Aquí va el capítulo 7.
Me hace muy feliz leer sus comentarios, aun no tengo mucha experiencia en esto, de hecho solo me gustaba leer, hasta que me decidí por escribir, así que ténganme paciencia.
Inuyasha y sus personajes no me pertenecen sino a su respectivo autor.
.
.
.
De alguna manera, la noche paso sin ningún inconveniente, mas no así para Sesshoumaru, el permaneció alerta, observando los gestos de Kagome, buscando los indicios que le permitiesen el conocimiento de los acontecimientos que acarreaban sus acciones, en el transcurso de la ausencia del rey astro el demonio descubrió demasiado, en efecto, sus teorías estaban en la correcto.
- Uhm – La mujer humana se removió un poco ante la atenta mirada ambarina, su piel permanecía fría y en toda la noche tiritaba de frio, no había despertado para quejarse o tratar de solucionar su problema, estaba seguro de que ni siquiera tenía la fuerza suficiente para abrir los ojos.
Chasqueó la lengua y la tomo en brazos, el latir de su corazón era más lento que de costumbre, le molesto ese pequeño detalle, así que procedió a solucionar ese problema que lo ataba aquí, al poco tiempo esos parpados trataron de abrirse, enfocándose primeramente en él, le sonrió aun cuando no estaba en condiciones para hacerlo, Sesshoumaru la taladro con la mirada y esta vez suministro más energía, exactamente la cantidad deseada.
- Gracias – Kagome recupero la vitalidad que no poseía a noche, más el cuestionamiento del por qué el demonio estaba haciendo lo que hacía, no se supone que solo debía recibir esa energía cada tres días, acaso ignoraba algo - ¿Por qué?
- Cállate – Aunque sus palabras le molestaron, se quedó callada, por su mente paso el pensamiento de que le estaba causando demasiados problemas al demonio, seguramente él no se sentía para nada a gusto estando aquí, entonces ella era el único motivo de su permanencia, hizo una mueca al descubrir ese dato, su mente debatió el cómo debía sentirse, si triste o feliz, al final llego a la conclusión de que le gustaba la presencia del príncipe de la luna, admitió que se había encariñado con él.
- Sesshoumaru-sama – Ese momento se vio irrumpido por la pequeña protegida del peli plata y Jaken siguiéndole los pasos, sonrió ante la vista, lo cierto es que no paso más tiempo antes de que la colocaran sobre el futon y voltearse para dirigirse hacia aquellas dos singulares presencias.
- Tengo mucha hambre – Su estómago le exigía sus preciados alimentos, un suave sonrojo se instaló en su mejilla al llevar ambas manos a su vientre - ¿Cómo amaneciste hoy bebé? – Empezaba a abultarse, a ella no le molestaba, quería disfrutar cada minuto de su embarazo, luego vendría la parte más difícil, y al pensar tantos episodios posibles le aterro un hecho en especial, "el parto" una escalofrió le recorrió la espina dorsal y maldijo a Sessshoumaru, el demonio no tendría que pasar lo que ella.
- Kagome
- ¡Kya! – Porque no podían ser normales y no andar asustando a las personas – Inuyasha – Tranquilizo sus nervios, como era posible que no sintiese la presencia del hanyou.
- Tenemos que hablar – Tenia una mirada seria, enviándole su descontento de algo que la chica ignoraba, procedió a sentarse delante de ella en su típica pose - ¿Qué es lo que sucede entre Sesshoumaru y tú?
- ¿Eh? – Inuyasha la miro esperando su respuesta, no importa si el resto no lo vería, él no era tonto, ni idiota, desde cuando el bastardo de su hermano le permitía tantas confianzas a Kagome, casi estaba seguro de que muchos otros seres murieron por cosas menores de las que hacia la chica, en estos días no se había perdido detalle de la interacción de esos dos, juraría que parecían una familia, y eso solo le hacía rabiar y algo se apretujaba en su pecho, rayos aun no asimilaba completamente de lo que sucedía allí, porque de repente la Miko parecía la hembra embarazada feliz y el imbécil de Sesshoumaru preocupado por ella, pasaron horas en que no dejo de pensar aquello, por mucho que se negara ese pensamiento, era algo que estaba carcomiéndolo.
