¡Holaaaaaaaaaaaaa!
Bueno, solo decirles que estoy muy feliz de haber leído sus comentarios y más al saber que la historia este gustando.
Bueno nada más de parloteo, les dejo la historia.
Inuyasha y sus personajes no me pertenecen, sino a la gran Rumiko.
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- Miko –Una simple palabra, no hubo más que decir, no supo que responder, su mente no procesaba siquiera una respuesta, más aun cuando sus ojos se enfocaron en lo que hacía aquella chica. Inverosímil.
¿Esa humana era la misma que él conocía?
Kagome lo dejó claro, lo haría posible, con el rostro lleno de lágrimas se postró ante el Daiyoukai.
- Por favor Sesshoumaru, por favor….
Nunca creyó verla de esa manera, en las pocas veces en que coincidieron, se percató de que era una humana fuerte, que no estaba dispuesta a humillarse ante nadie, en otras circunstancias no lo hubiese hecho, aquella mujer no rogaba para ella, sino para aquel que empezaba a formarse en su vientre.
- ¡Levántate! – Por un momento el acto de la chiquilla que se encontraba a un paso de él, lo desconcertó, mas eso no perduró, en su lugar surgió furia.
Kagome se levantó, buscó la mirada del Inu, mas todo se ennegreció en un instante, solo su cuerpo desfalleciendo y perdiéndose en la inconciencia. Kirara que permanecía alerta a cualquier movimiento llego hacia la pequeña azabache y no permitió que se golpeara contra el suelo, más cuando subió su mirada, en el lugar reinaba un completo silencio, el youkai se fue.
- ¡Kagome! – El potente grito del hanyou resonó en el lugar, atrás venían sus amigos llenos de preocupación.
- ¿Qué paso? – Sango cuestiono a la nada, nadie podría responder esa pregunta de todos modos. Tan solo el movimiento desesperado de su amigo orejas de perro, lo cual significaba que fallaron, solo quedaba regresar a la aldea, se movilizaron en silencio, ninguno quería romper ese ambiente nostálgico que se formó, solo que llegaron a la aldea y allí Kaede atendió a la azabache en inconciencia.
Todo le daba vueltas, sus ojos trataron de enfocarse en algún punto fijo, mientras se reincorporaba se tomaba la cabeza, hasta que oyó esas voces tan conocidas para ella.
- Kagome – Mencionaron al unísono todos los miembros del grupo.
- ¿Cómo te encuentras mi niña? – Kaede le hablo con la calma que deseaba transmitir, le acaricio el rostro que lucía demacrado. Pero eso, lejos de calmar a Kagome, la entristeció, no pudo hacerlo, no le convenció, simplemente el Daiyoukai se fue, Sesshoumaru hizo oídos sordos a lo que escuchó, se esforzó, juraba que lo hizo, pero no le ayudaría, la dejo a su suerte.
- No pude convencerle – Fue lo único que sus labios pronunciaron.
- Kagome – Sango se apresuró en consolar a su amiga a tra vez de ese abrazo, era lo único que podía hacer.
- ¡Bastardo! – Inuyasha quería buscar a su hermano y matarlo de la peor manera que existiese sobre la tierra, esa impotencia de no poder hacer nada - ¡todo porque no soy el maldito padre del cachorro! – Vociferó en su mente, de serlo él podría brindarle la energía necesaria a su preciada compañera, su mente divago, rayos como llegaron a esta situación.
- Tranquila señorita, aun podemos hacer algo – Ni él se creía esas palabras, pero que más podría hacer.
- Miroku – Shipou le miro a los ojos tratando de convencerse de las palabras salidas de los labios del monje.
- No pude hacerlo – Apretó fuertemente las manos cerrándolos en un puño – Sesshoumaru no me escuchó – Bajo su mirada, esas orbes se opacaron – Dime Sango – Se aferró a ella con tanta fuerza.
- Es mejor que descanses
-¡Quien! – Vocifero – ¿Quién va a ayudarme a traerlo a ver la luz de este mundo? si la única luz que veía se ha extinguido, no queda nada más, tan solo no puedo calmarme, no ahora que simplemente no tengo a quien mas recurrir.
