Pareja: Kai&Takao
Advertencia: Shounen –ai
–Diálogos.
"Pensamientos."
Para Senshi Hisaki Raiden.
EL GUARDAESPALDAS
–Kaily Hiwatari–
Continuación...
&&&KaiTakao&&&
Takao estaba intentando planear alguna jugarreta para dejar al bicolor en su sitio y demostrarle que a él nadie le llevaba la contraria en nada. Todavía no se atrevía a salir de la habitación, ya que sabía que en cuanto lo hiciera, el joven de ojos carmesí lo estaría acechando. Tenía que pensar algo y pronto. Aunque la noche anterior había sido un poco especial para él, no estaba dispuesto a dejarse llevar por nada. Él era joven y quería vivir y disfrutar la vida a su antojo.
Kai lo esperaba impaciente al otro lado de la puerta. Estaba claro que ese niño le había declarado la guerra y hasta que no obtuviera la victoria no lo dejaría en paz, pero él no estaba dispuesto a ser derrotado. Quizás estaba tramando algún plan sobre cómo hacerle sufrir. Así que si no le daba tiempo a nada, tendría que improvisar y la estrategia no sería tan buena. Con esos pensamientos se decidió y tocó la puerta.
–¿Quién es? –preguntó el moreno del piel, acercándose a la puerta. El bicolor ignoró esa pregunta y siguió tocando. Ahora lo que necesitaba es que saliera de esa habitación y así desconcentrarlo de cualquier plan. Takao decidió abrir la puerta– ¿Es que estás sordo y por eso no me contestas? –le preguntó, pero el otro únicamente le miraba sin responder– ¿Qué es lo que quieres? –al ver que Kai seguía en silenció decidió continuar– ¿Te ha comido la lengua el gato? –cayó en la cuenta de algo y decidió contestarse él mismo–. Ah no, es que eres de poco hablar, sólo hablas lo justo. –Ni siquiera era capaz de sacar de quicio al más alto, así que decidió cambiar el tema–. Nt, creo que iré a dar una vuelta por el jardín –cerró la puerta y se dispuso a caminar, después de todo así le daría tiempo a pensar en algo, ya que ese bicolor lo había interrumpido.
Bajó con lentitud las escaleras. Salió por la puerta principal de la mansión y se dirigió hacia el jardín. Su mentecita no paraba de trabajar hasta que se le ocurrió una pequeña broma, eso para empezar no estaría nada mal. El bicolor únicamente observaba cómo el más bajo cambiaba de dirección, paseando hasta el establo. No sabía exactamente lo que estaría pensado, pero seguro que no era nada bueno. Tendría que estar alerta.
Takao se metió las manos en los bolsillos, algo se le estaba empezando a ocurrir, aunque era un poco tonto, pero aun así se reiría de Kai un rato. Abrió la puerta de la valla y entró en el círculo rodeado de las vallas. El gran establo esta frente a su ojos, lo único que tenía que hacer era conseguir que Kai no lo siguiera hasta dentro, así que se dio media vuelta.
–Tú, espera aquí, voy a por el caballo –no siguió con su camino hasta que no vio que Kai se quedaba quieto. Así que con pasos decididos entró en el establo. Su caballo estaba metido en la cuadra. Se acercó a él y le acarició suavemente el hocico–. Hola Trueno. Vas a relinchar un poco, ¿de acuerdo amigo? –se agachó para coger una pequeña tira de paja de las muchas que había en el suelo. "Esto servirá", pensó mientras miraba un cubo vacío que estaba situado debajo de un grifo de agua. Escuchaba los ruidos que emitía su caballo mientras movía su cabeza de un lado hacia otro. Llenó el cubo de agua y lo dejó ahí. Se fue corriendo hacia su caballo y con la tira de paja empezó a rozársela en la crin, sabía que su caballo odiaba eso y que se desbocaría, poniéndose a dos patas mientras relinchaba– ¡Ah! –gritó.
Kai que estaba fuera esperándolo escuchó los gritos del menor y cómo el caballo parecía asustado. Quizás se había caído del caballo. Fue corriendo para ver que había pasado. Takao vio cómo la sombra del bicolor se acercaba más a la entrada del establo. Con decisión y con el cubo agarrado bien fuerte en las manos, no dudó en lanzarle en contenido, viendo a un bicolor desconcertado.
Kai no pudo apartarse cuando una trompa de agua estaba en su camino, así que no pudo evitar mojarse. Eso le había pillado desprevenido, pero sabía quién era el culpable de todo y lo iba a pagar con la misma moneda. Miró hacia su derecha escuchando cómo Takao se carcajeaba poniéndose ambas manos en la barriga.
–Jajaja, qué idiota, jajaja.
–¿Me ves gracioso? –le preguntó con seriedad, acercándose a él, mientras analizaba todo lo que había a su alrededor.
–Jajaja... –asintió mientras se limpiaba una pequeña lágrima que le impedía ver con claridad a Kai. Una sonrisa retorcida por parte del bicolor hizo que Takao retrocediera.
–Así que gracioso. –continuó.
–Eso he dicho –afirmó. Para sorpresa del joven de cabellos azules, el bicolor se fue hacia su derecha, quizás iría a cambiarse. Pero tarde se dio cuenta de lo que en realidad pretendía el otro. Kai se había agachado y había cogido en sus manos un cubo lleno de agua. Con rapidez fue empapado de pies a cabeza– ¡Ah! –se quejó.
–Ya somos dos –sonrió– ¿Te ha hecho gracia? –le preguntó con burla.
–¡Je! No sabes cuánto –siseó. Cogió su cubo y empezó a llenarlo de agua–. Te voy a dejar tan mojado que vas a tener que cambiarte –cortó el agua del grifo y se disponía a lanzárselo cuando Kai cogió el mismo cubo con sus manos forcejeando para tirárselo a él– ¡Este cubo es para ti, no para mí! –forcejeaba viendo cómo el agua se estaba desperdiciando.
–¡No tengo ganas de jugar! –intentaba volver a mojar a Takao para así impedir que el mojado fuera él.
–¡Pues entonces suelta el cubo!
–¡Vale! –para sorpresa de Takao lo soltó, pero éste estaba haciendo tanta fuerza por quererlo, que se echó el cubo encima y acto seguido se cayó sentado sobre un montón de paja.
El moreno de piel tiró el cubo de mala gana ya que aún seguía en una de sus manos. Le miró con rencor para después mirarse la ropa. Estaba totalmente rebozado por la paja– ¿¡Por qué has soltado!?
–Porque me lo has pedido –dijo con inocencia acercándose a él.
–¡No me vengas con esas! –se puso de pie histérico.
–Te aconsejo que te duches.
–¡Y yo que te quedes así, para que pilles una pulmonía! –bramó.
–Creo que tu deseo no va a poder ser.
–¡Pues qué lástima! –se quejó. Pasó de largo de él, poniéndose a su espalda. Cuando Kai se dio la vuelta, Takao lo empujó con fuerza hacia el montón de paja, pero en un rápido reflejo, Kai agarró la mano del moreno, llevándoselo consigo al suelo. Cuando el bicolor notó que estaba totalmente tumbado, abrazó al joven de cabellos azules y cambió de posición, dejándolo debajo. Con rapidez le cogió ambos brazos y se los puso a la altura de la cabeza.
