Holaaa! Acá les traigo un nuevo capítulo de "Detrás del Velo". Siento muchísimo haberme retrasado tanto, pero tuve unos serios problemas y realmente no tenía tiempo para escribir. Hace poco estuve revisando mis cosas y encontré dos capítulos, y recordé cómo ODIO que las historias queden cortadas y no se actualicen más (aprovecho de saludar a la señorita Isabelle Black, que tiene la linda historia Una Nueva Oportunidad sin terminar y a mí con el corazón en la mano).
Bueno, espero les guste lo que he escrito y me dejen reviews. Yo los leo contentísima.
Ah, y Harry Potter no es mío, es de J. K. Rowling. Solamente Sirius es mío completamente muahaahahaha (ya quisiera xD)
Hermione se despertó temprano al día siguiente. Como por quinta vez.
No había conseguido conciliar el sueño luego de la conversación que tuvo con Sirius. Se podía salir. Aquel mundo. Inframundo. Argh.
Se dio vueltas en la cama, pero incapaz de seguir un minuto más ahí decidió hacer algo útil por su existencia. Se fue a la ducha y se dio un baño caliente. Luego fue a su habitación, que en el mundo real había compartido con Ginny; y recompuso su ropa mediante un hechizo. Bajó las escaleras y preparó el desayuno, con varias cosas que hizo aparecer. "Sirius no come mucho", pensó al mirar la despensa vacía. Decidió llenarla de cosas, al fin y al cabo ella estaba ahí y quizás lograría convencerlo.
Al terminar de servir los huevos revueltos, apareció un Sirius Black recién duchado, afeitado y con cara de sueño, vestido con una camisa azul marino y unos pantalones de tela negros.
"Qué guapo… argh, no lo mires, no te comportes como una chiquilla de 15 años", pensó la castaña poniéndose colorada. Sirius no lo notó porque estaba mirando la mesa con sorpresa.
- Wow, qué delicioso se ve todo esto –dijo abrochándose unos botones de la camisa. Se sentó y miró a Hermione– Gracias Herms.
- Tienes muy poca comida –señaló Hermione sirviéndole café- Aparecí un par de cosas …
- Sí, es que no se me da mucho cocinar .. y nunca me ha gustado comer solo –Su mirada se ensombreció un momento y luego sacudió la cabeza para sonreír alegremente– anda, probemos lo que has hecho.
El desayuno transcurrió tranquila y alegremente. Sirius andaba de muy buen humor y hasta había hecho un par de bromas. Eso le subió un poco el ánimo a la castaña.
Luego de terminar Hermione fue a leer un libro a la biblioteca, y al rato Sirius le indicó que tendrían que salir. Se abrigaron bastante dado que la extraña niebla estaba lo suficientemente espesa y fría como para hacer unas cuantas nubes.
Iban caminando y conversando por la calle, mientras Hermione se fijaba en las personas que caminaban en la acera. Parecían autómatas.
De pronto ella lanzó un pequeño grito. Dos de las personas que estaban caminando se parecían demasiado a cierto pelirrojo y cierto chico de pelo azabache y despeinado.
Ella palideció al instante. Se acercó corriendo a ellos, antes de que Sirius pudiera ni siquiera decir algo.
- ¡¿Harry?! ¡¿Ron?! Oh, Merlín, ¡ustedes también han caído! –gritó mientras se acercaba – ¿Están bien? ¿Cayeron mortífagos? .. Yo estoy.. –pero sucedió algo que la dejó de piedra. Harry y Ron se detuvieron y la miraron fijamente. De pronto sus ojos se encendieron y tomaron una apariencia diabólica. Se acercaron velozmente a atacar a Hermione, pero un hechizo los detuvo.
- ¡Estrombolis! –gritó Sirius y los supuestos Harry y Ron volaron hacia atrás y se desvanecieron. El moreno tomó la mano de Hermione y la llevó corriendo a una casa cercana, sin dejar de bajar la varita.
Al entrar, Sirius miró fijamente a la chica.
- ¿Estás bien? –preguntó recobrando el aliento.
- Sí… pero no lo entiendo, ¿quiénes eran ellos? ¿Por qué me atacaron? – la voz de Hermione estaba llena de frustración.
- ¿No recuerdas que anoche te dije que habían seres extraños en este mundo? –dijo Sirius, sentándose en el comedor- Son los Estrombos, unas especie de espíritus-doble de las personas del mundo real. Todos los que están fuera del velo tienen un Estrombo en esta dimensión.
Hermione lo miró largamente, y toda la esperanza que contenía al haberlos visto se tradujo en lágrimas. Se dio la vuelta, no quiso que Sirius la viese tan vulnerable.
