Hey, aquí, esta escritora casi fantasma hablándoles. Os dejo este segundo capítulo. Espero que les guste.

Les recuerdo que si quieren, para ponerse en el tema, es una continuación del fic "Sparkle". Espero que esto sea de su agrado. Estaré encantada de saber cuál es su pensamiento sobre la historia, los reviews pueden hacerlo anónimamente, si desean. Gracias a "Nadaoriginal" por su continuo aliento. Me hace feliz saber que hay alguien que lee esta historia.

Gracias por el espacio.


DISCLAIMER: WG118 y algunos personajes, son de mi pertenencia. El resto, es de Shaft. Este fanfic está hecho sin ánimos de lucro.


CAPÍTULO II

Antoria

Sayaka levantó una ceja, cuando una risueña Kyoko no dejaba de emitir carcajadas limpias dentro del despacho. Se escurrió una lágrima con los dedos y luego volvió a reírse, casi sin control alguno. En algún momento, se ahogó con la saliva, por lo cual, fue el turno de Sayaka para festejar.

-Amas dejarme en ridículo, sin dudas. –Musitó la chica, con los brazos cruzados. Hizo un mohín adorable y la pelirroja volvió a romper en carcajadas.

-Lo siento. Es que tenías que ver tu cara. Te habías puesto TAAAAAAAAAAAAN roja. –Emitió una risita y le dejó un café, para que lo tomara.

-Hmph! Tampoco para tanto… Idiota. –Lo tomó, intentando no demostrar su malherido orgullo. La joven capitana del planeta Tierra, le sonrió coquetamente.

-Igual, sigues considerándome muy sexy. –Levantó una ceja. ¿No?

Sayaka prorrumpió en una tos muy seca, ahogada con el café.

-Sí que eres una imbécil.

-¿Qué es ese vocabulario tan poco apropiado para una señorita de tu edad?

-¿Qué es esto? ¿Bullying a tu empleada? –Sayaka dio un bocado rabioso a la tierna vainilla.

-Puede ser. Es divertido verte tan rojita. –Kyoko se inclinó lentamente para picarle la mejilla, pero Sayaka, ni lenta ni perezosa, detuvo la mano a mitad de viaje, con un suave golpe. Se miraron fijamente un momento, pero Miki apartó los ojos, cuando un calor extraño subió por su blanquecino rostro.

-¿A qué me has llamado?

-Oh, cierto. –Kyoko volvió a sentarse contra su sillón y cruzó las piernas. Por primera vez en todo este tiempo, la oficial de rango inferior tuvo que evitar mirar su gesto provocador, si no quería aguantar otra oleada de burlas; así que se dedicó a curiosear por la oficina que ahora se encontraba muy acomodada y pulcra. -¿Conoces Antoria?

-¿El planeta moribundo?

-Sep. –Kyoko ahora empezó a buscar un artefacto en uno de sus cajones. Antes estaba lleno de colillas de cigarrillos, algo que no estaba permitido fumar. Pero ahora, estaba atiborrado de chocolate y dulces. Cuando lo encontró, lo puso en medio de la mesa; luego de darle amigablemente una barra de cacao puro. Sayaka se acercó con curiosidad, mordisqueando el dulce; nunca había visto algo así de extraño. Tenía forma de una llamita, pero pronto, parpadeó y una pantalla holográfica salió despedida. Abarcó toda la pared y con sorpresa, se dio cuenta que era un cine portátil.

-¿Lo has inventado?

-Sep. ¿Te gusta? Es todo un éxito en WG118. Entrarán en La Tierra probablemente en tres años, cuando mejore este modelo.

-¿Por qué nos dan lo último del tarro?

-Tus políticos no permiten que los ciudadanos tengan la última tecnología. –La pelirroja se encogió de hombros y Sayaka hizo un gesto de desagrado. –Los consideran monos, cariño.

