HOLA, aquí va el segundo capítulo y espero sea de su agrado.
Inuyasha y sus personajes no me pertenecen.
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- Uhm – El pequeño kitsune yacía sentado junto a Sango, Miroku y la pequeña Kirara. Los tres tenían la vista fija en una figura que se acercaba.
- Y bien – Inuyasha estaba impaciente - Que les dijo ese anciano – Luego de la partida de la pequeña Miko, el grupo se había movilizado tratando de encontrar pistas que les indicaran el escondite de su enemigo, mas no encontraron nada.
- No tuvimos suerte, lo cual nos deja en nada – Miroku y el resto pensaban que esta vez hallarían algún indicio.
- Ese maldito de Naraku, ¿Qué estará tramando esta vez?
- Seguro que nada bueno – Sango concordaba con su amigo peliplata.
- Entonces sería mejor si volviéramos a la aldea, además ya se cumplieron dos semanas – Era innegable el hecho de que el más pequeño del grupo extrañaba demasiado a Kagome.
- Es verdad – Inuyasha sonrió discretamente – Además sin Kagome no podemos localizar los fragmentos de Shikon.
- Sin duda la ausencia de la señorita se ha notado – Mientras trataba de propasarse con Sango, Sin embargo ella le dio un tremendo golpe con su boomerang.
- Maldito monje mañoso – Sango estaba furiosa, se había adelantado murmurando un sinfín de palabras. Inuyasha y Shipou caminaban detrás dejando a un monje inconsciente por semejante golpe.
- Pervertido – Mencionaron ambos al unísono.
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- Señor Jaken – Rin con su usual sonrisa le hacía señas al pequeño sirviente del Daiyoukai – Por aquí.
- Deja de correr – Trataba de seguir el ritmo de la niña mientras guiaba a Ah-Un – Esta mocosa.
Sesshoumaru venía detrás con su imperturbable rostro, se mantenía alerta a cualquier ataque, pero en estas dos semanas no había logrado recordar nada y eso le tenía inquieto. Todavía rememoraba la ocasión en la que se encontró a sí mismo en aquel río, cuando recuperó completamente la consciencia además de sus sentidos, había empezado a llover, mas no le importaba, en ese instante lo que más le perturbaba era que su mente siguiera en blanco, al percatarse de que no traía sus espadas decidió que lo mejor era ir a por ellas.
Pensó que mientras pasara el tiempo terminaría recordando las cosas que sucedieron aquella noche, no debería de darle importancia, pero tampoco quería mantener la duda, por cierto ahora que lo analizaba, esa Miko también estaba ahí, que habría sucedido con ella, bueno ese era problema de Inuyasha.
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Miraba por la ventana de su habitación, aquellas estrellas brillaban en todo su esplendor y la luna majestuosa se alzaba en la inmensidad del firmamento. Kagome las había observado por horas, cuando unos golpes suaves en la puerta la sacaron de su ensoñación.
- Pueden pasar, mamá y abuelo – Sabia quienes eran, fue difícil contarles lo sucedido aquella noche en la época antigua, además no es como si hubiese tenido alternativa, pero se sintió mejor cuando descargo aquello que tenía guardado.
- Kagome – Su madre uso ese tono amable para después sentarse en su cama junto al abuelo.
- Mamá y abuelo verán yo….. – No supo que decir, este momento se le hizo incómodo.
- ¿Has pensado en lo que harás de ahora en adelante? – Su madre la miró fijamente.
Kagome se mantuvo en silencio, oh vamos nunca pensó que las cosas terminaran así, en estos momentos no podía pensar con claridad.
- Yo voy a tener a este bebé – Levantó la mirada decidida, en su rostro se veía una sonrisa única, del momento – Ni siquiera se me hubiese cruzado por la cabeza el abortarlo o darlo en adopción(El doctor había considerado esa última opción, pero eso no sería viable si quiera por que nacería hanyou) – Llevo sus manos a su vientre aun plano – Cuando confirmaron que estaba embarazada, de alguna manera me sentí feliz, pero a la vez tengo mucho miedo de que las cosas vayan a salir mal.
