Hola… esto… siento mucho el retraso T-T no quería tardar tanto, pero es que no pude acabarlo antes. Este capi está hecho con sangre, sudor y lágrimas… bueno, quizás sangre no, pero he puesto todo mi esfuerzo.

Atsuya: quieres empezar con el capi? A nadie le importan tus patéticas excusas!

Saya: Ay pequeño ¬¬ me pregunto cómo es que siempre tienes las palabras necesarias para deprimirme más de lo que estoy T-T

Atsuya: esa es la labor de un buen compañero

Saya: Etto... bien, es lo más largo que escrito en mi vida O.o, me llevó 21 páginas de Word, sin exagerar... el anterior fue el más largo, pero solo eso "fue" ahora este es el más largo de todos y dudo que llegue a superarlo... pero nunca se sabe! XD

Discalimer: El día en que los Reyes Magos me traigan los derechos de Inazuma Eleven, es que me convertí en la mejor de mi clase y destaco entre todos, pero como soy de lo más normal y mi promedio es pésimo, pertenece a Level-5 (aunque la familia Hotaru y los profesores del instituto Raimon, sí que son míos).

Disfrutad!


8. Encuentros sorpresivos

Shirou dio una patada en la pared en señal de frustración… estaba dolido, tan tremendamente dolido. Resopló con furia y se sentó en el suelo de un pasillo que en ese momento se encontraba desierto… estaba tan cansado de esa situación que ni ganas tenía de llorar.

—Lo siento, no pensé que las cosas tomarían este rumbo… —escuchó una voz arrepentida sentándose a su lado. El chico se sobresaltó y vio a Hikaru, que lo miraba con arrepentimiento.

—Verás… no creo que ahora mismo sea precisamente culpa tuya, así que no pasa nada —respondió el otro. El rubio miró hacia Shirou y después suspiró.

—Pensé que todo saldría mejor, perdóname. Haremos lo posible para arreglarlo con Goenji y…

—No vuelvas a pronunciar ese apellido… ¡ni su nombre! —gritó Shirou furioso mientras bajaba la cabeza con dolor, era demasiado doloroso oír algo de él en ese momento. Hikaru se levantó de allí, comprendiendo un poco al defensa… sería mejor dejarle solo por el momento.

—¡Pero tú eres el mayor baka del planeta! ¡¿Acaso se te derritió el cerebro para hablarle así a mi hermano? ¡Contéstame joder! —gritó con furia el pelirrosa mientras agarraba el cuello de la camisa de Goenji, que ahora mismo no prestaba atención a nada.

Shirou… piensa que yo lo odio… cuando es todo lo contrario… —su mente aún parecía algo activa, y lo único que lograba procesar era esa información… Shirou, su amigo, se había enfadado con él, le había golpeado… ¿cómo pudo decirle aquello? Pero había algo que no entendía, ¿por qué se había enfadado tanto?

—¡Atsuya! —gritó el rubio en cuanto llegó y vio esa escena, rápidamente cogió el brazo del pelirrosa y lo alejó de Shuuya—. Por el amor de dios, contrólate ¿quieres?

—¿Cómo puedes decir eso? ¡No sabes lo que se siente que dañen a tu hermano mayor y que tú no puedas hacer nada por él! —reclamó el chico de cabello rosa. Hikaru frunció el ceño y gritó:

—¡Ya basta! ¡Cálmate de una vez! ¿Quieres? ¡No conseguirás nada recurriendo a la violencia!

Atsuya bajó la mirada ya apretó los puños… tenía razón, como siempre, Hikaru tenía razón.

—Es frustrante…

—Lo sé… pero me parece que Goenji no a reaccionar con nada de lo que le digamos.

Ambos chicos se miraron entre sí para después mirar para donde estaba Goenji… o para donde debería estar.

—¡¿Dónde se metió? —preguntó Atsuya mirando a los lados, Shuuya había desaparecido. Hikaru suspiró y bajó la mirada, no sabía ni cómo resolver la situación en la que se había puesto Goenji y Fubuki.

No sé qué podemos hacer, si Atsuya y yo intervenimos todo podría acabar peor de lo que está… será mejor dejarlos estar por el momento —pensó el rubio.

Por otro lado…

Goenji caminó algo desorientado por los pasillos, era mejor estar por lo menos ese día alejado de Shirou, seguramente mañana seguiría enfadado con él, pero quizás estaría más calmado que hoy.

Soltó un bufido, enfadado consigo mismo. ¿Cómo podía ser tan estúpido como para decir eso? "¿No me importas?". ¡Shirou era una de las personas más importantes para él, maldita sea! ¡Ni siquiera sabía porque se había puesto de esa manera!

La verdad es que no tenía ni porque odiar al tal Takato, ¿tenía él la culpa? ¡Pues en realidad no! ¡La culpa solo había sido suya, de Goenji Shuuya!

—Shirou… —llamó una voz suave detrás de él. Goenji se dio la vuelta y vio a Kazemaru, que lo miraba preocupado—. ¿Puedo saber qué es lo que ocurre? Desde hace algún tiempo, tú y Goenji actuáis extraño, ¿pasó algo entre vosotros? ¿Shirou?

Shuuya no estaba de humor para contestar preguntas y realmente ahora mismo lo único en que podía pensar era en que había hecho daño a Shirou diciendo cosas que no eran verdad. Goenji cerró los ojos en un intento de buscar una simple razón para haber actuado así con Shirou, pero por mucho que buscara no encontraba anda. ¡Por dios, se sentía de lo peor!

—¿Shirou?

—Ya se lo dije a Midorikawa, es algo que quiero resolver yo… escúchame, creo que no deberías preocuparte tanto por mí, estoy bien.

—Sería más sencillo de creer si lo que estuvieras diciendo fuera verdad —contestó Kazemaru cruzándose de brazos. Shuuya lo miró de reojo, con algo de fastidio… realmente no tenía ganas de estar con nadie y aún menos de conversar.

—Por favor, déjame en paz, no estoy de humor —contestó Shuuya con voz cansada y algo inexpresiva. Un fulgor de preocupación apreció en los ojos rojizos de Kazemaru, este cerró los ojos y susurró:

—Está bien, siento haberte molestado… cuando te sientas preparado para hablar, yo te escucharé.

Tras decir eso último, el peli azul se dio la vuelta y dejó solo al chico. Goenji bajó la cabeza con decepción y puso una mano sobre su cara. Shirou… era lo más importante que tenía, si le perdiera ¿tendría algo sentido de nuevo?

La respuesta a esa pregunta era muy clara: no, nada tendría sentido de nuevo si Shirou no estaba con él. Pero… ¿en qué estaba pensando? Shirou era solo un amigo y, le parecía normal que después de tanto tiempo, el peli plata se sintiera ofendido por lo que le había dicho aunque…

Estoy… demasiado confundido —preguntó el chico suspirando pesadamente, se sentía mal y no sabía por qué demonios le tomaba tanta importancia a lo que estaba ocurriendo.

Shirou oyó como el timbre sonaba. Levantó la cabeza sin mucho ánimo, pero seguía sentado en el suelo… no sabía qué hacer, lo que menos ganas tenía era de ir a clase.

"—¡No me importas!"

Apretó los dientes con rabia… ¿o quizás dolor? Sus ojos se humedecieron, ahora sí que le habían entrado ganas de llorar. Era insoportable, aunque tenía una duda… ¿por qué Goenji había mencionado a Takato? ¿De qué lo conocía?

Taka-chan… —pensó Shirou levantándose del suelo mientras se apoyaba contra la pared—. Si estuvieras conmigo sabrías como animarme, en estos momentos es cuándo más te necesito Taka-chan…

—Goenji… ¿no deberías estar en clase? —preguntó una voz detrás de él. Se dio la vuelta y vio a Someoka. Shirou parpadeó sorprendido, no se esperaba encontrar al pelirrosa allí plantado.

