La joven posadera se encargó de llevar a Otoya y Ranmaru a la habitación que Ren reservó para ellos y que al parecer no estaba muy cerca de donde la pareja de tórtolos pasaría su romántica velada. El peliplata daba las gracias por este hecho, pues era más que obvio que en esa habitación pasarían muchas cosas y estaba seguro de que dentro de ellas un sueño reparador no estaba en la lista. Por lo que definitivamente Kurosaki daba las gracias de estar lejos de sus kohais a cargos, así no escucharía ni el más mínimo sonido tras las paredes de donde estos pasarían la noche.
Mientras el peliblanco se alegraba por estar lejos de su kohai, el chico pelirrojo apretaba fuertemente el rosario que traía siempre en su cuello, pidiendo a Dios porque Ren haya pedido habitaciones separadas. No se imagina compartiendo con Kurosaki, de hecho, la simple idea le hacía temblar de miedo. Sin embargo, la suerte esta vez no quiso ser amiga del chico, ambos fueron llevados a una habitación para dos personas. Otoya no podía sentirse más decepcionado y aterrado a la vez, pensó que su amigo tendría alguna consideración especial para él, no obstante, aquello no fue así y ahora tendría que pasar la noche con su terrorífico senpai.
Cuando la joven abrió la puerta del cuarto la sorpresa se dueño de los rostros de ambos jóvenes. La habitación contaba con dos ambientes, lo que fue un alivio para Otoya, sus plegarias fueron escuchadas y no se vería obligado a compartir más de lo necesario con el albino. Y lo que más entusiasmo a los cantantes fue que al fondo tras el gran ventanal se apreciaba unas aguas termales y que al parecer eran exclusivas para ellos.
-Ese bastardo de Ren, sí que sabe hacer las cosas. Así ya no me puedo quejar- exclamaba el peliplata sonriendo contento. Basto ver aquellas humeantes aguas para que el malhumor de este se disipara por completo.
- ¡Waooo! ¡Qué lindo lugar! - exclamó el menor corriendo hacia el ventanal y apreciar aquel maravilloso onsen- ¡Estoy impresionado! No esperaba que Ren nos trajera a un lugar así. Y además es la primera vez que estoy en una posada. - añadió eufórico, sobresaltándose al sentir el brazo de Ranmaru rodear su cuello.
- ¡Vamos a divertirnos entonces! Esto me ha puesto de buen humor. - realmente se oía entusiasmado el bajista. Otoya lo observo y suspiro con alivio, se sentía capaz de estar al lado de su senpai si este se encontraba de buenas, únicamente tenía que asegurarse de no hacerlo enojar y todo estaría bien - ¡Señorita! Traigamos el mejor Sake tenga y la mejor carne de barbacoa. - Pidió el hombre, a lo que la chica se limitó a asentir con una reverencia y retirarse cuanto antes- ¡No desperdiciare esta oportunidad! Siempre he querido comer una deliciosa barbacoa en las aguas termales.
El peliplata se había liberado ante la expectativa de cumplir una de sus fantasías de juventud, algo que por sus miles de obligaciones nunca pudo realizar y ahora su tonto kohai le daba la oportunidad, si cada cumpleaños de Masato sería así, no le molestaría volver a echarle una mano el próximo año.
Otoya no podía creer lo que ante sus ojos pasaba, el albino pasó de ser el roquero gruñón de siempre a un niño con un juguete nuevo. Estaba más que seguro que todo lo que viera esta noche no debía contarlo si quería seguir con vida, por lo que el joven se limitó a observar en silencio y no hacer cosas que le regresaran el mal humor a su senpai.
-Me imagino lo que debes estar pensando -hablo quien se hallaba en los pensamientos del joven cantante- Lo tienes escrito en toda la cara. Y déjame decirte que llevo años de no tener unas tranquilas vacaciones. Y todos los viajes en grupo son un fastidio con el tonto de Reiji y el insoportable de Camus. Así que esto es el paraíso.
