La selección

Lisa se despidió de los demás nada más parar el tren, y se dirigió hacia el joven guardabosque, Hagrid, que se llevaba a los de primero en barcas al lago, para cruzarlo hacia el castillo. Ocupando la barca más grande con él, hablaron cordialmente hasta llegar al colegio, donde les esperaba una profesora de edad madura y al parecer muy estricta, llamada McGonnagall que les explicó cosas que ella ya sabía. Y luego, la separó del resto y le dijo

- Tú eres la sobrina de Dumbledore? Elisabeth?

- Sí profesora – respondió Lisa muy educadamente

- Bien, no pases todavía, espera a oír tu nombre y luego entra.

- De acuerdo.

- Y, bienvenida a Hogwarts – sonrió la señora

- Gracias – agradeció ella con una linda sonrisa.

Lisa hizo lo que le pedían, y se quedó en una estancia a la espera de oír su nombre para pasar al Gran Comedor. Mientras, en éste, una gran algarabía reinaba antes de que llegasen los de primero. Las chicas se giraban a ver a los merodeadores, a ver como les había sentado el verano y a mirar con envidia como Lily y Lara estaban con ellos, radiantes y atrayendo toda su atención, así como la de muchos más chicos.

- Espero que Lisa caiga en nuestra casa – dijo Lily

- Sería un fastidio que no lo hiciese – añadió Lara.

- No os preocupéis, seguro que queda aquí – las tranquilizó Sirius.

- Sí, conociéndola, y habiendo visto como se enfrentó a Malfoy, no lo dudéis ni por un momento. – rió James

- Oye, Lily, no te sientes… observada? – preguntó Lara.

- Un poco.

- Eso es porque estáis con los chicos más guapos y deseados de todo Hogwarts… - comenzó Sirius con una sonrisa arrogante

- …y porque sois las chicas más guapas de todo el colegio – terminó James

- Claro – rieron las dos

- Oye, Remus, amigo, qué te pasa? – preguntó Sirius al apartar la mirada por fin de Lara que sonreía para sí y hacía que no se daba cuenta y ver a su amigo abstracto.

- Eso – dijo James, apartando la vista del hipnotizante cabello rojo de Lily – No has dicho palabra desde que bajamos del tren.

- …Estaba pensando – dijo él al rato.

Estaba pensando, pensando en ella, en aquella chica con la que no había pasado ni dos horas y que le estaba volviendo loco. "Ella es especial" se decía a sí mismo, ella podría ser la primera chica en la que el joven de cabellos trigueños se mostraba realmente interesado. La selección de los de primero pasó rápido y él seguía inmerso en sus pensamientos hasta que una voz potente, que conocía muy bien, se alzó sobre las demás y demandó silencio.

- Muy bien chicos, ahora vamos a recibir a una alumna que se incorporará al séptimo año aquí en Hogwarts – anunció el director Dumbledore – Les presento a mi sobrina la señorita Elisabeth Rickman.

Todos se volvieron a mirar a la joven, que avanzaba llena de seguridad en sí misma, y que sonreía con cordialidad. La verdad es que Dumbledore había levantado más curiosidad de la normal anunciándola como su sobrina, pero ella lo aceptaba todo con normalidad y ecuanimidad. Sonrió a su tío, que le hizo un gesto de ánimo y se sentó en el taburete, esperando que la profesora de transformaciones le pusiese el sombrero. La oscuridad cayó sobre sus ojos y una vocecita apareció en su mente diciendo

- "Vaya, vaya. Querida, si no abres tu mente no podré saber en qué casa ponerte" – dijo el sombrero divertido al chocar con la fuerte barrera de Oclumancia con la que ella protegía su mente.

- "Ups, perdón" – dijo ella.

- "Mmm, ya veo, tienes mucho poder, y muy desarrollado. Un nivel mucho más alto de lo que encontrarás aquí, pero hay muchas experiencias que te han negado… Fuerza, valor, orgullo y mucha lealtad. Creo que está bastante claro, irás a GRYFFINDOR"

Lisa se quitó el gorro y vio como la gente aplaudía entusiasmada, sobre todo en su mesa, se volvió hacia su tío y él sonreía con evidente orgullo de que fuera a su antigua casa.

Ella fue rápidamente a sentarse con Lily y Lara, que aplaudían muy fuerte y recibió los abrazos y felicitaciones de los merodeadores, que… para qué ocultarlo, estaban bastante contentos. Lisa, muy feliz, comenzó a comer tras el tradicional discurso de Dumbledore, y encontró deliciosa la comida, que era muy diferente de la que servían en su internado en el Pacífico (NdA: Normal no? XD) Cuando terminaron y el director advertía de las reglas echándoles una mirada especificadora a los merodeadores, se dio por terminada la cena y se levantaron para irse a la sala común.

- Te acompaño a la sala común – dijo Remus amablemente.

- Sí, yo iré con los de primero – comentó Lily viendo la oportunidad para su amiga.

- Yo voy contigo. – se ofreció James de inmediato

- No hace falta…

- Pero no puedo permitir que una hermosa dama como tú vaya sola! – exclamó el moreno.

- Está bien, - aceptó la pelirroja, alegrándose interiormente, luego advirtió – pero nada de montar escenitas delante de los pequeños.

Los dos se fueron y Remus sonrió a Lisa, que sintió que se derretí ante esa sonrisa, la verdad es que era para hacerlo. Sirius y Lara iban por delante, él lanzando besos a todas las chicas que le saludaban y ella a su lado andando tranquilamente y hablando de cualquier cosa aunque por dentro hervía de rabia. Pero ya se lo haría pagar… después de todo, los mujeriegos eran los hombres más celosos.

