Hola otra vez.
Bueno, me encuentro tan entusiasmada de leer sus comentarios, significan mucho para mí, en principal porque eso simboliza que la historia está gustando.
Aquí un capítulo más largo que los anteriores.
Los personajes de Inuyasha no me pertenecen, sino a la gran Rumiko.
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Silencio, un silencio incomodo, aterrador, nadie tenía una respuesta, no, más bien no querían pronunciarla.
Kikyo tenía razón, en la vida no siempre tienes lo que deseas, a veces tienes que tomar decisiones drásticas, más aun cuando de tu decisión depende una vida.
- ¡Chicos! – Varios rostros giraron hacia una mujer mayor - ¡Es Kagome!
Solo esa frase basto para que todos corrieran apresurados a la cabaña, incluso Kikyo con Shipou entre sus brazos.
- Anciana – Inuyasha la miro fijamente, como incitándola a que les dijera lo sucedido.
- Se debilita demasiado – Se arrodillo a un lado de la chica azabache quien proviniera del futuro – A este paso….probablemente no pasara de mañana.
- Con más razón deben decidir sobre lo que harán – Dejo al pequeño Kitsune en el suelo y se acercó al cuerpo inconsciente de Kagome.
- ¿Hacer? – Inquirió Kaede.
- Si, la forma de salvar a esta niña – Sus ojos se clavaron en los de su hermana – Lo sospechas ¿No es así?
- ¿Chicos? – Kaede les miró con incredulidad ¿Ellos estarían dispuestos a sacrificar la vida de un ser? – Ustedes saben lo importante que es ese niño para Kagome.
- Kaede – Kikyo le devolvió una mirada dura – Estas dejando en claro que prefieres verla morir, pero esa no es decisión tuya solamente, sino la de ellos también.
Kaede no dijo nada más, conocía a su pequeña niña lo suficiente para saber que cuando despertase de su letargo y la golpee la realidad con la muerte de su pequeño, se culparía el resto de su vida, que era preferible, inclusive ella, con todos los años que vivió, no tenía respuesta alguna para esta situación.
- Yo no puedo decidir entre la vida de un ser inocente y la de Kagome – Inuyasha dio la vuelta, su rostro denotaba un sinfín de emociones –Buscare a Sesshoumaru.
- Inuyasha – Musito Sango.
- ¿Cuánto tiempo te tomara encontrarlo? – Cuestiono Kikyo.
Eso pregunta término por devolverlo a la realidad, muchas dudas surgieron en su mente, si no lo encontraba en menos de una noche y un día, todo habrá acabado, su amada compañera moriría.
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Ajenos a todo ese ambiente nostálgico y preocupante, dos seres singulares volaban por encima de las nubes, ambos montados en un dragón de dos cabezas.
- Señor Jaken – Llamó su atención – El señor Sesshoumaru se ha ausentado mucho.
- Es verdad
Jaken lucia pensativo, dos semanas, en dos semanas su amo no se había vuelto a presentar, su señor en cierta forma era impredecible y no creyó conveniente cuestionarle la última vez que lo vio.
¿Por qué no le buscaban?
Simple, las palabras del príncipe del oeste fueron claras, no podía desobedecerle, de lo contrario probablemente se enfrentaría a la furia de este o a una muerte segura.
"Llévate a Rin a un lugar seguro y que quede muy claro, que seré yo, el que venga a ustedes"
En ese momento podía percibir un ambiente peligroso alrededor del Inu y a ciencia cierta nunca en todos sus años de servicio percibió eso que había en su voz, pero algo le decía que cuestionar era peligroso.
- ¡Señor Jaken! – Rin casi le voló los tímpanos - ¡Me escucha!
- Deja de gritar de esa forma – Suspiro con cansancio - ¿Qué quieres? Que no ves que estaba pensando en algo muy importante.
- Le estaba llamando desde antes – Rin hizo un puchero – Pero no me escuchaba.
- Umm
- Señor Jaken – Bajo su mirada perdiéndose entre las nubes en su alrededor - ¿Cuándo volverá el amo?
- Eso no lo sé, pero debió haber ocurrido algo muy grave para esto.