Para Kagome aquello no tenía ni pies ni cabeza, que hacia Inuyasha preguntándole ese tipo de cosas, lo que ella ignoraba es que con sus acciones desató los celos del hanyou.
- Explícate – Al cabo de pensarlo un momento, se hacía una idea, no le gustaba para donde iban los pensamientos del chico orejas de perro - ¿Qué estas insinuando?
- No soy ningún idiota Kagome – No entendía por qué la azabache quería evadir su pregunta, él no estaba insinuando nada, solo estaba preguntando lo obvio.
- Pues déjame decirte que no te entiendo en lo absoluto – Así era, no estaba mintiendo, ojala y el chico dejara de parlotear porque tenía hambre.
- No te hagas – Su mirada ambarina pareció taladrarla – Acaso, ¿Te gusta Sesshoumaru?
Eso sí que la tomo desprevenida, por un momento se bloqueó, es que Inuyasha estaba loco, como podía pensar esas cosas, no cabe duda que sus celos le nublaban la mente, pero ya era suficiente de sus estupideces, ella apreciaba al demonio, le tenía cierto cariño, lo acababa de descubrir esta mañana, sin embargo existe una gran brecha entre lo uno y lo otro.
- Inuyasha deja de insinuar cosas que nos son – Estaba molesta, dado que sentía que le estaban pidiendo explicaciones, ¿Con que derecho? Ella ni siquiera le reclamaba lo de Kikyo, pero que caradura – Ahora dejare que se te enfrié la cabeza, quiero comer.
- Ni creas que el malnacido te tomara enserio – Eso sí que le dolió, quiso llorar ahí frente a él, simplemente le estaba recordando su patética vida amorosa, el la lastimaba y sin embargo le estaba tratando de decir que nadie la tomaría enserio, aun si no fue así, es lo que sentía y no podía evitarlo.
- En que te basas para asegurar eso – Se paró dispuesta a enterrarlo en el suelo.
- Que yo sepa él se ira en el preciso momento en el que termine el periodo de gestación del cachorro o ¿me equivoco? – Eso fue una estocada a su corazón, el chico de las vestimentas rojas le recordó el hecho de que su hijo crecería sin un padre.
- Al menos no me anda ilusionando – Contraatacó, por que no importa como lo vieras, eso gritaban los actos del segundo hijo del general perro, él era indeciso, incluso una vez había mencionado que si no era posible quedarse con las dos, ese episodio solo le hizo hervir la sangre de furia, movió la cabeza como tratándose de despejar, para ahora el hambre se le había ido – Gracias por arruinarme el día Inuyasha – Dio pasos largos con un aura siniestra.
- ¿A dónde vas? – Inuyasha también se paró tratando de detener su avance, esta conversación no había sido nada de lo que el buscaba y no se iría hasta obtener repuestas, las mismas que quería escuchar de los labios de la chica pero que no fueran diferentes a "un te amo Inuyasha"
- A donde no pueda ver tu horrible cara – Que ganas de ahorcarlo ella misma con sus manos.
- Ah ya se – Eso solo avivaba la llama que estaba lejos de apagarse si seguían así – Vas a buscar a tu amorcito – Menciono con un dejo de burla y sarcasmo, aunque luego se arrepintió de haber dicho aquello, como si sus palabras le asquearan.
- ¡Y que si es así! – Juraba que de no estar embarazada se lanzaba a jalarlo de los pelos hasta que no le quedara ni una hebra.
- Pues de una vez te digo que para ser la pareja legitima del imbécil este tendría que marcarte y reconocerte como la señora de las tierras del oeste, lo que nunca sucederá, así que lo único a lo que podrías llegar es a ser su querida o su juguetito de momento.
No pudo evitarlo, una lagrima se le escapo de los ojos, tan poca cosa le consideraba Inuyasha, en realidad de que se sorprendía, el siempre solía mencionar lo poco agraciada que era ella, que Kikyo era mucho más hermosa, si ya tenía a su tan querida sacerdotisa, porque le estaba lastimando de esta manera, a ninguna mujer le gustaría escuchar lo que ella estaba escuchando.
