Me he tomado un tiempo en publicar este capítulo, porque estaba metida en otros proyectos. Espero que les guste.
Disclaimer: Madoka ni su franquicia, me pertenecen. Este ánimo es sin fines de lucro.
I-Doll
Just Keep the Music High!
Capítulo Quinto:
Tell me what to do
Sayaka se había despertado un poco más tarde, y con un poco de desencanto, se dio cuenta que la pelirroja ya se había marchado. Massie le comentó que la chica había preguntado dónde tomar el autobús, pero el señor Fukata se ofreció a llevarla. Por ese motivo, puesto que este sería el primer día escolar de la chica, decidió hacerle una visita esporádica antes de volar al estudio de grabación. Hoy sería un día aburrido sin ella alrededor, esperó ansiosamente que fuera fin de semana para llevarla otra vez. Estaba segura que sus compañeras también se podrían felices de verla.
Cuando llegó al edificio donde Kyoko estaba residiendo, escuchó la música a tope. Se rió, preguntándose si los vecinos aún no se habían quejado de esto. Estaban terminantemente prohibidos los sonidos altos, ley mediante, porque las paredes eran muy finas y se escuchaba todo. Al parecer, esta era la hora laboral de todo el mundo, por lo que era comprensible. El casero hizo un gesto de no poder creer quién estaba entrando al lugar, ella simplemente lo saludó y desapareció lo más rápido que pudo, avergonzada de que una mujer del edificio, también hizo la misma cara.
Pudo reconocer que estas canciones no eran japonesas, sino coreanas. Por ese motivo, volvió a sonreír. Hasta se la imaginaba bailando al ritmo de la música.
넌 1 of 1 girl
완벽해
비교할 수 없는 넌 이미
내 세상의 유일한 의미
하나의 이름 너라는 사람에
꼭 들어맞는 컬러를 입힌 듯 Yeah
귓가에 스친 달콤한 노래처럼
완벽하게 어울려
자꾸 너를 부르게 돼
….
Puso la llave en la cerradura y con sorpresa, se encontró a una jovencita de cabellos como el fuego, sentada en el piso, abrazando sus piernas, con el uniforme del instituto. Estaba de espalda, el plato del desayuno con unas galletitas baratas, que no lo había vaciado y a juzgar por el aspecto del té, ya debía estar helado.
-¿Así que escuchas a SHINee pero a mí, la gran Sayaka Miki, no? –Preguntó juguetona, haciendo un puchero con sus labios y logrando que la más joven se asustara a punto de tener un ataque al corazón. -¿Y me abandonas de esa manera? Me siento como la amante indeseada… -Hizo otro gestito inocente y pueril.
-¡MIKI-SAN! Dios mío santísimo y la Virgen inmaculada... –Los ojitos rojos abiertos de par en par, un par de lágrimas del sobresalto y una mueca inocente, hicieron que se carcajeara un rato y tuviera ganas enormes de apretujarla.
-Vine a buscarte. Vamos a la escuela y no espero un NO por respuesta. –Guiñó un ojo, tironeándola de donde estaba.
-No... Yo... Yo...
-Les caerás bien, estoy muy segura. Harás buenos amigos ahí, no te preocupes. Quizás te reconozcan un par por el video de ayer, pero sólo diles que fue una puesta en escena y ya. Ahora eres casi famosa en redes sociales ¿Sabes? –Se acercó y le acarició el cabello, jugando con las puntas, dulcemente. Apoyó sus frentes, haciendo que la más joven se ruborizara hasta las orejas.
-¿Pero si no es así? ¿Y si me creen una tonta? ¿Y si creen que te salvé por fama? –Sus ojos resplandecieron tristemente y Sayaka se mordió el labio inferior.
-Prefiero que te crean eso a una desertora. No me importa lo que piensen sobre nosotras. Sólo que no te molesten y que puedas pasarla genial. Tranquila, no te costará el examen de nivelación, conozco a un par de profesores que trabajaron conmigo, mientras yo cantaba de más pequeña… Sé que me darán una ayuda con algún tema que no entendamos. No sé qué opinas tú.
-Miki-san….
Kyoko la apretujó y se escondió en su pecho. Estaba temblando. Las manos calmas de la mayor, le dieron tiempo a procesar las palabras y luego se separó. Sintió un suave beso en su coronilla y luego volvió a ser abrazada. Con una sonrisa pícara, Sayaka la tomó de la mano y le dio una coqueta vuelta, bailando.
-Bailar te distiende, ¿Verdad?
Eso mismo, hicieron ambas, mientras la canción se repetía en un loop interminable. Sayaka le enseñaba nuevos pasos, mientras la chica la seguía fielmente. Le enseñaba cómo mover los hombros mirar a un público inexistente. Kyoko tenía mucho carisma para cantar y para moverse, su cabello parecía poseer más personalidad que ella, incluso. Sayaka tan sólo era su guía, pero de verdad, veía demasiado potencial en ella oculto. Al ser una Idol experimentada, sabía cuándo una chica era buena en las tablas y cuándo era simplemente elegida por su cara bonita.
하루 중에 1분 1초 다르듯
날마다 넌 새로워져
하나 중에 그중에
제일 첫 번째
...
Sayaka la tomó de la cintura, mientras volvían a la carga, soldando un poco sus cuerpos. Le dio otra voltereta, dejándola de espalda. La abrazó suave, apegándola contra ella. Kyoko suspiró, relajándose con la suave cadencia de los movimientos y acarició los largos y delicados dedos de la cantante. Luego volvieron a soltarse e hicieron la coreografía oficial de la banda.
Cuando la canción terminó, Sayaka le sonrió y acarició cariñosamente su mejilla, con dulzura. Reuniendo un poco de valor, besó la frente, antes de apretujarla entre sus brazos. De verdad, cada vez que bailaban juntas, se sentía maravilloso. Como si estuvieran conectadas, como si fueran una. Como si, sin palabras, se entendieran a la perfección. Se sentía tan revitalizada.
Kyoko entrelazó los dedos suavemente, y sonrió de esa manera tan especial como en el estudio, logrando que la cantante se pusiera un poco roja. Aclaró su garganta y luego se soltó un poco, avergonzada por la tensión que había entre ambas. Sayaka suspiró por lo bajo, relajada, pero algo apenada porque una vez más, no había pasado nada.
La chica estaba alistándose en silencio, ignorando su sonrojo y los latidos disparados. Lo único que la delataban, eran sus manos, temblorosas. Intentó calmarse, pero fue casi en vano. Se le cayeron un par de cuadernos nuevos que habían comprado ayer, pero los recogió del suelo y los llevó a su mochila. Una vez más, estaba presentable, pero le daba un poco de vergüenza de mirarla a la cara.
-Kyoko.
-¿Sí, Miki-san?
Tomándola de sorpresa, la llevó contra ella y besó sus labios, de manera casi desesperada. Kyoko, con un largo suspiro, se dejó comandar, mientras la cantante la llevaba poco a poco a la pared más cercana. El beso había sido suave, pero iba creciendo a niveles desorbitantes. La música quedó detrás, mientras la cantante acariciaba a la joven lentamente, reconociendo su cuerpo. Kyoko acarició su cintura y la atrajo contra sí, mientras Sayaka intentaba besarla cuanto le diera en ganas. Lamió sus labios, para ahondar, pero la alarma de ir a la escuela, las terminó separando, contemplando largamente sus mutuos labios.
Luego, subieron los ojos, ahora inspeccionándose fijamente, respirando entrecortadas. Kyoko le dio un par de besos suaves en los labios, cortos y gentiles, mientras acariciaba los cabellos cortitos de la chica. Le sonrió y Sayaka se dio cuenta que era momento de separarse o no podría refrenarse de lo siguiente que pudiera pasar. Nunca sus hormonas habían hablado por ella, siempre las mantuvo a raya, pero esta chica lograba alterarla a niveles desconocidos y peligrosos.
