Sé que no tengo perdón u.ú. Lo siento mucho. Este fic quedó botado –sin que yo lo quisiera- hace un año… Problemas en mi familia, y luego me quedo sin computador. Para cuando tuve otro, la musa nunca llegó. Me dediqué a otras cosas, y entonces un día me llega un mail. Almudena, quien lo enviaba, me pedía continuarlo. Y luego de un tiempo, gracias a sus insistencias, me animé y la musa volvió n.n. ¡Por fin pude terminar este capítulo! Dedicado completamente a ella, quien siempre me animó para continuarlo. ¡Muchas gracias por todo! Y espero que ustedes no estén enojados… u.u… ¡miren que es ahora cuando esto se pone bueno! Pero les vuelvo a pedir perdón… Espero sepan comprender. ¡Ah! Arreglé los capítulos anteriores, así que pueden ir a echar una mirada. ¡Ahora el fic!
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Hermandad
Arribo
Sasuke no estaba seguro si entrar a la casa de Naruto o no, y menos si debía acercarse a la ventana a ver qué estaba ocurriendo adentro. Se lo imaginaba, pero no estaba seguro si creerlo o no. De todas formas, era mejor cerciorarse, ¿no? No podía quedarse con la duda, así que tragó un poco de saliva y giró la manilla de la puerta. Al abrirla, los gritos de Naruto le llegaron de golpe a sus oídos.
-¡Me estás lastimando más de lo que ya estoy, datte bayo!
-Cállate, y quítate el pantalón.
A Sasuke se le heló la sangre al escuchar las palabras de Itachi, y rápida y silenciosamente se acercó al lugar donde escuchaba las voces: la habitación de Naruto. Se asomó con cautela, logrando ver primero que nada, a su hermano dándole la espalda, sentado en la cama y haciéndole algo al pie de Naruto, y a éste, que estaba sentado al frente de él.
-¡NO! ¡NO QUIERO!
-Entonces al menos arremángatelo para poder vendarte mejor el pie…
Hubo un momento de silencio en la mente de Sasuke, y cuando pudo asimilar que Itachi sólo le vendaba un pie a Naruto, cayó al suelo (fue una caída anime, por si acaso XD). El ruido que produjo no pasó desapercibido por los dos chicos, y se voltearon a mirar extrañados. Incluso a Naruto se le pasó el dolor al ver medio cuerpo de Sasuke asomado. Itachi sonrió con malicia al verlo, pues desde hace un rato que había sentido que su hermano andaba cerca…
-¿Qué pasó, Sasuke? –preguntó Itachi con calma.
-Nada… no fue nada… -el chico presentaba un tono carmesí en sus mejillas luego de ponerse de pie.
Naruto no le quitaba los ojos de encima a Sasuke. Por un lado, su alegría era inmensa por el sólo hecho de poder verlo; por otro, se sentía muy mal. El chico que estaba ahí parado mantenía una relación con el que estaba sentado en la cama, y eso, aunque todavía no quería aceptarlo, de todas formas rompía su corazón. De pronto, Sasuke notó la mirada de Naruto posada sobre él, cosa que lo hizo sentirse muy incómodo. En su interior se sintió un tanto arrepentido por haber ido, pero ahora que estaba ahí, no se movería. Quiso comenzar a hablar con el rubio, pero lo único que sus labios pudieron pronunciar fue una pregunta.
-¿Qué le pasó a tu pie, baka?
-Sí, Naruto, ¿Qué le pasó a tu pie? –dijo de pronto una tranquila voz desde la ventana, una voz que provenía de cierto jounin que ocultaba un ojo y su boca.
-¡Kakashi-sensei! –gritó Naruto contento por verlo, mientras Kakashi sonreía y mostraba su famoso ojo feliz (qué tierno… n.n… xD) –Mi pie no importa, porque estará bien en un par de días, sensei. Entonces, ¿cuándo iremos a entrenar?
