Bueno, lamento mucho la tardanza... De verdad que lo siento muchoo T-T. Aquí estoy con otro capi larguito eh? Lo siento de verdad, pues os dejo con el capi!
2. ¿Cómo puedo vivir así?
Goenji estaba mirando hacia todos los lados de la habitación de Shirou, como si estuviera en una película de terror.
—Esto tiene que ser una pesadilla… o una mala jugada de mi mente… ¡tiene que haber una explicación para esto! —decía el chico al borde del colapso. Si no se calmaba tenía altas posibilidades de que le diera una parada cardíaca.
—¡Shirou! ¿Qué ha pasado? ¿Te encuentras bien? —preguntó Atsuya algo alterado mientras abría la puerta de la habitación del peli plata precipitadamente. Goenji lo miró con lágrimas en los ojos y a Atsuya le salió una gota en la cabeza al verlo así.
—¿Atsuya?
—Shirou… ¿ocurre algo? ¡Sabes el grito que metiste! —protestó el pequeño—. ¡Menudo susto nos has dado!
Goenji entrecerró los ojos y miró desconfiado al pelirrosa… ¿acaso tendría algo que ver con lo que estaba pasando? No se le ocurría otra persona que…
Es obvio que soy un adivino, me llamo Hikaru Hotaru.
Hikaru Hotaru… ¡Hikaru Hotaru! ¡Tenía que ser él! Había dicho algo de un hechizo.
—¿Shirou? ¿De verdad estás bien? —preguntó algo preocupado el menor de los Fubuki. Goenji se sorprendió un poco y pensó:
—No… No parece que él tuviera algo que ver, sino sabría que yo soy Goenji y se burlaría de mí. Al parecer no es consciente de lo que ocurre. Mejor así, ahora estoy en el cuerpo de Shirou, si le salgo con que soy Goenji, Atsuya tomaría a Shirou por un loco o desquiciado… mejor me callo e intento actuar como él…
—Shirou… estoy empezando a preocuparme de verdad —decía el pelirrosa algo alterado. Goenji suspiró para tranquilizarse y dijo con una sonrisa:
—Estoy bien, es solo que… en realidad… ¡tuve una pesadilla! ¡Unos osos gigantes me atacaron! ¡Genial! ¡Qué excusa tan estúpida, Goenji Shuuya!
—¿Osos… gigantes? —preguntó Atsuya con un tic en la ceja izquierda—. Ha dicho… osos gigantes…
—Sí… bueno, fue una pesadilla, nada más… esto… voy a ponerme el uniforme —decía un nervioso Goenji, pero al ver que el pelirrosa no salía de la habitación, preguntó—. ¿Atsuya?
—¿Eh? ¡Ah, sí! Ya salgo —dijo el pequeño algo distraído mientras salía de la habitación de su hermano. Mientras bajaba de camino al comedor para desayunar, volvió a pensar algo sorprendido—. Osos gigantes…
Goenji suspiró derrotado y susurró:
—Definitivamente yo no sirvo para esto…
…
—Shuu-niichan —llamó Yuka algo preocupada a su hermano. El ahora peliblanco estaba completamente hecho piedra y con los ojos abiertos como platos delante del espejo del baño, parecía una auténtica estatua humana.
—¿Estás bien Shuu-niichan? —volvió a preguntar con preocupación la pequeña Goenji mientras le picaba con el dedo para ver si reaccionaba—. El desayuno se enfría…
—¿Desayuno? —preguntó Shirou reaccionando de repente, sin embargo hizo muestras de ponerse a vomitar. Con todas las emociones que se habían juntado y estaba viviendo en ese instante, lo último que quería era comer, tenía el estómago totalmente revuelto.
—Esto… —susurró Yuka confundida mientras le miraba. Shirou se puso algo nervioso y susurró:
—Creo que… me pondré el uniforme.
El chico salió de allí como un relámpago, dejando a Yuka sorprendida.
—Oh, puede que Shuu-niichan esté tan sorprendido porque se dio cuenta de que está enamorado de Shirou-kun —dijo la pequeña Goenji mientras salía del baño y bajaba las escaleras en dirección a la cocina, después sonrió—. Sí, tiene que ser por eso…
Shirou se estaba tirando de los pelos, no sabía qué hacer y lo único que se le ocurría en ese momento era llorar… pero eso no sería de ninguna utilidad.
