Pareja: Kai&Takao

Advertencia: Shounen –ai

–Diálogos.

"Pensamientos."

Para Senshi Hisaki Raiden.

EL GUARDAESPALDAS

–Kaily Hiwatari–

Continuación...

&&&KaiTakao&&&

Takao escuchó cómo tocaban insistentemente la puerta de su habitación.

–Mnn... –se quejó adormilado, cambiando de posición.

–Takao, ¿estás ahí? –preguntó su hermano desde el otro lado de la puerta.

–Brr... –bufó intentando abrir los ojos. Al hacerlo se dio cuenta de que la cuerda seguía en el suelo, así que dio un salto de la cama y la desató de la pata de la cama para meterla bajo ésta.

–¿Takao?

–Hitoshi, espera... –se subió en la cama y se tapó con las sábanas–. Pasa.

Su hermano abrió la puerta–. Buenos días.

–Hola –se restregó los ojos con ambas manos y bostezó cansado.

–¿Cómo te encuentras hoy? –caminó hasta sentarse en la cama, para ver a su hermano más de cerca.

–Bien –respondió–, me gustaría seguir durmiendo.

–Jajaja, será una broma.

–No –respondió el otro con evidencia, acomodándose en la cama.

–Son la una del mediodía. Como sigas durmiendo, papá te encontrará aquí. –le dijo con evidencia.

Takao miró el reloj de su muñeca para verificar eso. Era verdad. Estaba tan cansado por haberse acostado tarde la noche anterior, que ni recordaba que su padre volvía para el mediodía.

–Deberías salir, Kai te está esperando en la puerta.

–¿Ya está ahí? –preguntó con desgano.

–Lleva ahí desde las ocho de la mañana o eso creo. No se ha movido de ahí en toda la mañana.

–Pues que siga así. –le restó importancia.

–No seas cruel, Takao.

–Si no lo soy... es pesado. –argumentó.

–¿Por qué te sigue a todos lados? Ya me gustaría a mí tener un guardaespaldas como él todo el día tras de mí. –le hizo saber.

–Pues quédatelo, te lo regalo.

–No estaría mal –pensó en voz alta, creándose una película en su cabeza. Con rapidez intentó cambiar de tema–. Dúchate y vístete, a papá le alegrará ver que estás mejor –se puso de pie y caminó hasta la puerta. Cogió el pomo y lo hizo girar con lentitud para volver a ver al joven de cabellos azules, quien se sentaba en el filo de la cama, dejando los pies en el suelo en silencio.

Hitoshi sonrió. Por primera vez su hermano le estaba haciendo caso sin discutir, eso ya era todo un logro. Abrió la puerta y salió de la habitación, encontrándose de lleno al bicolor, quien tenía su típica pose, sin dejar de mirar a la puerta que tenía en frente–. Va a ducharse y a vestirse. –le informó esperando una contestación por parte del otro, pero no llegaba. Así que continuó hablando–. Estaré abajo, si me necesitas para algo... lo que sea –le sonrió con esperanza–. Estaré en mi despacho, jejeje. –ni siquiera era capaz de escuchar decirle, un de acuerdo.

Dejó de mirar a Kai para empezar a caminar por el pasillo al ver que no recibía más que una mirada, o eso era lo que creía, ya que con esas gafas oscuras no podía distinguir hacia donde miraba el bicolor.

&&&KaiTakao&&&

Takao estaba poniendo su armario patas arriba.

–¿Dónde demonios estará? –buscaba y rebuscaba, pero no encontraba aquello que buscaba–. A ver si al menos el pantalón –miró en las perchas–. Tampoco –se cruzó de brazos, sintiendo cómo por su espalda resbalaban pequeñas gotas de agua, debido a que ya se había duchado. Solamente tenía enrollado a su cintura una toalla, pero eso era lo que menos le preocupaba. No encontraba ni su pantalón, ni su camiseta favorita y eso era muy extraño. –A lo mejor estará en la ropa sucia... tendré que ponerme cualquier otra cosa.

&&&KaiTakao&&&

El joven de cabellos azules bajó pesadamente las escaleras, seguido por "su sombra". En ese momento el timbre sonó, llamando su atención. Vio cómo Gustuv abrió la puerta y cómo su padre entraba a la mansión.

–Bienvenido señor –le hizo una reverencia.

–Gracias, Gustuv –sonrió.

Takao sonrió– ¡Papá! –gritó con emoción, corriendo por las escaleras para ver cómo su padre se separaba de Gustuv, para recibirlo con los brazos abiertos en un fuerte abrazo.

–Takao –lo abrazó con fuerza.

–Hola, ¿qué tal el viaje? –se separó de él para verlo con una sonrisa.

–Bien –le revolvió el cabello– ¿Cómo te encuentras?

–Mejor, ya estoy bien.

–Me alegra saber eso, ¿dónde está tu hermano?

–No lo sé –respondió con sinceridad.

–Papá –escuchó la llamada de su otro hijo que caminaba hacia él, saliendo del comedor.

–Hola, Hitoshi –lo recibió con un abrazo– ¿Todo bien?

–Sí, tranquilo.

–Me alegra escuchar eso.

–Íbamos a comer, ¿nos acompañas? –le preguntó Hitoshi.

–Pues claro –respondió mirando hacia el bicolor– Hola, Kai.

–Bienvenido, señor.

–Gracias.

–Señor –aprovechó que había iniciado la conversación, viendo cómo el señor Shibure le miraba–. Me gustaría poder hablar con usted.

–Después de comer tengo un hueco. Estaré en mi despacho. –le informó.

Kai asintió, siguiendo a la familia hasta el comedor, dónde empezaron a tomar asiento y a comer. Kai se dirigió a su habitación y empezó a hacer las maletas.

&&&KaiTakao&&&

Shibure esperaba con ansiedad que el guardaespaldas de su hijo entrase por esa puerta. Se imaginaba que no debía de tener buenas noticias, ya que Kai era de pocas palabras.

Abrió el primer cajón de su mesa con llave. No hizo más que ver el contenido y escuchó cómo tocaban la puerta.

–Adelante –dijo a la vez que cerraba el cajón y se ponía más cómodo en su asiento. El bicolor entró a la habitación–. Adelante Kai, siéntate –lo invitó haciendo uso de su mano, indicándole que se sentara en la silla que estaba frente a él.

–Gracias, señor –se sentó.

–Tú dirás.

–Quiero agradecerle su hospitalidad y la consideración que ha tenido conmigo, pero... no puedo seguir en este trabajo.

–No digas eso, apenas llevas aquí unos días. –le intentó hacer ver.

