EL SEÑOR DE LOS ARROCILLOS
LIBRO PRIMERO:
LA COMPARISTA DEL ARROZ
CAPÍTULO 8:
Toda la comparsita se miró con cara de no haber roto un plato. Un ruido enorme parecía venir de la galería.
- ¿Qué crees que son?
- Ni idea, pero deberíamos posicionarnos bien.
- Vamos a esa sala, parece que las puertas son resistentes. – observó Sam
- Bien, vamos todos.
Se encerraron en una sala. En ella había un enorme baul. Riski fue a investigar y dio un grito.
- ¡Joer, que me habeis metido en la cámara funeraria de mi primo! – exclamó, dolido.
- No seas tan aprensivo. – le dijo Duplolas – A fin de cuentas como mucho puede oler mal, y a parte de náuseas no creo que nos de más problemas.
- ¡Eres un …!
- Dejad de discutir ya. – dijo Cromo
- Oye, Cromo, te brilla el pantalón. ¿Te has puesto ropa interior fluorescente? – dijo Peppen, picarón.
- ¡¿Qué dices?!
Todos oberservaron a Cromo, que tenía un extraño brillo en el interior de la ropa, bajo los pantalones. Cromo sacó del bolsillo una cosa que brillaba.
- ¡Tranquilos, es una mierda de plástico de esas que te dan en los cereales! Un detector de brutos. Pero no creo que funcione, venía en unos cereales del Barriadefour.
Las miradas se dirigieron a la puerta con mucho temor. Un sonido terrible venía de la parte exterior. Por unos instantes les pareció oír que gritaban "Cerveza!!!" pero pensaron que debían ser sus propios pensamientos.
De pronto la puerta vibró y recibió un golpe. Luego otro y, de pronto, la puerta se partió dejando paso a un montón de tíos enormes.
- ¡¡Hooligans!! – gritó Duplolas, presa de una ataque de nervios.
- ¡¡Cerveza!! – gritó uno de ello. Y se abalanzó sobre el belfo.
- ¡Que soy rubio pero no soy cerveza…! – exclamó mientras corría Duplolas.
Durante unos instantes de confusión tuvieron que vérselas con los hooligans hasta que les dieron una total paliza y acabaron con ellos a base de marearlos mucho. Cromo respiró aliviado porque se veía ya tirando cañas en un bar por culpa de estos tipos.
- Menos mal.
- Creo que la mejor opción será correr recto a ver si hay otra salida. – comentó Randalf.
- Bueno. Esta bien, pero que nadie se quede atrás.
Todos salieron corriendo por patas, como unas nenazas a través del puente. De pronto, una enorme figura se interpuso entre ellos y la salida: era una mujer vestida de negro y con cara de pocos amigos.
- ¡Huid, la retendré! – dijo Randalf
- Vale, tío. – dijo Tragos, consciente de que igual el viejo cascaba en esa y siempre mejor él que los demás.
- Que sepas que te apreciamos – dijeron Mary y Peppen.
- Si. Ten cuidado. – dijo Cromo
El enorme ser se peleó con Randalf. Cromo se giró y vio como la enorme criatura cogía al vago gris de una oreja y lo llevaba a collejas a lo más profundo de la cueva.
A la salida todos lloraron la perdida de Randalf. En especial Mary y Peppen, ya que él era el que llevaba siempre el papel de liar. Aragán decidió que no podían quedarse allí y obligó a todos a avanzar. A fin de cuentas, les estaban persiguiendo aunque pareciera que siempre estaban de excursión.
Así fue como la Comparsita del Arroz se encaminó nuevamente, rumbo al Monte del Pepino.
