Escalera hacia la muerte

Capítulo 10: Sangre

Tom subía las escaleras aprisa. Su respiración era tranquila, su paso firme y confiado, y en su mente, pensamientos, deseos y conjeturas chocaban entre sí como un mar turbulento contra los acantilados. El ruido que pudiera hacer no le preocupaba en absoluto, si alguien lo encontraba ya se le ocurriría alguna excusa. No era momento para reflexionar ni ser precavido; no entonces, cuando la excitación le recorría cada poro de la piel. Se le erizó el vello de la nuca y su rostro se contrajo en una sonrisa vil, a conjunto con la frialdad que emanaban sus ojos oscuros, y el rojo se proyectó en su mirada como gotas de sangre esparciéndose progresivamente, surcando los iris negros hasta casi alcanzar la retina.

El pasillo se extendía más allá de lo que era capaz de adivinar a simple vista, sumido en las tinieblas de la noche. A medida que iba alejándose por el angosto pasaje, dejando atrás esculturas grotescas, cuadros de paisajes idílicos e infinidad de candelabros a punto de extinguirse, imágenes de las últimas horas le llegaron a la cabeza como trazos uniformes que se intensificaban y atenuaban dando paso a la escena siguiente. Aquello logró agrandar su júbilo interior. Lo había matado, sí; y además sin complicaciones.

Un simple imperius no verbal y lo tenía en el bote. Fácil, sólo tuvo que distraerlo pronunciando el nombre de su novia. A duras penas logró extinguir la carcajada que por poco escapó de su boca. Había sido tan patético al caer en su trampa, tan ingenuo, que más que risa bien podía producirle pena; y no por el hecho de su muerte, desde luego.

"Estúpidos sangre sucia, será verdad que sois inferiores"- repuso para sus adentros sin el mínimo respeto.

Nunca se había planteado si las afirmaciones de los demás Slytherin acerca de ellos eran verdaderas o una forma de ponderar la pureza de sangre, pero tampoco le importaba. Él sólo sabía que odiaba a los muggles y a todo lo que se le pareciera, y si éstos sufrían, perfecto, y si desaparecían de la faz de la tierra, maravilloso. Shawn fue víctima con un fin determinado; que fuera sangre sucia aumentó el placer de realizar la tarea, pero no era estrictamente necesario. Ese nuevo logro colmó sus esperanzas. Las piezas del puzzle se unían con maestría a un simple movimiento de su mano, y la puerta a sus deseos estaba a un empujón de abrirse y mostrarle las riquezas que encerraba. Lo sabía, y estaba orgulloso de ello, pero necesitaba algo más. Diversión tras la emoción que irradiaba su ser, acción después de haber atendido cómo el basilisco arrancaba hasta el último atisbo de la vida de Shawn Smith, voracidad, al haber contemplado su cuerpo inerte tendido en el suelo de la Cámara Secreta. Una luz le dio a entender que estaba llegando al final, y pudo vislumbrar la pared lisa y gris iluminada por una vela. Había llegado a su destino, ahora sólo le quedaba esperar.

Eva terminó el examen de Astronomía demasiado tarde. La hora se le había hecho excepcionalmente corta; los minutos la consumían, las palabras se le atascaban en la pluma y sólo era capaz de esbozar líneas sin sentido sobre el pergamino con un pulso difícil de dominar. Logró calmar su extraño comportamiento e intentó dejar de sudar; los ojos le brillaban con intensidad, y sin saber por qué, le escocían. Los cerró y trató de ser un poco más racional, pensar en los astros y sus trayectorias, concentrarse en la asignatura. La parálisis mental no desapareció del todo, pero aún así consiguió acabar los suficientes ejercicios para asegurarse al menos un aprobado. Avergonzada de sí misma, y comprobando que era la última en abandonar el aula, le entregó el examen a la profesora, que le dirigió una mirada preocupada a la que contestó con una sonrisa y un "estaba repasando" para justificar el retraso.