-Pero por qué no me extraña…

-Bueno… ¡Vamos! Te explico en el viaje. –Kyoko se levantó del lugar y le dio otro dispositivo que podría ponerlo fácilmente dentro de uno de los múltiples bolsillos de su uniforme. –Llevo comida para el viaje, durará un par de horas, también hay una fracción de tu almuerzo en tu despacho. ¿Lo has visto?

-Cierto, la parte de que no se permiten alimentos de WG118….

-Sayaka. –Kyoko se detuvo en seco y se volteó de golpe.

La joven oficial se puso roja como un tomate enseguida, y más aún cuando los suaves dedos de esa chica casi deshonesta, acariciaron tiernamente su mejilla.

-¿…Qué?

-Las cosas cambiarán muy pronto, en la Tierra. –Sonrió. –Prepárate.

Una vez más, Kyoko desapareció y fue directo al despacho de la oficial Miki para llevar en un recipiente, toda la comida. Se encontró con Sayaka a la salida trasera del edificio y luego se subieron a una de esas motos. Pero esta era de otro diseño.

-¡Joder! ¿Es lo que creo? ¡¿UNA WAGNER RANGER MODELO 1.594?!

-Sip.

-Sólo en mis sueños podría imaginar viajar en algo así. Dicen que ni siquiera necesitas ir a una velocidad impresionante, que no se siente si agarras un pozo y que corrige su dirección si el chofer cae dormido o sufre un accidente… ¡Y dicen que vuela! -Seguía enumerando las propiedades hasta que se detuvo en seco. Giró lentamente su cabeza, nuevamente las mejillas eran dos fosforitos. –-… ¿Tú la has inventado?

Kyoko volvió a reírse.

-Sipi.

-¿Y la has traficado aquí?

-Oye, no vi que te quejaras tanto. –Kyoko la invitó a subirse, con una sonrisa marrana. La chica hizo esto y un suave escalofrío la embargó cuando sintió el agarre de la pelirroja, sobre el abdomen; protegiéndole la espalda con su cuerpo. –Usa el pin que te regalé. – Susurró en su oído, determinada en seguir molestándola un poco más, antes de tocar una de las F de Fortíssimo. -¿Ves? Es un casco. –Le sonrió, falsamente inocente.

Por primera vez, Miki mantuvo la boca cerrada.

Tenía miedo de que el suspiro que debió reprimir, saliera de golpe y delatara su verdadero estado por tantas artimañas sucias.

Pero todo cambió cuando la moto cobró velocidad, envolviéndolas en una cúpula impresionante. Se podía respirar bien, no había polvo ni radiación. Sayaka observó todo, emocionada, las diferentes pantallas mostraban los múltiples crímenes que ocurrían. Una conmoción diferente irrumpió en su cuerpo. Poco a poco, esta cobró vida, se ramificó y hormiguearon todas sus extremidades, antes de estallar en gritos puros de felicidad, sin omitir a las lágrimas que salieron y rodaron cálidamente por su rostro. Jamás pensó que viviría una aventura así, se sentía realmente bendecida por los Dioses que gobernaban la Galaxia. Kyoko la acompañó, con una risa cómplice, mientras manejaban en tercera hacia su destino.

Fue una cuestión de minutos y ya se hallaban en la puerta de un taller mecánico que parecía más para la gente adinerada que un lugar de tráfico tecnológico. Oliver salió del lugar, abrazó con sus múltiples brazos a Kyoko y luego estrechó a Sayaka, levantándola por los aires y dando vueltas. La pelirroja rió, luego de que Sayaka, medio mareada, puso sus pies en el piso. Kyoko la sostuvo, aún carcajeándose.

-¿De acuerdo al plan?

-¡Efectivamente, Ol! –Hizo un gesto positivo con sus dedos, Sakura.

-¡Genial! –Buscó entre sus cosas y luego sacó un par de trajes en miniatura.

