdona, ¿Qué? —Cree que no la ha oído bien y se detiene a medio camino de entre su silla y la puerta.

— Sí, ya sabes, a la criatura, porque bueno, a los interrogatorios voy a tener que acompañarte sí o sí, y la verdad es que con las fotos ya puedo hacerme una idea de dónde encontró a sus víctimas, así que me preguntaba por qué bar o discoteca de Londres vamos a empezar a buscar. Con tan poca información no podemos arriesgarnos a empezar a tachar lugares y….

— Granger —la interrumpe, él intenta parecer calmado y ella lo mira mientras se pone la chaqueta.

— ¿Si? —Lo invita a continuar ella mientras se arregla la capucha.

— Me parece que tienes la idea equivocada de que voy a permitir que me acompañes las veinticuatro horas del día.

— Las veinticuatro horas no —le dice ella arreglándose la bufanda—. Sólo las que dediquemos a la investigación.

— Que se te meta en la cabeza que no pienso llevarte conmigo cuando salga a cazar a esa criatura, es demasiado peligroso. No sabemos a lo que nos enfrentamos y tú no has recibido una instrucción adecuada para saber defenderte en caso de peligro.

— Lamento discrepar, Malfoy, pero pareces olvidar que luché en una guerra y que fui entrenada en hechizos defensivos por Harry, Ojo Loco Moody y Remus Lupin —le dice altaneramente ella dirigiéndose hacia la puerta y sin pararse a observar si lo sigue o no.

— Te recuerdo, Granger, que ninguno de los antes mencionados era un Cazador, es muy diferente enfrentarse a un Troll que a un Mortífago —Draco entra en el ascensor después de ella, so pone de pie a su lado y la mira por el rabillo del ojo—. No voy a permitir que me sigas a todos lados como un perrito faldero.

Hermione suelta un bufido enfadado y alza la cabeza para mirarlo a los ojos.

— ¡No pienso seguirte como si fueras mi amo! —Chilla indignada—. Eres mi compañero, y por tanto mi deber es estar donde tú estés para cubrirte las espaldas en caso de que pase algo.

— Esto no funciona así y lo sabes, Granger. Eres fiscal, no deberías inmiscuirte más allá de lo que te pertoca. Buscar a la criatura en las calles es cosa mía no tuya.

El ascensor se detiene bruscamente y Malfoy es el primero en salir. Se detiene delante de la puerta impidiéndole el paso a su compañera y la obliga a alzar la cabeza para que lo mire a los ojos. Va a abrir la boca para seguir con su sermón de por qué no lo puede acompañar pero la castaña es más rápida que él.

— Si tan en contra estás de esa idea deberías haber leído el informe —El rubio frunce el ceño sin entender y ella continua sin darle tiempo a replicar—. En el informe he puesto que te ayudaría en todo lo que fuera necesario, y ya que las investigaciones deben ser lo más confidencial posibles me he ofrecido voluntaria para ser tu acompañante y ayudarte en todo lo que necesites, y si hasta fuera necesario ser el cebo para atrapar a la criatura.

El hombre boquea sin saber qué decir un par de veces y la exleona aprovecha esa oportunidad para sortearlo y seguir por su camino hasta las chimeneas de la entrada.

— No puedes hacer eso —le dice cogiéndola del codo y acercándola a su cuerpo—. No estoy de acuerdo —le dice su aliento rozando su piel.

— Pues haberlo pensado antes de firmar el contrato, Malfoy —le dice ella con una sonrisa de oreja a oreja—. ¿No te enseñaron que siempre se ha de leer lo que se firma?

Él trata de decir algo, lo que sea, pero sabe que la mujer acaba de ganar esa discusión, así que suelta un bufido molesto, la suelta y camina airado hacía la chimenea más cercana.

— ¡Hasta mañana Malfoy! ¿¡Quieres que quedemos mañana a las 12 para comer y decidimos a qué víctima interrogamos primero!?

Él se limita a ignorarla y desaparece entre cálidas llamas verdes.