Ittoki no pensó que su expresión revelara sus pensamientos y gracias al cielo el mayor no se molestó por ello, parece que realmente estaba feliz y nada le amargaría su estadía en la posada. Así que el pelirrojo al fin se relajó por completo, esta noche no sería tan terrible como creyó en un comienzo, tal vez hasta y pueda entablar una amistosa relación con su superior, claro en el mejor de los casos.
-Bueno, te dejaré a cargo de recibir las cosas, yo iré a prepararme para un baño. - le pidió y se fue al cuarto interior, el cual se podía deducir que era la habitación.
En cuanto quedó solo el pelirrojo tomó asiento frente la mesa, acomodándose en aquel mullido cojín. Tomó su móvil y envió un mensaje al resto de los chicos informándoles de la situación y que no regresarían hasta el día siguiente. No quería preocuparlos y estaba seguro de que Ren no les avisaría de nada, ya que estaba con su amado Masato y cuando eso ocurría el resto del mundo se volvía nada para este.
(...)
El menor no se movió del lado de la mesa, solo se limitaba a observar a su senpai que ya se había sumergido en las aguas y disfrutaba enormemente de estas, relajándose de pies a cabeza, mientras que el pelirrojo debía esperar por el pedido que su superior había hecho. Cómo había dicho era la primera vez que estaba en un onsen y el entusiasmo no se hacía esperar en el pelirrojo. Sin embargo, esperaría porque el albino se saliera de estas antes de entrar o tal vez lo hiciera al día siguiente ya que tendría tiempo de sobra para ello.
Para Otoya, Ranmaru-senpai ya no parecía tan gruñón como hacía creer, aunque sonara raro y nadie lo creyera, se veía bastante amigable. Lo que era muy ingenuo por parte del pelirrojo, pues el mayor solo estaba actuando así por la ocasión. De todas formas, Ittoki se sentía más tranquilo. El chico recorrió la habitación con la mirada, disfrutando de la decoración tan tradicional que en esta se apreciaba. Debía de confesarlo, desconocía el nombre de algunas cosas, pero no le dio más vueltas al asunto ya podría preguntarle a Masa otro día, seguro que él si lo sabía.
Un suave golpeteo en la puerta sacó al pelirrojo de sus cavilaciones y la voz de la joven posadera se anunció avisando que traían el pedido que hizo Ranmaru, el cual la joven se encargó de dejar en la mesa antes de retirarse.
-Ittoki-sama, si desea algo más, no dude en llamarnos por el citófono- dijo la joven antes de disponerse a salir del cuarto.
-Muchas gracias, pero no se preocupe. Ya han hecho suficiente con dejarnos entrar fuera de horario. No le daremos más molestias.
-Entonces me retiro. Disfruten de su estancia en nuestra posada.
En cuanto la chica se marchó, Otoya se dirigió hacia el ventanal para informar a su senpai que el tan ansiado pedido había llegado. Suspiro con pesar al ver la cantidad de cosas que habían traído, este hombre iba en serio con lo de dejar a Ren en quiebra.
-Ranmaru-senpai, ya han traído el sake y la barbacoa. - aviso al mayor que estaba a ojos cerrados disfrutando de las termas. - Si quieres puedo comenzar a asar la carne.
-Sería genial, te lo encargo. Yo saldré en un momento. - dijo sin ápice de moverse aún, lo que no molesto a Otoya. Mientras menos tiempo juntos mejor.
El chico dispuso todo en la mesa y colocó las piezas de carne sobre la plancha. El olor de la res despertó su apetito, lo sentía por su senpai, pero no esperaría para comer. Cuando los primeros trozos de carne estuvieron listos los puso en su plato y degustó lo jugosa de esta, había pasado tiempo desde la última vez que disfruto del sabor de la carne.
