¡Hola!

Durante el último mes he estado bastante ocupada, y no he tenido tiempo para actualizar debidamente, así que publique el octavo capítulo sin fijarme en nada más, hasta que hace solo unos días decidí revisar mi página, y me di cuenta que la historia se distorsiono completamente, algunas frases se repetían, y no había coherencia, no sé qué pudo haber sucedido, pero decidí re subir el capítulo como lo tenía inicialmente escrito.

Inuyasha y sus personajes no me pertenecen, sino a la gran Rumiko.

Sin más, a leer.

.

.

.

Aquel día no había imaginado los episodios que se desencadenarían después, ni del dolor que ocasionaría en cada uno de los seres involucrados con Naraku y la perla de Shikon, si se produjese un retroceso en el tiempo, siendo esto permitido solo por su mente, aquella noche en la que se sintió importante sin saber si sus pensamientos eran los correctos, en ese momento solo interesaba lo que sentía su corazón, aquel detalle del demonio le gustó en demasía, sin importar nada más, Kagome guardaría en su corazón las facciones del demonio mientras ella le abrazaba con una sonrisa genuina enmarcada en el rostro, y así se entregó a los brazos de Morfeo, no sin antes escuchar la voz de Sesshoumaru cuestionándole por que no se comía el helado y que no tenía por qué tomarse tantas confianzas, sin importar que la zarandeara un tanto para que se le quitase de encima, no se movió, no quería hacerlo, recargada en el hombro de ese demonio se sintió segura.

Una vez más despertó junto al demonio, mientras el ambarino fruncía el ceño, no le molestaba en lo absoluto, más bien se estaba acostumbrando, lo cierto es que fue algo incómodo cuando aquel joven de ropajes rojos se apareció, le vio chasquear la lengua, espero pacientemente a que su medio hermano se fuera, algo muy inusual en el hanyou, aun así, ese día el muchacho le pidió una disculpa tan a su modo, después de todo nadie podía negar que Inuyasha era bastante orgulloso, pero ni con todo eso se libró de Sango y su letal bumerang, Shipou estallando en risas y un Miroku asustado como nervioso fue lo que quedó en su mente.

Lo siguiente que paso, fue que sus amigos se embarcaron una vez más en busca de su archienemigo, así cada día fue pasando con un sinfín de recuerdos marcados en sus mentes, empezando por Inuyasha, quien perdió a Kikyo aquel día, Kagome fue espectadora de aquel episodio sintiéndose culpable de no haber podido hacer nada más, de todos modos ese mal presentimiento había terminado siendo para aquello, aun cuando fue con sus amigos sin importar su estado, su presencia no cambio nada en lo absoluto, su antecesora se fue, no volvería.

Del mismo modo Kagura corrió con la misma suerte, ella que nunca le fue leal a Naraku, ella que ansiaba la libertad, fue asesinada por su propio creador siendo que ni colmillo sagrado podría salvarla.

Naraku se fortaleció mucho más, mientras la fuerza de sus rivales mermaba reflejándose en la situación de Miroku y Kouga.

Por otro lado el demonio peli plateado continuó tras su objetivo, Sesshoumaru también vivió hechos contundentes que marcaron su camino, se volvió mucho más fuerte, obteniendo así una nueva espada, al mismo tiempo en que recuperó su brazo.

Mientras el tiempo transcurría, por fin su batalla llegaba al final, aquella joya que los arrastró a cada uno a ser partícipe de aquel enfrentamiento, por fin se destruía con el deseo de la chica venida de 500 años en el futuro, a pesar de que antes fue arrastrada hacia aquella oscuridad y rescatada de aquel abrumador sitio por su amigo orejas de perro. En cuanto Inuyasha se apareció, ambos se fundieron en un abrazo, transmitiendo sin palabras los sentimientos que se embargaban en lo profundo de su alma. Fue en ese momento que ambos entendieron que estaba en su destino el conocerse, y sin importar lo que sucediese aquello que los unía siempre seria especial, siempre estaría presente aquel lazo de amistad irrompible, mucho más intenso que con cualquiera, ambos pasaron por un sinfín de situaciones únicas, Kagome le enseño a Inuyasha tantas cosas, no hubo prejuicios para con él, sus amigos le aceptaban tal y como era, un hanyou.

