Todo lo reconocible es de JK Rowling, mías son sólo la trama y los OC que os vais a encontrar en el capítulo.
Feliz cumpleaños retrasadísimo Gizz, espero que pasaras un día genial y que aunque esto llegue tarde te guste.
Que os guste.
Siento la demora pero sinceramente no he tenido fuerzas para ponerme a escribir hasta hoy, aunque ya tenía el capítulo a medias desde diciembre. Soy horrible, lo sé, pero el mundo así me ha hecho.
Gracias por leer :)
Cualquier duda, tomatazo o lo que sea podéis dejarlo en review.
Arcano Menor: As de espadas.
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Capítulo II: As de espadas derecho.
Significa los extremos buenos o malos de una situación. Avisa que sea enérgico y voluntarioso. Acecha un peligro.
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Hoy va a salir. Desea tanto verlo…
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Hermione acaba de leer el informe del caso Feather por enésima vez y cierra el expediente. Cansada de llevar muchas horas sentada mueve los hombros y el cuello. Se muerde el labio nerviosa y mira la hoja en la que ha ido apuntando las cosas que más le han llamado la atención del caso.
Veinticinco víctimas en total.
Veintiuna mujeres y cuatro hombres.
Es horrible. Siente la bilis subirle por la garganta. Se siente enferma, quiere vomitar, chillar, golpearle a alguien por lo horrible de la situación. Pero lo peor no son esas veinticinco personas violadas, no, lo horrible, lo escalofriante de esa situación es que podrian haber más víctimas.
Podrían haber más, muchas más.
— Granger ¿Vamos a comer?
Ella pega un bote asustada y se lleva la mano al pecho. Su corazón late desbocado, sus mejillas se tiñen levemente de rojo al darse cuenta que es Malfoy quien le ha hablado, des del marco de la puerta, que ha abierto sin avisar ni anunciarse. Carraspea intentando recomponerse y se alisa las solapas de la americana.
— Sí, claro, vamos.
Se levanta y se fija en que Malfoy parece evitar mirarla a los ojos. Quizás sigue molesto por la jugarreta de ayer, pero es su deber como fiscal de criaturas mágicas asegurarse que sea lo que sea lo que está haciendo esto, por mucha maldad que haya hecho, se le trate de una forma digna y justa.
Agarra el informe y sus notas y sigue al rubio por los pasillos del Ministerio hasta que llegan a los ascensores.
— ¿Te apetece ir a comer a algún sitio en especial?
— No particularmente ¿Y a ti? —Alza la cabeza fijándose en que su excompañero parece nervioso por algo, se muerde el labio inferior y medita su respuesta. ¿Le esconderá algo?
— Cuando trabajo prefiero que la mayor parte de la información quede en secreto —le confiesa en un tono de voz bajo y acercándose a ella debido a la gente que entró en ese momento al ascensor—. Así que si podemos ir a un sitio discreto, que esté cerca del Ministerio y alejado de magos estaría genial.
Hermione medita unos segundos intentando ignorar que el hecho de que entre aún más gente hace que Draco, Malfoy, se acerque más a ella, y ella se quede acorralada entre el pecho de él y la pared.
Alza la cabeza para mirarlo y decirle que pueden ir a la zona de restaurantes que hay en Diagon Alley, aunque no le apetezca para nada, pero las palabras mueren antes de llegar a sus labios. Malfoy tiene la nariz arrugada y el ceño fruncido, como si hubiera algo que le desagradara profundamente y su cabeza está girada y mira fijamente a las puertas del aparato, y dada la posición en la que están, Hermione no puede evitar pensar que es a causa de ella que tiene esa cara de asco profundo.
Ella sí que le va a dar asco.
— Hay un local —habla ella captando su atención—. A un par de cuadras de aquí donde se come bastante bien.
Él simplemente asiente y vuelve a clavar sus orbes grises en las puertas de bronce que lentamente se abren.
Malfoy se va a cagar.
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El local no es muy grande. Las baldosas blancas con decoraciones azules cubren las paredes desde la base hasta el techo. La cocina es pequeña y está cerrada por una barra donde se colocan los platos llenos de comida o vacíos para que se laven. Las mesas y sillas se reparten por el largo, aunque no muy ancho, local, que a esas horas están llenas de gente. Las sillas y mesas son de metal pintado de blanco, viejas pero no incómodas, y en las mesas hay manteles de plástico a cuadros rojos y blancos, fáciles de limpiar y brillantes que reflejan las luces del techo.