Al golpe de la puerta al cerrarse lo siguió un incómodo silencio. Jamás se había sentido tan atemorizada en Hogwarts, y lo comprobó cuando al divisar el final de las escaleras, el terror le recorrió las venas. Tan sólo era oscuridad y unos cuantos peldaños que bajar, nada a lo que no se hubiera enfrentado anteriormente, pero se sentía extraña, como si un corriente frío le hubiera helado la sangre. La inquietud se intensificaba a cada segundo, y pronto fue capaz de oír el palpitar de su corazón haciendo eco en su cabeza.

Agobiada por la inestabilidad en sí misma, se dio prisa en bajar la laga escalinata en forma de espiral, presa del mareo a cada vuelta de esquina. Su mano se deslizó velozmente por la barandilla durante largos minutos, el cansancio se hizo presente bajo su piel; sofocada por el agotamiento, por la rapidez en que había llegado al final, pero sobretodo a causa del miedo irracional que se había apoderado de ella desde la hora anterior y del que no podía deshacerse de ningún modo.

Apareció en el hall de entrada. La silueta de la inmensa puerta de madera, divisable en la oscuridad, se le antojó un obstáculo. Repentinamente, ansió salir de allí, adentrarse en el bosque y esconderse entre los matorrales y la maleza poblados por toda clase de criaturas extrañas. Una voz lejana le gritaba al oído "corre, vete", y le hubiera hecho caso de no ser por la sensatez que la caracterizaba. No, su obligación era subir a la Sala Común y dormir hasta la mañana siguiente.

Con un deje de preocupación en el rostro y la impresión de estar tomando el camino equivocado, ascendió hasta el vestíbulo del primer piso, coronado por el escudo de Hogwarts, en cuyos bordes estaba escrita la frase "Draco dormiens nunquam titillandus", o lo que era lo mismo, "Nunca le hagas cosquillas a un dragón dormido". Sabias palabras, que al recordarlas, aumentaron su miedo interno. Recorrió la primera antesala y se perdió a través de un conjunto de columnas que desprendían un fulgor blanquecino. Se asustó del ruido de sus propios pasos resonando en las paredes.

"¿Desde cuando soy tan miedosa?"- quiso saber. No halló respuesta.

Llegó a la segunda planta, y avanzó hasta que una súbita opresión en el pecho la hizo parar en seco. Acompasando la respiración con sus latidos acelerados, giró lentamente la cabeza. A través del mechón que le había caído sobre su ojo derecho, advirtió a escasos metros de ella la puerta del baño de Myrtle. El sonido que producía al moverse era desgarrador; se desplazaba unos centímetros hacia dentro, y a continuación hacia fuera. La oscilación la hipnotizó por momentos, hasta que concluyó que era una estupidez quedarse allí plantada. Presa de un escalofrío, procuró no mirar esa puerta al pasar por su lado y se adentró en el pasadizo que la conduciría al piso siguiente, y al siguiente, y finalmente la quinta planta se presentó ante sus ojos.

Suspiró aliviada por haber llegado, aunque la tensión de su cuerpo no se correspondía con ese suspiro. La Sala Común no estaba lejos, y hasta donde sabía, ningún loco con un garfio la perseguía por el colegio, así que, se aseguró a sí misma, no había motivo para temer. Una vez frente a la entrada, antes de golpear la superficie de lisa piedra, paró un momento a escuchar su alrededor. Un sonido se había colado en sus oídos y no adivinaba el qué. Una brisa fresca le enfrió las mejillas. Así que era eso, sólo el aire entrando por alguna abertura.

