¡Hola!
Feliz, muy feliz de leer sus comentarios, aunque es la primera vez que escribo sobre esta pareja, me siento emocionada de que esta historia tenga aceptación.
Inuyasha y sus personajes no me pertenecen.
¡A leer!
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Se podía oír el fuerte viento arremetiendo contra todo lo que se hallara en su paso, los truenos resonaban en medio de la oscuridad creando un ambiente digno de una tormenta, adentro dos singulares presencias permanecían quietas, al menos uno, la segunda sentía el frio penetrar en su cuerpo, tiritaba, es como si el frio infernal calara en sus huesos y en un intento vano de evitar aquello había hecho todo lo posible para obtener un poco de calor.
Se levantó lentamente para no despertar al ser que se encontraba a unos escasos metros de su ser. Era tétrico lo que sucedía afuera, ella lo consideraba así, siempre odió la oscuridad, y los truenos resonando tampoco se lo hacían fácil.
- Tengo miedo – Por un momento en su mente se coló la idea de regresar a su mundo – ¡Pero hace mucho frio!
Ya intento un montón de cosas, nada dio resultado, que tendría la naturaleza en contra de tener un buen sueño, en momentos como este ella extrañaba la comodidad de su amado hogar, además estaba la posibilidad de ir con su mamá siempre que tuviese miedo. Pensar en eso la puso un poco triste, un lapso de tiempo transcurrió mientras ella suspiraba resignada, hasta que algo hizo clic en su cabeza.
- Un momento… - Su rostro giro cuarenta y cinco grados a la derecha – No Kagome, si lo haces probablemente morirás – Siguió mirando ese punto, era una idea descabellada.
"No te metas en problemas, y lo más importante no hagas que mis acciones sean en vano"
- Eso es – Casi se felicitó por lo recién descubierto.
Se levantó sigilosamente cual felino en cacería, se acercó hacia su objetivo sin provocar ruido alguno, una vez allí solo debía llevar a cabo su plan, así de fácil y asunto solucionado, ahora que lo pensaba podría restregar su rostro en esa cosa suavecita y lo más importante le diría adiós al frio.
- Pero que estupideces piensas Kagome – Se debatía mentalmente en que si era bueno hacer lo que pensaba, una pequeña parte de ella quería desistir – Él dijo no quiero que mis acciones sean en vano, así que no te matara, no después de invertir su amado tiempo en ti, al menos eso espero….Aquí vamos, a la cuenta de tres.
Ajeno a sus pensamientos un Youkai peli plateado se encontraba durmiendo, o al menos lo aparentaba, él siempre se mantenía alerta y con todos los ruidos que provocaba la humana quien podría dormir, ese aroma le indicaba que ella se encontraba justamente a un lado de él, se preguntaba que querría esta vez.
- Miko
- ¡Kyaaaaa! – Eso la tomo totalmente desprevenida, asustándola de paso, ahí estaba el Youkai con esos ámbar que parecían brillar en la oscuridad.
- Cuantas veces te he dicho que no grites – Que le pasaba a esa humana, ella era un dolor de cabeza, ya lo sabía no debió quedarse aquí, no debió acceder a las insistencias de ella, y para terminar y joderle la vida ahora tenía a esa Miko ahí al lado suyo – Y bien….. ¿Qué quieres?
- Ah bueno yo – Lo despertó, no había que ser un adivino para darse cuenta que estaba molesto.
- ¡Solo dilo ya! – Exasperación, eso es lo que sentía.
- Tengo frio – Kagome hizo un ademan de abrazarse a sí misma e hizo una carita angelical, tierna, sus ojos vidriosos, una carita con un suave sonrojo.
Ojala y su estrategia no fallara.
- Ese no es mi problema – Ahí estaba todo su esfuerzo a la basura, su rostro paso de ser angelical a uno demoniaco, sus ojos dieron la impresión de querer matar a alguien con la mirada.
- ¡Pero que insensible eres! – Su respiración se hizo acelerada - ¡Acaso no ves que soy una pobre mujer frágil, débil y embarazada…acaso no entiendes que tengo frio!
- Ya te lo dije, no me interesa en lo más mínimo.