No pasó mucho y el mayor llego a la sala, aquel delicioso olor fue suficiente para llamarlo. Tomo lugar frente al pelirrojo y se sirvió un plato de jugosa carne. El albino no había reparado en cómo se puso la yukata, cosa que no pasó desapercibida por el guitarrista, pero este ni loco le diría que traía mal puesta la ropa, además que el mayor se veía tan contento comiendo que arruinar ese estado de ánimo sería un pecado. Quien viera como ahora se encontraba disfrutando el albino después de lo molesto que estaba con Ren por haberlo arrastrado hasta aquí... Pero el pelirrojo no era un tonto para mencionarlo.
-Esto esta delicioso, gracias a Ren tengo mucha hambre. - se notaba que le gustaba mucho la carne, tanto que Otoya se preguntaba cómo podía comer tanto. - No seas tímido, come más. Los niños deben alimentarse bien. -dijo poniendo más carne en el plato del pelirrojo.
-Eeh… pero... -no alcanzo a negarse y el pelirrojo ya tenía su plato con más carne de la que se sentía capaz de comer - Gracias, senpai.
-Y esto es para mí, aun no tienes edad para beber. - Dijo tomando la botella de sake y se sirvió un poco. -Este sake está buenísimo tendré que pedir otra botella luego.
Ittoki no se sentía capaz de hablar, la comida no le entraba en provecho y no solo por temer enojar al mayor, le molestaba que este le tratara continuamente como un niño, pues era lo que más le decía una vez que el alcohol se le subió a la cabeza, sin embargo, no estaba ebrio por completo. El albino ponía más comida en el plato de su kohai, reiterándole que debía consumir las proteínas necesarias para su crecimiento. Cosa que cada vez molestaba más al pelirrojo, pues el rockero le miraba en menos al tratarlo como a un niño. ¡Ya era mayor de edad y podía hacer las mismas cosas que él! Enojado se inclinó hasta alcanzar la botella de sake de Ranmaru y decidido bebió directamente de esta.
- ¡Aaaah! - exclamó al sentir el ardor del alcohol por su garganta, era su primera experiencia al beber y no había estado tan mal.
-Vaya, tienes agallas. El líder de Starish no es tan delicado como parece. -se mofó Kurosaki, al ver lo mal bebedor que era el muchacho, pues eso estaba claro al ver como arrugaba su cara tras el primer trago.
- ¡Claro que no! -exclamo y volvió a tomar otro poco, realmente la sensación del licor bajando por su garganta era algo a lo que no estaba acostumbrado, pero no le desagradó por completo. - Soy un chico no tengo porqué ser delicado. Te la has pasado menospreciándome todo este tiempo.
Las mejillas de Otoya estaban tomando un color similar al de su cabello, pero la causa no era vergüenza como se supondría en una situación normal, sino el alcohol que había tomado, ya que al ser bebedor primerizo no sabía que si bebía de tanto a la vez apresuraba el efecto de este sobre su organismo.
-Y no solo delicado, parece ser que también eres intolerante al alcohol. No me culpes si tienes resaca mañana.
- ¿Porque senpai es así? -pregunto, el mayor aún seguía tratándolo como a un niño-Siempre molesto con todos. ¿Sabes lo intimidados que se sienten los demás? Senpai no debería ser así.
- ¡Oh! Y también tienes el valor de criticarme- y lo que más se temía esa noche ocurrió, las cejas del peliplata se juntaron en un gesto bastante molesto- Mira mocoso como yo sea no es asunto tuyo.
-¡Que no soy un niño!-repitió con su ego dolido- Ya soy un adulto.
-Claro que eres un niño, mira cómo estás con unos cuantos tragos de sake. - refutó el cantante de Quarter Night.
-Es solo porque no estoy acostumbrado.