-¿Algo grave?
- No preguntes cosas que ni yo se chiquilla
- Pero creí que usted lo sabía todo – Jaken achico sus ojos, recordando aquella ocasión en que le había mencionado a la chiquilla que el sabia casi todas las cosas.
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El rey astro pronto se ocultaría dándole paso a la oscuridad y por consiguiente la luna, por horas se sentaron en aquella cabaña y ninguno menciono ni una palabra en ese lapso, en la mente de cada uno solo existía la confusión, duda. Tantas preguntas que nadie podía responder.
- No puedo más – El dueño de las orejas de perro se levantó – Tampoco puedo decidir la muerte de dos o solamente uno.
- Simplemente no podemos Kikyo – Sango suspiro tras mencionar aquellas palabras.
- Me iré a buscar al imbécil ese, no debo dudar – Una mirada decidida en el hanyou – Le venceré y le traeré.
Mas eso no sería posible, el sol le dio paso a la noche y por la situación de Kagome, el resto del grupo y el propio Inuyasha olvidaron un detalle en especial.
- No puede ser – El chico se vio con horror a sí mismo - ¡No, ahora no!
- Es luna nueva – Shipou observo hacia afuera con melancolía.
Y ahí estaba, un Inuyasha en forma humana jamás le haría frente a su hermano, sus aunque pequeñas esperanzas se destruían una vez más, al parecer la vida se empeñaba en que debían tomar una decisión ahora o nunca. Esto debido a que la pequeña Miko se removió inquieta llamando la atención de los demás, pero esta vez era diferente, su respiración agitada, gritaba mucho y su frente estaba cubierta de sudor, al oír esos gritos Kikyo, Kaede y Miroku se acercaron rápidamente.
- Fiebre – Kikyo busco con la mirada a su hermana – Kaede…..
- Lo sé – La anciana se movió rápidamente y salió de la cabaña a preparar lo necesario para bajar la fiebre de la azabache.
- Chicos – Ya que la mujer a su lado no mencionaba nada, el monje debía decirlo – A la señorita no le queda mucho tiempo.
Probablemente le hubiesen dedicado una mirada intensa y decirle que se explicase, pero la pequeña Miko se removió violentamente, un rostro lleno de dolor y aun cuando su energía fue sellada, su reiki amenazaba con descontrolarse aunque en pequeña cantidad, el resto tuvo que sujetarle para que dejara de removerse.
- Oh Kagome – Sango estaba destrozada.
- El tiempo se ha agotado – Las palabras de la sacerdotisa fueron como un ultimátum.
Simplemente no podían, rayos que podían hacer, cada miembro del grupo de Inuyasha cerró los ojos fuertemente, los gritos de Kagome no les dejaba pensar con claridad, el tiempo era su peor enemigo.
Inuyasha, Shipou, Miroku y Sango, aun con los ojos cerrados dejaron resbalar una lágrima traicionera y mencionaron al unísono.
- ¡Hazlo! – Conscientes de su decisión, tal vez la pequeña Miko los odiaría, pero no la querían ver sufrir y mucho menos morir.
Solo eso necesito la mujer que fuera el primer amor del hanyou allí presente, se movilizo con rapidez y salió de la cabaña, prepararía lo necesario para proceder.
- Perdónanos Kagome – Inuyasha la contemplo con tristeza.
Cada uno allí presente quisiera escapar, negarse la realidad, más los gritos de dolor de su amiga no les dejaba siquiera concentrarse, pero lo que les hizo casi desfallecer fue el hecho de que la respiración de Kagome se hacía más pausada, más lenta.
- ¡Kagome! – Vocifero Sango llena de miedo.
- Resista señorita – Miroku no estaba diferente a la exterminadora.
- Diablos Kikyo – Inuyasha se asomó por la puerta de la cabaña - ¡Apresúrate!
En poco tiempo Kikyo tenía preparada la poción que le darían a beber a la chica azabache, al oír al grito del hanyou, ella vino apresurada.
- Aquí esta – Era momento, su reencarnación solo debía beberla, el brebaje haría efecto en unas dos horas, una vez que hubiese abortado, ella le ayudaría a recuperarse mas rápidamente con sus poderes de sacerdotisa y el resto dependía de Kagome – Sujétenla.
