EL SEÑOR DE LOS ARROCILLOS
LIBRO PRIMERO:
LA COMPARISTA DEL ARROZ
CAPÍTULO 3:
Así pues, amparados por la oscuridad nocturna pero observados por los búhos y lechuzas, salieron de la casa de Bimbo y tomaron el sendero que les alejaba de La Barriada y les acercaba más a Dyk.
Caminaron toda la noche, Cromo iba de mal humor porque se estaba perdiendo CSI y porque, además, hacía un frío del copón. Sam, para colmo, lamentaba mucho dejar a Rosi, la única bobi que le gustaba.
Así transcurrió todo hasta que por la mañana llegaron al sendero que había más allá de La Barriada, que cruzaba un campo de maíz.
- No puedo más, señor Cromo. - dijo Sam, quejoso - Si doy un paso más sin desayunar moriré.
- Esta bien, Sam, tienes razón. ¿Donde podíamos desayunar?
- ¿Has dicho desayuno? - dijo alguien abalanzándose sobre Cromo.
- ¡¡Mary!!
- Hola, Cromo. No te vamos a mentir...Pepen y yo estábamos caminando por el pueblo sin causa delictiva aparente cuando os vimos salir, así que os seguimos, pero Peppen es un gordo y se ha comido las existencias.
- No he sido yo solo, Mary.
- Ya, ya...bueno Cromo...¿qué hay para desayunar?
- De momento tengo un poco de jamón y chorizo y unas barras que están un poco duras por la humedad de la noche. ¿Os vale?
- Bueno, - dijo Pepen - más vale eso que morir de hambre¿no?
- Si, la verdad es que si.
Y caminando siguieron mientras comían bocadillos. Eso si, quejándose de que no había hombre en el mundo capaz de comerse aquello.
Al caer la tarde los chicos estaban cansados de tanto caminar. De pronto un ruido extraño hizo que Cromo entrara en un estado de pánico nunca antes visto, así que Sam le empujó al terraplén cerca de la carretera principal al grito de:
- ¡¡Escóndase, señor Cromo, son los caballeros de Hacienda!!
Dicho y hecho, los cuatro bobis quedaron aturdidos y asustado al lado de la carretera mientras que el inspector de negro estaba parado liándose un pitillito para el pecho, por lo bien que lo había hecho.
Este comportamiento absurdo de un funcionario de Táuriton era inusual, pero poco tiempo era el que empleaban en rascarse la barriga, aunque parezca que por norma general es mucho.
Mucho tardó en terminarse el pitillito y tras otear bien para cerciorarse de que nadie le había visto se agachó y miró, aunque Cromo tenía ganas ya de gritar Sam no le dejó y Pepen y Mary tampoco hicieron mucho a parte de temblar un poco...no fuese a ser que aquel tipo, iracundo, les hicierse enseñar los papeles de la declaración que nunca hacían.
El tipo se marchó y resoplando los bobis reanudaron su viaje rumbo a Dyk.
Era noche cerrada cunado entraron en la Taberna donde les echaron un poco de wisky de garrafón y cola para pasar el rato mientras Randalf no venía. Al poco rato, repararon en que un individuo de la sala les clavaba los ojos en el cogote.
- Disculpe, - dijo Cromo, increpando un poco al camarero - ¿quién es el tipo ese que nos mira?
- Oh, ese, es un hombre llamado Tragos, un tipo de los bosques, nada recomendable en todo caso. Si Randalf os viera con él seguro que se reía de vosotros, le delata un poco el tufillo a tigre que desprende.
- Gracias. - Cromo era bastante bien educado para lo que solía ocurrir en aquellos tiempos.
De pronto Cromo se percató de que Pepen no estaba. Cuando le vío ya era tarde, estaba subido a la barra meneando el trasero mientras cantaba "Ah,ah,ah,ah, Stayed alive..." Aquello era vergonzoso para toda la pandilla.
- Esta armando usted mucho escándalo, señor Bombón. - dijo el tipo llamado Tragos mientras secuestraba a los cuatro y los ocultaba en su cuarto.
- ¡¡Eh,señor!! - chilló Cromo indignado - ¿No será usted una especie de Michael Jackson? Mire que como somos así, un poquito pigmeos y con esta cara de chavales que tenemos engañamos pero que somos mayores.¡¡¡Ojito!!!
- Randalf me dijo que si el no aparecía yo mismo os arrastrase a nuestro destino. Descansad mucho, mañana nos espera una larguísima caminata. Buenas noches. - y diciendo aquello, Tragos se quedó profundamente dormido en la cama.
- ¡¡Habrase visto!!! - exclamó Peppen - ahora a dormir en el suelo, que tío más asqueroso.