-A eso venía –respondió Kakashi-Y me alegro de que Sasuke esté acá también –sonrió, cosa que a Itachi no le gustó mucho-. El entrenamiento se reanudaba mañana, pero veo que no podrás asistir, Naruto. Creo que sólo entrenaremos Sasuke y yo…
Itachi se puso de pie de súbito y le lanzó rayos por los ojos al jounin antes de marcharse de la habitación, dejando un poco confundidos a los presentes. Luego de eso, Sasuke se relajó, no por la partida de su hermano, sino porque todo lo que había pensado al estar fuera de la casa de Naruto había sido una mal interpretación de los hechos. Sonrió levemente mientras caminaba hacia la salida, siguiendo a su hermano. Sería mejor hablar con Naruto después, ya que con la llegada del sensei ya no podría hacerlo.
-No esperaré hasta mañana para seguir el entrenamiento, Kakashi. Iré en un par de horas para que entrenemos –se giró hacia el rubio-. Cuídate, Naruto.
Entonces, Sasuke se marchó. Su último comentario había logrado dejar las mejillas de Naruto teñidas de un leve tono rosado.
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Kurenai y Hinata observaban a Shino desde lejos, quien se encontraba sentado a la sombra de un árbol. Parecía estar rodeado de una oscura atmósfera, cosa que parecía indicar que el chico se encontraba con el ánimo por los suelos, y que por ende, algo muy malo había ocurrido… Y a ellas les resonaba el nombre Kiba como el responsable de tan deplorable estado de ánimo. Si a Shino siempre se le vió serio, ahora se le veía incluso más, algo que siempre le pareció imposible de alcanzar para la sensei. Siempre pensó que el chico era la personificación de la seriedad, pero ésta mezclada con la tristeza que ahora sentía el muchacho logró que se acentuara de manera sorprendente aquello por lo que era famoso. Por ello, Kurenai quiso acercarse a él, pero cuando lo estaba haciendo Shino se puso de pie y se dispuso a retirarse del lugar.
-Me voy a casa. No quiero entrenar –dijo con la voz más seria que pudo salir de sus labios, mientras se marchaba sólo para esquivar la pregunta que estaba seguro que su sensei haría.
-¡¡No, Akamaru!! ¡Espera! –se oyó desde lejos. Eso hizo que Shino se detuviera de súbito, y que Kurenai y Hinata se pusieran nerviosas.
Entonces, y de entre las ramas de los árboles, vieron al perro aparecer, con su cuerpo vendado, y correr hacia Shino. Cuando estuvo frente a él, saltó con mucha alegría a sus brazos y comenzó a lamerle la cara con mucha felicidad. Las kunoichis sintieron mucho gusto al ver al animal recuperado y caminaron hacia él para acariciarlo, pero en ese momento el chico que venía tras él, Kiba, apareció de entre las ramas, quien quedó petrificado al darse cuenta que había llegado al lugar de entrenamiento del equipo 8, y más aún, que estaba al frente de Shino.
-Mmm… … -susurró Kiba con evidente incomodidad. No era capaz de mirar a Shino, así que quedó ahí parado varios minutos y con la mirada dirigida a unas interesantes piedras al lado de un árbol esperando que Akamaru se dignara a bajar de los brazos de su amigo para largarse de ahí.. Sólo habló cuando se dio cuenta que Shino acariciaba la cabeza de su perro- Ya está… Akamaru. Vámonos. No tienes que andar corriendo de esa forma, aún no te recuperas y…
-Kiba…
-¡Akamaru! –gritó el chico, interrumpiendo a Shino- ¡Te he dicho que nos tenemos que ir!
-¡Un momento, Kiba! –dijo Kurenai- No sé qué fue lo que pasó entre Shino y tú, pero creo que no debes ignorarlo de esa forma…
-¡Eso es, sensei! –exclamó Kiba con un dejo de sarcasmo en la voz- ¡Usted no sabe! ¡No lo sabe, así que no se entrometa!
-¿Qué estás…? –respondió Kurenai, pero la mirada que le lanzó Shino la detuvo. Entonces, el chico volvió a posar sus ojos en Kiba.
-Vamos a otro lado –dijo con la voz apagada.
-¿Y por qué tendría que hacerte caso, eh? –lanzó Kiba a la defensiva.