—¿Someoka? —preguntó sorprendido el defensa—. D-Debería preguntarte lo mismo, ¿qué haces aquí?

—Bueno, Akito-sensei me echó cuando golpeé sin querer a un compañero de mi aula —explicó el chico mirándolo como si estuviera hablando de algo normal.

Una gota resbaló por la cabeza de Shirou y sonrió nervioso, Someoka era algo extraño. Shirou suspiró y dijo:

—Yo… en realidad no tengo ganas de ir a clase.

El chico se dio la vuelta, quedando de espaldas del delantero. Someoka lo miró y se acercó a él, abrazándolo por detrás. Shirou dio un respingo y después se puso nervioso… ¡no se acordaba de que Someoka estaba enamorado de Goenji! ¿Qué se supone que debía hacer? ¿Cómo debía actuar?

—E-Esto… —intentó decir Shirou para librarse de él, tenía que inventar algo rápido, ¡en ese mismo instante!

—Te amo.

Shirou se estaba poniendo cada vez más nervioso… ¿qué debía hacer? En ese mismo momento él no era Goenji, el delantero de fuego estaba en otro cuerpo, no en el suyo.

"—¡No me importas!"

El defensa volvió a bajar la cabeza, ¿por qué tenía que acordarse de eso ahora, en ese momento? Apretó el labio inferior… estaba hecho un lío, no sabía que debía hacer.

—¿Goenji? —preguntó Someoka notando como temblaba en sus brazos, el chico suspiró y dejó de abrazarlo, no quería incomodarlo. Sin embargo, notó como unas lágrimas silenciosas bajaban por la cara del delantero de fuego, haciendo que Someoka se sobresaltase—. ¡¿Qué ocurre? ¡Goenji!

—¡No pasa nada! —gritó Shirou intentando contener las lágrimas que caían descontroladamente de sus ojos—. No lo entiendo… antes no tenía ganas de llorar y ahora sin embargo lloro más de lo normal… ¡y justo delante de Someoka-kun!

—Goenji —llamó el pelirrosa más calmado mientras posaba una mano sobre su cabeza y acariciaba sus cabellos.

Shirou se tensó al sentir la mano de Someoka acariciando sus cabellos, no, mejor dicho… los cabellos de Goenji. Una lágrima más resbaló por su mejilla al parpadear y sintió un sentimiento en su pecho… una opresión de celos en su interior.

No… no me toques… ¡no me toques porque creas que soy Goenji-kun! ¡No me toques! —pensó Shirou con furia, apartó la mano de Someoka de la cabeza y se fue corriendo de allí, dejando al pelirrosa confundido.

Por otro lado, Shirou iba corriendo mientras sus lágrimas se hacían presentes de nuevo en sus ojos ahora castaños… ya desde hacía más de una semana que eran de ese color. Extrañaba su cuerpo, extrañaba poder hablar con Goenji como si fueran amigos, extrañaba ser como antes… se extrañaba a sí mismo.

Se mordió el labio inferior mientras abría la puerta de la azotea, notando como el viento le soplaba en la cara, haciendo que sintiera frío por donde habían caído sus lágrimas. Cerró la puerta tras sí y se sentó en una esquina… la azotea era un buen refugio, era obvio que mucha gente iba allí a desahogarse o simplemente a pasar el tiempo.

Adoro este sitio… me tranquiliza bastante… —pensó el chico mientras notaba como sus ganas de llorar empezaba a calmarse hasta reducirse a la nada… hasta que no tuvo ganas de llorar, hasta que estuvo más tranquilo.

Hikaru jugó con su bolígrafo, ignorando lo que el profesor de filosofía estaba explicando. Un pequeño rubor se hizo presente en sus mejillas al recordar la conversación que tuvo anoche con su hermano mayor Ritsuka.

Flash Back

—Te digo que no me pasó nada —dijo Hikaru por milésima vez mientras un rubor se instalaba en sus mejillas. El pelinegro sonrió y susurró:

—¿De verdad? Yo no diría lo mismo…

—¡Basta! —gritó el rubio avergonzado mientras le señalaba con el tenedor—. ¡Calla y come!

Una carcajada salió de la garganta del mayor al ver la expresión abochornada de su hermanito pequeño. Cuando paró de reírse, seguía teniendo en su cara una sonrisa burlona, señal de que le hacía gracia esa situación.

—No deberías ponerte celoso de mí Hika-chan, sabes que te dejaré a Atsuya-kun para ti solo, te lo prometo —informó el pelinegro. Un gran rubor se extendió por las mejillas del menor al oír eso y gritó:

—¡Baka! ¡Deja de burlarte de mí!

Ritsuka se rió mientras miraba como su hermano intentaba esquivar la mirada del mayor. El pelinegro sonrió y canturreó:

—Hika-chan está enamorado~…

—¡Cállate! —le gritó enfadado—. Además, no eres el más indicado para hablar… ¿qué me dices de Kazuki-san? La relación que tenéis me resulta sospechosa…

Hikaru sonrió triunfalmente al ver como su hermano mayor se ponía nervioso, hasta que gritó:

—¡Cómete la comida Hikaru, que se te enfría!

El rubio le sacó la lengua de manera infantil y después desvió la mirada hacia su cena… no tenía mucha hambre.

—Ritsuka… —llamó el menor. El pelinegro levantó la mirada y preguntó:

—¿Qué ocurre?

—Tú… puedes leerle la mente a Atsuya pero yo… no puedo hacerlo. ¿Tú sabes por qué ocurre eso?

La pregunta de su hermano hizo que el pelinegro empezara a pensar, se acordaba perfectamente de que él había hecho exactamente la misma pregunta hace mucho tiempo a su padre.

"—Otou-san, tú puedes leerle la mente a Kazuki-san y yo no, ¿por qué?"

Ritsuka sonrió con nostalgia al acordarse de eso, eran buenos recuerdos los que tenía cuando estaban sus padres vivos.

—Sí, sé por qué ocurre eso.

Hikaru no se esperaba que le contestara eso, estaba seguro de que esa pregunta no tendría respuesta… eso sí que fue una sorpresa.

—¿Lo sabes?

—Pues sí. ¿Quieres que te cuente lo que otou-san me contó cuando yo tenía 8 años?

Hikaru miró sorprendido a su hermano y contestó:

—Pues sí, me interesa bastante…

Pasaron unos segundos en silencio, ambos mirándose fijamente sin pronunciar una mísera palabra.

—Otou-san y oka-san se llevaban mal en cuanto se conocieron —dijo el pelinegro viendo como su hermano abría los ojos con impresión. ¿Llevarse mal? ¿Sus padres? ¿Haru y Kyoko Hotaru? ¡Venga ya! ¡Si cuando era pequeño, se acordaba perfectamente de lo enamorados que estaban sus padres!

—¿Eh?

—No te lo esperabas, ¿verdad? —preguntó el pelinegro con una sonrisa—. A mí también me sorprendió cuando otou-san me lo contó.

Realmente no me lo esperaba… —pensó el rubio mientras ponía una cara de sorpresa. Ritsuka sonrió y dijo:

—Si quieres te cuento lo mismo que me contó otou-san.

—¿Acaso te acuerdas de lo que te contó? —preguntó Hikaru mirándolo aún más sorprendido. El mayor frunció el ceño y gruñó:

—Me sorprende la gran confianza que tienes en mí Hika-chan…

Hikaru se rió y dijo:

—Venga vale… lo siento…

—Verás —empezó el mayor—, otou-san y oka-san se conocieron en el instituto, cuando ambos tenían 15 años. Otou-san era nuevo en el instituto y era el compañero de pupitre de oka-san.

—¿En serio?

—Sí, al parecer se llevaban muy mal a simple vista. Discutían por cualquier tontería y a veces no soportaban la presencia del otro —seguía explicando el pelinegro—. Pero todo era mentira, lo único que hacían eran ocultarse lo que sentían el uno por el otro.

