Luego de un largo tiempo de estar atareada con Leeds y sus epílogos (Que se encuentran en el documento aparte renombrado como Revenge), pude verme un poco libre para reeditar el segundo capítulo. Más amplio y con más descripción, espero que más o menos vayan enganchándose con la historia, porque apenas termine con todo de Leeds, me dedicaré al 100% con I-Doll.
¡Gracias por los reviews, espero que les guste este capítulo!
Nos veremos pronto por el mismo canal.
Afectivamente:
MioA-15
PD: Me encantaría que me dijeran qué les parece Revenge -Quienes se hayan decidido a leerlo- y les agradezco por seguir las historias. Mientras tanto, estaría agradecida que me dijeran qué les parece este capítulo.
DISCLAIMER: Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Los personajes y hechos retratados en este fanfic sin ánimo de lucro, son completamente ficticios y NO me pertenecen sino a $HAFT. Cualquier parecido con personas verdaderas, vivas o muertas, o con hechos reales, es pura coincidencia.
I-DOLL!
Just keep the music high!
Capítulo 2:
お前は一体誰だ?!
Is everything just right
Don't want you thinking that I'm in a hurry
I want to stay your friend
I have this vision that has got me worried
Because everyone wants someone
That's one cliche that's true
The sad truth's I want no one
Unless that someone's you
And looks like you
And feels like you
And smiles like you
I want someone just like you
Through and through
I'm forever blue
Because there's no one else like
Sayaka despertó atontada luego de escuchar una canción proviniendo de su sueño. Abrió los ojos, algo extrañada y se quedó oyendo la melodía. Adam Levine cantaba precioso, tanto que se quedó mirando el techo con luces con una sonrisa de oreja a oreja. Alguna vez le gustaría ir a algún concierto suyo, para escucharlo en vivo. Aún así, creía que probablemente este tema no lo conocería, principalmente porque no parecía ser de su discografía principal. Era tal su mareo que por un momento, imaginó que lo escuchaba y estaba en un parque alejado de la ciudad, observando el cielo nocturno, impoluto e imponente.
Cuando su mente comenzó a encajar las cosas, se incorporó lo máximo que pudo, más alarmada y mirando a sus alrededores. Tocó su mejilla, su cuerpo. Le dolía cada centímetro, había sido una lucha bastante salvaje. Sus ojos se llenaron de lágrimas, cuando recordó ese momento horrendo. Pensó seriamente que esta vez, no la contaría. Aún tenía la ropa que se había puesto después del recital, la cual estaba rota y sucia. Vio las manchas de sangre que la incriminaban. Seriamente pensó que si salía en alguna cámara, no podría zafar de las garras de la policía. Tocó su abdomen, tenía probablemente un buen hematoma. Las piernas, completamente golpeadas. La cabeza quemaba en la parte posterior. Y principalmente, suspiró cuando notó sus partes íntimas, aún con miedo de ver si no había nada herido ahí. Su cabeza estaba fría y húmeda, encontró cerca de esta, una bolsa refrigeradora que la puso a otro costado con sumo cuidado. Tenía frío, intentó arroparse. Pero, a la vez, pensó en seguir explorando los daños colaterales en su maltrecho cuerpo; hasta que olió que en su cabello, había un aroma diferente. Uno delicioso, pero que no era su fragancia ni el de ese ser asqueroso.
Sus ojos se agrandaron y las mejillas se ruborizaron aún más.
Era el dulce perfume de la chica que la había salvado.
Miró alarmada a sus costados, buscándola, pero una vez más, se dio cuenta que estaban las luces apagadas. Como si las cosas fueran de a poco encajando, sintió una mano en su estómago, pesada. Probablemente ESO era el hematoma que tanto la presionaba. Se la encontró a su lado, pernoctando y abrazándola de forma casi protectora. Hablaba cosas inteligibles y con una sonrisa, obviamente estaba soñando algo bonito.
Supuso que se puso música para dormir.
Con una sonrisa aún indescifrable, Sayaka corrió el cabello que molestaba a su salvadora y la chica despertó con suavidad. Las luces de las estrellas fluorescentes del techo iluminaban precariamente el ambiente. Los ojos de color fuego, la observaron sorprendida, Sayaka quitó la mano rápidamente y sonrió con culpa; sus mejillas ardían como avernos del séptimo círculo.
-Yo…
-Siento dormirme. Creí que estaba despierta y eso que me puse música. –Susurró enojada consigo misma, se incorporó y apagó el equipo. Prendió las luces progresivamente, para no herir los ojos de su acompañante.
-N...No pasa nada. –Observó, curiosamente por todos lados, ahora el cielo que ya dejaba de ser tan encantador. –Eh... ¿Tú lo decoraste?