Shino no le prestó atención a lo último dicho, y se limitó a marcharse caminando lentamente del lugar aún con Akamaru en brazos. Ya pesar de todas las amenazas que Kiba lanzó si el chico no soltaba al animal –las cuales Shino no se tomó la molestia de escuchar- no le quedó otro remedio que seguirlo. Hinata le lanzó una mirada de preocupación en un momento que el chico las miraba buscando apoyo, pero al no encontrarlo tuvo que partir tras Akamaru y Shino.
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Shikamaru, Neji, Lee, Ino y Sakura (especialmente las últimas dos) hacían lo imposible por seguir el ritmo del joven Kazekage entre los árboles. Les parecía demasiado increíble la resistencia que tenía, pero por ningún motivo debían flaquear. Aunque no querían admitirlo, Gaara les inspiraba respeto, e inclusive un poco de temor. Nadie podía tener la certeza de lo que estaba pensando, y su semblante no cambiaba en ningún momento, ni siquiera cuando hacía sus terroríficos y asesinos jutsus. Tuvieron miedo cuando, de un momento a otro, el pelirrojo y su séquito pararon de golpe y un ninja les daba una señal para que se detuvieran. Acto seguido y antes de que los ninjas de Konoha tuvieran la oportunidad de pisar tierra, una lluvia de kunai se les vino encima. Nadie supo si había algún herido o no sólo hasta el momento en que la lluvia se detuvo. Todo bien, nadie parecía sangrar. Todos se pusieron en alerta enseguida, y un buen número de ninjas de la Arena rodeó al Kazekage para protegerlo con sus propios cuerpos si era necesario (cosa que, sinceramente, creo inútil xD Pobres hombres…). La tinaja que Gaara mantenía en su espalda perdió el corcho y la arena en su interior comenzó a flotar, y en un par de segundos ésta se había esparcido con rapidez entre los árboles cercanos. Varios gritos les indicaron que los responsables de la lluvia de tan afilados cuchillos habían sido alcanzados, y Neji, activando su byakugan, pudo darse cuenta que eran exactamente 10 hombres, los cuales habían sido eliminados sin problema por la arena. Y el regreso de la arena trajo consigo no sólo manchas de sangre. Les sorprendió ver un protector con el símbolo del Sonido grabado en el medio.
-Ya no quedan más –observó Neji luego de desactivar su Ojo blanco.
-Vámonos –anunció el Kazekage con su habitual tono de voz, dejando lo ocurrido como algo sin importancia.
-Un… momento… -dijo una asustada Ino, tomando la atención de los presentes. Su voz sonaba nerviosa, y su rostro no lo ocultaba- ¿Dónde… está Sakura?
La pelirosa no se veía por ningún lado. Gaara hizo el ademán de continuar, pero Ino, Lee y Shikamaru comenzaron a buscar a su compañera. No les tomó mucho tiempo encontrarla, pues sólo tuvieron que seguir un pequeño río de sangre oculto entre unos arbustos para dar con ella. Ino lanzó un grito de horror y corrió a ella. La muchacha tenía un kunai enterrado en la espalda, y la punta se dejaba ver en su pecho, atravesando su cuerpo. El olor que expelía indicaba que debía de tener algún tipo de somnífero, pues la chica no había podido curarse por sí misma. Respiraba, pero con lentitud.
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En un lugar apartado, cerca de un riachuelo que hacía un agradable ruido, se encontraban ahora Shino, Kiba y Akamaru. El chico del clan Inuzuka había llegado ahí en contra de su voluntad, pues Shino tenía a Akamaru entre sus brazos y al parecer no pensaba soltarlo: era lo que le aseguraba que el dueño del animal se quedaría ahí. Ya pasados unos momentos, el chico de los lentes oscuros tomó asiento, dejando al perro sentado gustosamente sobre sus piernas. Kiba observó esto con evidente recelo, y se mantuvo en pie adoptando una posición de impaciencia, pues Shino no daba señales de querer iniciar una conversación.
-¿Hasta cuándo piensas tenerme acá? –le exclamó harto el chico de cabellos castaños, lanzándole una mirada furiosa. Sin inmutarse, Shino le respondió.
-¿Es que no lo entiendes?