–¡Escúchame muy bien!
–¡Suéltame! –le reprochó. Todo había sido tan deprisa que ni siquiera se había dado cuenta en qué momento había caído él también.
–¡Si no fueras mi protegido, ese acto te hubiera costado la vida! ¡Deja este patético juego y no resultarás herido, te lo advierto!
–¡Qué me sueltes te digo y quítate de encima! ¡Pesas! –Empezó a moverse para intentar liberarse, pero sólo consiguió sonrojarse al sentir como el miembro de Kai rozaba el suyo.– ¡Suéltame o te juro que cuando me libere de ti, te daré un puñetazo!
–Antes de que lo hagas te habré dejado inconsciente. Te lo advierto, no juegues a un juego de mayores o lo puedes lamentar –le amenazó con serenidad, quitándose de encima.
–¿Juego de mayores? ¿¡Pero con quién piensas que estás hablando!? –Kai le miró un segundo, para luego salir de ahí.– ¡Eh! ¡Te estoy hablando viejo! ¡No creas que tus amenazas me asustan! –salió corriendo detrás de él– ¡¿Me has oído?! ¡Nadie me deja con la palabra en la boca!– apretó el puño – ¡Más vale que te duches, porque apestas!
–¡Ya somos dos! –contestó con ambas manos en los bolsillos y con una sonrisa en sus labios. Le encantaba escuchar a Takao así de revolucionado. Eso significaba un triunfo para él en este caso, aunque había terminado como él, pero había sentido su cuerpo de nuevo tan cerca... lástima que fuese su protegido.
&&&KaiTakao&&&
Takao estaba intentando maquinar el siguiente plan mientras se duchaba. Ese bicolor no se iba a salir con la suya, él tenía que quedar como vencedor. Le demostraría que no era ningún niño y que si quería, le podía dar muchos problemas. Aunque su enemigo estaba como un flan, no iba a dejar que lo humillara.
Sonrió al recodar ese roce en su miembro. La verdad es que se había puesto nervioso. Era la primera vez que sentía algo así. Sin embargo no le importaría que una cosa así le volviera a suceder.
–Jajaja... a por el siguiente plan –cortó el grifo del agua, salió de la ducha y cogió la toalla que colgaba de la pared, para secarse.
&&&KaiTakao&&&
Kai estaba peinándose frente al espejo. No dejaba de pensar en cómo Takao lo había pillado desprevenido con ese ataque de agua. La verdad es que únicamente de pensar que Takao podía haberse caído del caballo le había asustado y no quería perder el tiempo. Sólo pensaba desesperadamente en que no le hubiera ocurrido nada grave. La verdad es que le estaba preocupando más de la cuenta.
Lo que debía de hacer por su bien, era encontrar a ese loco anónimo de las cartas e irse de allí. Tendría que dejar esas tonterías de los retos para otro momento, no estaba ahí para divertirse, sino para protegerlo, así que eso haría.
Salió de la habitación, esperando a el chico joven de cabellos azules saliera, y no tardó mucho en hacerlo. Sus ojos eran desafiantes. Eso le gustaba mucho.
–Que sea la última vez que te pasas de la raya conmigo, ¿está claro? –le amenazó el menor.
–Si no me buscas la boca, no tengo porqué atacarte. Será mejor que dejemos esta estúpida pelea por el control y mejor dediquémonos por separado a otras cosas –le contestó con total tranquilidad.
–No te busco la boca y hago lo que me da la gana.
–Deberías de estar estudiando.
–Debería, pero no quiero.
–Hm... Haz lo que te dé la gana. Yo voy a seguir con mi trabajo, y no a jugar con un chiquillo.
–¿Chiquillo? ¿¡Qué chiquillo!? Lo que pasa es que te da miedo enfrentarte a mí.
–Mira, mocoso. Tú no me das miedo, que te queda claro. Si piensas que me voy a ir de esta mansión sólo porque me has tirado un cubo de agua y me has rebozado en la paja, estás equivocado.
–Pues ya veremos cuánto tiempo más vas a soportar quedarte en esta mansión.
Con pasos decididos bajó las escaleras. Kai se preguntaba que estaría tramando ahora. El menor entró al comedor viendo cómo su padre se levantaba del sofá al igual que su hermano.
–Takao –le llamó el hombre.
–¿Qué?– contestó. No era posible que lo hubieran visto rebozado en paja, ya que tanto Hitoshi como Shibure habían estado en el despacho del segundo arreglando unos papeles.
–Verás, tenemos que ir de viaje. Hay asuntos que resolver –le explicó su padre.
–¿Ahora? Pero yo... ¿tengo qué ir?
–No, Hitoshi vendrá conmigo. –le hizo saber.
–Ah, ¿y cuándo os vais?
–Dentro de diez minutos. No tardaremos mucho en regresar. Será un viaje rápido. Antes de que te des cuenta estaremos aquí de nuevo. Cuida de la mansión.
–Vale.
Hitoshi miró el reloj de su muñeca–. Se nos hará tarde sino salimos ya –anunció.
–Bien –se acercó a su hijo menor y le besó en la frente–. Cuídate y pórtate bien.
–Lo haré.
El hombre ahora se dirigió al guardaespaldas– Kai.
–Señor.
–Ya sabes lo que hacer.
–Sí, señor –contestó. Sin más, Shibure pasó de largo de ambos. Hitoshi se quedó mirando a su hermano.
–Adiós, Takao.
–Adiós –contestó el menor.
Hitoshi se detuvo frente a Kai, observándole. Iba a separarse de él un día o dos. En ese tiempo podía pasar de todo. Aunque él se adelantaría a su hermanito y conquistaría a Kai a su regreso. Sonrió con confianza y eso hizo que Kai se alertara bajó esas gafas aunque no lo dio a demostrar.
La puerta de la mansión al cerrarse indicó que ya habían salido de ahí. Takao se acercó al mayordomo y empezó a susurrarle algo.
–Sí, señorito –contestó éste dirigiéndose a la cocina. Takao se cruzó de brazos para esperar. Kai no tardó mucho en ver cómo Gustuv traía un plato de plástico, y un bote de nata en la mano–. Aquí tiene señorito.
–Gracias –dejó ambas cosas sobre la mesa al quitársela de las manos a Gustuv. Le quitó el tapón al bote y presionó en el botón, poniéndolo boca abajo sobre el plato para echar la nata en ella haciendo círculos en el aire. El bicolor veía cómo el plato estaba inundado de nata. Si se iba a comer todo eso se iba a poner enfermo. Takao tapó el bote, cogió en sus manos el plato y con el dedo índice empezó a degustarlo, acercándose a Kai. –¿Te gusta la nata Kai?
–Hpm.
–Pruébala, está rica. Aquí hay para los dos. Vamos, quítate las gafas y empieza a comer conmigo.
–Estoy bien así.
