Hola, finalmente luego de una horrible semana de clases que seguramente dejaron mi higado completamente deshecho y que afortunadamente está a punto de terminar decidí publicar el septimo capítulo. Espero que les guste este capítulo, nos vemos/leemos.

El Tigre: Las Aventuras de Manny Rivera es propiedad de Jorge R. Guitierrez y Sandra Equihua

El Organillero

Capítulo 7: Atrapado

Las cosas habían llegado demasiado lejos y esta vez no había duda de que el Organillero estaba detrás de todo lo que pasaba en la Ciudad Milagro. Rodolfo estaba más que perturbado pues no solamente había escuchado de la misma voz de su enemigo lo que planeaba hacer, sino que ahora estaba seguro de que su hijo corría un peligro mortal. Tenía que detener al villano antes de que fuera demasiado tarde o de lo contrario perdería a Manny para siempre.

No, no podía permitirlo, la sola idea de ver a su hijo muerto le resultaba tan terrible como cuando María le había hecho saber su decisión de separarse, pero esta vez se trataba de algo peor, si fracasaba Manny también lo dejaría y esta vez para siempre. Nuevamente se encontraba ante la incógnita de que hacer, huir o pelear. Comprendía muy bien que el Organillero lo buscaba a el y que al hacerle frente ponía su vida en peligro al aceptar un reto que no podía ganar, después de todo ese hombre ya estaba muerto, ¿Cómo podría ser vencido? Y por el otro lado estaba Manny quien sufriría las consecuencias si decidía no seguir, ninguna de las dos opciones eran agradables.

Cualquiera que fuera su elección el resultado parecía ser el mismo, el Organillero saldría vencedor al final y la desgracia caería sobre el y los que amaba, aparentemente ese era el fin de la familia Rivera. El villano le había concedido una semana antes de que atacara a Manny, Rodolfo sabía que tenía que sacarle el mayor provecho a ese lapso así que durante todo el día se la pasó buscando una solución, algún plan que lograra detener el siniestro plan del Organillero.

Poco después ya se encontraba en la mesa del comedor escribiendo las ideas que le venían a la mente con la esperanza de formular un plan. Las horas pasaban y nada se le ocurría, cada nueva idea terminaba hecha una bola de papel y era lanzada al pequeño bote de basura junto al adulto, el cual ya había rebasado su límite dejando más bolas de papel esparcidas por el suelo. Hacía frío pero Rodolfo sudaba constantemente, en su cara habían aparecido un par de ojeras producto del cansancio y su mano temblaba con solo tomar el lápiz.

¿Qué se suponía que debía hacer?, por primera vez se encontró considerando la posibilidad de huir de la ciudad pero estaba seguro de que no tenía caso, si ese demonio había logrado vencer a la muerte no le sería difícil encontrarlos. Tal vez pidiendo ayuda a otros héroes y hasta villanos, pero no deseaba poner en riesgo mas vidas de las que ya se estaban jugando, además de que seguramente lo enviarían a un manicomio antes de ayudarlo. El tiempo se acababa y la tensión aumentaba, al contrario de las esperanzas de Rodolfo quien ya no podía ni dormir por las horrendas pesadillas donde aparecían el y Manny siendo masacrados sin piedad.

Muy a su pesar la solución mas prudente era siempre la misma, si de verdad quería proteger a su hijo debía dejar de pensar en su propia seguridad y encarar a su miedo. En resumen, debía buscar al Organillero, retarlo y derrotarlo de una vez por todas, solo así el peligro terminaría. Pero la pregunta era como vencerlo, si de verdad era un fantasma le sería imposible volver a matarlo, además de que equipo contra seres oscuros no era algo que se consiguiera en cualquier ferretería.

Sin remedio, debía intentarlo, confiaba en que algo se le ocurriría a la hora de la verdad. Ahora tenía otra incógnita, ¿Dónde encontrar a su enemigo?, la única pista que tenía era el viejo almacén y aunque ya había estado ahí sin descubrir nada decidió comenzar por esa parte, no tenía nada que perder después de todo.

Cada segundo que pasaba era de suma importancia y Rodolfo decidió no perder más tiempo e ir de inmediato al viejo almacén. Esa vez el camino fue mucho mas largo que antes puesto que Rodolfo ahora comprendía que la posibilidad de que el Organillero no existiera había desaparecido, en cuanto llegara y lo encontrara comenzaría la batalla en la que se ponía en juego todo e inconscientemente estaba tratando de retrasar ese momento lo mas que se pudiera.

Una vez que llegó entró de la misma manera y comenzó nuevamente la búsqueda, la cual tuvo el resultado de la vez pasada. Lo que Rodolfo más deseaba en esos momentos era regresar a su casa pero no podía hacerlo, eso debía terminar de una buena vez, además de que la fecha en que el Organillero iría por Manny estaba cada vez mas cerca.

Al ver que el villano no daba muestras de presencia Rodolfo decidió jugárselas todas.