—No entiendo… —murmuró el rubio, en esa última parte se había perdido. Ritsuka sonrió de nuevo y explicó:

—Lo que otou-san me trató de decir en aquella ocasión, es que nada más ver a oka-san, ya se había enamorado de ella.

—¿Qué? —preguntó Hikaru sorprendido. El mayor asintió y susurró:

—¿Y sabes otra cosa? Otou-san me dijo que oka-san encajaba tan perfectamente con él… que no podía leerle la mente…

Un gran rubor cubrió las mejillas de Hikaru, ¿acaso lo que estaba tratando de decir era que la persona a la que no podía leerle la mente era una especie de… alma gemela?

—Has dado en el clavo, un alma gemela —terminó diciendo el pelinegro. Hikaru frunció el ceño aún ruborizado y gritó:

—¡No me leas la mente!

—¡Ah Hika-chan, me alegro! ¡Has encontrado a tu alma gemela!

—¡Cállate! ¡La tuya parece que es Kazuki-sensei!

—¡¿Qué? ¡Claro que no! —gritó avergonzado el pelinegro—. ¡Kazuki-san es solo mi tutor!

—Te recuerdo que una vez me contaste que no podías leerle la mente…

—¡Claro que puedo! Solo te lo has imaginado… —murmuró por último el pelinegro.

Fin del Flash Back

Hikaru miró de reojo a su compañero pelirrosa y vio que estaba concentrando su vista en la pizarra, atendiendo lo que el profesor de filosofía estaba explicando.

Eso significa que… ¿Atsuya y yo estamos destinados a estar juntos? —pensó Hikaru mientras bajaba la mirada—. Pues vaya… no me hubiera imaginado algo así…

Atsuya miró de reojo a su compañero de al lado y soltó un suspiro de alivio algo disimulado para que nadie lo notara… la verdad es que había notado que Hikaru le estaba observando ya desde hace tiempo y eso no podía evitar ponerle nervioso.

Últimamente me siento raro cuando estoy con él… nunca he sentido algo parecido por nadie por lo que dudo lo que puede ser… ¿amor? —pensó el pelirrosa—. ¿En qué estoy pensando? Pero si no hace más de una semana que nos conocemos… no tengo ni idea de que pensar…

—¿No te lo ha querido contar? —preguntó Endo mirando al peli plata desde su asiento, que permanecía cabizbajo y totalmente derrumbado.

Kazemaru negó con la cabeza y fingió prestarle atención al profesor.

—Me dijo que era algo que debía resolver él solo y me pidió que no me entrometiera… ¿crees que será muy grave lo que les pase?

Endo tomó la mano de su novio y le sonrió tratando de tranquilizarlo, sabía perfectamente que su chico se preocupaba demasiado por sus amigos, no era necesario que estuviera tan nervioso.

—No pasa nada… debemos confiar en ellos, verás que cuando menos te lo esperes ya habrán arreglado las cosas.

—Tienes razón —dijo Kazemaru mucho más tranquilo y con una leve sonrisa en sus labios.

Endo también sonrió y luego miró al frente. Al ver que Fuyuka lo miraba de reojo, su sonrisa se borró y puso una mirada fulminante, haciendo que la peli violeta bajara la mirada dolida y volviera la vista hacia delante.

—Mamoru… —protestó Kazemaru con el ceño fruncido mientras le daba un codazo, era cierto que la chica no le caía muy bien, pero lo que había hecho lo podía haber hecho cualquiera—. ¿Te acuerdas de lo que te dije?

—Lo sé Kaze, lo sé… pero me sigue molestando —gruñó el castaño desviando la mirada—. No puedo evitar mirarla así, sabes que no soporto que me mientan… y si no lo sabías, pues ahora sí.

El de cabello azul suspiró y miró de reojo a su novio, que seguía algo molesto.

—Cuando hables con ella no seas duro, por favor… intenta entenderla —pidió Ichirouta mientras que Mamoru volvía su vista hacia él. Tardó segundos en contestar, pero finalmente suspiró resignado y contestó:

—Está bien.

A la salida…

Fuyuka miraba a Endo algo cohibida, este mantenía una mirada fulminante hacia ella, y parecía que el chico hacía todo lo posible para suavizar esa mirada.

—Fuyuka, ¿me puedes explicar por qué me has mentido? —preguntó severamente el castaño mientras se cruzaba de brazos y la mirada con una ceja alzada. La chica se encogió en su sitio y miró hacia el suelo.

—Es que yo… yo…

—Da igual, Kazemaru me lo explicado y creo que en cierto modo puedo entenderte… pero lo que me molestó no fue que me hicieras creer que no tenía los sentimientos que yo creía, ¡lo que de verdad me molestó fue que me mintieras! ¡Yo confiaba en ti Fuyuka y lo único que hiciste fue traicionar mi confianza! —gritó Endo mientras trataba de controlar su furia.

Fuyuka se mordió el labio inferior, ayer se había pasado toda la tarde llorando, pensando en un amor no correspondido pero… que Mamoru, su Mamoru-kun le gritara de esa manera, era mucho más de lo que podía soportar.

—Mamoru-kun… yo…

—No creo que pueda volver a confiar en ti como antes Fuyuka pero… como te dijo Kazemaru, hay mucho chicos aparte de yo —comentó el de cabello castaño, haciendo que la de ojos violetas le mirara sorprendida—. Bien, adiós…

Mamoru se dio la vuelta y se dirigió a la salida, dónde estaba Kazemaru esperando por su novio.

—Tsk… —gruñó Fuyuka mientras las lágrimas resbalaban por sus mejillas al ver como se alejaban—. Maldito seas Kazemaru Ichirouta… ¡MALDITO SEAS!

Hikaru permaneció callado mientras recogía sus cosas… su cabeza seguía dando vueltas sobre lo de Atsuya, en cualquier momento acabaría mareado por pensar tanto en ese pelirrosa.

Esto ya es molesto… —pensó el rubio. Cuando acabó de recoger sus cosas, colocó la mochila en sus hombros y se dio la vuelta, encontrándose con un par de ojos grises que lo miraba fijamente y muy de cerca—. ¡Ah!

Hikaru retrocedió al ver a Atsuya tan cerca de él y se ruborizó levemente, no se esperaba tenerlo cara a cara. El pelirrosa alzó una ceja y preguntó con el ceño fruncido:

—¿Qué te pasa? No soy tan feo…

Al contrario, estás buenísimo… —pensó el chico de ojos dorados, pero después se ruborizó al máximo—. ¿En qué demonios estoy pensando?

Atsuya solo lo miró extrañado, ese chico cada día estaba más raro. Finalmente soltó un suspiro y dijo:

—¿Vamos o qué hacemos?

—¿Eh? ¡Ah sí! Vamos… —reaccionó el chico algo sonrojado yéndose hacia su casa con Atsuya pisándole los talones.

El trayecto hacia la casa del rubio fue algo pesado, ninguno de los dos hablaba de nada y, cada vez que Atsuya le preguntaba o decía algo a Hikaru, este respondía con monosílabos, haciendo que el pelirrosa se extrañara más.

Pero, ¿qué le pasa? ¿Acaso le preocupa algo y no quiere decírmelo? —pensó Atsuya—. O a lo mejor está pensando en alguien… ¡espera un momento! ¡En quién demonios está pensando! No, quieto… ¿por qué me estoy enfadando? ¡Hikaru puede pensar en quién quiera y no tiene por qué afectarme!

—Atsuya…

—¿Eh? ¿Qué?

—Ya hemos llegado —dijo el rubio—. Venga, pasemos…

Ambos chicos entraron en la enorme casa de los Hotaru y se dispusieron a ir al cuarto del chico de ojos dorados, hasta que este se detuvo de repente y puso un brazo enfrente de Atsuya para que este no siguiera andando.

—¿Qué pa…?

—Hay alguien… y no es Ritsuka —cortó Hikaru a Atsuya mientras fruncía el ceño—. ¿Quién está ahí?