–¿Pero qué dices? Es de mala educación comer con gorra, gafas puestas y todo eso. –Venga –le rogó, probándola de nuevo–. Hmm, qué rica –Kai se quitó las gafas, aunque no sabía si hacia bien o no, pero se las guardó en el bolsillo interior de su chaqueta–. Eso es otra cosa, ya puedes probarla –le sonrió. Cuando Kai iba a levantar el brazo para dirigir su dedo índice hasta el plato, Takao le hundió el plato en la cara, soltándolo y viendo cómo se quedaba pegado en la cara de Kai. Acto seguido, el plato cayó al suelo poniéndolo todo perdido. Kai no tardó en quitarse la nata de los ojos con los dedos para mirar a Takao con una mirada fiera. El menor pasó su dedo índice por la mejilla de Kai, llevándose un poco de nata en el. Se lo llevó a la boca, saboreándolo–. Hm, buenísimo. Lástima que te la hayas llevado tu toda. –Empezó a reírse del aspecto del otro– ¿Sabes? No había pastel –le informó–. Será mejor que te cambies de ropa y te limpies esa cara, o algún crío te confundirá con un payaso de circo –Kai se pasó la lengua alrededor de los labios, quitándose de ahí la nata. No le iba a seguir el juego a ese niño, contendría su rabia.
–Tú vienes conmigo. –sentenció el mayor.
–Claro, yo te acompaño hasta tu misma puerta si hace falta.
–Ve delante –le ordenó.
–Claro, faltaría más.
Subieron las escaleras. Kai se dio la vuelta para mirar a Takao antes de entrar a su habitación para cambiarse–. No te muevas de aquí.
–Claro –contestó con inocencia.
–Hmmm –se metió con rapidez en la habitación, cerrando de un portazo.
–Jajaja. Bien ahora he de actuar con rapidez.
&&&KaiTakao&&&
Kai salió de su habitación. Miró hacia ambos lados del pasillo para ver si veía a Takao. Se acercó a la puerta de enfrente y la tocó.
–Takao, ¿estás ahí? –no recibió respuesta.
Bajó las escaleras, esperaba que estuviera en el comedor. Tampoco estaba. Miró en la sala del piano, los despachos, en la piscina. Al no encontrarlo decidió meterse en su habitación. Tenía que localizarlo, antes de que pasara algo. Encendió el ordenador portátil, el cual no tardó en indicarle las coordenadas. Estaba fuera de la mansión, Takao había aprovechado su descuido para escaparse de allí.
Metió el rastreador en el bolsillo de su pantalón vaquero de tela fina. Sí, pantalones vaqueros, ya que no le quedaban más trajes para poder ponerse y tuvo que optar por vestirse normal. Una sudadera fina de color rojo, la cual tenía dos bolsillos. Cogió unas esposas que tenía guardadas en un maletín y se las metió en un bolsillo.
Rápidamente bajó las escaleras y se dirigió hasta su coche que estaba metido en una de las cocheras. Se quedó con la boca abierta al ver su coche hecho un puro graffiti.
–Takao, te juro que cuando te encuentre te mato yo mismo –amenazó, subiéndose al coche y arrancándolo. Inmediatamente puso el dispositivo en marcha, viendo una pequeña señal en el mapa, que le marcaba la posición de Takao.
&&&KaiTakao&&&
Takao paseaba animadamente por las calles. Respiró profundamente.
–Qué bien huele la libertad –dijo más que satisfecho. Llegó a un parque, dónde se sentó en uno de los bancos para admirar el paisaje–. Así debería de ser siempre –miró hacia el cielo, cerró los ojos al cegarse con el sol. A pesar de tener los ojos cerrados, notaba la claridad, pero de pronto sintió como se volvía oscuro de golpe. Así que abrió los ojos para ver si lo había tapado alguna nube, pero en lugar de eso, vio como un par de ojos carmesíes lo miraban con enfado– ¿Pero qué? ¿Cómo me has encontrado?
–Eso no importa. –le restó importancia con seriedad.
–Claro que importa, ¿y por qué vas sin tu uniforme? –le preguntó al ver la evidencia.
–Porque uno está en la ropa sucia y el otro lleno de nata –le explicó, cogiéndole de la mano con brusquedad y levantándolo de un tirón del banco.
–¡Oye, me haces daño! –se quejó soltándose del agarre con brusquedad.
–¡Te vienes ahora mismo conmigo!
–¡Pues alcánzame si puedes! –le empujó, haciendo que Kai retrocediera unos pasos.
Empezó a correr como loco, evitando a toda la gente que se le cruzaba. Kai lo seguía bastante cerca. Takao cruzó un paso de peatones aprovechando que estaba el semáforo en verde. Kai no tuvo la misma suerte y tuvo que pararse en seco al ver cómo los coches corrían como locos. Sus ojos no dejaban de mirar la dirección en la que iba Takao.
Cuando el semáforo cambio de color, los coches pararon de nuevo y Kai aumentó su potencia al correr. Había varias direcciones, cualquiera de ellas las podía haber tomado Takao, así que sacó el artefacto y tomó la opción correcta enseguida.
Takao estaba harto de correr y lo más seguro es que hubiera despistado al bicolor al haber tantas calles que escoger. Se metió en un callejón que hacía esquina. De esa manera miraría de vez en cuando si seguía siendo perseguido o no y podría mientras tanto descansar de esa carrera. Sonrió confiado al ver que no había nadie, cuando sintió en una de sus muñecas algo muy frío.
No tardó en mirarse la muñeca y comprobar que era una ¿esposa? La sonrisa se le borró al ver que Kai estaba ahí, ¿pero cómo? El callejón no era sin salida, pero aun así, ¿cómo pudo llegar en tan poco tiempo al mismo callejón en el que él se encontraba en esos momentos? Su mente paró de hacerse preguntas, cuando vio a Kai ponerse la otra esposa en su muñeca.
–A ver si ahora te dejas de estupideces.
–¡No quiero estar esposado a ti, eso no tiene gracia! –le reclamó el menor.
–¡Lo que no tiene gracia es ver cómo me has dejado el coche! –le gritó, acorralándolo en la pared.
–Pero si te ha quedado de lo más mono –suavizó la voz–. Rojo, azul, naranja, verde, amarillo... jajaja.
–Pues te haré que lo limpies con la lengua –empezó a caminar. Takao intentaba resistirse a caminar, pero cada vez que lo hacía, su muñeca sufría por los tirones de las esposas. En ese momento, un chico alto, con gafas oscuras, musculoso y con un pañuelo atado a la cabeza, les cerró el paso del callejón. Kai miró al chico. Parecía que no lo miraba a él, sino a Takao. Tenían que irse de allí deprisa.
Se dio la vuelta, pero vio cómo un coche les cerró el otro paso.
–¿Qué pasa aquí? –preguntó el joven de cabellos azules.
–Hm –miró con enfado a ese chico– ¿Qué es lo que queréis? –exigió saber el blanquecino de piel.
–Queremos al chico –le hizo saber con voz muy grave el desconocido.
–¿Para? –preguntó, intentando sacar información que sabía de sobra que no le darían.
–Eso no te importa, entréganoslo. –contestó.
–Yo no me voy con nadie –interrumpió Takao–. Así que deja que nos vayamos.
–Como quieras –el grandullón hizo crujir sus nudillos y cuello–. Será por las malas.
–Kai, suéltame estas malditas esposas –le dijo Takao observando como el otro se iba acercando.
–No tengo la llave aquí –le respondió sin perder el contacto visual del desconocido.
–¡Serás idiota! –le regañó.
–Takao, eso no importa ahora –con la mano esposada, le cogió la mano y lo guió de manera que quedase detrás de él. Aunque eso significase tener un brazo menos en ese momento.