-Llevó tiempo y un par de caídas, pero… -Buscaba algo entre sus cosas, pero desistió. – ¡Sí! –Sonrió con inocencia y se señaló a sí misma, haciendo reír a Sayaka.
-Me has salvado, me llevaste a tu casa; y siquiera pude retener bien tu nombre…
-Espera que te hice algo de té. ¿Te gusta, verdad? También te traje algo dulce para recobrarte mejor del desmayo. –La chica desapareció por la cocina, buscando más cosas, como si la cantante fuera una invitada de honor.
Sayaka se sonrojó. Jamás habían hecho algo tan genuinamente bonito por ella; salvo Mami y Madoka, porque claro, eran sus mejores amigas.
-Claro... –Miró al piso y sonrió algo incómoda. –Muchas... Muchas gracias.
-Me llamo Sakura Kyoko, tengo catorce años, tres trabajos y por ese motivo, no puedo ir a clases. Vivo sola desde mucho más joven, mis padres fallecieron y unos parientes cercanos lograron que me rentaran el departamento. –Apareció en el cuarto pequeño donde dormían, con una bandeja y tazas humeantes. –Hace frío ahora, porque el edificio tiene aire acondicionado interno; ya sabes la obsesión sobre ahorrar energía. –Puso los ojos en blanco y se sentó al lado de la cantante. - Adelante, come por favor.
Otra vez, la chica de ojos mar, la miró con admiración. Era tan educada y tan amable... Parecía que la Idol, sólo se había rodeado de neandertales, claro, salvo sus amigas y su misteriosa manager.
Como no sabía qué hacer mientras cenaba, así que volvió a mirar las pertenencias de la joven. Sin ningún tipo de culpa por fisgonear, comenzó a hacer un recuento mental sobre qué era lo que tenía. Unos cuantos libros en la biblioteca, peluches, un equipo de música, varios CD's... Estaba todo muy arreglado y ordenado; dormía en el piso, en dos amplísimos futones. Tenía una pequeña cocina, donde la cálida luz se colaba en la habitación. Parecía ser monoambiente, ya que no había más habitaciones visibles a no ser, claro está, del baño.
Con lo caro que era vivir en Tokio, imaginó que esto sería suficiente como para permitirse una vida más o menos resuelta, a costa de estudiar. Mordió su labio inferior y reflexionó algo que nunca imaginó hacer anteriormente: Por capricho, dejó la escuela para formarse como Idol y esa niña adorable estaba trabajando para sobrevivir.
-Está todo muy rico, Sakura-san.
-Oh, no, no, no. Kyoko está bien, ¡No te preocupes! –Una risa inocente y cálida inundó la casa. –No estoy acostumbrada a recibir visitas, espero que el desorden no te disguste.
-K-Kyoko-C...Chan,... –Repitió con timidez, mirando el piso y se rascó la mejilla, luego de terminar el pastel.
-Kyoko, Kyooooou-Ko –Repitió lentamente, como si le enseñara su nombre a un extranjero.
-K…Kyo…Kyoko… -Sayaka terminó jugando con sus manos, tímida. Escuchó una afable risita, como si estuviera a gusto con el resultado; que se ganó un sonrojo más acusador.
-Así me gusta.
-Creo que tu habitación es muy bonita.
La aludida se avergonzó tanto que disimuló el semblante, tomando lentamente su té.
-Mealegromuchoqueteguste. –Susurró, sin separar las palabras, sus manos temblaban.
Sayaka no quería perder el hilo de la conversación. Era la primera vez que fuera de sus amigas, entablaba una plática con alguien diferente. Mejor dicho, era la única persona fuera del círculo de conocidos, porque el contrato de su empresa lo exigía. Además, quería conocer a su salvadora. Creía que era lo más razonable.
-Entonces: Trabajas en tres lugares. –Trató de aliviar el ambiente tan embarazoso, pensando momentáneamente, en lo tierna que se veía así. -¿Algún pasatiempo?
-Escuchar música, bailar, leer. Me encantaría estudiar, espero meterme en algún programa de educación para adultos; cuando termine de trabajar en una empresa, probablemente a los setenta años. –Se rió, rascando la parte posterior de su cabeza, incómoda.
Sayaka hizo una mueca con sus labios, de puro disgusto.
Claro.
Japón y sus sistemas educativos injustos…
-¿Te gusta la música?
-¡Me encanta! ¡Mira!
Le mostró una gran colección de música europea, americana, de diferentes épocas, un par de EP, Discos de pasta, pero Sayaka percibió que no había nada en japonés.
-¿No te gusta el J-Pop? –Se sintió casi herida.
-Es que comprar CD's ahora está caro; son todos los que heredé de mis padres –Miró el estampado de su camisón, un lindo entretenimiento nuevo.