-¿Qué? ¿A qué te refieres?
-¿No entiendes que te amo?
Aquellas palabras desestabilizaron la mente de Kiba. Era una pregunta que le hizo reflexionar por unos segundos antes de poder contestarle, pues, ¿cómo podía entender que a Shino, un hombre, le gustara otro hombre? Es decir, ¿cómo era posible que un hombre prefiriera a otro hombre antes de a una mujer? Aquello no cabía en sus razonamientos. Desde ahora, evitaría como fuera a su "ex amigo", pues de verdad le pareció que comenzaba a perder la razón.
-No lo entiendo. Eres un enfermo, Shino –lanzó con enojo.
-¿Sabes lo que es el amor? –le preguntó, aparentemente sin haber escuchado las hirientes palabras de Kiba, y mientras que aquella pregunta volvía a poner al Inuzuka dentro de sus pensamientos- Creo que Akamaru lo entiende mejor que tú, Kiba… -el animal movía alegremente la cola.
-¡No intentes confundirme con esas preguntas, Shino! –gritó Kiba un poco incómodo por la situación- Tú… sabes que… no me… -miró hacia otro lado, a pesar de que Shino no lo miraba, mientras sus mejillas comenzaban a ponerse rojizas-…que no me… -sacudió la cabeza- ¡Yo no soy como tú!
Shino dirigió sus ojos a los de Kiba, y sus miradas se cruzaron por un par de segundos. ¿Cómo Kiba podía pensar de esa forma? Era sin duda un fuerte golpe a su corazón. La convicción con que decía aquellas hirientes palabras lo convencía lenta pero dolorosamente de que nunca podría tenerlo entre sus brazos, y mucho menos probar sus labios. Se puso de pie entonces, y se acercó al dueño del animal, quedando a un par de centímetros de él. Kiba no le quitaba los ojos de encima, alerta a cualquier cosa que Shino pudiera hacer, pero no se esperaba que se acercara a él sólo para entregarle a Akamaru en sus brazos.
-Pienso en ti en todo momento. Te veo reflejado en cualquier cosa que veo, y cada vez me convenzo más de que haría lo que fuera por ti –Kiba retrocedió un paso, pero Shino avanzó otro-. Quiero protegerte, quiero estar a tu lado para verte sonreír… Quiero consolarte cuando estés triste, ser el hombro en el cual te apoyes cuando llores. Quiero estar a tu lado, porque te amo. Sé que daría mi vida por ti, Kiba… -lentamente, comenzó a acercarse a él. Kiba se quedó quieto esta vez, más por los nervios que por otra cosa, mientras veía cómo Shino se le acercaba más y más… hasta llegar a su oído y terminar de hablarle en un susurro- Eso es el amor.
Luego de haber pronunciado esas palabras, el chico del clan Aburame dio la media vuelta y se comenzó a alejar. Kiba quedó realmente impresionado por las palabras… Akamaru sólo continuó moviendo su alba cola.
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Los ninjas médicos que iban en el equipo con el Kazekage hicieron todo lo que se podía hacer en una situación tan grave como aquella. Ino les ayudó en todo lo que pudo junto a Lee en todo momento, para curar la grave herida que comenzaba en la espalda de la chica, atravesándola y saliendo por el pecho. El kunai lo guardaba Shikamaru, esperanzado de llegar con rapidez a Konoha para así poder preguntarle a la Hokage qué tipo de sustancia tenía el cuchillo, y para que ésta atendiera a la pelirrosa. Mientras tanto, Gaara observaba la escena sin mayor interés, sólo deseando que aquella situación sirviera para que apresuraran la marcha. Entonces, Lee se echó a la chica a la espalda con sumo cuidado, e Ino y Shikamaru ayudaron para atarla a él con algunas cuerdas sólo para evitar que cayera. Así entonces, reiniciaban el camino, ahora con algo mas de rapidez que antes, pues Sakura estaba cada vez más pálida…
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Había salido hace un rato de la casa de Naruto, y de verdad que le había parecido un tanto sospechosa la reacción que su alumno había tenido luego de que Sasuke se marchara, pero por más que le preguntó el rubio le lanzó lo que a él le parecieron sólo excusas. Gracias a eso, comenzó a tejer múltiples historias en su pervertida mente, pero luego se reprochó a él mismo por pensar mal de su aprendiz, que le parecía que era un niño muy inocente.