—Yo… ¿es qué acaso hubo indicios de que esto pasaría? —se preguntó en voz alta, estuvo tres segundos en silencio y finalmente—. No, nada.
Finalmente se calmó un poco y buscó por la habitación el uniforme. Vio que estaba en una silla y fue corriendo hacia él, finalmente decidió ponérselo.
—A ver… primero tranquilízate Shirou… —se susurró a sí mismo totalmente ruborizado mientras sacaba la camiseta, estaba muy avergonzado. Miró la camisa del uniforme y se la puso… una pieza menos—. Ahora… oh dios… los pantalones —susurró decaído, sinceramente estaba pensando en ponerse a llorar, quizás así se descargaba algo.
Shirou respiró fuerte un par de veces y después decidió sacarse los pantalones del pijama, estaba tan avergonzado que pensaba que podía darle un infarto en cualquier momento y caería fulminado en la cama. Finalmente pudo ponerse los pantalones sin mayor dificultad y suspirar tranquilo.
—¿Qué demonios ha podido pasar? Esto no es nada normal —pensó el chico mientras bajaba las escaleras con un aura depresiva rodeándole.
…
Goenji estaba pensando en ponerle un bozal a Atsuya, quizás así él se callaría y probablemente se reiría un poco de la escena (necesitaba reírse un poco, sus ánimos estaban por los suelos).
—¿Qué te pasa? —volvió a preguntar por enésima vez el pelirrosa algo molesto—. Me preocupa tu actitud Shirou. ¡No me estás haciendo caso!
—No eres el centro del universo, pesado —dijo secamente el chico, rápidamente se arrepintió… ¡estaba en el cuerpo de Shirou! ¡No podía contestarle así a Atsuya o empezaría a sospechar algo!
—¿Qué…? —preguntó el pelirrosa. Parpadeó un par de veces y se fijó en quien debería ser su hermano… si de verdad era él.
—Yo… —susurró Goenji intentando explicarse para que no sospechara de él. Atsuya se puso delante de él, cortándole el paso, y exclamó:
—¡Ajá! ¡A ti te pasa algo! ¡Ya lo estás soltando Shirou!
—No, no pasa nada Atsuya, déjalo —dijo Goenji, en cierto modo, aliviado. No quería pensar que podría pasar si Atsuya descubriera que él estaba dentro del cuerpo de Shirou. Sinceramente pensaba en dos posibilidades:
1-Atsuya pensaría que su hermano se había vuelto loco.
2-Disfrutaría de lo lindo mientras se reía y se metía con él a todas horas.
—Así que no te pasa nada —susurró Atsuya con una sonrisa burlona—. ¿Y esperas que me lo crea? ¡Vamos Shirou! ¡Que tengo 15 años! ¡No soy estúpido!
—Eso ya lo había comprobado —pensó Goenji, claro que Atsuya no era estúpido, para nada… era más astuto de lo que había pensado. El pelirrosa arqueó una ceja y preguntó impaciente:
—¿Y bien? Estoy esperando Shirou, y créeme que no importa llegar tarde al instituto sino me dices que te ocurre.
Goenji bajó la cabeza con algo de depresión, odiaba cuando se ponía tan pesado, tan insistente, tan cabezota… ahora que lo pensaba, ¿había algo de Atsuya que no odiara? La cabeza del chico trabajaba al 100 %, buscando una posibilidad para que Atsuya le dejara en paz.
—Maldito niñato de pelo rosa —pensó el mayor con algo de molestia. Atsuya lo miró mal y gruñó:
—No sabía que querías llegar tarde al instituto Shirou, a mí no me importa llegar tarde… sobre todo cuando Goenji-baka me dijo que el profesor de historia es de lo peor.
—¿Ah? ¡¿Cómo qué Goenji-baka? —preguntó muy ofendido el chico. Atsuya se echó hacia atrás por el grito y dijo:
—¿Qué te ocurre Shirou? ¡Estás actuando como Goenji cuando le llamo baka!
Goenji decidió tranquilizarse algo y se acordó de una cosa:
—Tan solo estoy algo decaído por la pesadilla de los osos gigantes.