Solo oía voces preocupadas, llenas de aflicción, más no entendía nada, su mente parecía estar alejada de la realidad, su cuerpo sentía un dolor inigualable, sin embargo no era nada comparado al dolor de su corazón. Por primera vez en ella se albergó un sentimiento oscuro, en ese momento odió al Inuyoukai, cuanto lo odiaba y no había que escuchar la voz de sus amigos para saber que estaba muriendo, no importaba su vida, sus ilusiones fueron rotas, como un espejo quebrándose en mil pedazos, se había visto a sí misma, se imaginó a ella misma con el niño entre sus brazos, no sabía por qué, pero intuía que sería varón. Más no podría hacerlo, no pudo salvarle la vida a ese pequeño que vendría a ser su hijo, en su mente vociferó palabras que nadie escucharía.
- ¿Por qué? ¿Por qué esto me sucede a mí? Ayuda por favor, que alguien salve a mi hijo, por favor Inuyasha, Sango, Miroku, hagan algo, no permitan que mi bebé muera, no volveré a pedir nada mas pero sálvenlo, aunque tengan que sacrificar mi vida, por favor Dios mío ayúdame…soy consciente de que todo fue mi culpa, mi debilidad me llevo a esta situación, por poseer estos poderes sagrados, alguien inocente tiene que pagar, porque no fui capaz de convencer a ese maldito Youkai de que me cediera su energía, pero por favor solo pido que se salve.
Inuyasha y Miroku sujetaron a Kagome, Cuando kikyo estaba por darle el brebaje, ocurrió algo que hizo que sus manos temblaran, la razón, gruesas lágrimas sin control surcaban las mejillas de Kagome, era como si ella les gritara que no lo hicieran.
- Perdóname – No podía dudar.
"Solo haz lo que tengas que hacer"
Su reprendió a sí misma, debía hacerlo, ahora o nunca, vamos el brebaje ya estaba en los labios de Kagome, solo debía beber un poco. Pareció que el tiempo transcurrió mucho más lento de lo normal, aquel liquido en manos de una sacerdotisa dirigiéndose a los labios de una mujer joven ajena a lo que sucedería, una decisión, una vida salvada y otra que se perdería al poco tiempo de haber sido concebido, si, ya todo terminó, acabo.
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Esos ojos llenos de maldad brillaban en la oscuridad, este ser se encontraba pensando, planeando su próximo ataque, se encontraba débil, si, por ahora se recuperaba en algún recóndito lugar en el que no sería hallado, la perla de shikon seria completada dentro de poco, además les tenía preparada una sorpresita a su preciados enemigos, nótese el sarcasmo.
- Que malévolo plan idealiza ahora tu mente – La voz de una de sus extensiones, más exactamente de la más renuente a él.
- Lo sabrás a su tiempo.
- Naraku, dime – Hizo una pausa mientras cruzaba los brazos - ¿Por qué debemos mantenernos contigo en este lugar?
- Te gustaría aprovechar el tiempo en otras cosas – Una macabra sonrisa se formó en su rostro, inquietando de paso a la mujer de los vientos – Eso perjudicaría mis planes.
- Piensas quedarte aquí mucho más – Kagura le miro con fastidio, odiaba estar encerrada en este lugar y más al lado de ese repugnante ser, preferiría estar en cualquier lugar que no fuera el mismo espacio que Naraku, cuánto tiempo más soportaría su presencia, y demonios se estaban tardando bastante en este sitio, cabe mencionar que no le agradaba en nada, Naraku no pudo haber elegido peor lugar para su recuperación.
- Atacare dentro de poco – Él no era impaciente, es más "lento pero doloroso" esa probablemente era su frase favorita - Ahora desaparece de mi presencia.
Kagura se alejó un poco, pero eso no quería decir que se podía ir, rayos, como le repugnaba ese tipo y ese olor en particular.
- Maldito Naraku – Pateo una pequeña roca en el camino – Que le paso al grupo de Inuyasha, en dos semanas ellos no dan ningún indicio de estar siguiéndonos como siempre lo hacen.