- ¡Maldito Inuyoukai! – Kagome acerco su rostro al del demonio, su aura estaba lejos de ser de una sacerdotisa – He dicho que siento frio, así que es tu responsabilidad hacerte cargo de eso.
- Tonta Humana, no me provoques – Amenazo mordazmente – Y quiero que graves esto en tu memoria, tus necesidades no son de mi incumbencia.
- He dicho, es tu responsabilidad - Menciono Kagome con una voz desafiante.
- No me hables en ese tono – Juraba que la mataría sino fuera porque estaba embarazada, su autocontrol a punto de irse por el caño, vamos solo debía controlar cada parte de su cuerpo para no arremeter contra la chica, solo eso - ¿Por qué debería de ser mi responsabilidad?
- Porque tú me embarazaste y…. – Kagome se arrepintió de haber dicho eso, pero que estaba diciendo, su rostro se incendió al rojo vivo, quiso que la tierra se la tragase, y por qué justo ahora su mente la traicionaba rememorando episodios nada santos vividos con el youkai, quería morirse – Qui-qui-quiero decir, olvídalo solo nada.
Los humanos y los Youkai eran tan diferentes entre sí, no interactuaba con ellos, con la única excepción de Rin, al final no entendía a estos seres de vida fugaz, pero esa chica era más complicada que cualquiera, ¿Cómo es que su humor poda cambiar tan bruscamente? De todos modos que es lo que la Miko quería que hiciese.
- Humanos no pueden hacer nada por su cuenta, inútiles.
- Te estoy escuchando
- Los humanos son tan frágiles, incluso algo como el frio de la noche es problema para ellos, patético.
- Dices eso porque tú eres un demonio – Ella descubrió una parte de su brazo para enseguida mostrárselo – Mira, tengo la piel de gallina y a este paso algo le pasara a mi bebé, como consecuencia yo moriré tristemente desangrándome poco a poco.
- ¿A dónde quieres llegar? – El rostro del youkai, en especial esos ámbares ojos le dijeron claramente que si no se callaba se atendría a las consecuencias, más ella, ¿cuándo había sido cobarde? Le ignoro olímpicamente.
- Después me volveré un alma en pena, ya que mi espíritu no podrá descansar en paz y todas tus acciones serán en vano, tú y únicamente tú serás el responsable, pero algo te digo te atormentare el resto de tu vida – El dedito acusador estaba firmemente señalándolo.
- ¿Qué quieres que haga? – Estaban chantajeándolo, una simple Miko estaba haciendo algo que nadie se había atrevido a hacer en todos sus años de vida, claro a excepción de su madre, pero otro ser antes de mencionar siquiera algo tan vil como un chantaje, estaría con el cuello desgarrado.
Kagome sonrío, casi como auto denominándose la ganadora, así que en un abrir y cerrar de ojos ella yacía en el futon, exactamente al lado de Sesshoumaru apretando fuertemente su estola como una niña apegada a su peluche y para empeorar restregaba su cara contra esa suave cosita como lo denominaba ella.
- Que suavecito y calientito – Kagome tenía la certeza de que ahí no tendría frio, ya podía dormir tranquilamente.
Sesshoumaru arqueo una ceja, incrédulo, ¿Era enserio?
Que más tendría que soportar, Kami debía odiarlo, su reputación se iba por el caño poco a poco, le agradaba más cuando esta mujer le tenía miedo, en un principio no lo andaba molestando a cada rato, la pregunta aquí era, ¿Cuándo jodidos la Miko había dejado de temerle?
Si la Miko tuviese que responder a esa pregunta diría que no fue de un momento a otro, ella no sabía mucho referente al demonio perro, eran aliados contra Naraku, de eso no cabía duda, es solo que cada quien actuaba por su lado, a él podría importarle menos lo que sucediese con otros, pero ella ahora esperaba un cachorro donde el progenitor es el, al principio cuando Sesshoumaru retorno a la aldea, un completo silencio se apodero del ambiente, ella quería decir algo, el problema es que no sabía que tema siquiera sacar a flote para mantener una conversación, antes de que se diese cuenta él se fue.
