Revolución en Hogwarts

Resumen del capítulo anterior: Es la primera clase de los Blyngorclaff en Hogwarts y son dobles con Ravenclaw. Muchos personajes nuevos y misteriosos, una chica nueva le cuenta parte de su macabro pasado a Terry Boot. Un secreto que debe ser ocultado. Sirius Black sí tuvo una hija y es una Blyngorclaff. Mandy Brocklehurst descubre el secreto y decide buscar ayuda para decifrar el pasado de la heredera de Black y del resto de los recién llegados.

Capítulo 3: El Misterio de Blyngorclaff

Permanecía con la mirada perdida en la inmensidad del lago, mientras la voz de Mandy Brocklehurst parecía conformar nada más que el sonido del entorno. Su mente estaba planeando algo, o quizás, simplemente intentaba organizar tanta información.

-¿Con que hija de Sirius Black? –preguntó finalmente Lavender Brown mirando a la ravenclaw. –¿No te parece algo… extraño? Por decir lo menos –agregó por lo bajo con una sonrisa torcida.

-No me parece extraño –contestó Mandy sacando un cuaderno de apuntes, la muy eficiente águila había tomado nota con posterioridad a su espionaje para no olvidar nada. Lavender agradeció la devoción intelectual de su compañera de escuela. –Como bien puedes leer en los apuntes que tomé… -repasó el escrito con un dedo –¡Acá está! Su madre vivía en Australia… y ahí se casó con Sirius.

Lavender quitó su vista de la hoja garabateada y volvió a mirar a Mandy sorprendida. Tan lista, tan estudiosa, tan metódica… ¡tan Ravenclaw! Pero, al parecer, su dotada mente no le dejaba espacio a la especulación… O Lavender Brown tenía la mente demasiado retorcida.

-Querida… -interrumpió la gryffindor poniendo su mano sobre los apuntes de la muchacha, restándoles importancia -¿No comprendes? –Mandy enarcó una ceja, sin saber si ofenderse o querer indagar qué era lo que no comprendía –Verás… Si tú quedaras embarazada joven, tu familia no te apoya, el gusano de tu novio se desaparece… ¿No te inventarías un cuento bien lindo que nadie pudiera comprobar?

-¿No estarás viendo muchos culebrones? –preguntó Mandy con una sonrisa burlona. –Pero tienes tu punto, Brown. –tomó una pluma de su bolso y comenzó a escribir otros garabatos a la muy rayada plana. -¿Crees que sea todo una farsa de Lisa Marie Carter?

-No desconfiaría de una chica que le cuenta todo a la primera que persona que se muestra interesada en ella… -comentó la castaña despreocupada –Pero sí me preocuparía por quien esconde las cosas, esa Erywen Kate Morgana Robinson.

Lavender siempre fue una chica muy intuitiva, quizás producto de su condición mágica, quizás una herencia de su abuela la adivina o sólo un sentido más desarrollado. Y desde la llegada de los blyngorclaffs algo le decía que aquí había gato encerrado.

Todos eran demasiado bellos, demasiado atractivos. Tanto mujeres como hombres, nadie podía evitar encandilarse con su hermosura. Podías ser amante de los morenos, pero llegaba ese rubio de Maldefou y no recordarías que era lo que te gustaba de unos atractivos ojos marrones. ¿Qué tenían esos recién llegados? Era complicado de explicar, pero extrañamente parecían mucho más inteligentes que el promedio entre todos los premios anuales del siglo. En la clase anterior habían dejado a Hermione Granger con la respuesta siseando en su boca, y una respuesta muchísimo más elaborada que la que pudiese haber entregado la brillante Gryffindor.