Una gota resbaló por la cabeza del pelirrosa y preguntó sorprendido:
—¿Eh? ¿Otra vez con osos gigantes?
Goenji asintió para que le dejara en paz y Atsuya dijo:
—Sé que no es eso lo que te hace estar así pero… ya me lo contarás hoy.
El chico se deprimió algo ante lo dicho por el pelirrosa. Se encaminaron de nuevo hacia el instituto mientras que cada uno ocupaba sus pensamientos.
—¿Cómo hago ahora para librarme de la pequeña molestia pelirrosa? Atsuya es muy pesado si se lo propone… menos mal que de momento no se lo propuso porque si no ya me vería completamente humillado. Pero esa no es mi preocupación en este momento, sino saber qué demonios pudo pasar para estar encerrado en un cuerpo que no es el mío… ¡y aún más el cuerpo de Shirou! ¡¿Esto es una maldición o qué? ¡Tendré que encontrar a ese Hikaru sea como sea! —pensó Goenji con preocupación, tenía que averiguar que le había hecho ese chico.
—¡Ah! ¡Qué sueño tengo! —pensó el pequeño de los Fubuki tranquilamente—. Oh genial, ahora tengo tutoría… nuestro anterior tutor era el antiguo profesor de historia, supongo que ahora el nuevo tutor será el nuevo profesor de historia… ¡no tengo ganas de tener con ese profesor! ¡Sobre todo después de cómo lo describió Goenji!
Ambos chicos llegaron al instituto, cada uno sumido en sus pensamientos, y sin dirigirse mucho la palabra se fueron a su clase cada uno.
Goenji vio con algo de preocupación que Shirou aún no había llegado. Se sentó en el asiento que supuestamente le pertenecía al mayor de los hermanos Fubuki y esperó a que llegara. Tenía que venir, no podía faltar… ¡no precisamente ese día que se había despertado así sin ni siquiera proponérselo!
El chico estaba realmente nervioso, tendría que esperar a la noche para poder ir a la feria a ver si encontraba a Hikaru. Por suerte, recordaba a la perfección el aspecto físico del chico (algo muy normal en él recordar a personas que lo sacan de sus casillas) y podría encontrarle con más facilidad si tenía muy presente como era.
—Esto es absurdo… aún no me creo que esto esté pasando en realidad —gruñó suspirando pesadamente mientras dejaba caer su cabeza en el pupitre del chico.
—¿Go-Goenji-kun? —susurró una voz demasiado conocida para él. Levantó el rostro y… ¿se vio a sí mismo? En cierto modo podría decirse así, pero lo que en realidad estaba viendo era a Shirou metido en su cuerpo… ¡nada de lo que pasaba tenía sentido!
—¿Shirou? —musitó Goenji como perdido observando su cuerpo, que ya lo extrañaba de sobremanera. Por su parte, Shirou miró a Goenji confundido, ¿acaso él sabía que pasaba? ¿Sabía por qué estaban en esa situación?
…
Atsuya tan solo se sentó en su asiento mientras ponía una cara de aburrimiento. Tenía sueño ese día, no tenía ganas de tener clase con ese profesor… y sobre todo por como describieron las clases sus amigos del club de fútbol.
—Atsuya, ¿estás bien? —preguntó alguien. El pelirrosa lo miró y se dio cuenta de que era Tachimukai, quien lo miraba preocupado.
—Estoy bien, no hace falta que te preocupes Tachi.
—Es que tienes mala cara.
—Tan sólo tengo sueño —afirmó el pequeño Fubuki mientras ahogaba un bostezo con la mano. Tachimukai sonrió mientras se sentaba al lado de su amigo y compañero, esperando que el profesor de historia entrara en clase.
—Tsunami-kun me dijo que… el profesor de historia era difícil de describir —comentó el castaño. El pelirrosa lo miró y sonrió:
—Supongo que lo dijo para no asustarte… Goenji-baka me dijo que el tío era de lo peor.
Tachimukai se quedó de piedra y tartamudeó:
—¿Co-Cómo?
—¡Sí! ¡Esa fue la misma reacción que tuve yo! —se carcajeó el chico de ojos grises mientras se acomodaba en la silla.