-Lo siento. Es que pensé... –Sayaka se quedó algo pensativa y sonrió. –Ya sabes…
-¿Mmmmh?
-Pues… No sé… Que no te gustaba…. Hay gente que detesta la música japonesa porque se volvió muy comercial y monótona, bla, bla, bla –Sayaka puso los ojos en blanco.
-No denigro la música, aunque sí ha cambiado mucho. Mi época favorita eran los ochenta y noventa. Después de todo, se parecía mucho a la norteamericana.
-¿Qué opinas de las IDOLS?
-Pues, es trabajo, algunas son muy buenas cantantes. A veces las veo en los videos que pasan por los centros comerciales o cuando voy al Arcade. –Kyoko le ofreció unas galletas, que Sayaka fingió que iba a comer.
-Dime… -Sayaka pensó muy seriamente lo próximo que diría. -¿Mañana qué haces? Es sábado, ¿Trabajarás? –La miró turbada, pensando que se había pasado de osada.
-Nope –La escuchó tragar el líquido, suave. –Los fines de semana son míos y sólo me dedico a descansar, por suerte.
-¿Te gustaría visitar un estudio de grabación? –Propuso la cantante, sus mejillas volvieron a hervir.
Finalmente, Kyoko dejó de prestar atención a las galletas y la miró fijamente a la cara.
-¿Eh?-
-¿Acaso no sabes quién soy? –Un poco de escozor en los ojos le impidieron ver y parpadeó rápidamente. ¿Tan rápido se olvidan las personas de alguien famosa, a la que la vida la ha tratado como un verdadero asco?
-N...No…. Lo siento.
-Soy Miki Sayaka, seiyuu, bailarina, cantante y modelo. Kyoko, soy una Idol... –Sonaba una arrogante, pero no sabía cómo presentarse. De hecho, jamás lo necesitó.
La chica frunció el entrecejo y cayó en cuenta.
La vio cubrir sus labios, por la sorpresa, muy avergonzada. La escuchó respirar trabajosa. Y la notó volver a sonrojarse, casi como su cabello, con los preciosos orbes rojizos, de par en par.
-¡NO ME JODAS! ¿¡MIKI SAYAKA!? –Kyoko se abalanzó con ímpetu al cuerpo de la otra, quien estaba algo sorprendida por el cambio de modales. La artista sonrió algo asombrada y asintió. –Joder… Joder… ¡JODER! –Se cubrió el rostro y luego hizo una reverencia pronunciada. – ¡Lo siento por no reconocerla! Yo… Bueno… Es que… Uhmmmm… Verá… Yo… -Suspiró, intentando calmarse. - No tengo televisión, tampoco compro periódicos. Vivo un tanto desconectada del mundo y por eso no la reconocí. No tengo dinero para conseguir ese tipo de lujos, intento sobrevivir con lo mínimo para no estar en la calle. Dios, ¿Qué estupideces estoy diciendo? Ay… Dios, Dios, Dios…. Lo siento tanto…
-Ya veo... –Sintió culpa por la impertinencia con la que se había representado, mientras la más pequeña se incorporó con una mueca más retraída, de ser posible.
-Lo siento... Yo…. Ya sabe…. Miki-san. Este es mi humilde hogar. –Rió, avergonzada y luego se aclaró la voz. Sayaka notó que sus manos volvieron a temblar -¿Gustaría más té?
-No digas tonterías, Kyoko. El dinero no lo es todo. Me... Me encantaría más té.
-Ahora vengo. –Se levantó de la cocina y fue en busca de más líquido y mucha comida. La voz proveniente de la cocina, la sobresaltó. –Oí lo que sucedió hace poco. Lo siento mucho, es una tristeza que la utilizaran de esa manera. –Su voz sonaba tan sincera que algo cálido apareció en su pecho, ahogando las palabras. Tuvo que aclararse la garganta e ignorar las pequeñas lágrimas que amenazaron con salir, de nueva cuenta.
-Bueno, son cosas que pasan.
-Pero ¿Sabe? Terminará tocando en la calle, porque nadie comprará sus CD's. Ya lo verá, Miki-san. Eso le pasa por no haberla valorado lo suficiente. –Kyoko emergió, con una seria mirada y un rostro totalmente congelado. Al parecer, era una persona bastante idealista para pensar así de alguien que había lastimado a una Idol rebelde de su condición. Traía más alimento en la bandeja, se sentó frente a ella y siguió engullendo. –Es tan rico este pastel...
-Vaya que te gusta comer. –La cantante rió entre dientes, encantada.
-Y a usted no. Está muy delgada. –Acarició el brazo de Sayaka, con una mirada preocupada. La otra joven, se erizó por el tacto pero no por el comentario, encontrándose con sus ojos. El rojo se esparció por su rostro, mientras dejó escapar un suspiro. Esa piel había sido muy cálida para el helado cuerpo. Por alguna razón, ese contacto fue lo mismo que una descarga eléctrica cálida y estimulante para su adormecido organismo.
