CAPÍTULO 7

CAPÍTULO 7

Arthur Hanso estaba sentado en su despacho mirando atentamente la pantalla de su ordenador. Tan concentrado estaba que no se percató de la entrada de Shannon y Maddie.

Sólo cuando las sombras de sus cuerpos se proyectaron sobre su mesa levantó la cabeza del teclado.

- Señoras. Dijo Arthur con su habitual caballerosidad.

- Arthur, Sólo quería decirte que he estado hablando con Shannon, le he contado todo referente a la muerte de Sayid, y también que Mariam es su hija.

- Dime Shannon, cómo te sientes?.

Sus ojitos marrones se encontraron con los de la joven. A Arthur le pareció que nunca se apagaría aquella tristeza que veía en el fondo de su iris.

- Estoy bien...dentro de lo que cabe. Ahora se que tengo una hija, y quiero estar más tiempo con ella.

- Bueno querida, eso no es problema. Maddie, tu madre, me ha dicho que cuando Mariam termine las clases disfrutará de unos días de vacaciones. Seguro que estaréis todo el día juntas.

- Arthur, agradezco todo esto, pero yo quiero salir y quiero hacerlo con mi hija. Necesito llevarla al parque, al zoo, al cine...como a cualquier niña. Pensaba empezar por ir de compras.

En un instante los ojitos marrones de Arthur dejaron de brillar al ser cubiertos por una nube negra. Su expresión se volvió seria.

- Ni hablar. Es muy peligroso salir fuera.

- Pero tenéis un plan para explicar que yo esté viva. Gritó Shannon.

Maddie empezó a sudar, se frotaba las manos y en aquel momento Shannon se dio cuenta del respeto y temor que sentía por Arthur.

- Por favor Arthur, dijo Maddie, deja que vayamos las tres. Usaremos tu seguridad y tendremos mucho cuidado. Pasaremos desapercibidas.

- Para quién Maddie. Mírate, mira a Shannon lo bonita que es. Es igual que tú.

Movió su mano lentamente hacía el rostro de Maddie, y posando la mano en su mandíbula la acarició con el pulgar, reviviendo en Shannon dulces recuerdos. Era la misma caricia que sintió antes de morir en la isla.

- Por favor Arthur. Deja que salgan, necesitan estar juntas. Se lo duro que es no poder estar con tu hija.

- Maddie cariño, tu caso es diferente. En cambio Shannon y Mariam si están juntas.

- Pero se perdió la parte más dulce de su infancia. Por favor Arthur, te lo suplico. Yo estaré con ellas. No hablarán con nadie que no sea imprescindible.

Finalmente el viejo Arthur accedió, y Shannon, Mariam y Maddie salieron de la casa.

El parque resplandecía todo el año, pero aquel día le pareció a Shannon que el color verde de los árboles era todavía más brillante.

Mariam le daba la mano y caminaba alegre siguiendo los pasos lentos y seguros de su madre. Maddie estaba al otro lado de la pequeña, y unos pasos más atrás tres hombres fuertes las custodiaban. Aquello no le gustaba mucho a Shannon porque se sentía vigilada y además estaba convencida que no sólo eran guardaespaldas, sino que tenían la misión de informar a Arthur de todos sus movimientos.

- Maddie, podemos ir al quiosco y tomar un refresco. Hace mucho calor.

Un par de minutos más tarde se sentaron a la sombra de un banco con las bebidas en la mano. Las tres miraban las personas que paseaban por los caminos de aquel precioso parque.

Sin darse cuenta, una mujer joven se acercó despacio hacia ellas, se levantó las gafas de sol justo en el momento en que los guardias encargados de protegerlas se dirigían a ella.

- Shannon?. Shannon Rutherford?.

La muchacha se quedó clavada en el suelo, a unos pocos pasos de distancia y con la estrecha vigilancia de aquellos tres hombres. Terminó de quitarse las gafas y Shannon tuvo que coger aire. Creía que le iba a dar un ataque de asma.

- Kate?.

Definitivamente era Kate Austen. Tenía aquella mirada de suficiencia mezclada con algo de timidez. Se movía igual que Kate, segura y prepotente, y su voz era la misma, o al menos a Shannon eso le pareció.