Ahora que lo pensaba más detenidamente, esto estaba raro, muy extraño, se supone que ellos siempre iban tras las pistas de Naraku o bien por alguna joya de Shikon, pero ahora es como si hubiesen desaparecido de la faz de la tierra, que inconveniente tendría este grupo singular para no haber seguido el paradero del hanyou malvado.
- ¿Sucedería algo con ellos? - Bueno a ella le interesaba que eliminaran a ese malnacido, fuera quien fuera – Y Sesshoumaru tampoco a dado indicio alguno de estar buscando a Naraku y eso solo hace aumentar mis dudas.
- Kagura – Ahí estaba Kohaku, con esa mirada que en cierta forma no soportaba.
- Kohaku – Suspiro - ¿Este lugar tampoco te agrada?
- No – Su mirada permanecía en el suelo – El olor es desagradable.
Con que no era la única, era youkai por lo tanto percibe los olores inclusive minúsculos, pero esto se pasaba de lo raya, era un olor penetrante y nauseabundo.
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Si, ya todo terminó, acabo.
¿Por qué?
La respuesta, una mano sujetaba la de Kikyo, no le permitiría a esa mujer continuar con lo que estaba haciendo y la acción de la sacerdotisa terminaba ahora. Luego una oleada de youki se sintió en toda la aldea, las miradas incrédulas de los demás se posaron en el responsable de aquel acto.
- ¿Qué estás haciendo? – Que hacia él, acaso la quería detener, si no era de ayuda entonces debía dejarle terminar con esto, que no veía que si no lo hacia la pequeña azabache moriría.
- Calla – Su voz denotaba furia.
- Quita tus manos ahora
-¡He dicho que calles! – Su agarre se intensifico - ¿Qué pensabas hacer mujer? – Su mirada se dirigió hacia el resto parecían ¿Idos?
- Ayu- ayuden a-a mi bebé – Una suave voz, frágil, le llamo le atención, esa chica aun con los ojos cerrados, medio inconsciente y la cara llena de lágrimas, vaya esto sí que no se lo hubiera esperado. Con la velocidad que le caracterizaba tomo a la chica en brazos y procedió a realizar el acto que debía hacer, de hecho su propia decisión.
Por otro lado Kagome sintió que ese dolor tan fuerte que le aquejaba disminuía poco a poco, seguía doliendo pero al menos era soportable, ya no se sentía tan cansada, solo debía dormir.
Los chicos vieron como Kagome parecía volver en sí, su respiración se normalizo, sus mejillas volvían a adquirir color, además su rostro parecía estar en paz.
- Sesshoumaru – Pronuncio al fin Inuyasha, incrédulo, esto era real o una ilusión que creo su mente, observó a los demás y no tenían expresión diferente a la de él.
- Kagome – Sango sonrió, vino, si vino y le salvo la vida a su amiga, estaba tan enfadada pero por ahora no le reclamaría, lo menos que quería era terminar con la poca paciencia del Daiyoukai y si eso pasara tal vez este se largara.
- ¡Al fin te dignas a aparecer! – Inuyasha sentía tanta cólera, rayos quería golpearlo hasta que muriera, enterrarle la espada en su pecho, por provocar ese sufrimiento en su fiel compañera, el martirio de Kagome pudo no haber sucedido, de no haber sido por ese desgraciado ella….. - ¡Responde!
- ¡Inuyasha! – Reprendió su primer amor, le tomo del haori y lo insto para que le siguiese afuera.
- Suéltame Kikyo – Su ojos buscaron los de su hermano, transmitiéndole un sinfín de emociones, sobre todo odio, ira, dolor. Estaba claro que él y ese Youkai jamás se llevarían bien, no estaba dispuesto a perdonárselo, en cualquier momento se lanzaría hacia el objeto de su odio para golpearlo, hasta que su enfado desapareciera. No estaba pensando con claridad, es como si fuese dominado por una fuerza mayor, sus manos dirigiéndose a Tessaiga.
- Inuyasha – Su nombre fue mencionado una vez más por los labios de la mujer hecha de barro y huesos – En tu acción se encuentra, probablemente la muerte.