-E… En la empresa... Nos ponen un peso fijo. Generalmente, tenemos que esforzarnos para no aumentar un gramo y mantener la misma apariencia durante años.
La escuchó chasquear su lengua, fastidiada.
-¡Que estupidez! La música no se vale por la apariencia sino en el corazón que pones al ejecutarla.
Sayaka miró sorprendida a su rescatista y entreabrió los labios. Tenía toda la razón del mundo, era evidente que sí. Volvió a cerrar su boca, pero Kyoko esperaba una respuesta.
-Yo...
Tan sólo terminó sonriendo, comprendía sus palabras, pero era más complicado que eso. Después de todo, Sayaka vivía de la música. Y si juegas el juego, las reglas no las escribes tú, sino ellos. Ya bastante había roto las casi únicas las bases de toda Idol. Ir a casa de una extraña, podía llegar a tomarse como un nuevo escándalo sexual del que no quería verse involucrada. Sin siquiera tomar el tema de por qué había terminado en la casa de Kyoko.
-Oí que sabe de música clásica. ¿Nunca ha pensado ser cantante de ópera? – Interrumpió, con arrebato, mientras le alcanzaba un pedazo de torta de chocolate. Sayaka la dejó a un costado, con la misma maestría que había ocultado la galleta.
-No se me da tan bien.
-Conozco un par de sus canciones y son hermosas. Por supuesto que podría cantar ese tipo de temas, a pesar de que son más armados y complejos. La mayoría, por lo que leí en los libros prestados de la Biblioteca, provienen del Barroco y era un tiempo bastante rebuscado, pero eso no se le hará imposible. Sólo tómelo como un consejo de alguien que la admira mucho, Miki-san. –Luego de que terminaran de comer, sacó las cosas, ambas tan rojas que no sabían cómo seguir la conversación. –De...Dejé algo de ropa, para que… Que use para dormir. El baño está en aquella habitación, creo poseer todo lo preciso. Hay un cepillo de dientes nuevo para que use, en caso de necesitarlo. –Fue a la cocina y la dejó sola en la habitación. –Báñese, estoy segura de que se sentirá un poco mejor. Eso hago cuando tengo un mal día.
Sayaka prestó atención a la idea del "cepillo de dientes" con especial suspicacia. Entrecerró sus ojos, un baldazo de agua fría recorrió su menudo cuerpo. Algo parecido al amargor de la bilis acaparó sus papilas gustativas. ¿No estaba insinuando que se auto infligía vómitos, verdad? Podía no comer lo suficiente, ni lo más sano; pero eso le daba totalmente asco. Obviamente, entre nos, toda chica que se preciara de una Idol que vendía bien para su empresa, en algún momento de su mísera y solitaria vida, tuvo que recurrir a algún que otro truquito para bajar rápidamente de peso.
A pesar de que cuando era más joven, lo hizo un par de veces; ahora que su salvadora, la pequeña Kyoko, era su fan; no quería decepcionarla. No hay nada peor que el que tu ídolo te rompa ese imaginario. En principal, cuando en la empresa, lo único que hacía era vender una imagen inocente y virginal. Pero Kyoko era más que cualquier otro fan… Era algo que aún no tenía palabras para describir correctamente… Sólo que le era de suma importancia…
Y matarse lentamente a base de la asquerosa y horrenda bulimia, estaba fuera de todo término…
Pensando en eso, aún con la mente alborotada y su cuerpo maltrecho y muy adolorido, se rió al tomar el pijama que tenía un estampado de paletas de colores. Dejó la cháchara mental y fue directo al baño. Luego de darse una deliciosa ducha, sonrió al reflejo y se vistió, sorprendida de que había una esencia deliciosa en ese atuendo.
Era el alma pura de Kyoko.
Cuando se hace un trato con el Demonio, hay cosas que se pueden llegar a esclarecer para los seres humanos. Ahora, Sayaka podía ver auras, sentir esencias. Había muchísima virtud en esa joven, ni una sola poluta de maldad.
Al salir del cuarto de baño, iba a agradecerle por los buenos tratos, y pedirle que deje de llamarla de usted; pero observó que todo estaba limpio (Encontró la comida donde la había escondido, en su mismo lugar) y Kyoko ya estaba dormida. Con una sonrisa, se acostó a su lado, suspiró y un poco tímida, terminó abrazándola contra su pecho, ahora protegiéndola ella.
Se mentalizó que hoy había sido un día muy pesado y que era mejor descansar un poco.
Mañana sería algo mejor.