Más que verdades lanzadas al aire, ninguno pudo objetar, solo eso fue lo último que oyeron, una vez más, la azabache estaba inconsciente y no, no eran los usuales desmayos que se generan en el embarazo, esta era porque el cachorro exigía energía. Los siguientes días serian cruciales para la azabache, se debatía entre la vida y la muerte, nadie sabía a ciencia cierta lo que el futuro les deparaba.
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Una macabra visión, para cualquiera que pasara por allí, aquello era simplemente aterrador, los cuerpos tendidos en el suelo, con sangre de demonios menores por doquier, el responsable de aquello se encontraba parado entre cadáveres, con las pupilas rojas, necesitaba calmarse, en estos momentos su mente era un completo caos, algo que nunca había sucedido, parecía que el destino se empeñaba a burlarse de él, un cachorro y con una humana, pero que clase de jugarreta era esa, como se suponía que debía tomarlo, sería tan fácil, matar a la chica humana y ya, allí no habría nada más, pero eso era de cobardes, matar a una humana indefensa y preñada, sería un insulto a su orgullo, claro que mató humanos, mas este no era el caso.
Se alejó de ese nauseabundo lugar, hasta que encontró un claro, caminaba firme y elegante, mas su mente no lograba procesar las palabras de la Miko, diablos era el Lord del Oeste y ese cachorro que la mujer humana portaba en su interior, seria próximo heredero a sus tierras.
– Ayúdame por favor y te prometo que no volverás a saber de nosotros, desaparecemos por siempre, incluso de esta era. Solo ayúdalo a vivir.
- ¿A qué se refería? – Desaparecer de esta era, que quería decir esa mujer con eso.
- Solo pidió ayuda – Esa voz resonó en su mente, y su portador estaba contrariado.
- Yako – Vaya, cuantas más sorpresas se iba llevar aparte de aquella noticia – Despierto.
- Como si no lo ameritara la situación – Rayos iban a tener un cachorro.
- Hmp
- ¿Qué vamos a hacer? – Como lado bestial de Sesshomaru no podía decir que le agradaran los humanos, tampoco los odiaba, le daba igual. Desde que su portador se enteró, no había hecho más que debatirse lo que debía hacer, al principio le había pedido a Jaken que se llevara a Rin y desde ese entonces no los volvió a ver, sabía perfectamente que este tema no era tan simple, ninguno de los dos lo esperó, en este tiempo su portador buscó a la bruja culpable de su situación, no la encontró, al final no pudo simplemente guardar la compostura y se desquito con algunos demonios de por ahí, esta situación también le exasperaba a él, que era el lado bestial de Sesshoumaru, y ya era momento de intervenir.
- No lo sé – Menciono secamente.
- Un hanyou, acabamos de romper todos los estándares Sesshoumaru – La bestia se carcajeo.
- Existen muchos por ahí – Ojala y su bestia cerrara el pico y no recordarle el maldito episodio una y otra vez.
- Si pero, esa es una miko, somos enemigos naturales, como la luz y la oscuridad, mas resulta que vamos a tener un cachorro con ella – En estos momentos lo que debían hacer era tomar una decisión.
- No fu adrede – Rayos, sabía perfectamente que la chica esa era una miko, si, probablemente era uno de los pocos, por no decir el primero que iba a tener un cachorro con una miko, genial, que más le depararía el maldito destino.
- Ni siquiera lo recordamos, si – Seria mejor ser directo – Sabes lo que pienso de los humanos, bien podríamos matarla, borrar su existencia y sé que lo has pensado, también sabes que sería un acto de cobardía, nunca lo hemos sido y no vamos a empezar por hacerlo ahora, ni la Miko ni nosotros quisimos este desenlace, sería fácil lavarse las manos y que nadie se enterase, pero cuando nos ha importado lo que digan los demás, solo recuerda las condiciones que expuso aquella mujer.
- ¡No te pido que lo reconozcas o algo por el estilo, solo necesito de tu energía durante el tiempo de gestación! – Sus ojos se aguaron – Solo ayúdame, no quiero que muera, por favor.
- Eso lo sé – Esa mujer solo pidió su ayuda para con la cría.
- ¿Qué eliges?