-¿Qué se supone que es…? –Frunció el entrecejo.

-Permiso. –Kyoko tomó su mano, sin decir mucho. Entrelazó suavemente sus dedos, ignorando el sonrojo de la chica, antes de pinchar una de sus venas. Sayaka gritó un poco y le dio un golpe merecidísimo en la cabeza; mientras las fibras de su traje iban absorbiendo las propiedades de su ADN.

"Sayaka Miki. Autorizada"

Lo último que pudo ver Sayaka, fueron unas suaves luces danzando alrededor de su cuerpo, como si fuera una turba furiosa de mosquitos. Entonces, sin poder creerlo, el traje se pegó completamente a ella y se extendió por todo el cuerpo. Era como uno de esos trajes espaciales a la antigua, pero a la vez, tal una malla que se adaptaba a cada una de las curvas. Cuando la última partícula se pegó a su ADN, la chica se pudo agitar libremente. Incrédula, descubrió que era muy liviano y que le permitía moverse sin ningún problema. Sonrió, aún sin poder estar segura si esto que estaba viviendo era realidad o un bonito sueño. Kyoko luego, le dio unas ropas y recién ahí pudo darse cuenta que Oliver las había dejado obviamente solas. A no ser por el traje, estaba absolutamente desnuda. Cubrió con sus manos el cuerpo, enrojeciendo y volvió a golpearla en el hombro con el brazo que más dolor provocaba.

-¡Hubieras avisado!

-Ol se fue, no lloriquees. –Kyoko volvió a colocar su hombro, emitiendo un suave quejido.

-¿Y tú?

-Eres mi sujeto de pruebas, no podía abandonarte. Aparte, te he visto más desnuda que esto y deja de golpear.

A Sayaka se le subieron los colores en el rostro.

-¿A… A qué te refieres?

-¡Oh! ¡Llegó nuestra acompañante!

Kyoko desapareció del lugar, antes de que la chica pudiera preguntarle más cosas. Sayaka, aún un poco cohibida por lo que su jefa había proferido, acarició su cuerpo lentamente, mientras veía que no se marcaba ningún tipo de imperfecciones. Había perdido tantos trabajos porque tenía partes reconstruidas... Los que la contrataban, al enterarse que se había metido en la ciudad prohibida, la despedían sin mediar ninguna palabra. Había un prejuicio por aquellos que eran supervivientes. Después de todo, su cuerpo quedaba con radiactividad hasta el día de su deceso; radiación que aceleraba el metabolismo de sus células, provocando una muerte prematura. Nadie quería lidiar con ese tipo de problemas. Siembre se había sentido menospreciada. Sus padres lloraron amargas lágrimas, mientras los médicos luchaban por salvarla y reconstruirla. Sayaka se había maldecido tanto por haber seguido a ese chico que le gustaba; quien al final no se atrevió a entrar… Sabían sus progenitores; que la niña se había condenado de por vida. Pero ahora… Esto parecía una segunda oportunidad. Valía la pena seguir luchando.

Sayaka salió de la habitación, dispuesta a encarar a esa pelirroja deshonesta y obligarla a hablar, pero quedó de piedra al encontrar a su mejor amiga charlando amenamente con ella. Kyoko levantó una mano y la joven de aspecto tan adorable e inocente, se puso roja como un tomate.

-¿Madoka?

-Saya… -Contempló a Sakura, alarmada. – ¿Ya sabe todo?

-Sí, no hace falta que te diga quién es ella. ¿Verdad?

Madoka la abrazó fuerte contra su cuerpo, lanzándose a sus brazos. Sayaka sonrió un poco ensimismada y acarició la menuda espalda mientras dejaba que la chica le dijera cuánto lo sentía por mentirle tanto. Madoka era el ser más puro e inocente que había conocido en este planeta tan corrupto, pero sabía que tenía un lado más guerrero que ella. Sin embargo, decidió no inscribirse en la policía y finalmente fue a la academia de leyes. A pesar de que siempre intentaba hacer el bien, los políticos sucios, aprovechando la necesidad imperante de comer, compraban a las víctimas; por lo cual, aprendió a ser lo más imparcial posible en cada juicio.