- Tú tienes a Kikyo, así que déjame en paz – Se estaba alterando, seguro el ya sintió el aroma salino de sus lágrimas, si lo hizo, parecía no importarle.
- ¿Qué tiene que ver Kikyo en esto? - ¿Era enserio? Claro que ella tenía mucho que ver – Estamos hablando de tu situación, acéptalo Kagome, no eres lo suficientemente bonita como para que el desgraciado siquiera te considere.
- ¡Basta!
.
.
.
A una distancia prudente y ajeno a lo que sucedía, un peli plata se encontraba observando a la pequeña Rin y como discutía con su sirviente, lo cierto es que le divertía aunque claro nunca lo mostraba abiertamente, como sea ya debería largarse de aquí, su objetivo estaba fijado, y este tenía nombre "Naraku", aunque ahora existía un obstáculo en su camino, él no podría moverse libremente dadas las circunstancias.
- Maldita sea – En realidad esto no auguraba nada bueno tampoco, la situación de la humana estaba agravándose, eso lo mantendría atado a esta despreciable aldea.
- Sesshoumaru-sama – Rin le saco de sus cavilaciones – Iremos a jugar al rio – Su voz se perdió lentamente al igual que los tres seres desaparecían de su vista.
- Que rayos – Lo sintió, era un aroma salino, era obvio "Lágrimas" – Eso es…
Se movió a toda velocidad, su instinto le alertaba que algo sucedía con la Miko, de un momento a otro sintió una fuerte presión demoniaca, por un momento le descoloco, ¿Qué estaba sucediendo?
- Agh – Llego a tiempo, ya que evito que la mujer se lastimara al caer, su rostro mostraba una mueca de dolor.
- ¿Sesshoumaru? – Su mirada se enfocó a duras penas en el demonio, la había sostenido, no recordaba muy bien, es solo que de un momento a otro su mente se nublo y trastabillo, de no haber llegado el, seguro que se habría golpeado fuertemente contra el piso.
- Kagome – Quiso acercarse a ella, en realidad no había querido decir aquello, maldición lo menos que quería era ponerla en ese estado
- Largo hibrido – Le gruño con desdén – Como vuelvas a hacerla llorar te mato – Amenazo con odio en cada una de sus palabras. Maldita sea, el hanyou era realmente idiota si no había sentido lo que hace tan solo unos minutos sucedió, si la Miko seguía así, no iba a ser nada bueno.
- Kagome yo…..
- ¡No te me acerques! – Al momento en que vocifero, una presión se sintió en el ambiente, ambos lo sintieron, un retorcijón de dolor los ataco a ambos, el Daiyoukai lo disimulo perfectamente, más el hanyou mostró una mueca de dolor, ¿De dónde provino eso?
- Calma mujer – Debía tranquilizarla o afectaría al cachorro, esto era una contradicción en sus teorías, nunca se esperó esto, como fue que todo se estaba yendo al demonio, el no trataba con humanos o algo parecido, como iba a calmar a la chica que ahora mismo era una gama de emociones, estaba llorando.
- Abrázala
- ¿Cómo iba a ayudar eso? – Su bestia interna a veces solía tener razón, aunque el estaba renuente a rebajarse a hacer aquello, aunque admitámoslo, estaba un poco preocupado por su cachorro y la chica, no le gusto para nada hacia donde iban sus pensamientos, así que prefirió concentrarse en lo importante.
- Solo hazlo
Decidió seguir su consejo y abrazo a la mujer, aunque eso le disgustaba, ni de cerca estaba acostumbrado a hacer estas cosas.
- Deja de llorar mujer – La chica se acurruco en su pecho, mientras dejaba de llorar, no podía evitar rememorar las palabras del hanyou, y aquí estaba, Seshoumaru la estaba abrazando, no entendía la razón, solo que sentía una protección innata estando así, como si nada le sucedería mientras estuviera de esta manera, se permitió dejarse llevar por la sensación.
Al ver aquella escena no quiso permanecer más en el lugar, si se quedaba un poco más empeoraría las cosas con Kagome, con eso en mente salió de la cabaña a despejar su mente, sí, eso era lo mejor.