Remus y Lisa seguían a lo suyo, él le iba contando cosas del castillo según por donde pasaran, y ella le preguntaba cosas y cosas, agradeciendo que el joven no hiciera ni caso a las fans con las que se cruzaban.

- Me gustaría conocer a fondo el castillo – comentó Lisa sonriendo – mi tío me ha dicho que es fascinante.

- Y no te ha mentido – dijo el joven – es increíble, lo cierto es que uno de nuestros pasatiempos favoritos es recorrerlo e investigarlo.

- De verdad? Y me lo podrías enseñar? – preguntó entusiasmada la rubia.

- Por supuesto, me encantaría ser tu guía – Remus estaba entusiasmado con la propuesta, pues le daría la oportunidad de pasar mucho tiempo a solas con ella – Y, bueno, llevo hablando yo todo el rato, cuéntame algo de ti.

- Pues… no hay mucho que contar – dijo ella – Conozco a Lily desde hace mucho tiempo, fuimos mejores amigas desde los cinco años, pero nos tuvimos que separar a los once años, ella vino a Hogwarts, aunque yo no sabía que era bruja, y mis padres me matricularon en una escuela de magia para señoritas en una isla perdida en el mar. Allí pasé seis años, prácticamente aislada, pero muy bien, hice muchas amigas, y en verano viajaba siempre con mis padres de aquí para allá. El año pasado me gradué allí y mi tío propuso que viniese a cursar un año a Hogwarts, mi padre no quería porque es un colegio mixto…

- Sólo por eso? – se impresionó el rubio.

- Sí, - rió ella – mi padre es algo especial y me ha mantenido en una especie de burbuja toda la vida. Ahora he decidido que ya estaba bien y mi tío me ha ayudado; la verdad es que, según mi padre soy "demasiado guapa y demasiado ingenua" para darme cuenta de las "malvadas intenciones de los chicos" hacia mí – dijo en son de burla.

- Eso es ser sobreprotector, por Merlín! – exclamó Remus

- Ya, - reía ella – pero bueno, él cree que lo hace por mi bien, y yo siempre he sabido escaquearme y zafarme de su control, así que…

- Bueno, debo admitir que tiene que ser divertido! – rió él a su vez – Ya hemos llegado.

Se pararon ante un hermoso óleo de una señora gorda vestida con un rimbombante vestido de volantes rosa. Ésta cantaba a voz en grito ópera y desafinaba de manera estrepitosa, haciendo que Lisa incluso se asustase un poco de los berridos que pegaba el retrato.

- Leo salutatem – dijo Remus claramente por encima de aquel estruendo, la señora le miró con mala cara y se abrió para dejar un hueco por donde pasaron.

- Por Merlín, que estruendo – le susurró Lisa a su acompañante – Es siempre así?

- Siempre – contestó Remus riendo – Bueno, ésta es la sala común.

A Lisa le dio muy buena impresión la sala decorada en rojo y dorado, con el fuego y los cómodos sillones, se reunieron ambos con Lily, Lara, James y Sirius, que ya habían llegado. La rubia sonrió al ver como Lily y James hablaban sin pelearse y de la cara de felicidad de éste último; cosa que no le pasó desapercibida y pensó en que debía de quererle mucho.

- Qué, haciendo un poco de turismo? – rió Sirius.

- Remus me ha enseñado un poco del castillo – sonrió ella, sentándose entre Sirius y Remus – debe de ser enorme.

- Lo es – aseguró Lara – pero bueno, chicos, yo me voy a la cama, estoy molida.

- Te acompaño.

- Y yo

- Hasta mañana – dijo Lara con su sonrisa etérea.

- James, Sirius, Remus, buenas noches – dijo Lily.

- Adiós – y diciendo esto, Lisa les besó a los tres en la mejilla y subió siguiendo a sus dos amigas.

Los tres chicos se quedaron abajo, hablando tranquilamente y las chicas subieron y se pusieron el pijama, ignorando por completo a las otras dos chicas, que eran del club de fans de los merodeadores y las miraban con desagrado. Cuando terminaron, se sentaron las tres en la cama de Lara y empezaron a hablar, tras haber cerrado las cortinas y haber puesto un hechizo de silencio, pues tampoco querían que las otras dos se enterasen de todo.

- Adoro a Remus – fue lo primero que dijo Lisa – es un amor de chico! (NdA: Estoy cien por cien de acuerdo con ella)

- Qué bien! Ya tenemos un merodeador para cada una… las del club de fans se van a morir cuando lo sepan.

- Mmm – dijo Lara deprimida.

- Qué pasa Lila?

- Es Sirius, se ha pasado el camino hasta aquí flirteando con todo lo que se le ponía delante, y me molesta un poco.

- Bueno, ya sabes que él es así…

- Y además le vas a hacer sufrir de la misma manera. – sonrió Lily.

- Sí, ya me apetece.

- Tenemos que preparar eso – dijo Lisa – y también nuestra broma de presentación. Tiene que ser algo grande para que la gente se acuerde, algo inesperado.

- Tenemos que pensarlo, a la mínima que se nos ocurra una idea, la ponemos en común, vale?

- Ok

- Vale, pero ahora tenemos que dormir, mañana tenemos que estar guapas.

- No, mañana tenemos que estar arrebatadoras.

- Arrebatadoramente bellas – concluyó Lara, que ya había recuperado su buen humor con una sonrisa.

Y las tres chicas se fueron a dormir, llenas de proyectos. Lo cierto es que se habían embarcado en una empresa arriesgada: hacer caer a los Merodeadores rendidos a sus pies, ser unas bromistas famosas en el colegio y ser las chicas más seductoras que hubiesen pasado por allí… vamos, facilísimo.