-Eso sí que sería extraño –pensó.
Sacudió la cabeza luego de verse pensando nuevamente en cosas "raras", mientras caminaba al puente donde se encontraría con Sasuke en un rato más. De hecho, se impresionó de que hubiese llegado al puente, y antes que su alumno, siendo que su costumbre era llegar después que todos. Le llamó la atención lo rápido que se podía llegar a los lugares mientras se ocupaba la mente pensando cosas pervertidas. Entonces, sonrió para sus adentros, mientras se sentaba bajo la sombra de un gran árbol y tomaba su preciado Icha Icha Paradise entre sus manos para continuar con su, hace un rato, interrumpida lectura. Pasados unos momentos, algo en su mente le hizo cerrar el libro para ponerse a pensar: ¿Por qué Itachi Uchiha se encontraba en Konoha, si se trataba de un asesino buscado incluso por el ANBU? Habían muchas dudas invadiendo su cabeza, todas relacionadas con Itachi y claro, con su extraño comportamiento con su hermano menor. Y el mismo comportamiento de ese hermano menor era algo que lo había desconcertarlo bastante, si cuando lo conoció, Sasuke profesaba su infinito odio hacia su hermano y su intención de acabar con su vida a cualquier costo. Ahora, como si nada, no sólo parecía no querer cumplir su promesa y su motivo por el cual seguía vivo, sino que además, vivía con ese chico en su propia casa. Su mente trabajando con rapidez, se propuso averiguar las razones de cualquier forma. Podía ser incluso que Itachi estuviese actuando mientras preparaba con el Akatsuki el rapto de Naruto, o bien…
-Kakashi –se paró delante de él y miró a su sensei impresionado-. Llegaste antes…
-Fue una suerte que nadie hubiese necesitado mi ayuda mientras venía, Sasuke –respondió, con algo que parecía ser una sonrisa.
Suspirando con algo de resignación por aquella esperada respuesta, Sasuke se alistó para comenzar a entrenar. Kakashi se puso de pie, y miró al chico con un dejo de seriedad, intentando ver algún indicio que le indicara el por qué de la presencia de su hermano mayor en la villa. Observando un poco, logró captar que su alumno no mostraba temor ni nada parecido, y más bien hubiese jurado que estaba con un poco más de ánimo, pero decidió dejar el interrogatorio para el final. Ahora se encargaría de entrenar con Sasuke, luego haría las preguntas.
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Al mayor de los Uchiha no le había gustado mucho la idea de que Sasuke fuera a entrenar con Kakashi-san solo. Es decir, se quedaría con su sensei a solas, y aquello lo había dejado de muy mal humor. Lo mejor sería ir a ver qué tanto hacían esos dos, pues conocía a la perfección el fanatismo que profesaba el maestro a ese libro erótico pervierte-personas. Y ya no iba a arriesgar a su hermano, no debía hacerlo.
-No voy volver a perderlo –se dijo a sí mismo en voz baja, casi inaudible, mientras se alistaba para ir tras los dos…
Sus ojos se mostraban como solían: escarlatas, con el Sharingan en todo su hermoso esplendor. Tomó su caja de armas y salió. Lo más rápido que pudo.
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Shizune mantenía una ficha médica entre sus brazos, pero era a lo que menos estaba prestando atención. Se mantenía sumida en sus pensamientos, recordando la extraña reacción de Tsunade-sama al entrar a su despacho: enojada, preocupada, pensativa. Shizune sabía que se debía a cualquier cosa que el ninja del Sonido tenía que haberle dicho, y eso sin duda tendría que ver con Orochimaru. No lo iba a negar, ella misma estaba preocupadísima pensando en las miles de historias que ese ninja podría haberle contado a su maestra, que se encontraba con un humor de los mil demonios que asustaba a todo aquel que la mirara. Pensando en todo aquello, y ya sin importarle las consecuencias, se armó de valor y se encaminó a paso decidido hacia el despacho de Tsunade-sama.