-¡Aquí estoy!- gritó -¡No te tengo miedo, sal de donde quiera que estés!-

Esperó alguna respuesta pero no pasó nada.

-¡¿No escuchaste?!, ¡No te escondas endemoniado engendro del inframundo!- siguió gritando Rodolfo.

En ese momento una distante risa se escuchó, a pesar de que apenas lograba oírla supo inmediatamente de quien se trataba. Se quedó en su lugar esperando que alguien lo atacara de repente pero nada ocurrió, solamente la misma risa.

-Jejeje, veo que no pudiste esperar a que yo fuera por ustedes- dijo entonces la voz que reía –Debiste quedarte en casa y disfrutar de tus últimos días con tu hijo-

-Te dije que no permitiré que toques a mi hijo, es hora de acabar con esto- dijo Rodolfo.

-Bueno, si de verdad te crees capaz de detenerme ven aquí y pruébalo- dijo la voz.

Al instante la puerta por la cual había entrado Rodolfo se abrió de golpe dejando pasar a una fuerte ráfaga de viento acompañado por un extraño resplandor rojo. Como si fuera una serpiente el resplandor rodeó el lugar para terminar dentro del agujero. Rodolfo dudó unos segundos pero luego se decidió a asomarse al agujero donde yacía el cadáver del Organillero y fue cuando notó que el esqueleto había desaparecido y en el lugar donde se encontraba ahora estaba lo que parecía la entrada a una cueva subterránea.

El nuevo agujero tenía una enorme escalera de piedra cuyo final no se lograba ver debido a la oscuridad. Rodolfo tomó un trozo de madera vieja del suelo y le prendió fuego para usarla como antorcha, después comenzó a bajar lentamente por las escaleras sin saber lo que pudiera encontrar, aunque seguramente no sería nada bueno. El transcurso hasta el otro extremo de las escaleras fue mas largo de lo que el esperaba, pero finalmente había llegado hasta abajo encontrándose en medio de una especie de campo de juego de pelota azteca.

Rodolfo miraba anonadado el lugar no creyendo que algo así pudiera estar oculto bajo la tierra. Mientras miraba hacia todos lados notó con horror como las escaleras por las que había bajado estaban desapareciendo como si fueran polvo siendo arrastrado por el viento. Ahora si estaba asustado y oficialmente atrapado, pero no estaba dispuesto a mostrarlo, no iba a darle la satisfacción al Organillero de verlo derrotado.

Hubo unos instantes de completo silencio, el adulto sudaba horrorizado y deseando que pasara lo que pasara fuera rápido, quería que esa pesadilla terminara de una vez. Entonces escuchó un leve golpeteo que se acercaba a el se volteó y descubrió una pelota rebotando hacia donde el estaba. Rodolfo tomó la pelota y creyó saber que era lo que el Organillero quería.

-¿Este es tu terrible plan?, ¿ponerme a jugar pelota?, la verdad creí que sería algo mas perverso que esto- dijo Rodolfo un poco mas confiado.

-¿En serio?- dijo el Organillero -¿Por qué no miras bien lo que tienes en las manos?-

Rodolfo volvió a ver la pelota para luego arrojarla lo mas lejos que pudo soltando un grito de horror. Lo que sostenía en las manos no era una pelota, sino una cabeza, y no cualquiera, era la cabeza de su hijo Manny.

-¡Maldito!, ¿Qué le hiciste a mi hijo!, ¡Dijiste que no le ibas a hacer nada hasta dentro de unos días!- gritó Rodolfo al borde del llanto.

El Organillero por su parte comenzó a reír como si acabara de realizar la broma más graciosa del mundo. Entonces Rodolfo volvió a ver la cabeza rodando en el sitio donde la había arrojado para comprobar que había vuelto a ser una simple e inofensiva pelota.

-Jajajaja, tranquilo, tu hijo esta bien por ahora, solo quise darte un adelanto de lo que le tengo preparado- dijo el Organillero.

-No, no te dejaré hacerlo, protegeré a mi hijo cueste lo que cueste- dijo Rodolfo furioso.

-Normalmente me habría intimidado por eso y lo habría considerado una amenaza para mi plan, claro, si no fuera por que fuiste tan estúpido como para venir a mi trampa- se burló el Organillero.

En eso la antorcha de Rodolfo se apagó y el adulto sintió como dos manos huesudas salieron del suelo y lo arrastraron hacia las profundidades. Mientras tanto, en la casa de los Rivera, Granpapi les enseñaba a Manny y a Frida como falsificar licencias para conducir cuando Manny comenzó a tener una especie de ataque epiléptico. El niño se retorcía en el suelo mientras que sus ojos se ponían en blanco y de su boca salían frases incoherentes, además de que su voz sonaba como la de un hombre mayor.

Una vez que todo acabó Manny se levantó con expresión de miedo, Frida y Granpapi le preguntaron que le había ocurrido a lo que el chico solo respondió –Papá está en peligro-.

Continuará………

Espero que les haya gustado este capítulo, espero sus reviews con ansias, nos vemos/leemos, se cuidan.