Bleach no me pertenece es propiedad de Tite Kubo, yo sólo tomo prestado a los personajes para fines de esta historia.
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Capítulo 2. Insano.
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"Escapa de cualquier cosa excepto de tu propia oscuridad".
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Le gustaban los cuchillos mucho más que las armas porque eran livianas y silenciosas. Un arma requería un mejor escondite que un cuchillo o una navaja, además una pistola emitía un estridente y delator sonido durante el disparo, Ichigo no podía darse el lujo de verse descubierto por un descuido tan idiota como ese.
Sin embargo los sollozos que se elevaban exponencialmente en el aire le hacían competencia a cualquier arma que pudiese disparar. Volvió la cabeza para mirar por sobre su hombro encontrando en la esquina izquierda de aquel callejón al pequeño bulto tembloroso.
—No te preocupes, este imbécil pagará —Ichigo amortiguó su voz tratando de mantenerla en un susurro lo suficientemente alto para que la niña que se escondía en el rincón lo escuchara—. Basuras como éstas reciben el castigo que merecen. Deja de llorar y no permitas que el recuerdo de este tipo se apodere de tu mente… muy pronto estará muerto.
—Suéltame bastardo ¿Qué crees que haces? —Se quejó el hombre que Ichigo sostenía contra la pared en un apretado agarre del cuello de su camisa—. ¡Estás enfermo!
Los labios del pelinaranja se torcieron inevitablemente ante la cuestión. Las preguntas estúpidas de las sucias criaturas ante la obviedad de la situación siempre le causaron gracia y lástima. Sin embargo el apelativo de su sanidad mental le irritaba más que cualquier otra cosa.
— ¿Enfermo? Si lo que dices es cierto ¿Cómo le llamas al hecho de violar a una niña? —Escupió de vuelta Kurosaki acercando más su rostro al desagradable sujeto que tenía en sus manos—. Vi tu cara de satisfacción cuando la penetrabas, gozaste de los gritos de dolor y el llanto mientras te pedía que te detuvieras.
— ¡No sabes de lo que hablas!
— ¿Y acaso te detuviste? —Ichigo ignoró sus palabras que alegaban demencia—. Incluso tuviste la osadía de cerrarle la boca mientras alcanzabas el orgasmo y te venías en su interior… dime entonces ¿Quién es el enfermo?
El pelinaranja liberó una de sus manos del agarre para rebuscar algo en el interior de su camisa, la acción provocó una gutural exhalación por parte del sujeto. Opacando la dicha momentánea del hombre, un objeto se acercó peligrosamente a su garganta; la hoja metálica emitió un ligero destello en la poca luz de esa tarde.
Los oscuros ojos del extraño se petrificaron ante la visión de su destino y forcejeó inútilmente cuando el filo recorrió su piel y le provocó una leve irritación en la carne expuesta, demasiado cerca de su manzana de Adán.
— ¿Te pareció divertido? —habló de nuevo Kurosaki con la voz oscurecida. Sus ojos centellaron cuando reconocieron el temor en su víctima—. Nuestras acciones y decisiones tienen consecuencias ¿estás dispuesto a pagar el precio por tu placer a costa de un niño?
—Voy a gritar ahora mismo si no me sueltas ¡maldito loco! —amenazó el hombre.
—Por supuesto que lo harás. —Auguró Ichigo con la oscura promesa flotando en el aire.
Sin darle tiempo a nada más, incrustó la navaja en la garganta del hombre cortándole la yugular. El único sonido que se escuchó entonces fue el gorgoteo repugnante del líquido que se atoraba en su garganta cuando comenzaba a ahogarse con su propia sangre. El pelinaranja sin embargo no retiró el agarre del pobre infeliz sino que lo sujetó con firmeza a la sucia y desgastada pared, quizá no fuese la mejor vista pero al menos Ichigo tuvo la breve satisfacción de que el bastardo entraba en desesperación.
Pero supo que no era suficiente.
Aventurándose hacia abajo, levantó la camisa del sujeto y colocando delicadamente la hoja del arma rasgó la piel de arriba hacia abajo en un lento y agonizante movimiento de descenso, más gorgoteos inundaron el aire y el liquido carmín escapó de la boca abierta del tipo. El corte profundo que tocó las entrañas del depravado.
— ¿Es suficiente ahora? —Kurosaki se deleitó con la vista de la carne abierta.