–Con el debido respeto señor, no creo que... –tocaron la puerta.

–Perdón. Adelante –indicó Shibure. Vio cómo Gustuv entraba con una carta en la mano.

–Perdón por la interrupción señor, pero ha llegado esta carta para usted –se la dio en la mano.

–Gracias Gustuv –miró la carta con temor.

–Si me disculpan –hizo una reverencia y se fue de allí. Kai se fijaba en como el señor Shibure abría la carta con... ¿miedo? Leyó el contenido y se echó una mano a la boca. Su cara era de temor y de disgusto.

–¿Se encuentra bien? –era evidente que no lo estaba, pero aún así, Kai le preguntó.

–Kai, por favor. Considérelo, quédese. –le animó–. Le pagaré el triple, el cuádruple si es necesario, pero proteja a mi hijo.

–Señor, es usted muy generoso, pero... –vio cómo el señor Shibure abrió un cajón y cómo sacó un montón de cartas dejándolas sobre la mesa.

–Léalas –le pidió. Kai no se negó a ello al ver el estado en el que se encontraba el señor Kinomiya. Sacó un papel del interior del sobre, no era una carta normal. Las palabras que había escritas en ellas, estaban hechos con recortes de revistas y de periódicos, con un breve mensaje.

"Takao es mío".

"Una cita contigo sería como estar en el cielo".

"Te haré mío".

"Iremos juntos al infierno".

"Muere, Takao".

–Pero esto...

–Son amenazas. –Terminó Shibure–. Al principio pensé que era algún admirador de mi hijo... no sé... alguna cría que se había enamorado de él, pero... las últimas cartas me demuestran lo contrario. Alguien quiere matar a mi hijo. –decía nervioso.

Kai miraba todas las cartas– ¿Desde cuándo las recibe?

–Desde hace meses. Me da miedo pensar que mi hijo esté en peligro allí fuera.

–Él no lo sabe –dedujo.

–No. Mi hijo Hitoshi si está enterado. Takao puede parecer muy enérgico y fuerte, pero se derrumba con facilidad. Kai... después de la muerte de mi esposa Yoshie, Hitoshi y Takao son mi única familia. No tengo a nadie más. Por favor... –se puso de pie, hasta ponerse a su lado e hincarse de rodillas en el suelo–. Se lo suplico –iba a juntar las manos cuando Kai le levantó, a la vez que él se ponía en pie.

–No haga eso, señor.

–Sólo tendrá que protegerlo hasta que tome su lugar en la empresa. Para entonces, Takao estará más protegido.

Kai le miró con preocupación durante unos segundos, que para el señor Shibure, fueron eternos–. Necesitaré instalarme más cerca de él.

–Escoge la habitación que quieras.

–Está bien. Si me disculpa, tengo que deshacer las maletas –se dio media vuelta.

–Kai... –el bicolor le miró–. Gracias.

–Señor –caminó hasta la puerta para poder hacer lo que le había dicho a Shibure.

&&&KaiTakao&&&

Kai estaba terminando de poner las cosas "en su nueva habitación" mientras pensaba.

"Claro, por eso el señor Shibure no quería que Takao saliera solo a ningún sitio. Y el día del concierto... mn... si no llego a estar yo. Sólo espero que no sea un maniático obsesivo con la fortuna de la familia, porque si no...", cerró el armario.

Salió de la habitación para buscar al joven de cabellos azules. Descartaba la posibilidad de que durante su ausencia, hubiese huido. El señor Shibure estaba ahí ahora y no desobedecería a su padre. Lo encontró en la piscina, terminándose de comer lo que parecía un pastelillo, mientras con la otra mano sostenía una especie de cazamariposas pero con red menos larga.

–Venga, que no tengo todo el día... estúpido Hitoshi –mascullaba enfadado removiendo el agua.

–¿Qué haces?

–No me hables –sacó el artilugio fuera del agua y lo tiró al suelo sin más–. Menuda porquería –miró a su guardaespaldas–. Si vienes a despedirte no hace falta, vete sin más –dijo arrogante.

–¿Quién te ha dicho que me voy a ir?

–Lo digo yo.

–Hm... Dudo que tengas autoridad aquí.

–¿¡Qué yo no qué!? –Caminó hacia él con rapidez– ¡La influencia vendrá cuando hable con mi padre. Te echará a patadas por hacerme daño!

–¿No me digas? ¿Tu padre sabe que bebes? –El menor silenció ante esa acusación– ¿Sabe que te escapas?

–Claro que sabe que bebo alcohol, idiota.

–Doce, trece... no tienes más de esa edad.

–Y una mie... –fue interrumpido por su guardaespaldas.

–¡Eh! Modera ese lenguaje.

–No eres mi padre, sólo eres un fantoche vestido de negro con cara de amargado. Y para que lo sepas, tengo dieciocho años, voy camino a los diecinueve. –le hizo saber orgulloso.

–El alcohol no está permitido hasta los veintiuno.

–Por lo menos yo soy joven, pero tú...–lo miró con rabia y evidencia–. Tú pasas de los cuarenta por lo menos.. ¡Je! llegas a eso como mínimo.

Kai iba a reprocharle, cuando Gustuv interrumpió la conversación–. Señorito –ambos miraron hacia el mayordomo, viendo que llevaba una bolsa en las manos.

–¿Qué?– preguntó éste.

–He encontrado esto –se lo dio en mano. Takao lo abrió para ver de qué se trataba y descubrir que eran su pantalón y camiseta favoritos.

–Mi ropa... ¿Dónde estaba?

–En el contenedor de basura.

–¿Qué hacía allí? Yo no la he tirado.

–No lo sé, señorito, pero de no ser porque la bolsa de basura en la que iba, se ha roto al tener demasiado peso... –fue interrumpido por el menor.

El joven de ojos color rojo zafiro olfateó la ropa–. Gustuv, dale un agua –dijo entregándole la ropa.

–Bien señorito. Con su permiso –se retiró sin más, dejando de nuevo a solas a los dos chicos.

Takao miró con rabia hacia el suelo. Apretó fuerte los puños para después mirar con rabia hacia el bicolor– ¡Has sido tú! –le acusó, poniéndole el dedo índice sobre el pecho.

Kai le apartó el dedo–. Estamos a mano.

–No, no lo estamos. Prepárate porque tu sufrimiento va a comenzar desde hoy. –siseó.

–No te atreverás.

–¡Je! Eso ya lo veremos. Ningún guardaespaldas puede conmigo y tú nº veintiuno, no vas a ser menos –tras esas palabras, se encaminó hacia la puerta de cristal para meterse en la mansión.