Eso le devolvió a su mente claridad, en contra de su voluntad alejo su mano de su poderosa espada, no, no debía arruinarlo, de esto dependía la vida de Kagome, si sé quedaba en este espacio terminaría empeorando las cosas, así que insto a salir fuera para despejar su mente.
Ante lo sucedido con el hanyou, Sesshoumaru ni siquiera se inmuto, más por dentro lo irritó, se dio cuenta de la mirada que le fue lanzada, bien podría responder a ese desafío, de no ser por un inconveniente, se encontraba facilitándole la energía necesaria a la pequeña miko, que por cierto no era nada sencillo, considerando que esta era la primera vez que lo hacía.
- Largo – Claro y fuerte, no los necesitaba a todos ahí, si no podían hacer algo, que esperaran afuera.
- Pero – De ninguna manera dejarían sola a su amiga y menos con ese demonio.
- Sango, Shipou – Miroku les tomo a ambos de las manos – Sera mejor que salgamos afuera – No les dio tiempo a replicar, tan solo salieron de allí, seguidos de Kaede y Kirara.
- La miko estaba a punto de morir – Su bestia la inspeccionó.
- Ella habría sobrevivido – Aun se notaba la furia en sus palabras, aun no asimilaba del todo lo desencadenado por la acción de aquella a quien deseaba matar de lo peor manera posible, por hacerlo el progenitor de un cachorro con una niña humana – El cachorro es el que hubiese muerto.
- Esa mujer planeaba matarlo ¿no? – Después de la decisión que había tomado su portador se habían dirigido a un lugar en específico, nunca antes habían tenido un cachorro y tampoco habían pensado siquiera en tenerlo, por lo tanto ninguno sabia como debían proporcionar energía a una mujer humana, solucionaron ese pequeño detalle, el resto fue cosa de su instinto, ambos intuían que algo estaba por suceder, en cuanto llegaron a la aldea, inmediatamente les llego ese olor, no sabían lo que significaba, sin embargo no era nada bueno.
- Inuyasha y el resto también estaban de acuerdo con esa sacerdotisa – Rayos a él no le gustaba que frustraran sus planes, si la miko habría decidido terminar con la vida de ese hijo, entonces no le importaría nada más, se largaría de ahí, aunque ese no era el caso.
- La miko no deseaba que el cachorro muriera – La bestia rememoro la vez que la vio postrarse ante ellos – De hecho sigue deseando demasiado que viva.
- Hmp – Sesshoumaru se fijó detenidamente en la chica, vestigios de gruesas lágrimas en sus mejillas, lo pálida y débil que estaba, cuanto había soportado esta mujer en dos semanas.
¿Tanto deseaba que naciera el cachorro?
Al parecer sí, pero si él no llegaba a tiempo, el ser que llevaba en su vientre hubiese muerto, que hubiese pasado entonces con los pensamientos y acciones de esta mujer, al parecer sus amigos tomaron una decisión, deshacerse del cachorro y salvarla a ella, mas sin embargo ella no estaba de acuerdo al parecer.
¿Qué haría esa chica si al despertar se enterase que el cachorro había muerto?
- Tonta humana, estúpida diría yo – Termino de suministrarle la energía necesaria – Pero muy valiente.
- Kikyo – Se desprendió del agarre de la mujer, se alejó un poco - Gracias, de no haberme detenido, lo hubiera terminado empeorando todo.
La mujer le dedico una mirada comprensiva.
- Inuyasha – Al parecer su hermana no diría más, así que Kaede tomo la palabra – Lo que menos queremos es terminar con la poca paciencia que posee tu hermano.
- ¡Es mi medio hermano!
- Lo que la anciana Kaede quiere decir es que no podemos simplemente pelearnos con él, todos estamos enfadados, sin embargo debemos hacer todo lo posible para que la señorita Kagome y su bebe estén bien – Miroku trataba de explicarle a los demás.
- Su excelencia tiene razón – La exterminadora apoyaba la idea de su amigo.
- Lo importante es que Kagomesita estará bien – Shipou ya se sentía mejor, un poco triste todavía, mas su ánimo estaba mucho mejor.