-No tiene sentido que me ponga a discutir con un niño borracho. - dijo antes de disponerse a ignorar al menor, si quería disfrutar de este descanso no perdería su humor con el chico, que estaba más que claro que solo actuaba así por la influencia del alcohol, ya mañana volvería a ser el mismo chico alegre de siempre. Así que Kurosaki decidió que lo mejor sería ignorarlo. Actitud que molesto a Otoya que otra vez bebió sake directamente de la botella, sin embargo, esta vez no solo fue un trago, parecía que el joven quería beberse todo el contenido de una vez. El licor caía por las comisuras de sus labios al beber torpemente. El peliblanco rápidamente arrebato la botella de sus manos, antes que ese estúpido niño se emborrachara completamente, y él no quería ser niñera de nadie.
-Senpai dámela, tú ya tomaste suficiente. - el pelirrojo manoteaba para quitarle la botella, pero su equilibrio ya no era el mejor de todos, que en un intento de inclinarse en la mesa puso la mano en su plato resbalándose antes de siquiera darse cuenta y poder afirmarse para no caer sobre la mesa, gracias al cielo no había mucho sobre esta.
-No más alcohol para ti. Y no se discute. - sentencio, ahora Ren le echaría la culpa por el estado del pelirrojo que de seguro amanecía con una resaca del tamaño del mundo.
-Pero senpai… - el chico se quedó echado sobre la mesa y acuno su cabeza entre sus brazos. Traicioneras lagrimas se habían formado en sus ojos, lo que hizo sudar frio, al contrario. Lo que le faltaba, que ese borracho hiciera una escenita como un crio- ¿Porque me tratas así? Yo solo quiero llevarme bien contigo, pero tu solo te enojas. Y me dices niño, niño, todo el tiempo. - miro al albino con tristeza y lágrimas aglomerándose en sus ojos- Ya soy del mundo adulto, lo que tú haces también lo puedo hacer yo.
Ranmaru trajo seco, llevo una de sus manos hasta su frente sin poder creer el estúpido pensamiento que se había cruzado por su mente. ¡Otoya no se veía lindo! Era un chico, no podía pensar que este se veía lindo. Sin embargo, verlo con aquella expresión conmovió algo en el peliblanco, a lo que se convenció en pensar que el alcohol ya estaba haciendo efecto en él. Lo mejor era terminar con este pequeño festejo antes de que pensara alguna otra estupidez.
-Bien te entiendo, -le dio la razón, aquello era lo mejor para tratar con ebrios- No lo hare más, pero ahora es mejor que te vayas a dormir.
-No quiero. -el chico se incorporó de su sitio y a gatas rodeo la mesa hasta llegar donde su senpai. -Voy a demostrar a Ranmaru-senpai que también soy un adulto.
El roquero miro confundido el actuar del pelirrojo, sin esperarlo y mucho menos haberlo sospechado los labios de Otoya se posaron sobre los suyos. Sus ojos se agrandaron ante lo que estaba sucediendo, pudo haber esperado cualquier cosa menos esa. No podía creer que el pelirrojo le estuviera besando. Al parecer el alcohol había sacado a relucir una nueva faceta en la personalidad de Otoya. No obstante, el peliblanco fue incapaz de reaccionar, mucha fue la impresión como para hacer algo al respecto. El ojirojo se aferró al cuello del mayor y atrevidamente lamio sus labios buscando introducir su lengua dentro de la boca de Ranmaru. Este al sentir el peligro, al fin fue capaz de recuperar la compostura, como el mayor de los dos y el más cuerdo debía ponerle fin a la situación. Tomo los brazos de Ittoki deshaciendo el abrazo en el que este le tenía envuelto y puso distancia entre ellos.
- ¿No te gustó? - pregunto triste, ni siquiera de esta forma era capaz de demostrarle a su senpai que realmente es un adulto, pero eso no lo haría darse por vencido. Volvió a acercase al mayor y le sujeto de la manga del yukata - ¿Soy tan malo?
-No es eso- respondió por mero reflejo, aquellos ojos suplicantes le jugaron una mala pasada. No podía que creer que estuviera cayendo en el juego del borracho cantante.
- ¿Entonces por qué me apartas? -. insistió el muchacho reafirmando el agarre sobre la tela entre sus dedos - Dame otra oportunidad está vez lo haré mejor.