- Honor – Simple, ya había tomado su decisión.
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-¡Kikyo! – Resonó el potente grito de un hanyou – Espera.
- Inuyasha – Ella se detuvo, en espera de lo que fuera que quería el mitad bestia - ¿Qué sucede?
- Es Kagome – Se detuvo, tomo aire, había corrido por bastante tiempo – Yace inconsciente.
- No le convencieron ¿No es así? – Esto se tornaba cada vez más y más oscuro.
- Por un momento confié, mantuve la esperanza de que ayudara a Kagome – Su rostro se ensombreció - Yo mejor que nadie debería de haber sabido que aquel imbécil no nos ayudaría.
- Inuyasha llévame a la aldea – Kikyo mostraba una mirada que nunca se vio e Inuyasha no pudo siquiera precisar en que estuviera pensando ella.
- ¿Existe otra manera de salvarla? – La desesperación en su voz y ese dejo de esperanza era tan palpable.
- Solo llévame – No era momento de interrogaciones, debían apresurarse.
No pregunto más, acato las ordenes de la miko y simplemente se dirigió lo más rápido que pudo a la aldea, en cuanto llegaron, los que conformaran el grupo del hanyou se pararon, pero la mirada que la sacerdotisa vio en ellos no le gusto, era esperanza.
- Señorita Kikyo – Miroku se le acerco rápidamente como indicándole que salvara a la pequeña Miko y a su bebé.
- ¿Por qué me miran así? – Kikyo aunque mantenía el rostro imperturbable sentía impotencia, dado que ella no podía responder con el acto que ellos deseaban que tuviera con Kagome – Yo no puedo salvarla.
Ahí estaba, sus pocas esperanzas fueron destruidas, no había nada que hacer, por mucho que en este tiempo buscaran otra alternativa, no la hallaban, cada uno de los miembros bajo el rostro lleno de tristeza, una amiga preciada, estaba a punto de morir, cada uno rememoro los hechos dolorosos en esas dos semanas, la azabache se desmayó y habían horas en las que ella se retorcía de dolor, al menos eso fue durante la primera semana, ahora el cuerpo de Kagome se veía pálido, sin vida, pareciese que aquella jovencita tan alegre, tan vivaz, nunca hubiese existido, se marchitaba a cada momento, aunque se negasen a aceptarlo, ella moría lentamente y su última esperanza fue recurrir a Kikyo.
- ¿No hay nada más que hacer? – Se negaba a creerlo – Kikyo debe haber algo, no se un conjuro, no lo sé…tal vez
- No hay nada más - cortó la frase de Inuyasha – Sin aquel demonio, no hay nada que hacer.
- Señorita Kikyo – Shipou se le acerco con los ojos llenos de lágrimas y la tomó de sus ropajes – Por favor sálvela, no importa que tenga que vender mi alma al diablo yo solo quiero que se salve – Eso termino por desmoronarla, ella no era de piedra, tomo al pequeño entre sus brazos y lo abrazó.
- Qué más quisiera yo, pero no hay forma – Una lágrima traicionera rodó por sus mejillas, sorprendiendo a los demás – Incluso con Sesshoumaru ayudándola, su vida aun correría riesgo.
- Shipou – Sango se le acercó – Kagome estará bien, solo espérame.
- Sango – Miroku se sorprendió por lo que acababa de decir su compañera - ¿Qué piensas hacer?
- No me quedare aquí a esperar a que mi hermana se muera – Su rostro denotaba tristeza, nostalgia, frustración.
- Sango debes calmarte – Miroku se le acerco rápidamente tomándola de la mano y deteniendo su avance.
- ¡No me pida que me clame! - Se soltó violentamente de su agarre – No me quedare de brazos cruzados, mientras ella aun permanezca con vida, aun puedo hacer algo.
- Iré contigo Sango – Inuyasha lo comprendió, sabia cuáles eran las intenciones de su amiga – Traeremos a Sesshomaru, aunque sea a rastras, de ser necesario lo obligaremos.
- Pero Inuyasha – El monje ni tampoco Kikyo comprendían como se les pudo haber ocurrido semejante idea – suena tan fácil, pero no es tan sencillo y lo sabes.