Es un local cien por cien muggle. Dónde sólo sirven comida muggle, comida muggle auténticamente británica. Los camareros son muggles, los clientes son muggles, todo es jodidamente muggle, y la desespera que Draco Malfoy parezca encontrarse en su salsa.
— ¿Ya saben lo que tomarán? —Pregunta el camarero mientras saca una libreta y un boli para apuntar.
— Yo sí —el rubio alza la vista y la mira preguntándole con la mirada si ella ya sabe qué va a ordenar, al verla asentir él prosigue—. De primero quiero crema de calabaza con picatostes, no queso rallado, de segundo unas salchichas con puré de patatas, y para beber agua con gas y una rodaja de limón, por favor —deja la carta y se centra en la servilleta de papel que está debajo de sus cubiertos, y eso, inexplicablemente, la irrita.
— Yo de primero quiero una sopa de tomate con queso rallado, de segundo salmón con verduras, y para beber un té rojo con menta.
El camarero asiente y se va a la barra a dar sus comandas. El silencio reina entre ellos mientras Malfoy sigue negándose a mirarla, y ella a su vez no aparta sus ojos de él. Ojalá el cabrón entre en combustión espontánea y…
— Aquí les traigo sus bebidas, el primer plato saldrá en unos segundos —el chico deja el vaso, la taza y la botella con agua en la mesa y se larga a servir otras mesas.
Es entonces que Malfoy saca disimuladamente la varita y lanza un par de hechizos, que Hermione supone que son para ocultar su conversación de oídos indiscretos.
— Creo que deberíamos centrarnos en interrogar a las víctimas del pasado mes, a lo sumo de los dos últimos meses —Malfoy se sirve su bebida y le da un sorbo antes de proseguir—. Si es un mago lo que estamos buscando, el hechizo desmemorizante que haya utilizado en unos dos meses ya se habrá instalado perfectamente en el cerebro de la víctima. Si es una criatura será un poco más difícil, si utiliza glamour, o una magia similar y sabe cómo empelarla… Será imposible dar con una pista mínimamente sólida.
Él se detiene ya que un nuevo camarero trae sus primeros, pausa que Hermione aprovecha para buscar en sus notas y saca un par de folios. Draco empieza a comer pero ella ignora por completo su sopa.
— En los últimos dos meses hay un total de siete víctimas, todas ellas mujeres. La más alejada vive a dos horas de Londres —hace una pequeña pausa para probar su sopa y sigue con su discurso—. Podríamos empezar por ahí, y después ir pasando a las demás que viven más cerca o en pleno centro de Londres —alza la cabeza y lo mira esperando su respuesta.
Cuando su acompañante carraspea y se limpia los labios con la servilleta sabe que algo va mal.
— Hablando de las interrogaciones… —Lo sabía—. ¿Es necesario que vengas?
Ella parpadea confusa y boquea un par de veces intentando que esa pregunta tenga algún sentido.
— Soy fiscal —consigue articular—. Por supuesto que tengo que estar presente.
— Ya veo…
¡¿Pero por qué cojones baja la cabeza decepcionado?! Eso la enciende, quiere lanzarle un traga babosas al más puro estilo Ginny Weasley y largarse para no volver a verlo jamás.
— ¿Qué se supone que significa ese "Ya veo"?
Malfoy suspira y la mira apoyando sus codos en la mesa.
— Eres Hermione Granger —ella alza una ceja no sabiendo a dónde quiere llegar con eso—. No eres una heroína de guerra, eres la heroína. Mejor amiga de Harry Potter, alumna estrella de Hogwarts, y un modelo a seguir para las mujeres magas, no sólo en Gran Bretaña, sino en toda Europa me atrevería a decir. Temo que si me acompañas las víctimas exageren su versión, o no quieran contar nada a causa de que se sientan cohibidas en tu presencia.
La castaña se toma unos minutos para digerir esas palabras y encontrar algo coherente que contestar.
— ¿Y se supone que van a sentirse más cómodas contigo? ¿Un hombre y un exmortífago?
Vale, no ha debido decir eso, sobretodo porque ahora sus insondables ojos grises se han oscurecido y le perforan el alma.