&&&KaiTakao&&&

Kai había preparado todas sus armas e instrumentos de búsqueda. Aunque no le hacía mucha gracia ese mocoso, era su protegido y eso estaba por encima de todo. Había dejado a Takao junto a su padre y esperaba nuevas órdenes.

Salió de la habitación y la cerró con llave. Takao no debía de descubrir todo eso o era capaz de liarse a tiros con él. Le hacía gracia ver ese carácter tan fuerte en un niño como él. Su hermano Hitoshi y él no se parecían en nada para ser hermanos.

Bajó las escaleras y escuchó unas notas musicales... parecía un piano, así que siguió ese sonido para ver de donde procedía, sólo por curiosidad, después volvería a sus quehaceres. Se desvió hacia la "izquierda" que visto desde la entrada era la derecha. Allí sólo había habitaciones para los invitados. Los pasos le llevaron hasta dos grandes puertas, como la que había en el comedor. El sonido del piano procedía de ahí sin lugar a dudas. Giró con mucho cuidado la manecilla de la puerta para abrirla y sentir más fuerte que antes, el sonido. Esa canción era de Mozart, la turca 2 sin lugar a dudas, claro que era el final de ella, porque dejaron de tocar.

Kai miró esa habitación intentando buscar el dueño de quien empezaba a tocar la melodía de Elisa de Beethoven. Era un comedor que era el triple de amplió que el otro. Una extensa mesa de la cual no se veía el principio y el final con sus sillas. Una enorme chimenea, grandes ventanales con sus cortinas, otra enorme puerta corredera de cristal, la cual parecía conducir a otro pequeño jardín con una pequeña fuente en el centro, rodeada por un balcón de mármol. Varias lámparas iluminando la habitación, además de las lamparillas que había en algunas columnas. En esta habitación no había apenas cuadros.

Enarcó una ceja al ver que se trataba de... Takao. No podía evitar mirarlo. Parecía triste y esa música... lo hacía tan bien. En esos momentos, mirándole así, nadie diría que era un niño tan problemático, aunque en parte lo entendía. Él también estaría nervioso si su padre no lo dejara salir a ningún lado, y sin ninguna explicación.

La música paró y Kai salió de su trance– ¿Qué haces aquí? –Se puso de pie y guardó las partituras en su sitio–. Ni siquiera puedo estar solo mientras toco. –le reprochó Takao.

–No era mi intención molestarte.

–Pues lo haces con tu presencia.

El bicolor veía con Takao se acercaba hacia él, seguro que quería salir de la habitación–. Podríamos intentar llevarnos mejor, ¿no?

–No –le miró a los ojos–. Y me gusta más cuando estás callado –dicho esto, salió por el pasillo adelante. Kai rulo la vista y lo siguió.

&&&KaiTakao&&&

El señor Kinomiya hablaba por teléfono en su despacho–. Sí... claro... a las nueve y media... sí... le espero... adiós –con una sonrisa forzada colgó el teléfono.

–¿Ese era el último? –le preguntó su hijo Hitoshi, quien se encontraba con él.

–No hijo, aún me quedan tres. La verdad no me hace ninguna gracia tener que hacer esto.

–Piensa que sin esa fiesta, no podrás presentar a Takao en sociedad frente a los demás ejecutivos.

–Lo sé, por eso lo estoy haciendo. Quien me preocupa en cierta forma es tu hermano, ya sabes cómo se comporta en estas fiestas.

–Sí –respondió al recordar cómo en la fiesta de Hitoshi, Takao se encerró en la habitación y no salió en toda la noche–. Pero esta es su fiesta, así que no podrá faltar por mucho que lo desee.

En ese momento la puerta del despacho del señor Shibure fue tocada–. Adelante. –ordenó.

–Papá, ¿me das dinero para encargar una pizza? –se paró frente a la mesa, apoyando la palma de sus manos en ella.

–¿Dónde está Kai?

–Está allí fuera. Dime ¿me lo das? –preguntó con ansias

–Siéntate, primero tengo que hablar contigo.

–No he hecho nada malo –se excusó, sentándose junto a su hermano, el cual no le quitaba la vista de encima para ver cómo reaccionaba Takao con la noticia.

–No es por eso. –aclaró su padre.

–¿Entonces?

–Verás... dentro de unos días, habrá una fiesta. –le informó.

–¿Dónde? ¿En una discoteca? –sonrió.

–No hijo, aquí en la mansión. –especificó.

–Ah –su sonrisa se desvaneció–, otra aburrida fiesta. –silenció unos segundos, antes de continuar–. Lo siento pero no voy a asistir, papá.

–Tendrás que hacerlo, porque la fiesta es en tu honor.

–¿En mi honor?

–Sí, es para presentarte en sociedad.

–Genial –bufó, cruzándose de brazos.

–Quiero que vayas bien arreglado... con traje –le aclaró.

–No tengo traje.

–¿Y el de la última vez?

–Me lo manche accidentalmente.

–¿Cómo de accidentalmente? –preguntó su hermano, sabiendo que Takao era capaz de haber manchado el traje por no ponérselo.

–Eso no te incumbe –miró a su hermano de reojo.

–Takao –le llamó su padre la atención, para que no iniciasen otra pelea de las que acostumbraba a ver–. Esta misma tarde te comprarás uno nuevo y espero por tu bien, que no lo manches. O no solamente no habrá dinero para la pizza, sino para otras cosas, ¿entendido?

–Sí –contestó derrotado.

–Ahora haz pasar a Kai.

Se puso de pie y se dirigió a la puerta, abriéndola, para encontrarse con que Kai lo esperaba en el pasillo–. Tú. Pasa –habló con molestia y desgano.

Ante las palabras de su hijo, Shibure se echó manos a la cabeza. ¿Tan difícil le era hablar educadamente?

Kai entró a la habitación–. Señor.

–Yo me voy –aclaró el joven de cabellos azules.

Shibure inmediatamente intervino–. No tan deprisa, escuchadme los dos –vio cómo Takao se quedó esperando para ver que tenía que decirle su padre–. Kai, dentro de unos días habrá una fiesta en la mansión. Quiero que acompañes a Takao a una tienda de trajes. Una vez que lo tenga, quiero que regreséis.

–Entendido señor. –contestó.

–Otra cosa, la limusina ya está lista, podéis usarla. –le informó al guardaespaldas.

–Bien, señor.

–Eso es todo.

–Adiós papá –se apresuró a decir, para salir corriendo.

–Señor –salió detrás de Takao.