La segunda vez ella le pregunto varias cosas e incluso le conto algunas de sus aventuras y su época, más el demonio le ignoro completamente, ni siquiera menciono palabra, en ese momento quiso gritarle, sin embargo el miedo seguía latente. No fue fácil perderle el miedo sino hasta que vio como interactuaba con Rin, los miro impresionada como la pequeña podía hablarle con completa naturalidad, e incluso este le cumplía cualquier pedido a la pequeña, al menos eso parecía. Ahora que ella se la pasaba entre la época futura y la aldea disponía de mucho tiempo, fue en una de esas que se puso a platicar con Rin, quizás desde entonces la pequeña la vio como si fuese un familiar, descubrió también lo que la pequeña había tenido que pasar, quedando desamparada a tan temprana edad, derramo algunas lágrimas y atrajo a la pequeña improvisadamente a su regazo diciéndole que en ella podía ver a lo que ella quisiese, una amiga, una hermana.
Después de enterarse de todo aquello se dijo así misma que solo debía ser ella e iniciar una conversación no debía ser tan difícil, haría que esta vez el Youkai le contestase, así sucedió, mientras las horas transcurrían, los nuevos días llegaban, lo rápido que pasaba el tiempo, una luna ya pasaba, en términos de esta época diría que ya poseía tres lunas de embarazo.
Poco a poco le perdió miedo a la presencia del demonio, aun lo consideraba cruel y sanguinario, si algo descubrió es que no le gustaba perder el tiempo, si ella moría sus acciones serian en vano como el solía decir, de acuerdo, ella se aprovechó de tal cualidad si es que podía llamarlo así.
Y ahora se encontraba felizmente aferrada a esa estola, ¿Cómo habían llegado a esto? Horas antes Kaede se fue de la aldea a un tema importante, Rin decidió acompañarla, el pequeño Kappa se quejaba tanto y a refunfuños las había seguido con Ah-Un, ella estaba sola en la aldea, una hora más tarde esa figura imponente se apareció, una vez cumplido su cometido, este quiso irse, según el odiaba estar en esta aldea llena de humanos con su nauseabundo olor, empero, ella se salió con la suya, le insistió tanto que no la dejase sola y con la tormenta aproximándose seria peor.
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- Ese Naraku solo sabe huir con la cola entre las piernas – Inuyasha regresaba molesto, una vez más ese desgraciado se largaba cual cobarde como siempre.
- Naraku no tiene cola Inuyasha, afirmar eso es contradictorio – Shipou se lo recalcaba.
- Enano más te vale que te calles – Con un puño en alto amenazaba el hanyou
- Inuyasha no seas infantil
- Pero Miroku
- Yo solo te decía que eres un ignorante – Si, al pequeño le gustaba hacerlo rabiar.
Una usual discusión se llevaba en el grupo, un golpe para Shipou, si antes Kagome lo sentaba, ahora Sango solía golpearlo muy seguido con su enorme Boomerang, a veces daba tanto miedo.
La caminata del grupo se detuvo por las acciones de Inuyasha, a unos escasos metros de la cabaña de Kaede el hanyou pudo oler dos aromas mezclados, se molestó y empezó a avanzar más rápido, el resto lo siguió como de costumbre.
Sango se apresuró a abrir la puerta, quería ver a su amiga, charlar un poco, no era tan divertido viajar sin ella en un grupo completamente de hombres, sin embargo su mandíbula se desencajo al presenciar eso, allí Kagome se encontraba completamente dormida, hasta ahí no existía problema alguno, ahora que estuviese durmiendo acompañada de cierto Youkai perro y para concluir su amiga yacía abrazada a él, ambos compartiendo el mismo espacio.
- ¿Qué demonios sucede aquí? – Un Inuyasha enfadado avanzo más cerca de los aludidos - ¡Kagome explícame que rayos significa esto! – Decidido, mataría al imbécil de su hermano ahora mismo, como se atrevía a dormir con Kagome así, que fuera el padre del cachorro que esperaba la miko futurista no le daba el derecho de dormir junto a ella, celos, sentía unas profundas ganas de golpearlo, si celaba a Kagome por cosas menores con Kouga, el malnacido de Sesshoumaru se pasaba de la raya según él, sentía que en cualquier momento arremetería contra su medio hermano, sus manos tomaron a colmillo de acero, listo para matar.