Sabía que algo andaba mal. Que toda esa paz tan idílica sólo le traería, en un tiempo corto, dolores de cabeza. Y lo confirmó cuando al despertar en medio de la noche, Sayaka se horrorizó al encontrar a una Homura que la miraba fijamente, usando una de sus sonrisas maníacas. Estaba tirada en el piso, detrás de Kyoko, de costado, con una pose encantadoramente sensual. Comía lentamente el pedazo de pastel que la chica le había dado anteriormente, paseando su lujuriosa mirada, por el cuerpo de la pelirroja.
-¿Qué mierda haces aquí? –Siseó la joven, entrecerrando los ojos. Instintivamente llevó a Kyoko aún más contra su pecho, sabiendo que una de las cosas que ese demonio tramaba en silencio, era infringirle algún tipo de daño irreparable.
-Te has salvado por poco ¿Eh? –Homura alzó una ceja, con una sonrisa ladina, mientras lamía lascivamente la cuchara.
La joven de ojos azules se mosqueó y rechistó sin pensarlo.
-Se supone que me dejarías vivir un largo tiempo. No sabía que iba a morir tan pronto por tu culpa, idiota. Y de esa manera tan asquerosa. –Sayaka se puso a jugar con el cabello de Kyoko, aún atrayéndola contra sí; había confirmado que ese demonio buscaría la manera de molestarla un poco más. Porque para Homura, nada era más hermoso y hasta excitante que ver a una Sayaka sacada de sus casillas.
-Bueno, lo único que quería decirte es cuánto me agrada esa niña. ¿No te parece? –El demonio la hizo quedar estática y tomó lentamente a Kyoko entre sus esbeltos y desnudos brazos.
La cantante empezó a crisparse.
-¿A qué te refieres?
Homura rápidamente tomó al cuerpo de una Kyoko dormida de forma profunda y adorable y la puso boca arriba. Subiéndose sobre ella, se dedicó a contemplarla, ignorando que Sayaka buscaba romper la maldición que la mantenía completamente firme contra un costado de la habitación. Usando sus poderes, la alejó aún más y la joven, para ese entonces, lanzó un gemido alto de frustración y odio contenido.
-¡Ni se te ocurra a ponerle un dedo encima, basura!
Homura hizo caso omiso y acarició los cabellos, besó la mejilla, abrió lentamente sus piernas y sus labios capturaron los de ella; junto a su habilidosa mano, que no perdió tiempo en viajar en aquél inocente cuerpo. El demonio siguió abriendo la ropa, Kyoko no usaba bra, por lo cual, ambas fueron directas espectadoras del esplendor de un cuerpo juvenil de quince años. Sayaka, enrojecida por la vergüenza de encontrarla en paños menores; apretó con furia sus dientes cuando vio a la ama de su Alma jugar con los pechos, a la par que ahondaba el beso, de una forma completamente carnal. La joven que aún dormitaba gimió, algo inquietada. Un pequeño sollozo de goce que hizo que tanto a la cantante como al demonio, las hormonas se les alborotara a niveles insospechados. Sin embargo, mientras que Homura bajaba lentamente el short y la ropa interior, usando sus delicados dedos para hacerse lugar entre su intimidad, Sayaka terminó de romper el hechizo y se abalanzó violentamente para protegerla.
-¡NI SE TE OCURRA A VOLVER A TOCARLA! –Gritó lo más bajo que pudo, agitada. Llevó a Kyoko contra suyo, acomodó los cabellos despeinados de color rojo, ajustó su pijama y limpió los labios con sus dedos. Los ojos como zafiros oscurecidos, brillaron en un eco interminable entre la oscuridad más profunda. Homura por primera vez en mucho tiempo, sintió un escalofrío que recorría lentamente su espina dorsal.
Al parecer, había descubierto su única e insólita debilidad.
-Mamá... –Susurró Kyoko, dejándola con una sonrisa tonta en la cara. La cantante volvió a acariciar la mejilla de la pelirroja y la colocó más cerca de su cuerpo. Sabía que era fútil, que un hechizo simple de Homura, podía dejarla inutilizada por unos minutos; pero intentarlo valía la pena.
-Oh! ¿Te incomoda que la toque? ¿Te incomoda que la bese? ¿O que la masturbe contra su voluntad? –Sonrió Homura con maldad, antes de esfumarse. La sintió contra su espalda, abrazándola con cariño. –O eres muy blanda o… Quizás te encariñaste demasiado rápido con ella. –Sayaka entrecerró los ojos, cavilando cómo atacarla. -¿Mira si es una asesina? –Mordió su cuello, acariciando el torso con sus dedos largos y sensuales debajo del escote de su camisón.
-Sé…-Tomó de improviso las manos delgadas del demonio. -… Que no lo es. –La apartó tirándola al otro lado de la habitación, tan desenfrenada como pudo, lanzando el cuerpo sobre el suyo. - Tengo absoluta certeza de lo que es.