&&&KaiTakao&&&

Kai miraba de arriba abajo el interior de la limusina. Takao que estaba sentado frente a él, pero junto a la ventanilla, lo miraba con cansancio.

–¿Qué te pasa? ¿Es que nunca has visto una limusina? –le preguntó por fin.

–Claro que sí.

–¿Y entonces qué haces mirando cómo un estúpido?

–Mn.

Takao volvió su vista a la ventanilla, viendo cómo ya iban por el centro de la ciudad. Como siempre, se sintió observado, así que miró hacia Kai.– ¿Qué? –el bicolor no le quitaba la vista de encima–. No me mires. No me gusta. Me pones nervioso –aclaró. Kai permanecía callado, ni siquiera se movía, eso sabía que le molestaría más al joven de cabellos azules. Ya llevaban un rato así y Takao se estaba hartando– ¡Que no me mires!

–¿Perdona? –bostezó–. Me había quedado dormido –eso enfureció más al joven de cabellos azules. Había estado hablando solo, ¿durante cuánto tiempo?– ¿Pensabas que te miraba?

–No... Cállate, me das dolor de cabeza –le hizo saber, cuando sintió cómo el coche detuvo su marcha. La ventanilla que estaba detrás del conductor se abría y el conductor les confirmó que ya habían llegado–. Menos mal, porque no soporto estar un minuto más aquí.

&&&KaiTakao&&&

La tienda era demasiado amplia y cara para el gusto de Kai, pero quien había elegido esa tienda no era él, sino Takao. Así que él sabía lo que se hacía, además de que tenía mucho más dinero que él y se lo podía permitir. Takao salió del probador dejando los trajes en su sitio. Ya llevaban cerca de dos horas y todavía no había encontrado alguno que le gustase o le quedase bien. El joven de cabellos azules miraba con cansancio las chaquetas. Ninguna era de su gusto y el problema era que necesitaba un maldito traje para esa fiesta.

La dependienta se acercó de nuevo a Takao–. Joven, si puedo servirle de ayuda...

–No, gracias, está bien así –le dijo con educación pero sin mirarla. Cuando la dependienta se alejó para atender a otro cliente, Takao suspiró cansado, mirando todos los trajes que le quedaba por ver–. A este paso no terminaré nunca –se reprimió.

Por otra parte, a Kai le sonó el móvil. Por la melodía del móvil, sabía que era el señor Shibure, así que lo cogió con rapidez.

–¿Señor?... Sí, no se decide... bien señor –colgó. Con pasos lentos se acercó al joven de ojos color rojo zafiro, ya que había mantenido bastante las distancias–. Su padre acaba de llamar.

–¿Y? –preguntó poniéndose ambas manos en la cintura con preocupación, mirando el extenso perchero.

–Quería saber cómo le iba.

–Pues mal... no me puedo decidir entre tanta ropa. No me gustan los trajes. –confesó.

–Eso es obvio –soltó sin más.

Takao le miró de soslayo. Se cruzó de brazos y le miró con cara de pocos amigos, pero desafiante–. Pues sí. Y si tardo no es mi culpa. ¡Ja! Ni siquiera tú serías capaz de escoger uno indicado entre tanta ropa.

–¿Ah, no? ¿Qué talla tienes?

–No lo sé –se burló. Estaba claro que no iba a participar. Kai le miró de arriba abajo. Después caminó hasta otro perchero y hurgó entre tantos trajes. Takao bajó la mirada a sus zapatillas, jugando con su pie a darle pequeños toques con la punta de las zapatillas al hierro redondo que sujetaba un cartel de rebajas.

–Pruébate esto –le extendió un traje de color...

–¿Blanco? –preguntó cogiendo en sus manos el traje completo.

–Pega con tu tono de cabello, ojos y piel.

–Ya que te has tomado la molestia, me lo probaré –ironizó–. Total, se quedará dónde están los demás –sonrió convencido de sus palabras y se metió de nuevo en el probador.

&&&KaiTakao&&&

Takao estaba sorprendido, el traje le venía como anillo al dedo. Claro que no le iba a demostrar a Kai que llevaba razón. Salió del probador con el traje en las manos. Su guardaespaldas estaba esperando a que saliera.

¿Cómo podía hacer para intentar disimular?–. Me queda fatal, ni siquiera el color me pega, pero ya estoy harto de probarme tanto traje, así que me lo quedaré. Le pediré a un sastre que me lo arregle. Total, después de la fiesta lo tiraré –caminó hacia el mostrador viendo la cara de satisfacción del bicolor, pero no por eso se iba a flaquear–. No pienses ni por un solo segundo que has acertado, porque no es así. ¿Te queda claro?

–Afirmativo.

–Ya estamos otra vez –dijo con hastió, dejándolo todo en el mostrador.

–Hola, ¿se lo pongo todo junto? –preguntó un chico refiriéndose a la cuenta.

–Sí, por favor –le sonrió.

El mayor observaba en silencio al moreno de piel. ¿Cuánto tiempo más iba a estar sonriéndole a ese dependiente? Cuando Takao se lo proponía, podía comportarse como era debido. Si así lo hiciera con él, protegerlo contra alguien sería más fácil. ¿Y si le explicaba la situación en la que se encontraba? Quizás así cambiaría su forma de tratarle. No. El señor Shibure dijo que no lo hiciera. El mejor que nadie conocía a su hijo y sabe cómo podría afectarle la noticia.

–Vamos, nº veintiuno –levantó la mano que sostenía la bolsa, echándosela hacia atrás, quedando tras su espalda. Espero a que la puerta giratoria se parase para poder pasar y salir al exterior. Su chofer estaba esperándolo apoyado en la puerta del coche–. Toma –el chofer lo metió en el asiento trasero del coche–. Espera un poco más, tengo una cosa que hacer todavía.

–Está bien, joven –el chofer veía cómo los dos se alejaban por la calle.

&&&KaiTakao&&&

Takao se abanicó con su propia mano, intentando hacerse aire.

–Qué calor –miró hacia un bar, el cual se veía pequeño, con dos simples ventanas y la puerta en la entrada. Era parte más peligrosa de la cuidad. Había vagabundos, peleas entre las bandas, varios callejones, inclusive el que estaba pegado al bar... un callejón sin salida con varios contenedores y una escalera de hierro que estaba pegada a la pared... esa era la salida de emergencia en muchos barrios de categoría no tan alta.