Intentando romper la situación un poco, Kyoko quiso beber su té pero estaba helado. Lo dejó, haciendo un adorable gesto de asco, que logró que la cantante se riera a carcajadas de nueva cuenta; y sólo atinó a tomar una tostada y el bolso escolar. Finalmente, caminaron fuera del edificio.
-Gracias por las palabras. –Miró a otro lado, mientras engullía su desayuno, sin beber nada, escondiendo el sonrojo y la risa cómplice.
-Debe estar fría y aún tienes tiempo, ¿Por qué no vamos a desayunar?
Kyoko, con las entrañas rugiendo cual monstruo de Lago Ness, la miró otra vez, como si fuera su salvadora; aunque la situación hubiera sido al revés. Caminaron en silencio, Sayaka tomándola de los hombros de manera casi protectora, hasta salir del edificio. Luego de escuchar a su corazón enloquecido por unos minutos, apartó la vista y observó el auto en el que la había ido a buscar. Básicamente el vecindario se había conglomerado a ver semejante carrocería, no era algo que se diera todos los días.
-¿Era necesario?
-Por supuesto, no irás aparentando algo que no eres. –Sayaka hizo un gesto fingidamente petulante y Kyoko se rió entre dientes.
-Pero si yo...
-Shh, vamos a desayunar y hablaremos de unos temas. Yo invito. –Le guiñó un ojo, encantadoramente -¿Qué te parece?
Los nervios se arremolinaron en el estómago de Kyoko y apenas tuvo ganas de seguir comiendo. Cuando se ponía así de histérica, lograba botar los alimentos sin siquiera probarlos, pues la repugnancia que le producían, era casi indecible.
-V...Vamos...
-¡Así se dice!
Cuando llegaron a la cafetería, observó los ojos mar que la vigilaban con seriedad. La joven Idol intentaba ignorar a una horda de fans que se conglomeraron en el vidrio del restaurante, los mozos estaban nerviosos y básicamente, el caos se desarrolló ante sus ojos sin siquiera proponérselo. Puso los ojos en blanco.
Si tan sólo no fuera tan famosa...
Una Sayaka algo irritada levantó una ceja cuando un papelito se filtró en el plato, pidiendo amablemente un autógrafo para su hija. Al menos, ese había sido bastante sincero, dejando atrás el hecho de que la persona que se lo solicitó era soltera, sin hijos y un historial de amores fallidos enorme. Sayaka, si así lo deseaba, podía ver un montón de cosas en las personas, las almas, esencias, vida y obra, etcétera. Era una buena manera de protegerse de los viejos verdes.
Aquellas personas que le pedían autógrafos eran capaz de matar a sus padres, hermanos, amantes, hijos; sus mascotas, jefes y secretarios/as, y aludir a quiebres de sus empresas por enfermedades incurables de cuyos nombres jamás había oído; para producir una miserable pena.
-¿No vas a firmar?
-Ya creo que no. –Apartó el papel y escuchó el corazón de alguien romperse, seguramente, el dueño del restaurante. -¿Has comido algo? –La miró de forma dulce, mientras tomaba un café. Luego de que Kyoko hubiera dicho algo parecido a que era una anoréxica o bulímica, decidió que si engordaba, le pediría otro deseo a Homura y fin del tema. Total, su alma ya estaba recontra condenada. Ya no podía decirle que no a las exquisitas tortas y demás delicias que la rodeaban. Y odiaba la idea de decepcionarla. Con todo su corazón.
No señor.
Comió un tostado de jamón y queso y obligó a que Kyoko hiciera lo mismo, provocando un rojo acusador que sólo logró que estallara en carcajadas.
-¡Déjeme, por favor!
-¡No puedes ser tan tierna! –Reía aún, ante una Kyoko totalmente avergonzada por lo cerca que habían estado sus rostros cuando la convencía de que si ingería algo, era probable que llevara a ver un recital de lo que deseara. –Vamos, en el departamento no estabas tan tímida…-Le susurró, logrado que la chica se pusiera más roja, si esto era humanamente posible. Aun cuando se separaron, estaban muy pegadas. Tan cerca, que de seguro ella no había notado, pero la menor sí, que sus labios se rozaron un par de veces al hablar. Apartándose con una sonrisa, los lamió y probó el té suave que había pedido, tratando de olvidar ese pequeño percance público y la forma sucia que tenía la chica para sobornarla.
Sus mejillas seguían ardiendo cuando Sayaka se sentó a su lado y le tomó las manos. Un silencio enorme envolvió el ambiente, siendo conscientes por primera vez de que tenían al menos unas cien personas tratando de no perderse detalle de lo que estaba ocurriendo. Sayaka se atiesó un poco, Kyoko sólo rió ahora, por los nervios.
Un par de jovencitas se desmayaron por la tensión del momento.
Sayaka ¿Lesbiana?
Hasta podía imaginar los titulares bizarros que rápidamente se imprimirían al día siguiente. Algo como que, al ser rechazada por varios chicos, decidió probar con el otro bando para ver si tenía un poco más de suerte. Si era así, todos se preguntarían quién era la pelirroja con la que andaba a los besos tanto en el Live como en esta cafetería. Cuyo nombre, aún la cantante no deseaba saliera a la luz, porque así, consideraba que era un secreto de ambas y no de todo el mundo.
-Necesito que me prestes atención.
¿Era demasiado obvio el hecho de que Kyoko apenas podía respirar al ver sus dedos entrelazados y que llevaba contemplando sus labios desde hacía unos cuantos minutos? Para la Idol, eso era invisible, al parecer.
-Sí...
-Siendo que no tienes a nadie aquí que pueda hacerse cargo de ti, tomé la decisión que no sólo irás a clases, sino que me haré responsable al cien por ciento. Vivirás bajo mi techo, estudiarás, desarrollarás tus sueños; te cuidaré en la salud y enfermedad. –Hizo una suave pausa y la miró muy tímida. -Kyoko... ¿Qué te parece?
La jovencita estaba al borde del colapso, miró otra vez las prolijas uñas de la famosa con todo el interés del Universo. Como Sayaka esperaba la respuesta, besó la mano, cariñosa. Esta vez fue el turno de Sayaka para sonrojarse hasta la punta del pelo y luego, apenas pudo ingerir el próximo tostado que había ordenado. Aún así, no soltó sus manos, por nada de este mundo.
Gritos de pura excitación se escucharon en un radio de un metro, otro par de desmayados. Kyoko no pudo reprimir las risas por todo lo que habían provocado con poco y nada; y sin exagerar, Sayaka agradeció que Homura no viniera a arruinar semejante momento dulce, con sus consejos pasados de tono.
Simplemente, la calidez que ambos cuerpos desprendían, como cuando bailaban, la reconfortaba y colmaban su espíritu.
Cuando llegaron a la escuela, en la limusina aún, Sayaka la abrazó y le sonrió tratando de darle la fuerza suficiente. Kyoko acarició el menudo cuerpo de la famosa, la contempló tímidamente a los ojos. Sayaka le dio un suave beso en los labios, sin poder resistirse ni un segundo. Una vez afuera, luego de reunir la energía necesaria, la pelirroja dijo palabras muy importantes:
-Espere, no se vaya aún.
-¿Mmmh? –Sayaka la miró curiosamente, con una suave sonrisa.
-Espere quiero ver si… -Buscó en su bolso. -¡Aquí está! Feliz cumpleaños, Miki-san. –Le regaló algo que tenía escondido, con una enorme sonrisa.
La idol se puso roja como un tomate y estuvo a un pelo de no largarse a llorar como una idiota sentimentalista. Acarició el paquete con todo el cariño del planeta, y lo apretó contra su pecho; sus labios temblaron peligrosamente.