Un Otoya que nadie conocía se hallaba frente a Kurosaki, el líder el grupo juvenil más popular del momento, mostraba una expresión llena de súplica, donde sus mejillas sonrojadas se encargaban de dar el toque al cuadro que ante los ojos del peliplata parecía tentador. Y en ese momento en el interior del mayor algo se rompió, seguramente su sentido común. No podía negarlo, en este momento se sentía muy atraído por ese pelirrojo. Sin preámbulo alguno, agarro la botella de la mesa y tomó una gran bocanada de sake, deseando quedar lo suficientemente borracho para no recordar nada por la mañana, estaba a punto de hacer algo que jamás de imagino.
- ¿Y cómo lo harías mejor? -inquirió lanzando la botella lejos- Aunque seas un adulto, seguro que eres un virgen sin experiencia.
-Eso es cierto, pero aun así puedo hacerlo bien. - se defendió el menor ante las orgullosas palabras de su superior.
El alcohol estaba haciendo de las suyas entre ambos chicos, pero en quien más se podía apreciar su influencia era en el pelirrojo, quien había perdido todo sentido de la timidez, es más se había vuelto atrevido, completamente convencido en demostrar lo adulto que era. En cambio, el mayor solo se estaba dejando llevar por la situación y sobre todo por un incontrolable deseo hacia el pelirrojo, y aunque era completamente consiente de sus actos quería culpar al alcohol por estos. Ranmaru observo fijamente al pelirrojo, esperando por sus acciones. Sabía muy bien que provocarlo lo llevaría a cruzar una línea que no debía o se arrepentiría de ello más tarde, pero aun así no era capaz de detenerse, se sentía excitado por Ittoki.
Y lo que paso a continuación fue algo completamente inesperado por Kurosaki, el pelirrojo se inclinó lo suficientemente para quedar a una peligrosa altura, demasiada para el albino. Ese niño no sería capaz de tanto, ¿No? ¿Realmente era el licor que le hacía comportarse así? El mayor se cuestionaba una y otra vez, pero Otoya no le dio tiempo de encontrar una respuesta, pues nuevamente sorprendió al senpai, al meter mano entre su yukata. Ranmaru se estremeció al sentir las manos de Otoya acariciar su miembro y lentamente el menor dio inicio a una suave fricción en la longitud de su glande, poco a poco fue masturbándole más rápido. El mayor se dejaba hacer por el pelirrojo, veía como este se concentraba en la tarea de masajear su miembro, pero eso no bastaba para el guitarrista que bajo la influencia del alcohol estaba decidido a demostrarle a su senpai que era un adulto. Lentamente acercó su rostro a la ingle de Kurosaki y con su lengua probó el líquido que emanaba de la punta de su pene, era tibio y sin sabor. O tal vez su embriagues le hacía percibirlo de aquella manera. Confiado continuo con lo que se había propuesto; con su lengua acariciaba la cabeza del falo de su senpai que de apoco comenzaba a erguirse ante la excitación. Otoya introdujo la punta del pene en su boca y lo succiono con fuerza, logrando que el mayor gimiera ante ello. Alentado por eso, volvió a hacerlo unas veces más.
Ranmaru luchaba contra la razón y el placer, una parte de él, le pedía a gritos que detuviera al menor, porque sabía que nada de esto estaba bien, pero el placer que el chico pelirrojo le hacía sentir mandaba a volar aquellos pensamientos. Y aunque quisiera detenerlo ya era muy tarde para eso, porque lo estaba disfrutando, ya no se creía capaz de detenerse.