—Bienvenido… Hikaru —respondió una fría voz, haciendo que un violento escalofrío recorriera de pies a cabeza a Atsuya, ese tono de voz le daba miedo.

Del salón salió un atractivo hombre de cabello rubio, como el de Hikaru, y de ojos azules celestes. Atsuya se sorprendió, ¿quién sería ese hombre?

—Um… hola, tío Tetsuya —saludó algo nervioso el rubio, ese hombre no le gustaba ni lo más mínimo.

—¿Sabes a qué hora vendrá Ritsuka? —preguntó mirándolo fríamente, ante eso, Hikaru se encogió un poco. Soltó un suspiro y dijo:

—No lo sé… creo que tardará poco en venir.

—Bien, entonces le espero aquí… quiero hablar con él de algo importante —informó Tetsuya dándose la vuelta y encaminándose de nuevo al salón.

—Estás muy tenso, ¿acaso no os lleváis bien? —preguntó Atsuya por lo bajo al ver que Hikaru se relajaba algo después de que ese hombre dejara de mirarle.

—No pasa nada —dijo el rubio con una sonrisa—. ¿Vamos hacia arriba?

Atsuya asintió y subió detrás de Hikaru hacia la habitación de este.

—Esto… —empezó diciendo el pelirrosa, haciendo que el otro le prestara atención—. ¿Estás bien? Te noto algo raro desde que viste a tu tío.

—No ocurre nada Atsuya, todo está bien… solo que él y yo no nos llevamos muy bien, solo eso.

Atsuya frunció el ceño, no… algo no andaba bien. Hikaru estaba demasiado intranquilo, y eso no le gustaba para nada. Algo pasaba y no quería decírselo, ¿por qué?

—Sí, sí que pasa algo… ¿qué es lo que ocurre?

El rubio frunció el ceño, no estaba seguro de querer contarle algo de eso a Atsuya. Además, Ritsuka no había llegado y él podría hacer que su tío se fuera por donde vino… así que era mejor esperar.

—Vinimos a repasar lengua, no a contarte historias de mi vida —le contestó Hikaru. Atsuya frunció el ceño y se sentó al lado del chico, solo quería saber qué le pasaba.

Shirou abrió la puerta del apartamento donde Goenji vivía y entró sin muchos ánimos. Se encaminó hacia su cuarto sin ánimos de hacer nada y por el camino se encontró con Yuka, que lo miraba impaciente.

—Bienvenido Shirou-kun —dijo la pequeña con una linda sonrisa—. ¿Qué te dijo Shuu-niichan? Dime por favor…

Yuka se quedó un rato mirando al chico, quién solo prefirió darle una notable fingida sonrisa mientras optaba por encaminarse a su cuarto, dejando a la pequeña Yuka confundida y preocupada.

Ya no sé que debería hacer… todo esto me está torturando y lo peor es que… es que… ¡es que a pesar de todo lo sigo amando! ¡No puedo creer que a pesar de todo le ame! ¡Esto no puede estar pasándome! —pensó Shirou mientras se encerraba en el cuarto del peliblanco.

Apretó su labio inferior intentado controlar un gimoteo que quería escapar de sus labios, tenía ganas de llorar. Al ver a la pequeña Yuka con una sonrisa, esperando a que le dijera como le fue con su hermano… fue algo que hizo que toda la fuerza que poseía para no llorar se fue al garete.

—Shirou-kun… ¿estás enfadado conmigo? ¿Ocurre algo? —preguntó Yuka mientras entraba en la habitación de su hermano, viendo como Fubuki estaba de espaldas a la puerta. La castaña lo vio preocupada, ¿qué sería lo que tendría?

—Yuka… ahora quiero estar solo… por favor —dijo el chico. Yuka se puso enfrente de él y se preocupó aún más al verle con esa expresión tan triste.

—Si hay algo que pueda hacer, dímelo. Además, seguro que si me cuentas que te pasa, te sentirás mucho mejor —dijo la pequeña Goenji mientras le miraba fijamente a los ojos.

Shirou observó a la niña de ojos negros y la abrazó sin más, haciendo que Yuka se quedara sorprendida.

—¿Shirou-kun?

—Déjame… estar un rato así, por favor…

Goenji llegó a la casa de Shirou y se encerró en el cuarto de este, haciendo que tirara la cartera hacia un lado y cerrara los ojos mientras se sentaba en la cama, en una pose pensativa.

Se encontraba furioso, pero no con Shirou ni con Takato ni con Atsuya ni con nadie más que consigo mismo. Apretó los dientes en señal de rabia, se sentía tan dolido por haberle hablado así a Shirou, era el mayor estúpido del planeta, no entendía como pudo haberle hecho daño a la persona más importante de su vida.

¿Más importante… de mi vida? —pensó Goenji sorprendido por lo que acababa de pasar por su mente. ¿Acaso Shirou era la persona más importante que existía en su vida? Era estúpido pensar en que tu mejor amigo era la persona más importante de tu vida—. ¡Ah! ¡Ya vale Shuuya! ¡Esto no puede ser solo amistad! ¿O sí? ¡Ya no sé ni que pensar!

El pobre chico estaba hecho un lío, hacía tiempo que se sentía muy extraño con respecto a Shirou y, hace más de una semana, cambió de cuerpo con él por un estúpido e irritante adivino llamado Hotaru Hikaru.

¡Era horrible esta situación! ¡Estaba seguro de que si no estuvieran en esas circunstancias, nada de eso hubiera pasado!

¿Qué puedo hacer para arreglarlo todo con él? La verdad es que… seguro que Shirou no quiere escucharme después de lo que dije, pero tendré que encontrar alguna manera para que me perdone por lo que dije… realmente soy un baka —pensó mientras resoplaba furioso, la verdad es que le costaba comprender que fuera tan estúpido como para hablarle así a Shirou, quién siempre había sido amable y bondadoso con él. ¡Se sentía la peor basura del mundo!

No supo ni cuantos minutos estuvo recostado sobre la cama de Shirou, ni cuánto tiempo pasó.

De repente, unos golpes un poco fuertes sonaron en la puerta de la habitación. Goenji se levantó de la cama de Shirou y miró extrañado en dirección a esta, ¿quién podría ser?

Con pesadez se dirigió hacia la puerta y la abrió, encontrándose a una personita que no esperaba: Goenji Yuka.

—¿Yuka? —preguntó Goenji sorprendido, no se había acordado de que ella le había dicho que vendría a hablar con él sobre Shirou. La castaña frunció el ceño y gritó:

—¡Eres tonto! ¡Te odio! ¡Baka!

Goenji se quedó de piedra, su adorada hermanita nunca, pero NUNCA le había hablado así.

—¿Qué ocurre, Yu…? ¡Ah! —Goenji no pudo acabar de formular la pregunta ya que Yuka le había pegado una patada en la espinilla de la pierna izquierda—. ¡Yuka!

—¡Has hecho llorar a Shirou-kun! ¡Eres tonto! ¡Te odio! ¡Con lo que él te ama y tú lo haces llorar! —gritó la pequeña enfadada—. ¡Eres despreciable!

Shuuya se sorprendió por lo que su hermana le había dicho… ¿Shirou había… llorado? ¡Dios, se sentía la persona más depreciable sobre la faz de la Tierra! ¡No, aún más, de todo el universo!

—¿Llorar? —fue la única pregunta que el chico pudo formular, estaba tan aturdido que no sabía reaccionar con seguridad.

—Sigo sin entender porque le hablaste así a Shirou-kun, ¡fue muy cruel! —reprendió la pequeña enfadada mientras hacía un puchero.

Yo… tampoco lo sé —pensó bajando la mirada con dolor y pena.

Yuka se contuvo de pegarle a su hermano y dijo:

—Shirou-kun lloró por tu culpa, ¡no te mereces estar a su lado, tonto!

Eso le había dolido, mucho.