- Ya entendí – El hanyou se cruzó de brazos.
- Que bueno – Mencionaron todos.
- A lo que se refieren es que – Los volteo a ver con una mirada llena de seriedad - Podremos matarlo una vez Kagome dé a luz y ya no lo necesitemos.
El resto del grupo casi se cae de espaldas, ninguno quería decir eso.
- Inuyasha eso sonó a Naraku
- ¿No me compares? – Inuyasha le dio un golpazo en la cabeza a Shipou.
Pero Kikyo los saco de ese ambiente, se movilizo hacia la salida de la aldea.
- Señorita – Miroku la vio alejarse - ¿Se va?
- Me alegra que Sesshoumaru viniera, incluso si fue a último minuto, solo siento un gran alivio.
- Kikyo – No hubo más palabras solo la observo allí, parada en medio de la oscuridad – Gracias
- Inuyasha – Sus miradas se conectaron, para luego dirigirse a todos – Recuerden que esto no significa que la vida de ella está fuera de riesgo, deben tenerlo en cuenta, así que cuídenla.
- Lo haremos – Sango le respondió con una voz llena de seguridad.
- Así será hermana – Fueron las últimas palabras de la anciana kaede y luego la vieron perdiéndose entre la oscuridad y el bosque.
Esa noche cada uno durmió profundamente, después de haber expuesto a sus mentes a tanta presión, el sueño les había vencido a cada miembro del grupo e incluso se durmieron hasta tarde, esa mañana transcurrió como cualquier otra, la única que no despertó fue Kagome, el resto se mantenía pendiente de lo que le sucediera, por otro lado el Daiyoukai se fue después de otorgarle la energía necesaria a su amiga, pero de lo que si estaban seguros es que volvería pronto o al menos eso es lo que esperaban y vamos no podían dejar de tener desconfianza.
- ¿Sango? – Después de dos semanas podía ver a su amiga bien, eso la llenaba de felicidad - ¿Qué paso?
- Muchas Kagome-chan – Los ojos le picaron, quería llorar de felicidad, no lo pensó, solo se lanzó a su amiga perdiéndose en un abrazo – Estas bien.
- Perdóname – También se entregó a ese abrazo – Lo siento por preocuparlos tanto.
En ese momento todo el resto del grupo se acercó a ella, Shipou lloro en su regazo, sin embargo se formó una especie de ambiente de alegría, con todos sus amigos allí, mas quería ir a ver a su familia, seguramente estaban preocupados por ella.
- Kagome, fui a ver a tu familia y les conté la situación – Le acaricio la cabeza – Les dije que todo estaba bien.
- Gracias Inuyasha – Abrazo a todos sus amigos – Gracias a todos.
Ese abrazo duro un tiempo, demostrándose lo fuerte que era su amistad, lo importante que era cada miembro y solo una presencia hizo que se separaran, Kaede le ofreció comida y prácticamente Kagome la devoro.
Más tarde el Daiyoukai se apareció por la aldea, cabe mencionar que más de uno se asustó con su presencia, a él tampoco le hacia ninguna gracia estar ahí, pero la situación lo ameritaba, así que los humanos se deberían ir acostumbrando a su presencia, sus apariciones se darían en bastantes ocasiones, por lo menos cada tres días, su paciencia tenía un límite y si tentaban a su suerte terminaría matándolos.
Llego a la cabaña donde se encontraba ella, al parecer sus amigos parecieron comprender que quería hablar con ella y se alejaron, pero siempre hay una excepción "Inuyasha" aunque claro, la chica humana lo había mandado contra el suelo y a refunfuños el hanyou se marchó afuera.
- Miko
- Sesshoumaru – No sabía cómo comenzar aquella platica, ya sus amigos le habían relatado su historia, se encontraba con un sinfín de emociones ahora, no los culpaba por la decisión tan drástica que tomaron, mas no lo aceptaba y una parte de ella estaba agradecida con el demonio, mas otra parte de ella quería gritarle.
- Tome la decisión de aceptar tu propuesta – Se recargo en la pared de la cabaña, al parecer esta conversación seria larga.