- Oh mi pequeña – Su madre y abuelo se lanzaron a ella – No te preocupes, nosotros estaremos siempre contigo, lo que más nos preocupaba era que tú no te hicieras a la idea de ser madre, después de todo eres muy joven – La abrazaban fuertemente haciéndole entender que no estaba sola – Seré abuela.
- ¡Seré bisabuelo! - Se oyó el grito del único hombre que permanecía en la habitación, Kagome derramo unas cuantas lágrimas, sin duda su familia era una gran bendición.
- Entonces… - La puerta fue abierta abruptamente por su hermano menor, tenía una cara seria, pero luego cambio a una más gentil - ¡Yo seré tío!
- Sota, no se debe escuchar conversaciones ajenas – Kagome hizo una mirada intimidante.
- Lo siento hermana, es que tenía mucha curiosidad – Se rascó su nuca mientras sonreía.
Conversaron por un largo rato, entre risas y uno que otro comentario mas, a todos les venció el sueño, mas Kagome se mantenía en su habitación aun admirando la luna y las estrellas. Tenía el completo apoyo de su familia, sonrió ante esa idea.
Oh pero, eso no acaba ahí, claro que no, aún quedaban tantas cosas por resolver. Ahora que caía en cuenta ¿cómo le explicaría a Inuyasha que estaba embarazada de su hermano?
- No puede ser – Kagome se dejó caer en la cama de manera cómica – Si alguien me hubiese dicho que iba a terminar embarazada de Sesshoumaru – Se incorporó - Hubiese dicho que esa era la mejor broma por el día de los inocentes.
- Como se los explico y lo más importante que pensaría Sesshoumaru de esto – Kagome no pudo evitar poner una mueca triste – A él no le agradan los humanos, seguramente no te aceptaría – La azabache llevo sus manos a su vientre, ella no sabía mucho del hermano mayor de Inuyasha, así que no sabría qué decir, pero por la forma en que trataba al hanyou menor se hacía una idea.
– No te preocupes, mamá te quiere mucho, velará por ti y siempre, siempre estaré ahí para ti – Una lagrima rodó por su mejilla - Perdona por estar llorando, es solo que tengo miedo, de no ser una buena madre para ti, probablemente cometa muchos errores, pero, te prometo que daré mi mejor esfuerzo y si me equivoco perdóname – Solo tenía 15 años, era una adolescente que apenas empezaba a vivir su vida, pero las circunstancias indicaban que tenía que madurar rápidamente – Te quiero – Lo decidió, ella criaría a este hijo sola, como le hubiese gustado que la concepción del ser que se desarrollaba en su vientre hubiese sido de manera diferente, que su hijo tuviese a su padre, mas no sería así, no se lo diría, claro que no, probablemente al Youkai no le importaría o en el peor de los casos la mataría.
- Intuyo que no le gustaría tener una descendencia del tipo hanyou – Se imaginó al pequeño con orejas de perro, iguales a las de Inuyasha – A mí no me importa, es más me encanta la idea, seguro que serás hermoso – Este hijo era suyo, lo protegería sobre todas las cosas, de ahora en adelante su vida ya no era solo suya, viviría por y para su pequeño hijo, en cuanto volviera a la época feudal le pediría a la anciana Kaede que le enseñara a ocultar su aroma y una manera de borrar las marcas de nacimiento que tendría – Te criaras en esta época y además todos en esta casa están felices y a la espera de tu llegada.
Miro una vez más la majestuosa luna y se entregó a los brazos de Morfeo, consciente de que su vida había cambiado.
Abrió los ojos con pesadez, los rayos del sol le dieron en el rostro, sin embargo no estaba preparada para lo que se venía, esto no puede ser, alguien debía odiarla.
- Inu…Inu….Inuyasha – Allí en frente, parado altivamente se encontraba su amigo peliplata, hizo una mueca sorprendida y se paralizo.