Mientras el albino mantenía una lucha interior con su conciencia. Otoya seguía atendiendo su erecto falo. Sintiéndose confiado en que lo que hacía iba por buen camino, comenzó a repartir lamidas por el tronco de la hombría de su senpai. Su lengua recorría desde la base a la punta, donde su saliva se mezclaba con el presemen que emanaba. Aquel juego húmedo continuo por unos minutos más, los que fueron deleitantes para el albino. Otoya tomo con firmeza su pene desde la base y volvió a introducirlo en su boca, sin embargo, no como la vez anterior, ahora engullo lo más que pudo de ese miembro en su boca, lo que estremeció lo suficiente a Ranmaru para hacerlo echar la cabeza hacia atrás intentando controlar el deseo de golpear fuertemente la garganta del muchacho. Hace cuánto tiempo no se había sentido tan bien, su maldito trabajo le había privado de aquellos placeres de la vida. Y ese mocoso lo hacía tan bien que no podía resistirse.
El chico de ojos rojos, no se daba cuenta que sus acciones solo aumentaban la excitación de su senpai que a duras penas se mantenía calmo. Con insistencia movía su cabeza en un vaivén que deleitaba a Kurosaki, que sentía la calidez de la boca de Otoya apretar su miembro deliciosamente. No tardó mucho en sentir como el orgasmo haría su llegada si el chico continuaba chupando su pene de esa manera.
-Apártate...- dijo, siendo ignorado por Ittoki que siguió chupando su glande con ahínco. ¡Ese niño lo iba a volver loco! Al sentir como iba a venirse sujeto al chico de sus cabellos y bruscamente le jalo hacia atrás. No sería tan canalla como para eyacular en su boca. Logró apartar a Otoya a tiempo, sin embargo, su semen chorreo en el rostro del menor. -Mocoso, te dije que lo dejaras.
Aquellas palabras tocaron el orgullo del pelirrojo que lo único que buscaba era la aceptación de su senpai. Pero éste insistía en decirle que era un niño. Molesto empujó a su superior dejándolo de espaldas sobre el piso y se sentó a horcajadas sobre él, sin ser consciente del líquido que ensuciaba su cara.
-Senpai yo no soy un niño. Ya puedo beber y tener sexo.
Esa frase bastó para mandar por los aires el poco control que mantenía a Ranmaru cuerdo. Otoya lo había seducido de una forma en la que no era capaz de negarse.
-Tú te lo has buscado, no me culpes después.
(...)
En ese cuarto solo se podían apreciar gemidos y jadeos haciendo eco en entre esas cuatro paredes. Ambos cantantes se habían dejado llevar por el placer. Ranmaru quien era el más consciente de sus actos, hace mucho decidió ignorar a su conciencia y disfrutar del momento. Y cuando todo culminara, el responsable de aquel acto carnal no sería nada más que el licor.
Otoya se hallaba de rodillas en el piso apenas podía sostenerse firme, sus brazos cedían ante la violencia con la que Ranmaru golpeaba sus caderas, metiendo su miembro profundamente en su interior. Una de las cosas que hacían perder aún más la razón al pelirrojo. Era la primera vez del chico, pero por las circunstancias y por sobre todo aquella intolerancia que no sabía que poseía, estaba disfrutando de un sexo desenfrenado con su senpai. Algo que ninguno de los dos nunca hubiera imaginado que ocurriría.
- ¡Aah! ¡Senpai! Más … Más, más profundo. - el alcohol había sacado el lado más desvergonzado de Otoya, que fascinado recibía al mayor en su interior. - Aaahh..., Tu pene… se siente tan bien.
-Deja de decir esas cosas. Sólo haces que me excite más-reprocho el albino. Sin detenerse en su tarea.
-No importa senpai, hazme lo que quieras. - Fue la respuesta del joven pelirrojo, que se hallaba tan excitado como el mayor.
Las palabras de Otoya solo alentaron al albino a penetrarlo con más insistencia. Ayudándose con sus manos, extendió aún más el agujero del pelirrojo logrando que su virilidad entrara en su totalidad su ano. Se entretuvo por un tiempo, sacando su pene por completo para luego meterlo de golpe. Causando así que la sustancia blanquecina que se había acumulado en el pelirrojo empezara a escurrirse por su ano, y aquella vista bastó para que volviese a venirse dentro del chico.