— Nadie se acuerda de mí —admite en voz alta dejando que el camarero le cambie el plato vacío por uno lleno de delicioso puré de patatas y salchichas—. A pesar de ser un Malfoy y exmortífago he conseguido que la gente se olvide de mí. No fue muy difícil, no era un mortífago muy famoso, y después de la caída del Lord Tenebroso nadie quería relacionarse con la familia Malfoy. Y además… Tengo mis trucos…
Y no sabe por qué, pero eso enciende una chispa en el centro de su estómago que hace que todo se tambalee y la deje inquieta.
— Trucos como Cazador ¿No?
Él simplemente sonríe y traga un poco de puré antes de contestar.
— Soy bueno escondiéndome y evitando que me sigan, es lo único bueno que tiene ser un cobarde.
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Alyssa Travis vive en una casa victoriana junto a cuatro chicas más. Las cinco estudian en la Universidad Mágica de Londres, están en diferentes años y en diferentes carreras, Alyssa en concreto estudia periodismo orientado al deporte mágico. No es información relevante, pero le gusta fijarse en los detalles.
Alyssa le parece guapísima, incluso con unos simples tejanos y una sudadera ancha, sus definidas facciones son enmarcadas por una ondulada melena pelirroja que llega a media espalda. Sus largas pestañas se mueven arriba y abajo ocultando momentáneamente sus ojos verdes.
— Buenas tardes, Alyssa —la saluda Malfoy con una sonrisa amable en los labios—. Soy el Cazador Malfoy y ella es la fiscal Granger, venimos a hacerte unas preguntas sobre lo que pasó hace dos meses, ¿nos dejas pasar?
Ella asiente, insegura, y les abre pase a un poco típico hogar de estudiantes. Está todo impecable, nada parece fuera de sitio ni desordenado. Malfoy parece no inmutarse y se queda de pie a un lado esperando a que la chica les invite a sentarse. Ella los guía al salón y se sienta en uno de los sillones.
— Perdonen que no les invite a un té —dice con una tranquilidad inquietante—. Pero estoy estudiando y espero que sean breves.
Hermione parpadea sorprendida por esa contestación. Están aquí para investigar quién la asaltó sexualmente hace dos meses, ¿es que no quiere que encuentren al culpable?
— Por supuesto —contesta Malfoy con una sonrisa conciliadora curvándole los labios—. Esto no es más que una visita rutinaria, mi compañera y yo intentaremos ser lo más breves posibles.
La chica asintió conforme y cruzó sus piernas. El rubio sacó una pequeña libreta y un bolígrafo de dentro de su chaqueta mientras Hermione abría su maletín para sacar la pluma, el tintero, y un par de pergaminos en blanco. Cuando acabó alzó la vista y vio que ambos la miraban incrédulos y hasta molestos. Malfoy parecía que quería arrancarle la cabeza de un bocado. Ella se limitó a mirarlo duramente y a retarlo en silencio para que dijera algo. Él se limitó a suspirar derrotado y volvió a enfocar su vista en la chica.
— Sé que ya habrá hecho muchas veces esto pero, ¿le importaría explicarnos lo que recuerda de aquella noche?
La chica no ha empezado a hablar y Malfoy ya está apuntando en la libreta. Supone que apunta el chasqueo de la lengua, el ceño fruncido y la mirada molesta.
— Como ya dije a sus compañeros había salido con mis compañeros de carrera a celebrar el fin de los exámenes —hace una pausa para tragar y mira a Malfoy—. Salimos a cenar a eso de las 6, fuimos al restaurante Delicious Snitch, en el que estuvimos unas dos horas, y luego fuimos al pub Lucky Niffler situado en la zona mágica de Picadilly Circus —ahí hizo un movimiento de pelo que a Hermione le recordó a esas chicas negras de instituto de las películas americanas, y los mira a los dos altivamente—. Es obvio que una vez ahí ya no me fijé en la hora. Lo último que recuerdo es haberme dirigido a la barra a pedir otra copa y entonces todo se vuelve negro.
Hermione ha apuntado hasta la última palabra que ha dicho. Se muerde el labio pensando qué más le pueden preguntar sobre esa noche cuando Malfoy se le adelanta.
— ¿Suele frecuentar el pub Lucky Niffler, señorita Travis?