–Me bastaran con mis puños para destrozarte. –decía el desconocido, centrándose en los movimientos de ambos jóvenes.
–¿No me digas? –preguntó Kai con una mirada desafiante–. Takao, intenta protegerte detrás de mí como puedas.
–Pero... –intentó replicar nervioso.
–Haz lo que te digo –le ordenó.
–Prepárate –advirtió el joven musculoso.
Con el puño cerrado intentó darle un puñetazo al bicolor. Kai lo esquivó andando hacia atrás. Otro puñetazo con la otra mano fue lanzado por su parte que igualmente fue esquivado. Aprovechando que el otro iba a intentar golpearle de nuevo, se dejó caer al suelo, arrastrando a Takao con él. Apoyó su mano en el suelo, dándole una buena patada al grandullón en las piernas, haciendo que perdiera el equilibrio y cayera al suelo.
Inmediatamente se puso de pie, obligando a Takao a hacerlo. Un pequeño quejido por parte del menor hizo que le mirase, fue justo en el instante que el grandullón aprovechó para ponerse en pie. Cuando Kai regresó la vista al hombre musculoso, éste le propinó un puñetazo certero. Ese puñetazo le había pillado desprevenido.
Rápidamente contestó con varias patadas seguidas en el estómago, haciendo al otro retroceder a la vez que él adelantaba los pasos a la pata coja. Con su mano libre le dio un puñetazo en la cara. Haciendo que el otro se quejara de dolor.
Takao estaba asombrado y a la vez asustado. Kai era todo un profesional en eso de dar golpes, pero le asustó el ver cómo el desconocido sacaba una navaja de su bolsillo y se la cambiaba de mano a mano. Rápidamente los dos empezaron a retroceder.
Takao para ayudar a Kai y Kai para evitar que la navaja le diera en el estómago, como era el objetivo del otro. Si al menos no estuviera esposado a Takao, podría hacerle una llave y dejarlo inconsciente, pero la realidad era otra y no sabía cómo podía contraatacar. Ni siquiera podía bajar la guardia para coger la pistola que tenía más abajo de la rodilla. Takao miró hacia atrás, quizás podía ayudar en algo. Vio una barra de hierro en el suelo, quizás eso le sería útil a Kai.
–¿Te sirve una barra de hierro? –le preguntó, esperando la respuesta de su guardaespaldas.
–Sí –le contestó mientras seguía esquivando los navajazos que ésta vez iban hacia la cara.
Takao no esperó más para agacharse, alargar la mano y cogerla. Una vez en sus manos, no vaciló en ponérsela a Kai en la otra–. Toma.
Al cogerla, Kai sintió un pequeño rasponazo en la cara. Una vez que tuvo el hierro en su mano, lo cogió sujetándolo con ambas manos, aunque Takao tuviera que ponerse a su lado y dejar que Kai guiase su brazo. Con el hierro, le dio un golpe en el estómago, el cual hizo que la navaja que sujetaba en sus manos, cayera al suelo.
Kai aprovechó esto para darle otro golpe en la barbilla y uno último en la cabeza, el cual lo dejó tirado en suelo. Kai respiraba agitado, viendo al otro inconsciente. El ruido del motor del coche que estaba a sus espaldas, hizo que ambos se dieran media vuelta, viendo cómo se alejaba.
Kai soltó el hierro en el suelo y miró a Takao– ¿Estás bien? –le preguntó, haciéndole ver a Takao cómo su mejilla estaba sangrando ligeramente.
–Sí, lo estoy –contestó un poco aturdido.
–Bien, vámonos de aquí.
&&&KaiTakao&&&
Kai abrió la puerta de su coche y sacó de la guantera la llave. La metió en la cerradura de las esposas y liberando así sus manos. Takao se sobó la muñeca en cuanto lo hizo y Kai simplemente guardó las esposas en su bolsillo.
–Entra en el coche –le mandó. Takao lo hizo sin ningún tipo de protesta. Sólo se metió en el coche y se puso el cinturón de seguridad. Kai hizo lo mismo y puso el motor del coche en marcha. No tardaron mucho en salir de esa zona.
Takao se sentía mal, por su culpa Kai había sido golpeado. Menos mal que encontró esa barra de hierro a tiempo o si no, no estarían todavía allí.
–Kai. –Pronunció, pero éste guardaba silencio–. Necesito saberlo, ¿cómo sabías dónde estaba?
–Soy guardaespaldas –le contestó con simpleza. Estaba claro que no le iba a decir a Takao cómo lo hacía.
Takao se detuvo un momento a pensar en ello. Debía de haberle puesto una especie de chip, sino no se explicaba esa rapidez para encontrarlo. Si era un chip, ¿dónde lo tenía? Imposible que fuera en el cuerpo o en su cabello, eso no se podía mojar. En la ropa, lo dudaba, ya que lo habría visto al ponerse las camisas o pantalones, además de que también se podían mojar y Kai no sabía con exactitud que ropa se pondría todos los días. Así que sólo le quedó una opción, algo que no se mojase y llevase con él siempre.
–Están en mis zapatillas, ¿verdad? –le miró para ver la reacción de Kai, pero éste parecía que no se había sorprendido–. Por eso sabes dónde estoy en cada momento – continuó–. Dime. ¿Qué es? ¿Es una especie de chip?
–Guarda tu saliva, porque vas a limpiarme el coche desde las ruedas hasta el techo –le habló en un tono frío e hiriente.
–No puedes obligarme a hacerlo –se cruzó de brazos
–O lo haces o llamo ahora mismo a tu padre para decirle lo que ha pasado hoy. ¿Estás dispuesto a que empeore de salud?
–Grrr...
–Tú lo has hecho, tú lo limpias –se tocó la mejilla al sentir cómo le picaba. La sangre estaba deslizándose por la mejilla–. Genial –se quejó. Como pudo, sacó un pañuelo de su bolsillo y se la puso en la mejilla.
–¿Te duele?
–Hay otras cosas que me duelen más –contestó, dejando a Takao con sus pensamientos.
&&&KaiTakao&&&
Habían llegado a la mansión y ambos se encontraban en sus habitaciones. Uno curándose la mejilla y el otro cambiándose de pantalones, poniéndose unos cortos de vestir. Su pecho estaba al descubierto para no mancharse la camisa de algún líquido extraño. Los dos salieron y fueron a parar a donde estaba el coche.
–Saca la lengua. –le recordó Kai.
Takao miró el coche con todas esas obras de arte de distintos colores–. No seas exagerado.
–No lo soy. Adelante.
Takao sacó su lengua al ver la cara tan seria del blanquecino–. Es muy corta. –le hacía ver.
–Como si es diminuta –se encogió de hombros, dándole a demostrar al menor que eso le daba igual.
–Pero está lleno desde una punta hasta la otra de graffiti.
–Como si no lo supieras. Te va a oscurecer como no te des prisa. –le aclaró.
–Imbécil –masculló agachando la cabeza frente al capó. Sacó su lengua y le dio una pequeña lametada– ¡Guagh! ¡Qué asco! –empezó a escupir en el suelo.
–Acostúmbrate al sabor, porque vas a tener para rato –Takao lo miró con rencor. Agachó la cabeza y sacó la lengua de nuevo–. Espera –Takao levantó la vista–. He decidido que será mejor que utilices unos trapos, agua y mucho jabón.