- Sabes te lo agradezco mucho – Su mirada estaba en el suelo y sus manos aun apretaban fuertemente las mangas de su Kimono – ¡Pero pudiste haber venido antes!
- No grites – Su rostro se mantuvo imperturbable como siempre – Puedo oírte perfectamente.
- Lo sé – Le encaro con una mirada cristalizada – Yo solo te pedí que me brindaras tu energía ¿Tanto te tomo decidir ayudarme?
- No tientes a tu suerte – Genial, una miko a punto de llorar que más podía pedir, maldito destino, maldita la bruja que hizo que todo esto pasara, alguien debió maldecirlo.
- Sesshoumaru – Kagome se levantó de su sitio se acercó al demonio, estaba débil y se tambaleaba pero eso no le impidió ir y sentarse al frente del Daiyoukai – Eres malo.
- ¿Enloqueciste? – Vaya, si esto seguía así, a la mierda su poca paciencia, no quería reclamos, por qué demonios la miko tenía que ser tan parlanchina, es que no se podía quedar callada, el solo quería hablar de ciertos detalles.
- ¡Debiste venir antes!
- Te dije que… - Su frase quedo cortada, la miko esa se había lanzado a su pecho, el la miro incrédulo, segundos más tarde percibió ese aroma salino, estaba llorando.
- No te lo digo por mí, es solo que en estas dos semanas no viniste y el seguramente sufrió mucho, puede que nadie lo viese pero, mi bebé debió haber sentido un tremendo dolor también – Menciono dándole pequeños golpes en el pecho, a ese punto sus lágrimas surcaba libremente por sus mejillas, mojando de paso el haori del demonio – Me sentí tan mal, creí que moriría y conmigo mi hijo, creí que no me ayudarías, no sabes cómo me dolió el alma al idealizar esa idea, yo nunca odie a nadie, pero no pude evitar odiarte a ti más que a nadie, odie mis poderes, me odie a mí misma, llámame loca, sin embargo yo lo quiero demasiado, no lo quiero ver morir, quiero que nazca.
- Mujer – Contuvo sus ganas de matarla, a lo mucho llego a mover las garras, ya tenía decidido lo que haría y no se echaría para atrás. Podía detener todo ese panorama, más no lo hizo, la chica debía desahogarse. Ella levanto la mirada, su rostro estaba demacrado, había bajado de peso, eso saltaba a la vista, sin duda se lo paso muy mal en estas dos semanas. De repente su llanto se hizo aún más fuerte pero no volvió a apartar el rostro de enfrente.
- A mí no me importaba lo que tuviese que hacer, solo quería que mis ilusiones se hicieran realidad, me lo imagine sabes, a él naciendo, diciendo sus primeras palabras, sus primeros pasos, su crecimiento, solo quiero que este bien, por ello te odie, porque empujaste a mis amigos a matarlo, pero te juro que hubiese preferido morir, jamás me recuperaría de ello, no quiero siquiera imaginarme su sufrimiento al morir, pero tampoco puedo evitarlo, me imagino sus palabras pidiendo ayuda, pidiendo que lo salvara, mientras que la vida le abandona poco a poco – No dijo nada más, solo se puso a llorar sobre el pecho de Sesshoumaru otra vez, lloro ahí por un largo tiempo y sorprendentemente el lord de las tierras del oeste se lo permitió.
- Tranquilízate Miko – No la abrazo pero tampoco la alejo, solo la dejo desahogarse, mas su mente divago en lo que acababa de decir esa chica, muchas mujeres tendrían miedo de estar esperando un cachorro de un demonio, sería mejor para ellas el deshacerse de su problema, y muchas otras se atreverían a tratar de escalar a tra ves de él, valiéndose de la excusa de un embarazo, para obtener el título de Lady del oeste, pero le asombraba la determinación de esta mujer, no buscaba ninguna de las dos cosas que pensó antes, lo único que para ella importaba era "el cachorro" y le sorprendió mas todavía que ella se imaginara todas esas cosas junto al cachorro que esperaba y un momento como sabia ella…
- ¿Qué te hace pensar que será cachorro y no cachorra?