-Kyoko, joder... –La apretujó temblando, lloró en su cuello, le dio un par de besos, ahí, las mejillas y uno fugaz y muy disimulado en los labios. Luego, para no llevarse la sorpresa desagradable de la madrugada, abrió el paquete y sonrió al notar un par de auriculares con un diseño muy bonito, en forma de nota musical.
-E...Espero que le guste... Tomoe-san me dijo antes de ir a su casa anoche, que hoy era su cumpleaños. Pensaba dárselo en algún momento de la tarde, en la casa de Tomoe-san, porque salir del restaurante fue un caos. –Rió, nerviosa y rascó su mejilla, con los latidos de su corazón, disparados, al ver que Sayaka lloraba aguantar la emoción. –Pero ya no daba más de las ganas y...
-¡Son hermosos! ¡Los amo!
Otro abrazo la dejó sin aire y se quedó respirando el aroma del perfume de su "tutora" con adoración. Acarició su cabello y luego sonrió. Se quedaron un rato así, ignorando al contingente de personas que iba aglomerándose, observando la escena. Sayaka, por primera vez en mucho tiempo, se sentía querida, respetada. Su corazón se hinchó de pura felicidad.
-¿Sabe? Ya no tengo tanto miedo.
-Veo que no. –Sayaka sonrió complacida al oír los latidos tan fuertes de su compañera. Comenzaba a hacerse adicta a acelerarle el pulso por gusto propio, era como una pequeña tortura masoquista Después de todo, jamás había oído algo así en el imbécil de su ex novio. Kyoko era buena, amable, dulce, y tenía un gran corazón. No era frívola, no amaba las apariencias. Era como una gran bocanada de aire fresco que la relajaba y le daba muchísima alegría. Se trataba de la absoluta antítesis. Ya entendía por qué Homura odiaba a su ex. Ahora todo empezaba a cuadrarle.
Ella merecía a alguien como Kyoko. Alguien que supiera valorarla sólo por quién era y no por su fama y fortuna indiscriminada.
Cuando una canción de HTT, la banda rival de ellas, sonó desde el móvil que Sayaka le había regalado, sintió unos celos irremediablemente asesinos.
-¿Cuándo pondrás una canción que no sea de otras bandas? –Preguntó, tiesa.
-Ellas son mi vida, soy fanática. –La cándida respuesta de la más joven, hizo que Sayaka tuviera ganas de llevarla a todos los ensayos de su grupo para hacerle cambiar de parecer. Besarla cuantas veces hiciera falta. Demostrarle que ellas eran mejores. A como diera lugar.
Le cantaría desnuda, si eso le hacía cambiar de opinión.
Pero encontró otra forma de poder lavarle el cerebro, así que con un poco de maldad, susurró:
-Si te esfuerzas y te sacas buenas notas, te llevaré a verlas cuando sea tu cumpleaños número quince ¿Qué te parece? En sector VIP.
-¿De verdad? –Sus ojos brillaron de emoción y saltó en el lugar antes de volver a apretujarla con adoración, olvidando por enésima vez a la gente que estaba ahí. –ES LA MEJOR, LA MEJOR, LA MEJOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOR.
Se arrepintió al segundo de haberlo dicho, deseó que la banda se disolviera o viviría escuchándolas todo el jodido día, en cuanto vivieran juntas. Entrecerró los ojos, mientras la chica seguía festejando infantilmente. Al final, se rindió y rió entre dientes, enternecida.
"Pero… ¡Homura, más vale que hagas mi deseo realidad!"
Con un poco de dificultad, dejó que el pequeño retoño fuera a clases, con un suspiro. Acarició el paquete, con mucho cariño y un sentimiento de nostalgia la invadió. Daría cualquier cosa por acompañarla a clases, lo que fuera.
-¿Incluso tu carrera? Aww... Sé que te sientes como una madre, admítelo.
Horrorizada y haciéndose hacia atrás, observó que su acompañante no era nada más ni nada menos que Homura. Frunció el entrecejo y trató de no hacer ningún gesto más, era obvio que todo el mundo pensaría que hablaba sola o algo así. Lo único que le faltaba era que la tacharan de loca.
-¿Pero qué demonios? –Masculló, mientras disimulaba ponerse los auriculares.
-No podía perderme cómo una falsa madre Sayaka despedía a su pequeña Kyoko que no tiene ni idea de los sueños sexuales lésbicos y bien pornográficos que tienes con ella...
Disimulando que mataba a una cucaracha, pisó su pie, pero luego se dio cuenta de que algo no encajaba. No, no podía ser. ¡Tenía que estar jodiéndola! Se fijó mejor en un ENORME detalle que pasó por alto, además de que todo el mundo las podía ver.
-¿Qué carajos haces con el uniforme del instituto?
-¿Qué es ese lenguaje de una niña Idol? –Le puso un suave dedo níveo en sus labios. - ¿No es obvio? S-soy... A...Akemi Ho...Homura... Encantada de conocerlos –Fingió su presentación con una piel de cordero perfecta e hizo una reverencia.
A Sayaka se le fueron los colores del rostro. La señaló, mientras un temblor de puro pánico la embargó. Esa chica traía el caos en la escuela, arruinaría a Kyoko y su experiencia, sería un completo desastre y encima se aprovecharía de ella. Sabía cómo era ese maldito súcubo.
-NI SE TE OCURRA.
Una sonrisa enorme le demostró que estaría a punto de desatar un verdadero Infierno. Sayaka sólo pudo observar cómo la joven, se marchaba, mientras apretaba los puños, muriendo de ganas por arrojarle alguna cosa que le doliera de verdad.
No, si de verdad, hoy no era un buen día.
-¿Así que no tienes padres? –Hitomi acorraló a la más pequeña que recién entraba a clases, con una soberbia que lograba aterrorizar a cualquiera. Ni siquiera había entrado al aula, la llevó hacia el baño, fingiendo que se sentía mal. Puso una de sus manos contra la pared y acercó su bonito rostro hacia la más jovencita.
-Yo...Yo... No... No los tengo.
-¿Y quién te cuida?
-Miki-san... –Susurró, orgullosa.
Esta vez no se sentía bonito, ni sexy como en el estudio. Su cuerpo quería alejarse de pura repulsión. La chica se le hacía conocida, pero no sabía cuál era su nombre. Intentaba pensar dónde había visto su cara, hasta que el resto de lo que dijo ella, le fue suficiente para recordarla.
-Ah… Así que eres el parásito que la adorable Sayaka cuida, ¿Verdad? –Kyoko sintió que algo se rompía en su corazón. -¿Te has puesto a pensar que ella probablemente quiere fama y retomar aquello que perdió con Kamijo-san? ¿De verdad crees en ella? Es una mentirosa y embustera, Kyoko. Espero que puedas darte cuenta rápido.
Una mano levantó su barbilla pero se sorprendió al notar un desdén que destilaba esos orbes rojizos como el mismísimo Infierno en la Tierra.
-¡Tú no sabes nada de Miki-san! –Contraatacó Kyoko, deshaciéndose del agarre y ahora, volteando los papeles, la arrinconó del otro lado. Con una furia que hacía tiempo no sentía, la hizo sentarse en el suelo del baño, sin siquiera tocarla; mientras la ira se iba acumulando. -¿Quién mierda te crees que eres? ¡Le quitaste todo y no te fue suficiente! Eres una enferma mental, Shizuki Hitomi. Me das asco. ¡ASCO! –Apretó los puños, de forma irregular y tuvo que controlarse para no encajarle una buena piña. –No le he deseado lo peor a nadie jamás, pero a ti… A ti, loca de mierda, ojalá te des cuenta a quién perdiste, aunque sea demasiado tarde. –Sonrió, conteniendo el veneno. Un colmillo salió a saludar y Hitomi, por primera vez en mucho tiempo, sudó frío.