Como si fuera una gatita, Homura cayó con gracia en cuatro patas y luego se desplomó con las piernas cruzadas, simpática. Suspiró, se cruzó de brazos, en postura indio y trató de razonar para aguijonearla un poco más.
-Le clavó un cuchillo en...
-Ya sé lo que hizo. –Pausa incómoda. Las mejillas pálidas de Sayaka enrojecieron por lo tonta que debía verse hablando con un ser "invisible" para el resto de los seres humanos. – ¡Y me salvó la vida, imbécil!
-Apenas la conoces... ~ –Su voz canturreaba juguetonamente. La joven pálida se acercó, gateando. Sayaka vio todas sus formas femeninas por debajo de la blusa y tan sólo pudo sentir una leve punzada de repulsión. Hacía tanto tiempo que vivían juntas que para ella, Homura no era más que una molestia incesante, pero a la vez, su más querida confidente. Sin embargo, ahora no hacía más que ponerla de los pelos.
-Sé... Sé que no es mala y distingo que tiene bondad en su interior. –Acarició suavemente la espalda de la chica. – Cuando hice el pacto contigo, pude sentir el aura de las personas. Ella es...
-Virgen. – Voluptuoso, el demonio se acercó al rostro de Sayaka, enfrentándola, y lamió el escote de su camisón. La jovencita interlocutora cayó en su futón, soltó sin querer a Kyoko; enrojecida hasta las orejas y le regaló un merecidísimo golpe con el pie en la cara, para apartarla.
-¡No...No digas esas palabras!
Homura se rió.
-¡Ay, Sayacchi! ¡Eres tan encantadoramente tímida con ese vocabulario!
-¡Calla! –Sayaka se incorporó y cubrió con sus manos el rostro, nuevamente olvidando que dejaba desprotegida a Kyoko. Rápidamente la llevó contra su pecho, casi disculpándose con la chica. Sabía que la jovencita estaba bajo un hechizo, porque con tantos tironeos y discusiones, ya debería estar despierta y pidiendo explicaciones a viva voz.
Sin previo aviso, Homura desapareció, riéndose a carcajadas por la cobardía de la Idol.
-Imbécil... –Masculló, chirriando sus dientes. Luego, suspirando, sonrió:
Era la forma menos pensada de recibir un "Vine a cerciorarme que te encuentras bien" de parte de la maníaca Akuma Homura. Sin embargo, había formas más ortodoxas que no llevaban a un abuso sexual de una joven más inocente que ella. Con un ademán más protector, apretujó a Kyoko contra su pecho, besó su frente fraternalmente; antes de cerrar los ojos y volver a dormir.
Una tercera vez en ese día, despertó mirando la clara luz del sol colarse por la ventana. Sonrió al ver los delicados rayos de luz que jugaba amigablemente con las cortinas, la habitación conocida y con sorpresa, notó que seguían en la misma posición, luego de la interrupción de Homura. Acarició suavemente los cabellos de la chica, mientras aprovechaba a contemplarla dormitar. Tenía un suave ronquido, al parecer, estaba agotada. De hecho, se formaban suaves pozos debajo de sus ojos. Estaba segura que aunque no lo demostrara de manera tan abierta, el trabajo debería cansarla enormemente. Se preguntó qué había pasado con sus padres. De dónde venía esta chica. Si tenía a alguien con quien contar, de necesitar ayuda. Cómo había hecho para valérselas por sí misma. Cómo encontró trabajo de tan jovencita. De qué trabajaba, ciertamente. Si eran trabajos part-time, ¿Cómo hacía para mantener los tres? Quiénes fueron los parientes, que en vez de llevarla a un techo y un hogar estable, la dejaron en una situación así. Si ella tenía un cuidado del gobierno o simplemente estaba a la más cruda intemperie. De verdad, su salvadora había sido tan inocente al confiar en ella, que era como una segunda oportunidad de rehacer su vida luego de tantos errores que estúpidamente había cometido.
Notó por el reloj de pared en forma de manzana roja, que eran las nueve de la mañana y que a las doce debía estar sí o sí en el estudio de grabación para que no la retara su manager por llegar tarde… Otra vez.
-Hey... Kyoko... Despierta. –Susurró, dulcemente.
La joven de cabellos de fuego abrió los ojos de a poco y sonrió, enrojeciendo al verse tan apegada y con los rostros demasiados cercanos. Intentó apartarse, pero, no quería mostrarse insolente. Sin embargo, no podía aguantar que su corazón latiera con esa fuerza y velocidad. Sentía que la ahogaba, sin ninguna tregua.