Sus cabellos rosas hasta parecían brillar más, por su emoción. Cierto, Kyoko le había dicho que era del moribundo planeta llamado "Pandenium", que no era más que la triste y final versión de la Tierra. Como contraparte, WG118, era su futuro prometedor.

-¿Algo más que me haya perdido?

-Mi familia es de un planeta que ha desaparecido por la última guerra intergaláctica, Anima. –Madoka sonrió, amablemente.

Anima.

No…

Podía…

Ser…

Debía ser una de las últimas sobrevivientes, entonces. Con los ojos abiertos de par en par, recordó lo que decían de esos residentes. Eran seres tan puros, inocentes y amables, que los usaron para los peores propósitos. Luego, saquearon todos sus recursos, de valores incalculables y más tarde, los desterraron. Finalmente, una vez que dejaron seco al planeta, lo volaron en mil pedazos.

Pobre Madoka.

Pobre ángel.

Sayaka volvió a estrecharla, mientras sentía que algo se rompía en su corazón. Las lágrimas pugnaron en salir, por lo que permitió que salieran sin misericordia ni vergüenza alguna. Madoka le dio unas suaves caricias en su espalda, con amor.

Todos los nativos del planeta eran conocidos por ser seres místicos, de únicas propiedades y características impresionantes. Todo su cuerpo cobraba vida. Hasta la última célula. Si se ponían felices, su cabello brillaba, según la leyenda. Lo mismo que sus ojos. E irradiaban una luz fuera de órbita, tan preciosa que parecían seres celestiales. Su corazón tan puro y amable, no tenía nada que envidiar a los ángeles de la antigua religión judeo-cristiana. Hasta más de uno sostuvo que esos ángeles y su Dios, podían ser alguno que provenía de Anima, preocupado por una humanidad tan violenta. El resto, todo era invento de los fanáticos religiosos para tener al resto de los fieles subyugados a su ala.

Kyoko estaba recostada en una de las paredes, sonriendo amablemente. Luego, las dejó un rato a solas, mientras iba a preparar algo de comer con Oliver, para no ser de molestia.

-Te has ablandado, ¿Eh? –Bromeó Oliver, codeándola.

-Cállate. –La pelirroja miró hacia otro lado, con las mejillas enrojecidas.

-No niegues que te robó un par de lágrimas…

-Oliver…

El Sifrano rió entre dientes y la despeinó, cuando iba directo a hacer más café. Le dio un beso en la mejilla, cariñosamente, antes de llamar a las chicas con ellos.

-¿Gustan un aperitivo antes de ir de viaje?

-Nos encantaría. –Madoka estaba abrazando suavemente a Sayaka aún, con todo el amor del mundo. La oficial sonrió entusiasmada y fueron hasta la mesa principal.

-¿Les gustan los alfajores?

-¿Qué cosa? –Susurró Sayaka a Madoka.

-Es un dulce muy popular de la Tierra, unos milenios atrás. –Kyoko le dejó un par en su plato. –Come, es rico.

-Por los Dioses Galácticos, no podré adelgazar si sigo así.

-A nadie le importa si engordas, Sayaka. Eres preciosa como te encuentres, sin dudas. –Dijo Madoka, con una sonrisa maravillosa, logrando que su amiga riera avergonzada y roja hasta la punta de las orejas.

-Bien, pequeñas Lesbos, tenemos que ir a la nave en unos minutos, antes de que sea el cambio de día allá. –Kyoko se incorporó con una sonrisa burlona, antes de marcharse. Oliver hizo un gesto de que comprendía la situación y guiñó un ojo a la joven proveniente de Anima. -¡Vamos que no tengo todo el día!