-¿Hay algún problema? –Susurró interrumpiendo, una peligrosa voz y pronto Kyoko se vio contemplando a una refinada dama de cabellos azabache. Quiso correr para refugiarse, pero sería demasiado obvio. No quería que esa chica se diera cuenta que aún le temía mucho. Además, la verdad es que esa mirada de los ojos verdes de Hitomi, era demasiado atemorizante.
-¿Eres nueva también?
-Sí. –Abrazó con un ademán posesivo a Kyoko y la apretó contra su cuerpo. La pelirroja la miró sin comprender demasiado, enrojeciendo hasta la raíz del pelo.
-Wow, parece que este instituto de verdad necesita estudiantes Idols para remontar su antigua fama detestable. Es triste lo bajo que ha caído. –Hizo un gesto petulante con su cabellera.
-Con el comercio que hay en Japón, casi la mitad de los jóvenes de aquí deben serlo, ya que es la forma más rápida de explotarlos. –Acotó Homura, con una voz oscura. –Después de todo, es bastante fácil entrar en el mercado, cuando se posee la gracia que tú no. –La sonrisa asesina que le envió fue un mensaje directo que hasta el más idiota comprendería. –Aunque sé muy bien que lo que utilizas no es tu belleza, sino tu sensual y maravilloso cuerpo, de forma indiscriminada; exponiéndote a cualquier enfermedad. No te juzgo por eso, puedes acostarte hasta con un santo, pero tachas al resto de promiscuas y tú te entregas sin miedo a que esto se infiltre en los medios. Después de todo, si no me equivoco, querida… Papá es dueño de cierto famosísimo canal de noticias internacional británico. ¿Verdad? –Alzó una ceja, sugerente.
Hitomi, absolutamente humillada; desapareció apenas pudo, trastabillando sus pies. No podía dejar de pensar de manera seria, que Akemi-san parecía ser un...
Demonio.
Sayaka estaba grabando un nuevo tema, en el estudio. Madoka estaba tomando un té y Mami básicamente se dedicaba a cortar los pequeños pasteles para repartirlos al resto del equipo que trabajaba, con una sonrisa. Aquél que había dedicado a Kamijou tuvo el agrado de terminar en un cajón y nunca más salir. Había ofrecido esta canción a sus fans y a sus amigas, que siempre estuvieron sosteniéndola, hasta en los momentos más complicados.
Y, como respuesta a tales malos pensamientos, alguien le alcanzó un móvil.
-¿Quién es? –Le preguntó a uno de los asesores, tapando levemente el micrófono.
-El instituto mixto de Tokio, quieren hablar contigo.
Sayaka sudó frío. Suspiró e inspiró arduamente, antes de tomar el aparatejo entre sus manos.
-¿S...Sí?
-¿Es usted Miki Sayaka?
-Ella misma habla.
Se escuchó un grito agudo detrás del micrófono y levantó una ceja. Un par de chillidos más y volvió a oír la voz apresurada de Kyoko, intentando hacerse con el teléfono. Pero lo que más la horrorizó fue escuchar los gritos de Hitomi y una Homura en plan de Diosa Del Mal; castigando a todos los seres humanos por su ineptitud ante su complacencia.
-Miki-san, Sakura-san desea hablar con usted ¿Está disponible?
"No, verá, estaba en Cancún tomando un par de Daikiris y viendo cómo la banda contraria que ha sacado un nuevo EP sin que nosotros pudiéramos saberlo, ardía en llamas."
-Sí, claro.
-¿Miki-San? –La voz de Kyoko sonaba tan prudente que volvió a tener un espasmo de miedo.
-¿Kyoko? ¿Estás bien?
-Necesito que vengas a buscarme… Por favor... No me dejarán salir, de otro modo.
-Claro, ¿Qué sucedió?
-Luego te cuento... Aquí las cosas se pusieron...
ME LAS PAGARÁSA AKEMI-SAN Era la voz increíblemente inconfundible de Hitomi Shizuki.
-Eh….
-¿Señorita Miki? –El director se había adueñado de nuevo del fono y le hablaba con educación, mientras detrás se seguían escuchando ruidos que a más de uno asustarían. ¿Quién, en su sano juicio, permitiría que los alumnos básicamente gritaran así con semejante vocabulario violento sin antecedentes? Se preguntó Sayaka, sintiendo que la transpiración comenzaba a hacerla presa.
No es que se sintiera muy cómoda con todo esto.
Sinceramente, quería mantener en secreto el hecho de que ella se había hecho cargo de Kyoko. Era consciente de que luego de ciertos videos y de la escena de esta mañana, Japón probablemente estaba al tanto de que ahora era una pseudo hermana mayor de una niña cuyos padres habían muerto. Detestaba ese tipo de propaganda barata. No tenía que rendir cuentas a nadie, pero la prensa suele ser muy dañina con chicas rebeldes como ella.
"¿Me daría el teléfono, por favor?" La educada voz de Kyoko era algo que la dejó tranquila hasta que otra interrumpió sus pensamientos, helándola del terror. La falsa cadencia de Homura le dio una tremenda mala espina, en especial, cuando escuchó cómo hablaba con la más pequeña.
"Cualquier cosa menos meterte con ella, demonio estúpido" Sayaka pensó, queriendo romper el micrófono en cientos de pedazos, pero con Madoka contemplándola preocupada, sólo pudo sonreír incómoda.
-¿Entonces? ¿Qué ha sucedido? Quiero hablar con usted, director. Por favor, escúcheme. No quiero que nadie pero NADIE le toque un pelo a Sakura Kyoko. Y eso no tiene que salir en NINGÚN lado. Jamás se ha contactado conmigo. Si la prensa lo contacta, no quiero que nadie se meta con Sakura ni conmigo ¿Ha entendido? –Demandó haciendo gala de su mal carácter bastante intimidante. Al fin, se atrevió a llevar las riendas de esta conversación que comía minutos de grabación. Todos se habían ido a tomar un café, por lo que hizo señas para que alguien se acordara que ella también moría de hambre. Mami le sonrió y señaló qué torta quería, por lo cual se entretuvo eligiendo alguna, mientras esperaba una respuesta coherente. –Repito la pregunta, entonces. ¿Qué ha pasado?
-Sucede, señorita Miki, que el laboratorio ha explotado en miles de pedazos. –Sayaka estaba a punto de pegar el grito en el cielo, blanca como un papel. El director se apresuró a aclarar lo evidente, temiendo por su pescuezo. –La señorita Sakura ha resultado ilesa, pero necesitamos que hoy la retires. La escuela se responsabiliza por el mal funcionamiento de las cosas.
Sayaka se había alarmado. Pero luego se calmó. Se arrodilló en el estudio, suspirando entre derrotada y aliviada. "¡¿Alguna vez, puede ser, Dios santo, que las cosas me salgan MEDIANAMENTE bien?!" Lloriqueó internamente, cerrando los ojos abatida. El dolor se disipó cuando el delicioso aroma del café interrumpió sus fosas nasales, Madoka la tomó de las manos y arrastró a la mesita para que tomara algo. Se sentó y depositó la taza y la gran porción de torta, luego se dedicó a masajearle los tensos hombros. Sayaka se aclaró la garganta, apoyándose en el pecho de su amiga, con los ojos cerrados.
-De acuerdo, ahí estaré. –Balbuceó al final, como pudo.
Cortó la llamada y siguió mirando el aparato. Un par de personas suspiraron desencantadas, el break había durado muy poco.
-¿Qué sucedió? –Preguntó Mami, poniendo una mano en el hombro de su compañera, con cariño. Cortó un pedacito de torta y se la dio en la boca, mientras la chica seguía tan pálida que parecía querer devolver todo lo poco que había ingerido durante ese condenado día.
