Disclaimer: Los personajes no son míos y no gano dinero escribiendo sobre ellos. Si así fuera llegaría a final de mes sin hacer malabarismos y comiendo tres veces al día xD

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CAPITULO 3: REMUS

Amanecía cuando el chico desconocido abrió los ojos. Comprobó la hora del despertador y sonrió cuando éste empezó a sonar un segundo después de que se incorporara. Tras apagarlo, sacó algo del cajón de su mesita de noche, cogió el uniforme y se encerró en el baño.

Lo que había cogido era su botiquín exclusivo. En el baño había dejado los útiles normales; es decir, el peine, el jabón y demás, pero no podía arriesgarse a que vieran las vendas, el yodo ni las gasas. Hacía tres noches que había sido luna llena, y el profesor Dumbledore, que amablemente había ido a su casa a recogerlo personalmente, le enseñó dónde pasaría los plenilunios durante su estancia en el colegio. Había llegado cuatro días antes que ningún otro alumno, y sólo se encontraban allí los profesores. Se sintió especial cuando supo que habían plantado un sauce boxeador de muy mal humor, por cierto, por él, justo en el hueco que mostraba un pasadizo que llevaba a una casa que había sido habitada hace pocos años, hasta que el matrimonio que vivía allí murió.

Siseó al sentir que algunas heridas habían comenzado a cicatrizar con las gasas incluidas, y se las abrió nuevamente al intentar despegarlas, provocando un ligero sangrado. A continuación, empapó algodón de abundante agua oxigenada y lo aplicó a las heridas, tanto a las que sangraban como las que no. Lo que menos le apetecía ahora es que se infectasen. Tras la limpieza, mojó nuevamente un algodón, esta vez con yodo, y recorrió su maltrecho cuerpo dejando surcos anaranjados por doquier. Tapó las lesiones de menos importancia con gasas y esparadrapo, y las más grandes, como una que le recorría todo el antebrazo y parte de la cintura, con vendas, sin olvidarse de extender una pomada que le había dado la enfermera para cortes profundos. Al terminar, eliminó las gasas usadas con un conjuro que el propio director le había enseñado para no dejar rastros. Albus Dumbledore le había estado supervisando hasta que pudo conseguir el efecto del hechizo satisfactoriamente.

El jovencito que se reflejaba en el espejo del lavabo tenía el pelo algo largo y castaño claro. Los cabellos eran finos y algo ondulados y casi se esparcían por todos lados. Esto le ayudaba a ocultar heridas como la que le ocupaba en estos el espacio entre el lado de la ceja y el pómulo. Tenía ojos almendrados y los ojos casi del color de su pelo, pero tirando a un color amarillento, casi ámbar. Remus odiaba ese color. Desde su enfermedad, muchas cosas habían cambiado en él, entre ellas, sus ojos. Antes habían sido verdes. También había sufrido otros cambios, aunque no tan perceptibles, y que no le importaban tanto. Pero odiaba el color amarillento que encontraba cada vez que miraba cara a cara a su reflejo.

Remus Lupin salió del baño pulcramente vestido con su túnica nueva y con una sonrisa mal contenida en la cara. No podía creer que estuviera allí. Desde niño sabía que era mago, pero por su enfermedad nunca imaginó que el mismo director del colegio, que llevaba un año en el cargo, aceptase su asistencia como un alumno normal. Cuando le llegó su carta en verano no creía su suerte y aún le costaba aceptar que ya era un estudiante de Hogwarts.

Se quedó mirando el dormitorio. En una sola noche, la habitación que había ocupado durante cuatro noches había cambiado bastante. Entre otras cosas, por tres baúles a los pies de las otras camas, ropa tirada por el suelo, y tres personas que ocupaban cada una de las camas.

En el lecho que había enfrente del suyo, entre los que estaba la puerta de las escaleras, había un baúl que rezaba P.P.. Una mata de pelo rubio claro y puntiagudo coronaba un rostro redondo, cuya nariz afilada contrastaba a primera vista. El chico dormía bocarriba y tenía las piernas estiradas a más no poder, con lo que tenía los pies al aire. A su lado, en una de las mesillas de noche, descansaban unas grandes gafas de montura de pasta. Junto a ellas se veía una mano estirada que parecía haber escapado de ser devorada por las mantas que ocultaban a su dueño. En el baúl se leía J.P. grabado a fuego en madera de pino. La tercera cama, más cercana a la suya, permanecía bajo la defensa de un arca de madera oscura con las letras S.B. incrustadas en plata. Las cortinas estaban entrecerradas, pero aun así podía atisbarse la silueta oculta por las mantas de alguien durmiendo de costado.

En la habitación predominaba el color rojo; en las cortinas y las colchas, y también en las alfombras que protegían los pies de la fría piedra que conformaba el suelo, las paredes y el techo, que lucía algunas vigas de madera que lo atravesaban de lado a lado y que, de alguna forma, daba sensación de calidez.