Sin embargo Kagome decidió dejarlo ir, el siempre seria especial, de eso no había duda, es solo que el destino te tiene preparada tantas sorpresas, los sentimientos de ella estaban cambiando.

La perla de Shikon desapareció, se fue, ya no acarrearía más desgracias, ese fue el destino de Kagome, la razón por la que permaneció en la época feudal, amaba mucho a su familia pero añoraba a sus amigos, más la destrucción de aquella joya significó que su permanencia ya no era necesaria en esa era, ella debía volver al lugar al que pertenecía.

Kagome lloró aferrada a su familia, asustada, pero consciente de que probablemente no volvería a ver a todos aquellos seres que tuvo la satisfacción de conocer en Edo, y finalmente temió por la vida de su pequeño, allí 500 años en el futuro no estaba Sesshoumaru, no estaba el demonio que le brindaba la energía tan necesaria a su bebé, una vez más sintió desesperación, una vez más rogó con todas su fuerzas que el pozo le permitiese el pase hacia aquella era, o todo sería en vano.

Por mucho que su corazón deseara, la vida la golpeaba con un puñal invisible, no había nada que hacer tampoco, tan solo esperar por un milagro. Por cuatro días esperó impaciente, su cuerpo se debilitaba, no resistiría mucho, sin embargo al atardecer del cuarto día se desmayó en el interior de aquel pozo, y en el último momento vislumbró una figura borrosa, una pequeña sonrisa surco por sus labios al reconocer a aquel ser.

- Kagome – Esa voz se difuminaba, es como si fuese un susurro – Kagome… Abre los ojos.

- San-Sango – Su voz sonó un tanto débil, pero nada de qué preocuparse – ¿Cuánto tiempo he dormido?

- Ah estas bien, nos tenías bastante preocupada – Sango la abrazo sin previo aviso, Kagome lo comprendió, seguramente sus amigos habrían intentado de todo para abrir el portal, aun así ella estaba agradecida, contaba con amigos que cualquiera deseara tener.

- Kagomesita – El pequeño demonio se unió al abrazo, contento de tenerla nuevamente aquí, junto a ellos.

- ¡La señorita está bien! – Canturreo Rin mientras arrastraba al pequeño diablillo Jaken para unirse al abrazo grupal, Kagome pudo divisar con esfuerzo a Inuyasha apoyado contra la pared mientras percibía el extraño brillo en sus ojos, él tampoco podía negar que estaba contento, aunque fue un tanto extraño divisar a Kohaku vivo en la pequeña cabaña.

- Inuyasha por que no te unes – La anciana Kaede sonreía, Kagome río por el comportamiento del hanyou.

- ¡No lo hare!

- Si Inuyasha no se une, yo si – Miroku se acercó un poco, se arrodilló y procedió a pegarse, es solo que él tenía intenciones tan diferentes – Ah los momentos de este tipo son realmente memorables… Tu qué opinas Sanguito – Si, el moje llevaba una sonrisa típica de su persona mientras que frotaba su rostro contra la espalda de sango y la tenía bien aferrada de la cintura con las manos.

- ¡Quíteme las manos de encima! – Sango le dio un puñetazo en el rostro que tal vez se pondría morado unos minutos después – Pervertido.

- Pero si no he hecho nada

- Eso nadie te lo cree Miroku – Inuyasha lo miro con desconcierto, enserio esas pobres escusas no eran nada creíbles para cualquiera que conociera al monje.

- Jajajaja – Kohaku se río libremente de las ocurrencias del grupo, al principio más de uno le miró con incertidumbre, hasta que cada ser imito su gesto, al fin vencieron a Naraku, ahora ya todos podían continuar sus vidas sin preocuparse por el malvado villano.