Kai miraba alrededor y veía las discusiones que había entre vecinos de color. Algunos coches de la zona estaban pinchados, otros tenían los retrovisores rotos o eran robados. Las calles no estaban tan limpias y por no hablar de la basura y los periódicos tirados en la zona. Sin embargo, Takao parecía estar en otro mundo, era eso o estaba ciego para ver que se estaba metiendo en una zona peligrosa para alguien de su categoría–. Voy a entrar –anunció Takao, se frotó las manos y abrió la puerta.

Ahora Kai tendría que estar más pendiente a él que antes y más al ver el tipo de gente que había en el bar. Si es que eso se podía llamar bar, porque los suelos estaban sucios aunque lo demás se veía limpio, pero no quería averiguar cómo estaban los servicios.

Las personas que se encontraban dentro del bar, al escuchar la campanilla se dieron la vuelta. Takao sin vacilar se apoyó en la barra–. Una cerveza –pidió. Todos miraban a Kai con cara de... ¿Qué hace este tío aquí? Mientras éste se acercaba y pedía una coca cola.

–Aquí tenéis, tíos. –anunció el que se encontraba en la barra, dejando ambas cosas sobre esta.

–Gracias colega –agregó Takao. Cogió su cerveza, para sentarse en una de las mesas. El joven de ojos color carmesí lo imitó y se sentó frente a él. Antes de decir nada, cogió la cerveza de Takao e hizo intercambio–. ¡Je! –Takao cambió de nuevo las botellas y Kai sin darle tiempo a reaccionar hizo lo mismo, está vez dejándola en la esquina de la mesa, para que el otro no pudiera llegar hasta ella–. Eres un fastidio –le dio un trago a la coca cola.

–Gracias.

–Por lo menos está fresca. –anunció haciendo referencia a la bebida.

–Bébetela rápido. No me gusta este sitio. –susurró.

–¿Qué tiene de malo?

–Mn... Todo y te están mirando.

–No... Si te das la vuelta, comprobarás que te miran a ti. Con ese traje negro y elegante en un barrio como éste, llamas demasiado la atención. ¡Ya lo tengo! Quédate allí fuera a esperarme mientras yo me bebo esto.

–Negativo.

Ambos vieron cómo un plato de calamares con dos tenedores, dos rodajas de limón y de pan le eran puestos como tapa–. Aquí tenéis, troncos.

–Tío... eres guay, esto mola mazo. –aclaró Takao, hablando la misma jerga que el hombre de la barra quien les había servido eso.

–Tú sí que molas mazo, tronco –con una sonrisa, le extendió la mano para chocar los cinco y Takao así lo hizo. El camarero se retiró.

–Qué simpático –confesó Takao. Kai al escuchar eso, intentó canalizar su rabia de alguna manera, apretando su puño con fuerza bajo la mesa.

–Deja esa estúpida jerga callejera... no te pega.

–Como si eso me fuera a importar –cogió un tenedor y empezó a comer.

&&&KaiTakao&&&

Takao abrió la puerta del bar para salir de allí. Giró hacia su izquierda y se detuvo a leer un papel que había en la pared, a la salida del callejón. Kai miró hacia su derecha, unos chicos estaban amenazándose con navajas y otro salía con una pistola, aquello se estaba poniendo feo. Miró hacia Takao, el cual seguía leyendo lo que había escrito.

–Vamos –ordenó Hiwatari.

–No he terminado de leer –se acercó más al papel. Un gato negro rondaba cerca de Takao. Buscaba impulso desde el suelo para saltar a un cubo de basura, color aluminio.

–Pues date prisa.

Takao se dio la vuelta–. Tu a mi no me ordenas nada, ¿está claro?

En ese momento un disparo se escuchó, un gato maulló de forma afinada, mientras corría asustado y se escuchó un ruido muy cerca de Takao. Todo fue muy rápido–. Cuidado –Kai se abalanzó contra Takao, arrojándolo al suelo. Takao estaba sorprendido, todo había pasado muy deprisa y lo único que sabía es que el bicolor estaba encima de él, mirando hacia esos chicos.

El hombre que sujetaba la escopeta, la tenía puesta en dirección hacia ellos. Al parecer una chica le había desviado el disparo al que lo sujetaba. Ahora el hombre apuntó hacia arriba, viendo como los de las navajas se iban cada uno por su lado. No fue consciente del ruido que la tapadera del cubo de basura hacía, hasta que pasó rodando frente a sus ojos y se detuvo con más ruido todavía.

Takao miraba con disgusto al bicolor– ¡Pesas mucho! –le recordó que estaba sobre él.

–¿Estás bien? –le preguntó mirándole en general.

–Sí.

Kai se puso de pie y le ayudó a levantarse. Cuando encajó las cosas en su cabeza, comprendió que había sido una falsa alarma–. Este sitio es peligroso.

–No lo es, lo que pasa es que te pone nervioso –contestó intentando quitarse el polvo de encima– ¿Se puede saber qué demonios te pasa?

–Que intento hacer mi trabajo –le respondió cogiéndole del brazo para sacarlo de ahí.

–¡Eh! –se quejó al ver que lo llevaba a la fuerza.

–Andando. –le ordenó irritado.

Ninguno de los dos era consciente de que varios flashes de cámara eran disparados a distancia. Observándoles detenidamente desde un coche.

&&&KaiTakao&&&

Llegaron a la mansión sin más contratiempos, siendo recibidos por el mayordomo.

–Bienvenidos– les saludó cordialmente Gustuv.

–Hola, Gustuv. ¿Y mi padre?

–Pues precisamente quiere hablar con usted. Se encuentra en su despacho.

–Vale, voy a ver que quiere– le extendió la bolsa –Deja esto sobre mi cama.

–Bien, señorito.

El bicolor suspiró y siguió los pasos de Takao. Aún recordaba la escena en el callejón. Al parecer a Takao no le había asustado ese disparo y eso que podían haberlo herido. Estaba tan absorto en sus pensamientos que no se había dado ni cuenta de que estaba en el piso de arriba y de que Takao había tocado la puerta del despacho.

–Espérame aquí –le dijo, cerrando la puerta al pasar.

&&&KaiTakao&&&

Unos diez minutos habían pasado y Kai sólo sentía cómo Takao se quejaba. El joven de cabellos azules no lo soportó más y salió de ahí.

–¡Ah, no! ¡No pienso hacerlo, me da igual todo! ¡No tenía que haberme comprado ese estúpido traje! –el joven de cabellos azules no paraba de quejarse con su manoteo de un lado para otro, indignado por la noticia que le había dado su padre.

Kai iba a seguirlo, cuando vio que Hitoshi salía del despacho con el ceño fruncido–. Este Takao –se cruzó de brazos, viendo cómo Kai le miraba–. Hola, Kai –le saludó mirándole de arriba abajo, cambiando por completo su cara de enfado por una de tranquilidad– ¿Cómo te va?