–Me lo podías haber dicho antes. Me hubiera ahorrado ese asqueroso sabor. –decía con queja.
–Créeme si te digo que no iba a cambiar de opinión, pero si te gusta hacer lo que haces ahora... –alargó la frase.
–Voy a por los trapos –dijo con rapidez.
Había pasado un rato y Kai veía cómo Takao se estaba esforzando en dejar el coche como nuevo. La verdad es que no había sido tan mala idea hacer que le limpiara el coche. Ahora disfrutaba viendo el pecho desnudo de Takao, los brazos mojados por los trapos con jabón y agua. El sudor le bajaba por la frente, debido al inmenso calor que hacía a esas horas. Takao se la retiraba de la frente con el dorso de la mano, pero parecía no servirle de mucho.
El menor cogió la manguera del agua y se la enchufó a él mismo. Necesitaba refrescarse de alguna manera, y que mejor manera que con el agua. El bicolor no podría tener una mejor escena que esa. Unos dolores bajos lo estaban martirizando. No podía seguir viendo esa escena, pero sin embargo sus ojos no dejaban de hacerlo en contra de su deseo.
El moreno de piel por su parte estaba en silencio. Se sentía culpable de todo. Kai estaba enfadado con él y no era para menos, después de todo le habían pegado por su culpa, lo había metido en un lío, y casi no salen de él. No quería ni pensar que hubiera ocurrido si ese grandullón en vez de herirle en la mejilla, lo hubiera hecho en un ojo. Lo podía haber dejado ciego. Tendría que pedirle disculpas, aunque no quería reconocerlo. En cuanto lo hiciera, Kai dejaría de fijarse en él y tendría que recurrir a una nueva estratagema.
Mientras tanto, en el hospital...
Un chico musculoso y grandullón estaba en una camilla.
–Lo siento primo, pero no pude hacer nada –le explicaba al que no dejaba de mirarle.
–Estaba esposado. Sólo tenías que deshacerte de él. –le hizo ver.
–Pero a pesar de eso está muy bien entrenado y ese joven de cabellos azules le pasó una barra de hierro. Antes de que yo me diera cuenta ya me había golpeado. –seguía diciéndole.
–Wally, te dejé bien claro que quería que dejases a ese metomentodo fuera –sonrió cínicamente–. Por suerte, no te ha encontrado la policía. –al menos eso había sido algo bueno. Hacía una hora, tanto Wally como su primo estaban conduciendo por la ciudad cuando éste vio a Takao correr por las calles. Después vio a ese guardaespaldas. Ese bicolor le podía dar muchos problemas sino acababa con él pronto. Así que hizo un rápido plan con Wally. Wally mataba a Kai y le llevaría a Takao ante él–. Tengo que irme Wally. Intenta recuperarte pronto.
–Bien, adiós –la verdad es que su primo cada día le daba más miedo. Se comportaba y decía cosas raras, pero no le gustaba llevarle la contraria o podría ponerse peor. Simplemente compadecía a ese chico joven de cabellos azules.
&&&KaiTakao&&&
Takao se había dado la paliza de su vida, así que se sentó en el suelo cansado.
–Ya lo tienes, está mejor que nuevo. –le anunció a Kai.
–Gracias –le agradeció.
Hacía un buen rato que le estaba dando la espalda y no comprendía porqué, quizás seguía enfadado con él– ¿No lo vas a mirar?
–Me fío de tu palabra –estaba sonrojado a más no poder y el pequeño Kai no estaba dispuesto a dormirse de nuevo. Tenía que hacer que Takao se fuera de ahí y si no lo conseguía, al menos tenía que intentar que no le viera ahora o sería el hazme reír de todos.
–Al menos podrías mirarme mientras te hablo yo. Eso es falta de educación –se cruzó de brazos esperando la respuesta del otro.
–Tú me haces lo mismo a mí, no veo porqué yo no lo puedo hacer igual contigo.
–Porque me molesta.
–¿Te molesta?
–En absoluto –sonrió desafiante–. Si no me quieres mirar mejor para mí, así no tendré que verte a la cara.
–La psicología inversa no va a funcionar conmigo. –contestó al caer en la cuenta de lo que pretendía el menor de repente con ese cambio de respuesta.
Takao se puso de pie y se fue acercando a él poco a poco al ver como lo de la psicología inversa no iba a funcionar–. Contigo no funciona nada. Es imposible que estés casado con ese carácter que tienes.
–No te acerques a mí –refirió. Se puso ambas manos en su entrepierna, por si Takao decidía asomarse más de la cuenta. Ese dolor no se iba a acabar nunca, así que tendría el mismo que darle una solución–. Más te vale que no salgas de la mansión, porque esta vez no estaré cerca para salvarte de nadie. ¿Entendido? –fue con pasos largos y rápidos hacia la mansión, perdiéndose de la vista de Takao.
–Ha pasado de mí. Eso no me gusta. No saldré de aquí no porque él me lo ha dicho, sino porque no me... apetece. –finalizó–. Pasearé por aquí como otras veces he hecho.
Sus pasos lo guiaban hacia el gran portón de hierro. Quién lo diría, un chico rico se supone que ha de ser inmensamente feliz, pues no era así. No podía salir a ningún sitio el sólo y necesitaba una niñera que le cubriera la espalda.
En ese momento, alguien con un guante negro se estaba ocultando tras un arbusto, observando tranquilamente a Takao. Ni en sus más recientes sueños se lo había imaginado tan hermoso.
Kinomiya agarró con ambas manos los enormes hierros para luego apoyar su cabeza en ellas. Su mirada estaba puesta en el suelo, en el vio un sobre blanco, el cual pegaba a la esquina del portón. Con lentitud caminó hacia él y lo tomó en las manos.
–Takao Kinomiya –leyó–. Es para mí –le dio la vuelta a la carta para saber quien se la enviaba–. Qué raro, no hay nada –tenía curiosidad por saber que había dentro, así que no iba a esperar mucho tiempo para abrirla.
–Estás aquí –la voz de Kai le hizo detenerse en su tarea.
–Pues claro –respondió dándose la vuelta, guardando la carta tras su espalda. La dobló por la mitad y se la metió en el bolsillo trasero del pantalón. Estaba claro que no se la iba a enseñar al bicolor. No quería que leyera la carta, hasta ahí podía llegar el asunto.
El hombre que permanecía inmóvil y escondido, sentía cómo la cólera se encendía en él. Estaba encapuchado para que las cámaras de seguridad no lo delataran.
Kai por su parte le indicaba con la cabeza a Takao que lo siguiera. En ese momento ambos escucharon como un coche se paraba frente al gran portón. Era una limusina negra que ambos perfectamente conocían.
–¿Mi padre? ¿Qué hace aquí? –preguntó al aire, viendo cómo las enormes puertas de hierro se abrían para dar paso al vehículo y después se cerraban. Tanto el mayor como el menor, se hicieron a un lado para dejar pasar a la limusina.
Cuando Hitoshi se bajó del coche, lo primero que hizo fue preguntar.
–Takao, ¿qué haces así?
–Sí, hermanito, yo también te quiero –se tapó con la mano la muñeca que tenía el roce de la esposa–. Acabo de darme una refrescante ducha de la piscina.
–¿Con esos pantalones? –le miró incrédulo.