Tachimukai se rió nerviosamente y preguntó:
—Ahora que me acuerdo, ¿por qué te cae tan mal Goenji-san? A mí me parece un buen chico.
—A ti, Tachi, a ti… pero es que es algo corto y mi paciencia no es muy grande así que… chocamos, ya sabes.
—Aún así no entiendo cómo te puedes llevar tan mal con Goenji-san —repuso el chico de ojos azules. Atsuya sonrió traviesamente y contestó:
—Es como si yo te preguntara el porqué te llevas tan bien con Tsunami. Es lo mismo.
Un sonrojo cubrió las mejillas del portero suplente y susurró:
—Pero… si yo no…
—Oh vamos, ¿tanto te cuesta decir que estás enamorado de tu querido Tsunami-kun, Tachi? —preguntó burlonamente. Tachimukai frunció el ceño y gruñó con un sonrojo:
—Atsuya… ¡ya me gustaría verte cuando te enamores de alguien, bastardo!
—¡Nah! No creo que eso pase…
Poco después apareció un señor cincuentón con cara de malas pulgas y Atsuya y Tachimukai abrieron los ojos impresionados… ese tío no les sonaba de nada, seguramente era el profesor de historia pero… que cara de pocos amigos tenía.
—¡Bien chicos! ¡Soy vuestro nuevo profesor de historia! ¡Me llamo Takao Makei! ¡Pero podéis llamarme Makei-sama! —se presentó el profesor. Una gota resbaló por la cabeza los alumnos mientras miraban al profesor como un bicho raro.
—¿Makei-sama? ¿Ha dicho que podíamos llamarle Makei-sama? —se preguntaba mentalmente un incrédulo Tachimukai. Atsuya arqueó una ceja y pensó:
—¿Sama? ¡Ja! ¡En todo caso le llamaré Makei-baka! ¿Y este profesor es tan terrible? ¡Venga ya! ¡Si es un pringado!
—¡Lo siguiente son las normas que estableceréis en mis clases! ¡Nada de cuchicheos a mi espalda! ¡Nada de hablar! ¡Levantaréis la mano si tenéis una pregunta! —decía el profesor estrictamente mientras los alumnos lo miraba con algo de miedo… a excepción de uno.
—¡Oiga! ¿Cómo que levantar la mano? ¡Que no somos niños de primaria! —replicó Atsuya mientras negaba con la cabeza en señal de resignación. Los demás, incluso el profesor, le miraron con la boca abierta de par en par.
—Atsuya, por favor… discúlpate —decía Tachimukai a punto de llorar al ver que el profesor los miraba realmente mal. Atsuya se cruzó de brazos y protestó con el ceño fruncido:
—¡Pero si ahora no he hecho nada malo!
El profesor Makei entornó los ojos y gruñó:
—Tú debes de ser… Fubuki Atsuya…
—¡Oh, que honor! ¿Le hablaron de mí? —preguntó con una sonrisa burlona en la cara.
—Me dijeron que eras el alumno más problemático de este centro así que había que tener cuidado contigo. No me preocupo especialmente, pronto dejarás de tener esa actitud rebelde e irritable.
Una gota resaló por la cabeza del pelirrosa y miró al profesor como con aburrimiento.
—¿Por qué todos pensarán eso al principio? ¡Al final va a tener que acostumbrarse a mí!
—Ya me ocuparé más tarde ti Fubuki…
—¿Y yo ahora que he dicho? —preguntó sorprendido. Makei carraspeó y dijo:
—Como vuestro tutor era el antiguo profesor de historia, ¡ahora yo pasaré a ser vuestro tutor! —seguía con la presentación, a Tachimukai casi le da una parada cardíaca… ¿Por qué tendría que ser ese el tutor? ¡Ese hombre le daba miedo!
—Eso ya lo sabía pero… tenía una ligera esperanza de que no fuera así —susurró Atsuya deprimido lo suficientemente bajo para que el profesor no lo escuchara. Tachimukai asintió ante lo dicho por el pelirrosa y bajó la cabeza con depresión.