¿Y los lazos amistosos que rápidamente habían creando con algunos de las casas antiguas? Erywen tenía de amiga a Hannah Abbot y Susan Bones, ni contar con la ayuda con que contaban los muchachos de Blyngorclaff; su habilidad en Quidditch les ganó la admiración y amistad de muchos… ¡Incluso Ron Weasley andaba tras ellos como si trajeran premio! Y el pasado oscuro de muchos de ellos… Lisa Marie Carter, la supuesta hija de Sirius Black; Erywen Kate Morgana Robinson, ahijada de Severus Snape. Demasiado extraño. El indiscutible parecido de Jean Pierre Maldefou con Draco Malfoy, no podía menos que generar una serie de incógnitas alrededor de estos muchachos y el resto de la nueva comunidad residente de Hogwarts.

¿Quiénes eran los Blygorclaff¿Por qué habían ingresado en la escuela como si fuesen los reyes del lugar¿Qué tienen que los hace tan especiales?

-Fácil –exclamó Dean Thomas –Las chicas están que arden…

Lavender lo golpeó en la nuca con un pergamino enrollado, el chico se sonrió pícaro mientras se sobaba donde la castaña desató su ira. El resto de los gryffindor de sexto año intercambiaban miradas no muy seguros a qué responde ante las interrogantes planteadas por Brown. Atrás había quedado la conversación con Mandy Brocklehurst en los jardines del castillo, ahora en la sala común planteaba la inquietud al resto de sus compañeros.

-Me quedan dudas respecto al resto de los alumnos de la casa del delfín –comentó Hermione tomándose la barbilla en gesto de reflexión. –Sólo conocemos el misterio de dos de ellas… Lisa y Erywen. El resto es una incógnita.

-Ya lo del intercambio me parece absurdo –interrumpió Padma Patil -¿Cuándo hemos tenido estudiantes de intercambio? –un silencio invadió la sala –Nunca, y ahora precisamente cae medio ciento repartido en 7 grados. ¿Serán refugiados?

-O son testigos encubiertos, ya saben, protección de testigos… De esos que les dan otro nombre e identidad –opinó Seamus Finnigan echándose hacia delante en su asiento con emoción en su rostro.

-Mucha tele –suspiró Hermione sin ánimo de ofender, pero algo molesta de no encontrar ella misma una explicación más lógica que los testigos de Seamus. –Esto no es NYPD, ni CSI, ni La Ley y el Orden –el resto parpadeó al unísono no entendiendo del todo –Seamos realistas¿cuál es la única razón por la cuál Dumbledore integraría a medio ciento de alumnos y crearía una nueva casa?

-¿Un alza de azúcar?

-¿Aburrimiento?

-¿Un nuevo juego, tipo torneo de las casas?

-¡No! –exclamó la prefecta de los leones –La razón es… ustedes-ya-saben-quien.

-¿Voldemort? –preguntó Harry y el resto de los muchachos se cubrieron los oídos y chillaron –Vale, lo siento… Nunca aprendo a no pronunciar SU nombre –comentó por lo bajo mirando de reojo a los chicos aún temblorosos.

Hermione se incorporó en su asiento y se cruzó de piernas y brazos. Pronto el resto de los alumnos estuvieron nuevamente en sus lugares correspondientes, en posiciones dignas, habiendo olvidado el exabrupto de Potter. Lamentablemente, Gryffindor no había logrado encontrar una respuesta al misterio de Blyngorclaff.


-Especulaciones, déjalos que sigan… Alimenta mi ego –pronunció Draco Malfoy echándose hacia atrás en el magnífico sillón de cuero negro que adornaba su habitación. –Si quieren encontrar parecidos donde no los hay, es su problema, no el mío.

Pansy Parkinson se sentó en el suelo con las piernas cruzadas a lo indio. Blaise la imitó quedando ambos prácticamente postrados ante el amo Draco. No había algo que Malfoy disfrutara más que sentirse poderoso e importante. Era por eso mismo que el nuevo rumor sobre su parentesco con el recién llegado Blyngorclaff lo tenía sin cuidado, eso le traería más fama y quizás a alguna de las recién llegadas. Se sonrió ansioso ante ese último pensamiento.

-Es que no es tan sencillo –dejó caer Blaise mirando a Pansy –Dile tú…

-¿Qué? No, dile tú –exclamó la rubia estirando los brazos en un gesto bastante brusco.