— Por supuesto —contesta ella con toda seguridad—. Es uno de los pocos buenos pubs de Londres.
Malfoy asiente y sigue con su batería de preguntas.
— ¿Puede describirme cómo iba vestida aquella noche?
— Puedo enseñárselo si quiere —le contesta como si estuviera ya aburrida del interrogatorio—. Refra, ven por favor —de la nada se materealiza una pequeña elfina que hace una profunda reverencia a Alyssa—. Tráeme la foto que está encima de mi escritorio, la del marco dorado —la elfina asintió y en unos segundos ya había vuelto con el marco—. Dásela al señor Cazador.
Malfoy cogió lo que le ofrecían y miró la foto atentamente. Hermione se movió disimuladamente en el sofá para poder ver cómo iba vestida la chica y casi le cuesta mantener la fachada profesional. ¿Salía de fiesta con sus amigos o iba a una boda? La chica llevaba sus perfectos rizos en un moño, y el vestido de lentejuelas azules se amoldaba perfectamente a cada parte de su cuerpo y resaltaba sus facciones. Y los tacones altísimos de purpurina acababan de darle el toque de glamour ostentoso.
— ¿Le importa que le saque un foto a su foto? —Pregunta Malfoy a la pelirroja.
— Puede quedársela —dice ella ligeramente sorprendida por la petición—. Tengo otra en la casa de mis padres.
Malfoy asiente y se la pasa a Hermione. Ella la guarda en su maletín mientras escucha atenta la conversación entre esos dos.
— ¿Puede describirme cómo es ese momento en el que está en la barra a punto de pedir otra copa?
— ¿Qué quiere que le diga? —Alyssa se muestra descolocada ante esa pregunta y se mueve incómoda en su sitio.
— Cualquier cosa qué recuerde, algún olor, si había alguien a su alrededor, si recuerda que alguien la tocara de alguna forma, qué música sonaba… Cualquier cosa. Puede cerrar los ojos si quiere, eso ayudará a que se concentre.
La chica asiente y cierra los ojos, inspira hondo y empieza a relatar lo que recuerda de ese momento.
— Recuerdo que estaba apoyada en la barra. La canción que sonaba no me gustaba mucho, por eso me había separado del grupo y había ido a pedir una copa de champán de calabaza. La canción que sonaba de fondo era Grab my broomstick de los Calamares Gigantes.
— ¿Cómo te sentías? —Le pregunta Malfoy en un suave susurro.
— Terriblemente aburrida. Pero quiero verlo.
— ¿A quién quiere ver? —Insiste Malfoy inclinándose hacia delante curioso.
— No lo sé —admite la chica—. Pero hay algo en la discoteca que me llama. Sé que está cerca, puedo sentirlo, me ha observado desde que entré en el pub. Parece que se ha alejado, estoy aún más aburrida. Me giro y choco contra un muro de fondo negro y fuegos artificiales.
Alyssa abre los ojos y los mira.
— ¿No recuerda nada de eso que la observaba? —Es ella quien rompe el silencioso, curiosa y ansiosa.
— No.
— ¿Notó esa mirada en el restaurante? —Es Malfoy quien vuelve a tomar la batuta en la interrogación.
— No —contesta la chica negando con la cabeza—. Sólo me acuerdo de eso. De una presencia escondida, atrayente, misteriosa.
Draco acaba de apuntar en su libreta la información y la cierra con una sonrisa.
— Gracias por prestarnos su tiempo —se vuelve a guardar la libreta y el boli y Hermione lo imita guardando sus cosas—. Le dejo mi tarjeta como investigador para que pueda contactarme en el caso de que recuerde cualquier cosa, por muy insignificante o nimia que le parezca, simplemente canalice un poco de su magia a la tarjeta o llame al teléfono que hay escrito para contactar conmigo. Que tenga un buen día, señorita Travis.
La pelirroja asiente conforme y se levanta.
— No se preocupe señorita Travis —le dice Hermione mientras se pone de pie—. Cogeremos a quién haya hecho esto. Podrá descansar tranquila.
— Disculpen, pero me da la sensación de que me consideran una mujer violada —le contesta con un tono de voz duro—. No soy una de sus causas perdidas que está esperando a ser salvada por usted, señorita Granger.