—¡Bien! ¡Hoy tenemos un alumno nuevo con nosotros! ¡Pasa! —dijo Makei. La puerta del aula se abrió dejando a entrar un chico. Era rubio, con el pelo largo hasta los hombros y con ojos dorados. Tenía una sonrisa divertida y burlona en la cara denotando un poco su traviesa personalidad.
—¡Hola! —se presentó el muchacho animadamente—. ¡Me llamo Hikaru Hotaru! ¡Espero que nos llevemos bien!
Atsuya miró al chico que tenía delante con atención. Su aburrida mirada cambió a una de curiosidad en cuanto le vio. Hikaru vio que un chico de ojos grises y cabello rosa pálido le miraba con bastante interés. El rubio le dedicó una sonrisa a Atsuya y este sintió como sus mejillas empezaban a arderle.
—¡¿Cómo? ¡Estoy sonrojado! ¡Odio sonrojarme! —pensó Atsuya mientras bajaba la vista con vergüenza—.¡No puedo creerlo! ¡Como si me sintiera atraído por el… afeminado este! ¡Porque eso es lo que es! ¡Un afeminado!
—Hotaru, te sentarás al lado de Fubuki —informó el profesor. El pelirrosa se sorprendió y gritó con sorpresa:
—¡¿Cómo?
Todos miraron expectantes esa reacción. Atsuya se sorprendió por el grito que él mismo había metido y suspiró pesadamente mientras se revolvía incómodo en su asiento.
—¿Hay algún problema Fubuki?
—Mi problema empezó desde el mismo momento en el que usted entró en clase, Makei-san —susurró con burla el pequeño Fubuki. Una vena empezó a palpitar en la cabeza del profesor, pero el hombre se tranquilizó y decidió no armar escándalos.
—Bueno, da igual… Hotaru te sentarás al lado de Tachimukai y… ¡oye! ¿A dónde vas? —preguntó Makei desconcertado ya que el rubio se había puesto a andar—. ¡Ni siquiera sabes quién es Tachimukai!
Pero el chico de ojos dorados no dijo nada y, para sorpresa de todos, se sentó al lado de Atsuya. El pelirrosa abrió los ojos impresionado y arqueó una ceja en señal de no entender.
—Oye —llamó en voz baja Hikaru cuando el profesor se puso a hablar de nuevo—, ¿por qué no querías que me sentara a tu lado?
—Hmp —le dijo Atsuya mirándolo de reojo algo ruborizado, ¿por qué se tenía que sonrojar? ¡Lo detestaba!
Hikaru pasó de intentar preguntarle de nuevo e intentó prestar atención a lo que decía el profesor. Dentro de un poco se aburrió y se puso a hacer lo que mejor se le daba… adivinar o leer el pensamiento de la gente. Miró al chico que estaba al otro lado de Atsuya y se concentró en él, dentro de unos minutos pensó:
—Así que… se llama Tachimukai Yuuki, tiene 15 años y estudia aquí… bueno, eso es bastante obvio. Pertenece al equipo de fútbol del Raimon y es el portero suplente y también centrocampista. Está enamorado del defensa Tsunami Jousuke, dos años mayor que él… En este momento está pensando que ojalá el profesor Makei se callara. Vaya, vaya… mis dotes como adivino son geniales —acabó diciéndose mentalmente el chico rubio con una sonrisa de autosuficiencia.
Hikaru dejó de mirar a Tachimukai y ahora miró a Atsuya, empezando a leer lo que estaba pensando o algo de su vida personal… Hikaru abrió los ojos impresionado ante lo que estaba pasando, ¡no podía leer nada de Atsuya! Frunció el ceño y se concentró más, pero nada. ¿Qué era lo que pasaba? ¿Cómo es que no podía leer nada?
—No es… posible —pensó Hotaru sorprendido. Se quedó aún más sorprendido al ver como Atsuya le pasaba una nota.
¡Deja de mirarme! ¿O te has enamorado de mí?
Una gota resbaló por la cabeza de Hikaru al ver eso, sin embargo miró de nuevo al chico. Un tenue sonrojo cubrió sus mejillas, era muy atractivo. Sacudió la cabeza levemente y cogió la nota para ponerse a escribir.
No seas idiota, ¿enamorarme yo de ti? ¡Soñar es gratis!