–Sí, yo me pongo lo que quiera –respondió, viendo cómo su hermano pasaba de largo de él para irse directo a Kai, mientras su padre se acercaba a él y le daba un abrazo–¿Cómo es que habéis llegado tan pronto? –confundido.
–El vuelo se ha cancelado debido al temporal, al parecer está cayendo una buena tormenta.
–Kai –le llamó Hitoshi– ¿Qué te ha pasado en la mejilla? –preguntó al ver que tenía una pequeña tirita.
–Me corté afeitándome, nada serio –pasó de largo de él. No quería decirle la verdad y esperaba que se hubiese tragado ese cuento.
–Hola, Kai –saludó Shibure.
–Señor.
–Pasemos todos dentro, hace mucho calor.
&&&KaiTakao&&&
Takao estaba terminándose de vestir, mientras que Kai lo esperaba en el pasillo.
Se puso una camiseta de manga corta color verde y unos pantalones largos de color azul, la carta la había dejado en su mesita para que no fuera a parar a la ropa sucia con el pantalón.
Se sentó en la cama y miró el sobre detenidamente. Lo abrió con un abre cartas. Sacó el contenido. Desdobló el papel y empezó a leer.
"Muy pronto nuestros destinos se cruzarán y entonces serás mío"
–¿Pero qué demonios? ¿Qué es esto? –Observó las letras de distinto tamaño, colores y formas–. Esto no me da buena espina. ¿Será una broma de Kai? Pues si es así, se acabó el juego –siseó. Abrió la puerta con genio y le puso el escrito frente a sus ojos– ¿¡Te parece gracioso escribirme algo así!? ¡Pues no tiene gracia, podías habérmelo dicho a la cara!
–¿De dónde has sacado esto? –lo leyó detalladamente–. Huele a colonia –pudo apreciar
–¡Claro, tú mejor que nadie deberías de saberlo!
–Para el carro, ¿piensas que he sido yo?
–Es evidente –respondió con decisión, pero al ver la cara de Kai, ya estaba en duda de su teoría– ¿No?
–No he sido yo.
–¿¡Pues entonces quién!? –exigió saber.
–¿Qué pasa aquí? –Preguntó Hitoshi–. Se escuchan vuestras voces desde el comedor –Kai sin más le enseñó la carta–. Takao... no tenías que haber mirado en el cajón de papá. –le regañó sin levantar su tono de voz.
–¿Qué? –Preguntó, viendo cómo su hermano se quedaba sorprendido– ¿Hay más cómo éstas en el cajón de papá? –se fue corriendo hacia el despacho de Shibure.
–Takao, espera –su hermano fue tras él, y Kai se puso una mano en la frente. Hitoshi había metido la pata hasta el fondo al dar por hecho algo que no era.
Takao cerró la puerta del despacho con cerrojo y con rapidez intentó abrir el cajón del escritorio que estaba echado con llave. Abrió el cajón que estaba debajo y metió la mano debajo de éste, para notar como había una llave sujetada por un poco de celo. Con rapidez abrió el cajón que quería y empezó a sacar un montón de cartas.
Escuchaba los golpes de la puerta y cómo su hermano le pedía una y otra vez que abriera la puerta. Empezó a leer todas las amenazas que habían escritas en los papeles. Algunas eran más suaves que otras. Cayó sentado en el sillón giratorio de su padre al sentir cómo las fuerzas le fallaban. No entendía nada, alguien debía de darle una explicación de todo esto.
Shibure había subido al escuchar los gritos de Hitoshi y los ruidos de como Kai intentaba derribar la puerta a golpes con su hombro. Al ver la escena, le pidió la copia de las llaves a Gustuv que de inmediato se las subió. Así que no tardaron mucho en abrir la puerta. Lo primero que vieron al entrar fue un montón de cartas sobre la mesa y a un Takao sentado en el asiento que ocupaba siempre Shibure. Su cara era de desconcierto.
–Hijo.
–Qué alguien me explique que es todo esto –exigió el menor, intentando encontrar una explicación a todo eso sin mirarles.
–¿Cómo has encontrado la llave? –preguntó intentando cambiar el tema, aunque era un momento muy tenso.
–¡Contestadme! –Gritó– ¡¿Son amenazas?! –preguntó mirándoles, ya que las cartas se contradecían entre sí.
–Hijo, tranquilízate. Yo te explicaré lo poco que sé –Shibure se sentó frente a Takao–. Verás, hace muchos meses, empecé a recibir una carta. Sólo tenía puesto mi nombre, nada más. –aclaró-. La abrí y en ella pude leer como alguien se te declaraba. Pensé que era alguna chiquilla de tu instituto y que se había equivocado de nombre, pero, más cartas empezaron a llegar. Has leído el contenido de todas, así que sí, hijo. Son amenazas. –confirmó–. Empecé a asustarme, así que decidí no dejarte salir para que no pudieran hacerte daño, pero cuando me daba cuenta, te habías ido de casa para darte una vuelta con los amigos. Así que para tenerte más vigilado ya que yo no puedo por mis negocios, decidí contratar guardaespaldas con el único fin de protegerte.
–¿Pero de quién se trata? ¿Por qué hace esto? ¿Por qué a mí? –preguntó confundido.
–No lo sabemos, quizás vaya detrás de tu fortuna. En cualquier caso tanto tu hermano como yo, no queremos que te hagan daño. Por eso es mejor que no salgas de la mansión, hasta que encontremos el culpable de todo esto.
–Pero yo no tengo tanta fortuna como para que algún loco quiera matarme. –Hitoshi caminó hacia su padre y le tocó el hombro, el hombre giró la cabeza mirando a su hijo mayor a la vez que éste le asentía– ¿Qué me ocultáis? ¿Qué más sabéis? Decídmelo, es mejor que lo sepa. –decía nervioso, aunque intentando mantener la calma.
Hitoshi, fue el siguiente en hablar–. Verás, yo no voy a ocuparme de la empresa de papá. Si no tú, Takao. Eres el heredero de la familia. –finalizó la frase.
–Pero eso no es posible –dijo sorprendido–. Tú eres el mayor de la familia.
–Te mentimos sobre lo de la herencia. El menor de la familia se lo lleva todo, los bienes, las empresas, todo, Takao. –continuó su hermano.
–Pero, ¿y tú qué? –preguntó de nuevo confundido.
–Yo sólo tengo mi parte de la fortuna que me corresponde, nada más. –le informó.
–Yo no quiero llevar una empresa. –Miró ahora a su padre–. Papá, tú lo sabes mejor que nadie.
–Por eso te ocultamos la verdad hasta ahora. –aclaró el padre.
–Y porque no ha quedado más remedio –negó con la cabeza–. No es justo.
Se levantó de la silla con rapidez y salió de la habitación. Kai le siguió, viendo cómo Hitoshi abrazaba a su padre para darle consuelo. Takao se fue corriendo hacia la sala del piano, se sentó en el suelo y apoyó la espalda en la pared. Cuando Kai llegó hasta él lo encontró así, con la cabeza recargada en las manos.
–Es injusto, ¿sabes? Todo lo es. Yo lo he sido también –hablaba sabiendo que Kai estaba a su lado–. No sabía que mi padre enviaba guardaespaldas para protegerme de esa manera. Para mí era una diversión echarlos de aquí, era un juego. –confesó.