Corrió alejándose de la aldea, estaba molesto consigo mismo, lo que necesitaba era pensar, en su camino se topó con algunos youkais menores y lucho con ellos en lo que restaba del día, una vez que termino de mandar al inframundo a tales seres, se puso a practicar con sus poderosa espada, es solo que la imagen de Kagome llorando no se le había quitado en todo el día, pareciera que no importaba lo que hiciese para despejar y borrar esa imagen de su mente, no se iba.
- Maldición – Camino un poco hasta llegar a las orillas de un rio, se sentó en la ribera y miro su imagen reflejada por un largo tiempo, viendo como a veces su figura se distorsionaba, mientras más miraba, la dulce imagen de la azabache aparecía en el – La lastimé – Rayos, casi nunca controlaba esa lengua suya, entendía que se pasó de la raya, no fue la mejor manera de discutir la cosas. Ella y el solían discutir a menudo, lo que terminaba en una Kagoem molesta y el, enterrado bajo tierra, mil veces hubiera preferido que lo hiciera, nunca terminaba como hoy, esta vez fue demasiado lejos.
- Debo de disculparme con ella – Miro hacia el cielo, en el aparecían unas cuantas estrellas, vaya sí que se tomó un día entero para llegar a esa conclusión, con aquello en mente y ya mas despejado se volvió a la aldea, aceptar que él tuvo la culpa le quito un peso de encima, al llegar pudo vislumbrar unas cuantas luces en la aldea, miro detenidamente el árbol del tiempo, y decidió quedarse aquí, la discusión que tuvo con la miko estaba muy fresca, mañana hablaría con ella, era lo mejor, además seguramente Sango le esperaba con su Bumerang lista para despedazarlo, un Miroku regañándolo, un Shipou reclamándole y la anciana Kaede echándole más leña al fuego, no tenia cabeza para aguantarlos justo ahora, mañana se enfrentaría a ello.
.
.
.
- Mira que ni se ha dignado a aparecer – Sango daba pasos de un lado a otro – No sé cómo lo soportas, si fuera tú, hace tiempo que le habría empujado por el despeñadero, que insensible.
- No pasa nada – Luego de la partida de Inuyasha, Kagome se había tomado su tiempo para calmarse, le dolió mucho el comportamiento de Inuysaha, eso solo le hacia convérsese mas de que tomó la decisión correcta al dejarlo ir.
- Perro tonto – Shipou se unió a Sango – Empujémoslo a un barranco, yo te ayudo Sango.
- Señorita, si lo que dice el joven Sesshoumaru es correcto – Eso llamo la atención de ambos – Sera mejor que se cuide, tener este tipo de emociones le hacen daño.
- Es verdad Kagome – Sango y lo demás llegaron inmediatamente después de que se percataran gracias a Miroku de la esencia demoniaca provenir de la cabaña e la que descansaba Kagome, al final el demonio había explicado a refunfuños lo sucedido, por no decir que solo dijo que sentir ese tipo de emociones fuertes le hacían daño, el resto se había quedado con dudas que el Inu no estaba dispuesto a responder, lo cierto es que se fue unos minutos después, aunque no de la aldea, una vez que Sango oyó aquello de los labios de Kagome, ella y Shipou exigieron la sangre del hibrido, aunque no le hallaron y el muy malnacido no se apareció en toda la tarde, al menos eso pensaban los dos.
- Miko – Se apareció imponente como siempre, con esa elegancia que nunca le dejaba, el resto aún no se acostumbraba completamente a su presencia, se miraron entre los tres con la clara idea de que era mejor dejarlos solos, estando ellos ahí iba a ser incomodo, ya lo notaron, no acababan de entenderlo claramente, es solo que parecía entenderse mejor con Kagome.
- Que descanse señorita Kagome, Joven Sesshoumaru – El monje los miró con esa cara de pervertido, ante esa acción la azabache quiso que la tierra se la tragase.
- Duerme bien Kagome – Sango le guiño el ojo.
- Buenas noches Kagomesita – Shipou la abrazo antes de irse detrás de los demás.
- Que extraño verdad, a saber a qué se refería – Sonrió con nerviosismo, haciéndose la desentendida con respecto a la insinuación de Miroku, solo esperaba que el demonio hiciese como siempre, ignorar las cosas que no le interesaban.