- Kagome ya han pasado dos semanas, por lo tanto vine a buscarte a esta época, debemos irnos ahora mismo – Miro a la chica ensimismada – ¿Me estas escuchando? – La chica no pareció reaccionar.
- ¿Qué dijiste? – Noooooooo, antes se hubiese alegrado tanto de verle, simplemente ahora era diferente.
- Te decía que vine por ti, debemos buscar algunos fragmentos de la perla de Shikon – Fijó su mirada en la chica – Aunque no encontramos ninguna pista sobre Naraku – La azabache le seguía mirando atentamente.
- Ah que bueno – Inuyasha se sorprendió, esa niña debía haber enloquecido.
- Pero eso que tiene de bueno – Se acercó a la chica – ¡Te digo que no tenemos ninguna pista de Naraku!
- Como hago para no matarlo – Kagome seguía en su mundo y murmuraba algunas cosas inentendibles.
- ¿Matarlo? – Hasta ese punto Inuyasha no entendía nada.
- Oye Kagome, Shipou se murió – El peliplata quería comprobar si la pequeña Miko le estaba prestando atención.
- ¡Si eso es, es fabuloso! – Inuyasha frunció el ceño, le estaban ignorando completamente.
Por otro lado Kagome ideaba un plan, para que la noticia no fuera tan impactante o mataría a su amigo orejas de perro de un paro cardiaco, lo mejor era decírselo ahora, se acomodó mejor sobre su cama, era hora.
- No has estado prestando atención a lo…. – Suspendió su frase, su sentido del olfato lo había detectado - ¿Kagome?
La pequeña Miko le miró, al parecer su acompañante ya se había dado cuenta, ella era consciente de que el hanyou debía estar debatiéndose, tal vez pensara que esto era una mala jugada de su olfato.
- Es exactamente lo que estás pensando – Suspiró, no iba a ser fácil – Estoy embarazada – De un momento a otro, el chico le tomó fuertemente de los hombros.
- ¿Quién fue? – No respondió, Inuyasha la zarandeó - ¡Responde!
- Inuyasha cálmate, me estas lastimando – Rogó ella.
- ¿Cómo quieres que me calme? – Rugió - ¿Estas de broma?
- ¡Basta! - Demasiado difícil - ¡El padre es Sesshoumaru!
Apenas oyó esas palabras, Inuyasha se impresiono, se quedó quieto ¿Era enserio? Acaso había escuchado el despreciable nombre de su medio hermano. De alguna manera su mente viajó a hace dos semanas atrás, en ese momento vio a una Kagome diferente, su brillo estaba siendo opacado, seria tal vez que…
- ¿Te obligo? – Si fue así, juraba que lo mataba, su mirada yacía ensombrecida.
- No fue así, debo empezar desde el principio, por eso – Sus miradas se conectaron – Escúchame con atención y no me interrumpas por favor.
Procedió a contar la historia, desde un principio, desde el preciso momento en que aquel monstruo la perseguía, la trampa de la bruja, claro omitiendo los detalles de la unión del Daiyoukai y ella, para terminar le menciono el cómo se enteró de que estaba embarazada, Inuyasha permaneció callado por lo menos diez minutos, la azabache le dejo pensar, pero al fin lo comprendió, su mirada se relajó pero un atisbo de culpa surgió en él.
- Perdóname – La chica se sorprendió por ese pedido – Fue mi culpa, de haberte protegido bien, esto no estaría sucediendo.
- No fue tu culpa – A su mente le vino un recuerdo.
- ¿Qué haces ahí? – Seshoumaru intuía que Kagome era el objetivo – Levántate y vete ahora.
- Gracias – Después de todo el peliplata la salvó – Creí que moriría – El Daiyoukay le miró y con la mirada molesta pareció decirle "Por qué rayos todavía sigues aquí"
- ¡No lo permitiré, esa mujer tiene en su poder los preciados fragmentos de la perla! – Esta demonio estaba desquiciada, de ninguna manera ella le entregaría los fragmentos a un ser como ese.
