No tenia muchas ideas después de tanto tiempo sin haber escrito nada para esta historia así que decidí empezar con algo corto y bastante sencillo, espero estar mejor preparada para el próximo capitulo


El momento de calmarse


Los primeros en saltar fueron algunos de los espíritus menores de las varias estaciones. Sobre todo aquellos del verano se hicieron oír aunque por la cara que Anya le podía ver a Merida ella no estaba del todo contenta con el comportamiento o con los comentarios de sus compañeros de estación.

Luego vinieron ciertos espíritus de las vacaciones como por ejemplo La Marmota, la cual como siempre le echaba en cara a Jack el que las fechas para la primavera no pararan de variar. Como si fuera culpa de Jack de que el estúpido espíritu animal le temiera a su propria sombra.

Los guardianes se miraban alrededor sin saber muy bien como reaccionar. Jack por otro lado estaba cabizbajo, habiendo esperado esta reacción desde el principio. No era como si fuera incapaz de entender de donde venían todas estas quejas, pero por cada tres que le lanzaban el podía replicar con doscientas en contra. En como todos y cada uno de ellos le había tratado antes de que el hubiera echo algo, el como cuando había intentado defenderse había conseguido no solo empeorar su situación con el atacante, si no con alguien de alrededor que había visto su nieve como un ataque hacía el mismo.

Y Anya sabía que por la forma en la que Jack había mirado a Bunny, el joven por un momento se había esperado que ese también se juntara con los gritos.

-Lo sabía, no debería haber venido

-Jack...respira -le dijo Anya en susurros -tranquilo, con los guardianes aquí, y mejor, conmigo a tu lado, nadie te tocará un pelo -Asintiendo con una pequeña sonrisa aliviada Jack intentó relajarse, pero por supuesto para los que miraban la cosa desde fuera esto les parecía de todo, menos un intento para tranquilizarse.

-Se atreve a reírse de nosotros incluso ahora! -Alarmado Jack intentó negar el echo pero ya nadie escuchaba y pronto el joven espíritu del invierno se vio rodeado de una muchedumbre airada. Y eso no solo era malo para el.

Anya se sentía atrapada, y por como Jack temblaba bajo sus pies el también, y ella no iba a dejarlo pasar, necesitaban escapar, necesitaban una salida a la de ya. Con un movimiento de su mano el aire a su alrededor pareció cargarse de energía y cuando la joven rubia abrió su puño toda esa carga se liberó apartando de un golpe a todos aquellos que les habían rodeado. El viento siguió cargando y moviendose entre los cuerpos reteniendolos y parandole los pies.

Mientras esto sucedía Seraphina abrió los ojos como platos. Allí estaba otra vez, el control del viento simplemente se le había ido de las manos para servir a otra persona, cosa que no había ocurrido nunca en toda su larga vida. Y la sensación venia desde donde el joven Frost se encontraba. Necesitaba saber que ocurría con eso pero por ahora, si podía tranquilizar las cosas eso iría mucho mejor.

Oberon a su lado sintió la mirada de su sobrina fija sobre su espalda y entendió lo que necesitaba hacer. Girándose hacía una de las mesas que se encontraban cerca del escenario se dirigió hacía una joven que observaba la escena entre horrorizada y asustada.

-Joven Esmeralda -la joven mujer se giró para mirarlo con sus grandes ojos verdes mientras sus manos jugueteaban con su largo pelo negro, seguramente, pensó Oberon, para evitar alcanzar su arpa para hacer algo sin permiso y empeorar la situación -Si pudieras tranquilizarlos a todos -ahora más tranquila y con una sonrisa dibujada en su cara Esmeralda asintió y con cuidado empezó a acariciar su instrumento.

El sonido empezó a envolver a los airados espíritus y al pobre asustado guardián pero el efecto parecía ser algo más lento que de costumbre, seguramente por la fuerza de las emociones. Esmeralda intentando darle más fuerza a su música no se dio cuenta del ligero hilo plateado que había comenzado a rodear su cabeza y sin darse cuenta se dejó influenciar por él dejando sus emociones entrar en su música.