Pegada al cuarto se encontraba la puerta que se enfrentaba a la de entrada por las escaleras, y que daba al cuarto de baño, situada entre la cama del chico de las gafas y el de las cortinas corridas. Todos los dormitorios tenían un baño, así como la Sala Común de cada Casa también disponía de uno y había un par repartido en cada piso. Tenía las paredes recubiertas de azulejos blancos y un gran espejo frente dos lavabos. Había un pequeño cuartito que escondía el retrete y otra estancia con un par de duchas, y una percha cerca para colgar las toallas.

Remus guardó su botiquín tan bien como pudo. Sus compañeros todavía dormían profundamente cuando él salió del cuarto con la mochila al hombro. En la Sala Común había ya algunas personas mirando sus libros nuevos o comentando detalles de las asignaturas. Una niña y un muchacho alto estaban hablando cerca de la chimenea cuando él apareció, y el mayor alzó la mirada.

- ¿Eres nuevo también? –Remus asintió- Yo soy Frank Longbottom, el prefecto. Si necesitas ayuda en algo pregúntame. Esta chica –dijo, señalando a la pelirroja- también es de primero. Se llama Lily Evans.

Frank tenía el cabello del color de los campos de espigas maduras, y sus ojos chispeaban con un benévolo avellana. Tenía las cejas anchas y algo angulosas, la frente medio tapada con la raya del pelo al lado izquierdo y la nariz era larga, recta y algo ancha. Su rostro tenía algo que hacía confiar rápidamente. Quizá era por su sonrisa amplia y sincera. Era alto y aplicado y tenía el puesto de bateador en el equipo de Gryffindor.

Lily tenía el pelo de un rojo intenso, algo ondulado y por media espalda. Era lo primero que descubrías al mirarla, y un instante después, sus ojos. Eran verdes. Parecían esmeraldas talladas que despedían reflejos de luz en cada una de sus aristas. Así, los ojos de Lily Evans te perdían en el tiempo y en el espacio, trasladándote a valles verdes donde el viento hacía ondular las briznas de la hierba fresca. Su cara recordaba a una almendra, quizá por su barbilla puntiaguda y la raya del pelo en medio, dividido en dos ríos de sangre que desembocaban detrás de las orejas, adornadas cada una con una pequeña caracola marina. Era menuda y de temperamento nervioso pues, como Remus observaba, se mordía las uñas.

- Remus Lupin–dijo, tendiéndole la mano a Lily- Mucho gusto. Frank¿cuándo reparten los horarios?

- Durante el desayuno.

- Yo no sé bajar al Comedor –dijo Lily.

- Voy contigo –intervino Lupin- Tengo mucha hambre.

- ¿Sabes el camino, Remus? –preguntó Frank- Las escaleras cambian de posición antes de que te des cuenta...

- Sí, sí. Descuida.

Los dos niños se marcharon. Lily tenía miedo de perderse pero el paso firme del castaño le daba seguridad. Al cabo de unos minutos estaban en el Vestíbulo

- Es por aquí –anunció el chico mientras la guiaba, pues la niña se había quedado mirando alrededor. Por los nervios de la noche anterior no se había fijado en nada.

La puerta del Gran Comedor estaba entreabierta, y al atravesarla vieron que aún había muchos alumnos dormidos. Los más madrugadores parecían ser los prefectos, y si diferenciabas a los alumnos por Casas, los Ravenclaw y los Slytherin parecían ser los primeros en despertar.

- ¡Desayuno! –exclamó Lily, sentándose con alegría en la mesa de Gryffindor mientras Remus ocupaba un sitio a su lado- Llevo despierta casi toda la noche. No estoy acostumbrada a esa cama y la ventana no está en el mismo lado que la de mi habitación de mi casa... Creo que hasta he echado de menos el ruido de los coches y todo...

- ¿Coches¿Eres muggle?

- ¿Muggle es gente no mágica, no? –el niño asintió- Sí, sí. Cuando me llegó la carta de Hogwarts creí que estaban de broma y no lo pensamos mucho, pero al poco tiempo mi hermana se burló de mí y transformé su taza de té en una rata. Fue sin querer, pero se lo tiene bien merecido –Remus rió ante el tono de su compañera, que parecía satisfecha de haberle dado un susto de muerte a su hermana, Petunia Evans, mientras él se servía un gran tazón de leche con cereales, un vaso con zumo, agarraba una tostada y estiraba el cuello para buscar la mantequilla. Lily se le quedó mirando entre divertida y sorprendida.

- ¿En tu casa no te dan de comer o qué?

- Llevo más de doce horas durmiendo. Estoy muerto de hambre –contestó tras tragar el primer mordisco de la tostada.

- ¿Doce horas? Ahora que lo pienso¡no te vi en la Selección!

- Llevo aquí un par de días. Mi padre está ocupado y mi madre no habría podido acompañarme al andén; así que me trajeron un poco antes.