Se despidieron una vez más de Oliver, quien saludó a cada una, muy efusivamente, antes de que se fueran del planeta.

Cuando las tres entraron a la nave, Sayaka intentó no hacer muecas extrañas que provocaran la risa de la comandante. Sin embargo, la pelirroja estaba muy entusiasmada leyendo los mapas celestes y encontró el camino, luego de unos minutos. O al menos eso parecía. El tema, es que las estaba ignorando del todo.

-¿Debo quedarme en criogenia, Kyoko? –Le preguntó educadamente Madoka, abrazándola y poniendo su barbilla en el hombro de la más alta.

-No te preocupes. Estarás bien así, esta nave está construida para los viajes largos y las grandes turbulencias. Así que siéntete como en casa. Serán una o dos horas de viaje–Le acarició suavemente el cabello, con una sonrisa amigable. –Tranquila, ya avisé que me acompañarías a una misión.

Sayaka se quedó mirándolas, con los ojos completamente desorbitados. Luego mordió su labio inferior. No entendía por qué, pero una sensación de celos la carcomió fuertemente. Fue directo a la biblioteca y sacó todo lo que le gustaría leer. Sin dudas, no conocía nada de esos cuentos y con tristeza encontró que había algunos escritos en un idioma desconocido. Bufó, desencantada y luego se tiró a la cama que había a unos metros, para releer un clásico de la lectura terrestre. Si "Hansel und Grëtel" había sobrevivido a tantas invasiones y milenios, supuso que era porque se trataba de algo que realmente importaba a los seres humanos. En algún momento, sintió que Madoka fue a otra de las habitaciones de la nave y Kyoko lo dejó en piloto automático. Claro, supuso que la pelirroja no tenía muy permitido andar muy distraída.

Con sorpresa, la sintió sentarse a su lado, suspirando. Luego se acostó, estirando su cuerpo. Sayaka levantó una ceja.

-¿Y tu cama?

-Te has apropiado de mi cama. –La chica le guiñó un ojo y Sayaka se dio cuenta que estaba en lo correcto. Se sonrojó hasta la raíz del pelo.

-Lo… Lo siento…

-Nah, si te gusta, quédate.

-¿Madoka tiene su propia habitación?

-Sep, ella suele acompañarme en los viajes.

-¿Así que por eso desaparecía por tantos días sin decir a dónde exactamente…? –Sus ojos azules se entrecerraron.

-Exacto.

-Y… Uhmmm ustedes… Ya sabes…

-¿Uhmmm?

-Pues…

-¿Sí?

-Ustedes han… -Sayaka miró a otro lado y bajó la voz al extremo. -¿Tenido sexo?

A Kyoko le dio un ataque de risa, tan fuerte que Madoka salió de su habitación, preocupada. Sin embargo, al ver a Kyoko roja como un tomate, entendió la situación y volvió a esconderse, con una risita pícara. Cerró la puerta y suspiró, deslizándose contra el metal templado.

Ah, la juventud.

Amaba ver tan felices a sus mejores amigas.

-No hacía falta reírte tanto…

-Sayaka… Mírame.

Eso hizo la chica, reacia a perder el poco orgullo que le quedaba.

-¿Qué?

-Tengo diecisiete años. Madoka veinticinco, como tú. No, jamás me ha tocado un pelo y no creo ser su tipo, gran boba.

Sayaka abrió los ojos de par en par.

-¿Estás diciendo que mi jefa es…? –Contó con sus dedos. – ¿Ocho años menor que yo?

-Shi –Susurró la joven, de forma inocente. –Le tienes ganas a una menor de edad…

-¡KYOKO!