-Alguien voló el laboratorio del instituto.
Los ojos como platos de la rubia le hicieron comprender la "gravedad" de la situación. Luego tuvo que aclarar que Kyoko se sentía bien y que no le había ocurrido nada o a la mayor de todas le daría un infarto prematuro.
Sabía quién podía tener la culpa de todo, pero se preguntó ¿Por qué? Homura no solía ser tan violenta. Hasta sospechaba que fuera la precursora del movimiento hippie de los sesenta, al menos la parte de "amor", sexo, drogas, pornografía hard, incesto y BDSM, tirarse a cualquiera que tuviera dos patas y pasara de los catorce años, etcétera… Hizo otra mueca y tomó el cafecito, comió un par de porciones, antes de despedirse de sus amigas quienes estaban aún tan nerviosas como ella.
Salió del estudio, ni siquiera se preocupó en llamar al señor Fukata. Tomó la limusina y se puso a manejarla ella. Maldijo a un par de tarados que hacían que el tráfico se pusiera pesado. Sabía que tenía que calmarse pero también entendía que esto era un problema de los grandes. Pensar a Kyoko en dificultades…. Simplemente la ponía tan... tan… Al llegar al instituto, aparcando como pudo y ganándole el lugar a una camioneta que hacía maniobras hacía unos minutos para entrar en el lugar, vio la gran humarada que intentaban apagar los bomberos. Si hasta recién estaba como loca, ahora esto le causó un serio ataque de pánico.
Homura se había pasado, sin dudas.
-¡Saya-chaaaaaaaaaaaaaaan! –Gritó una voz conocida y reparó en el fingido papel de su amiga impresentable. El cabello azabache y los listones rojos le daban el aspecto inocente que ciertamente no tendría en la vida real, ni en un millón de años o con ayuda de un milagro divino.
-¿Ahora qué mierda hiciste? –Sayaka olvidó que era una chica famosa y que había gente que la había visto llegar a una velocidad que no estaba permitida en un espacio escolar. La tomó del cuello de la camisa y la acercó, con intimidación.
-Proteger a tu niña. –Dijo, con orgullo, hinchando el pecho y cruzando sus brazos, luego de soltarse. Como un broche de oro, manejó de nuevo su cabellera, con extrema coquetería, enfureciendo a la cantante.
-¿Mi niña?
-La que fantaseas tirártela como en una peli pornográfica sin cesura…
-¡HOMURA!- Gritó, peligrosamente, roja como la sangre.
-¿Qué? Si es cierto. –Guiñó un ojo.
-¿De qué la protegiste?
-De Hitomi. –Pudo ver esas facciones cristalizadas con absoluta maldad. Un escalofrío más le encendió las alarmas de alerta. Comprendía la naturaleza del odio profundo. Los ojos violetas se hicieron rojos en un santiamén. Sintió real miedo al verlos y se echó atrás, inconscientemente.
-Que… ¿Qué sucede?
-Ahí viene… Silencio.
-¡Oh! Miki Sayaka… ¿Cómo estás?
-Muy bien. –Respondió tiesa como una tabla. Estaba segura que con esa posición casi dura de su cuerpo, luego tendría tortícolis. Rechinaron los dientes, entrecerrando los ojos.
-¿Qué haces aquí?
-Vine a buscar a Kyoko.
-¡Qué bien! Tu amiguita a la que tratas con tanta informalidad ¿Del nombre? Es lo que menos esperaba… Pero bueno, no hay que olvidar que ella es ese parásito al que disfrutas besar en público. ¿No?
-¿Tanto te interesa? –Interrumpió Homura, tomando de los hombros a Sayaka, quien ya estaba a punto de darle un buen cachetazo.
Hitomi sonrió, intentando calmar las cosas, pero dentro de esa mueca tan azucarada, se encontraba el veneno que le encantaba largar cuando nadie se lo esperaba. Sayaka estaba arremangando su camisa para darle el merecido que siempre fantaseó darle. A la mierda con la psicología y los buenos modales. Esta arpía merecía un sillazo en la cara.
-Claro, quiero saber cómo anda mi amadísima Sayaka, luego de todo lo que sucedió. –Se encogió de hombros.
-La hubieras ido a visitar, pero una niña de alta sociedad no se junta con la plebe. –Alzó otra vez una ceja, Homura.
-Sayaka, de verdad no puedo creer que te juntes con este vulgo. ¿Dónde está tu educación de primera que recibiste gracias a mis padres?
-¿Por qué no te callas un poco? –Interrumpió Kyoko, detrás de Hitomi.
Sayaka nunca había visto con esa cara a la joven Sakura. Era como una fiera de fuego, sus ojos refulgieron con el más puro asco y desdén. Se mordió el labio inferior, sabía que debería calmar la situación, pero tan sólo se la imaginó de la manera menos pura que una chica haría, haciendo que Homura sonriera.
-¿Qué eres? ¿Su novia?
-¡No te atrevas a decir esas palabras…! –Sayaka intentó contraatacar, en algún momento de lucidez, pero nada ni nadie en el mundo podría prepararla para lo siguiente que escucharía.
-Sí.
Silencio.
Sayaka se puso de colores, hasta la raíz del pelo. Abrió la boca para responder algo, pero simplemente se había quedado sin palabras. Dejó que la más joven de todas la tomara de la mano y se la llevara lejos.
-Me das asco, Sayaka –Susurró Hitomi, destilando putrefacción.
-¿Sabes? –Intentó responder la cantante, soltándose de golpe. Caminó directo hacia Hitomi, y la empujó sin ningún tipo de restricciones. La chica rica trastabilló, dándose un buen golpe en el trasero. Sayaka sonrió, con un poco de confianza, usando sus clases de actuación tomadas por años, para componer un papel diferente al que el público estaba acostumbrado a ver. –Mientras tú te dedicas en detestarme, hacerme mala prensa y malgastar mi dinero con Kyosuke, yo me la paso genial con una persona que sí me valora y me ama. –Levantó la barbilla. –Ahora, si no te es molestia, vine a retirar a MI NOVIA, para cogérmela, algo que Kyosuke jamás tuvo los huevos de hacer ni contigo por más trío que te haya propuesto conmigo–Levantó una ceja y se llevó a Kyoko de la mano, casi ondeándola como una bandera patria.
-…Ya sabes… Cuando se es una buena persona… Lo consigues todo, sin andar usando horribles trucos o lastimando a otros. –Homura le dio una caricia la mejilla con la uña de su dedo índice hasta la barbilla, antes de marcharse.
-Miki-san ¿Ha comido algo? –Preguntó Kyoko, intentando obviar en la que las había metido por ser una impulsiva. Es que estaba tan pero tan… furiosa.
-Algo… Pero… Pero… ¿Tú estás bien? –La mayor inspeccionó el cuerpo de la chica, antes de alejarse un poco, enrojeciendo. Kyoko intentó apartarse cuando los dedos de la cantante abrieron el escote de la camisa escolar, dando una bonita e impúdica visión de sus pechos. Volvió a abrochar, sin decir nada, un rojo se expandió por sus mejillas, cuando sintió que Sayaka tenía aún sus manos cálidas sobre los senos. Al final, la artista se dio cuenta de lo que hacía y se apartó un poco más cohibida que menor. –Lo siento, sólo veía si no tienes ningún corte…. Yo…. –Se cubrió el rostro. –Oye, lo de que íbamos a… Bueno…
-Estoy perfectamente y no se preocupe… –Rió a carcajadas y le tomó suavemente de las muñecas para hacer que la mirase. –Hey. ¿Vamos a una cafetería?