— Déjeme hacerle una última pregunta, señorita Travis —se mete Draco en la discusión y llamando la atención de Alyssa—. ¿Por qué no se considera una víctima de violación?
— Porque si abandoné ese pub fue por propia voluntad —admite ella sin rastro de vacilación en la voz—. Mis compañeras y yo siempre vamos con cuidado cuando salimos, hechizos protectores, pociones para atontar… Además, las mujeres nos cuidamos entre nosotras, si vemos que hay un perdedor intentando hacer algo le pedimos por las buenas que se marchen o llamamos a seguridad.
— ¿Nos podría dar los nombres de sus compañeros para ponernos en contacto con ellos para ver si recuerdan algo? —Le pregunta Draco haciendo amago de volver a sacar su libreta.
— Esa lista ya la di al cuerpo de aurores que me interrogó la primera vez en el hospital.
Draco asiente y le sonríe.
— Otra vez muchas gracias por su tiempo señorita Travis.
La chica asiente y llama a la elfa doméstica para que los acompañe a la salida. Mientras se marchan Hermione no puede evitar pensar que hay algo muy raro en todo eso.
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— La verdad es que no soy mucho de salir, pero mi amiga Charlotte me convenció para salir aquella noche.
Kate Gravstone es completamente diferente a la mujer que acaban de visitar. A diferencia de Alyssa, Kate no tiene ese cuerpo esbelto y perfecto que muchas chicas admirarían, al contrario, ella era más bien bajita, con muchas, muchas curvas, aun así Hermione la encontraba preciosa.
— No había ningún motivo especial para salir —sigue relatando la chica mientras coge una taza de té que le ofrece una de sus dos elfinas—. Y la abuela se encontraba bien, así que decidí ir con Charlotte a ese local muggle que tanto le gusta.
— ¿Se acuerda de a qué local fueron? —Pregunta Malfoy rompiendo el relato de la joven.
— Sí, Charlotte siempre hablaba de él, se llamaba Boujis —le da un sorbo a su taza y prosigue su relato—. Cenamos en un restaurante bastante chic del centro de Londres muggle, del que no recuerdo el nombre, y luego fuimos al Bujis. Me tomé una copa con Charlotte y unos chicos nos invitaron a otra. Nosotras nos negamos ya que no era adecuado, los chicos continuaron insistiendo a tal punto que resultó molesto, no sé por qué los muggles no entienden la palabra no —admitió apesadumbrada negando lentamente con la cabeza.
Hermione se mordió la lengua evitando decirle a la señorita Gravstone que algunos magos tampoco entendían la palabra no.
— Lamento mucho que tuviera que pasar por esa terrible experiencia —Malfoy sonaba realmente dolido y Hermione tuvo que reprimir el impulso de romperle de un puñetazo la nariz—. Le aseguro que reportaré esto al cuerpo de aurores para que se encarguen de este desagradable asunto —prometió con su mano abierta encima del pecho.
— No se preocupe, Cazador Malfoy —habló Kate restándole importancia al asunto con un movimiento de mano, pero claramente satisfecha con la promesa de Malfoy—. No merecen la pena —suspiró y se apoyó contra la butaca—. La verdad es que debo agradecerle por haber aparecido en ese momento y haber parado a los muggles.
— ¿Darle las gracias a quién? —Preguntó Hermione confusa.
— Al chico que me llevó a casa, por supuesto —le contestó con un tono de voz que dejaba ver que la consideraba tonta de remate.
— Señorita Gravstone —la llamó el rubio—. En nuestras fichas consta que usted fue violada y llevada en contra de su voluntad.
La señorita Gravstone dejó escapar un ruido de indignación y se puso roja.
— ¡Eso es inadmisible! ¡Es imposible que me violaran! No se atreverían —dijo alzando la nariz con prepotencia y con la cara aún roja de la ira—. Le ruego que me diga quién ha rellenado esos informes para denunciarlo.
— Señorita Gravstone —habló Hermione con su mejor tono conciliador—. ¿Por qué dice que es imposible que la violaran? Usted no recuerda nada y…
— ¿Y? —la interrumpe ella alzando una ceja y prosigue con altanería—. Mi padre es uno de los hombres de confianza del Primer Ministro Shackelbot, mi madre es dueña de una de las casas de té más famosas del mundo mágico, y yo trabajo como administrativa en el departamento de Comercio Mágico del Ministerio. Nadie se atrevería a agredirme sexualmente —Hermione abre y cierra la boca sin saber cómo decirle a esa mujer que no importa de quién seas hija, si un hombre quiere violarte va a intentarlo, y no le va a detener un apellido—. Si me fui con mi salvador fue por voluntad propia, si hicimos o no algo después no es de su incumbencia, y tampoco lo es si lo recuerdo o no.