–Mn... –salió detrás de Takao.

El chiquillo con su indignación se había ido al inmenso comedor en el que había tocado antes el piano. Abrió las puertas acristaladas y paso dentro del pequeño jardín, apoyándose en el balcón con ambas manos–. Menuda porquería. Esto es una mierda. –mascullaba.

–¡Eh! Ese vocabulario. –le recordó Kai.

Takao ante esas palabras, cerró con fuerza los ojos y apretó el puño para finalmente darse media vuelta colérico.

–¡No creas que me he olvidado de ti y de lo que me has hecho! ¡Y hablo como me dé la gana, porque tú no mandas en mí y tengo dieciocho años! –cogió aire– ¡No me importan ni tus estúpidos y cortos comentarios, ni tu absurda presencia, ¿te queda claro!?

–Jj... –intentó aguantarse las ganas de reír y eso fastidió aún más a Takao.

–¿¡Qué te hace tanta gracia!?

–Que la vena del cuello te va a estallar –le aclaró.

–¡Pues me da igual! –Le habló con sorna– ¡Es más, a ver si te estalla en la cara! –Se acercó a él y le quitó las gafas de la cara– ¡Y quítate las gafas, apuesto a que duermes con ellas!

Kai rápidamente se las quitó, fastidiándole el intento al otro de ponerse unas gafas que no eran suyas–. Trae. ¿Se puede saber que te tiene así?

–Muchas cosas. Una eres tú y las otras me las guardo para mí. No vas a ser mi amigo, así que métete eso en la cabeza. –siseó irritado.

–No pretendo serlo, únicamente intento llevarme bien con mi protegido –estaba empezando a enfadarse y a subir el tono de voz.

–¡Pues yo no soy tu protegido y no necesito que ni tu ni nadie me proteja en nada, así que vete de aquí!

–Negativo.

–¡Argggg! –Se sentó en el suelo–. Viejo –susurró cruzándose de brazos indignado.

–Enano –susurró viendo cómo Takao le miraba con enojo.

Fin Flash Back

El menor permanecía sentado sobre la cama, las sábanas le tapaban sólo de cintura para abajo. El amanecer estaba por llegar, ya empezaba a ver las cosas con mayor claridad. No podía ocultarlo, tenía miedo. Quizás esa sería la última vez que estaría ahí, quizás se reuniría pronto con su madre y no volvería a ver a su familia, ni a su compañero. Estaba tan concentrado en sus pensamientos, que ni siquiera se percató de que el colchón se estaba moviendo. Flexionó las rodillas y se las abrazó, buscando protección en ellas. Unos brazos rodearon su espalda y unos suaves labios besaban su nuca.

–Intenta dormir, aún es muy temprano.

–Ya no puedo –le confesó.

–Mírame –el menor le miró con tristeza, viendo cómo le ponía una mano en la barbilla –Te prometo que no va a pasar nada malo, y yo no prometo algo que no se puede cumplir.

–Tengo miedo de lo que pueda pasar... no lo puedo evitar.

–Ya lo sé y ojalá hubiera encontrado a ese... mph... pero lo encontraré y te juro que cuando lo encuentre, le voy a dar la paliza de su vida. Eso te lo garantizo.

El moreno de piel se abrazó al mayor–. Kai.

–Un momento. ¿Cómo me acabas de llamar? –le preguntó con una sonrisa, haciendo que el otro se separará de él para mirarle a los ojos–. Me has llamado por mi nombre... vaya... yo creía que en todo era nº veintiuno –le miró con picardía, viendo cómo el moreno de piel se ruborizaba– ¿O es que acaso me equivoco?

–Afirmativo. En esto eres el nº uno.

–Lo sabía –dijo más que satisfecho.

–Pero no ha estado tan mal, ¿no? –preguntó con nerviosismo, mirando hacia otro lado.

–Ha estado más que bien.

Takao sonrió y acto seguido se abalanzó hacia Kai tirándolo sobre la cama, colocándose encima, mientras lo besaba y dejaba al otro cooperar como podía. Así se sentía más seguro, entre los brazos de su chico.

Flash Back

&&&KaiTakao&&&

Las cosas estaban algo más calmadas en ese inmenso comedor, hasta que...

–Takao –lo llamó su padre, enarcando una ceja al ver a su hijo menor sentado en el suelo– ¿Qué haces en el suelo?

–Nada –vio cómo al lado de su padre, había una mujer.

–Os presentaré, ella es la señorita Judy Mizuhara. Te enseñará todo lo que necesitas saber –escuchó el bufido de su hijo. Todavía Takao estaba enfadado, pero tendría que acostumbrarse–. Os dejaremos solos, para que empecéis cuanto antes. Kai, ven conmigo –Kai miró un segundo a la mujer, para después ir detrás del señor Shibure.

–¿Cómo ha ido esa vuelta? –le preguntó Shibure, interesado.

–Bien, señor –no quería preocuparlo por una "tontería".

–Estaba muy asustado. Y mi hijo tal vez me odie por mi comportamiento, pero es lo que considero justo en estos momentos. Ya ni me fío del propio cartero.

–Le comprendo, señor.

Shibure se acercó su mano derecha al pecho izquierdo e hizo una pequeña mueca de dolor– ¿Ocurre algo, señor?

–No es nada –le respondió, quitándole importancia al asunto–. Espero que mi hijo no desaproveche esta oportunidad. Me ha costado mucho encontrar a estas alturas a esa chica.

–Señor, perdone por mi indiscreción, pero necesito saber si ha vuelto a recibir otra carta.

–No, Kai. Supongo que eso es buena señal, aunque no lo hace diariamente.

–Entiendo.

–No sé que quieren de él, es tan sólo un niño. –decía indignado.

–Todo se arreglará señor, ya lo verá –intentaba darle ánimos.

–Gracias por intentar tranquilizarme, pero mi preocupación es cada vez más grande al saber que debo de hacer otros viajes de negocios.

Las enormes puertas se abrieron de un casi portazo por la señorita Judy. Su cara era de pocos amigos.

–¿Señorita Judy? –preguntó Shibure, quien todavía caminaba por el pasillo con Kai.

–No me pida que vuelva a entrar con su hijo –le hizo saber la mujer, antes de que pudiera hablar o pedirle algo.

–¿Takao, ha hecho algo malo? –quiso averiguar.

–¿Qué si ha hecho algo malo? Ese niño y perdóneme... es un maleducado. No tiene estilo, ni clase y encima no quiere aprender y mi tiempo es muy valioso.