Atsuya sintió como una vena empezaba a palpitar en su cabeza, el lápiz que tenía en su mano se rompió, dejando a Hikaru helado… ese chico era peligroso. Atsuya metió en su estuche el lápiz roto y lo cambió por otro que tenía y le contestó.
Muy buena afeminado… me has dejado sin palabras.
3… 2… 1… ¡0!
—¡¿Me has llamado afeminado? —gritó Hikaru furioso levantándose del asiento y mirando a Atsuya con una expresión asesina. Atsuya solo le dedicó una atractiva media sonrisa que hizo que el rubio se sonrojara. ¿Por qué tendría que ser tan endemoniadamente guapo ese maldito pelirrosa?
—¡QUE PASA AQUÍ! —gritó el profesor con una vena a punto de estallarle. Hikaru se sentó rápidamente en su asiento al ver a Makei así y Atsuya dijo con tranquilidad mientras le señalaba:
—Eh, te va a explotar esa vena… Sí, esa de ahí.
A todos le salieron una gota en la cabeza y Makei se puso más furioso… ¿ese chico no tenía miedo a nada o qué? El profesor se dio la vuelta totalmente humillado y cogió un papel y se puso a escribir, cuando acabó se lo entregó a Atsuya.
—Se lo entregas a tus padres, quiero que sepan el mal comportamiento que tienes hacia tus mayores —le informó el hombre mirándolo duramente. El pelirrosa le cogió el papel y dijo con otra sonrisa burlona:
—Si ya lo saben, esta es la nota nº 348.
El profesor abrió la boca impresionado, pero no dijo nada y siguió dando la tutoría. Hikaru lo miró como si fuera un bicho raro y escribió:
Con que 348 ¿eh? No te cortas ni un pelo. Eso es tan propio de un maleducado como tú.
Atsuya sonrió y escribió.
Soy maleducado sí… y a mucha honra.
Una gota resbaló (de nuevo) por la cabeza del rubio al leer eso, ese chico era realmente muy raro. Hikaru tan solo resopló y dejó de escribir, no tenía ganas de perder los nervios con Atsuya.
En la hora del descanso…
Goenji se encontraba algo incómodo, se sentía como un intruso en medio de Kazemaru, Midorikawa, Tachimukai, Sakuma y Suzuno.
—Shirou-chan —llamó Tachimukai—. ¿Qué te ocurre? Te noto apagado.
El chico empezó a ponerse nervioso y susurró:
—Oh no, si no es nada Tachimukai.
El castaño lo miró algo confundido y preguntó:
—¿Tachimukai? ¿Ya no me llamas Tachi-chan?
—¡Me niego a llamarle así! Bueno, es que hoy no me apetece.
—Atsuya hoy también estaba de lo más raro ¿sabes? Llegó un chico nuevo llamado Hikaru Hotaru y… —Tachimukai no pudo seguir, ya que Goenji lo agarró de los hombros y preguntó enfurecido:
—¡¿Acabas de decir Hikaru Hotaru?
Los otros chicos lo miraron interrogante mientras que el pobre castaño estaba muerto de miedo.
—Sí… Dijo que… se llamaba Hikaru Hotaru —respondió dubitativo. El ahora peli plata lo soltó y fue hacia donde estaba su cuerpo con Shirou dentro. El chico lo miró y Goenji lo cogió del brazo sin mediar palabra, dejando a los demás sorprendidos. ¿Desde cuándo Shirou era así?
—¡Goenji-kun! ¡Suéltame por favor! ¿A dónde vamos?
Sin embargo, Goenji no prestó atención a los lamentos de Shirou, tenía que encontrar a Hikaru en el instituto y quería que Shirou estuviera presente por si acaso. Mientras iba por el instituto adelante, agarrando a Shirou, pensó:
—Así que estás en este instituto ¿eh? ¡Me parece que me vas a tener que dar más de una explicación!
Después de estar corriendo un rato, ambos se pararon jadeantes por estar corriendo todo ese tiempo. Goenji estaba a punto de echar humo por lo furioso que estaba, ¡no había manera de encontrar a ese Hikaru!
