Hasta en la sopa (capitulo único)
Bridgette ya alucinaba a Félix Agreste hasta en la sopa. El cotizado modelo iba persiguiendo a la menor de las hijas del matrimonio Dupain-Cheng por todos lados. Tajantemente le había pedido al primo del modelo que ya no la buscara más. Muchas de las personas a su alrededor estaban preocupados por el repentino cambio de temperamento de la muchacha, sobre todo su hermana mayor, Marinette.
-Cada vez que hablamos de Félix tu hermana se pone como fiera- comento Adrien en una ocasión, después de que su cuñada abandonara a grandes zancadas la sala de estar. Su novia no pudo más que darle la razón.
-Algo grave tuvo que hacer Félix para ganarse el odio de Bridgette Dupain-Cheng – dijo la peli azul mirando hacia la dirección en la que su hermanita se había ido.
Fue sorpresa para todo el mundo ver como ambos invertían papeles. Y eso era lo que asustaba a Marinette. Su hermana se estaba convirtiendo en una versión femenina de Félix. Con todo y corazón de piedra. No podía estar más preocupada.
Mientras tanto, la actual portadora del miraculous se encontraba paseando por las calles de la capital francesa, en busca de inspiración. Aunque el clima se veía algo triste y gris: lo vieras por donde lo vieras. Se arropo lo mejor que pudo con su chaqueta amarilla, dejando que el viento ondulara su cabello suelto. Y entonces lo vio.
De colores monocromáticos, sin corbata o chaleco de vestir. Se veía decaído, como un pequeño niño regañado. O abandonado. Sintió lastima por él, sintió la necesidad de abrazarlo.
La futura diseñadora arrugo el ceño con el último pensamiento, y estaba decidida a ignorarle, como lo había estado haciendo desde hace un mes, pero el rubio comenzó a acercarse a ella
-Espera, debemos hablar-
Pero entre más se acercaba el chico, la chica solo de dio la espalda, avanzando en sentido contrario.
-En lo que a mi concierne, no hay nada de qué hablar- arrastro las palabras la ojigris con un toque de reproche.
- Pero si tan solo me dejaras explicarte- inicio el muchacho con algo de recelo, intentando arreglar lo que él había dañado. La chica no pudo más que rodar los ojos, clara señal del aburrimiento que le provocaba el pelirrubio- No empieces a querer justificarte, Félix. Entre tú y yo no queda nada que decir. Esa fue tu última palabra- termino la muchacha, con un tono de voz tan frio que ni ella misma se reconoció.
-¿Ya no te gusto?- pregunto el chico desesperado por obtener al menos una reacción de Bridgette. Ella solo le miro triunfal, como si le hubiera dado el argumento perfecto para que la dejara de molestar. Con todo el valor corriéndole por su menudo cuerpo, la chica finalizo con su alma.
- No es que ya no me gustes. Solo que ya no te amo.
Y entonces él se sintió morir, metafóricamente hablando. Solo que pudo sentir lo mismo que ella. Todas las veces que le rechazo y todas las veces que ella rogo. Al igual que el en su forma de héroe.
Tal parece que la mala suerte le estaba cobrando muy alto el hecho de lastimar tanto a su alma gemela. Intento abrazarla, pero al momento de tomar su brazo, ella lo sacudió bruscamente.
-Tú no puedes dejar de amarme. Tú solo me amas a mi.- Exclamo en voz alta el chico, sonrojando de vergüenza a la chica, ya que todos se les quedaban viendo.
Ella se acercó con esa sutileza digna de un gato – Escúchame bien Chat Noir- murmuro en voz baja la joven – solo tu ego herido y tu estupidez hablan por ti.- Así como tú nunca vas a poder amar a Bridgette Dupain-Cheng, yo nunca amare a Chat Noir.
Ella se alejó bruscamente, sin derramar ni una lagrima. Ya le había llorado lo suficiente. Se alejó sin sentir nada por él.
Y el, se quedó con el corazón destrozado.
Justo como ella en aquella noche lluviosa.