–Dele una oportunidad, Takao es un buen muchacho.

La chica miró hacia el anchuroso comedor en el que se encontraba al menor–. Lo siento –caminó por el pasillo como alma que lleva el diablo.

–La acompañaré hasta la puerta –empezó a caminar tras ella, pero la chica se dio media vuelta.

–No hace falta, sé irme solita. –anunció.

–Mn... –Se puso ambas manos en la sien–. Takao –susurró con pesadez el hombre. Entró al comedor, seguido por Kai–. Jovencito –a Takao se le borró la sonrisa de la cara –Dame una buena explicación para esto inmediatamente. –exigió.

–Ella empezó –dijo simplemente.

–¿Te ha ofendido?

–No.

–¿Se ha metido contigo?

–... No. –anunció tras pensar en ello.

–Takao... ¿Qué le has hecho? –exigió saber.

–Sólo la he pisado sin querer y se ha puesto a gritar como una histérica. Además, me agarraba de la cintura y tenía que... –intentaba buscar excusas, pero fue interrumpido por su padre.

–¡Ya basta! –gritó–. Eso son estupideces –dijo echándose mano de nuevo al pecho, ésta vez respirando con dificultad.

–Papá –se acercó a él con preocupación. Le cogió como pudo, sosteniéndole en sus brazos, evitando que cayera al suelo–. Kai, dame una silla –cuando Takao vio que la silla estaba colocada, sentó a su padre. Vio cómo su padre sacó del bolsillo de su chaqueta un frasco de pastillas–. El agua –se recordó él mismo sirviéndole un vaso, para dárselo a su padre. Kai miraba con atención el panorama– ¿Estás mejor? ¿Puedes respirar? –Shibure simplemente asintió, aunque su cara decía lo contrario. Takao le había dado otro de los muchos disgustos que acostumbraba a darle–. Papá, lo siento –suspiró resignado–. Le pediré disculpas a Judy.

–No volverá –dijo en un hilo de voz.

–Pues otra profesora me enseñará. –decía para enmendar así las cosas, pero su padre guardó silencio.

–Kai, ayúdame a llevarlo a su habitación.

Ambos se pasaron los brazos de Shibure por encima de sus cabezas, lo levantaron con cuidado y lentitud de la silla y lo guiaron hasta su habitación. En el trayecto hacia la misma, un sirviente avisó a Hitoshi de lo ocurrido y éste no tardó en echarle en cara a Takao lo que había hecho.

–No has tardado mucho en darle otro quebradero de cabeza a papá –le reprochó, viendo a su padre en la cama. –Takao decidió guardar silencio– ¿Cuándo vas a aprender Takao? –el menor de los Kinomiya sólo miraba a su padre y se sentía arrepentido de sus actos.

–Hitoshi –lo llamó su padre, intentando que no fueran a pelear.

–No papá, esta vez le voy a hablar claro –se puso frente a él–. Siempre estás haciendo estupideces. ¿Por qué no maduras de una vez y te haces todo un hombre? ¿Eh? –Takao no decía nada, ahora miraba hacia el suelo arrepentido. Kai en ese momento se atravesó, poniéndose en medio de ambos.

–No es el momento. –le recordó el bicolor.

–Tengo que dejarle las cosas claras ahora o... –intentaba continuar Hitoshi, pero Kai volvió a interrumpirle.

–El señor Shibure tiene que descansar.

Hitoshi frunció el ceño, pero después comprendió que Kai tenía razón–. Me quedaré con mi padre –caminó hacia la cama, sentándose en ella.

El bicolor se dio media vuelta y le susurró al joven de cabellos azules, de manera que sólo lo escuchase él –. Vamos fuera.

Takao miró a su padre y por fin se decidió a hablar–. Papá, estaré fuera. Lo siento –se dio media vuelta y salió de la habitación.

&&&KaiTakao&&&

Kai esperaba con los brazos cruzados a que Takao le diera alguna explicación por lo ocurrido, pero nada. Éste se había sentado en el suelo del pasillo sin decir una sola palabra.

–¿Y bien? –Se decidió a preguntar, al ver que no contestó, ni dijo nada, decidió preguntarle– ¿Qué le ha pasado a tu padre? –era más que evidente, pero él quería la confirmación.

–Que casi sufre un ataque al corazón.

–No sabía que el señor Kinomiya tuviera problemas de salud.

–Los tiene –le respondía sereno, pero sin mirarle. No dejaba de pensar en lo ocurrido, mientras miraba hacia la nada–, o más bien yo soy su problema. –decía con tristeza.

–Le podías haber ahorrado ese disgusto, eso es todo.

–Yo no lo veo así. Es que... me voy a convertir en algo que no quiero. –finalizó con pesar.

–Mn.

–No debería de haberle pisado el pie a Judy y a esta hora, estaría dándome clases de esos estúpidos bailes lentos –se tapó la cara con ambas manos–. Ya no puedo dar marcha atrás –suspiró–. No te ofendas nº veintiuno, pero prefiero estar solo.

–Hm –sin más se retiró, viendo cómo Takao seguía sentado en el pasillo que estaba antes de llegar a las escaleras.

&&&KaiTakao&&&

La tarde se le estaba haciendo eterna. No se atrevía a entrar a la habitación de su padre de nuevo. Él se sentía culpable y su hermano le echaría una buena bronca y con toda la razón del mundo. Ya que si no hubiera sido por su cabezonería, ahora estaría dando clases de baile y su padre estaría bien.

Gustuv salió de la habitación del señor Kinomiya. Vio que el menor ahora estaba en el comedor, sentado en el sofá, pero con la misma cara de preocupación y que todavía parecía ausente.

–Señorito... –al no recibir ni siquiera un pestañeo, le tocó con delicadeza el hombro, haciendo que el menor le mirase–. El señor quiere verle –Takao únicamente le miró, para después ponerse de pie lentamente.

No se dio ni cuenta de que ya estaba frente a la puerta de la habitación de su padre. Estaba tan distraído que ni siquiera recordaba cómo había llegado ahí. Tocó la puerta esperando un "adelante" que no tardó en escuchar. Abrió la puerta cabizbajo y la cerró al entrar.

–Takao, ven aquí hijo –le invitó el padre a que se acercase. El menor subió la mirada avergonzado, mirando hacia su padre. El padre le indicó que se sentara en la cama, al dar pequeños toques con la mano sobre el colchón–. Hitoshi ha salido un momento... así que podemos hablar –decía mientras veía cómo el menor se sentaba en la cama.