La respuesta no llegaría y eso lo sabía Ichigo.
"Puedes hacer algo mejor que eso Ichigo". La voz en su cabeza le recordó.
El pelinaranja asintió en comprensión a lo que su mente le estaba pidiendo. Una última estocada se dirigió directamente hacia abajo e incrustó la filosa hoja en los genitales del hombre, quien se estremeció de dolor -aún más si es que eso era posible- Ichigo retorció la navaja una y otra vez en el área hasta que sintió las fuerzas del extraño flaquear, cualquier movimiento se detuvo y Kurosaki dejó caer el cuerpo flácido al suelo.
—Ahora lo es. —declaró mirando con repugnancia el cascaron vacío a un lado de sus pies. Los sollozos menguaron en intensidad y el silencio se prolongó—. Vete. —Enfocó su oscura mirada hacia la niña.
Podía sentir su presencia arrugada en algún lugar.
Estupefacta ante lo que acaba de presenciar se echó hacia atrás con cuidado y evitó mirar al cuerpo junto al hombre de fulgente cabellera. Con los pies temblorosos se incorporó arreglándose el vestido roto y sucio, trató de encontrar su ropa interior pero el intento fue en vano.
Las imágenes de ese hombre sobre ella tocando su pequeño cuerpo la estremecieron y provocaron que otro sonido ahogado parecido al llanto saliera de su boca, intentó dar un paso y cuando lo hizo el dolor se apoderó de su parte baja; un dolor que casi la hizo caer de nuevo al suelo.
—Yo… señor… usted… —Los pensamientos carecían de sentido para ella sintiéndose incapaz de formular una oración decente.
— ¡Lárgate! —gritó Ichigo de repente.
No la quería cerca y no iba a ayudarla más de lo que ya había hecho por ella. La chiquilla no era asunto suyo después de todo.
El tono elevado la hizo reaccionar de un salto y sin embargo ella no hizo nada por moverse de ahí.
Exasperado Ichigo se alejó de ella y tan pronto como la soledad cayó sobre él las náuseas se instalaron en su estomago haciéndole doblarse para arrojar todo el contenido al suelo. Permaneció así durante unos pocos minutos antes de incorporarse nuevamente, sus brazos abrazaron su propio cuerpo como si tuviese una dolencia física, pero aquella noción erraba por completo con lo que sentía en esos momentos.
"Lo hiciste de nuevo" clamó su consciencia con diversión contenida.
Él no respondió a eso.
"¿Por qué no tomaste la sangre?"
Ichigo negó de nuevo.
—Algo no está bien conmigo —Levantó su cabeza al cielo. La oscuridad se cernía sobre él, sobre la ciudad y sobre cualquier ser viviente en ese planeta—. La lluvia me está ahogando y arrastrando hasta lo más profundo. ¿Cuánto tardaré en sucumbir por completo?
La cuestión quedó suspendida en el aire, hablando para nadie en particular. Ichigo salió de ahí con cautela no sin antes limpiar sus manos en su abrigo y quemar la prenda dentro de un bote de basura al arrojar unos cerillos.
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Nunca debió haber salido de su habitación, la que consideraba como zona segura desde que podía recordar. Agorafóbico, misántropo, loco, antipático, huraño, extraño, enfermo mental… cualquier término era relativo para describir cómo se sentía. ¿Podría situarse en alguna categoría? Odiaba cualquier apelativo hacia su persona y escucharlo de otros con sus voces chillonas lo desquiciaba impulsando el deseo de cortarles la lengua y silenciar sus inútiles balbuceos.
—Idiota.
Sin embargo aquel insulto no le agravó en demasía y la voz le resultó ligeramente tolerable a sus estándares de molestia.
— ¿Qué haces aquí Rukia? —exigió ante la sorpresa de encontrarla frente a su puerta a tan altas horas de la noche.
Ichigo se esforzó por cortar cualquier contacto con ella desde su llamado, su presencia lo alteraba de una u otra forma y se odiaba a sí mismo por aceptar que se sentía atraído por ella.
—Se te cayó esto en la tienda hace una semana —Rukia le enseñó una pluma negra con detalles en color plata y lo instó a tomarlo—. Tenía que regresártelo ya que no fuiste a reclamar por él después y porque me estorbaba seguir cargándolo a todas partes.
Ichigo maldijo su descuido.