Subía y subía escaleras, aún aferrada a la ficha médica. Tragó saliva. Se detuvo lentamente en medio de las escaleras, teniendo una vaga idea de lo que podría estar ocurriendo. Y es que su ágil mente comenzaba a atar cabos . Cosas que habían estado ocurriendo en Konoha y que junto a la Hokage habían estado comentando… Sus ojos se desorbitaron. Si era así, sería, al menos, desastroso. Se tapó la boca con la mano derecha, y se echó a correr escaleras arriba preocupada como no había estado en muchísimo tiempo.
-Imposible –murmuró corriendo cada vez más rápido, comenzando a jadear.
Y ahí estaba, frente a la puerta del despacho de la quinta. Sin ceremonias, abrió la puerta de golpe, ingresando de la misma manera. Y desde dentro, una seria mujer de cabello rubio la observó entrar completamente en silencio, con una botella de sake a su lado casi vacía.
-¡Tsunade-sama! –gritó la muchacha, con el semblante asustado- ¡Tsunade-sama! –repitió.
-Te conozco, Shizune, y creo que ya lo descubriste –le respondió la mujer, medio mareada, pero manteniendo la seriedad en su rostro.
-¿Es… es cierto…? –bajó el rostro unos momentos- ¿Será cierto lo que estoy pensando? ¿Tendrá algo que ver… … el Uchiha…?
Tsunade levantó el rostro interesada. El Uchiha… Se mordió el pulgar derecho mientras su mente se perdía en sus pensamientos. ¿Era posible que el Uchiha tuviera que ver con aquello? No esperaba que las cosas pudiesen complicarse aún más.
-Explícame lo que piensas, Shizune –Le dijo al cabo de un rato. Como nunca, deseaba que la información que traía la Arena llegara antes de lo anunciado.
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Uchiha Itachi corría a gran velocidad sobre los techos de las casas, sin embargo, no hacía ni el más mínimo ruido la posar sus pies. A medio camino de llegar al lugar donde su hermanito menor entrenaba, sintió unas presencias que lo seguían, muy bien ocultas a su parecer, pero no lo suficiente como para engañarlo a él. Así que se detuvo. Al notarlo, las presencias vacilaron unos momentos, pero decidieron mostrarse. Eran 5 miembros del ANBU, que se pararon al frente del Uchiha de ojos escarlata.
-Uchiha Itachi –recitó uno de los integrantes-. Uno de los asesinos más buscados de Konoha, por no decir "el más".
-Me halaga –contestó el aludido, sin cambiar su semblante.
-Nos preguntábamos qué hace Uchiha Itachi acá –dijo otro ANBU-, así que por eso te seguimos. ¿Serías tan amable de responder esa pregunta?
-Lo siento mucho –les respondió Itachi, con un extraño brillo en los ojos-. Es personal.
-Si no nos respondes, tendremos que llevarte detenido. En el peor de los casos, con la Hokage-sama. Y creo que estás en el peor de los casos, muchacho.
-Si ese es el problema, la godaime-sama me dio el permiso de quedarme –Itachi notó que los ninjas lo miraban incrédulos-. Pueden preguntarle. De todas formas, no pienso moverme de acá –Las aspas de su Sharingan giraron peligrosamente, y los ANBU comprendieron que lo que podían hacer ellos cinco era nulo. El que parecía ser el líder del grupo dio unos pasos hacia delante, y habló procurando no mirarlo a los ojos.
-Hablaremos con la godaime-sama. Mientras, procura quedarte acá.
-Lo haré.
Sin más, se dio la vuelta para continuar su viaje. Kakashi-san debía estar alejado de su hermano si no quería problemas. Por su lado, los ANBU también continuaron su viaje, esta vez sin siquiera pronunciar una sola palabra. El líder pensaba que habían sido afortunados al no recibir siquiera un solo rasguño. Y no se equivocaba.