Por fin toda la sala se calmó y Jack salió corriendo de la sala aprovechando ese momento de calma.

-Te llo agradezco Esmeralda

-Siempre un placer poder ayudar, Oberon...lamento no haber echo algo antes

-No es culpa tuya, todo a sido muy repentino -y dicho eso el hombre alado se volvió para caminar hacía el grupo de ahora calmados espíritus.

En la mesa de la joven Esmeralda, el hombre que se encontraba allí sentado le puso una mano en el hombro. Cupido se sentía algo sobre-protector de la joven y aunque sabía que sus poderes eran muy útiles no solía gustarle que los usara en sitios tan públicos. Esmeralda se volvió hacía él con una sonrisa agradeciéndole su apoyo. El gran dios Eros, o simplemente conocido como Cupido era un hombre de etérea belleza, con un corto pelo rubio tan rizado que la joven música se moría por jugar con uno de los tirabuzones como una niña pequeña. Los ojos azules del dios eran igualmente encantadores que su pelo y el perfil griego era tan exótico a la vez que familiar que Esmeralda siempre se había sentido cómoda allí, a su lado.

-¿Estás bien?

-...Me gustaría ser más segura con mis poderes

-Acabas de recibir un agradecimiento del gran Oberon, yo creo que eso te debería dar seguridad suficiente -Esmeralda asintió antes de girarse a ver la puerta por la que el joven espíritu había salido, se sentía de verdad mal por no haber actuado mucho antes.

-¿Por qué son tan crueles? -Eros sacudió la cabeza, el no lo sabía, y si le era sincero a su amiga, casi prefería no entenderlo nunca.

Los guardianes discutieron entre ellos el si ir o no a por el joven pero finalmente Sandy les convenció de dejarle tranquilo durante un momento. Si le volvían a traer a la sala podrían crearle un trauma, y tal vez era el momento de admitir, que el joven tenia demasiados y muchos por su inacción.

Mientras corría por los pasillos de la casa de la primavera Jack no podía evitar sentirse vació por dentro. Nadie había ido a buscarle, nadie parecía seguirle, estaba solo...

-Jack -Ese simple sonido detuvo los pies del joven el cual se giró hacía su hombro para ver que Anya ya no estaba allí, si no que ahora se encontraba a sus espaldas en tamaño real con los brazos bien abiertos -ven aquí -Sin dudarlo mucho el joven pálido se dejó rodear por los brazos de su amiga mientras preguntaba porque el no podía tener un momento, porque tenia que ser tan odiado -No es culpa tuya. Los espíritus de invierno siempre han pasado por esto

-Pero incluso otros espíritus de invierno me odian

-Hey, tal vez, pero te olvidas de que no estas solo Jack -dijo la joven mientras le daba un beso en la cabeza -estoy aquí, ahora estoy aquí, y te prometo que está vez no te dejare solo, y lamento haberlo echo durante tanto tiempo

-No me has dejado solo. Necesitabas tu espacio

-Y eso es lo que no entiendo Jack. Eres un espíritu tan dulce, tan bueno, tan amable -Jack con cada palabra comenzó a sentir que sus mejillas se enfriaban y por la sonrisa que ANya tenia en la cara podía estar seguro de que estas se estaban coloreando de azul, como cada vez que se sonrojaba -Nadie debería ser capaz de odiarte

-Bueno, soy muy travieso

-Si gracias -dijo la chica rodando los ojos -tal vez esto ahora te enseñe a no echarle hielo en los pantalones a algunos espíritus

-Solo a los más estirados -Sonriendo ahora Jack hizo una figurita de hielo en la cual se mostraba a él echándole un cubo de agua a una durmiente marmota. Mientras reía Anya no pudo evitar pensar en como ella debería haber estado presente durante todos aquellos momentos, no como un apoyo a lo lejos, si no como una hermana de verdad. Pero al menos, se dijo mientras veía los brillantes ojos de Jack, ahora llenos de alegría, ahora estaba allí, y no iba a dejarse controlar por el miedo, esta vez, no iba a abandonar a Jack.