Embriagado de Amor.
El que se encuentre allí no es de extrañar. Sentado en una butaca, estrujando en su mano vendada un papel, contando con apenas una hora para huir. El analizar detenidamente ésta situación lo haría titubear, por lo que intenta, fallidamente, despejar su mente ante cualquier pensamiento relativo a la decisión ya tomada.
Con cierto aire nostálgico, rememora algunos fragmentos de su niñez en los que poseía una valentía precoz para afrontar los temores. Pero, en el amor no es válido ser valiente. Por ende, librar una batalla de sentimientos contra su propio ser, sería desgarrar nuevamente la herida, enfrentando una verdad sumamente dolorosa.
Nadie muere de amor, eso está totalmente dicho, pero el sufrimiento existe a flor de piel. Lo que padece no es obsesión ni locura, es un amor puro que posee una enfermedad: el no ser correspondido. Ver sus ojos brillar o su sonrisa iluminada al ver a su amado significaba clavarse una daga profundamente en el corazón.
¿El mayor problema?. Ella tan sólo lo vería como un amigo, nada más. Él, un cobarde por no haber confesado lo que sentía a tiempo. Ahora ya era tarde, arrepentimientos para más adelante.
Ausente de su mirada, observa a través del ventanal un cielo vestido de luto, llorando por la pérdida de su habitual calidez. Más que tristeza, expresada en finas hebras de agua, incesantes y amargas.
" Después de la tormenta siempre llega la calma. " Susurra en un arrullo no muy convincente, pues su corazón se debate en una tempestad de incertidumbres y desilusiones. Un sinsabor por el no haberla conocido antes, antes de todo y de todos.
Una despedida de sí mismo, sin sus hermanos, ni amigos ni... de ella.
Te digo adiós y acaso con esta despedida
Mi más hermoso sueño muere dentro de mí...
Finalmente, levantándose y arrastrando pesadamente consigo no solo una maleta, entrega el papel arrugado a la recepcionista, sellando que su estadía allí no sería pasajera, imponiéndose firmemente, sin vacilaciones. ¿Destino?... Los Ángeles.
Sweets Dreams.
Súbitamente despierta, asustada como una niña, jadeando mientras un sudor frío recorre su espalda. Una sensación sombría oprime su pecho, el cual cubre con sus delicadas manos. Logra deshacerse de las sábanas, permitiendo a sus pies hacer contacto con el frió suelo. Lentamente dirige sus pasos hacia la ventana, posando su vista en el temporal que azota en la ciudad durante los último días.
Nuevamente retorna esa sensación de vacío, haciéndola caer firmemente de rodillas. Sus ojos desorbitados, expresan miedo. Y ante tal vulnerabilidad, Serena sintió el temor de haber perdido algo y jamás poder recuperarlo.
Pero te digo adiós para toda la vida,
Aunque toda la vida siga pensando en ti.
Sweets Dreams.
N/A: El poema utilizado en este capítulo pertenece a un fragmento del "Poema de la Despedida" de José Ángel Buesa, así también la canción que figura en el prólogo "Antes" de Obbie Bermúdez. Sin más disfruten de la lectura. Saludos.
Sweets Dreams.
"Algún día los sueños se harán realidad"