- ¿No pudo llevarte¿Es que no es bruja?

- Sí, sí lo es. Pero tuvo que quedarse cuidando de mi abuela, que se ha roto la cadera.

- Vaya. ¿Y tu eres de familia mágica?

- Bueno, sí. Pero mi madre es como tú. Por parte de madre, menos ella, son todos muggles.

- La verdad es que no sé cómo nos va a ir; me han dicho que hay muchos prejuicios contra la gente no mágica.

- Sí, bueno –Remus comía mientras Lily hablaba-, la cuestión es no hacerles mucho caso. Verás, hay gente que te va a criticar, eso sí, pero a otros les va a dar igual que vengas de una larga generación de magos o no. Lo peor que van a hacer es llamarte sangre sucia.

- ¿Sangre sucia?

- Sí: sucia, podrida, cosas de esas. Es como si fuese por castas, como en la...

- India –terminó Lily.

Los dos niños se miraron sabiendo que habían encontrado a alguien igual.

- Entonces, si anoche no estuviste en la Selección, no te enteraste de la que se montó...

- ¿Qué ocurrió?

- ¿Te suena la familia Black?

- No mucho. ¿No son una familia rica?

- Sí, esa. Todos han sido Slytherin, por lo que me pude enterar anoche; unos "sangre pura" de ésos.

- Bueno, no creo que todos sean así, pero es la fama que tienen.

- Pues anoche un Black fue elegido para Gryffindor –Lily lo dijo en susurros, con anticipación contenida- ¿Duerme en tu cuarto, no?

- No lo sé. Anoche me despertaron dos pero no dijeron sus nombres.

- Déjame pensar –la mirada verde se perdió en la lejanía- Tenía el pelo negro y no llevaba gafas. El de las gafas es otro.

- Me parece que es el que duerme a mi lado. Su baúl pone S.B..

- Sí, Sirius Black.

En ese momento fueron interrumpidos por la Jefa de la Casa, McGonagall. Tenía el cabello castaño oscuro, veteado de canas aquí y allá, apretado en un tieso moño encima de la nuca, y vestía una túnica de sencillo color negro. El único toque de color era un camafeo de jaspe, abrochado limpiamente en el pecho del atuendo.

- Buenos días, chicos¡qué madrugador, señor Lupin! –la amable frase destilaba ironía y la misma cantidad de confianza hacia el muchacho. Era evidente que no eran totales desconocidos- Tened, aquí tenéis vuestros horarios. Las clases comienzan a las nueve, no lleguéis tarde –dicho esto, siguió repartiendo horarios a los alumnos que había desperdigados por la mesa.

- Encantamientos doble con Ravenclaw –leyó Lily cuando la profesora se marchó- ¿Dónde está Encantamientos, Remus?

- En el séptimo piso.

- ¿De qué habláis? –interrumpió el chico de las gafas de la noche anterior sentándose a su lado. El chico gordito que lo acompañaba lo imitó.

- Buenos días –saludó el rubio. Remus y Lily correspondieron con la misma respuesta.

- Hablábamos de los horarios. Tenemos Encantamientos a primera –explicó la pelirroja.

- Ah, vale –el de las gafas alargó el tenedor y se metió un gran trozo de bacon en la boca. Lily le miró con reprobación y chasqueó la lengua.

- Me llamo Peter Pettigrew –dijo el gordito- Tú eras Evans¿no?

- Sí. Lily Evans.

- Y yo Remus Lupin.

- Éste de aquí es James Potter –viendo que el aludido prestaba más atención a la comida que a ellos, él hizo las presentaciones- ¿Dónde decías que es la clase?

- En el séptimo piso.

Unos minutos después, apenas Peter había empezado a comer, James se levantó y le metió prisa.

- Venga, o llegaremos tarde. Tenemos que ir a por los libros.

Lily y Remus se quedaron viendo cómo el rubito era arrastrado por Potter casi literalmente, pudiendo alcanzar algunas galletas y un croissant antes de ser apartado de la mesa.

- Vaya imbécil – concluyó la niña en cuanto se alejaron.

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Buenas! Pues me aburría, llevo seis tazas de té en el cuerpo y no podía dormir. Y he pensado igualar el fic a como lo llevo en Slasheaven, por si hay alguien que me conoce. Como habréis supuesto (por el hecho de que mi fic está publicado en una página de esas características) el fic será slash. De momento no tengo pensado subirle el rating, aunque nunca se sabe. Soy un poco sangrienta yo. De todas formas creo que no seré demasiado gráfica :P

Y ya sabéis: posibles errores, quejas, dedazos, idas de olla que queráis refregarme (de verdad a veces no me acuerdo de las cosas y necesito que me las digan). Sólo clicad un poquito más abajo donde pone "review" y estaré encantada de atenderos :D

Igualmente espero que os guste. Por cierto, he modificado un poco el primer capítulo. Había un par de cosillas que no me cuadraban y no me lo perdonaba a mí misma. Un saludo!