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El cielo comenzaba a tomar un tono violeta, muy pronto a anochecer. Sasuke se había sentado bajo un árbol apenas había finalizado el terrible y agotador entrenamiento que le había impuesto Kakashi esta vez, y se encontraba respirando por la boca de lo cansado que estaba. El sensei estaba parado frente a él, al parecer satisfecho con el resultado de dicho entrenamiento. Sacó de su bolsillo la edición de Icha Icha Paradise que había dejado de leer al llegar Sasuke, y se dispuso a continuar. Sin embargo, recordó algo. Miró a su alumno a los ojos unos segundos, y luego su vista se desvió a su cuello. Y ahí estaba todavía: el sello maldito, solo que ahora no tenía el sello que él mismo había hecho mientras Sasuke hacía la prueba del chuunin. Entonces, volvió a cerrar el libro y a guardarlo en su bolsillo.
-¿Qué miras, Kakashi? –preguntó Sasuke, pero halló la respuesta tan sólo siguiendo la mirada del hombre- ¿El sello?.
-Sí –El maestro se arrodilló para quedar a la altura del menor de los Uchiha-. ¿Me permitirías verlo?
-Claro… -le respondió Sasuke, un poco extrañado. Pero se quitó la polera tal cual había hecho años atrás, cuando Kakashi le selló la marca.
-Es curioso –habló Kakashi, ubicándose al costado del muchacho para observar el sello-, muy curioso, que una "simple" marca sea tan peligrosa. ¿No ha vuelto a molestarte, Sasuke?
-Ya no. Creo que aprendí a controlarla.
-Eso sólo es porque ya no tienes deseos de ir con Orochimaru. Por lo tanto, quiere decir que ya no tienes los mismos deseos de poder que tenías hace años –Kakashi observó el rostro de su aprendiz-. Ya no quieres matar a tu hermano…
-… Eso… -Sasuke giró su rostro hacia el lado contrario de su maestro- no te incumbe. Es problema mío.
El muchacho dio por terminada la conversación, y se puso la polera para demostrarlo. A decir verdad, todo con Itachi había ido tan rápido que ni siquiera él conocía las respuestas a muchas preguntas. Pero no podía negar que al estar con él olvidaba esa promesa que se había hecho hace tantos años atrás. ¿Estaría bien eso? ¿Estaría bien lo que estaba pasando entre su hermano y él…?
Se puso de pie para que Kakashi no siguiera con el interrogatorio, ya bastante tenía con todo el mundo pendiente y preguntándole de vez en cuando mientras iba por las calles la razón del retorno de su hermano. Se echó las manos a los bolsillos, en esa actitud Sasuke que volvía locas a las niñitas de Konoha y comenzó a caminar.
-Ese sello se puede quitar…
Sasuke levantó la mirada, y la dirigió a la derecha. No había sido Kakashi el que había hablado. De hecho, el ninja copia se puso de pie al escuchar la voz. Miró hacia donde observaba Sasuke, y ahí estaba: apoyado en un árbol, de brazos cruzados, la razón de tantas interrogantes.
-¿Itachi?
-Vine a buscarte. Supuse que habías terminado ya –echó una mirada a Kakashi, quien a su vez lo miraba con una seriedad poco usual en él.
-¿Qué sabes del sello, Itachi? –le preguntó su hermano menor.
-Muchas cosas. Orochimaru perteneció al Akatsuki, y eso no muchas personas lo saben.
-¿Al Akatsuki? –dijo Sasuke, muy interesado. Kakashi miraba también con mucho interés.
-Lo hizo buscando el que sería su siguiente cuerpo, y así supo de los Uchiha, y me buscó. Se unió al Akatsuki intentando convencerme de ser el poseedor del sello. Supe todo lo de ese sello maldito de sus propios labios. Pero tuvo que desistir.
-¿Y qué lo hizo desistir? –interrogó Kakashi.
-El ver que yo era más fuerte que él. Probó el poder del Mangekyo Sharingan como respuesta a su propuesta, y parece que no se olvidó de su sabor. Así que luego vino por mi hermano. Quería el poder del Sharingan a como diera lugar.
-Eso es muy interesante, pero, ¿sabes quitar ese sello?
-Sé hacerlo, Kakashi-san, y se lo quitaré a mi hermano si es lo que quiere.