Dio media vuelta y lo comprobó. Las estrellas salpicaban el hueco que dejaba el ventanal abierto, medio escondido tras la pared que ocultaba el inicio del pasillo que minutos antes había tomado. Se fijó en que algo tapiaba parte de la ventana, y entornó los ojos tratando de descubrir lo que era. Se acostumbró a la oscuridad y fue capaz de percibirlo: el perfil de una figura humana contra el alféizar, tan quieta que podría haberse tratado de una estatua; la espalda apoyada, una pierna estirada, la otra doblada y un brazo posado sobre ésta última. Eva abrió los ojos en señal de sorpresa y el terror la carcomió por dentro. La figura advirtió su mirada, de un salto cayó de pie en el suelo, con la agilidad de un gato, y dio unos pasos en dirección a ella. Un fulgor rojizo destelló de la nada y Eva sólo supo que debía correr.

Tan deprisa como sus piernas se lo permitían, intentando no tropezar con sus propios pies que propinaban golpes en el suelo y el sonido retumbaba fuerte en la distancia. Sin mirar atrás, aunque notaba la presencia del chico acercándose cada vez más. Sin distinguir bien el castillo a causa de la negrura, se adelantó por el primer pasadizo que encontró, desesperada por alcanzar una salida, horrorizada por la situación en la que se encontraba; y exhalaba, inhalaba, palpitaba, jadeaba y sollozaba interiormente. No podía ser real; una pesadilla como aquellas que frecuentemente alteraban su sueño, de eso debía tratarse. Quería creerlo, pero la esperanza por encontrar refugio era más fuerte. Dejó de lado sus pensamientos y continuó avanzando, más rápido, hasta que se dio cuenta del error que había cometido. Una pared bloqueaba el camino, y ella no era un fantasma para poder atravesarla.

Paralizada por un terror infernal, se quedó parada con las manos reclinadas contra la pared, rezando para que ocurriera un milagro y la salvara. Sin embargo, eso era tan improbable como que fuera capaz de traspasar el muro, y su perseguidor se le acercó por la espalda mientras ella cerraba los ojos con fuerza, como si así fuera a conseguir que desapareciera. No llevaba la varita encima, pues estaba prohibida en los exámenes de Astronomía.

"Mierda"- musitó, y al sentir más cerca a Tom, el pánico llenó su mente de horribles posibilidades.

La volteó con tanta fuerza que la chica cayó al suelo, sin abrir los ojos aún. Él se arrodillo al instante, se inclinó sobre su cara y sus respiraciones se sincronizaron mientras apretaba las muñecas de la chica contra la pared. Ella quiso gritar, pero al igual que en las pesadillas, su voz se ahogó en un aullido interno atragantado al final de la garganta. Estaba aprisionada y no podía escapar, ni siquiera gritar.

-¿No desearías ahora estar de mi lado?- le escupió sus palabras al oído, y Eva abrió los ojos de golpe y los entornó como gesto de odio. Por fin Tom Riddle le mostraba su verdadera identidad.- ¡Estúpida!- bramó Riddle, y con una mano le agarró el mentón y lo colocó a la altura de su nariz. De esa forma, ella pudo observar su semblante en todo su esplendor, la expresión mezquina reflejada más allá de esos ojos color sangre, abominables, que incitaban a retroceder, se clavaban como agujas y revelaban la crueldad de su alma, oculta tras sus hermosas facciones. Un demonio; un maldito y repugnante demonio.

Tom acercó el rostro de la chica aún más al suyo en un ademán dominante. Su gesto, el brillo de odio en su mirada, el temblor del labio inferior; todo ello le producía satisfacción. Rió enardecido y a Eva le recordó a los pequeños diablos que decoraban las iglesias. Juntó su frente con la de ella y la Ravenclaw se estremeció. Era divertido, pensaba Tom. Tremendamente divertido.

-¿Tienes miedo?- se mofó ante su asustada presencia. Eva se estremeció, y en su estado de profunda desesperación trató de apartar la mirada hacia el techo, pero le era imposible evitar la imagen del heredero de Slytherin, que eclipsaba su visión con la cara tan pegada a la suya que a duras penas alcanzaba a respirar, y todo el aire que podía inspirar contenía esa mezcla entre menta fría y licor caliente que desprendía su aliento feroz y le contaminaba los pulmones.-¿Te intimida mi presencia?

