CAPÍTULO 6

CAPÍTULO 6

Ahora si lloraba apretando la cabeza contra la almohada. Casi se ahoga, suerte que Maddie estaba a su lado acariciando su espalda.

Cuando logró serenarse un poco se secó las lágrimas de las mejillas y retomó la conversación con Maddie.

- Cómo murió?

- Sayid?

- Sí.

- Le atropelló un coche.

Y de pronto sintió una necesidad inmensa de reír. Nunca hubiera imaginado que Sayid moriría atropellado o enfermo. Si hubiera tenido que pensar en una muerte para él seguramente un balazo o un accidente de avión serian las mejores opciones. Quizás arrollado por un tren. Pero un coche le pareció casi poca cosa.

- Qué coche?

- Cómo dices cariño?

- La marca, el modelo.

Hasta la misma Shannon, después de haber preguntado aquello se sorprendió. Serán los nervios, pensó, pero necesito saberlo. Quiero detalles.

- Pues...no lo recuerdo Shannon. Es importante?

- Supongo que sí. Averígualo por favor.

- De acuerdo.

Hubo un pequeño silencio, pero pronto Shannon comenzó la nueva tanda de preguntas.

- Mariam...Dices que es mi hija...Maddie yo no siento nada, quiero decir que la he mirado y no he tenido ganas de abrazarla y besarla. Se supone que eso seria instinto maternal.

- Shannon, yo tampoco te he abrazado como madre.

Y Shannon recopiló mentalmente todo el tiempo que había pasado en la casa. Era verdad, las caricias y los abrazos recibidos no eran intensos y cálidos como los de una madre, se parecían más a los de una buena amiga, fuertes, seguros y cariñosos.

Maddie se inclinó hacia Shannon y la abrazó, esta vez como madre, y Shannon sintió que el corazón se le aceleraba porque durante muchos años había deseado ese momento.

Estuvieron un rato con los ojos cerrados apoyadas la una en la otra.

- No sé si podré llamarte mamá, al menos por ahora.

- No te preocupes. Quizás más adelante. Maddie está bien, me hace sentir más joven.

- Creo que nos parecemos.

Su madre, Maddie la miró y sonrió. Si que nos parecemos, pensó, tenemos los mismos ojos somos igual de altas, pero mi hija es tan guapa. Y con este pensamiento Maddie se sintió nueva, como si hubiera empezado ella misma una vida, con su hija y su nieta.

- Maddie, háblame de Mariam. Creo que debería saber más sobre ella. Necesito conocerla.

Maddie habló de Mariam. Del porque de su nombre, de su pequita en la espalda, de sus primeros pasos y sus palabras. Y sobretodo de lo inteligente y comprensiva que era. La pequeña ya sabía que Shannon era su mamá y que había dormido mucho porque estaba enfermita, y sabía que su papá estaba lejos.

Con el paso de los días, Shannon y Mariam se fueron conociendo más, hasta que una tarde Shannon la abrazó, como Maddie hizo con ella misma. Fue un momento después de que Mariam cayera del columpio y Shannon sintiera de nuevo aquella sensación de opresión en el estómago y corriera instintivamente hacia la niña.

Pasó el tiempo y Mariam llamaba mamá a Shannon, pero Shannon seguía llamando Maddie a su madre.

- Ma-ddie...dime si ya sabes el coche que atropelló a Sayid.

- Sí. Ayer lo averigüé. Era un Chevrolet Camaro.

- Buen coche...

Ambas estallaron riendo al mismo tiempo. No por la muerte de Sayid, que Shannon lloraba cada noche, sino por pensar que podía haber sido aplastado por algún utilitario demasiado vulgar. Por alguna razón él debía morir a lo grande, o al menos por algo grande.