–Los demás se fueron sin saber el peligro que corrías, tu padre me lo hizo saber. –comentó Kai.
–Por eso sigues aquí, y yo tratándote así. –refirió.
–Es mi trabajo.
–Bueno, si no salgo de la mansión todo estará bien.
Kai no quería decirle nada para no ponerle más nervioso, pero él era el único que sabía cómo podía actuar alguien así–. Tengo que preguntarte algo. ¿Dónde encontraste esa carta?
–Estaba en el portón de la entrada. La encontré tirada en el suelo, en una esquina.
–Bien, escúchame atentamente. Voy a averiguar quién es esa persona, para eso voy a necesitar algunas de esas cartas. También un lugar espacioso y tranquilo.
–Puedes quedarte aquí, la mesa es más que espaciosa. Iré a por unas cuantas cartas.
–Iré a mi habitación a por unas cosillas. Quiero que estéis aquí tu padre, tu hermano y tú esperándome, ¿entendido?
–Claro –se incorporó, poniendo como apoyo su mano.
&&&KaiTakao&&&
Todos estaban sorprendidos al ver el montón de cosas que había sobre la mesa. Ordenador portátil, un aerosol, un estuche negro, folios, las cartas, varios botecillos de colores, unos auriculares con micrófono, y otros artefactos que no entendían para que eran, pero que estaban ahí porque seguramente serían útiles.
Kai abrió el estuche negro, en el había una especie de tinta en polvo.
–Señor –le llamó la atención a Shibure–. Deme su pulgar derecho –Shibure extendió la mano y vio como Kai ponía su dedo pulgar sobre esa tinta, hizo un poco de presión y luego hizo lo mismo sobre un folio–. Ahora tú –miró a Hitoshi e hizo lo mismo–. Takao –mientras Takao dejaba su huella en el folio, tanto Shibure como Hitoshi se estaban quitando los restos limpiándose con un pañuelo de papel. Kai cogió el folio y apuntó el nombre de cada uno a su correspondiente huella.
–¿Para qué es eso? –pregunto Hitoshi, mientras Kai empezaba a conectar un cable en su ordenador.
–En las cartas aparecerán vuestras huellas, quiero saber si los de la otra persona están también. Si es así, pronto lo tendremos. Necesito estar solo, esto requiere mucha concentración.
Shibure cogió de ambos brazos a sus hijos–. Vámonos, cualquier cosa que necesites búscanos, o haznos llamar. Estaremos en el comedor –le hizo saber.
–Bien, señor.
Cuando Kai se quedó a solas, empezó a teclear en el ordenador. Se puso en la cabeza los auriculares con micrófono. El programa en el que se había metido le pidió el nombre y la contraseña.
–Nombre –le pidió el ordenador con voz de chica.
–Kai Hiwatari.
–Contraseña.
–Dobroye utro "Buenos días" –una barra empezó a completarse de color verde.
–Tipo de programa.
–Confidencial.
Mientras tanto, Kai extendió una carta sobre la mesa, cogió el aerosol, apretó el gatillo, viendo cómo pequeñas partículas se repartían por el folio. Hizo lo mismo con el folio que contenía las huellas. Dejó el aerosol en su sitio al estar todo mojado. El artefacto que estaba conectado al ordenador era una cámara infrarroja, aunque tenía una forma plana y no parecía para nada eso.
Pasó poco a poco la máquina por el folio, mientras con su otra mano tecleaba unos códigos. Rápidamente el ordenador había recogido la imagen. Empezó a teclear para acercar más la imagen y ver las huellas que habían en el. A su lado había un montón de letras diminutas color verde que le pasarían la información en cuanto hiciera un clic con el ratón sobre la huella.
Pinchó en una de las huellas y la información del propietario no tardó en llegar. Kai veía cómo las huellas eran exactamente iguales así que no había posible error.
–Fiabilidad del proceso cien por cien –le confirmo el ordenador.
Kai vio ante sus ojos, como aparecía una foto de Takao y su historial.
El proceso iba a ser largo, pero merecería la pena si encontraba alguna pista.
&&&KaiTakao&&&
Eran las dos de la madrugada y Kai decidió despejar su cabeza un poco. Fue a la cocina y se sirvió un vaso de batido de fresa. Caminó con el vaso en la mano hasta la puerta corredera que daba a la piscina. Se sentó en un pequeño escalón, mientras seguía pensando.
Hitoshi entró al comedor y vio la figura de Kai ahí sentada. Esta era su oportunidad para hablar con él. Estarían a solas, nadie los interrumpiría y menos a esas horas. Se acercó al bicolor por la espalda y carraspeó para hacerle saber que estaba ahí.
–Hola –se sentó a su lado, viendo cómo Kai ni siquiera le miraba– ¿Has averiguado algo?
–No mucho. Mañana miraré los videos de seguridad, quizás haya alguna pista.
–Debes de estar agotado –se acercó más a él. Kai le miró un segundo de soslayo para después volver a mirar hacia el frente– ¿Por qué no vamos a dar un paseo tú y yo por ahí? Dicen que la noche es joven.
–Estoy bien aquí.
–Pero... –se acercó más a él, estirando su brazo disimuladamente hacia el suelo pero pasando de largo del cuerpo de Kai–. No sólo puedes pensar en el trabajo, hay más cosas en las que pensar.
Takao estaba bajando el último de los muchos escalones que había en la casa. No podía dormir y un vaso de leche siempre le ayudaba a conciliar el sueño, así que caminó hacia la cocina. Se estaba sirviendo el vaso de leche cuando escuchaba murmullos en el comedor. Quiso averiguar de quien se trataba, así que con sigilo entró al comedor y se detuvo al ver que era Kai y su hermano, el cual estaba muy pegado a él.
–No sólo puedes pensar en el trabajo, hay más cosas en las que pensar –escuchó decir a Hitoshi.
–No sé que hay más importante que eso –le contestó, mirándole.
–Por ejemplo esto –se acercó con rapidez tomándolo del cuello de la camisa para que no pudiera retroceder y empezó a besarlo, con los ojos cerrados, intentando que Kai le diera permiso para pasar su lengua a su boca, pero no lo hacía y no tardó en sentir cómo las manos de Kai le tocaban el pecho para separarlo.
–No tenías porqué haber hecho eso –le miró con frialdad.
–¿Por qué no? ¿No te ha gustado? Déjame intentarlo de nuevo, verás cómo cambias de opinión –iba a acercarse otra vez, pero Kai se puso de pie.
Takao estaba atónito. No se esperaba que su hermano hiciera eso. Al ver que Kai se ponía de pie, se ocultó tras un sofá para no ser visto.
–Lo siento. –añadió el bicolor.
–¿Por qué no me dices que ha sido mi hermano el que te ha hecho ese corte? –Meditó unos segundos en sus palabras, poniéndose él también de pie–. Ya entiendo lo que pasa aquí. Te gusta él, ¿verdad?
–No digas estupideces.
Hitoshi asintió varias veces sintiendo como los celos lo carcomían por dentro–. No creas que no me he fijado en como tus ojos miran los suyos. Lo deseas, estoy seguro.
–... No es verdad.
–Claro que lo es. Y ahora es mi rival.
–Para de decir estupideces de una vez. –decía con seriedad.