Un almohadazo terminó en la cara de Sakura y Sayaka peleó por lo último que le quedaba de decencia con la fuerza de un titán. Estaba roja, frustrada, avergonzada, entre muchas cosas más. Se trepó contra su cuerpo y trató de quitarle como pudo esa sonrisa socarrona y la risita inocente que emitían sus malignas cuerdas vocales. Se quedó por un momento, mirándola desde su estatura, y encontró la manera más genial de hacer que la chica callara esa boca de una vez por todas.

Acercó su cuerpo lentamente hacia la chica y comenzó a besar su cuello.

Las risas se detuvieron al instante.

Mordió y succionó la piel, luego la lamió, lenta y pausadamente. Kyoko ya no emitía ningún sonido, parecía que todo tipo de exabrupto risueño, hubiera muerto al segundo. Se quedó estática, mirando el cielo raso de la nave, mientras sentía las pequeñas descargas en su cuerpo. Sus manos temblaron sin control, cuando los besos de Sayaka iban directo a su oído. Sintió un suave soplido, intentó no gemir, cerró sus ojos y apretó sus labios. Su respiración sin poder evitarlo, se volvió más pesada.

-¿Segura que sólo yo soy la que tiene ganas?

-Eres… -Se mordió el labio inferior, cuando sus rostros volvieron a observarse con lujo de detalle. Sus narices chocaban por la obvia cercanía. –Una imbécil… -Sayaka sonrió, alzando una ceja y llevó las manos de la más joven a su cabeza, mientras comenzaba a mover su cuerpo lentamente contra el de la joven. Su centro empezó a hervir y de seguro la pelirroja lo notaba, pero no importaba. Restauraría su dignidad a como diera lugar. Kyoko, finalmente, emitió un claro gemido, perdiendo la partida.

La sonrisa se ensanchó en los labios de Sayaka.

-Admite que también quieres esto… Y puede que considere lo que tengo ganas de hacerte… -Comenzó lentamente a desabrochar ese traje pegado al cuerpo. Kyoko se ruborizó un poco y miró para otro lado. Cerró los ojos, apretó los labios y se mantuvo sin decir ni hacer nada. –¿Segura que planeas llegar hasta las últimas consecuencias? –Su única mano, se detuvo en el pecho y empezó a mover y masajear de arriba abajo, pausadamente. Kyoko volvió a suspirar y trató de acallar los sonidos que salían de su garganta como pudo. Sayaka notó que su piel mostraba muy bien el estado en el que se encontraba. Mordió el labio inferior y se inclinó para besar suavemente sus labios…

-¡Hemos llegado al planeta! –Madoka interrumpió saliendo de su habitación. Ignoró a ambas jóvenes y Sayaka sólo pudo tirarse sobre la capitana, muerta de vergüenza de lo bajo que había caído.

Cuando pudo vestirla para que se viera con propiedad, Kyoko fue directo hasta la consola, un rojo intenso se extendía por sus mejillas. Sus manos aún temblaban por la situación fuera de control. Sayaka quedó en la cama, aún avergonzada de lo que había pasado.

-Sí, efectivamente, hemos llegado.

-¡Mira, Sayaka! Es súper lindo el paisaje desde arriba, no te lo pierdas… -Gritó Madoka, tomando algo para beber de la heladera.

Miki se levantó de la cama, evitó a Kyoko y fue hacia otro costado, alejada de la capitana. Sabía que una vez que volvieran a casa, se la cobraría por completo.

Entonces, notó las luces. Debía ser de noche en la zona que habían arribado. Parecía un planeta de color violeta y negro, bellísimo. El mar era de un azul fluorescente. Sonrió, sin poder creer en esa belleza. Jamás creyó que vería algo tan hermoso como esto. Si le hubieran preguntado unos meses atrás, probablemente se reiría y miraría esa mezzaluna plástica que comía como si fuera lo más rico del mundo. "sí, claro", diría. Ahora, Le hubiera gustado tener una recordadora consigo. Pero sabía que si alguien descubría la bitácora de sus viajes, podría poner a todas en peligro. Sin embargo, no podía creer la belleza de la que era testigo.