- ¿Extraño? – Su mirada dorada se fijó en ella - ¿Que el monje haya insinuado que tú y yo íbamos a intimar? – ¿No podía decirlo de otro modo? Apenas lo escuchó y su rostro se estaba incendiando al rojo vivo, porque no tenía más tacto al mencionarlo, no podía con la vergüenza que se instalaba y que no parecía querer dejarla, justo ahora recordó lo de Sango, esto sucedió exactamente poco después de la primera visita de Sesshoumaru a brindarle energía.
- Sango apresúrate – Kagome se preparaba para tomar uno de sus ansiados baños en unas aguas termales, al poco rato llego su amiga y ambas se metieron en las calientes aguas relajando su cuerpo – Ah, necesitaba esto.
- Después de todo lo que paso – Sango se sumergió aún más – Es bueno que hayamos venido a relajarnos.
- Siento mucho preocuparlos a todos – Fueron días duros, no solo para ella, sino para sus amigos, el sufrimiento, la preocupación e impotencia sentida.
- Dejemos eso a un lado – Sango le puso una mano en el hombro – Enfoquémonos en otras cosas.
- Así es – Menciono con euforia, al poco rato su amiga se le acerco y miro fijamente su vientre aun plano.
- No puedo creer que el padre de ese pequeño sea Sesshoumaru
- Yo tampoco – No mentía, ni en sus sueños sucedía eso, pero ya vez nunca sabes lo que te depara el destino.
- Oye Kagome – De repente vio como el rostro de Sango adquiría una tonalidad rojiza más de lo normal, lo cierto es que no sabría decir lo que sucedía, solo que la exterminadora parecía debatirse en acciones que no lograba descifrar – Veras…
- Oh vamos pregunta con confianza – Kagome sonrió dándole valor, ella se imaginaba que tal vez la chica le pidiese un consejo para avanzar en su relación con el monje mañoso, después de todo Kagome se consideraba toda una celestina.
- ¿Enserio?
- Si, te responderé lo que sea – De haber sabido la pregunta que le harían no habría hecho aquella afirmación.
- ¿Cómo esta Sesshoumaru? – Se quedó en shock, su traicionera mente le trajo los recuerdos de aquel episodio, mientras su sangre subía a su rostro.
- ¿A qué te refieres? – Ojala y solo lo estuviera malinterpretando.
- Y sabes Kagome, digo tú y el hicieron aquello – No, no era un mal entendido, se armó de valor y trató de dar una respuesta convincente.
- Mu-mu-muy bien – Ella misma había cavado su tumba al decir que respondería cualquier pregunta, y bueno en realidad el demonio estaba más que bueno.
- Y, ¿Cómo lo hace? – A pesar de estar sonrojada al máximo también, Sango no tartamudeaba en sus cuestionamientos, se preguntaba hasta qué punto la habría influenciado Miroku para que llegase al extremo de preguntarle esas cosas, lo cierto es que la miraba con una gran curiosidad en sus ojos, esperando pacientemente su respuesta, se preparó para responder.
- Bu-bu-bueno, no estábamos conscientes de lo que hacíamos, pero lo cierto es que era a-a-apa-sio-sio-nado, pero por alguna razón parecía cuidar de no lastimarme, claro eso al principio, lu-lu-luego… - Entre tartamudeos le explico cómo fue aquella ocasión, lo cierto es que él había sido muy salvaje, ni siquiera espero a que ella se acostumbrase a su tamaño, ni el hecho de que fuera su primera vez, había continuado sin importarle nada más, aun recordaba sus gruñidos y los gemidos que ella misma emitía, la tomo por mucho tiempo, hasta que ella ya no tuvo fuerzas y bueno el parecía querer continuar, además no podía responderse de donde sacó el valor porque ella, en algún momento había tomado el papel de activo.
- E-E-Eso….Bueno – Eso nos lleva a la situación actual, agradecía que el Daiyoukai no lo recordara o moriría de la vergüenza, no podría mirarle a la cara nunca más – N-No sé – Era mejor seguir en la posición de no sé de lo que hablas.
- Hmp – El demonio pareció mirarla divertido, en realidad ella no se imaginaba nada de lo que sucedería a continuación - ¿Lo estabas recordando? – Sonrió de medio lado, desconcertando de paso a la azabache, ¿recordar? Claro que lo estaba haciendo, pero como podía saber el, esperen a menos que, no, no ¿Verdad?