- Nunca los obtendrás – Kagome le hizo frente con una cara llena de determinación, esa mujer se parecía a muchos otros demonios que solo querían los fragmentos para obtener poder.
- Si ya terminaste – Menciono el ambarino, procediendo a atacar - Ahora vete.
– En aquel momento tu hermano me dijo que me fuera, en ese caso yo ayude a que se desencadenaran así los hechos – Kagome le regalo una sonrisa genuina – Mírame, estoy feliz, así que tranquilo.
Inuyasha no sabía que decir, esto era impactante, el apreciaba a la pequeña azabache, nunca la dejaría a su suerte, claro que no, ella le enseño a ver la vida de diferente manera, por ella es que tenía amigos incondicionales que le aceptaban tal cual era, darían la vida por su persona y el la daría por ellos, después de todo era el Alpha del grupo, si ese era el caso, debía cuidar de su manada.
- Es complicado todo esto, todavía no me hago a la idea – Se cruzó de brazos y prosiguió –Pero, ten por seguro que velare por ti y por tu cachorro, además esto no cambia nada entre nosotros.
- Inuyasha – Los ojos de la Miko se cristalizaron – Gracias.
- Y qué hay del bastardo – Kagome entendió por dónde iba aquella conversación – ¿Se lo dirás?
- No – Ella sonrió – Si quisiera suicidarme lo haría, seguro que me manda directo al inframundo – Kagome se carcajeo con fuerza, Inuyasha también la acompaño.
- Entonces volveremos a la era feudal, solo espero que el cachorro no tenga su maldito carácter.
-Inuyasha
- Dime
- ¡Abajo!
- Me rectifico, espero que no tenga tu carácter, el de Sesshoumaru es pasable.
- Abajo, abajo, abajo, abajo, abajo, abajo, abajo.
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- Ya se han tardado bastante – Shipou estaba impaciente - ¿Qué estarán haciendo?
- Ten calma pequeño Shipou, en cualquier momento Inuyasha y la señorita estarán aquí.
- Su excelencia tiene razón, seguro que traen algunos regalos – Sango también deseaba verla y charlar con su preciada amiga.
No paso mucho, el cielo se hallaba teñido de naranja, pronto el sol le daría paso a la luna, era una tarde silenciosa o lo era de no ser por el semejante grito.
- ¿Queeeeeeeeeeee? – Se oyó la exclamación de 4 personas, incluida la anciana Kaede, estaban perplejos, tal vez estarían soñando, en cuanto descubrieron que no, la mayoría se preocupó pero, Kagome supo calmarlos, les hablo de sus planes, aunque en principio todos se sintieron un tanto culpables al igual que Inuyasha, ella les dijo que de ninguna manera deberían siquiera tener en cuenta esa idea.
Esa noche transcurrió sin ningún percance, Kagome le pidió a la anciana Kaede que le enseñase a ocultar su aroma y posiblemente si había forma de ocultar la esencia de un hanyou. Para su fortuna si existía, antes de partir en busca de algún fragmento ella había aprendido lo que quería.
- Extrañare este lugar – Si, ella se iría, esa decisión le había costado demasiado, no quería irse, sin embargo en estas condiciones no sería de mucha ayuda, pero si se quedara aquí, seguro y sería un blanco fácil para Naraku, , por eso mismo aprendió aquello, además ella no se perdonaría que algo le pasara a su bebé o cachorro como solía llamarlo Inuyasha – Fue aquí donde empezó todo – El árbol del tiempo, donde vio por primera vez a Inuyasha, antes hubiese deseado que este le correspondiese, aun lo seguía amando, sin duda los caminos que te depara la vida pueden incluso hacerte abandonar lo que más anhelabas, tal vez era el momento de dejar ir ese amor, consciente de que eso no sucedería de la noche a la mañana, empero, ahora ella tenía alguien a quien amar, con todo su corazón y su alma "su bebé"
- Miko – Su corazón dejo de latir, no era posible, pero esa voz.
- Sesshoumaru
