Capítulo 3:

La mañana del 30 de julio, Harry se despertó muy temprano. Su baúl estaba ya arreglado y la jaula de su lechuza, completamente vacía, reposaba en una mesita.

El angosto armario blanco guardaba toda la ropa que los Dursley alguna vez le habían proporcionado, la mayoría herencia de Dudley. La semana pasada, con ayuda de Ron y Hermione, compró su propia ropa. No mucho, pero sí lo necesario. Casi olvidaba comprarse una túnica de gala que debía usar en la boda de Fleur y Bill; se decidió por una de color negro, pese a que Hermione le insistía por el verde.

Sobre su cama, la escoba que le regalara Sirius en su tercer año brillaba gracias a su última encerada. Con una de sus manos acarició las cerdas y se preguntó si algún día la volvería a montar en libertad, con la cabeza despejada, sin ningún problema ni un mago loco persiguiéndole para matarlo. Pronunció un hechizo y la escoba se encogió hasta parecer de miniatura. La metió de cualquier modo dentro de su baúl, tomó una toalla y se dirigió al cuarto de baño. Era muy temprano aún, ninguno de los Dursley estaba despierto, así que se permitió disfrutar del agua fría que caía a chorros sobre su cabeza. Cerró los ojos y se quedó estático varios minutos, pensando en todo lo que tendría que hacer, en las personas que tenía que encontrar, los lugares donde estaría y sobre todo, en aquellos que dejaría atrás. De pronto sintió miedo, un miedo que no había sentido antes de forma tan profunda desde que esa pesadilla había comenzado. Estaba perfectamente consciente de su destino, tenía que derrotar a lord Voldemort no por que fuese él el elegido o el único que tenía el poder de derrotarlo, como decía la profecía, sino porque fue ese hombre quién le había arrebatado todo desde que nació: a sus padres, a su padrino, una infancia feliz y tranquila, a Dumbledore, que siempre lo protegió; lo alejó de Ginny, su consuelo más preciado, y ahora estaba a punto de quitarle un futuro a él y a muchos más. El temor provenía de no conseguir destruirlo a tiempo, de dejar que avance y haga daño a más gente. No podía permitirlo. No quería. Como sea, se vengaría. Lord Voldmort no la tendría tan fácil.

Harry salió de su ensimismamiento y se apresuró en vestirse. A las nueve debía estar apareciéndose en el jardín de la Madriguera, donde se efectuaría la tan ansiada boda y donde explicaría a Lupin, de manera detallada, todo lo que el antiguo director le confió acerca del señor oscuro.

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En París el sol brillaba como nunca. No había ninguna nube en el cielo y el día se hacía apetitoso para dar un paseo en sus hermosas calles. Una joven, que salía de un lujoso edificio situado en el centro de la ciudad, se alisó su vestido de lino blanco y apresuró el paso. No era muy alta, pero su delgadez le hacía verse esbelta. Sus cabellos negros y lacios estaban amarrados en una alta cola de caballo; sus ojos, de un azul oscuro, se fijaban en cada persona con la que se cruzaba. Después de caminar varias cuadras, sus pasos se volvieron más lentos y descansados. Divisó una banca vacía en un parque, no muy lejos de un lago artificial y se sentó allí.

Hacía más de un mes que había recibido aquella carta de su hermano y aún no lo asimilaba. No se habían visto en dos años, nunca recibió una señal de si estaba vivo y bien; a él no le importaba mucho su propia seguridad, pero la mantenía constantemente vigilada por varios hombres. La carta le indicaba que debía encontrarse con él en esa misma hora, en ese mismo día, en ese mismo lugar. Se imaginaba el tema que venía a tratar con ella, pero la verdad era que su hermano era impredecible y si bien hablaran de lo que ella creía que hablarían, no tenía la más mínima idea de cómo acabaría ese asunto.

-Llegaste retrasada.- Un hombre se había sentado a su lado en la banca, era alto, llevaba lentes oscuros y su atuendo del mismo color. Le dio un fugaz beso en la mejilla.- ¿Cómo estás?

-Como crees.- fue su seca respuesta. Por primera vez después de años ella sabía algo de él, sin embargo él la saludó como si la hubiera visto hace un par de horas.- No sé de ti desde hace tiempo, te fuiste tan solo dejándome una miserable nota y tengo personas siguiéndome por todos lados que, según ellos, no me pueden proporcionar ningún tipo de información sobre ti. He estado preocupada y tú ni aparecías...¿cómo diablos quieres que me sienta?

-Supongo que no contenta.- Tom Lawren seguía mirando al frente, como si nada. Sabía que debía soportar eso, era lo menos que se merecía.

-Qué te trae de nuevo, de todas maneras...

-Tú.