-Anda, Pansy…

-A callar, chillona y nenaza –ordenó el rubio logrando hacer callar a la aguda Parkinson y a su temeroso compañero Zabini –No seas marica, Blaise, y dime que está ocurriendo.

-Yo no soy marica –gruñó el muchacho apretando la mandíbula.

-No es lo que todos dicen –canturreó la chica y Draco tuvo que disimular un ataque de carcajadas.

Blaise hizo caso omiso de las palabras de Pansy y se puso de pie. Comenzó a pasearse cadenciosamente por la habitación del rubio. La muchacha se doblaba sobre sí misma prácticamente para observarlo caminar lentamente con cara de concentración. Draco comenzaba a impacientarse y sus uñas no dejaban de tamborilear contra el posabrazos del sillón donde estaba tendido.

-Bien –Blaise se había detenido al fin y miraba a Draco fijamente –Hablé con Finch-Fletchley…

-O sea, lo matoneaste… -tradujo la rubia con una sonrisa de orgullo. –¿O te parece demasiado lindo para matonear?

-¡Cállate, Pansota! –gritó Zabini molesto y Draco le pegó un empujón suave, pero sorpresivo a Pansy en el hombro. –En fin… Justin…

-Ahora es Justin –rió Pansy divertidísima.

-¡Oh, por Belcebú, Parkinson! –exclamó Malfoy logrando captar la atención de la burlesca muchacha. –¿Vas a dejarlo continuar? Te recuerdo que tienes un compromiso muy importante con Zabini –Blaise asintió gratificado y sonriente, quizás algo macabro –Y a esos papito y mamita tuyos no les gustaría nada saber como tratas a tu futuro esposo.

-¿Desde cuando que nos comprometemos tan jóvenes? –exclamó Pansy y Zabini se alzó de hombros, hasta Draco pareció confundido un segundo. –En fin, Blaise, decías que…

-Justin me comentó que el misterioso Jean Pierre Maldefou, de quien se ha vuelto muy cercano, ha venido a Inglaterra a vengar a su fallecida madre. Quiere vengar el orgullo perdido de su madre, el orgullo que un hombre le quitó a los 14 años… Y ese hombre es el padre biológico de Maldefou.

-¡Impresionante! –Pansy se tapó la boca y a Draco le recordó la postura que ella tomaba mientras leía sus revistas con cuentos para chicas. –¿Viene a matar a su padre por deshonrar a su madre?

-¿Y sabe quién es el desagraciado a quien debe eliminar? –prefería eliminar, para el rubio la palabra asesinar le sonaba algo violenta, sutilezas del lenguaje.

-No, no sabe nada de él, sólo un detalle… Es Veela.

-¿Veela? Puff –se burló Draco socarrón –¡Debe haber un ciento de Veelas en Gran Bretaña y unos cuantos más sangres mezcladas! Y ahora tenemos otro medio Veela para jodernos la existencia…

-Su madre también era Veela… -corrigió Blaise. –Es totalmente Veela, oculta en su cuello la runa de los Veelas.

-¿Tienen una marca? –preguntó Pansy perdida. -¿Desde cuándo? –los chicos se alzaron de hombros.

Mientras los Slytherin seguían pensando en el misterioso Jean Pierre Maldefou, este mismo muchacho se encontraba en la biblioteca, buscando tener acceso a un listado que le llevaría directamente a su objetivo. Sus dedos blancos y largos viajaban por las páginas del registro más antiguo de Veelas existente en Gran Bretaña, claro que era una copia del original del Ministerio. Miles de nombres, miles de ramas, cientos de descendientes, sólo unos pocos con sus características originales… Casos extraños donde se unían familias para rescatar esa vieja magia. Había sólo tres con esas características…

Draco cerró la puerta con llave una vez que sus compañeros se fueron. Se puso frente al espejo y se desabotonó la camisa, se volteó para ver el reflejo de su hombro izquierdo. Una mancha rosada ovalada y decorada en su interior con motivos que ni él comprendía. Sólo sabía lo que significaba tenerla: ser Veela.