Hola, bueno, luego de una pequeñas vacaciones que ya me hacían bastante falta regresé por fin listo para seguir con la historia. Lamento mucho por tardarme con los reviews de sus historias y eso, pero me da gusto ver que ya hay mas autores para El Tigre y que les siguen gustando mis chifladas ocurrencias.

Bueno, no los entretengo mas, ya bastante los he ehcho esperar. Ya saben que El Tigre es propiedad de Jorge R. Gutierrez y Sandra Equihua.

El Organillero

Capítulo 5: Falsa Alarma

Todos estaban consternados por lo que les había ocurrido a Manny y a Frida, Emiliano Suarez había movilizado a todos sus hombres para capturar al responsable pero era como si simplemente se hubiera esfumado en el aire. Rodolfo y Granpapi también hacían todo lo posible por dar con el atacante de los niños pero con los mismos resultados. Inclusive Granpapi había buscado entre sus compañeros villanos pero nadie sabía nada y algunos estaban igual de preocupados, como la Parvada de la Furia que también sufría por la desaparición de La Cuervo Negra o el Dr. Chipotle Padre quien seguía buscando a su hijo Diego.

Los sospechosos se estaban acabando y las pistas escaseaban cada vez mas, nadie tenía idea de por donde buscar. La única persona que tenía una teoría sobre lo que podía estar detrás de todo eso era Rodolfo, pero no estaba seguro de nada. Por mas que lo pensaba siempre sonaba absurdo, no importaba como o a quien se lo dijera, seguramente todos pensarían que estaba loco. Además, suponiendo que el culpable fuera quien el pensaba no estaba seguro si quería averiguarlo, se sentía como la vez que enfrentó a El Mal Verde por primera vez, tenía miedo y no sabía que tantas posibilidades tendría contra este enemigo.

Su cabeza estaba a punto de explotar por tantas dudas, por un lado era su deber de súper héroe y de padre encontrar al criminal y detenerlo, pero por otro lado eso significaba enfrentar uno de los pasajes más ocultos y aterradores de su pasado, un pasado que durante muchos años había intentado olvidar. Por su parte, Manny y Frida no habían dejado de sufrir, desde el día del ataque su alegría se había ido, todas las noches despertaban gritando a causa de terribles pesadillas que rondaban sus mentes, no querían estar ni un momento solos temerosos de queel demonio que los había atacadoregresara.

Esto fue lo que Rodolfo ya no pudo soportar, simplemente no podía dejar que su hijo terminara en un manicomio por su temor. Sin mencionar que ahora no le quedaba ninguna duda, las pocas cosas coherentes que los niños habían dicho incluían a ese tipo. Todavía no entendía muy bien que pasaba, pero a esas alturas todo era posible. Finalmente tomó una decisión, regresaría al almacén donde todo había comenzado y descubrir la verdad, pasara lo que pasara.

Al principio pensó en pedirle ayuda a Granpapi, pero llegó a la conclusión de que no valía la pena arriesgar a otro miembro de la familia…además de que seguramente no le creería. Esa noche Rodolfo se armó de valor y después de lograr tranquilizar a su hijo para que se durmiera como había hecho desde el ataque, se encaminó al lugar donde todo había empezado, el viejo almacén.

La oscuridad era abrasadora y el adulto no pudo evitar sentir cierto temor, era verdad que ahora poseía poderes asombrosos y una gran habilidad en combate, pero eso no cambiaba el hecho de que la persona, o cosa, que buscaba fuera sumamente peligroso. Recordó entonces como durante meses la imagen del Organillero lo había atormentado en sus sueños, en ocasiones hasta pudo escucharlo claramente que le advertía vengarse algún día.

Afortunadamente su temor había desaparecido luego de un tiempo y su vida había continuado. Por desgracia esa tranquilidad se había esfumado mas rápido de lo que había llegado y aquel ser demoniaco de alguna manera se las había arreglado para arruinar su vida y la de sus seres queridos. Muy en el fondo deseaba con todas sus fuerzas regresar a casa y olvidar el asunto, pero si algo no estaba dispuesto a tolerar era que se metieran con su familia.

Finalmente llegó al viejo almacén y como suponía se encontraba cerrado con cadenas, de verdad odiaba esa situación, se sentía como si fuera un ladrón entrando a una propiedad ajena. Después de entrar al almacén comenzó a caminar muy lentamente sintiéndose observado a cada instante. Podía sentir como las rodillas le temblaban y como su corazón latía vigorosamente, sudaba a pesar de que hacía frío y en mas de una ocasión le parecía ver a alguien moviéndose cerca de el.