-Yo. ¿Solo eso? Se me hace tarde para ir a la universidad.- Helen Lawren se levantó de la banca con claras intenciones de irse. Tom fue más rápido y le tomó el brazo con una de sus manos.

-Espera, Helen. No es solo eso. Siéntate.- La joven, con cara de pocos amigos, se sentó de nuevo y cruzó las piernas. No lo miraba, sus ojos se fijaron en el lago.

-Dumbledore murió a manos de Snape hace un mes. Voldemort está peor que nunca, quieren a matar a Pottery ...- su mano ejerció más presión sobre el brazo de Helen, casi la lastimaba.- tú no te vas a mover de aquí¿entendido?

-Ya sé todo lo que me has dicho y no eres nadie para impedirme volver a Inglaterra, si eso es lo que me da la gana de hacer. Si la parte del plan de ese viejo chiflado al fin se cumplió, yo cumpliré la mía también. Fue una promesa.

-Una promesa que no me consultaste.

-Tú cumple con tu trabajo y no te metas en el mío.- A estas alturas los dos hermanos se miraban. El rostro de Tom se contorsionó de rabia y se quitó los lentes de sol. Podían ser en lo físico muy diferentes, cada uno con su atractivo, pero los ojos eran los mismos: los de su madre.

-No me asustas Tom.- empezó Helen.- No me digas lo que tengo que hacer¿sí? Ya estoy grande.

-No, se nota que no lo estás.- dijo el hombre, mirándola burlón.

-¿Perdón?

-Sé que pensabas aparecerte hoy en el Caldero Chorreante de Londres a las cinco de la tarde. Viendo que son...-miró su reloj con ojos aburridos-..las tres y treinta de la tarde y que me mentiste con respecto a la universidad...

-¿Cómo sabes eso?- preguntó, sorprendida.

-No me cambies de tema, señorita. Eres tan irresponsable que pensabas aparecerte en ese bar de mala muerte sin cambiar tu apariencia. Te reconocerían en cualquier lugar, Helen.

-No pensaba irme sin ningún disfraz.

-Pasas demasiado tiempo con los muggles.- se levantó y le hizo una señal con las manos a un hombre que paseaba con un perro.- Me preocupo por ti, es todo. Pero supongo que no te voy a detener. Ven conmigo, quiero que estés segura. Me espera un puesto en Hogwarts y pienso que puedes serme de gran ayuda.

-No me irás a encerrar¿cierto?

-Lo pensé...- Helen sonrió por primera vez ese día. Iría con su hermano de vuelta a Inglaterra a cumplir con la misión que un viejo amable pero un poco retorcido le había pedido. Ayudaría a ese chico, después de todo, él era la única esperanza de su mundo.

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Harry desapareció de su habitación sin siquiera despedirse de los Dursley. No quería ver sus rostros de felicidad, no quería que se salieran con la suya. Le bastó con avisarle a su tía la noche anterior y decirle un simple "gracias", que le costó horrores. Ella solo asintió con la cabeza y luego se fue. Ni un "que te vaya bien".

Tocó la puerta de los Weasley tres veces pero nadie le abrió. Caminó hacia la parte trasera de la casa, por si los pelirrojos se encontraban arreglando algo para la boda. Efectivamente, toda la familia se encontraba ayudando a decorar un gran arco con flores de color violeta. Varias personas que Harry no conocía (en su mayoría rubias) ordenaban con sus varitas sillas forradas de blanco. Más allá, los señores Weasley conversaban con un hombre muy anciano de aspecto severo.

-¡ POTTER!!!!!.- Fred y George se le acercaron corriendo, alzando los brazos exageradamente.- ¿Cómo está el favorito del ministerio? Percy debería tener cuidado o le quitarías su puesto.

Harry no pudo responder al comentario de Fred porque una alterada Molly se abalanzó encima de él, casi ahogándolo.

-¡Harry, cielo! Cuando Ron me contó que vendrías casi me desmayo¿cómo es posible que no avisaras para recogerte? Han podido atacarte...¿ya dominas la aparición?.- la señora Weasley se veía orgullosa.- Bueno, cielo mejor apresúrate en cambiarte tu túnica, la ceremonia va a empezar. Luego hablamos ¿si?, ahora ve al cuarto de Ronald.

Por dentro la Madriguera aparentaba haber soportado el paso de un huracán. Las cosas estaban más revueltas que nunca y en la cocina no se podía ni pasar. Muchas personas extrañas, que Harry no había visto nunca en su vida, iban de un lado para otro. Había bandejas de comida repartidas en cada mesa de la casa y pedazos de tul blanco y violeta esparcidos por los sillones.

El segundo y tercer piso parecían contener el mismo caos. Oyó a Fleur gritar varias veces y hasta podría haber jurado escuchar a alguien vomitando.