–Papá, no hagas esfuerzos –le abrazó, sintiendo cómo su padre le acariciaba la cabeza con una sola mano–. Snif... lo siento papá. –rompió a llorar, al ver el estado de su padre y saber que estaba así por su culpa–. Lo siento de corazón– sorbió el moquillo–. No quería que algo así te pasara. Te juro que no quería... snif.

–No llores más, no ha sido tu culpa. –le restó importancia.

–Sí, lo ha sido. Si no le hubiese pisado el pie a la profesora sin querer–sorbió el moquillo–. Estaría dándome clases de baile, como tú querías –Shibure escuchaba los suspiros entrecortados de su hijo y le sonrió con ternura.

–Bueno, eso ya no importa. Te he encontrado un nuevo profesor, pero ésta vez intenta comportarte bien. –Escuchaba cómo su hijo sorbía el moquillo otra vez–. Te está esperando en la sala del piano, como tú la sueles llamar. –Al escuchar que su hijo seguía llorando, le besó la cabeza–. Takao, no llores más. Ya estoy bien –silenció unos segundos antes de continuar, después de todo, sabía lo sensible que era en realidad su hijo y que se estaría culpando de lo sucedido–. Sólo necesito descansar por hoy, pero mañana veré lo que has avanzado. ¿De acuerdo, hijo?

–Vale –contestó intentando tranquilizarse. Se separó de su padre, limpiándose las lágrimas con rapidez.

–¿Y esa sonrisa?

Sonrió–. Está aquí.

–Bien –le acarició la mejilla–. Hazme sentir orgulloso de ti y demuéstrale a tu profesor lo mucho que vales.

Asintió–. Así lo haré –le dio un beso en la mejilla–. Te quiero, papá.

–Todavía no ha llegado la noche –le refirió, ya que al darse las buenas noches era cuando se decían esas cosas.

–Pero necesitaba decírtelo.

–No hacía falta hijo, yo ya lo sé –le sonrió–. Pero venga, no hagas esperar más al profesor. –le anunció.

–Tienes razón –se puso de pie –Hasta luego.

–Hasta luego –contestó, viendo cómo finalmente su hijo salía de allí, dejándolo nuevamente solo.

&&&KaiTakao&&&

Estaba frente a la puerta, intentaba echarle valor al asunto además de relajarse. Después de todo, no podía ser tan difícil el aprender unos cuantos pasos de baile, ¿verdad? Sólo tenía que hacerle ese favor a su padre.

–Allá voy –se susurró. Abrió la puerta con lentitud, mirando a su alrededor–. Pero si aquí no hay nadie –pudo ver. Entró con tranquilidad en la sala y se sentó en una silla–. A lo mejor se ha ido ya... –se dio cuenta de que había una mini cadena. Escuchó unos pasos acercarse, así que se puso de pie para recibir a su nuevo profesor–. Bienvenido a la mansión Kinomiya –miró hacia el recién llegado y le sonrió. Su sonrisa no duró mucho al ver que se trataba de Kai–. Ah... Pensaba que eras otra persona. Si no te importa, quédate fuera. Espero a alguien. –concretó.

–Lo sé –se desabotonó la chaqueta.

–Pues si lo sabes, ya sabes lo que hacer –veía cómo el bicolor dejaba la chaqueta sobre el respaldo de la silla– ¿Por qué te quitas la chaqueta? ¿Tienes calor o qué?

–Negativo.

–Oye, espero a alguien importante. Así que ponte cómodo en otro sitio.

–Takao, cuando quieras podemos empezar.

El menor iba procesándolo todo en su cabeza–. Alto ahí. ¿Quieres decir qué...? –no era capaz de terminar la frase, porque estaba esperando la temida respuesta por el bicolor.

–Afirmativo.

Continuará...

&&&KaiTakao&&&

Gracias por sus reviews a:

Kari Hiwatari: Gracias como siempre amiga. ¿Te imaginas lo que habrá pasado por la cabeza de Takao cuando ha visto su ropa favorita en una bolsa, que apesta a basura? Sí, venganza, y no sé yo si en sus clases se intentará vengar. Aún faltan cosas que aclarar, como siempre. Y sabes también que lo iré haciendo a lo largo de la historia.

Phoenix: Bueno, todavía no le ha dicho donde está el chip, creo que se reserva por si las moscas, pero tranquila. Seguro que lo descubrirás. Como puedes comprobar, Hitoshi no pierde detalle de Kai, pero Kai va a lo suyo.

Sakuyahime: Pues la edad de Takao ya la sabes, sólo falta saber la de Kai. No te guíes por la edad que le pone Takao, creo que a Kai no le conviene. Siento la tardanza, pero es que el trabajo no me deja mucho tiempo libre.

Senshi H.R: Pues lo del traje ya salió a la luz. Lo tiró al contenedor o más bien, Gustuv lo hizo por él sin saber lo que contenía. Otra vez Kai ha ido al rescate, pero esta vez no lo ha defendido de un pervertido, sino de un disparo o eso era lo que creía él. Pues Kai casi tira la toalla, pero al final no lo ha hecho. Ahora habrá que ver qué pasa con eso del baile.

Jery Hiwatari: Jejeje, sí, Hitoshi es persistente. Sigue pensando en Kai e intenta hablar con él y mira cómo Kai ha defendido a Takao de su hermano. Hitoshi lo va a tener crudillo para conquistar a Kai. El capi no ha estado muy interesante, pero espero que el siguiente esté mejor, haber si tengo más tiempo libre... que ya lo dudo.

Elizabeth: Yo también quiero tener a Kai como mi guardaespaldas. Ya está, lo compartiremos, jijiji. Me alegra mucho saber que te gustan mis historias, así que disfrútalas todo lo que puedas si es que te hacen sentir bien.

Takaita Hiwatari: Hermanita, creo que aquí se te han respondido algunas preguntas... ya sabes porqué tiene Kai que proteger a nuestra cosita bonita. ¿Dónde estará el rastreador? Yo si lo sé, jejeje. Y en cuanto a Hitoshi, si tiene sus fantasías por la mañana, pues que nadie te quite de la cabeza que ese va a intentar algo. Aquí hay otro trocito de no flash back, de esos que dices que te gustan tanto.

Rub: Gracias por tu review y por los halagos y bueno, ahora al menos sabéis porqué Shibure estaba tan empeñado en conseguir un guardaespaldas para su hijo y porqué no lo deja salir a ningún lado solo. ¿Crees que le pondrá fácil lo de las clases a Kai?

Si leéis la historia no olvidéis decirme lo que pensáis, también poned cualquier duda, sugerencia y demás. Cuidaos mucho, xao.