En su interior, Sasuke estaba muy feliz de tener una esperanza, por pequeña que fuera, de borrar todo rastro de Orochimaru de su cuerpo. Pero al parecer no era una esperanza pequeña. Sonrió levemente a su hermano por la información.
Se despidió de Kakashi luego de pactar el siguiente entrenamiento, y junto a su hermano comenzó a recorrer el bosque camino a casa. El sensei se preguntaba si sería posible que el mayor de los Uchiha tuviera la facultad de quitar el sello maldito.
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Tsunade y Shizune se encontraban en la azotea del edificio donde la Hokage atendía todos los asuntos concernientes con Konoha. El viento de la noche movía los cabellos de las dos preocupadas mujeres con sutileza, cuando una de ellas habló para romper el hielo.
-Es muy tarde, Tsunade-sama, y comienza a hacer frío.
-Puedes entrar si quieres, Shizune. Me quedaré un rato.
-Si quiere le traigo un café…
-No te preocupes –la mujer sonrió para no preocupar a su aprendiz-. Mejor vete a dormir, yo iré más rato.
-Está bien… -le contestó Shizune.
La joven estaba muy preocupada por Tsunade y por los dichos del espía del Sonido, pero el cansancio le estaba ganando. Con una reverencia, se marchó para irse a dormir. Tendría así más energías para el día siguiente continuar preocupándose por todos esos problemas…
Al día siguiente, muy temprano, Tsunade ya estaba en su despacho firmando unos papeles casi por inercia. Lo hacía mientras desayunaba, así que algunos documentos quedaban inevitablemente con algunas migas de pan. Poco le preocupaba eso, el sueño que tenía le impedía hacer más que firmar y comer al mismo tiempo. Pero el sueño se le quitó de pronto, cuando Shizune hizo una entrada igual a la del día anterior.
-¡Tsunade-sama! –una leve sonrisa de esperanza adornaba los labios de la muchacha, quien tenía en sus brazos a Tonton- ¡Ya vienen! ¡Los ninjas de la Arena ya vienen!
La Godaime se puso de pie rápidamente y subió a la azotea junto a Shizune. Desde arriba, pudieron ver a lo lejos al grupo que venía a toda velocidad. Y sorpresa, que el Kazekage venía también. Ambas sonrieron algo aliviadas. El documento que traían podía desmentir lo que el espía del Sonido le había dicho a Tsunade… como también podía confirmarlo. Mientras pensaba en todo eso, la mujer bajó a toda velocidad, acompañada de su aprendiz, hasta que llegaron al primer piso. No pasó mucho para que el grupo apareciera también…
Gaara hizo una elegante entrada, pisando el suelo con suavidad. Sus acompañantes de la Arena lo hicieron de la misma forma, no así los de Konoha. Habían corrido más rápido que nunca, y la distancia había sido enorme. Era un récord para ellos, y lo primero que hicieron fue sentarse en el suelo. Ino, en cambio, tomó fuerzas de quien sabe dónde y caminó hacia la Hokage con una angustia enorme dibujada en su rostro.
-¡Hokage-sama! ¡Por favor! –comenzó a llorar- Nos atacaron en el camino…
-¿Los atacaron? –preguntó la mujer, un poco alarmada con la reacción de la muchacha.
-Y Sakura… ¡Sakura está muy mal! –Ino se tapó el rostro con sus manos- ¡Sálvela, por lo que más quiera!
Tsunade corrió a donde Lee y Shikamaru depositaban a Sakura. La pelirrosa estaba pálida como un papel, y la venda que cubría su pecho estaba teñida de rojo. A simple vista, la joven se veía muy mal…
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¡Ya está! El noveno capítulo terminado. Espero les haya gustado. Con la musa, me escribí las últimas 4 páginas de corrido, fue emocionante ToT… Y justo que en la televisión daban el último capítulo de FullMetal Alchemist ToT.
Agradezco todos los comentarios del capítulo anterior, y les pido perdón nuevamente a todas esas personas y a los que leyeron y no dejaron review. Si respondo individualmente, les pediría perdón a cada uno… … Lo siento mucho u.u… Me esforzaré para que nada parecido vuelva a ocurrir…