-Relájate, solo es tu imaginación- se decía a sí mismo –solo es un almacén, quitando las ratas y cucarachas no hay nadie mas que tu-

Poco a poco llegó a un enorme espacio lleno de cajas y botes llenos de polvo, las imágenes de sus amigos de la infancia atados y siendo torturados regresaron a su mente como si fuera una película. Aún en el completo silencio que el almacén guardaba podía escuchar claramente a sus compañeros gritando y llorado de terror, todo estaba ocurriendo de nuevo. Dos pequeñas líneas de lágrimas brotaron de sus ojos, definitivamente no podría aguantar mucho tiempo más ahí adentro.

Quería terminar pronto, así que sin mas se dirigió al enorme agujero donde años atrás había caído su enemigo. Se asomó un poco con la esperanza de encontrar algo que refutara su teoría pero era inútil, no se veía nada. Sin más remedio y mucho a su pesar comenzó a bajar al fondo del agujero, el cual resultó ser mas profundo de lo que esperaba. Después de unos minutos llegó al final y empezó a buscar algo, cualquier cosa, un simple indicio de que se equivocaba y que podía descansar un poco de toda esa tensión.

Su traje antes blanco había adquirido una tonalidad grisácea por toda la tierra que rodeaba a Rodolfo, claro que el no se dio cuenta de nada por la oscuridad y por la necesidad de terminar su labor cuanto antes. Al notar que toda la superficie estaba vacía decidió que era hora de escarbar un poco, aunque eso significara tardarse más de la cuenta. El tiempo pasaba y no encontraba nada, la paciencia del hombre estaba a punto de terminarse cuando su pie golpeó ligeramente un objeto duro.

Rodolfo se agachó y tomó el objeto, era ligero y más o menos del tamaño de una bola de boliche. Al inspeccionarlo y después de limpiarle el polvo descubrió con horror que lo que sostenía en las manos era un autentico cráneo humano. Rodolfo arrojó el cráneo a unos metros de el y se disponía a salir corriendo cuando se dio cuenta de que eso era justo lo que buscaba. Regresó y volvió a examinar el cráneo, no cabía duda, aún sin músculos, piel, venasni otros órganos lo reconoció de inmediato, era el Organillero sin duda alguna.

El héroe soltó un suspiro de alivio y con una enorme sonrisa agradeció al cielo que su preocupación haya resultado innecesaria. Sumamente feliz salió del agujero ahora completamente seguro de que el criminal podía ser cualquiera, todos menos el. El cadáver del organillero seguía donde lo habían dejado la última vez al igual que el resto de los objetos. Finalmente, después de días terribles de suplicio podría volver a dormir tranquilo seguro de que aquel ser seguía tan muerto como antes.

El júbilo era demasiado grande que inclusive olvidó por unos momentos que debía regresar rápido para ver como seguía su hijo. Después de todo aún quedaba el problema de los niños desaparecidos y de cómo lograría ayudar a Manny y a Frida a recuperarse. Pero ahora no parecía un reto tan difícil, esta vez estaba seguro de que se trataba de algo que podía manejar sin problemas.

Salió entonces del almacén y se dirigió a su hogar, extrañamente el camino ya no lucía tan aterrador y antes de darse cuenta ya había llegado al edificio. Entró en su casa y se preparó para dormir confiado de que por fin podría descansar de veras, sin ninguna preocupación, ni pesadilla, ni nada. Pronto sería otro día y podría ocuparse del asunto que aquejaba a la ciudad.

Estaba tan contento que ni siquiera se dio cuenta cuando Granpapi entró llevando consigo una enorme bolsa de dinero mientras que reía maliciosamente. El anciano no comprendió por que su hijo no lo acorraló con el habitual discurso del bien, la justicia y todas esas patrañas¿pero quien se quejaba, por fin un robo sin contratiempos molestos. Pareciera que la suerte de los Rivera había mejorado aquella noche, pero solo eran simples suposiciones.

La llegada de su padre no había sido lo único que Rodolfo había pasado por alto. Cuando estaba en el almacén notó que todo seguía en su sitio, lo que comprobaba que nadie había estado ahí en los últimos años, o eso creyó. Había un objeto que no estaba en ellugar donde debiera estar y que claramente no podía ser coincidencia. Si, el cadáver del organillero seguía allí…pero su instrumento no.

Continuará………

Bueeeno, quise darle un poco de tranquilidad a Rodolfo antes de desatar toda mi maldad sobre el, jeje. Se que el capítulo estvo como siempre corto pero espero que les haya gustado. Espero ansioso sus comentarios, nos vemos/leemos, se cuidan.