- Abajo – Menciono la Miko en un susurro como acto reflejo mientras aún mantenía los ojos fuertemente cerrados.
Inuyasha cayó, se estampo en el suelo, levanto la mirada, por alguna razón su pecho dolió.
Al final ambos despertaron, Kagome se froto los ojos somnolienta, por otro lado su acompañante solo les dirigió una mirada profunda a cada uno y se dispuso a irse, no sin antes presenciar esa escena que se presentaba ante su ser.
- Kagome – Se oyó una voz dolida, se incorporó lentamente y se fue de ahí sin mirar atrás. El resto aún seguían tan impresionados que solo se mantuvieron callados.
- Miko – El Daiyoukai solo le miro como indicándole algo.
- De acuerdo – Kagome menciono un tanto extrañada por el comportamiento de Inuyasha.
Solo las palabras de la Miko, y Sesshoumaru desapareció del radio de la aldea, ahora Kagome tenía a sus amigos frente a ella con seguramente muchas preguntas.
- Señorita Kagome eso fue wow – En realidad no tenía palabras para esto, sería que tal vez estuviese soñando.
La chica los observo a cada uno, Sango mantenía un sonrojo enorme, Miroku tenía cara de ¿pervertido? Shipou parecía contrariado. ¿Qué estaban pensando?
- ¡No! – Kagome se levantó bruscamente – No es lo que piensan, es solo que anoche hacia mucho frio por la tormenta, por eso estábamos durmiendo juntos.
- Era solo eso – Sango movió su cabeza de un lado a otro, hasta ella pensó otra cosa, secuelas de viajar con Miroku.
- Señorita creo que debería explicárselo al joven Inuyasha
- ¿Por qué lo dices Miroku? – La verdad es que acababa de levantarse, solo recordaba al hanyou incorporándose.
- Cuando entramos él estaba furioso Kagomesita – Shipou salto a sus brazos
- Entonces – Kagome se asustó – Él lo malinterpreto.
- Creo que así es amiga – Sango insto a Kagome a seguirlo.
La Miko dejo a Shipou en el suelo y siguió al hanyou, probablemente este estuviese sobre algún árbol, ella sabía lo celoso que era, así que se lo debía explicar, su corazón latía apresuradamente, tal vez no debió dormir junto al Daiyoukai, su corazón aún se aferraba a la idea de que Inuyasha correspondiese a sus sentimientos, esa era la misma razón para buscarlo desesperada y quitarle cualquier pensamiento erróneo que se estuviese forjando en la mente del hanyou.
Avanzo aunque no con cierta rapidez, ahora mismo lo único que existía en su mente era el encontrarlo, consciente de que se alejaba más, cada vez más de la aldea y eso podría ser un peligro. No, solo debía encontrarlo, una parte de ella se alegró de que Inuyasha la celara, eso era indicio de que la amaba, ¿Verdad?
- Uh, ¿Qué es eso? – Volteo rápidamente solo para ver una serpiente bastante conocida para ella – Kikyo – Menciono con la cabeza gacha.
Si avanzaba un poco más, ¿Qué descubriría? No, regresar era lo mejor, espera…No, no podía permitirse vivir con una venda en los ojos, pasar por alto una situación así otra vez, no podía solo pensar que sus sentimientos le llegasen algún día, solo tal vez este era el momento que marcaría su rumbo para siempre. Avanzo, encontrando lo que se temía, un beso profundo, apasionado, quienes compartían ese momento no eran desconocidos.
- Inuyasha y Kikyo – Musito, posiblemente nadie la oyese, mejor así, volteo la mirada, alejándose de ese lugar, su pecho dolía, no podía hacer nada en contra de este sentimiento y lo que conllevaba el no ser correspondida siempre dolía.
Se alejó de ese lugar, su corazón pareció resquebrajarse, sus ilusiones se rompieron en un segundo como un frágil cristal, ella lucho por ese amor, más el chico ya estaba enamorado, su corazón ya tenía dueña, nada podría hacer contra eso, ahora entendía que Inuyasha siempre la amaría a ella, a Kikyo, la mujer que fue su primer amor, la primera a la que amo, sí, siempre la tendría presente.
"No hubo día en que no pensara en ti, Kikyo"
Su mente le trajo esos recuerdos, Inuyasha lo había dejado en claro.