Inuyasha pareció no poner atención a lo que sucedía delante de él, allí recargado contra la pared cerró los ojos, sonrió con tristeza al rememorar a quien fuese su primer amor, finalmente ella podía descansar en paz, y eso en cierta forma alivianaba el peso en su corazón. Levanto la mirada posándola en la miko azabache, se preguntaba qué sucedería ahora, e increíblemente lejos de sentirse feliz porque finalmente Naraku había pagado lo que les hizo a Kikyo, Sango, Miroku, y a quien haya involucrado ese bastardo, aun cuando el resto sentía que se había quitado un peso de encima mientras divisaban un futuro tal vez no perfecto pero estaba seguro de que serían felices, sin embargo sentía que para él las cosas serían diferentes, no tenía motivos para pensar eso, es solo que Inuyasha sentía que le faltaba mucho por recorrer. Aun si Kagome sonreía, aun si parecía que nada había cambiado, su corazón lo presintió, al parecer las cosas no volverían a ser las mismas de ahora en adelante y nada sería como imaginaron que terminaría, lo cierto es que le gustaba ser especial para ella, y le molesto que Kagome moviera los ojos de un lado a otro, para él era obvio que buscaba a alguien, ¿A quién? ¿Sería Kouga? …. Sonrió ante su pensamiento, para que negarse la verdad, aunque le provocasen ganas de romper un árbol, aunque eso le provocara un retorcijón de furia dentro de sí, no podía seguir negándolo, maldita sea la hora en que su odiado hermano mayor pasara de ser un enemigo a ser el padre del pequeño que esperaba Kagome, para que negar que le daba miedo, ese sentimiento de que estaban arrebatándole lo que había estado ahí desde hace mucho tiempo.

- ¡Inuyasha! – Kagome lo miraba con una ceja levantada, hace rato que sus amigos dejaron la estancia, los únicos ahí eran ellos dos - ¡Inuyashaaaaa!

- ¿Eh? – Inuyasha no se quejó por el tremendo grito, parecía estar divagando entre sus pensamientos - ¿Por qué gritas?

- He estado llamándote desde hace tiempo

- No te estaba escuchando – La miró, ella también pasó por tanto – De todos modos que quieres decirme

- Ah eso – Procedió a sentarse a su lado – Solo quería agradecerte por todo lo que has hecho por mi Inuyasha, por rescatarme de esa oscuridad, por ser mi mejor amigo y por qué siempre me has protegido.

- No hay nada que agradecer Kagome – Se sentía inquieto, lo más extraño es que no sabía la razón.

- Hmp – Inuyasha la taladro con la mirada, eso último sonó tan parecido a Sesshoumaru, y eso lo irritó - ¿Por qué me miras así?

- Deberías de saberlo – Kagome parpadeo varias veces sin entender que rayos pasaba aquí, los gestos de Inuyasha claramente gritaban que estaba celoso… ¿De qué?

- Eres insoportable – No tenía ganas de enfrascarse con el hanyou en una pelea, ella necesitaba aire fresco, quien entendía a Inuyasha de todos modos – Me voy a mi casa, necesito pasar tiempo con mi familia.

- ¡No te dejare huir! – Tal vez era momento de aclarar las cosas, de decir lo que tuviera que decirse. No obstante sus planes fueron frustrados antes de que diera un solo paso fue cruelmente estampado contra el piso, y desafortunadamente la Miko se fue sin siquiera mirar atrás.

Kagome camino lentamente disfrutando del paisaje, las hojas de los arboles bailando suavemente al compás del viento, algunas aves volando en ese inmenso cielo azul, las risas de algunos niños mientras se perseguían entre sí.

- Amo esta época – Le gusto desde el primer momento que llego aquí, lástima que las cosas cambiarían tanto en 500 años.

.

.

.

- Ese color es hermoso no lo crees Souta – El pequeño azabache asintió a las palabras de su madre, si, ese color neutral se vería bien en su sobrino o sobrina.