-Buenos días. Es raro encontrar a alguien a mi lado al abrir los ojos. –Aún tímida y con las manos temblorosas, la apretujó. Luego, enérgicamente, se levantó del futón, para ir directo a la cocina, ocultando su semblante. -¿Qué quiere para desayunar?
-Eh...
-¿Café? ¿Té? –Su carácter iba en aumento, sonreía más y más, eufórica.
-Yo…
-Tengo un par de paquetes magdalenas con sabor a chocolate… –Hizo un recuento con sus dedos.
-Espera… Espera… Yo… Verás… Creo que es hora de ir a casa... No tengo siquiera el móvil para comunicarme con Madoka y Mami; y conociendo lo paranoicas que son por naturaleza, deben estar preocupadas.
-Ya entiendo... –Su mirada claramente triste, hizo que Sayaka quisiera colgarse del primer mástil que encontrase. –Bueno... Entonces, es usted libre de irse, si así lo desea. –La sonrisa otra vez temerosa, le dio más culpa. Kyoko se dio la media vuelta y fue a la cocina, pero notó que los ojos se le llenaron de lágrimas tan lastimeras que… que…
¿Acaso no eres capaz de hacer algo bien, Sayaka?
Para remediar el dolor de lo que había dicho, la mayor fue hacia la cocina y se recostó en el marco de la puerta, de manera casual. Kyoko iba preparando una taza sola en la bandeja, con un par de dulces, casi de manera automática.
-¿Acaso no te prometí que iríamos al estudio? –Sayaka intentaba con todas sus fuerzas subirle el ánimo, así que buscó en su repertorio de poses simpáticas y bonitas tan ensayadas para los recitales, ¡Algo que surtiera efecto!
-Debo ir a trabajar. Lo siento. –Susurró, revisando el móvil. –Acaban de avisarme que están cortos de personal. –Se lo mostró y ahora estaba al tanto que no era una mentira. Luego, lo bajó y dejó en la cocina, para ir por la tetera.
Finalmente, la curiosidad habló por ella, casi en un estallido de furia por el sistema que obligaba a trabajar a jóvenes de tan corta edad por un pedazo de pan y techo.
-¿Cómo es posible que tengas tanto trabajo si no llegas ni a los dieciocho años? ¿No saben que acaso esto es ilegal? ¿Quién te obligó a trabajar así? ¡Se supone que deberías estar amparada por Servicios Sociales o algo por el estilo!
-Que no contrate gente joven en su casa, no significa que otros ricos no lo hagan. Por necesidad, limpio la suciedad de los demás desde los doce y medio; soy maid en un café (Tranquila, no tengo que ir desnuda por ahí, ni nadie me manosea; a menos que quiera ir al hospital para que le cosan la cabeza) y trabajo de repartidora de folletos. –Se encogió de hombros, su mirada aún seguía tan herida, que su interlocutora tuvo el loquísimo impulso de ir, abrazarla y hasta de…
Bes…
¡¿Eh?!
Sayaka procesaba las palabras, sacudiendo enérgicamente la cabeza. Primero por la incredulidad de sus atrevidos pensamientos y luego porque, de verdad, vamos, es que Kyoko se veía muy pequeña, tanto era imposible imaginarla así atareada y desatendiendo sus estudios, como una persona comida por el sistema de este país; que empleaba a cualquier persona con tal de seguir facturando. Era tan injusto.
-¿Confiarías en mí si te digo que no tendrás que trabajar nunca más en la vida?
-No sería honesto. –La pelirroja siguió preparando sus cosas. Agregó un par de cajas de Pockys.
-Kyoko, escúchame seriamente. Me salvaste la vida. –Se acercó y la tomó de los hombros, apoyando sus frentes. Ignoró el tremendo sonrojo en las mejillas de la menor y siguió su discurso. –Estoy en deuda por siempre contigo. ¿Te parece pago justo si yo mantuviera tu educación, esta casa y todos pero TODOS tus caprichos?
Por extraño que pareciera, Sayaka se encontró con los insultados ojos de su salvadora.
-¡Oiga! No lo hice para conseguir...
-No digo eso. –Sayaka interpuso un dedo entre sus labios para que dejara de protestar. La menor se calló, ipso facto, casi temblando de timidez. –De verdad, quiero hacerlo. Por favor...
Poco a poco la soltó, esperando algún cachetazo. Después de todo, Sayaka estuvo a punto de besarla con tal de callar esas palabras y quejidos que salían de su atractiva boca. Mordió su labio inferior a la espera de una respuesta, pero nada. Sólo silencio. Siquiera un golpe. Entonces, como si fuera en cámara lenta, la pequeña joven pelirroja tragó dificultosa. Pestañeó un par de veces, respiró agitada y antes de que alguien pudiera advertirle lo que se venía, se largó a llorar sin detenerse ni un momento, aferrándose al pijama de Sayaka, contra su pecho.