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— ¿Violada? —Preguntó consternada la señorita Mary McDonald—. Uy, creo que sean hecho una idea equivocada —dijo negando lentamente con la cabeza—. No creo que me violaran, que no siga esa encorsetada y patriarcal norma de que la mujer debe reservarse para su marido no me hace una víctima de violación.
Sus ojos marrones miraron a Hermione como si buscaran su apoyo. Ella se limitó a sonreírle esperando complacerla, aunque ella estaba de acuerdo no iba a ponerse a hablar sobre los hombres con los que se había acostado delante de Malfoy.
— ¿De qué trabaja usted, señorita McDonald? —Dijo Malfoy rompiendo el silencio.
— Vengo de tomarme un año sabático —respondió mirando al Cazador—. ¿Sabe? He viajado por África ayudando a los más desfavorecidos, ésta túnica que llevo puesta me la dieron en la aldea que ayudaba en Sud- África, y las pulseras son del Congo. Creo que es nuestro deber ayudar a los más desfavorecidos.
Esa chica le recordaba a Luna, poca cosa, rubia, aunque más morena de piel que ella, soñadora, queriendo hacer del mundo un lugar mejor con su sonrisa.
— Por supuesto ¿A qué se dedican sus padres señorita? —Le preguntó Malfoy que parecía más interesado en eso que en el hecho de que estaban investigando quien les había borrado la memoria.
— Hace tiempo que no veo a mamá, pero ella diseña joyas, tanto para magas como muggles, y papá es de esos ratones de biblioteca, creo que estaba trabajando en adaptar los ordenadores a nuestra magia. Pero no puedo decirles mucho más, la verdad.
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— ¿A qué se dedican usted y sus padres señorita Fernández?
La chica parpadeó confusa y sus ojos negros quedaron teñidos de incertidumbre.
— ¿Para qué quiere saber eso? —Preguntó con un marcado acento.
— Es para determinar si el agresor tiene algún perfil en particular de chica que le guste más —le explicó Malfoy encogiéndose de hombros.
— No lo llamen agresor, por favor, la pasión a veces puede parecer agresiva, pero es solo fuego indómito —les explicó moviendo el cuerpo y haciendo que sus rizos negros se movieran con ella—. Pero ya que lo preguntan mi padre es un simple comerciante muggle, gracias a las influencias de mamá tiene casi el monopolio del comercio con los mejores restaurantes de Londres, y mamá es abogada, como usted señorita Granger, sólo que ella trabaja en uno de los más prestigiosos bufetes de México. Y yo, naturalmente, soy actriz —contestó sonriéndole coquetamente a Malfoy—. ¿Y sabe? Me quedo en Inglaterra hasta el viernes.
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Decidieron acabar los interrogatorios a las 8 de la tarde, aún les quedaban a un par de chicas más por interrogar, pero todas vivían en Londres, así que decidieron ir al día siguiente por la mañana, era un sábado así que muy seguramente estarían en sus casas.
Ahora ambos iban caminando sin rumbo aparente por una de las tantas calles de Londres. Por suerte no llovía, pero hacía un frío terrible, suponía que era normal ya que estaban en octubre. Se lamentaba de haberse puesto esa gabardina tan fina, por suerte había llevado consigo una bufanda.
Miró de reojo a Malfoy quien parecía estar perdido en sus pensamientos. Se preguntó si no tendría frío ya que llevaba la chaqueta desabrochada, también se preguntó por qué a mitad de los interrogatorios había cambiado el patrón, por qué había pasado a tener más interés en la vida privada y profesional de las víctimas que en el acto en sí, ¿había descubierto algo que a ella se la había pasado por alto?
— ¿Me lo vas a preguntar ya? —Rompió el silencio su suave voz haciendo que detuviera sus pasos mientras los ojos insondables de él le perforaban hasta el alma.
— ¿Perdona? —Contestó torpemente sin saber a qué se refería su compañero.