–Sabes que llevo razón. No paras de hablar de él cada vez que te hago una pregunta. Tu prioridad es él y no como protegido. –aclaró.
–¡Basta ya! –le cogió de ambos brazos con fuerza y bajó la voz al recordar las horas que eran–. Es mi protegido y para que te quedes más tranquilo, en cuanto encuentre al que está haciendo esto, me iré de aquí. Mientras tanto tu padre confía en mí y no puedo fallarle. No es momento de estúpidos celos y reproches –le soltó inmediatamente y se dio media vuelta. Hitoshi apretó los puños con rabia y entró con rapidez a la mansión.
Takao estaba sentado tras ese el sofá. Apenas escuchaba la conversación, aunque si ese grito por parte del bicolor. Así que se asomó un poco por el lateral para ver cómo su hermano parecía muy enfadado e iba caminando hacia él, con rapidez pegó su espalda al respaldo del sofá, permaneciendo quieto y viendo como Hitoshi pasaba de largo. Cuando se sintió seguro de salir, lo hizo para ver cómo Kai estaba sentado con ambas manos puestas en el cuello.
–Hola –le saludó– ¿Puedo sentarme?
–Claro –contestó cogiendo su vaso del suelo y bebiendo un trago.
–¿Sabes ya de quién se trata?
–Me temo que no, creo que se imaginaba que algo así podía pasar y utilizó unos guantes para no dejar huellas tanto en el sobre como en el papel.
–Vaya –dijo preocupado.
–Tranquilo, mañana miraré todas las cintas de vigilancia, puede que los sirvientes no lo hayan visto, pero la cámara lo graba todo –le dijo para tranquilizarle–. Pensaba que ya estabas dormido.
–Lo he intentado –le contestó mirando el cielo–. Pero no podía dormir y esto es lo único que me ayuda –tenía todavía el vaso en la mano, así que le dio un pequeño trago–¿Sabes? Con todo eso encima de la mesa parecías un agente secreto de la CIA o algo así.
–No siempre he sido guardaespaldas –le contestó haciendo que Takao le mirase.
–¿Eras agente secreto?
–Afirmativo. Trabaje durante tres años en la CIA, después lo dejé para hacer lo que me gusta en esta vida –bebió un poco más de su batido que estaba en el suelo.
–Tienes suerte de poder escoger, yo no tengo opción.
–¿Qué escogerías si pudieras?
–Sería arquitecto. Desde que era pequeño siempre me ha llamado la atención los edificios, ver como los construyen, como dirigen con los planos... no me veo dirigiendo una empresa –le confesó–. No es lo que deseo, ni lo que me gusta. Seguro que te estoy aburriendo. –anunció al caer en la cuenta de eso.
–Negativo –contestó. Takao bostezó, la leche empezaba a hacerle efecto–. Te ves cansado, será mejor que te vayas a dormir.
–¿Y tú qué vas a hacer?
–Intentaré encontrar más pistas.
–¿A estas horas? Pero es muy tarde y tú te levantas muy temprano para ir a correr.
–No te preocupes, estoy acostumbrado a no dormir mucho –le confesó y enarcó una ceja al caer en la cuenta de lo que Takao acababa de decir– ¿Cómo sabes que me levanto temprano para ir a correr?
–Te vi una mañana por casualidad –se sonrojó al recordar la escena–. Si tú no te vas a dormir, yo tampoco lo haré.
–Hm... –Sabía que Kinomiya era capaz de quedarse ahí toda la noche con él y quería que al menos descansase, después de todo ya estaría bastante nervioso al saber que alguien lo perseguía–. Tardaré un poco, tengo que recogerlo todo. –aclaró.
–Yo te ayudo –se puso de pie con el vaso vacío en la mano, Kai le imitó–. Por cierto, siento lo de tu herida.
–No tiene importancia.
&&&KaiTakao&&&
Takao le ayudó al bicolor a subirlo todo a su habitación. Después salieron al pasillo.
–Me voy a la cama, han sido muchas emociones en un solo día y voy a aprovechar que la leche me está haciendo efecto –sonrió.
–Yo también me voy a la cama.
–Bien –se dio la vuelta, cogió el pomo de la puerta y la abrió–. Buenas noches.
–Spokoynoy nochi!
El moreno de piel se dio la vuelta– ¿Qué significa? –le preguntó con curiosidad, ya que no creía que le hubiese insultado.
–Buenas noches –le contestó con una pequeña sonrisa.
–Y pensar que me puse como una fiera por esa palabra. Jajaja, buenas noches –cerró la puerta.
Kai cerró la puerta al meterse en su habitación y empezó a reírse al recordar como hizo enfadar a Takao con esa frase.
Los dos no tardaron en quedarse en ropa interior y en meterse en la cama. Nunca se sabía lo que podía suceder mañana y era mejor descansar.
Continuará…
&&&KaiTakao&&&
Gracias por sus reviews a:
Megumi Kinomiya: Hola, espero que te haya gustado el capi. Seguro que a Mermaid no le gustó leer como Kai hace que Takao empiece a limpiar el coche a lengüetazos, porque no le gusta que se porte mal con Takao, pero éste esta vez se lo merecía. Me refiero a limpiar el coche, lo de lamerlo era sólo una humillación.
Elizabeth: Pues yo también le tengo mucha envidia a Takao, aunque ahora mismo lo compadezco porque no ha sido su día de suerte. Primero sale rebozado, después se ve envuelto en una pelea, después le tocó limpiar el coche de Kai y por último se entera de una noticia así.
Rub: Siento el retraso, pero aquí estoy de nuevo con otro capi, el cual os ha revelado más cosas o eso creo yo, jijiji. Hitoshi al menos va a dormir feliz por haber besado a Kai y no está dispuesto a perder frente a su hermano, aunque Kai le corta rápidamente los humos.
Phoenix: Pues Takao está ahora de vacaciones y cómo puedes ver, ya ha vuelto a intentar escaparse. Menos mal que Kai lo encontró a tiempo, porque si no, es posible que lo hubieran raptado. Y entonces sí, nuestro pequeño niño hubiera estado en manos de quien sabe.
Takaita Hiwatari: Cómo puedes ver hermanita, Hitoshi no perdió el tiempo y encima quería repetir el beso ¬¬. ¿Y qué me dice de Kai? Tuvo que irse de urgencia cuando Takao limpiaba su coche, jajaja. Ahora que Takaito sabe la verdad, ¿crees que intentará volver a escaparse de nuevo? Nunca se sabe con nuestro niño. ¿Y qué me dices del mensaje que le enviaron? ¿Qué crees que puede significar?
Mie–roll: Gracias por tu review. Espero que el capi te haya resuelto algunas dudas, si no ha sido así, puede que en los siguientes lo hagan.
Senshi H.R: Jajaja, Takaita me lo había dicho. Siento que no se entendiera, pensaba que allí se decía igual, pero ya veo que no así. Este capi creo que ha sido un poco más largo que los demás. En el has podido ver muchas cosas, como por ejemplo el beso de Hitoshi, has podido ver un poco de acción, como Takao se entera de la verdad y las jugarretas que le hace a Kai. Si leíste algo del fic que tú o yami no entendieron, pregúntanos a mí o a mi hermanita ¿ok?
Espero que os haya gustado, si ha sido así por favor hacédmelo saber. Cuidaos mucho, xao.