Souta Higurashi pensó que Inuyasha terminaría convirtiéndose en su cuñado, incluso si era un niño él sabía perfectamente que entre su hermana y el chico orejas de perro existía un lazo especial, pero jamás llego a imaginarse que Kagome quedara embarazada del medio hermano del hanyou, eso sin lugar a dudas sonaba tan raro.

Pero sin importar como sucedieron las cosas, el pequeño hermano de Kagome también se sentía ansioso, un miembro más se sumaría a la familia.

- Mama, Souta – Un pequeño sonrojo se instaló en sus mejillas, por la forma en como la miraban las demás mujeres que se encontraban en la tienda, estaba usando un vestido diseñado para mujeres en su estado, pero esas miradas la ponían nerviosa, tal vez pensaran que era demasiado joven y tampoco traía una sortija en la mano que indicara que estaba casada, podía oír perfectamente como dos mujeres cuchicheaban entre ellas acerca de su persona, eso la molesto.

- Estas hermosa Kagome – Su madre sonrió, la miko azabache también lo hizo, sin importar las miradas de los demás, se perdió en su mundo, que sabían esas personas de lo que paso, le desagradaba esa actitud.

- Oh – Souta miro detenidamente a si hermana, ella se veía muy bonita – Te ves muy bien hermana.

Así pasó el resto de la tarde, después de tanto tiempo se permitía pasar tiempo con su familia, sin preocuparse por nada más.

Sin importar cuales fueron las condiciones para que el pozo se restableciera, ella estaba agradecida con su pequeño hijo, la anciana Kaede le dijo que probablemente el bebé que esperaba era un nexo entre ambas épocas y mientras eso no cambiara puede que el pozo devorador de huesos siguiera funcionando.

Aunque eso no dejaba de ser tan solo una teoría, a ciencia cierta nada era verídico.

- Ah – Un suave quejido salió de sus labios, por estar divagando entre sus pensamientos chocó contra una mujer.

- Lo siento – La fémina probablemente tuviese unos 26 años, cabello castaño y ojos marrones.

- No pasa nada – La distraída era ella – Fue mi culpa, así que soy yo la que lo siente.

- Ah tu también ¿Eh? – De pronto los ojos de la mujer frente a ella parecieron avivarse con el fuego de la curiosidad - ¿Cuánto tienes?

Al mirarla detenidamente se dio cuenta de que ella también estaba en la dulce espera.

- Alrededor de cuatro meses – Solo esperaba que no hiciese preguntas que la pusieran en aprietos.

- Yo voy por los seis meses – Canturreo la desconocida – Va a ser mi primogénita, y dime, ¿Cuál es el sexo de tu bebé?

- Pues, no lo sé – Respondió automáticamente, mientras la fémina le acariciaba el vientre, que por cierto tuvo el impulso de reír.

- ¿Por qué? – La curiosidad brillaba en esos ojos marrones

- Ah bueno – Ella tenía la firme intuición de que sería niño, de hecho en situaciones normales Kagome no se habría aguantado la curiosidad de confirmarlo pero, existía un pequeño detallito, el padre era un youkai, por tanto el niño seria hanyou, así que, no podía tomarse la libertad de ir con un doctor – Ve-Veras…Quiero que sea una sorpresa.

- Oh ya veo – Esa mirada se clavó en su persona – Y que piensa el

- ¿El? – Kagome sintió que se perdió de algo

- Me refiero al padre de tu hijo

- Bueno – Que responder, no tenía la respuesta para eso – Piensa igual que yo – Una sonrisa falsa se pintó en su rostro, no, ella no tenía idea de lo que pensaba Sesshoumaru.

- Yuzu – Un hombre al parecer de la misma edad la llamo desde unos pasos atrás, la fémina se dio la vuelta y aun sin verla Kagome supo que le sonrió, el hombre se acercó a ambas y cruzaron unas cuantas palabras más, hasta que la conversación termino, ellos se fueron dejándola atrás, parada en medio del gentío que pasaba sin cesar a su alrededor.