- Que bonito lugar – El paisaje majestuosos se alzaba ante ella, se sentó sobre el pasto con algunas flores a su alrededor, hizo el ademan de sonreír, no resulto, solo bajo la cabeza enterrándolas sobre sus piernas.
Por cuento tiempo lo acompaño, se enamoró, más este amor le hacía daño, comprendía que debía dejarlo ir.
- Él no me corresponde, es mejor dejarlo así – Sonrió mientras una traicionera lagrima resbalaba por sus mejillas – Adiós a mis sentimientos por Inuyasha, me ha quedado claro esta vez.
Miro el ambiente, a lo lejos una bandada de aves sobrevolaban el cielo, ese inmenso cielo azul.
- ¿Me pregunto que me depara el destino ahora? – Una pregunta que no sería respondida, pues nadie sabe cada cosa que le espera en el camino, se sumergió en su soledad alejándose de ese lugar.
P.O.V. Sango
No logro comprender por qué tengo esta sensación en el pecho, como si alguien me necesitase, seria tal vez que Kagome…Pero eso es imposible, en estos momentos deben de estar juntos.
Supongo que no pierdo nada si voy a ver.
P.O.V. Kagome
No soy consciente de cuanto he caminado, lo único que quiero en estos momentos es estar sola, por más que he pensado que debo ser fuerte, solo no puedo evitarlo, mis lágrimas recorren mis mejillas sin que las pueda detener, el sentimiento de amar sin ser correspondía es una puñalada.
- ¿Kagome? – Aun sin voltear a verla, oigo esa voz proveniente de mi amiga que es más como mi hermana, al parecer no puedo simplemente estar sola, es algo que odio, desde siempre no quiero estar sola, sin pensarlo, volteo y corro hacia ella, quiero el calor de una persona, quiero solamente desahogarme.
Mientras lloro abrazada a ella, no he mencionado palabra alguna, mas noto como su mano toma la mía, me dirige a las riberas del rio, sé que debe intuir que Inuyasha tiene que ver con mi estado, pero tal vez no sabe el por qué.
- ¿Qué sucedió? – La noto mirarme fijamente, muevo la cabeza de un lado a otro, me seco los vestigios de las marcas de lágrimas en mi rostro.
- Inuyasha no es para mí – No, no lo era, él ya tenía dueña, él siempre la querría a ella, a Kikyo – Al seguirle y querer explicarle la situación me encontré con él y ella juntos y por fin he comprendido que ya no puedo aferrarme a un amor que no es para mí, él no me ama.
- Te equivocas, él te quiere, de lo contrario no te celaría – Puede que Sango tenga razón, se también que quiere que me tranquilice y no me haga daño pensando esto, aun si es como Sango dice, algo que es de mi pleno conocimiento, por supuesto que tengo presente que Inuyasha me ve más que como una amiga, pero - Lo sé, sin embargo no es mío completamente, aun cuando me aceptara, yo quiero que alguien me ame con la misma magnitud que yo, sabes Sango, cuando Inuyasha me mira y busca en mi a Kikyo, quiero desaparecer, quiero gritar que no soy ella, a pesar de ser su reencarnación, yo soy yo.
- Tú no te pareces a ella en lo absoluto, eres completamente diferente en tu forma de ser, y lo único que quiero yo es que seas feliz.
- Por eso he decidido que debo dejar ir esto que me lastima – Ojala y encontrara a alguien en mi camino, que me amara tal y como soy, ser su persona especial. Esos, seguidos de más pensamientos me acompañan en mi regreso hacia la aldea.
Lo veo fijamente, en estos tres días nada ha cambiado, más en mi interior he tomado una decisión que a ciencia cierta no sé dónde me llevara. Lo que si se es que el ser delante de mí ya no me genera el mismo miedo latente de siempre, puedo hablarle con libertad aunque la mayor parte del tiempo no suele responderme o solo pronuncia lo necesario, ah y otra cosa, realmente es molesto cuando tienes a Inuyasha a tan solo un metro, con esa cara de obvio disgusto, de alguna manera ese lado posesivo sigue ahí, yo tan solo me limito a ignorarlo, ya he elegido mi camino.