"—¡No te mereces estar a su lado, tonto!"

Esas palabras resonaban en su cabeza haciendo eco. Eran como agujas envenenadas que se clavaban con fuerza en su pecho, lastimándolo.

—Yuka…

—¡La verdad es que esto no me lo esperaba de ti, nii-chan! ¡Me voy! ¡Espero que pienses en lo que has hecho! —gritó la pequeña mientras se daba la vuelta y se dirigía hacia la salida.

Al abrir la puerta de la calle, la castaña se encontró con Atsuya, que venía de la casa de Hikaru.

—Yuka, ¿qué haces por aquí? ¡Ah, es verdad! ¡El baka de tu hermano dijo que venías hoy de visita y…! ¿Qué te pasa? —preguntó Atsuya algo preocupado al ver la expresión malhumorada de la niña—. ¿Te encuentras bien, Yuka?

Yuka le contó lo que ocurría y entonces Atsuya frunció el ceño.

—Ya veo —susurró el chico suspirando—. La verdad es que yo tampoco me esperaba que tu hermano reaccionara así con el mío… en verdad es un verdadero baka…

—Yo me voy Atsuya-kun, cuídate —se despidió la pequeña mientras agitaba su mano en señal de despedida. Atsuya también la levantó, despidiéndose de ella.

El pelirrosa entró en casa, dirigiéndose escaleras arriba en dirección a su cuarto. Ahora mismo seguramente Shuuya no estaba para broncas y, si le veía, acabaría discutiendo con él por lo que le hizo a su hermano. Además, Hikaru le había recomendado que no lo hiciera.

Hikaru… —pensó Atsuya mientras dejaba la cartera de lado—, hay algo raro en él desde que vio a ese hombre que dice ser su tío… ¿acaso le preocupa algo?

El chico se dejó sentar en su cama y un rastro de preocupación apareció en sus ojos… en verdad le preocupaba Hikaru.

—Puedes decirme lo que quieras esta vez, ¡pero no me digas que no me preocupe! ¡Están demasiado raros! —gritó Midorikawa mientras señalaba a Hiroto con un dedo acusador.

Hiroto sintió como una gota resbalaba por su cabeza y dijo:

—No iba a decirte nada, en serio… aunque sí que están algo raros.

—¡Lo sabía! ¡Hasta tú lo ves!

—Cálmate Mido-chan, tarde o temprano lo solucionarán. ¿Acaso Shirou no te dijo que lo tenía que solucionar él solo? ¡Pues deja que lo solucione!

—¿Cómo puedes decir eso? —preguntó el peli verde algo alterado—. ¡Mal amigo!

Hiroto suspiró con pesadez y se llevó una mano a su frente.

—Para empezar, no me llames mal amigo. Y segundo, ¡tienes que calmarte Mido-chan!

—Pe-Pero… Hiro-chan, ellos están muy raros y a lo mejor nunca vuelven a ser los de antes. Además, Shirou-chan me dijo que amaba a Goenji y… no quiero que se peleen, quiero que estén juntos aunque sea como buenos amigos —acabó diciendo Ryuuji bajando la vista.

Hiroto sonrió y se acercó a él, levantándole el mentón para que lo mirara a los ojos.

—Definitivamente no puede haber mejor amigo y mejor novio que tú, Midorikawa Ryuuji.

Antes de que el chico pudiera decir algo, sintió como su novio pelirrojo le besaba en los labios. Un violento sonrojo cubrió sus mejillas y gritó mientras se separaba:

—¡Siempre te aprovechas!

—Ryuuji… yo te amo y no me aprovecho de ti, por algo soy tu novio —murmuró el pelirrojo mientras lo miraba con picardía. El sonrojo del peli verde permaneció, verle con de esa manera lo hacía endemoniadamente sexy.

—Acabas… ¿Acabas de llamarme por mi nombre?

—Sí… Ryuuji.

—¿Por qué se te da por llamarme ahora por mi nombre?

—Porque me apeteció… me gusta tu nombre y también tu apellido, la verdad es que me da igual con cuál de ellos llamarte. ¿Te molesta que te diga tu nombre? —preguntó Hiroto mientras lo abrazaba por la espalda y apoyaba su cabeza en el hombro de su novio.

Ryuuji se sonrojó y negó con la cabeza.

—No… no me molesta, me gusta…

—Eres muy provocativo, Ryuuji…

—¡No lo soy! ¡Eso es lo que tú piensas! —gruñó el chico mientras intentaba separarse. Hiroto le mordió levemente el lóbulo de la oreja, haciendo que Midorikawa ahogara un pequeño gemido:

—Ayer no lo hemos hecho, la verdad es que estoy impaciente por sentirte.

—¡Tampoco hoy me vas a sentir! —gritó avergonzado.

—¿Tú crees? —preguntó el pelirrojo de ojos verdes—. Yo de ti no estaría tan seguro.

—¿Eh?

Sí Midorikawa, yo tampoco lo tendría tan claro.

Hikaru bajó las escaleras sin mucho ánimo. Realmente no tenía ganas de nada.

—¿Y bien? Sabes que esto podría beneficiaron a ambos.

El rubio se paró en seco al oír la voz de su tío Tetsuya. Se paró justo detrás de la puerta de la sala para que no lo vieran y decidió escuchar un poco más.

—La verdad es que no lo sé —esa era la voz de Ritsuka—, ya te he dicho que es complicado, además… acabamos de venirnos a Inazuma Town.

—Pero si venís a Estados Unidos tendréis más posibilidades, me refiero a trabajo. Y a ti no te viene mal, ¿no estás estudiando traducción y tienes que aprender el inglés? Es una oportunidad de oro.

Las palabras de su tío hacían que el pelinegro se quedara pensando en qué podía escoger. Si quedarse ahí o ir junto a su hermano y su tío a Estados Unidos como sugería él.

—Tengo que aprender inglés, sí pero… Kazuki-san ya está para ayudarme —susurró Ritsuka en un intento de evadir la posibilidad de marcharse. Tetsuya suspiró y dijo:

—Ah sí, el pequeño Kazuki… ¿pero no crees que en algún momento se cansará?

—¿Eh?

—El pequeño ahora es profesor y en algún momento no tendrá tiempo para ocuparse de ti, piensa que estás interfiriendo en su trabajo.

Ritsuka abrió sus ojos dorados con sorpresa… era verdad, no se había dado cuenta de que le estaba causado problemas a Kazuki, seguramente en ese instante en que le ayudaba como su tutor, también estaba agobiado con el trabajo del instituto… era probable que solo fuera un estorbo.

—Prefiero pensarlo un poco más… si no te importa, tío Tetsuya.

—Como quieras, vendré dentro de poco y entonces quiero una respuesta… aunque sigo pensando que es mejor que vengáis conmigo a Estados Unidos —dijo el hombre de ojos azules mientras se despedía—. Adiós Ritsuka… despídete de Hikaru por mí.

—Descuida, adiós…

Cuando su tío se marchó, Ritsuka se dejó caer sobre el sofá de la sala algo asustado por lo que podría pasar. En todas las posibilidades que le había mostrado su tío, irse a Estados Unidos con su tío y su hermano era la mejor opción.

Pero… alejarme de todo el mundo, de mis amigos, la universidad… de Kazuki-san… Kazuki-san, no podría estar alejado de él, no lo aguantaría… —pensó el chico mientras bajaba la cabeza.

—No estarás pensando en serio en irnos a ese sitio, ¿no es así? —gritó Hikaru enfurecido. El pelinegro se sobresaltó y miró a su hermano sorprendido:

—¡Hikaru!

—¡Os he oído! ¿Pretendías acaso mudarte a Estados Unidos y llevarme contigo sin que me diera cuenta?