- ¿T-Tu ya lo re-recuerdas? – El demonio asintió en repuesta con esa sonrisa de medio lado que no se le quitaba, ahora sí, quería desparecer de la faz de la tierra.
- Hace unos días – Oh si, con satisfacción había recordado que era el primero en la vida de aquella humana, lo cierto es que se estaba divirtiendo con las expresiones de la chica, la vergüenza plasmada en su rostro, mientras parecía incendiarse y cabe añadir el tartamudeo de ella.
- Trágame tierra – Paso minutos así, tratando de librarse de esa bochornosa situación. Hasta que su cerebro hizo clic, este momento debía romperse rápidamente, el disgusto era para ella, y que mejor que hacerlo con un tema importante que tocar - ¿Que me sucedió?
El Lord de las tierras del oeste pareció comprenderlo inmediatamente, su mirada se volvió seria, buscaba las palabras adecuadas para aclararle la situación a la chica, no es que la explicación fuese completamente verídica, no podría afirmarlo con seguridad, de momento es lo único que desprendió de los hechos.
- El cachorro exige más energía de lo que normalmente le facilitaba – Seria mejor empezar desde el inicio – Si no lo hago, tú pagas las consecuencias.
- ¿Consecuencias?
- Tu cansancio y el frio que sientes no es casualidad – Esperaba que la humana entendiera rápidamente lo que trataba de explicar.
- Estas tratando de decir que todo eso fue ocasionado por… - Acaricio su vientre, e inmediatamente el Inu asintió.
- Eso no es todo – Bien, momento de hacerle una advertencia a la chiquilla imprudente – De ahora en adelante controla tus emociones, o abstente a las situaciones que te generen esos sentimientos, algo como lo que sucedió con el hibrido te pone en riesgo al cachorro y a ti.
- Entiendo – Ya era muy tarde, quería dormirse – Pero, ¿Qué es lo que ocasiona aquello?
- El cachorro siente tus emociones y se pone a la defensiva y como eres humana, tu cuerpo no lo resiste, por último este reside en tu interior, también le termina afectando.
- ¿Eso es normal entre los de su especie? – Seguramente, aunque ese pequeño es el producto de un demonio y una sacerdotisa.
- No lo es – Kagome proceso la información, complicación tras complicación, esperaba que todo saliese bien, de todas formas nada ganaba preocupándose, además no debería exponerse como lo que sucedió con Inuyasha.
- Ya veo – Se frotó los ojos mientras caminaba con el único propósito de dormir, se metió lentamente, algo la estaba deteniendo, ese algo no podía ser nada más que un antojo que le llego tan rápido, quería degustarlo ahora mismo, sin embargo en esta época no existía, además ya era de noche para ir a su casa, miro repetidas veces a la puerta, debatiéndose en ir o no ir, en circunstancias normales, si Sesshoumaru fuera un humano y este fuera su pareja le hubiese pedido el objeto de su antojo, lo cual era imposible, seguro que se enfadaría, se largaría ignorándola completamente.
- ¿Qué sucede?
- Oh bueno, veras yo tengo un antojo – El frunció el ceño, un momento, ¿las youkais no lo tenían? Puede que no, entonces tendría que explicarse – Las humanas tenemos antojos cuando estamos embarazadas, es algo normal y …
- Aguántate – Un ultimátum, sus parpados yacían cerrados, en realidad esperaba que tuviese mayor importancia.
- ¡No puedo hacerlo! – Si ponía de su parte, era conseguible, sin embargo no quería que el demonio se saliese con la suya, enserio tenía tan poco tacto - ¡Quiero helado! - Casi lloriqueo, con las manos arriba, al peli plata no le gustaba la situación, estaba molesto.
- ¿Helado? – Lo peor es que ni sabía que era lo que quería aquella humana bulliciosa.
- Solo existe en mi época y por eso yo me debatía entre ir a mi época por ella o quedarme – No le gustaba para nada aquella mirada que la miko le dirigía, con esos ojos brillantes como pidiéndole el maldito helado, y por qué debía ser el en conseguir eso que quería la humana.