Estaba a punto de desfallecerse; pero la curiosidad, impulsada por su carácter aventurero innato, produjeron el efecto contrario. Se mantuvo más despierta que nunca.

Un mechón azabache cubrió un ojo de Tom cuando inclinó la cabeza, de modo que dejó de observar fijamente a Eva, y ella lo agradeció; sin embargo no podía saber de qué forma la atemorizaría esta vez. La respuesta fue súbita, directa y realmente inesperada. Riddle le sujetó el mentón de nuevo y descargó su cabeza contra la pared con nula delicadeza. A continuación le mordió el labio. Hincó sus dientes impetuosamente, se regodeó clavándole las uñas en los hombros a través de la túnica, lamió la sangre que brotaba de su boca, y sorbió cada pequeña gota con movimientos que podrían confundirse con besos apasionados.

Eva temblaba de ira y humillación, pero nada podía hacer para liberarse de la sombra que se había cernido sobre ella, como un depredador acechando su presa. Abandonó sus labios, dejando en ellos pequeños surcos que emanaban aún el líquido caliente, y bajó lentamente hacia su cuello. Se había fijado en esa parte de su cuerpo una vez, pero jamás pretendió observarla desde tan cerca. Su yugular palpitaba inquieta. La recorrió con un dedo y Eva se sobresaltó. Tom ensanchó su sonrisa mostrando una hilera de dientes ensangrentados, que la chica percibió bajo la cascada de cabello que le ocultaba los ojos y le ensombrecía el rostro, turbado por la malicia. Mordió con énfasis de forma gutural, con saña, como un perro hambriento. Le traspasó la piel y le provocó un alarido de dolor. Más sangre derramada, más heridas de su parte.

Paró. Se apartó de su cuello, aunque siguió estando cerca, demasiado cerca. Eva no sabía qué esperar, ofuscada y al borde de la angustia. Finalmente, Tom alzó el rostro. La quietud del entorno los rodeó, y la Ravenclaw logró zarandearse un poco. Pero antes de que pudiera incorporarse, las manos de Riddle la asieron y la inmovilizaron contra la pared, mientras que su boca se posaban muy cerca de uno de sus oídos, casi rozándolo.

-Estás marcada, Laurens.- sentenció, arrastrando las palabras como una serpiente- No lo olvides- finalizó.

Sin más dilaciones, se levantó; y tras deleitarse contemplando la deplorable visión de Eva magullada y aterrada en un rincón, tomando aire con dificultad, se alejó con calma, su figura perdiéndose en la oscuridad. Eva lo odió entonces como nunca creyó poder odiar a nadie, y sus ojos, sus gestos, su tacto y palabras quedaron grabados en un rincón inaccesible de su memoria, al que solamente recurría cuando necesitaba una razón para seguir luchando contra la maldición de su familia. Aún así, su subconsciente no lo olvidó tan fácilmente, y más de una noche extrajo esas imágenes y las incluyó en la mitad de un sueño agitado, y eso era algo contra lo que Eva no podía luchar.


Bueno...

Ha quedado un poco... Bueno, no sé xD No estaba muy convencida de esa parte, pero quería un encuentro en el que Tom demostrara toda su maldad (aunque corto). En teoría este iba a ser el final del capítulo nueve, pero se extendió demasiado y pensé que sería mejor dejarlo en un capítulo aparte. Ha quedado corto, pero me apetecía que terminara aquí (además, el capítulo anterior fue más largo de lo que suelo escribirlos, así que supongo que es una forma de contrarrestarlo... yo yo mis excusas.)

Y... ahora que has llegado hasta aquí¿No me dejarías un review?