-Eh…
-Si Sayaka no dice nada, ¿Puedo ir yo? –Preguntó Homura, para irritación de la Idol, señalándose como un corderito. Ese papel inocente la estaba sacando de sus casillas, a pesar de que había salvado a su novia.
-¡Vamos las tres y punto! –Gritó la tercera joven y caminó decidida al auto, sin consultar con ninguna, tomando a una desprevenida Kyoko de su mano otra vez. Tenía un andar impropio a su incipiente femineidad que aún no había dejado de pasmar al resto de los curiosos fisgones.
-¿Qué acaba de ocurrir? –La pregunta pueril de la pelirroja hizo que más de uno de los expectantes del público, se riera; mientras Sayaka maldecía al auto que había decidido arrancar a duras penas.
-¿Esos? Son celos... Se llaman celos… -Homura sonreía totalmente complacida, cruzándose de brazos y haciendo una sensual pose con sus caderas.
もすこし勇気ふるって
自然に話せば
何かが変わるのかな?
そんな気するけど
En la cafetería, Sayaka observaba al demonio y a la menor como un basilisco. Se rascó un ojo, un poco incómoda. Como vio que no iba a ningún buen puerto, chistó para demostrar el descontento. Sin dudas, esas dos se llevaban tan bien que no era extraño percibir la terrible envidia corroyéndole el cuerpo.
El móvil de la joven de cabellos rojo chilló enloquecido y HTT volvía a la carga, por si Sayaka no tenía en claro cuál era su banda favorita. Homura levantó una ceja y sonrió animada.
-¿Te gustan?
-¡Las amo!
-Me encanta Akiyama Mio… Es tan… Moe…
-Y a mí Tainaka Ritsu… ¡De hecho! Tienes un aire a Mio, eres muy adorable.
Rieron y por primera vez en muchísimo tiempo, Sayaka se sintió por completo aislada. Frunció el entrecejo. Quería a Kyoko para sí. A Homura lejos. Y ya no era una estúpida puesta en escena. Esto era serio y realmente alarmante. Estaba traspasando la franja entre la realidad y la ficción…. No podía creer lo fácil que era conquistarla. Tanto tiempo armando su pequeño iglú apartada de todo el mundo, y…. Y…. Y…. Siguió escuchando la plática, revolviendo la taza de café, de forma frenética, con los ojos cerrados.
-Dicen que salen…
-¡NO! –Homura fingió muy bien su asombro. – ¿Son pareja? ¿Qué dirán sus padres? –Se abalanzó sobre la mesa, curiosa.
-No lo sé… Igual son famosas, mucho escándalo no pueden hacer. –Kyoko se encogió de hombros. -Son de la misma banda, se supone que fueron inspiradas por ti, Sayaka. Después de todo, tú demostraste que el amor y la música pueden complotarse de buena forma. -Kyoko la miró, con ilusión en esos ojos rojizos. La chica sólo pudo ruborizarse un poco y sonreír, atragantándose con el pastel.
-¿Algún otra novedad? –Homura le preguntó, mientras la más joven le daba suaves palmadas en la espalda a la cantante. Luego se dedicó a acariciarla, casi inconscientemente, logrando que Sayaka se pusiera de más colores. La pelirroja ni siquiera lo había notado, estaba muy absorta en la conversación.
-Hay rumores sobre Yui y Azusa, ya sabes… –Puso los ojos en blanco, sonriendo con ansias y su mirada brilló. Ahora los labios se estiraron en una mueca pícara que hasta a Sayaka la sorprendió, quien hizo un gesto simpático. –Hacen todo un show casi sensual. –Kyoko guiñó un ojo, provocando una risita cómplice y bonita en Homura. – Siempre deseé verlas. –La más jovencita de las tres suspiró y hasta ese repugnante demonio sintió compasión.
-¡Cierto! Esas dos son todo un caso. ¿Recuerdas cuando casi se besan?
-Jooo, sí, ¡Frente a todo Japón! –Ambas rieron y a Kyoko el corazón se le aceleró enloquecido, de pura felicidad. – ¿Podemos compartir esa torta? Es enorme.
-¡Adelante! –Homura sonrió amablemente y miró de soslayo a la mosqueada Sayaka. No podía evitar ponerse eufórica por verla en ese estado. Era simple y llanamente, muy adorable. Hasta tenía los mofletes inflados de manera infantil. – ¡Oh! Tienes una miguita aquí. Espera que te la quito… –Susurró con sensualidad, antes de acercarse a Kyoko para quitarlo con su uña, acariciando la mejilla.
-Gra…Gracias… Akemi-san. –Kyoko se sonrojó hasta las puntas de sus orejas y miró hacia la mesa. Luego, aún rehilando, se puso a tomar el café, nerviosísima.
Eso había sido muy sexy y parecía que no sólo quería ser un dedo lo que rozara su rostro. De hecho, con sorpresa, recordó una caricia parecida cerca de sus labios y hasta un beso… Se quedó en blanco, momentáneamente.
Recordaba tener un sueño extraño en el que una esencia pecaminosa estaba arrebatándole su primer beso, sin más. Pero claro, eso debía ser una pesadilla, de esas raras, que tenía de vez en cuando. Ay, condenada adolescencia que la apabullaba tanto… Comió sin pensar, aún absorta en sus pensamientos y de golpe, la voz de Homura, tan voluptuosa, la devolvió al mundo real.
-Un placer…
キミの笑顔想像して
いいとこ見せたくなるよ
情熱をにぎりしめ
振り向かせなきゃ!
La cantante pretendió estar absorta con algunas fotos de su móvil pero poco a poco, sin necesidad de demostrarlo, los celos la carcomían. Trabó su mandíbula, tanto que estaba a punto de hacer un berrinche estúpido, si la cosa seguía tornándose más y más cariñosa.
-¿Ya terminaron de comer?
Kyoko miró sorprendida a su acompañante, quien estaba cruzada de brazos y con los ojos cerrados, claramente enfurruñada con algo.
-Lo sentim…
-No es eso… -Ablandó un poco su voz, sabía que había sido bastante insolente. –Es que los fans me cansan…
Miró hacia la puerta, donde se había aglomerado tanta gente como podía. El dueño del local, estaba en su salsa, pero no se podría decir lo mismo de los mozos. La doble jornada de trabajo, los estaba asesinando poco a poco y algunos recién comenzaban su turno.
-Vamos a casa, entonces… ¿Homura -chan? ¿Dónde vives?
-Sólo a unas cuadras, no te preocupes… –El demonio sonrió con gentileza, quitándose de encima el cabello. – ¿Nos vemos mañana?
-¡Claro! –Sonrió su interlocutora, feliz. La Idol dejó que la tirria la terminara de desmenuzar su pobre cerebro. Tironeó a la chica fuera del local, entrelazando sus dedos. Si era su novia, entonces ahora debería mostrar que nadie se metía con aquello que Miki deseaba. Los murmullos irritaron a Sayaka, pero Kyoko parecía en su mundo, mirando sus manos unidas. Cuando cayó en el planeta Tierra, sonrió y agitó el brazo – ¡Cuídate y mándame mensajes cuando quieras!
-¡Lo mismo digo! –Una sonrisa peligrosa cruzó su rostro de porcelana que no borró, mientras las saludaba con el brazo levantado, cuando el mozo se acercó a pedir un autógrafo. –Te acercas a Miki-san y a Sakura-san y te quedarás sin descendencia. Te lo juro por mi vida.
Una vez en la zona fuera de peligro, Sayaka se relajó en el sillón; luego de bañarse. Estaba quedándose dormida, cuando le llegaron mensajes de Mami, preocupada por lo ocurrido con Kyoko. No tenía ganas hoy de recibir visitas. Ya era suficiente con lo que había vivido, pero también le parecía de pésima educación echarlas. Puso los ojos en blanco, esperando el milagro que, por suerte, se dio en forma de tormenta con rayos y hasta centellas.