—¡Eh! ¿Qué os pasa? —preguntó una voz conocida por ambos. Los dos se dieron la vuelta y vieron a Atsuya mirándolos extrañado. Goenji se incorporó y dijo:
—Estamos buscando a Hikaru Hotaru, ¿tú sabes dónde está?
Atsuya resopló molesto y preguntó:
—¿Acaso conoces a ese afeminado hermano? Me parece que fue a la azotea… ¿por qué estás a solas con Goenji? ¿Tenéis alguna especie de cita romántica o qué?
Ambos chicos se sonrojaron y miraron al suelo algo avergonzados.
—Atsuya, ¡cierra el pico! —gritó Goenji molesto fulminando con la mirada al pequeño. Atsuya se quedó a cuadros y dijo:
—Sí, estás de lo más extraño Shirou… Ya me contarás hoy lo que te pasa.
—Hn… —"dijo" Goenji y cogió a Shirou de nuevo para llevárselo a la azotea, pero él se soltó para sorpresa de Goenji—. ¿Por qué…?
—No voy a ningún lado —dijo Shirou molesto—. ¡No hasta que me expliques que pasa aquí! ¡No me estoy entrando de nada Goenji Shuuya!
¡Oh no! Fubuki Shirou estaba enfurecido, pocas veces le llamaba así. El chico respiró un par de veces para tranquilizarse y preguntó:
—Quieres saberlo ¿no? Quieres saber porque tú estás en mi cuerpo y yo estoy en el tuyo ¿no es así?
—Pues sí —respondió Shirou—. Te agradecería que me lo explicaras si lo sabes.
—En realidad no sé mucho, por eso quiero encontrar a Hikaru Hotaru. Me encontré a ese chico ayer en la feria y me hizo perder los nervios. Al final me dijo que el hechizo no se rompería hasta que lo admitiera.
—¿El qué? —preguntó el chico entre confundido y sorprendido, lo que le acababa de contar Goenji era de lo más extraño, pero en cierto modo tenía sentido. El ahora más bajo soltó un suspiro cansado y contestó:
—Yo que sé, ¡es por eso que tenemos que ir para averiguarlo!
Shirou asintió y se dispuso a correr con él en dirección a la azotea. Atsuya los observó marcharse sorprendido.
—¿Tú estás en mi cuerpo y yo en el tuyo? —se preguntó a sí mismo el pelirrosa—. ¿Se puede saber de qué demonios hablaban?
Al final, el chico decidió seguirlos, tenía ganas de saber que pasaba ahí.
En la azotea…
—Vaya, vaya… Fubuki Shirou y Goenji Shuuya vienen hacia aquí —dijo divertido Hikaru mientras notaba como ambos chicos mencionados se acercaban. Goenji abrió la puerta que daba a la azotea bruscamente y paseó la mirada por el sitio hasta encontrar al rubio.
—¡TÚ! —gritó Goenji enfadado acercándose a Hikaru cuando lo vio. El rubio sonrió y saludó:
—Hola Goenji.
—¡¿Qué hola ni qué ocho cuartos? —gritó aún más enfurecido Goenji, ese chico lo hacía salir de sus casillas, pero se dio cuenta de un detalle importante—. ¡Ajá! ¡Te pillé! ¡Tú eres el causante de lo que nos pasa a Shirou y a mí! ¡Acabas de llamarme Goenji!
—Bueno, creo que eso es demasiado obvio —respondió el rubio sin darle demasiada importancia. Shirou frunció el ceño y dijo:
—Siendo obvio o no, lo que no me explico es porque lo hiciste. Vamos a ver, ¿por qué nos haces esto?
—Es sencillo, si Goenji hubiera reconocido que está enamorado de Fubuki Shirou, ahora tú estarías en tu cuerpo y él en el suyo.
La explicación de Hikaru hizo que ambos afectados se sonrojaran. Goenji apretó los dientes y gritó:
—¡Deja de decir estupideces!
—¡No son estupideces! —dijo Atsuya detrás de él, que ya hacía un rato que estaba en la azotea—. Así que tenéis los cuerpos cambiados porque Goenji-baka no quiso reconocer que estaba enamorado de Shirou ¿eh? Bueno, tengo que reconocer que el afeminado hizo algo bien esta vez.