Kagome los miro con melancolía en los ojos, aquel hombre abrazaba a su seguramente esposa, había tanto cariño en la forma en la que trataba a Yuzu.

- Sesshoumaru – Susurró bajando la mirada.

Deseo que el demonio la abrazara así, deseaba sentirse acompañada, sonriendo, esperando la llegada de su hijo con ansias.

Rebusco entre sus recuerdos el pequeño detalle de si alguna vez el príncipe de la luna hizo referencia sobre su embarazo, fuera de que necesitara energía, fuera de las complicaciones de su estado. La respuesta se le presento rápidamente, aún si eso la entristeció más, Kagome supo que Sesshoumaru jamás se había interesado por su pequeño.

¿Te gusta Sesshoumaru?

La vos de Inuyasha hizo eco en su cabeza.

- ¿¡Pero en que estoy pensando!? – La gente la volteo a ver con curiosidad y ella se sonrojo por la vergüenza, huyo de aquel lugar apresuradamente, al saberse lejos de aquel sitio se perdió otra vez entre sus pensamientos.

¿Por qué anhelaba que Sesshoumaru tuviese más interés en su hijo?

Recordaba perfectamente que ella le pidió en aquel entonces que solo le brindara la energía que ambos necesitaban, después del parto el ya no tendría que participar en nada mas, incluso le prometió que desaparecería de su vida para siempre si eso es lo que el disponía.

Inuyasha tenía razón, Sesshoumaru se iría una vez terminado el tiempo de gestación, que tampoco sabía cuánto duraría, nadie podría responder ante ese cuestionamiento.

- Realmente…. ¿Te iras? – Balbuceo a la nada – ¿Nos dejaras atrás a tu cachorro y a mí?

No, no quería que eso sucediese, aun si simplemente dejo que el tiempo pasara sin preguntarse nada más, el demonio ya era una constante en su vida, pero ella no sabía lo que el youkai pensaba, ¿Habría también el cambiado de idea? ¿Significaban ambos siquiera algo para el Daiyoukai?

- ¿Qué piensas de nosotros?

¿Debía ella enfrentarlo? Tal vez debería hacerlo, decirle que…..

Ahí estaba el problema, ella ni siquiera sabía que reclamarle, además ellos no eran nada más que amigos, no, ni siquiera sabía si para Sesshoumaru ella había dejado de ser la molesta Miko humana.

No podía asegurar siquiera que eran amigos, ella le consideraba…..

¿Qué le consideraba?

Un amigo, pero sentía que eso no era todo, habían tantas dudas en su interior.

- ¿Qué soy para ti Sesshoumaru?

.

.

.

Frente a él se extendía un extenso horizonte plagado de bosques, animales y extrañas criaturas, entre todo lo que caracterizaba a la era feudal, una figura se distinguía claramente, esos hilos plateados moviéndose al compás del viento, y sus peculiares orejas percibiendo el mas mínimo sonido, acompañado de su sensible olfato.

Aquel demonio yacía parado observando a la nada, o al menos eso es lo que parecía.

Paso un tiempo antes de que se movilizara hacia una dirección ya conocida, el plazo estaba por cumplirse, una vez más su presencia era requerida en aquella aldea.

- ¿Qué piensas hacer? – No importa como lo vieras, las cosas iban cambiado, solo ignorarlo no tenía sentido.

- Te haces presente más de lo usual - Y eso le intranquilizaba.

- No hace falta decir el motivo – Eran uno, aunque eso era un tanto contradictorio.

- Hmp – ¿Lo sabía? Por el momento ignorarlo era lo mejor – Naraku está muerto, pero eso no quiere decir que la situación ha cambiado.

- Tan típico de ti – Su bestia se carcajeo con un dejo sarcástico en su voz – Así que tu decisión sigue siendo la misma.

- Es lo mejor – Irónico, ¿Desde cuándo pensaba así? En el pasado a él le hubiese dado lo mismo lo que pasara después de cumplido el tiempo establecido en su pacto, pero ahora era diferente.