La más jovencita volvía de darse una ducha en el baño de la cantante. Tenía una muda de ropa que le había dado. Le quedaba bien, a pesar de la pequeña diferencia de tamaños de cuerpos. Sabía que era porque esa chica aún tenía catorce años y le faltaba dar otro estirón más. Sin embargo, no se perdió detalle, cuando ella estaba entretenida haciéndole algo de tomar. Acarició con su mirada las largas piernas bien torneadas y subió un poco, sintiendo que sus mejillas empezaran a flamear. De verdad, para tener la edad que poseía, su trasero estaba bastante desarrollado… Se lamió los labios, algo pensativa y luego notó lo que estaba haciendo. Parecía una vieja verde. ¡Qué horror! Se despeinó desesperada los cabellos cortitos, totalmente sorprendida por estos pensamientos sucios.
-¿Le gustaría algo de jugo?
-Sí, me encantaría. –Le respondió la chica, buscando el control remoto, para poner música o lo que fuera que despejara a su yo depravada y devoradora sexual de menores. Kyoko se apareció con un par de snacks y se sentó a su lado, suspirando.
-Vaya primer día de escuela. ¿Cómo le ha ido en la grabación? Lamento haberla molestado, sé que estaba muy ocupada, pero no quería que se preocupara...-Miró hacia el piso, avergonzada.
-No pasa nada. Me hubiera alarmado peor si no decías nada. –La ayudó a quitarse la toalla del cabello, con una sonrisa amable, aprovechando a tocarla un poco; con una culpa que empezaba a esfumarse. –Vaya, debe ser bastante trabajoso tenerlo tan bonito.
-Heh, el secreto es básicamente despreocuparme de él. –Kyoko le sonrió y Sayaka sintió que sus mejillas empezaban a hervir.
-Deja, ponte de espaldas y te ayudo. –Eso mismo hizo la chica, y la chica empezó a peinarla con cariño y mucho cuidado. Kyoko cerró sus ojos, con una suave sonrisa. –Si tironeo algo, perdóname. Nunca he hecho esto.
-No se preocupe. También es mi primera vez. –Se rió la menor de ambas. –Hacía tiempo que no estaba así con alguien. La última vez, fue mi familia.
Sayaka prestó especial atención a ello, mientras la miraba frunciendo el entrecejo.
-¿Te llevabas bien con ellos?
-No recuerdo mucho. Sé que hubo un accidente. Mis padres y mi hermanita murieron… Tuve un problema con la memoria. Y luego terminé en servicios sociales. –Sayaka había terminado de cepillar y trenzó el largo cabello con mucha tranquilidad, escuchándola. –Para cuando me quise dar cuenta, estaba trabajando porque me daba mucha vergüenza que me cuidaran y no aportar nada. Luego, la situación con mis tíos no era lo más… Pacífica que digamos, así que decidí marcharme de casa. –Suspiró. –Lo lamento, no quise aburrirla con…
-¿Qué pasaba con tus tíos, Kyoko?
-Eh…
-… ¿Prefieres decírmelo luego? –Susurró Sayaka.
Había dejado de acicalarla. Kyoko la enfrentaba y sus ojos se notaban entre vacíos y tristes. Volvió a sonreírle y luego sus labios temblaron. Sayaka supo que había metido la pata hasta el fondo. Quiso decir algo para remediar la situación, pero ella negó con su cabeza.
-Bueno, la razón por la que terminé besándola es porque me gustan las chicas… -Tragó con dificultad, enrojeciendo al igual que su interlocutora. –Era un poco obvio, supongo. –Río, avergonzada, rascándose detrás de la nuca.
-¿Y qué pasa con eso? Digo, estamos en el siglo XXI, es normal y usual que vivas tu sexualidad como se te plazca ¿No…?
-Vengo de una familia muy religiosa. Obviamente, eso fue una gran molestia y dijeron que estaba dando un mal ejemplo a mis primos más pequeños. Ni siquiera tenía pareja, no había besado a nadie. Tan sólo me gustaba una chica de mi salón que nunca más volví a ver. Y la noticia la esparció una profesora que estaba "Preocupada por mi salud mental"… Mi tío me rentó ese departamento, para que hiciera mi vida. Él me iba a mantener, pero como sabía que yo jamás permitiría ser una carga para los demás, decidí trabajar. Sé que lo hizo con esa doble intención…
-¿Servicios sociales tiene idea de esto?
-Supongo. Pero mi tío me hacía ir a su casa, cada vez que se aparecían y aparentábamos ser una familia tipo muy feliz. Al principio, me decía que si me portaba bien, me dejarían entrar de nuevo. Luego, ya ni siquiera se dedicaban a engatusarme, era una orden. –Sonrió con ironía, luego, sus ojos tan afligidos terminaron de llenarse de lágrimas. -¡Y luego me echaban de casa, sin siquiera preguntarme si necesitaba algo! ¡Sólo me querían por el dinero que les daba el Estado por mantenerme! Nadie me lo entregaba, se lo tragaban en la educación de mis primos, a los que nunca les faltó nada. Y yo… Yo fui olvidada… -Hipó. –Ja…Jamás creí que mi propia familia me odiaría de esa manera… Yo… Lo siento… Sé lo mucho que sufrió cuando sus padres fallecieron… No quise…
Sayaka la apretujó contra su pecho. Escondió que también estaba llorando. Le dio un suave beso en el cabello, acariciando su espalda hasta que la chica se relajara. Kyoko lloró a lágrima viva, como hacía tanto tiempo venía guardándose. La cantante tomó su rostro entre las manos y acarició despacio las lágrimas. Le sonrió e hizo algo que ya había aprendido con ella.
La besó, pero por primera vez, sin cortar el sentimiento que tanto venía acosándola desde hacía dos días. Sus bocas se comunicaron, supieron cómo mezclarse y fraguar a la deriva.
Se separaron despacio, cuando un mensaje llegó al móvil de Sayaka. Suspiró, lo miró, irritada, era un recado de Mami preguntando a quién le gustaba el lemon pie para mañana, en el grupo de Line. Muy mosqueada, entrecerrando los ojos, apagó el aparato condenado del demonio y volvió a abrazar a la chica, contra ella.
-Gracias por confiarme esto… -Le susurró con mucha dulzura.
-Gracias a usted, por escucharme.
Sayaka la volvió a mirar con una sonrisa, aún con sus ojos llenos de lágrimas.
-Oye, nos hemos besado bastante como para que me sigas tratando de usted. Dime Sayaka. ¿Si?
Kyoko se rió un poco más tímida por la situación y se cubrió el rostro. Al menos, había dejado de llorar de esa manera que le rompía el corazón terriblemente.
-Sa…Sayaka…
-¡Muy bien! –La cantante sonrió enorme y entrelazó los dedos.
-¿No le molesta estar así conmigo?... DIGO, ¿No te molesta estar así conmigo?... No quiero obligarla… DIGO, no quiero OBLIGARTE… -Hizo un gesto contrariado, logrando que la chica se riera entre dientes, muy divertida. –Esto va a ser difícil…
-Bueno, no es que sea la persona más heterosexual del planeta, tontuela. Los medios jamás se equivocaron en esas especulaciones que nunca me maté por desmentir –Río a carcajadas. -Pero sí me preocupa algo….
-¿Mmmmh?
-¿Estás segura de…? ¿Estás segura de hacerte cargo de mí, como mi novia frente al resto de los fans? ¿Sabes la presión que es eso? ¿Estás segu…?
Kyoko puso uno de sus dedos en sus labios, para callarla, de manera delicada.
-Me has dado todo y más. Es lo menos que puedo hacer. Tú relájate. ¿Si? ¡Será hasta divertido!
-Bueno, es que… La verdad es que…
-¿Mmmmh?