—Vuelve a llamarme afeminado y será lo último que hagas —le amenazó el rubio con cara asesina. Sin embargo, Atsuya ni se inmutó, es más, para sorpresa de Hikaru, se acercó a él y sonrió:
—¿Ah sí? ¿Qué vas a hacerme?
El rubio se sonrojó ante la cercanía del pelirrosa y bajó la cabeza con vergüenza. Atsuya, al darse cuenta de lo cerca que estaba, se ruborizó levemente y se separó algo.
—¿Y esa escenita qué? —preguntó Goenji con algo de burla. El pelirrosa lo fulminó con la mirada y gruñó:
—¡No estás en condición de burlarte de mí, cambiante de cuerpos!
A los tres chicos les salió una gota en la cabeza y pensaron:
—Que apodo más raro.
El timbre sonó, haciendo que los cuatro se sobresaltaran… era hora de volver a clase.
—Bueno… Atsuya, ¿vienes o no vienes a clase? —la pregunta de Hikaru hizo reaccionar a Goenji, poniéndose entre Hikaru y la puerta, ya que el rubio tenía intención de irse a clase.
—Ninguno de nosotros se mueve de aquí hasta que no nos devuelvas a Shirou y a mí a nuestros respectivos cuerpos —amenazó el chico. Hikaru sonrió burlonamente y contestó:
—¡Claro! Podemos estar aquí años y años si quieres… Por desgracia para vosotros dos no puedo hacer nada con eso.
—¿De qué hablas? —preguntó Shirou, esperanzado de que todo fuera un broma.
—Pues que yo no puedo volveros a vuestros cuerpos. En realidad, yo ejecuté el hechizo, cierto, pero… yo no puedo hacer nada para devolveros a vuestros cuerpos, la única manera es que ambos reconozcáis que estáis enamorados el uno del otro —explicó el rubio asintiendo ante sus propias palabras. Shuuya y Shirou se sonrojaron al máximo ante eso y miraron al suelo avergonzados.
—Vaya —respondió Atsuya con una sonrisa—, así Goenji-baka no tendrás más remedio que declararse. ¡Lástima que yo no fuera adivino!
—Y menos mal que no lo es —pensó Shirou con una gota en la cabeza y aliviado. No quería ni imaginar que catástrofes podrían suceder si su hermano era adivino como ese chico. Hikaru sonrió nervioso y dijo:
—Bien, ahora que ya sabes lo que tienes que hacer Goenji… ¿me dejas ir a clase? ¡Voy retrasado!
Goenji se despegó de enfrente de la puerta y dejó que se marchara, estaba seguro de que aunque quisiera, no le sacaría más información de la que ya tenía. Observó como Atsuya y Hikaru se iban fuera de la azotea y como Shirou le miraba preocupado con su cuerpo.
—Goenji-kun yo… ¿qué crees que deberíamos hacer? No sé si lo que dijo es cierto o no —dijo con un aura depresiva rodeándole. Shuuya hizo todo lo posible para poner una sonrisa, pero le salió una sonrisa nerviosa.
—No te preocupes Shirou, intentaremos que todo salga bien —respondió Goenji intentando parecer convincente, lástima que no lo hubiera conseguido—. Seguro que Hikaru nos dará más pistas sobre lo que tenemos que hacer… Por ahora será mejor volver a clase.
Goenji salió corriendo de allí dejando a Shirou solo en la terraza. El chico bajó la vista algo cansado y deprimido y pensó:
—Es justo como yo lo creía… Goenji-kun no hace más que decir que no siente nada por mí, es obvio que no le gusto para nada. Y yo ahora, ¿qué hago? ¿Cómo puedo vivir así? Vivir dentro del cuerpo de la persona que amo…
Continuará…
Bien ¿qué os ha parecido? Quizás un poco soso y no he puesto mucho sobre las otras parejas, pero prometo que en el siguiente capi pondré más sobre las parejitas, que no las he olvidado, de hecho ya lo tengo empezado el capi y ya he puesto algunas sesiones XD.
Pues agradezco muchísimo los comentarios de verdad, fueron tan buenos. Con respecto a una pregunta que me hicieron sobre si Atsuya quedaría con Someoka pues no... no quedará con él.
Encontes me despido... Sayo y muchísima suerte a todos!