- ¿Qué te hace pensar que no va a empeorar? – Estaba de acuerdo con su portador por el momento, si las cosas seguían tomando ese rumbo como hasta ahora, aunque a el mismo le cueste admitir, habría un momento en el que perdería el juicio.

- Es una humana – Sentenció – No olvides ese detalle.

Esta absurda conversación no tenía por qué continuar, y con la última frase dicha dio por cerrado el tema.

No quería seguir pensando en lo mismo, él era el señor de las tierras del Oeste, un sanguinario demonio perro, eso no iba a cambiar, las cosas no tenían por qué tomar aquel rumbo, maldita sea, de ninguna manera estaba dispuesto a permitirlo.

Y ahora se cuestionaba como demonios llegó a esta situación, ¿Por qué lo permitía? ¿En qué momento le termino de desagradar la idea de una aldea llena de humanos? Bien eso estaba por acabarse, se quedaría en aquella aldea solo el tiempo necesario, también tenía obligaciones que atender, en cuanto la chica diese a luz, su trato terminaría y definitivamente el ya no formaría parte de aquello.

.

.

.

La elegancia era parte de esos pasos dados, y la imponencia estaba presente en aquella criatura, pero, lo más importante es a donde se dirigía su mirada, esos ojos severos estaban clavados en dos figuras que caminaban sin ser conscientes de su presencia, sin duda era una de las habilidades propias de su persona, el ocultar su aroma, así como su energía, de modo que ni siquiera podían notarlo, y a eso añadámosle la capacidad de sus sentidos más agudos posibles en un demonio.

- Kagome, con que ese es su nombre – Y pensar que su curiosidad la trajo hasta este punto, mira que jamás imagino que este hecho se suscitaría – Quien lo hubiera pensado.

Aquella chica llevaba un collar alrededor de su cuello, casi podía jurar que para evitar que su aroma fuese asimilado por los sentidos de cualquier Youkai, puede que eso funcionase perfectamente, pero ella no era como el resto, su olfato aun podía sentirlo aunque muy levemente, si, no había duda de que aquella humana estuviese esperando al cachorro de un demonio perro.

La pregunta es….. ¿De quién? Al mirar hacia aquella aldea podía sentir el aroma de un Inu Hanyou.

- No, es poco probable – La energía que emanaba de ese cachorro en formación era más grande de lo normal, desde un principio eso fue lo que le llamo la atención, esa energía era diferente, una que nunca había sentido, sin duda el padre debía ser un demonio completo.

Se concentró profundamente, sentir energía era una de sus habilidades innatas, pero, ¿a quien se parecía esa energía?, descubrir eso era la prioridad, y aquel molesto collar alrededor del cuello de la chica no le facilitaba el trabajo.

- ¿Sesshoumaru? – Abrió los ojos con sorpresa, ¿podría ser acaso que realmente aquel demonio se emparejara con un ser de vida efímera? No tenía respuesta de todos modos, se concentró una vez más y lo siguiente que descubrió sí que la impresiono más de lo debido – Esa chica es una Miko.

La observo por unos minutos más, si llevaba aquel collar, es obvio que lo estaban ocultando, tal vez para evitar los peligros a los que estaba propensa la mujer humana.

- ¿En que estaba pensando Sesshoumaru? Esto solo traerá problemas para el Oeste – Un youkai y una sacerdotisa, poderes que se repelen entre sí, la corte Youkai no estaría nada contento, además el hecho de que la fortaleza del Oeste tuviese como un heredero a un Hanyou era solo un hecho imposible, y ese solo es el principio de los problemas… ¿Quién lo hubiese imaginado? Cualquiera que lo conociese dudaría siquiera de sus propios sentidos que indicaban que indudablemente Sesshoumaru iba a tener un cachorro con una sacerdotisa, y aun así ella misma solo podía pensar en que terminarían esos dos seres opuestos porque así lo dispuso la naturaleza.

CONTINUARA…..