- Hmp – Ese pequeño monosílabo me saca de mis ensoñaciones, ahí a escasos centímetros se encuentra el, siempre manteniendo ese porte característico que posee, parece molestarle algo y siempre me he caracterizado como alguien que nunca ha amado el silencio.
- ¿Sesshoumaru que sucede? – Espero un segundo, dos, tres….. Y no me responde, pero que se cree, de ninguna manera pienso permitir que me deje con la palabra en la boca - ¡Respóndeme!
Estoy segura que sus oídos lo resintieron, lastima por él, me dirige una mirada fulminante, de no estar embarazada ya estaría 6 metros bajo tierra, más me aprovechare mientras pueda hacerlo.
- Es algo que ni yo mismo puedo responder – Sus palabras me causan intriga, quiero preguntar a qué se refiere, sin embargo alguien siempre tiene que interrumpir.
- No crees que ya es momento de irte – Inuyasha y sus celos, a veces me exaspera, quiero enterrarlo en el suelo, son mis ojos los que quieren cerrarse prontamente, quiero dormirme, ya es casi de noche y otra vez siento ese frio calar en mis huesos.
- ¿Estabas ahí? –Oigo la voz de Sesshoumaru con un dejo de burla.
- Maldito bastardo –Siento que al Daiyoukai le gusta enfurecer a Inuyasha en cierta forma, de cualquier forma esos dos nunca propiciaran un momento ameno, porque no pueden llevarse bien, casi estoy segura de que no pasaran dos segundos antes de que se lancen a matarse mutuamente.
- Suavecito – Estoy cansada, otra vez siento frio en mi cuerpo, si esos dos quieren pelearse que lo hagan en otro momento, yo solo deseo dormir, por alguna razón esa cosita peluda es mi mayor debilidad.
-¡Kagome que crees que estás haciendo! – No quiero abrir los ojos, ni ante tremendo grito de Inuyasha, solo quiero entregarme a los brazos de Morfeo.
P.O.V Sesshoumaru
Esta mujer, me intriga su carácter, es mucho más complicada que cualquiera, y esa manía que adquirió me molesta, ahora mismo se mantiene aferrada a mi estola, cual garrapata que por mucho que la moviera no se despegaría. La miro fijamente, lo que descubro no me gusta en lo absoluto, su piel esta fría, casi como la noche que invadió por primera vez mi espacio personal.
En otras circunstancias me hubiese largado de este lugar llena de humanos, ya cumplí con lo que vine a hacer, pero algo no está bien en esa mujer.
- Es extraño – Yako se manifiesta una vez más, somos uno mismo así que no me extraña.
- Está cansada tanto que no se puede mover y no es normal que su piel este tan fría – Por un momento es como volverla a ver en aquel estado deplorable, como sea esto no debiera suceder al brindarle mi energía.
- Esa sacerdotisa, la de Inuyasha, menciono que no necesariamente esto que hacemos la salvaría.
- No me lo recuerdes – Si no mato a esta Miko por las insolencias y confianzas que tiene conmigo es porque ya he dedicado mucho tiempo en ella, no puedo permitir que muera, no, mi orgullo no me lo permite, me rehuso a aceptar que mi poder es insuficiente.
- Ya no es suficiente – Rayos eso ya lo sabía, no hace poco sentí una anomalía con el cachorro, si antes le brindaba un poco de mi energía, en las últimas dos oportunidades esa cantidad ya no era suficiente – Lo hiciste a propósito.
- Es una ningen, son frágiles por naturaleza, su vida es tan efímera y ella no es la excepción – Hoy no le di más de mi energía que la cantidad de siempre, quería comprobarlo, saber que sucedería y he ahí mi respuesta.
- Tendremos que aumentar la energía brindada o ella no lo soportara, de ninguna manera pienso aceptar un fracaso
A mi bestia interna y a mí solo nos interesaba el orgullo y el honor, eso estaba claro. Mi mirada se centra una vez más en la Miko, me preguntaba hasta qué punto el cachorro demandaría más energía y que sucediera si no se lo cedía, al parecer esa chiquilla pagaría las consecuencias, inmediatamente parecía querer dormir y no levantarse más, por esta noche me permitiría a mí mismo quedarme para ver el resultado de mañana.