— ¿Quién te dio la dirección de mi casa?
—El registro. —mintió Rukia encogiéndose de hombros.
Él la miró con enojo antes de tomar el objeto de sus manos y amagar cerrarle la puerta en la cara ante la imperiosa necesidad de deshacerse de ella, sin embargo justo antes de que Ichigo lograra su cometido Rukia interpuso su mano y empujo de regreso abriendo una pequeña rendija en el umbral.
—Estoy harta de esto. Me has evitado toda la semana como si tuviera una enfermedad contagiosa sólo porque te invité a salir y me rechazaste ¿Qué tan cobarde puedes ser Kurosaki? —Los ojos amatistas de la chica se encendieron con enojo al sentirse humillada por él.
El semblante de Ichigo permaneció estoico y su cuerpo inamovible bloqueándole el paso a su morada. Ahora con mayor razón no la quería en las inmediaciones.
—Vete Rukia, estoy hablando enserio. —bramó Kurosaki con un tono de voz glaciar.
Rukia Kuchiki sostuvo la mirada sin que esos ojos ocres la intimidaran ni siquiera por la altura del joven que tenía frente a ella. Ella no era una perdedora.
—Yo también estoy hablando enserio. ¿Cuál es tu problema Ichigo? ¿Acaso soy un esperpento o te sientes lo suficientemente confiado para rechazar a cualquiera?
Ninguna de las opciones. Pensó Ichigo.
—No —Fue la única respuesta que pensaba darle a ella—. Vuelve a casa. —dio por terminada la charla antes de que algo muy malo sucediera. Sentía que el límite de su paciencia comenzaba a desbordarse.
Ligeramente escuchó a la bestia rugir en el interior de su casa cuando él supo que ella estaba ahí. Era mejor despacharla ahora que tenía oportunidad antes de que se odiara a sí mismo por lo que pudiera hacer.
De nuevo tuvo la intención de cerrar la puerta pero antes de que lograra su cometido ella lo tomó del cuello de la camisa y haló de él hasta bajarlo a su altura para tener acceso a sus labios. Rukia estaba besándolo en ese momento.
Aletargado en un principio no supo cómo reaccionar, el roce de su boca comenzaba a sentirse placentero y el único pensamiento en la mente del pelinaranja era que estaba comenzando a sucumbir ante sus deseos reprimidos.
Lo hizo. Envolvió el brazo alrededor de su cintura y la pegó a su cuerpo con necesidad, ella no protestó al respecto. Rukia lo besó con abandono enrollando sus brazos al cuello de Ichigo y acariciando su nuca con delicadeza, escuchó el gemido ahogado de su satisfacción tras el gesto y eso la complació al saber que no le era indiferente después de todo.
Perdiendo el resto de su cordura, Ichigo la levantó instándola a sostenerse de él y enrollar sus piernas en sus caderas para poder caminar hacia adentro.
No hubo protestas al respecto.
La espalda de Rukia chocó contra el mullido sofá de Ichigo, inclinando la cabeza le dio el espacio suficiente para que él le mordiera ligeramente el cuello y ronroneara ante la sensación de su piel en sus dientes. La humedad de sus besos se esparció por el sendero de su cuello hasta llegar al valle de sus pechos, no hubo palabras al respecto sólo las acciones predominantes en ese momento; el pelinaranja tiró hacia arriba de la blusa de Rukia y liberó de su enclaustro a sus pechos que rogaban atención.
La vista maravillosa de sus pezones erguidos le dio la bienvenida, señal inequívoca de la excitación que sentía por él. Los labios de Ichigo acunaron uno de los montículos y su lengua trazó sobre ellos un suave movimiento que la volvió loca y la hizo retorcerse de placer, un ronroneo involuntario reverberó en la habitación mientras continuaba devorándola.
"Sabía que tarde o temprano sucumbirías a tus propios deseos… Rey". La traicionera mente de Kurosaki comentó rompiendo el momento de placer.
—Cállate. —murmuró Ichigo mientras pasaba al otro pecho desatendido.
—Tendrás que obligarme a cerrar la boca Ichigo. —devolvió Rukia creyendo que aquel imperativo estaba dirigido a ella.
Si tan sólo supiera.