-Me encantaría, me encantaría...Me encantaría... Mucho... Mucho... Mucho...
La cantante se rió y la apretujó, besando despacio y de forma imperceptible, su cabello.
-Entonces, está todo arreglado, pequeña. Renuncia a todos los trabajos y tómate el día. Vamos a salir a pasear. Saldremos de compras ¿Te gustaría?
-De... ¿De verdad? –Sus ojos dulces, se iluminaron y una sonrisa surcó todo su rostro, haciendo que Sayaka se ruborizara de pura ternura.
Dios, no podía ser tan ingenua.
Le daban ganas de apretujarla. De molestarla. De… De… De muchas cosas que no quería ni pensar ni mucho considerar, luego de reflexionarlas.
-De verdad, Kyoko-chan. Una salida sólo de chicas. –Sus labios se estiraron en una genuina sonrisa, con la promesa en cada una de sus palabras. La marca de estas, eran imborrables.
-¡HURRA! –El salto de su adorable interlocutora, la sobresaltó. Sayaka volvió a apretujarla contra su pecho, despeinándola levemente y estallaron en risas auténticamente felices, a los poquísimos segundos transcurridos.
-Diooooooooos, estoy que me mueeeero. –Susurró Sayaka, sentándose en un banco en el patio de comidas. Aún le dolía el cuerpo del día anterior. Los tacones le asesinaban el empeine de los pies. Y encima de eso, sus maltratadísimos tobillos, parecían dos bolas enormes. Suspiró derrotada, cuando un tercer niño se llevaba puesta la baranda de seguridad, para verla, madre incluida.
La gente, se quedaba mirándola de manera casi incrédula.
Era imposible y estúpido. A pesar de que se había cambiado de ropa y creyó estar irreconocible utilizando tinturas lavables, anteojos de sol y no llevar ni un poquito de maquillaje; era tan famosa que no había persona en Japón que no supiera quién era.
Salvo Kyoko, claro.
Y hablando de despistadas pelirrojas que viven en un anti-social tupper pseudo búnker hermético atómico post Guerra Fría, la mencionada, apareció corriendo de forma infantil con un par de helados en sus manos. Sonreía. Sus ojos estaban brillosos de emoción. La manera en la que manejaba su cuerpo, le dio a entender que quemaba sus fuerzas con ejercicio. Y por alguna razón, Sayaka se encontró alzando una ceja, puesto que la forma en que Kyoko movía sus caderas y las largas piernas, al correr, se le antojaron completamente…
-Coma, por favor.
-¿Eh? –Despertó Sayaka de sus pensamientos, con una interjección que se coló justo en la petición de su fan.
-Es que los helados son muy ricos aquí. Que debería comer. Que casi no ha probado bocado desde ayer y que sé que me mintió muy descaradamente con el tema de la galleta y el pastel. –A Sayaka, los colores se le subieron al rostro. Luego de esa pequeña reprimenda, la chica sonrió a su acompañante y dejó que le apartara cabello que molestaba en el rostro, con un sonrojo acusador y casi asfixiante. –Miki-san... Esto es muy caro, de verdad... – Disimuladamente, le mostró las bolsas de zapatos, zapatillas, pantalones, blusas, faldas y un largo etcétera. Parecía que estaba comprando abastecimiento de indumentaria para medio continente africano. Iba a volver a protestar, pero un dedo largo de la cantante en sus labios, la frenó al instante.
-Shh, esto no es nada. ¿Te gustan?
-Muchísimo. Son hermosos. –Susurró, apenas fue liberada, mirando al suelo. Otra vez, su corazón latía sin frenar su marcha desbocada, logrando una pequeña molestia en su pecho.
-Entonces, come. –Sayaka dio una gustosa lamida a su helado, logrando que la más joven mirara a otro sitio, mejillas afiebradas sin disimulo. Al menos, la cantante, no lo notó. -Iremos a almorzar en media hora ¿Qué te parece?
Olvidando lo que había visto, sus ojos se iluminaron encantadoramente y saltó en su lugar, bailando a modo de infantil festejo, mientras iba para otro lado, a buscar más comida.
Sayaka se rió entre dientes.
La inmensa, positiva y cálida emoción de Kyoko, le dio a entender que no importaba que estuviesen más de ocho horas comprando y eligiendo ropa, que hubiera faltado al ensayo (Luego de avisar a sus amigas) y que mañana tuviera más trabajo acumulado aún.
Todo con esa pequeña, valía la pena.
FIN DEL SEGUNDO CAPÍTULO
OMAKE:
-Escúchame bien, engendro: ¡Le pones una mano a Kyoko y te corto las alas!
-A eso, le llamo amor.
-¿¡QUÉ DIJISTE!?