—¡Es más complicado que eso, Hikaru! ¡Lo único que hago es pensar en lo mejor para los dos! Además, ¡no he dicho aún que nos fuéramos a ir! —le advirtió el mayor mientras se levantaba de su asiento. Hikaru seguía con ceño fruncido y susurró:

—Tienes razón, no has dicho nada pero… ¡te conozco Ritsuka, seguro que quieres marcharte a Estados Unidos! Y perdona que diga esto, pero no estás pensando lo mejor para los dos, ¡estás pensando lo mejor para ti!

Ritsuka frunció el ceño y miró a su hermano pequeño fijamente. Este no se inmutó, seguía con la misma expresión.

—El tío Tetsuya me dio un tiempo para pensarlo, así que descuida… pensaré por los dos.

—¡Yo no quiero irme! —gritó el rubio mientras se cruzaba de brazos. Ritsuka le dio la espalda y preguntó:

—¿Es por Atsuya-kun?

El menor se sorprendió por lo que dijo, la verdad es que no lo esperaba, le había pillado con la guardia baja.

—Yo… es decir, yo… —intentaba excusarse el menor de ojos dorados con las mejillas ruborizadas. Ritsuka sonrió en cuanto se dio la vuelta para mirarlo a la cara y volvió a preguntar:

—¿Es por Atsuya-kun? ¿Estás enamorado de él?

—¿Enamorado de Atsuya? ¡Debes de estar bromeando! ¡No estoy enamorado de él, Ritsuka! —gritó avergonzado el rubio mientras bajaba la vista con vergüenza.

—Si no puedes leerle la mente, significa que es la persona ideal para ti… la persona con la que deberías compartir el resto de tu vida Hika-chan, tienes que admitir que a pesar del poco tiempo que le conoces, te has enamorado de él. Y apostaría a que él también siente lo mismo que tú…

Sin decir nada más, Ritsuka se retiró del lugar dejando a su hermano menor pensativo por lo que acababa de decir su hermano mayor.

¿Acaso… de verdad estoy enamorado de Atsuya?

—¡Atsuya-kun! ¡Shirou-kun! ¡Bajad! ¡Tenéis visita! —gritó la voz de la señora Fubuki desde abajo. Los dos chicos salieron casi al mismo tiempo del cuarto y se miraron.

Atsuya le dedicó a Goenji una dura mirada, haciendo que el otro lo mirara sorprendido, pero después se bajó la mirada… si alguien dañara a su hermana verbal o físicamente, también estaría igual.

Ambos bajaron las escaleras, yendo Atsuya de primero. Goenji iba detrás de él, sin embargo, chocó contra la espalda del pelirrosa cuando este se paró repentinamente al ver las personas que había delante de él.

—¿Qué pasa? —preguntó Shuuya, pero se sorprendió al ver que Atsuya estaba con los ojos abiertos al máximo mirando hacia delante. Goenji se extrañó y miró hacia el frente.

Había dos chicos.

Uno tenía el cabello azul oscuro corto, pero muy abundante, un travieso mechón caía por su cara y casi tapaba su ojo derecho, que eran de un bonito color esmeralda, era bastante atractivo.

El otro era un poco más alto, tenía el cabello blanco como la nieve y bastante desordenado, pero le daba un toque muy sexy, sus ojos eran violetas oscuro, con un toque de picardía y bondad que cautivaba a cualquiera. El de cabello azul era atractivo, pero ese chico lo era aún más.

No… es posible… ¡Es que es hablar de él y aparece! —pensó Atsuya lleno de terror observando al peliblanco. Este sonrió de oreja a oreja y gritó eufórica:

—¡Atsuya! ¡Shi-chan! ¡Cuánto tiempo!

—¿Eh? ¿Shi-chan? —pensó Goenji con sorpresa mientras las palabras de Atsuya resonaban en su cabeza.

"—Sí Goenji-baka, como lo escuchas… Takato era muy buen amigo nuestro cuando estábamos en Hokkaido. Me acuerdo que Shirou le llamaba Taka-chan y Takato le llama Shi-chan."

—¿Q-Qué… hacéis aquí? —preguntó Atsuya algo alterado mientras señalaba a ambos chicos.

El peliblanco lo miró con un signo de interrogación encima de la cabeza y después frunció el ceño.

—Sí Atsuya, se nota que te alegras de vernos a Sora-chan y a mí…

Ha dicho Shi-chan, ¿acaso será…? —pensó Goenji sorprendido, después miró al chico de pelo blanco y ojos violetas y dijo—. ¿Eres Takato?

El chico se sobresaltó al oír su nombre y miró hacia atrás, donde estaba el chico peli plateado de ojos grises mirándolo.

—Sí —contestó extrañado el del cabello blanco—, soy yo ¿o no me reconoces Shi-chan? ¿Qué pasó con el Taka-chan?

"—Me acuerdo que Shirou le llamaba Taka-chan y Takato le llama Shi-chan."

—No me fastidies… —gruñó Shuuya bajando la cabeza, cubriendo sus ojos con su flequillo plateado, dándole un aspecto tenebroso que daba miedo.

Takato, Sora y Atsuya se echaron hacia atrás al verle así.

—¿Shi-chan? ¿Qué pa…?

—¡No vuelvas a llamarle así! —gritó Goenji haciendo que Takato se alterara al ver que iba contra él.

Antes de que pudiera atentar contra el pobre chico de ojos violetas, Atsuya cogió a Takato y a Sora y los arrastró hacia su habitación.

—¡Atsuya! —gritó el mayor echando humo de lo furioso que estaba—. ¿A dónde te crees que vas?

—¡Volvemos enseguida!

En la habitación de Atsuya…

Takato y Sora estaban mirando a Atsuya con sorpresa. El chico pelirrosa aún respiraba agitadamente apoyado en la puerta, intentando coger aire que había perdido al correr así para salvar a sus amigos.

—Esto empieza a ser preocupante… ¿por qué actuáis así? ¿Y por qué Shi-chan me ataca? —preguntó Takato mientras le daba un pequeño escalofrío al recordar la cara de psicópata que puso su amigo peli plateado.

—No parecía ser el mismo Shirou-kun de siempre —dijo el peli azul de ojos verdes mientras ponía una mano en su barbilla de manera pensativa—. Takato-kun, ¿no le habrás hecho algo malo y aún no lo olvidó? A lo mejor eso explica que esté enfadado de esa manera contigo…

—¡No, Sora-chan! ¡Yo no le hice nada! —se excusó el chico de cabello blanco.

—No, tienes razón —dijo Atsuya cuando dio cogido aire suficiente para respirar de nuevo con normalidad—. Tú no le hiciste nada a Shirou, pero Goenji piensa que sí…

Sora y Takato miraron a Atsuya de nuevo fijamente y después una pregunta escapó de los labios del peliblanco.

—¿Quién es Goenji?

Atsuya suspiró y empezó a contar todo lo que ocurrió en todo el tiempo que estuvieron Fubuki y Goenji cambiados de cuerpo.

—¿Qué? —preguntó Sora algo sorprendido—. ¿Dices que Goenji-kun no quiere admitir lo que siente por Shirou-kun y peleó con él cuando le hablaste de Takato-kun?

—Así es —dijo Atsuya asintiendo ante lo que decía.

—Así que no quiere admitirlo ¿eh? —preguntó Takato más para sí mismo que para los demás—. Ya veo…

—¿Qué ocurre Takato? —preguntó Atsuya mirándolo curioso, al igual que Sora.

Es lo mismo, lo mismo que sucedió con… —pensó el peliblanco con seriedad.

—¿Takato-kun? —preguntó Sora algo extrañado.

—Tranquilo Sora-chan, no pasa nada…—dijo el otro con una sonrisa. El de ojos esmeraldas suspiró con pesadez y murmuró:

—Espero que no hagas nada raro.

—No te preocupes, lo tengo todo controlado —sonrió el peliblanco mientras salía de la habitación seguidos por Sora y Atsuya.

—Goenji Shuuya ¿no? —preguntó Takato mientras bajaba las escaleras y se ponía enfrente de Shuuya.