-Pues –Suspiró, tomando aire. –La verdad es que no me molestaría que nos conociéramos un poco más… Ya sabes…
-¿Se…Sexo? –Kyoko se sonrojó profundamente.
-¡No! –Sayaka hizo gestos graciosos con sus manos, tan cohibida como ella. –Como… Algo… Algo más que… Amigas…
-Oh…
-¿No te gusta…?
-¡Me encantaría! –Luego se dio cuenta de lo que dijo y tiró su cuerpo hacia atrás, chocando contra el apoyabrazos. Su rostro estaba tan ruborizado que tuvo que ocultarlo con un brazo. – ¡OH, DIOS MÍO! Debo aprender a dejar de ser tan condenadamente IMPULSIVA, con un demonio.
Las carcajadas inundaron una vez más, ese salón que solía ser tan solitario.
-De verdad… Esto es mucho….
–Usa esta habitación para estudiar. ¿Qué tiene de malo? –Dijo seriamente la cantante, mientras acomodaba las pertenencias de la más joven. Ya habían cenado lo que Massie les había dejado. La señora ama de llaves se había encariñado con Kyoko a niveles desorbitantes (Como todas las personas que trabajaban en su casa), y estaba feliz de que su niña estaba comiendo decentemente, luego de tantos años de no ingerir casi nada de calorías. Decidieron acomodar las cosas que trajeron de la casa de la chica, para dejar todo bastante cómodo. Como Sayaka a veces necesitaba practicar los bailes, no quería molestarla.
Igualmente, algo en el fondo, le decía que esto sería tonto. Estarían juntas, porque ambas disfrutaban de la mutua compañía. Sayaka no quería serle una molestia y Kyoko siempre le reafirmaba que no lo era en absoluto.
– ¿Tanta opulencia…?
Sayaka sonrió ensimismada. Sin dudas, Kyoko era tan fascinante. Quería abrazarla y apretujarla hasta volverse una. Romper otra vez esa enorme distancia que tenían y besar sus labios. Se contuvo, quería ir despacio y no ser tan impulsiva.
Sin embargo le costaba muchísimo.
Aún con todos los celos que había pasado por la tarde, estaba disfrutando cada uno de estos momentos solitarios. Sin interrupciones de ningún tipo, se dio cuenta que la falta de Kyoko en su vida podría considerarla casi asfixiante.
-Es lo que mereces, pasaste por mucho. –Acarició de forma que no lo notara, el cabello rojo con sus gráciles dedos.
-Su…Pong…Go….
-Bueno, ¿Vamos a dormir? –Se dio la media vuelta, intentando no mostrar que algún recuerdo de su pasado, la puso triste. -¿Segura que quieres compartir conmigo la cama?
-No tengo problemas de ello… -Miró al piso, enrojecida hasta las orejas.
-¡Ah! ¡Por cierto! Cualquier cosa, Kyoko, si yo me encuentro en el extranjero y celular no quiere funcionar, por favor, llama al interno de la lista de hoteles que te di. ¿Si? Te comunicarán directamente conmigo –Tomó su mano para que la acompañara mientras caminaban por el pasillo. La más pequeña asintió, devolviendo una sonrisa preciosa.
Una vez en la cama, mientras oía los suaves ronquidos de la chica contra su pecho, acariciando su espalda; Sayaka pensó en lo extraño que había sido su cumpleaños sin Kamijo, aguantando Hitomi que se había convertido en una víbora y a Homura, que no dejaba de joderle la existencia ¿Por qué sintió tantos celos? Era obvio que a Kyoko la atesoraba por ser su salvadora, por su inocencia, por su gentileza, por los besos que se dieron, porque era la mejor compañera de tablas, porque se había convertido en su novia… Bueno, por todo lo que la hacía tan única, vamos. Pero de ahí a que de verdad sintiera ganas de encerrar a la chica en una cajita de cristal para que nadie ni nada le hiciera daño, era un paso enorme.
Suspiró.
Kyoko era una buena compañera, tan agradable que a todo el mundo le gustaba. Incluso a veces sentía celos de cómo le acariciaba el cabello Mami, con la maternidad que tanto la caracterizaba. O Madoka, que la vivía invitando a su casa, incluso por mensajes a través de LINE. Sin embargo, apenas Kyoko les devolvía uno de esos bonitos gestos que tanto le encantaban que le dedicara a ella, se sentía relegada del mundo. Los celos no eran buenos, jamás los había sentido y pensaba que eran pura cursilería. Claro, con Kyosuke raras veces tuvo motivos para sentirlos, ese tipo no generaba simpatía ni al mismísimo Hitler.
Hablando de ese chico ¿Qué había sido de la vida del que supuestamente era el "amor de su vida"? Luego de los meses de depresión, tratamiento psicológico y psiquiátrico, de tener el alta médico, de terminar con su duelo y con todo patas para arriba; era claro que apenas tuvo tiempo de prestar atención a ese tipo.
Un trío.
¡Le había propuesto un trío!
Su cabeza dio vueltas y sintió ganas de reír por la situación tan descabellada y por supuesto, repugnante. Estaba bien que a ella le gustaban también las chicas y hasta tenía una marcadísima preferencia por ellas; pero esto era pasarse de la raya.
Y sin embargo, siempre lo había sospechado.
Hitomi no dejaba de buscarlo cuando se juntaban en un café. Tenían muchas cosas en común, él siempre le dedicaba unas miraditas que eran para cuestionar si el destinatario de su amor o deseo sexual no era la joven de ojos esmeraldas. Pero de ahí a que Hitomi decidiera avanzar su relación con él, olvidando la amistad de niñas, de los años de convivencia bajo el mismo techo, luego de la muerte de sus padres y tantas cosas compartidas; lo sintió como una daga en su corazón.
Ahora parecía que le había tomado bronca a Kyoko, con lo buena que era esa chica. Como la pelirroja era un encanto con medio planeta, algo le dijo que probablemente Hitomi la había provocado para que reaccionara así.
Como última reflexión, antes de tomar una decisión muy altruista, pensó en las veces que Homura la había ayudado. Era una dulzura con la pequeña rescatista, como si fuera una madre o como una hermana mayor. Aún cuando intentaba seducirla, después de todo, a ella le encantaban las chicas; la trataba con muchísimo respeto. Sin embargo, creyó que era pertinente replantearse hasta qué punto quería que Homura se entrometiera en la relación. Era obvio que Kamijo jamás le cayó en gracia y por eso, nunca se intercaló más de lo necesario. También estaba segura que había visto su alma codiciosa, pero jamás le advirtió nada. ¿Lo había hecho para darle una lección? ¿Por maldad? ¿O porque estaba segura que lo descubriría al madurar?
Lo que era seguro y podía meter las manos en el fuego sin quemarse, de ello, era que Homura había articulado las cosas para que Kyoko y ella se conocieran.
Con una sonrisa, se dio cuenta de que, al final, ese demonio realmente quería que fuera feliz. La loca esa tenía buen corazón, después de todo.
-Homura… ¿Estás aquí?
El demonio apareció flotando en el aire, recostada.
-Siempre, corazón.
-¿Te puedo pedir otro favor?
-A…Adelante.
-Quiero que te enfoques sólo en una persona de ahora en más. –Su voz se había hecho extraña y los ojos se perdieron en la oscuridad.
-¿Sí? ¿En quién? –Preguntó curiosamente, agrandando la roja mirada.
-Kyoko.
Una suave y amable sonrisa surcó la oscuridad y desapareció, mientras Sayaka terminaba de desconectar su cerebro, hasta caer absolutamente rendida en los brazos de Morfeo y de la pelirroja que la abrazaba ya sin ninguna timidez por la desnudez de su cuerpo.
Así será, cariño.
FIN DEL CUARTO CAPÍTULO