-¡Aaahh! -Gimió fuertemente Otoya al sentir como la esencia del mayor fluía dentro de él- Se siente tan bien... senpai, tu semen es tan caliente. Me gusta…- logro decir entre jadeos.
Ranmaru agotado se retiró del chico el cual solo dejó caer su rostro sobre el piso manteniendo sus caderas levantadas. Ambos intentaban recuperar el aliento. Del pene de Otoya, el líquido blanquecino manchaba el piso y a este se le unían los del albino que destilaban del ano del menor que se hallaba abierto tras tantas veces que fue le recibió. Y ver aquello solo volvía a excitar al cantante de Quarter Night, que comenzó a masturbar su propio falo que al poco tiempo se erguía nuevamente. La lujuria se desato por completo en Kurosaki, que no podía creer lo mucho que estaba disfrutando del sexo con un hombre y con un chico como el pelirrojo. Pero ahí estaba, disfrutando de hacerlo una y otra vez con el joven de Starish, que gracias al alcohol estaba dispuesto a continuar con aquel acto lujurioso. El peliplata tomo al pelirrojo de las caderas y le trajo hacia sí, haciendo que este se sentará sobre él, entrando en su interior una última vez.
- ¿A Ranmaru-senpai … le gusta tener sexo conmigo? -cuestionó el pelirrojo, girando su rostro para mirarle. Los ojos de este se hallaban vidriosos y el rastro de pequeñas lagrimas decoraba sus pómulos sonrojados. Su respiración agitada y jadeante, causaba que de los labios del muchacho deleitantes gemidos se hicieran escuchar en el oído del albino, al que cada vez Otoya le parecía más provocativo y erótico, algo peligrosamente tentador para Ranmaru que no pudo controlar el impulso de besarlo y saborear por completo su boca.
Sin dejar de golpear profundamente en el interior del muchacho, sujeto sus piernas extendiéndolas lo suficiente para recargar todo el peso de Ittoki en su cuerpo. El albino se deleitaba en como por completo su pene se deslizaba con tanta facilidad en aquel canal, que le había llevado al éxtasis en más de una ocasión.
-Senpai… Aaahh, voy a …. ¡Ya no puedo! - el chico arqueo su espalda reposando su cabeza en el hombro del roquero - Me vengooo … ¡Aaah! ¡Ahhh!
El palpitar en el ano del chico tras su orgasmo llevó al albino al propio. Su respiración estaba agitada por el acto sexual que habían consumado. Sin moverse intentó recobrar el aliento. Ambos relajaron sus cuerpos dejándose caer en el piso de tatami. Por la mente de Ranmaru miles de pensamientos se aglomeraban, los cuales iniciaban con la culpa y el arrepentimiento, y terminaban en la euforia de haber tenido el mejor sexo de su vida. Ahora entendía porque Ren y Masato apenas podían contenerse. Nunca creyó que coger con un chico sería tan placentero, sin mencionar que Otoya fue tan atrevido con su cuerpo que solo lo provocaba más y más. ¡Rayos! Se comporto como si fuera un adolescente en celo ante sus juegos provocativos… Pero fue el alcohol, todo paso por el alcohol. Con todas sus fuerzas Kurosaki deseo que el chico no recordara nada a la mañana siguiente.
(...)
El dolor de cabeza era medianamente soportable para Ranmaru, que acababa de despertar. La resaca no se ensaño lo suficiente con él como para ayudarlo a olvidar lo ocurrido unas cuantas horas atrás. Sentado en el piso observada su propia desnudez y a su lado al menor que se hallaba durmiendo en las mismas condiciones. Completamente lucido se levantó y se dirigió al baño, considerando como diablos enfrentaría la situación. No se sentía capaz de ver al pelirrojo a la cara, y eso que fue este quien lo provoco, pero como adulto debió ser responsable y no dejarse llevar. Si el resto de Starish se enteraba se seguro armaría un gran lio. Solo le queda esperar a que el pelirrojo no recordara nada de lo que ocurrió, y si no que simplemente guardara silencio.