—Sí —respondió con rudeza y mirándolo con furia. Takato sonrió y se presentó:

—Me llamo Suzuki Takato y él es Takahashi Sora —dijo señalando al peli azul.

—Ah, bien… —dijo despreocupadamente, la verdad es que poco le interesaba el chico peli azul, al parecer no tenía tanto que ver con Shirou.

—Por lo que oí, hiciste llorar a Shi-chan.

—¿Eh?

—¿Tenías algún motivo firme para enfadarte con él? Atsuya me lo ha explicado todo y no entiendo el motivo del porque le gritaste —dijo el de ojos violetas.

Goenji sintió como si el mundo le viniese encima y contestó:

—No quería hacerlo, ni siquiera me di cuenta de lo que le decía.

—Ya veo… —susurró Takato seriamente—. Ahora lo entiendo, tú eres de esos que no aceptan sus sentimientos y que no ven lo que tienen hasta que lo pierden, ¿no es así?

—¿Cómo? —soltó Goenji sorprendido, no entendía a que se refería.

—Dices que no sientes nada por él, pero cuando le pierdas te darás cuenta de que Shirou era lo mejor de tu vida.

—¿Qué? —preguntó el delantero sorprendido—. ¿De qué estás hablando?

—Imagínate que Shirou muriera… ¿cómo te sentirías? —preguntó el chico de cabello blanco mirando a Goenji. Este se tensó y se quedó pensando… ¿qué sentiría? Pues…

—No lo sé —respondió sinceramente—, ya que como Shirou no está muerto, pues no puedo saberlo… Además, lo que pasó con él fue un accidente, no quería hacerle llorar. Le dije cosas que no debería, pero quiero arreglarlo con él.

Los tres miraron hacia él, en verdad parecía arrepentido.

—No te permito que hagas llorar a Shi-chan, eres de lo peor —gruñó el peliblanco, entrecerrando los ojos y mostrándolos mucho más fríos de lo que eran.

—¿E-Eh? —murmuró el de pelo plateado mirándolo con sorpresa y miedo, dios mío, daba más miedo que Atsuya cuando se ponía violento.

—Bueno… Sora-chan, nosotros mejor nos vamos ¿no? —dijo Takato llamando la atención del otro—. No tenemos mucho que hacer aquí, mejor volvemos otro día de visita.

El peli azul asintió y dijo:

—Sí.

Cuando iban a abrir la puerta, Takato se paró un momento y se volvió hacia Goenji.

—Que no se te olvide esto… cuando te des cuenta, habrás perdido para siempre a Shi-chan, quizás alguien te lo pueda robar… o algo. Adiós Atsuya, adiós Goenji.

—Esto… adiós chicos —se despidió Sora mientras se iba detrás de Takato.

—Enhorabuena, Goenji-baka —habló Atsuya con sarcasmo.

—¿Eh? ¿Qué pasa ahora? —preguntó sintiéndose peor, la verdad es que le costaba aceptar que le había hablado así al pobre Shirou… y ahora por encima las palabras de Takato lo hicieron sentir peor.

—Si le caes mal a Takato, le vas a caer mal a todo el mundo —dijo sinceramente el menor—. Ese chico es la persona más amigable que puedas conocer y nunca le he visto enfadado, esta es la primera vez que le veo así.

Goenji no dijo nada, realmente no le importaba en lo más mínimo caerle mal a ese chico. Al parecer Takato estaba enamorado de Shirou y no sabía qué hacer.

—Oye… ¿quién era el chico que iba con Takato? El tal Sora… ¿es amigo vuestro? —preguntó Goenji. Atsuya bostezó y contestó:

—Es el hermano de Takato.

—Ah, ya veo…

Pasaron unos minutos en silencio, sin decir nada pero…

—Mira, te voy a dejar una cosa clara —dijo Atsuya cruzándose de brazos—. Si sigues empeñado en hacer sufrir a Shirou, no solo él sufrirá… sino que tú también, aunque cierto modo te mereces sufrir. Buenas noches… baka.

Y con esto, el pelirrosa se dio la vuelta para irse a su cuarto.

Una de las grandes sorpresas que había tenido Shirou, era que tanto Takato como Sora, otro amigo de la infancia, se habían apuntado para estudiar en el Raimon. Sinceramente, no se esperaba ni de broma, que ellos fueron a aparecer al día siguiente de escuchar hablar de Takato.

Eso también había sorprendido a Atsuya y a Goenji, quienes tampoco se esperaban verlos allí.

Sin embargo, las semanas empezaban a pasar. Las cosas entre Goenji y Shirou se hacían cada vez más tensas y el delantero se encontraba cada vez más angustiado, no soportaba estar así con Shirou y no sabía qué hacer para arreglar las cosas. Cada vez que intentaba hablar con Fubuki, este lo esquivaba de cualquiera manera o con cualquier excusa.

—¡Uf! —resopló Atsuya—. Ya no sé qué hacer para que Shirou y Goenji-baka arreglen las cosas.

Hikaru lo miró de reojo y susurró:

—Yo tampoco. Por cierto, mañana hay examen de lengua, hoy tenemos que repasar bastante.

—No me deprimas más, Hikaru… —dijo el pelirrosa algo deprimido haciendo que rubio sonriera al verle así—. Por cierto, si quieres esta vez podemos ir a mi casa.

—¿A tu casa? ¿Por qué? —preguntó el de ojos dorados extrañado. Atsuya sonrió y dijo:

—Es que siempre vamos a tu casa, si quieres esta vez podemos ir a la mía.

—Ah vale, por mí no hay problema.

Por otro lado, en otra aula…

—¡Eh! ¡Cómo es que tengo un 3 en el examen! —protestó Nagumo mostrándole al profesor el examen que acababa de entregarle. Akito levantó una ceja y después dijo frunciendo el ceño:

—Siéntate de una vez y no protestes… si tienes un 3 es que no tenías el examen bien ¿no? Es muy lógico pensar eso.

—¡Yo tenía más!

—¿Más fallos? Sí, ya los vi… pero por no bajarte más nota no los he corregido —respondió despreocupadamente el atractivo profesor mientras seguía repartiendo los exámenes que le quedaban.

La clase estalló en carcajadas, a excepción de Nagumo y Suzuno (el primero por sentirse humillado por un profesor y el segundo porque, a pesar de que su trasero le acababa doliendo, el idiota de su novio no aprendía matemáticas).

—Siéntate —gruñó Suzuno mientras tiraba del brazo de su novio para hacerlo sentar—, no des el numerito que no te va.

—¡Pero yo tenía más puntuación! ¡No más fallos!

—Ah —suspiró Suzuno con una mano en su frente—, eres el baka más grande del planeta. ¿Acaso no sabes prestar más atención a mis explicaciones?

—Vamos Suzuno, en lo único que pienso en esos momento es en otra cosa que sabes muy bien —susurró provocativamente el pelirrojo en el oído del peliblanco, haciendo que este se sonrojara.

Rápidamente y por acto reflejo, Fuusuke le dio un buen golpe en el estómago a Haruya, que al instante empezó a gemir de dolor.

—¿Qué pasa ahí? —preguntó Akito-sensei extrañado mientras levantaba una ceja en señal de confusión. Suzuno lo miró tranquilamente y contestó:

—Nada… Nagumo se tropezó.

—¿Con tu puño? —dijo el pelirrojo de ojos dorados casi sin aire. El otro lo fulminó con la mirada y gruñó por lo bajo:

—Cállate.

Una gota resbaló por la cabeza del profesor y pensó:

Estos dos siempre están igual…

Cuando acabaron las clases, Atsuya y Hikaru se dirigieron hacia la casa del primero para poder repasar lengua ese último día antes del examen.

El rubio iba sumido en sus pensamientos. La verdad es que ya habían pasado varias semanas desde que su tío había ido a hablar con Ritsuka para convencerle de que era mejor irse con él a Estado Unidos. De momento no había vuelto, pero su tío Tetsuya dijo que volvería por una respuesta… así que podría estar seguro de que regresaría.