- Así que.. –dijo mirando hacia la calle y tratando de no quebrar su voz- .. no eran reales..
- No, la verdad es que no. Son unos seres extraños. Atacan al más mínimo signo de emoción, y son capaces de matarte. Recuerda el hechizo que hice, es la manera de espantarlos. Y recuerda que debemos comportarnos secamente en calles y lugares abiertos, están al acecho para poder.. quitar la vida. –Sirius se acercó a Hermione y puso una mano en su hombro- Por favor, no estés más triste, no me gusta verte así.. –odiaba que las mujeres lloraran. Lo llenaba de impotencia.
Hermione se dio vuelta y se encontró con la mirada cálida de Sirius. Se miraron un momento y ella comenzó a reír.
- ¿Qué? –preguntó extrañado el ojigris.
- Me recordaste a Harry –dijo Hermione secándose las lágrimas- siempre me decía eso cuando me ponía triste.
- Lo extraño –dijo Sirius mirándola- pero pronto lo veremos, ¿cierto? –Dicho esto sonrió y la castaña asintió.
- Ahora, ¿dónde vamos?
- A la casa del viejo Brownlow, ahí conocerás al Bando Secreto.
-o-
Después de un par de horas de caminata llegaron a una villa a la salida de Londres. Se acercaron a una casa y Sirius tocó tres veces la puerta. Desde adentro se sintieron unos pasos.
- ¿A través de qué se puede ver la luz? –preguntó una voz detrás de la puerta.
- Del cristal que se ve desde el velo de la verdad –respondió Sirius.
La puerta se abrió en unos instantes y apareció el viejo que había llevado a Hermione el día anterior a Grimmauld Place.
- Hola vejete, ¿cómo estás? –preguntó Sirius con una sonrisa, palmeándole la espalda.
- Nada de emociones ni vejetes acá, pasen, pasen .. –el hombre los dejó entrar y antes de cerrar la puerta miró hacia fuera, como si buscase algo.
Al cerrarla, se acercó y abrazó al moreno con cariño. Se dio vuelta y Hermione se sorprendió. El hombre que había visto hace apenas un minuto había cambiado su semblante adusto por una mirada dulce y una sonrisa sincera.
- Disculpa, no había tenido oportunidad de presentarme –dijo el viejo-, mi nombre es William Brownlow, mago de la Orden de Merlín, segunda clase. ¿Y esta bella señorita, cómo se llama? –preguntó tomando la mano de Hermione y dándole un beso.
- Mi nombre es Hermione Granger, señor Brownlow –dijo divertida.
- Oh, ¡pero qué lindo nombre! ¿Usted sabía que en la época de los griegos Hermione era ..? –comenzó a contar como si estuviese rememorando una de sus historias de infancia, pero fue interrumpido por Sirius.
- Vamos, vejete, no aburras a Herms, que tenemos que contarle varias cosas.
El viejo miró a Sirius y movió la cabeza de un lado a otro. El moreno le guiñó un ojo.
- Entonces, ¿puedo ofrecerles un té por lo menos para conversar de las "varias cosas", y no ser interrumpidos por gente impertinente?
- Por supuesto, señor Brownlow –respondió Hermione, a quien le hacía mucha gracia la situación.
- Nunca lo escuches demasiado, sabe más de historia que el profesor Binns.. –le susurró Sirius mientras entraban a la cocina.
La cocina era lo bastante amplia como para que se sentasen ahí, pero el anciano decidió llevarlos al estar, donde una agradable chimenea los esperaba. El viejo se sentó y luego sacó una pipa y empezó a fumar. El humo se colaba entre su gordo bigote.
- Y bueno Hermione, cuéntame, cómo caíste -dijo luego de echar una bocanada de humo.
- Estaba en una pelea, con una mortífaga...
- ¿Una qué? –interrumpió el viejo.
- Ya te he contado, vejete, esos seguidores del mago más malo de todos los tiempos.. –dijo Sirius con impaciencia.
- Ah, es verdad –dijo el viejo levantando una mano- Lo siento, querida, yo caí hace 90 años y no estoy actualizado en estas cosas… prosigue con tu historia.
Hermione cerró los ojos tratando de contener la impotencia que le producía recordar aquella situación. Suspiró.
- Estábamos peleando, un hechizo me golpeó y caí.. estaba a punto de sacar a Sirius del velo..
- ¿Cómo? –preguntó el anciano.
- Tengo un libro que encontré en Irlanda –dijo Hermione.
- ¿Un libro? Déjame verlo.
Hermione sacó de su abrigo el antiguo libro y se lo pasó al viejo Brownlow. Después de hojearlo, el hombre sonrió.
- Vaya Sirius, creo que tendremos que convocar una reunión de emergencia.