— Si me vas a preguntar ya qué te ronda por la cabeza —dijo esbozando una débil sonrisa, cosa que hizo que sus tristes ojos cobraran algo de vida—. Me llevas un buen rato mirando con esa cara.
— ¿Qué cara? —Le preguntó ofendida.
Suspiró y se giró para mirar directamente por dónde pasaban los coches.
— Esa cara que dice a gritos que quieres mil respuestas, es la misma que ponías en el colegio cuando el profesor explicaba algo que no habías leído en los libros —contestó ausentemente.
Ella parpadeó confusa y más preguntas acudieron a su mente ¿Tanto la había observado en sus días de colegio? Sacudió la cabeza alejando esos pensamientos de su mente y decidió centrarse en lo que tenían entre manos.
— ¿Por qué has cambiado el patrón de interrogamiento?
Su compañero volvió a suspirar y la miró.
— Disculpa, preferiría hablar de ello mientras caminamos, hace frío —la cogió del brazo y tiró suavemente de ella para invitarla a seguir caminando, el fugaz contacto duró menos que su sorpresa—. ¿No te parece extraño que las mujeres no se sientan violadas?
— Supongo que es una autodefensa que ellas mismas se han puesto —le contestó preguntándose si ella haría lo mismo si estuviera en su situación.
— Creo que va más allá de eso —contestó el hombre negando suavemente con la cabeza—. Hay un patrón que se repite, son ricas, unas más que otras, pero todas tienen medios para vivir holgadamente, algunas lo enseñan más, como la señorita Travis, que no tuvo reparos en llamar a su elfina aunque no fuera necesario, otras lo viven como una cosa natural, como las señoritas Fernández y Gravstone, y luego está la señorita McDonald, que aunque dé la impresión de que ser rica le da igual, vive en un apartamento bastante bien situado y lleva un carísimo, aunque sencillo, diamante colgando de su cuello —Malfoy hizo una pausa mientras miraba a ambos lados de la calle esperando a que fuera seguro cruzar—. Es fácil ver que las han educado con lo mejor desde la cuna, les han enseñado que son superiores a los demás de alguna forma u otra y que por tanto, son invulnerables. Más allá de eso, son mujeres ricas, seguras de sí mismas y que no se avergüenzan de ello, al contrario, lo disfrutan y lo utilizan como una arma en su favor.
Cruzaron la calle y Hermione pensó en eso unos segundos en silencio.
— Visto de esa forma es obvio que no vieran las agresiones como tal —le siguió el razonamiento en voz alta—. Para ellas es sólo una noche más en la que no pasó nada relevante.
— Exacto. Y eso nos lleva a plantearnos preguntas ¿Por qué las elige? Es obvio que por eso mismo, si les borra la memoria ellas no se sentirán usadas de ninguna forma, es obvio que se van por su propia voluntad, y el agresor no inspira desconfianza a primera vista, al contrario, parece un caballero de brillante armadura, que las socorre y las salva. ¿Si se van por su propia voluntad entonces por qué les borra la memoria? Es lo que me pregunto ahora, quizás es para que no lo reconozcan, o porque quiere mantener lo que hace en secreto o…
Ahí se detuvo y se mordió el labio inferior indeciso si plantear esa posibilidad en voz alta.
— ¿O? —Hermione quería saber cuál era la otra posibilidad.
— O quizás busca llamar la atención.
Eso a la chica la pilló con la guardia baja.
— Pero llamar la atención… ¿De qué? —Preguntó verdaderamente curiosa.
— Olvídalo, es una tontería.
Malfoy detuvo sus pasos y Hermione se dio cuenta de que habían llegado a un barrio desierto. No había coches circulando y no se veían luces atravesando los cristales de las casas.
— Nos vemos mañana a las nueve en frente del portal de la señorita Hampton. Que descanses.
— Igualmente —le deseó ella algo decepcionada de que su charla acabara ahí.
¿Desde cuándo era Malfoy tan perspicaz? Eso la hizo sentirse mal, quizás lo había juzgado precipitadamente, ya que no había rastro alguno de ese niño que conoció en la escuela en la mente de ese hombre.
— Buenas noches, Malfoy. Hasta mañana.
Lo último que vio de él fueron sus anchos hombros antes de desaparecerse hacia el calor de su hogar.