- ¡Cierra la boca Miroku! – Le miro con una rabia contenida - ¿Qué propones entonces?
El monje se quedó callado, sonrió con tristeza, claro que no sabía que maldita respuesta dar, él se encontraba tan preocupado como los demás, más que podía decir.
- A lo que Miroku se refiere – Aun con el pequeño kitsune en sus brazos – Es que si van, solo morirán.
- Eso no lo sabemos, hasta que lo intentemos – Sango estaba decidida a ir.
- Aun si lograran derrotarlo, creen que el accederá a ayudarlos y ya.
- ¡Tendrá que hacerlo, aunque tenga que obligarlo! – No la miró, lo único que tenía en mente era el ayudar a su Nakama, no importa que tuviera que hacer, en ese aspecto comprendía completamente a Sango.
- Ambos solo quieren salvarla ¿No? – Kikyo bajo la mirada - ¿Qué estarían dispuestos a aceptar?
La voltearon a ver, todos estaban sorprendidos, acaso si existía una forma, entonces porque Kikyo no lo dijo desde el principio, si era algo de vital importancia, porque esperaría hasta este momento, aunque por mínima que fuera, eso haría la diferencia entre la vida y la muerte al que se enfrentaba su compañera del futuro.
- Si había una manera – Inuyasha se le acercó - ¿Por qué te lo callaste?
- Es verdad – Sango también se acercó - ¿Por qué no decirlo desde el principio?
- Ella – Miro hacia la cabaña, donde intuía estaría Kagome, al cuidado de su hermanita Kaede – No lo aceptaría.
- Se refiere a que… - Miroku no se atrevió a complementar su frase, claro que Kagome no lo aceptaría.
- Así es, la única forma de salvarla – Ni ella misma quería pronunciarla, dado que hace dos semanas atrás vio a su reencarnación tan decidida en salvar a ese pequeño que llevaba en el vientre, ella menciono que no importaba lo que le sucediese, solo añoraba que su hijo viera la luz de este mundo, ella estaba dispuesta a arriesgarlo todo – La única forma de salvarla es provocándole un aborto.
- Kagome jamás lo aceptaría – Inuyasha lo sabía, si hicieran eso ella se culparía toda su vida.
- Dijeron que harían lo que fuera – No odiaba a su reencarnación, claro que no, ella también deseaba que se salvase, de antemano esta decisión era crucial y significativa para la vida de la pequeña Miko – Como sus amigos decidirán por ella, ahora piénsenlo muy bien, que deciden la vida o la muerte.
- Kagome - Vaya situación, para el pequeño Shipou esto fue como una daga al corazón, en el fondo se había hecho ilusiones, una vez la azabache a la que consideraba su madre le menciono que el pequeño que llevaba en el vientre seria su hermanito, que él le enseñaría muchas cosas, ya que ella se comprometió a venir una vez por mes, mientras el pozo siguiera funcionando – Mamá no querría esto.
- Ella nos odiaría por eso – Sango conocía a su casi hermana lo suficiente para afirmar aquello.
- Entonces prefieren que muera – Kikyo les miro fijamente.
- ¡Claro que no! – Rugió el portador de orejas de perro – Pero eso, no podemos simplemente decidir la vida o la muerte del hijo de Kagome.
- Cada minuto de nuestra vida consta de decisiones, cada uno de ustedes dijo que estaría dispuesto a vender su alma al diablo si eso significaba que su amiga mantuviera su vida, ella yace inconsciente, cada minuto que pasa es crucial para esa niña, mientras más demoren, más se precipita hacia la muerte – Nada mas que la cruda verdad en sus palabras – Son sus amigos, la decisión está en sus manos, en la vida no siempre puedes tener lo que deseas, la vida es así, el destino es así, cada uno de ustedes lo sabe, la vida conlleva tristeza, alegría, salud, enfermedad y por último la vida y la muerte, es algo cruel lo sé, pero deben pensar con claridad, al parecer han olvidado algo, de todos modos Kagome y su hijo morirán si no hacemos nada, mas por el contrario si ustedes me dan su aprobación e intervenimos, podríamos salvar la vida de uno de ellos y esa es Kagome.
CONTINUARA….