-¡Harry! Gracias a Dios llegaste bien.- Hermione salió de la habitación de Ginny disparada. Solo llevaba puesta una bata blanca, pero ya estaba peinada y maquillada. Había recogido su cabello, completamente liso, en una cola no muy alta.- Ron te está esperando en su habitación...el muy terco.- dijo molesta.

-Qué pas...?

-¿HERM!!!!! ARRÉGLAME ESTA TÚNICA...

-Nos vemos luego- La castaña entró de nuevo, acudiendo al llamado de su amiga. Al oír la voz de Ginny gritar, Harry se paró en seco. Ese día la vería de nuevo y no sabía cómo actuar, qué decirle...Estaba seguro de que si hablaba con ella tan solo un segundo o la veía sonreír, no aguantaría mucho tiempo la resolución que había tomado con respecto a su relación. La seguía queriendo, la extrañaba, echaba de menos su perfume, su rostro, su piel suave, sus besos, sus bromas...le dolía no tenerla. Pero la sombra de Voldemort lo perseguía y si él se llegase a enterar de la existencia de Ginny, no descansaría hasta llegar a él a través de ella.

Subió de nuevo los escalones hasta donde se encontraba su mejor amigo. La puerta estaba entreabierta y pudo escuchar la voz del pelirrojo susurrar palabras inconexas como "qué le ve", "otra vez", "jugador de pacotilla" y "hosco sin estilo" .

-Hola Ron.-saludó. El pelirrojo gruñó a modo de respuesta. No estaba muy contento y Harry adjudicó su mal humor a la riña que seguramente había tenido con su amiga, con Krum como protagonista, aunque no entendía por qué. - ¿Discutiste con Hermione?

-No. Es decir...¿por qué discutiríamos? Somos solo amigos.

-Ron, los amigos también discuten.- Harry ya se estaba cansando de la situación. Había pensando que sería incómodo ver a sus amigos saliendo juntos, pero lo era más estar soportando sus constantes arranques de celos sin sentido.

-Sí, es cierto. – Ron llevaba puesto una túnica color azul oscuro, semejante al color de sus ojos. Le sentaba realmente bien, ya no era más el niño de catorce años que había sufrido al colocarse una túnica de segunda mano.- Mejor cámbiate de una vez o a mamá le dará un ataque de nervios. Fleur se está preparando desde ayer y Bill no para de vomitar desde la borrachera que organizaron Fred y George.

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El despacho lucía exactamente igual a como Albus Dumbledore lo había dejado la última vez. La percha de Fawkes estaba vacía y los cuadros de los antiguos directores permanecían en la parte trasera, con todos sus ocupantes fingiendo un profundo estado de sueño.

Minerva McGonagall esperaba sentada en uno de los sillones dispuestos frente al escritorio. Nunca había podido hacerlo en la silla principal del director, pese a que ella ahora ocupaba el cargo. Su mirada, perdida en los ventanales, revelaba que los días pasados habían sido muy difíciles y las ojeras solo afirmaban su cansancio.

-Minerva.- Un hombre alto, de cabello negro y corto y mirada sombría, salió de la chimenea sin ensuciarse de hollín en lo más mínimo.

-Tom.- la profesora de Transformaciones se levantó de donde se encontraba y fue a su encuentro, tomándole las manos.- Tu llegada ha sido lo más oportuno en estos últimos meses.

-Dumbledore así lo quería. Entonces es definitivo que la escuela abrirá...

-Sí, aunque no esperamos muchos alumnos en este curso. Los padres tendrán miedo de mandar a sus hijos cuando aquí ya se produjeron asesinatos.-dijo, con entonación preocupada en su voz.

-Eso se puede arreglar, no del todo, pero sí en gran parte.- repentinamente, todos los antiguos directores escuchaban atentamente a la explicación del joven.- El ministerio y los diarios ayudarán. De eso me encargo yo. Ahora...Helen vendrá en la noche. Todo por el desbaratado plan de un viejo loco.- miró al cuadro de Dumbledore con una mirada severa y luego se dirigió hacia la puerta.- Revisaré algunas cosas; no te preocupes Minerva.- agregó.

-Tom.- la mujer, más consternada que antes, preguntó.- ¿Ya sabe ella la verdadad¿Sabe por qué corre tanto peligro?

-No, no lo sabe. Aún piensa que nuestros padres fueron adversarios acérrimos de Voldemort.

-Ya veo.- el chico se despidió con una sonrisa, que más parecía una mueca.

Hola!!!! Gracias por los reviews, aunque me gustaría que hubieran más para saber qué tal va la historia. En el próximo capítulo se desarrollará la boda, un encuentro Harry/Ginny y uno que otro incidente que perjudicarán mucho a los protagonistas.

Hasta otro capítulo!!