Rukia levantó las caderas para encontrarse con las de Ichigo y se frotó contra él como una insinuación, ella de verdad lo quería dentro en ese momento. ¿A quién engañaba? Le atrajo desde el primer momento en el que lo vio entrar a esa librería donde trabajaba y sin la intención de sonar paranoica, Rukia sabía que él la observaba en secreto mucho antes de que Matsumoto le comentara al respecto. Podía sentir su firme mirada la mayoría de las veces y eso sólo la hizo desearlo aún más.
Recordó las noches en las que se tocaba para complacerse a sí misma imaginando que eran las manos de Ichigo las que recorrían su cuerpo y la hacían remontar el éxtasis de su liberación.
—Te quiero dentro… ahora. —exigió Kuchiki con un gemido.
No quería juegos previos cuando su centro se encontraba húmedo en anticipación a los besos que Ichigo le propinaba.
"La reina espera". Insistió su mente. "Tómala ahora antes de que él la reclame como a los otros".
La idea lo estremeció por completo deteniéndolo en el acto. Levantó la cabeza y se apoyó sobre su cuerpo con ayuda de sus brazos, ignorando la presión aplastante en sus pantalones la observó detenidamente y lo que encontró le dejó sin palabras.
El placer. Una sensación que experimentaba cuando incrustaba su arma en el desvalido cuerpo de sus víctimas, los gritos y la sangre emergente eran el clímax orgásmico que explotaba en la cúspide de su trabajo… esto sin embargo, se acercaba lo suficiente a dicha sensación y quizá era aún mejor.
Un sentimiento de posesividad se instaló en su interior. La bestia la reclamaría tarde o temprano y él tendría que entregársela, sin embargo Ichigo no quería compartirla; su precioso cuerpo le pertenecería a él muy pronto.
—Ichigo… por favor. —suplicó Rukia en un murmullo.
Su voz inundada por la necesidad le golpeó. En su vida había escuchado millones de súplicas de sus víctimas pero nada como esto, y le gustó. La imagen de sus ojos entreabiertos fue gloriosa, las gemas exóticas brillaban intensamente en su rostro. Fue todo lo que necesitó para tomar la decisión.
La tendría con él para siempre e inmortalizaría el momento en su memoria.
Arremetió contra sus labios de nuevo abriéndose paso con su lengua. Ella tomó la cabeza de Ichigo entre sus manos para profundizar el contacto; Kurosaki deslizó su propia mano a un lado para alcanzar uno de los bolsillos traseros de su pantalón. El brillo reluciente de la hoja se alzó sobre ella totalmente ignorante de las acciones del pelinaranja.
Sus pulmones clamaron por aire, jadeando y echando la cabeza a un lado Rukia se apartó ligeramente de él y fue entonces cuando sus amatistas se abrieron ante la visión que tenía frente a ella, el arma estaba a centímetros de distancia de su cuello.
Saliendo del shock inicial trató de apartar a Ichigo de ella, sin embargo cualquier intento se vio frustrado cuando el pelinaranja afianzó el agarre en su cuerpo.
— ¡Suéltame! —profirió con ira apenas contenida y no temor ante lo que estaba sucediendo.
Kurosaki ronroneó su nombre en un gemido totalmente enajenado de sus sentidos al parecer. O fue así hasta que ella le dio un rodillazo en el estomago que lo hizo encogerse y soltarla. Liberada de su agarre, Rukia rodó sobre su espalda para caer de bruces al suelo e ignorando los quejidos de Ichigo no dudó en salir corriendo hasta la puerta.
No lo logró, el pelinaranja la estrelló en la pared para seguir besándola y ubicando en esta ocasión su arma en la mejilla de Rukia.
—Me gustas Rukia. —Le dijo sin apartarse un centímetro de ella y rozando sus labios con cada palabra.
La mente de la pelinegra se conmocionó ante tal declaración repitiéndose que algo andaba muy mal con él.
—Porque te gusto ¿es que quieres matarme entonces? Eso es retorcido Ichigo. —Ladeó la cabeza para apartar su boca de la suya, la idea de sus besos ya no le resultó tan atractivo entonces.
Retorcido. En absoluto, al menos para él no lo era.
Ichigo siempre contemplaba la oscuridad sin esperar nada a cambio, pero Rukia era como un faro en esa oscuridad y él era la polilla atraída ante esa brillante luz, su luz… si no podía tener esa luz para él entonces era mejor no tener nada.