Por otro lado, también estaba el tema de Atsuya… aún seguía dándole vueltas a la cabeza. ¿Estaba o no estaba enamorado de él? La verdad es que era un poco difícil de pensar con claridad lo que sentía si lo llevaba pocas semanas de conocerlo y de saber de él.

—Te noto más distraído de lo normal, desde hace unas semanas estás raro —dijo Atsuya llamando la atención del chico. Este se sobresaltó y miró al pelirrosa, que lo miraba con una ceja alzada por la confusión.

—Estoy bien —dijo con una sonrisa falsa… obvio que era falsa, ni siquiera él mismo sabía cómo se sentía.

—No estás bien pero… si no quieres contármelo tendrás tus motivos —afirmó el de ojos grises, dejando a Hikaru sorprendido—. Ya hemos llegado.

Atsuya entró en casa seguido de Hikaru, quién iba algo sorprendido aún.

¿Cómo pudo saber que no me sentía del todo bien? —pensó mientras lo miraba fijamente con sus ojos dorados.

—Hola Atsuya-kun, ¿ya has llegado? ¿Quién es tu amigo? —preguntó la señora Fubuki mirando a ambos chicos. El pelirrosa se detuvo y dijo:

—Ah hola mamá, este es Hikaru Hotaru, un amigo que me está ayudando.

—Mucho gusto en conocerla —dijo el menor haciendo una pequeña reverencia. La mujer sonrió y susurró:

—Parece un chico muy educado, deberías aprender sus modales Atsuya.

—Hmp —gruñó el de ojos grises, haciendo que Hikaru sonriera.

—Aunque… —siguió la mujer—. ¿Este es el Hikaru del que hablaste la semana pasada? ¿Acaso es tu novio?

Los dos chicos enrojecieron y el pelirrosa gritó:

—¡No! ¡Hikaru no es mi novio! ¡No sé en qué estás pensando! ¡Y no he hablado de él, debiste de imaginarlo! ¡Vamos Hikaru!

El rubio siguió aún algo avergonzado a su amigo mientras que la señora Fubuki los observaba alejarse. Finalmente la mujer sonrió y dijo:

—Sigue tan tímido como siempre… será mejor preparar un té, tengo ganas de uno.

En el cuarto de Atsuya…

Ambos chicos permanecían callados mirándose a los ojos algo ruborizados. Finalmente, quién rompió el silencio fue Atsuya.

—No le hagas mucho caso a mi madre, suele sacar conclusiones precipitadas sin saber nada… pero bueno, ella es así —dijo algo nervioso el pelirrosa. Hikaru asintió mientras se sentaba en una silla y preguntaba:

—¿Empezamos?

—Vale —respondió con una sonrisa el menor de los Fubuki.

Estuvieron hasta tarde repasando. Al parecer Hikaru era buen profesor, ya que en el poco tiempo que les quedaba, hizo que Atsuya se quedara con el resto de la materia que tenían que preparar.

—La verdad es que creo que voy preparado —dijo Atsuya con una sonrisa. El rubio asintió y dijo:

—Sí, has mejorado mucho… espero que mañana saques una buena nota.

—Descuida, si es práctico creo que sacaré muy buena nota.

Ambos se quedaron callados sin saber que decir o hacer, hasta que Hikaru rompió el silencio.

—Oye Atsuya… ¿tú… te has enamorado alguna vez? —preguntó el chico. El pelirrosa dio un respingo y miró sorprendido al de ojos dorados, pero después se quedó pensando hasta que respondió:

—Pues… nunca antes me había enamorado de alguien, puede que sintiera alguna pequeña atracción, pero nunca me enamoré. Aunque… creo que en estos momentos… estoy enamorado…

Hikaru miró con sorpresa como Atsuya bajaba la cabeza con pena, estaba muy avergonzado y ese rubor que cubría sus mejillas lo delataba. Sin embargo, una sensación de pánico recorrió el pecho del rubio, Atsuya estaba enamorado y él no podía hacer nada.

—¿Por qué me preguntaste eso? —dijo el pelirrosa más tranquilo. Pero, de un momento a otro, sintió como los labios de Hikaru se posaban sobre los suyos.

Fue un beso sencillo y tranquilo, en el cual Atsuya no daba correspondido por la sorpresa. De repente, Hikaru se separó ruborizado a más no poder, dejando ver los sorprendido y asustado que estaba.

Le he besado… ¡he besado a Atsuya! ¡Maldita sea! —pensó el rubio mientras se levantaba de su asiento—. ¡Lo siento mucho Atsuya! ¡Será mejor que me vaya!

Cuando Hikaru estuvo a punto de salir por la puerta, un fuerte golpe le detuvo sorprendido. Atsuya estaba detrás de él, posando su mano sobre la puerta para evitar que se marchara.

El chico se dio la vuelta, aún sorprendido, y miró al pelirrosa directamente. Tenía el cabello tapando sus ojos y estaba justo enfrente de él, impidiendo que saliera.

—¿A-Atsuya? —preguntó aún impresionado por la acción del chico. El otro levantó la mirada y encaró al de ojos dorados con sus ojos grises.

—Hikaru… —susurró Atsuya mirándolo con deseo. Hikaru sintió como su corazón salía disparado, esa mirada que le estaba dedicando su compañero era realmente cautivadora.

Antes de que el de ojos dorados pudiera reaccionar, sintió los cálidos labios del pelirrosa sobre los suyos… Atsuya le estaba besando. Hikaru se dejó llevar por el chico y le correspondió al beso. Sintió como el pelirrosa lo aprisionaba contra la puerta y su cuerpo, quedando el rubio entre ambos.

Los dos se besaban con inexperiencia, resaltaba a la vista que no nunca antes habían besado a alguien. Pero a cada segundo que pasaban, ambos parecían cogerle el tranquillo y empezaban a besarse con más pasión y con más ganas.

Atsuya sintió el sabor de esa boca, tan delirante y tan adictiva… eso era como rozar el cielo. Pasó un brazo alrededor de la cintura de Hikaru, pegándolo a su cuerpo. Quería sentirle lo más cerca posible. Hikaru se ruborizó al sentir el cuerpo del pelirrosa totalmente pegado al de él, eso no podía pasar ni en sus mejores sueños.

"—Tienes que admitir que a pesar del poco tiempo que le conoces, te has enamorado de él."

Sí Ritsuka, creo que en realidad sí que estoy enamorado de Atsuya…

Continuará…


Bien! Mis niños se besaron! Se besaron! Son tan lindos ^/^ los amo juntos, son un amor!

Bueno, quería agradecer a: LecchiKagamine, ANONIMOFRIKI, M0m0-chan3 y lila-chan6, MizuKi-chan-18, yamamoto nanami, Shaty Ana, Kazemaru-aditics, Scarlet Fubuki, Miku Soseki, Mai, Yukiko-Kun, Kasumi Yami no Amaya, Hime-chan kyu, Soy YO-SARIEL, Hinamori-Hitsugaya, Pau-Chan Espitia, Haruna1998, Astarotte Lawliet Fubuki Shion, IkiroZuyiname, Amu-Hinamori12 y Mely Fubuki Kagamine.

Y ahora las preguntas (nunca faltan XD):

-os gustó Takato?

-a quién se referiría Takato con lo de "vuelve a pasar lo mismo con..."?

-Ritsuka aceptará irse a Estados Unidos?

-Akito-sensei le pondrá la nota que le corresponde a Nagumo? (?)

-Mido se habrá librado de Hiro?

-os resultó pesado el capi?

-merezco reviews?

Bueno, entonces yo me despido... Ah sí! Feliz año nuevo, que los Reyes os traigan todo lo que pidáis y... conquistemos Level-5 para que nos dé Inazuma Eleven! (?) Lo sé, estoy loca XD

Sayo y cuidaos mucho!

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