Entro a la ducha y se bañó rápido, aunque no tenía trabajo temprano debía cumplir con una entrevista por la tarde. Se vistió con lo mismo del día anterior, pues no preparo ropa adicional. Al salir de la habitación, Otoya un yacía aun durmiendo en el suelo. Aprecio su cuerpo y la culpa nuevamente martillo en su cabeza. No solo había profanado el cuerpo del menor, si no que fue tan agresivo con él, que manchas moráceas se apreciaban en su piel. Se regaño mentalmente por no haber mantenido el control, por más que en su acto de estupidez el pelirrojo le pareciera sensual y atractivo, nunca debió ponerle un dedo encima y mucho menos haberle permitido a este ir más lejos sabiendo que Otoya estaba ebrio. Fue un maldito irresponsable.
Con delicadeza y cuidado de no despertar a Ittoki, el albino le levanto y lo llevo hasta la cama donde lo recostó. Nuevamente ingreso al baño en búsqueda de una toalla húmeda, al regresar a su lado comenzó a asearlo en los lugares visibles, una vez que limpio a Otoya, se encamino al closet de la habitación y saco un yukata para vestirlo con ella. Era lo menos que podía hacer después de todo, luego tendría que buscar la forma de disculparse con él.
El peliblanco, cubrió a Otoya con las mantas antes de hacer abandono de la habitación. Se sentía aun peor al irse, así como así, le hacía sentir que solo utilizó al chico para satisfacer sus bajos instintos y si lo pensaba bien realmente así fue, no era algo diferente considerando la forma en la que se aprovechó de la situación. ¡Maldición, así no podría estar tranquilo! Aunque lo pensara una y otra vez, ya no podía hacer nada ¡Lo hecho, hecho esta! Y debía aceptarlo y tomar la responsabilidad como el adulto que es.
Molesto consigo mismo, fue a la recepción de la posada donde pidió que le llamaran un taxi y le informaran en que habitación se alojaba Ren, debía entregarle las llaves del furgón antes de irse, pues no pensaba conducir con la resaca que tenía. Ya sabiendo el numero de la habitación, se dirigió rápidamente a ella. Ni se molestó en tocar, solo tomo el pomo de la puerta y la abrió, agradeciendo que no le hayan puesto llave, pues así solo dejaría las llaves en la mesa y se iría sin despertarlos. Sin embargo, sus intenciones se vieron arruinadas al encontrarlos despiertos en una comprometedora situación, que solo le recordó todo lo que había hecho por la noche con el líder de Starish.
- ¡Senpai! - exclamó Masato, buscando desesperadamente como cubrirse.
- ¿Ran-chan? - cuestión el pelinaranja, observándolo confundido- ¿Qué paso?
- ¡Maldición! ¡¿Es que no duermen?! - inquirió con ironía, no era la primera vez que los sorprendía en el acto, por lo que ni se sintió avergonzado por haber entrado sin tocar. No era nuevo para él ver como sus kohai se daban amor- Como sea, yo ya me voy. Así que ten tus llaves. – Lanzo el objeto con gran agilidad a las manos de Ren.
-Pero, si te dije que podías llevarte el furgón.
-No estoy en condiciones de conducir, me iré en taxi.
-Está bien, gracias entonces.
-Adiós y pon el cerrojo, imbécil- cerró la puerta y se dirigió a la recepción a esperar por su trasporte.
La "Locura de amor" que supuestamente seria mágica solo termino bien para los protagonistas de esta que disfrutaron de cada momento juntos, en cambio Kurosaki solo quería volver el tiempo atrás, porque definitivamente este día no sería olvidado por el de cabellos blancos, que cometió una de las barbaridades más grande de su vida y por la que se sentía arrepentido, sin duda tomaría la responsabilidad por lo que había hecho al pelirrojo. Y la próxima vez el alcohol no estaría de por medio.