- Deja de gritar y duérmete - Se incorporó, mientras salía de la estancia, Kagome se puso triste, de todos modos Inuyasha tenía razón, el demonio solo estaría con ella durante el tiempo de gestación, era su orgullo lo que le permitía quedarse aquí y ayudarla, no era porque se preocupaba por ella y su hijo, con eso en mente se acostó, cubriéndose del frio, creía que no podría dormir bien esta noche, dado que las palabras de Inuyasha taladraban su mente.
- Rayos – Sesshoumaru sintió una pequeña anomalía de la estancia que acababa de abandonar, a ciencia cierta, existían tantos cabos sueltos, más la conclusión de que él podía sentir la tristeza proviniendo de la humana le llego perfectamente, el cachorro sentía lo que sentía su madre, al final se lo transmitía, puede que porque era el padre, maldijo su suerte y se dirigió al aroma que sentía cerca del pozo devora huesos.
- Hibrido – Llamo a su despreciable hermano que estaba dormitando en la rama de un árbol, esperando que abriese los ojos, su molestia aumento, si el quisiese matarlo, Inuyasha ya estuviera bien muerto, ni siquiera se mantenía alerta ante un posible ataque, levito un poco hasta llegar a Inuyasha – Despierta Inútil – Ante aquello, el chico orejas de perro se cayó del árbol al vislumbrar ese rostro.
- ¿Qué demonios quieres? – Maldita sea, el bastardo acababa de asustarlo.
- Quiero que vayas a buscar algo en específico, ahora – Ordeno con obvio disgusto en su voz.
- No soy tu maldito sirviente – Él no podía mandarle a buscar no sé qué cosas a esta hora de la noche si quería algo que lo buscase él.
Sesshoumaru afilo la mirada, mierda ese hibrido lo estaba sacando de sus casillas, si no era por las buenas era por las malas, uso su máxima velocidad y aprisionó a Inuyasha por el cuello, impactándolo de paso con el árbol.
- Ve a la época de esa humana y trae helado – Ya tenía suficiente con los berrinches y pedidos de la chica esa, si la dejaba como estaba ahora, esa idiota solo se haría daño a si misma.
- ¿Helado? – Inuyasha iba a soltarse del agarre de su hermano, pero para qué demonios querría Sesshoumaru el helado, fue que entonces cayo en cuenta de que podría ser un pedido de Kagome, bueno no estaba dispuesto a obedecer a su hermano, pero si era por ella. Iba a responder que lo haría, no tuvo tiempo, el muy desgraciado ya lo había aventado al pozo sin el menor cuidado, al caer sintió traspasar las barreras del tiempo.
- Pide las cosas de una manera más normal imbécil – Aun estando 500 años en el futuro no pudo evitar cabrearse, salió de un salto del pozo, esperaba que la madre de la azabache le ayudase a conseguir el extraño pedido de la chica.
.
.
.
- Miko – Llamó a la mujer que le daba la espalda, él sabía que estaba despierta, podía oler ese aroma salino provenir de ella, ¿estaba fingiendo dormir? Claro que lo hacía, estaba sollozando en silencio, esta humana era impredecible, a un momento estaba sonriendo y al otro llorando – ¿Es esto lo que querías?
Kagome se removió al oírle decir la última palabra, sería posible que el sí trajo lo que le pidió, no era posible o ¿Si? Se incorporo y volteo a ver a Sesshoumaru, en efecto era helado lo que traía, ignoraba como lo consiguió.
- Lo trajiste – Un gran sonrisa se colocó en su rostro, sin importarle que hace tan solo segundos estaba sollozando, se limpió el rostro con las manos. El demonio la observo atentamente, dirigió sus pasos y procedió a sentarse a su lado, le exasperaba como también le causaba curiosidad el comportamiento de la chica.
- Lo quieres o no – Le paso su preciado helado a la chica.
- Uhm – Sin pensarlo, se lanzó al demonio y lo abrazo fuertemente, lo consiguió, si lo hizo, entonces no la ignoro olímpicamente, en realidad el había ido a conseguirla cuando la dejo, de alguna manera eso alegraba su alma en demasía, el si la tenía en cuenta.
Continuara….