Kagome levanto el rostro, trato de tranquilizarse y entre hipidos contesto la pregunta del príncipe.
- Sé que será varón, me lo dice mi intuición de madre y mujer – Hizo un intento más de tranquilizarse, paso un tiempo más intentándolo y cuando pareció que poco a poco lo lograba – Pero al final te lo agradezco tanto - Le regalo una de las sonrisas más dulces que pudiese haber dado, aun llena de lágrimas eso pareció tener el efecto deseado ya que el Youkai suavizo su mirada, más aun le extrañaba el cambio de los emociones humanas tan rápidamente.
- Vendré a darte energía por lo menos cada tres días– Soltó rápidamente.
- ¿Cada tres días? – Entonces tendría que pasar mucho tiempo junto al Daiyoukai, además que pasaría con Naraku entonces.
- Así es, esta es una situación que probablemente nunca se ha dado, debes saber que demanda más energía de lo usual.
- Kikyo dijo que a pesar de que me brindes energía, mi embarazo es sumamente delicado.
- Lo sé
- Sabes antes pensaba que esto no pasaría, yo ni siquiera quería que te enteraras, había decidido irme de esta época y criarlo allá, en el futuro – Kagome se limpió el rastro de lágrimas – No quería ser un blanco fácil para Naraku.
- Explícame eso de "esta época" – Tenía curiosidad, ya lo había escuchado una vez antes.
- Bueno, es que yo vengo del futuro – Kagome sintió el ambiente más raro – De 500 años en el futuro.
- Eso lo explica
- ¿Qué explica?
- Tú forma tan indecente de vestir
- ¿Eh? – A Kagome le resbalo una gotita por la cabeza – Yo no le veo nada de indecente.
- Como tú digas – No estaba dispuesto a enfrascarse en una discusión con la chica.
Así paso un tiempo, Kagome volvió a su época y le explico a su madre, abuelo y hermano lo que estaba sucediendo, al principio se mostraron preocupados, pero como siempre lo entendieron, pero el grupo de Inuyasha no podía olvidarse de su objetivo, por lo tanto habían ido en busca del malvado Naraku, también Sesshoumaru, nunca le daba explicaciones a nadie, esa vez solo se marchó, suponía que volvería dentro de tres días para la rutinaria proporción de energía demoniaca a su cachorro, hoy era el día, además cumplía dos meses de embarazo, estaba feliz, hasta el momento no se había presentado inconvenientes en su gestación, pero eso no quería decir que pudiese movilizarse a donde quisiese, iba a ser madre teniendo quince años, eso ya era un riesgo, ahora el niño seria hanyou y el hijo de nada más y nada menos que el gran Inuyoukai lord de las tierras del oeste, aunque a Kagome eso no le importaba mucho y para empeorar ella era una sacerdotisa. Por eso es que siempre estaba un tanto cansada, además ya no podía usar sus poderes espirituales o terminaría matando a su pequeño y eso es lo que menos quería, además solo sería un estorbo para Sesshomaru y los demás si iba con ellos a combatir a Naraku.
- Ya ha pasado tres días y ya me siento débil – Kagome se dirigió al pozo – Cierto Inuyoukai vendrá hoy a darnos su energía – Le hablo a su vientre mientras lo acariciaba, sabía que el demonio estaría con ellos solo el tiempo que durara el embarazo, dirigió sus manos al collar que colgaba en su cuello, este ocultaba su aroma, por lo tanto nadie sabría que el padre era peliplata y si alguien se preguntaba por qué el demonio visitaba la aldea tantas veces, simple a todos se les había ocurrido que Rin se quedaría en la aldea y asunto resuelto.
"No es solo Naraku, existen muchos más que intentarían matarte como venganza hacia mí, por lo tanto no te quites ese collar"
Eso había dicho Sesshoumaru, sería que se preocupaba por ella, es verdad una vez había dicho que no sabía mucho de él, pues empezaba a conocerlo, tal vez terminaría por saber tantas cosas y un momento…
¿El tiempo de gestación cuanto duraría?
- Miko – Esa singular voz al atravesar las barreras del tiempo.
CONTINUARA…..