Su muerte solo confirmaría los sentimientos que se arremolinaban en su pecho perpetuando en el tiempo el vínculo entre ellos y el deseo que ella despertaba en él. No lo irritaba como las otras criaturas -al menos en este punto no lo hacía- la idea de inmortalizar su belleza y grabar el momento en su mente se le antojó maravilloso, porque eran en esas ocasiones cuando las imágenes se quedaban a fuego en su mente.
La muerte era un suceso único y memorable para todo ser humano.
—No lo entiendes Rukia. Te estuve observando, cada día me escondía en ese callejón para mirarte a través de la ventana ¿sabes por qué? —La vio negar lentamente antes de continuar—. Porque cuando te observaba sentía mi mente tranquila. He hecho cosas terribles que no te puedo decir y aunque me arrepienta cada noche de mi existencia cuando el sueño me abandona, todo queda en el olvido cuando te veo o cuando recuerdo tu rostro tras ese cristal.
Rukia se estremeció ante las palabras, si antes la idea de ser observada le pareció entretenida ahora le resultaba espeluznante tal como le había mencionado a Rangiku.
—Suéltame Kurosaki.
—No… tú no tienes idea de lo aterrador que es este mundo Rukia, de la horrible necesidad de querer dormir cada noche con la certeza de que los sueños distan demasiado de la decrepita realidad en la que nos encontramos. ¿Cómo puedo saber que mi realidad no es tan sólo parte de un sueño? —Las uñas se clavaron en los hombros de Rukia perforándole la carne—. Pero es aún más aterrador despertar en compañía de la soledad… y no lo sabía hasta que te conocí.
— ¡Estás enfermo! —Le escupió ella a la cara.
Ichigo le envió una mirada dolida ante su aseveración recordándole al bastardo del callejón.
"Los ojos de la reina perdieron su luz". Declaró su voz interior con un siseo.
Las gemas amatistas se oscurecieron como el vacío de la noche y eso lo irritó, ella comenzaba a despertar su molestia.
"Esto no es agradable". Canturreó de nuevo la voz e Ichigo le dio la razón.
— ¿Crees que no lo sé? ¡Algo anda terriblemente mal conmigo! Es por eso que no puedo dejarte ir, si estás cerca no puedo pensar en otra cosa que no seas tú.
—No puedo entender tu lógica Ichigo, dices que te gusto ¿pero tratas de matarme para que estemos juntos? ¡Eso no tiene sentido!
En realidad todo era más simple en la mente de Ichigo, por primera vez alguien le llamaba la atención. Ella era el comienzo de algo, bueno o malo Kurosaki podía estar seguro de una cosa: que con el tiempo ese algo llegaría a su inevitable fin.
Las relaciones humanas comenzaban con el brillo hermoso de una promesa pero con el tiempo se opacaba con las asperezas y la cansada rutina, las mentiras y engaños. Con su muerte lograría que su relación perdurara por la eternidad evitándose todos esos problemas.
—No es necesario que lo entiendas Rukia, solamente confía en mí. —El pelinaranja la miró a los ojos.
Rukia no vio nada más que oscuridad en esos orbes y eso la asustó, la ausencia de cordura fue evidente entonces. Le propinó un rodillazo en la ingle para que la soltara provocando que el arma cayera de las manos de Ichigo cuando palpó la zona afectada en su entrepierna; Kuchiki aprovechó entonces para escabullirse de su agarre y lejos de esa pared.
La puerta estaba a unos metros de distancia.
Ichigo la miró por el rabillo del ojo y la tomó del tobillo haciendo que cayera al suelo junto a él.
— ¡Rukia no entiendes!
— ¡Te dije que me soltaras infeliz!
Pero ella no escuchó, enfocó la mirada al brillo familiar del arma y alargó la mano para tomarla. En un rápido y certero movimiento incrustó la hoja afilada en el brazo que la sostenía cortando una considerable porción de piel, la sangre manó junto al aullido de dolor que brotó de la boca de Ichigo al soltarla. Juntando cada gramo de coraje se aventuró a propinarle otro corte en la espalda hundiendo el arma y la retorciéndola lentamente asegurándose que llegara muy profundo.
Dejó a Ichigo tendido en el suelo retorciéndose de dolor y corrió hacia la puerta, Rukia no se detuvo entonces ignorando incluso su falta de aire ante la precipitada carrera.
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Continuará…