Al entrar a la atmósfera, estos colores se intensificaron y vio que una gran unidad policíaca y otros ciudadanos, las esperaban. Luego, notó el enorme logo de WG118 en el cielo, que parpadeaba cada tanto, para recordarles que se encontraban a salvo.

-¿Ya has salvado a este planeta? –Le dijo Sayaka, ignorando que la chica se sobresaltó al escucharla carraspear.

-Hace tiempo. Esta es una misión para ver si todo marcha como debe ser. Supuse que el lugar te gustaría, es una belleza – Kyoko miró a otro lado, por lo que Madoka estuvo a punto de reír por la situación tan tensa.

Una vez más, se mantuvieron en silencio, antes de llegar a tierra, cada una en sus pensamientos. Cuando llegaron, Sayaka salió despedida de la nave por la pura emoción de conocer un planeta diferente y Madoka abrazó a Kyoko.

-De la que te salvé, ¿Eh?

-Cá…Cállate…

-Oh! ¿Querías…?

-¡Madoka!

La joven volvió a reírse y se fue a molestar a su mejor amiga.

Al salir de la compuerta, se encontró Kyoko se encontró con Eula y algunos residentes del planeta. Sonrió al jefe de policía de WG118 y luego fue directo a saludarlo. Una vez ahí, todo dio un revés diferente.

Eula ya no era Eula.

El planeta era un estúpido holograma.

-No, no, no, no, no ¡NO! –Gritó Kyoko, furiosa. Se echó a correr, lo más que pudo sus piernas, cayó al piso, se lastimó pero volvió a levantarse y corrió desesperadamente hasta la gente, con las lágrimas brotando de sus ojos. -¡HIJOS DE PUTA!

Los ciudadanos que pensó rescatar, ahora eran unos robots que nadie conocía y que obedecían a un loco déspota enfermo.

Y el resto

Sumido en la más mísera nada, en una combustión eterna violenta entre el violeta y el más oscuro azul.

El planeta se encontraba inhabitable y abandonado. Habían robado todas sus propiedades y probablemente, lo había reducido a sus últimas etapas. Un día o dos y todo estallaría en mil pedazos.

-Kyoko Sakura. Este planeta se declara tomado por los Puristas.

Madoka dio un paso hacia adelante, decidida a liberar a su amiga, antes de salir despedida. Kyoko le había dado un empellón, usando un arma de plasma, en el único momento que pudo deshacerse del agarre y la miró significativamente.

-¡VÁYANSE!

Madoka fue directo a la nave, pero sus ojos se agrandaron horriblemente cuando vio que Sayaka salía despedida para ir a rescatar a Kyoko.

-¡Vuelve!

-¡Llama a Eula! Yo me encontraré bien. –Usando su brazo más fuerte, tomó a un robot y le quitó el corazón, rompiéndolo al instante. Se defendió con todo el ímpetu que pudo de otras máquinas, hasta que finalmente llegó a Kyoko, la cual ya estaba inconsciente. Le habían puesto un chip que servía para dormir a las personas. La tomó contra su cuerpo y alzó en brazos, mientras enfrentaba al resto. Así como estaba, perdería, pero no iba a dar brazo a torcer. Lo que habían hecho, no tenía perdón.

Escuchó un par de palmadas y carcajadas. La oficial descubrió que esa voz le era asquerosamente conocida: El antiguo jefe de la maldita policía terrana.

-Vete, Miki. Esto es entre esta puta y nosotros.

-No. Y no te tengo miedo, Kamijou Kyosuke. Me tomas o matas. –Plantó sus pies en la tierra y el tipo volvió a reírse.

-Como tú digas.

Lo último que vio, fue a los crueles ojos despiadados de Kyosuke, antes de sumirse en un sueño profundo.

FIN DEL SEGUNDO CAPÍTULO